Resumen
Las compensaciones son descritas como una de las herramientas más
efectivas para atraer y alinear a las personas con las metas
organizacionales. El presente artículo, basado en la experiencia y
análisis del trabajo sobre compensaciones aplicado a diversas empresas
chilenas, resume las principales tendencias que se observa en el mercado
chileno y comenta las mejores prácticas que se están desarrollando en
nuestro país.
Cada tendencia está descrita individualmente, por lo que es posible
acceder a una lectura específica de aquellos aspectos que más interesen
al lector. Las tendencias observadas son las siguientes:
Evolución desde una administración tradicional a una gestión de riesgo
compartido.
Mayor manejo profesional del tema.
Aplicación de sistemas probados de evaluación de cargos, como base de la
equidad interna.
Mejoramiento de las encuestas de remuneración de mercado, como eje de
competitividad externa.
Uso creciente de metodologías estadísticas para el diseño de estructuras
de cargos y cálculo de estructuras de remuneraciones óptimas.
Progresiva introducción de sistemas de renta variable.
Diferentes políticas de posicionamiento de remuneraciones según nivel
jerárquico.
Crecientes estrategias de retención de ejecutivos y personas claves.
Negociaciones colectivas decrecientes y reducción de remuneraciones y
beneficios históricamente garantizados.
Contextualización
El estado actual de desarrollo de la mayoría de las empresas, donde
progresivamente dejan de ser factores diferenciadores el acceso al
capital, a la tecnología, a la información, y a los bienes de producción
y servicios, parece estar mostrando algo que por obvio no se
conceptualizó sino en los últimos años: son las personas el activo más
relevante de una organización, quiénes generan los resultados o las
pérdidas, y de quiénes depende en gran medida la sustentabilidad de una
empresa. Actualmente, el talento mueve al capital (Ridderstrale y
Nordstrom, 2000).
Esta constatación se suma al hecho que la globalización de los negocios
y su impacto en crecientes aumentos de competitividad, se han traducido
en la necesidad de efectuar ajustes de costos para mantener un nivel de
rentabilidad razonable, compatibilizando estos ajustes con la mantención
de las personas que concentran el capital intelectual de una
organización.
Se hace necesario concordar estrategias de control de costos con
estrategias de retención de talentos, exigiéndose un equilibrio entre
los requerimientos de corto plazo y la mantención del negocio en el
tiempo.
Dentro de las estrategias de control de costos que permiten
compatibilizar rentabilidad, reducción de costos, mantención del
personal clave y desempeños competentes, están las estrategias de
compensación.
Históricamente la compensación fue vista sólo como una función
administrativa de pago de remuneraciones, propia de contadores y cuya
única exigencia era dar cumplimiento a las legislaciones laboral y
tributaria.
Incluso hoy comprobamos que existen dificultades para acceder a una
formación profesional de compensaciones, por lo que ello se logra en la
práctica o en estudios de post-grado.
Ello se torna aún más complejo cuando son los profesionales de las áreas
de recursos humanos quienes habitualmente deben tomar decisiones y dar
las directrices sobre cómo pagar, en qué nivel, con qué sueldo
contratar, cómo dar aumentos de sueldos, cómo recompensar los desempeños
sobresalientes y cómo generar un sistema de incentivos.
No obstante el desconocimiento que genera lo anterior, la realidad
organizacional impone necesidades ineludibles y que se enfrentan
cotidianamente: ¿cómo alinear la estructura de compensación con los
valores y las metas del negocio?, ¿cómo atraer y mantener al personal
adecuado?, ¿cómo pagar en forma equitativa y competitiva?, ¿cómo asociar
claramente remuneración y desempeño exitoso?, ¿cómo estimular al
personal para desarrollar nuevas competencias?, y ¿cómo ligar la
remuneración con las actividades que aportan valor agregado? (Flannery
et al, 1997).
Subyacen a estas preguntas los 4 objetivos que cumplen las
compensaciones y que permiten entenderla como una actividad profesional,
y que detallamos en otro artículo (Fernández y Baeza, 2002). Estos
objetivos son:
· Alineamiento estratégico.
· Equidad interna.
· Competitividad externa.
· Administración del desempeño.
Las organizaciones pueden o no efectuar una gestión profesional de
compensaciones para alcanzar los objetivos mencionados, lo que no
elimina los efectos que ello tiene en los trabajadores.
Existen efectos asociados a cómo se administren las remuneraciones, los
que pueden gestionarse en función de las metas del negocio o dejarse al
azar. Si ocurre esto último, aumenta significativamente la probabilidad
de rotación lamentada de personal, de conflictos sindicales por
inequidad de remuneraciones, de aumentos de costos de personal, y de
desalineamiento entre lo que la organización requiere y el desempeño
demostrado de los trabajadores.
En Chile, antes de 1990, las compensaciones estaban principalmente
asociadas al desarrollo de encuestas de remuneraciones de mercado que
fueron usadas como el único criterio para administrar los sueldos y, en
algunos casos, al desarrollo de bandas salariales según niveles de
cargo, focalizándose en la competitividad externa de las compensaciones.
A pesar que estas técnicas son básicas, fueron pocas las empresas que
las usaron.
Desde 1990 a la fecha, la gestión de compensaciones ha adquirido una
importancia cada vez mayor. Su introducción fue importada desde las
casas matrices de empresas internacionales, para luego ser incorporada a
empresas nacionales grandes. Algunas empresas medianas están
profesionalizando su gestión de compensaciones y en las pymes, donde
mayoritariamente no existe dirección intencionada de recursos humanos,
sólo existe trabajo administrativo asociado al cumplimiento legal y la
liquidación y pago de remuneraciones.
Tendencias de compensaciones
En este contexto se pueden identificar y caracterizar una serie de
tendencias de compensaciones, que describen la realidad actual y
permiten pronosticar cómo se continuará desarrollando esta función.
Las nueve tendencias que hemos observado en nuestro trabajo de
compensaciones en los últimos años son las siguientes:
Evolución desde una administración tradicional a una gestión de riesgo
compartido.
Mayor manejo profesional del tema.
Aplicación de sistemas probados de evaluación de cargos, como base de la
equidad interna.
Mejoramiento de las encuestas de remuneración de mercado, como eje de
competitividad externa.
Uso creciente de metodologías estadísticas para el diseño de estructuras
de cargos y cálculo de estructuras de remuneraciones óptimas.
Progresiva introducción de sistemas de renta variable.
Diferentes políticas de posicionamiento de remuneraciones según nivel
jerárquico.
Crecientes estrategias de retención de ejecutivos y personas claves.
Negociaciones colectivas decrecientes y reducción de remuneraciones y
beneficios históricamente garantizados.
Tendencia 1:
Evolución desde una administración tradicional
a una gestión de riesgo compartido.
El actual escenario de negocios está caracterizado por una dinámica
incontrolable, por adquisiciones y fusiones de empresas como estrategias
de aumento de participación de mercado y la consiguiente desaparición de
los actores más pequeños, por sostenidos esfuerzos propios y de la
competencia por lograr rentabilidades cada vez más difíciles de alcanzar
con su efecto natural de disminución de los precios y márgenes de venta
de productos y servicios, por esfuerzos sistemáticos de reducción de
costos, y por una competencia crecientemente agresiva.
Todo lo anterior es agravado por un crecimiento de la economía menor al
esperado y presupuestado por las empresas, lo que se ha traducido en una
percepción de crisis desde 1998 a la fecha, y en un nivel de desempleo
con tasas cercanas al 10%. De hecho, la composición de este desempleo ha
golpeado mucho más fuertemente que la crisis de 1982 al segmento
profesional y ejecutivo, lo que acentúa la sensación de dificultades
dentro de quienes dirigen las empresas.
Ello supone un riesgo empresarial alto e incertidumbre en los resultados
de corto plazo, impidiendo predecir los resultados comerciales y
financieros de mediano plazo, lo que no posibilita asegurar la
estabilidad y sustentabilidad de las empresas y los trabajos en el largo
plazo.
Dentro de las estrategias asumidas por las empresas para enfrentar este
escenario adverso está la reducción y control de costos fijos, y los
costos de personal son una porción relevante de los gastos
operacionales. Constatar la necesidad de reducir los costos de personal
no determina la estrategia a seguir para hacerlo. De hecho, la
estrategia más simple y de corto plazo implementada por muchas empresas
ha sido despedir personal, por su impacto inmediato en los resultados.
No obstante, otras compañías han visualizado la necesidad de proteger la
inversión que han hecho en la selección y entrenamiento del personal con
sus efectos de aprendizaje y capital intelectual desarrollado,
manteniendo al personal competente. Ello supone una visión de más largo
plazo, pues retarda mostrar una mejoría en los resultados pero permite
mantener las fortalezas internas para dar sustentabilidad al negocio en
el tiempo. Como la presión de costos persiste, la estrategia
desarrollada ha sido variabilizar la remuneración, lo que puede ser bien
o mal concebido.
Variabilizar la remuneración es una tarea difícil por cuanto los
trabajadores y sus agrupaciones sindicales tienden a interpretarlo como
una estrategia de la empresa para mantener sus utilidades a costa del
personal. Cuando alguna empresa intenta instaurar renta variable con la
lógica de ‘una parte gana y la otra pierde’, las probabilidades de éxito
son mínimas y la posibilidad de conflicto interno aumenta. Esta es una
concepción errada de la renta variable y tendemos a observarla en
empresas cuyos ejecutivos tienen una visión y administración tradicional
del aporte de los trabajadores, en el sentido de ser la “mano de obra”,
aquella parte no estratégica ni pensante que sólo debe trabajar.
Otra visión es aquella que concibe la rentabilidad y sustentabilidad de
las organizaciones como dependientes del trabajo de las personas.
Implica una visión integral de la contribución de las personas al éxito
de la empresa, lo que significa darle un alcance y profundidad
organizacional que institucionalice la gestión de las personas como una
de las estrategias en las cuales se basan los resultados.
Como plantea la lógica descendente del balanced scorecard, los
resultados económicos de una empresa se anclan en una buena gestión con
los clientes, que a su vez es exitosa si se asienta en eficientes
procesos internos de trabajo, que a su vez dependen de personas
competentes y tecnología adecuada. En palabras ascendentes, son las
personas las que desarrollan procesos eficentes que permiten una gestión
comercial que asegure buenos resultados financieros (Kaplan y Norton,
2000).
Por lo mismo, variabilizar la remuneración no es en primera instancia un
asunto de estrategia empresarial, sino que responde a una concepción
antropológica del aporte único e irremplazable de las personas a las
organizaciones. Se requiere migrar desde una concepción de las personas
como mano de obra hacia un concepto de éstas como contribución
sustancial al logro organizacional, que amerita una gestión de las
personas (Fernández, 2001). Ello implica cimentar estrategias ganar -
ganar, basadas en la marcha realista de la organización, y en la
necesidad de compartir éxitos y pérdidas de resultados. Conceptualmente
se requiere una alianza empresa - trabajadores desde el aporte del
trabajo propio, en un enfoque de gestión colaborativa y participativa
(Estévez, 2001).
A su vez, es necesario el desarrollo de una conciencia ejecutiva
creciente en el comprender que la remuneración determina comportamientos
y que la administración profesional de compensaciones es una de las
herramientas más poderosas para alinear el desempeño de las personas con
las metas organizacionales (Fernández y Baeza, 2002).
Hoy se observa una creciente gestión de riesgo compartido, donde la
incertidumbre que viven las empresas sea asumido tanto por éstas como
por sus empleados. El concepto de una empresa que asegura trabajo y
remuneración independientemente de sus resultados está dando paso a un
escenario donde se asocia la compensación individual a la marcha de la
compañía (Mc Adams, 1996). Ello significa un riesgo compartido en dos
sentidos: compartir las ganancias, con un piso de rentabilidad para la
empresa, y compartir las pérdidas, con un piso de renta fija para los
empleados.
La gestión de riesgo compartido implica fuertes desafíos para los
ejecutivos de las empresas, sus trabajadores y para las relaciones
laborales, por cuanto implica construir acuerdos y fórmulas de renta e
incentivos variables estables y claros, cuyos procedimientos de
aplicación y cálculo sean sencillos para los empleados, y fácilmente
administrables para las empresas. Estos acuerdos se construyen basados
en la confianza y credibilidad de estrategias ganar – ganar, despejando
los fantasmas de acuerdos efímeros de conveniencia cortoplacista e
imponiendo un desafío de cambio a los criterios de discrecionalidad
ejecutiva.
Lo que está en juego es la coherencia entre los discursos
organizacionales sobre el nuevo rol de los recursos humanos y las
prácticas de gestión cotidiana (Fernández, 2002), la credibilidad de
largo plazo, y la construcción de una cultura corporativa sólida, que en
recientes investigaciones ha sido descrita como uno de los factores
diferenciadores fundamentales entre las buenas empresas y las empresas
sobresalientes en sus resultados de largo plazo (Collins, 2001).
Tendencia 2:
Mayor manejo profesional del tema
Si bien en Chile la agenda de recursos humanos aún es incipiente, sobre
todo en pequeñas y medianas empresas, existe una tendencia creciente de
profesionalización en la gestión de recursos humanos de varias
organizaciones, concentrándose su accionar en empresas privadas grandes
y medianas, y en algunas instituciones estatales (Acuña, 2002; Raineri,
2002).
Esta tendencia también se replica en la gestión de compensaciones,
constatándose que en variadas empresas ha crecido la conciencia de la
importancia de las compensaciones como una de las estrategias
principales para alinear el trabajo de las personas con las metas del
negocio.
Típicamente son empresas de más de 300 trabajadores con estructuras
organizacionales combinadas (por ejemplo, estructuras funcionales y
áreas de staff; áreas funcionales, por negocio, producto o canal de
distribución, y holding; staff funcional y áreas organizadas por
procesos, entre otras) y un alto número de cargos diferentes, que
inicialmente abordan el tema como una forma de reducir los problemas
generados por:
remuneraciones muy diferentes a cargos de responsabilidad similar y la
percepción interna de inequidades salariales,
por la presión de aumentos salariales, y
por las necesidades de definir sueldos de contratación, estructurar
sistemas para asociar evaluación del desempeño a aumentos de renta, y de
administrar racionalmente los aumentos de remuneraciones.
En estas organizaciones se ha evolucionado desde el pago tradicional,
que normalmente sigue los criterios de la legislación laboral, el
mercado, la estructura de costos o “lo menos posible”, hacia una gestión
profesional de las compensaciones. Se progresa paulatinamente desde “el
acto de pagar”, al “qué se quiere pagar”, modificando el carácter
instrumental tradicional de la compensación a un sentido estratégico.
Esta evolución se observa en la conformación de áreas de recursos
humanos multidisciplinarias, con altos niveles de profesionalización, y
creciente formación conceptual e instrumental de compensaciones. Los
temas ya asentados dicen relación con la necesidad de un pago que
concilie equidad interna y competitividad externa, y el uso de
herramientas profesionales de compensación, que describiremos más
adelante.
Se observa que algunas pocas empresas ya cuentan con diseños
organizacionales en que existen gerencias, subgerencias o departamentos
de compensaciones, lo que es reflejo de esta tendencia de consolidación
y legitimación del tema.
También es interesante destacar la visión del sentido moral de la
compensación que comentan algunos ejecutivos, quienes consideran que
mediante una gestión profesional de las compensaciones se vinculan
valores organizacionales con el trabajo concreto de las personas (Burr,
1993). Así, el diseño del sistema de compensación debe ajustarse a
dichos valores, que en general tienen que ver con pago equitativo y
justo a responsabilidades iniciales similares, pago por resultados
responsables, pago por desempeños excelentes y de calidad, y pago por
metas grupales, anclando la colaboración y el trabajo en equipo como
valores organizacionales.
Tendencia 3:
Aplicación de sistemas probados de evaluación de cargos,
como base de la equidad interna.
Existe una marcada tendencia en la conciencia creciente de asociar
remuneración con la contribución de cada cargo a los resultados de una
empresa. Ello tiene su contraparte en la constatación que muchas
decisiones salariales sólo se basan en la comparación con las
remuneraciones de mercado, lo que si bien permite mantener
competitividad externa, también puede establecer inequidades de
remuneración por factores estacionales.
Por ejemplo, si se contrató un Contador General en 1996, el sueldo de
mercado fue mayor al actual, por las condiciones de pleno empleo y las
consiguientes mayores remuneraciones. Si se contrata a ese mismo
contador en el 2002, el sueldo será menor y se instalará una inequidad
interna y un potencial de problemas al tener sueldos diferentes de
contratación en el mismo cargo[1]. Este es el riesgo de pagar
considerando sólo el criterio del mercado.
Se desprende que la remuneración óptima es una correlación entre la
importancia relativa de cada cargo en relación a los resultados
organizacionales (equidad interna) y los niveles de remuneración del
mercado comparativo (competitividad externa).
Los sistemas de evaluación de cargos son múltiples, desde los
cualitativos (ranking, comparación por pares) a los cuantitativos
(comparación por factores, sistema de puntos), observándose una
masificación del sistema por puntos creado por Edward Hay en 1952 (Rock,
1972). Este sistema permite evaluar todos los cargos a través de
factores comunes (responsabilidad, resolución de problemas,
competencias, y condiciones de trabajo) mediante matrices de puntos que
arrojan un valor numérico asociado a cada cargo y que describe la
ubicación relativa en la estructura organizacional.
El mérito del sistema Hay es su aplicación probada y exitosa en muchas y
diversas organizaciones de todo el mundo, y su pervivencia luego de 50
años de aplicación, lo que demuestra su efectividad y ajuste a la
realidad organizacional.
Los sistemas de evaluación de cargos son complejos y bien lo saben
aquellas organizaciones que han intentado diseñar sus propios sistemas.
Por lo mismo, existe una cierta resistencia en algunas empresas para
emprender este trabajo pues se lo considera difícil e inicialmente
costoso, sin observar las ventajas de equidad, transparencia, baja
rotación lamentada, clima laboral favorable, y control de los costos de
remuneraciones que se deducen de la aplicación de la evaluación de
cargos. En otras palabras, se requiere de la voluntad política de la
alta administración para legitimar el criterio de equidad interna como
uno de los pilares de la gestión profesional de compensaciones.
Una idea reciente respecto de evaluación de cargos plantea que ésta se
debe efectuar ya no por factores como los determinados por Edward Hay,
sino por la capacidad de agregación de valor de cada cargo a la empresa.
Ello va en línea con la tendencia de valorizar la gestión de las
organizaciones mediante el EVA (economic value added), lo que si bien
resulta una idea interesante, debe plasmarse en sistemas de evaluación
concretos, aplicables y eficaces en el tiempo, para no caer en la
tentación de acoger posibles modas.
Lo relevante es constatar la existencia y uso efectivo de técnicas de
evaluación de cargos probadas en Chile, en las que se asienta la equidad
interna de las compensaciones.
Tendencia 4:
Mejoramiento de las encuestas de remuneración de mercado,
como eje de competitividad externa.
Cualquier análisis de las compensaciones exige contar con información de
mercado, para determinar el grado de competitividad y posicionamiento de
las remuneraciones de cada organización.
Las encuestas de remuneraciones disponibles en Chile son provistas por
empresas auditoras internacionales y por algunas consultoras locales,
quienes han introducido mejoramientos en la confiabilidad de la
información, el tamaño de la muestra de empresas y cargos, la inclusión
del efecto de la renta variable sobre la compensación total, la
presentación de resultados según mercados específicos, y mejores
análisis de la estructura de compensaciones.
No obstante estos mejoramientos, existen desafíos a la calidad de las
encuestas de remuneración. Son los siguientes:
Perfeccionar la confiabilidad de la información: es un comentario
generalizado dentro de los ejecutivos usuarios de encuestas de
remuneraciones, que la información podrá ser real en cargos medios y
administrativos, pero no así a nivel ejecutivo. Desafortunadamente, son
pocas las empresas que entregan información completa respecto del nivel
de remuneración ejecutiva y, sobre todo, de los incentivos variables y
beneficios. Ello impide su uso confiable y válido en el segmento
ejecutivo, donde por necesidad se han desarrollado otras estrategias de
comparación de compensaciones y de retención de ejecutivos y personas
claves. El potencial problema sigue siendo cuán confidencial es el uso
que hacen las consultoras de la información entregada, por lo que ante
la duda, las empresas entregan información parcial o no entregan.
Generar encuestas de remuneraciones según evaluación de los cargos, para
garantizar una homologación profesional de los mismos. El gran defecto
de las encuestas actuales es que no gradúan la información de
remuneraciones según el impacto y peso de cada cargo dentro de su propia
empresa. Por lo mismo, junto al levantamiento de la información de
remuneraciones, se deben desarrollar metodologías rápidas de evaluación
de los cargos encuestados, lo que, si bien requiere un gran trabajo
inicial, permitirá efectuar una homologación profesional de cargos, y no
como se hace actualmente, que es por aproximación, con alto grado de
error al basarse en responsabilidades genéricas de los cargos, y sin
evaluar la magnitud del impacto de las responsabilidades de cada cargo
en los resultados económicos de las organizaciones.
Valorizar beneficios: si bien existen informes de beneficios, ellos son
resúmenes de frecuencia estadística de presencia o ausencia de los
mismos, y no valorizan en dinero los beneficios existentes o el
porcentaje respecto de la remuneración bruta total anual. Si bien
requiere trabajo pues exige hacer valorizaciones específicas según
cargos, es una necesidad contar con el costo total de beneficios.
Efectuar una mirada de compensación total: unido a lo anterior, las
encuestas de remuneraciones deben entregar el costo total de
compensaciones para cada cargo, pues es el criterio que usan las
empresas para hacer sus presupuestos y manejar sus costos de personal.
Se debe determinar con claridad el costo bruto anual de la remuneración
fija garantizada, de la renta e incentivos variables, y de los
beneficios. Sólo así se podrá tener una mirada de compensación total
efectiva.
Perfeccionar los análisis estructurales de compensaciones: las encuestas
actuales ponen alto énfasis en el costo de la compensación, por sobre
los conceptos y distribución de la compensación (qué pagar). Se requiere
especificar cómo está compuesta la estructura total de compensaciones,
detallando los porcentajes de renta fija, variable y beneficios, y
abriendo cada una de estas variables en los haberes e ítemes de pago que
las componen.
Tendencia 5
Uso creciente de metodologías estadísticas para el diseño de
estructuras de cargos y cálculo de estructuras de remuneraciones óptimas
El rigor metodológico y el uso de la estadística descriptiva e
inferencial como herramienta de diseño de estructuras de cargos y
remuneraciones, posicionan la gestión de compensaciones como una de las
estrategias más confiables, de manejo cuantitativo y directamente
relacionadas con las metas de las empresas, desde la cual el área de
recursos humanos contribuye al éxito del logro organizacional.
Las aplicaciones metodológicas en el ámbito de compensaciones son las
siguientes:
Encuestas de remuneraciones para mercados general y específicos.
Análisis de posicionamiento de las remuneraciones. Los análisis más
frecuentes son el posicionamiento total de la compañía, por categorías
de cargo, por agrupaciones de cargos (ejecutivos, supervisores,
profesionales y técnicos, y administrativos y operarios), por áreas
funcionales, y el análisis de correlación y equidad entre el
comportamiento de las remuneraciones internas y las del mercado
comparativo.
Determinación del número de categorías de una estructura de cargos: una
vez que se efectuó la evaluación de cargos, es necesario construir las
categorías de la estructura de cargos. Para ello se usa el concepto de
incremento mínimo perceptible, que establece que el diferencial
perceptual entre un objeto y otro para que sea identificable, debe ser
de al menos un 15%. Por lo tanto, técnicamente la estructura de cargos
tendrá tantas categorías como intervalos de 15% existan entre el valor
máximo y el mínimo de la evaluación de cargos.
Se asume el ‘pago por categoría de cargos’, en que se establece una
misma banda salarial para un grupo de cargos con responsabilidades
similares. Si bien ésta es la práctica generalizada, algunas empresas
efectúan ‘pago por cargo’, en que según la fórmula de regresión y el
puntaje específico de evaluación del cargo, se determina la remuneración
óptima para dicho cargo.
Regresión estadística como base del cálculo de la estructura interna de
remuneraciones óptimas. Dado que existen 2 variables numéricas
intervalares – puntos de evaluación de cargos y remuneración de mercado
-, el cálculo de la remuneración óptima se determina correlacionando
ambas variables. Por simplicidad, algunas empresas dividen sus cargos en
3 ó 4 grupos y para cada uno de ellos calculan regresiones lineales, no
obstante lo técnicamente apropiado es calcular una regresión polinomial
para todo el conjunto de datos.
Amplitud de intervalo salarial según políticas de recursos humanos: si
bien la definición de la amplitud de la banda salarial depende de
criterios de administración, la experiencia indica que lo más efectivo
es establecer una renta de inicio o contratación de entre un 75 a 80%
del punto medio de la banda, y determinar una renta máxima que sea entre
un 15 a 25% mayor que la renta real más alta pagada a un cargo de la
categoría, pues ello garantiza flexibilidad a la estructura de
remuneraciones y permite aumentos de remuneración a quienes ganan más
dentro de la banda.
Uso de matrices de mérito como herramienta de aumento de renta fija: la
matriz de mérito permite determinar los porcentajes de aumento salarial,
asociando dos variables: resultado de la evaluación del desempeño y
posición de la renta de una persona en relación a la remuneración media
de su banda salarial (por lo que indica si está sub o sobrepagado
respecto de la remuneración interna óptima). De este modo, se fijan
porcentajes de aumento de remuneración de acuerdo al costo total
compañía, que se distribuyen asignando los mayores aumentos a quienes
demuestren desempeño sobresaliente y mayor subpago respecto de la media
de su banda salarial, y así decrecientemente. Ello permite
compatibilizar desempeño, competitividad externa y recuperación de las
inequidades salariales.
Planes de ajuste salarial: una vez determinada la estructura interna de
remuneraciones óptimas, las empresas deben determinar quienes están sub
y sobrepagados, de modo de implementar un plan de ajuste salarial
contingente que combine los criterios de desempeño, brecha de pago, y
potencial de rotación lamentada.
Tendencia 6:
Progresiva introducción de sistemas de renta variable.
Al inicio del artículo comentamos el contexto empresarial actual y las
razones por las que la variabilización de las remuneraciones, la
disminución de los costos fijos de personal, y la compensación asociada
a los resultados de la empresa, se constituyen en imperativos de los
tiempos económicos y laborales que vivimos.
Por efecto de la globalización de los negocios, la introducción de
sistemas de renta variable es una tendencia mundial, tal como
constatamos en el 9º Congreso Mundial de Recursos Humanos efectuado en
mayo de 2002 en México.
Técnicamente, se concibe la renta variable como:
· Un elemento motivador y direccionador del desempeño de las personas.
· Una forma de compartir riesgos y ganancias.
· Una estrategia de control de costos.
· Una forma eficaz de comprometer a las personas con los resultados del
negocio.
· Un factor de coherencia organizacional entre el discurso ejecutivo y
la práctica de trabajo.[2]
Introducir sistemas de renta variable requiere financiarlos
adecuadamente, mediante mecanismos sustitutivos de costos actuales.
Generalmente, la renta variable se financia con:
Incremento de productividad y/o ventas: no son pocas las empresas que,
determinando los rendimientos y tasas históricas de productividad o
ventas, acuerdan con sus trabajadores un incentivo variable por los
aumentos de estas variables por sobre el estándar histórico. Ello tiene
el supuesto que los aumentos son dependientes de las personas y su
desempeño, y no deben estar asociados a mejorías tecnológicas ni
condiciones de mercado inmanejables para los empleados.
Reducciones de costo operacional: en todas las empresas, pero con mayor
relevancia en aquellas que trabajan con commodities y en las que el
precio tiende a ser inelástico en la generación de mayor demanda, uno de
los focos es la reducción de los costos operacionales. Para ello se
determina el costo de producción de productos o de procesos en algún
período de tiempo, y se acuerda con los empleados cómo se compartirá los
ahorros generados por una mejor operación de equipos, materias primas,
insumos y procesos. Esta modalidad de financiamiento del incentivo
variable, al igual que el anterior, se basa en contar con sistemas de
información eficientes, claros y que gocen de la credibilidad de las
personas afectas a la renta variable.
Disminución de renta fija: quizás el camino más difícil es lograr
acuerdos en los cuales los trabajadores acepten una disminución de un
pequeño porcentaje de su remuneración fija, por la convicción que su
trabajo permitirá alcanzar mayores niveles de remuneración mediante el
logro de las metas a las que se asocia el incentivo variable. Nuevamente
la simplicidad de las fórmulas de incentivo, el acceso a información
confiable de gestión, y la percepción que los mejoramientos son
dependientes del desempeño de personas y equipos, son los factores que
facilitan el éxito de esta estrategia.
Sustitución de beneficios: una práctica comúnmente usada en las
negociaciones colectivas ha sido sustituir beneficios de poco uso y
cobertura entre los trabajadores, o bien beneficios no asociados al
desempeño (por ejemplo, asignaciones de antigüedad y de título), por
sistemas de incentivo variable. Si bien esta estrategia no ha sido
relevante en términos de disminución de costos, si lo ha sido en
términos de cultura corporativa, pues se instala en el diálogo laboral
las ideas de compensación asociada a desempeño, de variabilidad de las
remuneraciones, de meritocracia, y empleabilidad.
Congelamiento de los aumentos de renta fija y asignación del presupuesto
de aumento real anual de remuneraciones al sistema de incentivo
variable.
Como se deduce, la lógica del sistema de incentivo variable es que los
desempeños y resultados por sobre el promedio histórico permiten
alcanzar una remuneración significativamente mayor (“si trabajo mejor,
gano más”), existiendo un piso de rentabilidad de la compañía. En otras
palabras, una vez logrados ciertos resultados base, se comienza a pagar
el incentivo variable.
Los factores que son considerados como parte de las fórmulas de
incentivo variable se determinan en función de la identificación de la
cadena de valor de cada empresa, pagándose por buenos resultados en los
factores críticos de éxito del negocio (Belcher, 1991). Por lo mismo,
podrán existir tantos sistemas de incentivo como áreas o procesos claves
haya.
La aplicación de la renta variable está extendida en áreas comerciales y
productivas, donde existen indicadores medibles de resultados fácilmente
obtenibles, y donde observamos una paulatina sustitución de los sistemas
de comisiones por venta o bonos de producción, a sistemas más integrales
que incluyen cobranza efectiva, venta proporcionada de los mix de
productos, calidad de productos, eficiencia de líneas de producción,
tasas de rechazo o devolución, costos unitarios, y accidentabilidad,
entre otros.
Su aplicación a otras áreas de la empresa es factible en la medida que
se disponga de sistemas de información que entreguen los indicadores
medibles de gestión que son la base para calcular el monto del incentivo
a pagar, pues la mayor traba no está en determinar qué variables
incentivar, sino en cómo medirlas (Becker et al, 2001).
En general, el incentivo variable se ha aplicado a equipos directivos
(Sanhueza, 2002), no obstante se observa algunos diseños que incorporan
a todos los miembros de la organización. Al respecto han influido
negativamente algunos procesos de pago de rentas variables que se han
tratado en los medios, donde se exacerban posiciones y se connota la
renta variable como un aprovechamiento ejecutivo de prebendas
preferenciales. Ello queda en el inconsciente colectivo con una
tonalidad negativa, que dificulta los acuerdos de variabilización de las
compensaciones al interior de las organizaciones.
Los factores críticos de éxito a incentivar están a 4 niveles:
corporativo, unidad de negocios, grupal e individual. Si bien los
sistemas actuales son predominantemente individuales, existe el desafío
de trabajar por sistemas de incentivo en todos los niveles
organizacionales, como una forma de alinear el desempeño y contribución
individual y grupal con las metas de la empresa (Chingos, 1997).
En la aplicación de los sistemas de incentivo variable observamos
resistencias a incentivar por el comportamiento de los factores
corporativos y de unidades de negocios, en personas sin autoridad
jerárquica y que no tienen posibilidad de influir con su trabajo en
dichos resultados. Por esta razón, los sistemas que hemos diseñado para
personas que no ocupan cargos decisorios y ejecutivos, son una
combinación de factores individuales y grupales. Aún es muy incipiente
en Chile la metodología de ‘compensación por equipos’, que implica no
sólo nuevas formas de compensación sino también nuevas formas de
organización, como los grupos semi-autógenos (Gross, 1995).
Otro aspecto a considerar en el diseño del incentivo variable es la
periodicidad de pago del mismo. Dado que el objetivo es desarrollar una
motivación adicional a la habitual, no es recomendable pagarlo
mensualmente, pues a corto andar se le considerará parte de la
remuneración mensual y perderá su efecto incentivador. Tampoco se debe
distanciar demasiado su pago, pues debe existir contingencia temporal
entre los buenos resultados y la compensación, razón por la que se
constata que el pago trimestral del incentivo, con reliquidaciones de
remuneraciones de los 2 meses anteriores para optimizar el efecto
tributario, es la alternativa más elegida por las organizaciones.
Tendencia 7:
Diferentes políticas de posicionamiento de remuneraciones
según nivel jerárquico.
Una constatación que no es novedosa pero que constituye una tendencia
general, es la aplicación de diferentes políticas de posicionamiento de
las remuneraciones según las responsabilidades del cargo. Se observa en
la práctica que a nivel ejecutivo la mayoría de las empresas paga
percentil 75 o más del mercado comparativo, mientras que a niveles
profesionales, técnicos y administrativos se paga el promedio del
mercado o menos. La política de compensaciones imperante es diferenciada
según nivel jerárquico.
Uno de los efectos de esta política diferenciada es la gran distancia
entre rentas máximas y mínimas, alcanzando razones de 80:1, lo que si
bien es parte de nuestra realidad, resulta escandaloso para ejecutivos
estadounidenses y europeos que analizan las remuneraciones chilenas,
pues están lejos de las tasas 10:1 observadas en países como Canadá,
Inglaterra o Francia.
Otro fenómeno interesante de comentar de los estudios de posicionamiento
de remuneraciones, es la tranquilidad ejecutiva cuando la organización
paga globalmente en promedio de mercado, sin profundizar el análisis al
comportamiento de los sueldos según áreas o niveles jerárquicos.
Se observa que tiende a existir inequidad en las remuneraciones respecto
del nivel jerárquico del cargo, donde si bien el posicionamiento
corporativo está en el promedio del mercado, las rentas de los cargos de
menor impacto están subpagados, los cargos medios están en promedio de
mercado, y los cargos ejecutivos están sobrepagados respecto de la
propia política de compensación. Es importante prevenirse de potenciales
autoengaños producto de lo anterior, para abrirse a diagnosticar las
inequidades existentes en algunas organizaciones y sus potenciales
consecuencias.
Tendencia 8:
Crecientes estrategias de retención de ejecutivos y personas claves
Cada día las organizaciones y sus ejecutivos tienen mayor conciencia que
el valor de las compañías es dependiente de la gestión de algunos
directivos y personas claves (Michaels et al, 2001). Por ello se están
aplicando estrategias para retener a estas personas, lo que no se guía
por los criterios de una estructura de remuneraciones ni por factores de
competitividad externa.
Este fenómeno está asociado a la gestión del talento dentro de las
empresas, pues se asume que son los ejecutivos y las personas claves
quienes concentran el capital intelectual de una organización (Brooking,
1997). Con las estrategias de retención de talentos se busca asegurar su
desempeño exitoso, su mantención en la organización, y el compromiso de
quiénes son responsables de la mayor generación de valor para una
organización.
Los criterios de reconocimiento para estas personas responde a lo que
llamamos compensación emocional, es decir, cada ejecutivo, desde su
marco personal de valoración, requiere ser recompensado con aquello que
le provoque mayor satisfacción psicológica. En otras palabras, el
análisis excede largamente lo económico y salarial, y está en un estadio
superior relacionado con la satisfacción personal, el sentirse valorado
y respetado, y la calidad de vida. Son las estrategias de retención y
desarrollo las que se están adaptando a los ejecutivos y personas
claves, y no al revés.
Resulta interesante comentar la encuesta 2000 de Bottom Line Business
(Ashby y Pell, 2001) donde se pidió a una muestra de personas que
priorizaran los factores por los cuales permanecen en sus trabajos. Las
10 razones principales fueron:
· Desarrollo de carrera y posibilidades de aprendizaje.
· Trabajo desafiante y excitante.
· Un trabajo con sentido y la oportunidad de ‘hacer la diferencia’.
· Colegas sobresalientes.
· Ser parte de un equipo.
· Un buen jefe.
· Ser reconocido por un trabajo bien hecho.
· Entretenerse con el trabajo.
· Autonomía y sentido de control sobre el propio trabajo.
· Flexibilidad en las horas de trabajo y en la vestimenta.
Lo anterior es coherente con una encuesta efectuada en 2002 por Acción
Empresarial a 461 estudiantes egresados y postgraduados de 7
universidades chilenas (Factores que son prioridad al momento de elegir
un lugar de trabajo, 2002, Agosto 18), quienes estimaron que las
principales cualidades de una empresa para atraer a nuevos profesionales
son:
· Buen clima laboral.
· Calidad de vida.
· Imagen de la empresa.
Cuando se consultó sobre lo más valorado de la oferta de una empresa, la
remuneración mensual competitiva fue el factor más mencionado.
Es interesante constatar que, dentro de los factores más valorados para
ser atraído y mantenido en un trabajo, no aparecen mencionadas las
estrategias de compensación, lo que indicaría que a este nivel operan
como factores higiénicos, mientras los factores de retención y
satisfacción de las personas claves tienen que ver con estrategias
corporativas de gestión de recursos humanos, donde un paquete
equilibrado de compensación es relevante como factor de contratación y,
en parte, como factor de mantención, más no como factor de desarrollo.
Así definido, las estrategias de retención de personas claves requieren
mucho más trabajo que el solo diseño de estrategias de compensación, e
impone desafíos en 3 aspectos:
Preguntarse y determinar ¿qué es lo que mantiene y desarrolla a las
personas claves en mi organización?.
Implementar buenos sistemas de gestión de personas como mantenedores y
promotores del capital intelectual, en concordancia con la respuesta a
la pregunta anterior.
Diseñar tantos programas de retención y desarrollo individual como
personas talentosas existan, focalizándose en la comprensión humana de
lo que cada persona valora como satisfacción psicológica. Ello supone
desafíos de diseño, administración, y manejo de los efectos
organizacionales derivados de planes individuales de desarrollo y
compensación, que contradicen la idea colectiva de beneficios similares
a mismos niveles de cargo.
Si bien los factores de satisfacción son individuales, es interesante
mencionar lo que son las prácticas más habituales de beneficios
ejecutivos y de personas claves, pues necesariamente ofrecen un marco de
lo que hacen las empresas en el mercado chileno. Los beneficios
intangibles más usuales son:
· Auto de la empresa.
· Membresías a clubes sociales y deportivos.
· Membresía a organizaciones profesionales.
· MBA y estudios de postgrado.
· Seguros de vida.
· Seguros de salud.
· Opciones por acciones (stock options).
· Pasantías en las casas matrices.
· Gastos de representación con pago de tarjeta de crédito corporativa de
uso personal.
· Becas escolares.
· Planes de pensiones.
· Créditos de libre disposición en UF y sin intereses.
· Viajes con la familia.
· Celular de libre disposición.
· Suscripciones a diarios y revistas.
· Tiempo flexible de trabajo.
La forma en que se otorgan los beneficios más significativos demuestra
la tendencia al otorgamiento de los mismos asociados a permanencia en la
organización, por lo que habitualmente se devengan en un periodo medio
de tiempo y, si la persona deja la empresa, debe pagar el saldo
pendiente del beneficio asignado (Belcher, 1991).
Cerrando este tema, es necesario considerar que el foco de las
estrategias de recursos humanos sobre estas personas claves presenta el
riesgo que los que no son considerados talentosos o sobresalientes
pueden ser progresivamente desconsiderados, sin ponderar adecuadamente
su contribución al logro organizacional.
Tendencia 9:
Negociaciones colectivas decrecientes y reducción de remuneraciones y
beneficios históricamente garantizados
La legislación laboral, la práctica empresarial, los efectos secundarios
del outsourcing, las tasas de desempleo de los últimos años, y el temor
a perder el trabajo, han desincentivado la afiliación sindical, lo que
se refleja en la disminución de la sindicalización, que bajó de 14% en
1998 a 10% en 2000.
No obstante se observa una mayor instrucción de las directivas
sindicales para comprender el esquema de riesgo compartido, cuyos
acuerdos y efectos no son necesariamente comprendidos por las personas
sindicalizadas, los resultados de las negociaciones colectivas han sido
discretos para los trabajadores, reflejados en el menor aumento de
remuneraciones producto de negociaciones colectivas en relación al
crecimiento real de los sueldos en Chile, en una disminución pequeña
pero sostenida de beneficios, su sustitución por renta variable, y en el
aumento de las negociaciones sin huelga.
Se observa un cambio desde una perspectiva asistencialista hacia una
perspectiva meritocrática, con primacía de los resultados y el
desempeño, donde el rol de la empresa ya no es garantizar la estabilidad
del empleo, sino que aumentar la capacidad de ganancia del trabajador
para futuros empleos, en función del desarrollo de competencias en el
trabajo actual. Se modificó la estabilidad por la empleabilidad,
traspasando la incertidumbre de los negocios a las personas, y
estimulando que cada una de ellas se haga responsable de su carrera
laboral.
Está por evaluarse los efectos de la reforma laboral del 2001, las
posibles nuevas leyes relativas a la imprescindible flexibilización
laboral que acoja las actuales prácticas de trabajo temporal, de
subcontratación y de jornadas parciales, y la respuesta de las
organizaciones y sindicatos ante el esperado mejoramiento del escenario
económico, no obstante la disminución de los márgenes y rentabilidades
de la mayoría de las empresas pareciera indicar que la tendencia a una
baja sindicalización y disminución de la conflictividad laboral se
mantendrá.
Estas 9 tendencias de compensaciones reflejan parte importante de la
realidad organizacional y de compensaciones de Chile al 2002, y sirven
como factores de comparación y evaluación a todas las empresas que estén
vislumbrando la necesidad de efectuar una gestión profesional de sus
compensaciones, y, a aquellas que ya la han implementado, les permite
chequear cuáles de sus estrategias y prácticas están bien encaminadas o
son perfectibles.
El nuevo rol de la gestión de recursos humanos en las organizaciones
actuales debe caracterizarse por un enfoque multidisciplinario que
contemple la adaptación de los diferentes procesos de recursos humanos a
las metas y estrategias claves de las empresas, ocupando la gestión de
compensaciones un lugar prioritario y fundacional, al ser una de las
estrategias más orientadoras, efectivas y de impacto contingente en el
alineamiento de las motivaciones, competencias, comportamientos y
desempeño de las personas con las metas organizacionales.
Santiago, agosto de 2002
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Revista Economía & Administración Nº 143, 17-20. Facultad de Ciencias
Económicas y Administrativas, Universidad de Chile.
Ignacio Fernández Reyes
ignaciofernandez@prosel.cl
[1] No estamos sugiriendo que siempre se debe ganar lo mismo a cargos
iguales, pues con el paso del tiempo es el desempeño lo que explica
remuneraciones diferentes, o si se prefiere, quien mejor trabaja, más
gana.
[2] Como nos comentó un trabajador, “nada habla más que el sueldo”.
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