Resumen
Las compensaciones son consideradas a nivel mundial como una de las
estrategias principales de la gestión de recursos humanos. En Chile, los
psicólogos ejecutivos de recursos humanos hemos estado enfrentados a
múltiples requerimientos de las organizaciones en este tema y nuestra
formación no nos entregó los conceptos ni las técnicas para dar
respuestas satisfactorias. El presente artículo describe las funciones
de las compensaciones, presenta el modelo de gestión de compensaciones
desarrollado desde la práctica, reflexiona sobre el aporte de los
psicólogos organizacionales como gestores de compensaciones y revisa los
desafíos presentes para quienes trabajamos en el importante tema de las
compensaciones.
Introducción
El núcleo básico de cualquier sistema organizacional lo constituye la
relación existente entre la persona y la organización. Si asumimos que
esta relación se establece en la medida en que la persona aporte su
trabajo a cambio de algo valioso que recibir en retribución, vemos que
el concepto de compensación lejos de jugar un rol meramente instrumental
se constituye más bien en un factor determinante de la existencia misma
de la organización.
Resulta curioso, por tanto, constatar que en la práctica este tema suele
conceptualizarse como un mero problema instrumental de cuantificación
monetaria de la remuneración y los beneficios, perdiendo la oportunidad
de definir, posicionar, gestionar y administrar las compensaciones desde
el lugar estratégico que le corresponde.
La práctica organizacional indica que son los ejecutivos de recursos
humanos quienes deben ser los expertos en los temas de remuneraciones y
beneficios. Los gerentes, jefaturas y trabajadores esperan que estos
expertos sepan con qué nivel de sueldo contratar, con qué criterios
aumentar la remuneración fija, cómo incentivar mediante pago variable,
cómo asociar desempeño a remuneración, y una serie de temas operativos
ligados al pago contable y tributario de rentas.
Los psicólogos que hemos asumido responsabilidades ejecutivas nos hemos
visto enfrentados a este tipo de decisiones de remuneraciones y de
asignación de beneficios que no se nos enseñó a administrar. Sobre la
marcha, y mediante ensayo y error, se va aprendiendo a pagar sueldos y a
entender el tema, con una sensación generalizada de ser una función
operativa molesta, indeseada y que resta importancia al trabajo más
propio del área.
En ocasiones se escuchan comentarios del tipo “no estudié para esto” o
“habrá que hacerlo, para más adelante trabajar los temas importantes de
recursos humanos”. Así se va construyendo un cierto desprecio por el
tema de “remuneraciones”, al considerárselo ya sea un tema demasiado
operativo, propio de contadores y administrativos, o bien un tema
excesivamente mercantil en términos del intercambio de trabajo por
remuneración. Incluso se han planteado visiones en que la relación
persona-organización se juzga como una mercantilización del vínculo
(Rodríguez, 2001), reduciendo el tema de la compensación a un mero
problema de pesos más o pesos menos. Estas perspectivas son parciales y
no consideran los significativos efectos organizacionales positivos que
conlleva la compensación para la empresa y el trabajador.
En este escenario genérico nos encontramos con psicólogos que no saben
de compensaciones, que cargan con un prejuicio de desdén con el tema o
una descalificación por la tonalidad mercantil del mismo, y que
enfrentan gran presión organizacional para dar respuestas concretas
frente a problemas cotidianos de contratación, aumentos salariales,
negociaciones colectivas, formas de pago que tributen lo menos posible,
despidos, o cómo motivar al personal.
No debería sorprendernos mucho esta falta de formación académica en
compensaciones si consideramos que la incorporación de la psicología en
la lógica organizacional ha obedecido más a criterios prácticos e
instrumentales que estratégicos. Es principalmente desde la vertiente
del comportamiento organizacional que los psicólogos comenzamos a
encontrar un espacio dentro de las organizaciones. Lo que motivó este
acercamiento fue la necesidad de los ejecutivos para conseguir
respuestas a preguntas del tipo ¿cómo asegurar que ingresamos personal
con el perfil adecuado? ¿cómo mejorar las capacidades de las personas
para hacer mejor su trabajo? ¿cómo motivar más al personal? ¿cómo
mejorar las comunicaciones internas? ¿cómo potenciar el liderazgo de
nuestros supervisores?
E incluso cuando se ha creado el espacio para intervenir desde un punto
de vista más global y estratégico en una lógica de desarrollo
organizacional, la expectativa de los ejecutivos es que el rol del
psicólogo se focalice en tratar de minimizar los impactos negativos que
pueden llegar a generar los cambios implementados y ayudar a hacer más
llevadera la transición de todo este proceso.
La gran necesidad de ayuda existente en todos estos temas hace que sea
fácil visualizar la urgencia de abocarse a ellos. De allí que no es
casual que las universidades se preocupen de preparar al psicólogo
organizacional para hacer frente con herramientas adecuadas a eso
requerimientos. Pero como no se suele visualizar la importancia
estratégica que tiene la temática de compensaciones y la necesidad de
aportar a ella una visión psicológica en su definición de políticas,
gestión y administración, en definitiva no se incorpora como tema de
estudio en los programas formativos.
Así, sin formación de pre-grado en compensaciones, los psicólogos hemos
debido aprender en la práctica la conceptualización y las técnicas de
compensación, para satisfacer lo que las organizaciones y nuestros jefes
nos exigen. Y nos hemos encontrado con sorpresas.
Funciones de las Compensaciones
Las 4 funciones de las compensaciones son las siguientes:
1. Alineamiento estratégico.
Son las remuneraciones y beneficios un medio privilegiado para asociar
directamente las metas y valores de una organización con la motivación y
desempeño de los trabajadores. Los trabajadores saben “traducir” qué se
les está pagando y qué se espera de ellos mediante su trabajo. La
compensación es un medio de comunicación incuestionable, pues las
inconsistencias que una persona perciba entre el discurso organizacional
y la práctica de trabajo serán resuelta mediante su interpretación de lo
que connota la compensación: el qué se paga realmente (Lawler, 1990).
En varias empresas hemos encontrado misiones organizacionales que
ponderan el trabajo en equipo como un eje valórico central. Sin embargo,
la remuneración es individual, no se asocia a metas de equipo ni
variabiliza el ingreso en función de esfuerzos grupales. Ante esta obvia
inconsistencia, el trabajador “le cree” a las ideas tras lo concreto: el
pago de su sueldo.
El esfuerzo debe estar no tanto en declarar valores sino en
transmitirlos prácticamente mediante los pocos medios organizacionales
que ningún trabajador cuestiona. Y la compensación ocupa un lugar
privilegiado entre ellos.
Así planteado, la compensación debe ser materia de delicada reflexión,
planificación y dirección, adquiriendo un sentido estratégico en cuanto
la organización debe mostrarle a sus empleados qué quiere lograr y cómo
contribuyen ellos a alcanzar las metas globales. Este planteamiento
contradice la creencia de algunas personas sobre el poder motivador
intrínseco del dinero y la idea ampliamente difundida por Herzberg,
quien posicionó la remuneración como un factor higiénico y un piso no
motivante del desempeño laboral (Rodríguez, 2001).
Resulta interesante constatar que la compensación tiene ambos
caracteres: ligado a las satisfacción de las necesidades básicas no es
motivante y, sobre ese punto individual de corte, moviliza la motivación
hacia desempeños superiores que buscan el logro y el reconocimiento.
Existe una parte muy motivante de la compensación y es relevante dejarlo
establecido pues, además de ser coherente con lo que las personas que
trabajan sienten, desmitifica el concepto ampliamente generalizado que
el dinero no motiva (Gross, 1995).
Esta relación entre metas de la organización y motivación y desempeño de
las personas, unidas mediante las compensaciones, es la función de
alineamiento estratégico. Si a las personas se les paga por aumento de
producción, por ahorro de costos, por cumplimiento de metas de venta,
presupuestos o plazos, entenderán claramente cómo deben ajustar su
desempeño a la expectativa de la empresa y se reducirán las disonancias
entre discurso y práctica de trabajo. El trabajador sabe lo que tiene
que hacer y será tarea de las organizaciones efectuar una gestión
profesional de compensaciones para administrar las competencias de las
personas, mostrándoles en lo práctico, qué metas se valoran.
A la base de lo anterior, está la dependencia del logro de las metas
organizacionales respecto del desempeño de los trabajadores. Son
finalmente éstos quienes lograr o no los resultados buscados, lo que
erige a las personas como el activo de mayor impacto en las empresas.
Como plantean Ridderstrale y Nordstrom (2000) es el talento lo que mueve
al capital, por lo que mientras antes las organizaciones traduzcan esta
idea en sistemas de compensación que alineen los desempeños y
competencias de las personas con las metas de la organización, mejores
resultados alcanzarán.
2. Equidad interna.
Otra función de las compensaciones es pagar según el impacto de cada
cargo en los resultados del negocio. Para ello es necesario evaluar
dicho impacto mediante técnicas de evaluación de cargos que garanticen
una mirada ecuánime y sistemática a todos los cargos de la organización.
Lo equitativo está en que se usa el mismo conjunto de variables y las
mismas unidades de medida para ponderar la importancia relativa de todos
los cargos. La equidad está en ello y no, como creen algunas personas,
en que los resultados de la evaluación sean homogéneos.
Se busca evaluar con la mayor objetividad, en función de las
responsabilidades de cada cargo, el efecto de éstas sobre las metas
organizacionales. Para ello existen variados sistemas de evaluación de
cargos, siendo a nuestro juicio los sistemas cuantitativos en general y
el sistema desarrollado por Edward Hay y Dale Purves en particular
(Henderson, 1985), los que garantizan una medida confiable de la equidad
interna.
El nivel de remuneración satisface varios objetivos, y uno de ellos es
pagar al inicio una remuneración proporcional a lo que se espera aporte
una persona desde un cargo en particular.
Dado que la remuneración total es la sumatoria de pago por el cargo y
pago por resultados, la equidad interna asociada al cargo es un criterio
central al momento de contratación de una persona, pues, ya que se
desconoce su desempeño real, se le paga según el valor de sueldo
asignado al cargo. Por lo mismo, la equidad es determinante en las
rentas de ingreso de una persona. No es posible hacer una mirada de
“sueldos iguales a cargos iguales” con el paso de los años pues las
rentas se diferenciarán naturalemente según el mejor o peor resultado
alcanzado por cada trabajador. El crecimiento de las remuneraciones se
asocia a los méritos propios.
3. Competitividad externa.
Las compensaciones deben permitir la contratación y mantención del
personal que la organización requiera. Para ello es necesario mirar al
mercado y establecer en qué nivel de remuneración se busca posicionarse.
Si no se paga lo que el mercado comparativo paga o no se administran
dinámicamente las compensaciones para ajustarse a los aumentos de
demanda del mercado de trabajo, la probabilidad de no encontrar los
talentos necesitados, de rotación lamentada y de daño a la eficiencia
organizacional es alta.
Es práctica habitual en las empresas contar con encuestas del mercado de
remuneraciones, para testear permanentemente su posicionamiento
relativo. Esta práctica es positiva, en la medida que se comprenda que
la remuneración debe satisfacer no sólo el criterio de competitividad
externa, sino que al mismo tiempo debe asegurar equidad interna.
En otras palabras, puede ocurrir que por factores de estacionalidad, por
expansiones de cierto tipo de industrias o por escasez de oferta de
algún tipo de profesional o técnico, el mercado aumente las
remuneraciones para un cargo. Si la empresa decide contratar en ese
momento a tal profesional y sólo se rige por el criterio de
competitividad, le pagará el valor de mercado que estime pertinente. Si
dentro de la empresa existe una persona en el mismo cargo pero que fue
incorporado en un momento que el mercado pagaba menos renta, se asienta
una inequidad interna y la empresa tiene un problema latente.
Este ejemplo muestra que la remuneración siempre debe ser el resultado
de la combinación de los criterios de equidad interna y competitividad
externa, lo que destaca el error generalizado de muchos profesionales
que creen que sólo se debe pagar por mercado.
Existen matices a lo anterior para las estrategias de retención de
ejecutivos claves, que se comportan de un modo diferente ya que el
criterio de comparación suele no ser el mercado, sino lo que llamamos
compensación emocional, es decir, si me considero un ejecutivo clave
para la empresa, espero que me recompensen “como me merezco” y la
organización me trate como alguien especialmente importante. En otras
palabras, en estas situaciones de excepción los criteros para determinar
la compensación son subjetivos, individuales y con acento en aquellos
aspectos que cada ejecutivo valora. Este interesante tema lo abordaremos
en otro artículo.
4. Dirección del desempeño.
Relacionado a la función de alineamiento estratégico, el diseño de las
compensaciones debe garantizar que el desempeño de las personas se
oriente a lo que la empresa espera. Esto le atribuye un carácter
individual y de particularidad a las compensaciones, pues deben
considerar el tipo de trabajo de la persona, los resultados que se
esperan de su cargo y cómo recompensarle por los logros demostrados,
tanto a nivel de remuneración como de recompensas no pecuniarias.
El desempeño de las personas se concibe como el activo más relevante que
debe administrar la jefatura, y debe establecer los reconocimientos y
correcciones contingentes ante las desviaciones respecto del desempeño
esperado. Esta idea de performance management es novedosa respecto de la
práctica generalizada de evaluación del desempeño anual. Aquí se
cotidianiza la dirección del desempeño, la que si bien tiene impacto
final en la definición de niveles de remuneración, se posiciona como una
estrategia de dirección hacia los mejoramientos del desempeño y a la
práctica del coaching como soporte y apoyo a las personas (Chingos,
1997).
Para muchas empresas el desempeño es uno de los criterios principales
para efectuar aumentos de renta fija mediante matrices de mérito, no
obstante cada día más el desempeño asociado a compensación se traduce en
indicadores medibles del mismo y al pago de incentivos variables. Tal
como comentan Becker, Huselid y Ulrich (2001), existen esfuerzos
sistemáticos para objetivar indicadores medibles de recursos humanos,
materias tradicionalmente difíciles de medir, que en el tiempo se espera
sustituyan las evaluaciones subjetivas de desempeño y sus efectos poco
estimulantes sobre la motivación de las personas, lo que va en dirección
opuesta al direccionamiento del desempeño hacia las metas y necesidades
organizacionales.
Queda claro que el desempeño está dando origen a dos estrategias con
fines diferentes y complementarios: por un lado se busca objetivar el
desempeño en indicadores medibles para definir sistemas de incentivo
variables asociados a resultados y, por otro, se busca establecer un
sistema de relación supervisor-supervisado anclado en el mejoramiento de
las competencias personales del trabajador. Es necesario que quienes
dirigan organizaciones, en general, y los profesionales de recursos
humanos, en particular, efectúen esta distinción pues permite un decidir
organizacional que incluya la consideración de los resultados, del
mejoramiento de las competencias, y de la empleabilidad de las personas.
Resumiendo las funciones de las compensaciones, cada organización debe
responderse preguntas claves para conocer cuán eficientemente está
dirigiendo el tema, a saber:
q ¿Cómo alinea la estructura de compensación con los valores y la
estrategia de negocio?
q ¿Cómo atrae y mantiene al personal adecuado?.
q ¿La compensación esta orientada a la equidad interna, a la
competitividad externa o a ambos?.
q ¿Existe una asociación clara entre remuneración y medición de
resultados?.
q ¿Cómo estimula al personal para desarrollar nuevas competencias?.
q ¿Cómo relaciona la remuneración con las actividades que aportan valor
agregado?.
Modelo de Gestión de Compensaciones
Queda claro que la forma de diseñar y dirigir las compensaciones debe
satisfacer los objetivos de alineamiento estratégico, equidad interna,
competitividad externa y dirección del desempeño. Esto, ligado a las
funciones generales de la administración de recursos humanos, a saber la
obtención, mantención, desarrollo y desvinculación de personas, genera
las técnicas y herramientas específicas que dan cuenta de estas ideas en
la práctica.
A continuación presentamos el modelo de gestión de compensaciones que
hemos creado en nuestras asesorías a empresas y que dan buena cuenta de
los requerimientos reales de las organizaciones a los profesionales de
recursos humanos y cómo resolverlos.
Modelo de gestión de compensaciones.
No es materia de este artículo examinar en detalle la conceptualización,
metodología y efectos prácticos de las técnicas de compensación antes
mencionadas, sino sólo mostrar al lector la amplitud y complejidad de un
tema altamente significativo.
Cabe ahora preguntarse, cuáles son las ventajas diferenciadoras que
pueden aportar los psicólogos organizacionales como gestores de
compensación, respecto de otros profesionales de recursos humanos. ¿O
ser psicólogo es indiferente para la administración de las
compensaciones?.
Aportes del psicólogo organizacional como gestor de compensaciones.
Existe una estrecha relación entre psicología y compensación al ser esta
última una de las formas predilectas que las organizaciones usan o deben
usar para valorar el aporte de sus trabajadores: la retribución por su
trabajo. Es necesario comprender las compensaciones y sus efectos
emocionales y motivacionales en las personas como antecedente causal del
fomento de desempeños laborales alineados con las metas organizacionales
y la satisfacción de las personas.
Al respecto es interesante invitar a una reflexión para relacionar el
desarrollo de las teorías motivacionales de Maslow, Herzberg, Mc Gregor
y Vroom con los efectos que tienen las compensaciones. Sin duda, es la
teoría motivacional de Herzberg la que explica de mejor manera las
aplicaciones organizacionales de la motivación, y permite visualizar los
factores higiénicos y motivadores del trabajo, con la excepción
conceptual que antes comentamos respecto que la compensación tiene un
doble sentido: higiénico como satisfactor de necesidades básicas y
motivante en relación al logro de metas y el reconocimiento asociado a
ello.
En este contexto, los aportes de los psicólogos son a nuestro juicio los
siguientes:
1. Administrar las compensaciones como una de las principales
herramientas de asignación de sentido al trabajo. Como plantea Hopenhayn
(2001) es fundamental para la identidad personal el asignar un sentido
significante al trabajo propio, lo que se torna particularmente
importante en una sociedad donde el trabajo se constituye en la
principal forma de relación con el mundo.
Relacionar las compensaciones personales con el sentido estratégico y la
finalidad de una organización permite a las personas sentirse parte de
la misma, comprender qué valor le asigna la empresa a su contribución,
sentirse valorado e importante como persona que aporta, y reencuadrar la
motivación personal en relación a la organización.
De este modo se permite el desarrollo de motivaciones personales
intrínsecas, que son las que dan cuenta de desempeños sobresalientes y
sostenidos. Esta idea está lejana a la creencia del dinero como
motivador extrínseco o, como coloquialmente se comenta, para que la
gente trabaje es necesario “tenerles una zanahoria”. Las estrategias
extrínsecas logran resultados de corto plazo y sus efectos se extinguen
en cuanto “la zanahoria” deja de ser estimulante.
Por lo mismo, la consolidación de la profunda relación entre las
compensaciones como expresión del sentido y valores de la organización y
el sentido del trabajo individual, permitirá el desarrollo de
motivaciones individuales intrínsecas, sólidas y poco permeables a las
condiciones externas. Es abonar el terreno del sentido vital personal
como mantenedor del desempeño laboral (Fernández, 2001).
El proceso de atribución de sentido al trabajo propio responde a
contenidos y temáticas individuales, por lo que el esfuerzo
organizacional no está en pautear los contenidos de la motivación
individual sino en establecer la importancia que para la empresa tiene
la contribución de cada persona al sentido de finalidad de la
organización, desde las responsabilidades de su cargo.
Naturalmente esto pone el acento también en cuán claras, desarrolladas y
éticamente valóricas son las metas de algunas organizaciones, y en la
conciencia de los ejecutivos sobre su resposabilidad de asignar sentido
de finalidad al trabajo de sus colaboradores. Todos quienes trabajamos
buscamos asignarle un sentido existencial al trabajo y, en la medida que
ello exista, mi compromiso, calidad de trabajo y persistencia del
desempeño serán mejores que si sólo me siento cumpliendo una tarea que
me cuesta comprender qué importancia y significado tiene para la
empresa.
Como plantean Peters y Waterman (1984) todos queremos ser importantes y
ser reconocidos como los mejores, y esa necesidad emocional es
motivación intrínseca de trabajo, no obstante la racionalidad nos
muestra que ser siempre los mejores no es posible. Queda puesto el
acento en la importancia de la consideración y el sentido existencial de
las personas como necesidad psicológica que exige ser considerada,
canalizada y administrada por las empresas, no sólo por los efectos
altruistas de ello, sino por su relación directa con el logro de los
resultados organizacionales a nivel del desempeño individual. No
olvidemos que el talento es el que mueve al capital y no al revés.
2. Ajustar las estrategias de compensación a los diseños
organizacionales requeridos y las culturas laborales existentes.
Flannery, Hofrichter y Platten (1997) plantean el concepto de
compensación dinámica, estableciendo que las estrategias de compensación
deber estar dinámicamente alineadas a los diferentes tipos de cultura
laboral imperentes en una organización. Distinguen cuatro tipos de
culturas laborales – cultura funcional, cultura de proceso, cultura
basada en el tiempo y cultura de red – cada uno de las cuales es
caracterizada por atributos laborales diferenciadores. Es diferente
trabajar en una estructura funcional estable con alta especialización y
división del trabajo como típicamente se observa en industrias y
mineras, que hacerlo en una agencia de publicidad orientada a la
maximización de la satisfacción contingente del cliente. O trabajar como
científico de un laboratorio orientado a investigar nuevos medicamentos
o como ingeniero de desarrollo de software. Pensar en situaciones y
culturas laborales tan diferentes como las mencionadas, deja claro que a
cada una de ellas se deben asociar estrategias de compensación
diferentes y ajustadas al tipo de trabajo realizado.
El rol del psicólogo es identificar los tipos de cultura laboral
existentes en la organización y diseñar las estrategias de
remuneraciones específicas que mejor fomentarán el desempeño alineado. A
la base de esto está el concepto de ajuste y congruencia organizacional
desarrollado por Lawrene y Lorsch (Rodríguez, 2001): a cada cultura
laboral imperante corresponden algunas estrategias de compensación. O en
otras palabras: existirán tantos sistemas de compensación como culturas
laborales específicas hayan en una organización.
Los psicólogos en nuestro rol de agentes de cambios organizacionales
(Ulrich, 1997) debemos tener claro que cada vez que se efectúan ajustes
al diseño organizacional, por nimios y pequeños que parezcan, tenemos la
responsabilidad de examinar si los cambios generados ameritan un impacto
en la cultura laboral que se traduzca en ajustes al sistema de
compensación. Si ello no se hace ocurren incoherencias como las que
hemos observado en algunas empresas en las que se estableció círculos de
calidad o grupos de alto rendimiento en lógica de células
organizacionales autoadministradas, y no se modificó las estructura de
compensaciones. Se mantuvo la lógica de pago por funciones, cuando el
foco se trasladó claramente al pago por resultados.
Con lo anterior se desmitifica el concepto que las formas y estructuras
de compensación se desarrollan sólo una vez y luego se mantienen. Es una
necesidad organizacional ajustarlas dinámicamente de acuerdo a las
necesidades de crecimiento de las empresas y al cambio de las culturas
de trabajo imperantes.
3. Examinar nuevas formas de compensación orientadas a estimular la
motivación personal de los empleados y su transferencia hacia buenos
desempeños laborales.
En la misma línea de implementar estrategias de compensación dinámica,
vemos una necesidad progresiva en las empresas de identificar cuáles son
las motivaciones y las fuentes de valoración de las personas, pues
psicológicamente éstas esperan que se les recompense con los medios más
valorados a nivel personal.
Si bien está situación se volvería difícil de administrar si se aplicase
a todos los trabajadores, su implementación progresiva se hace con las
personas consideradas claves dentro de una empresa, entendiendo por
éstas a quienes demuestran competencias que garanticen del mejor modo
posible la sustentabilidad de los factores de éxito de una organización
en el largo plazo. Ello tiende a estar asociado a cargos de nivel
gerencial donde el manejo de la incertidumbre y las decisiones de
negocios acertadas en un escenario altamente cambiante son activos
imprescindibles.
Ello se asocia al cambio de los focos de la identidad laboral que
observó Abarzúa (1994) y que dan cuenta que el compromiso de las
personas ya no es con una empresa, una profesión, o un un grupo etario:
es consigo mismo. Las personas estarán donde ellas estimen que necesitan
estar como una forma de apropiarse de la dirección de su carrera
personal en función del ideal del yo laboral.
En otras palabras, las organizaciones deberán identificar y entregar las
condiciones para el desarrollo de la carrera personal, y ser hábiles en
retener a los más talentosos. El concepto de empleabilidad da cuenta de
este fenómeno desde la perspectiva de las empresas: ya no es posible
asegurar estabilidad de trabajo, por lo que se ofrece aumentar la
capacidad de empleo de las personas mediante entrenamiento y planes de
desarrollo profesional, entre otros.
La pregunta central se mantiene: ¿qué motiva a las personas y cómo,
mediante la compensación, podemos direccionar su aporte y desempeño
hacia lo que la organización necesita?. Es tarea de los psicólogos
investigar en sus organizaciones para dar respuestas culturalmente
contingentes y significativas a estas preguntas.
4. Aseguar equidad en las decisiones de compensaciones. Si bien la
aplicación de las técnicas de evaluación de cargos y de diseño de
estructuras de remuneraciones óptimas aseguran el pago de la
compensación basada en la equidad interna y en la competitividad
externa, no son pocas las ocasiones en que hemos estado enfrentados a la
tentación de algunos ejecutivos de cambiar arbitrariamente la
categorización de un cargo para pagar mejor remuneración a una persona
específica.
Como normalmente quien hace dichos cambios tiene mayor poder
organizacional que el ejecutivo de recursos humanos, se está en el
dilema de dejarlo pasar y evitarse problemas, o de mostrar que en el
largo plazo ello generará dificultades mayores de administración por la
inequidad que se incuba.
Al respecto, un aporte importante de los psicólogos es mostrar los
efectos de la inequidad salarial y su relación con las relaciones
sindicales, y generar la distinción que es posible subir un sueldo sin
alterar las bases equitativas de la estructura de remuneraciones. Ya
comentamos que la compensación está compuesta de pago al cargo y pago
por resultados, por lo que los aumentos de renta por contribuciones
sobresalientes deben hacerse estableciendo políticas de crecimiento
remunerativo dentro de la banda salarial del cargo, sin alterar la
estructura de cargos construida técnicamente como garante de la equidad
interna.
Todos quienes trabajamos en organizaciones sabemos que los trabajadores
comparan permanentemente sus remuneraciones y dedican tiempo a analizar
cómo y qué se paga. En lenguaje común se habla frecuentemente de
injusticias, criterios ocultos de administración de remuneraciones, poca
consideración al trabajo de las personas y, en un léxico más bien
sindical, menoscabo a la dignidad personal.
Guste o no, ello es parte de la realidad laboral, por lo que la empresa
responsable debe asumir estos hechos y establecer sistemas claros y
equitativos de administración. Y la gestión profesional de
compensaciones descrita asegura transparencia, equidad y establece un
piso claro de relaciones laborales.
5. Comunicar abiertamente los criterios de diseño y decisión de
compensaciones: es una duda permanente en las organizaciones si
comunicar o no cómo se paga. Nuestra experiencia indica que la gran
mayoría de las empresas no comunica cómo está estructurado el sistema de
compensaciones pues se tiene conciencia de los errores, inequidades y
discrecionalidades con que se administra las remuneraciones. Por otro
lado, y a pesar de esta conciencia, no se tiene la voluntad de
establecer sistemas técnicamente eficientes y claros por la fantasía
habitual que ello generará mayores costos de personal o una mayor
presión sindical sobre las remuneraciones. No se detecta que un sistema
profesional de compensaciones permite administrar el crecimiento normal
de las remuneraciones y se pierden las oportunidades de alineamiento
estratégico y de direccionamiento del desempeño de los emplealdos.
Aquellas organizaciones que han implementado sistemas profesionales de
compensación conocen los efectos positivos de informar abiertamente cómo
se diseñó los sistemas de remuneraciones y de incentivo variable, y
cuáles son las políticas de compensaciones.
Dichos efectos son la reducción las disonancias producidas por la
inconsistencia entre lo declarado por la organización y lo implementado
en la práctica, la demostración de respeto por los trabajadores mediante
la transparencia del sistema de compensación como una condición
necesaria para un clima de relaciones laborales favorables, y el
fortalecimiento del liderazgo y la credibilidad organizacional al saber
que las compensaciones se están administrando claramente. Los
trabajadores podrán discrepar de los criterios y políticas establecidas
por la organización, pero no cuestionarán las intenciones de los
ejecutivos, que en una lógica confrontacional siempre se suponen
ocultas, oscuras y orientadas a perjudicar a los trabajadores.
Desafíos presentes.
Lo descrito implica atractivos desafíos para los psicólogos
organizacionales chilenos, que les invitamos a asumir con energía para
ser una aporte a sus organizaciones, dar una respuesta coherente a los
trabajadores y afianzar el sentido existencial personal respecto de la
contribución del trabajo propio.
1. Ampliar el concepto de compensaciones y sus efectos sobre las
personas y organizaciones: después de lo comentado resulta natural
ajustar la perspectiva y la conceptualización de las compensaciones en
aquellos colegas cuyo concepto anterior transitaba por la
descalificación o la poca consideración al tema. Esperamos se estimule
la reflexión respecto del aporte del psicólogo organizacional como
agente de alineamiento entre las metas organizaciones y los desempeños
de las personas.
2. Ligar el trabajo propio a las metas organizacionales: la formación de
pre-grado es rica en estrategias que ejecutivos de otras áreas califican
de “blandas”. Ello refleja una percepción respecto del aporte de los
psicólogos en las empresas: se preocupan de cosas de segundo orden y no
de lo más importante. No analizaremos los errores de consideración del
aporte de los recursos humanos en otros profesionales, pues la
modificación de esas ideas escapa a nuestro ámbito de acción. Lo que sí
está en nuestras manos es relacionar el trabajo propio con las metas
organizacionales, identificando cómo se puede contribuir en términos de
resultados demostrables al logro organizacional.
Es un imperativo salir de la parcela de recursos humanos para
convertirse en hombres y mujeres de negocios, involucrados en todas las
variables del negocio y del mercado. Los recursos económicos asignados a
compensaciones son concebidos como costos que se debe atender y
controlar. Y aquí existe una gran oportunidad de posicionarse como
profesionales que manejan “datos duros” ligados a la marcha del negocio.
Al respecto nos parece imprescindible posicionar la compensación como la
primera estrategia de consolidación como ejecutivo de recursos humanos,
pues es un tema validado y legitimado en los directores y gerentes de
empresas. Esa legitimización permitirá credibilidad en el juicio experto
y se abrirán opciones para implementar otras estrategias de desarrollo
de recursos humanos.
3. Asumir una formación profesional propia en el tema: dado que al 2002
las universidades no han tomado conciencia de la necesidad de incluir en
sus mallas curriculares de pre-grado la formación en compensaciones, la
responsabilidad por la formación en el tema es propia. Al respecto es
importante mostrar a las universidades que sus cursos de pre-grado y
magister deben brindar una sólida formación conceptual y práctica de
compensaciones. Actualmente en algunos diplomas de recursos humanos se
entrega una formación genérica de compensaciones, pero que no profundiza
en la práctica de las técnicas de compensaciones. Se enseña qué se debe
hacer pero no cómo hacerlo. Es decir, cuando el psicólogo enfrente, por
ejemplo, la tarea que tener que calcular una estructura de
remuneraciones, en la práctica no sabrá hacerlo y deberá improvisar.
4. Formar a los equipos ejecutivos en que el psicólogo organizacional
participa: en la misma línea, es responsabilidad del psicólogo ejecutivo
de recursos humanos el socializar sus conocimientos de compensaciones
con otros profesionales, pues es un tema de decisión permanente, de lato
impacto, y con un nivel basal de conocimiento muy bajo.
5. Demostrar rigurosidad técnica y metodológica: la habitualmente poco
valorada formación estadística que recibimos los psicólogos, resulta ser
un conocimiento fundamental para el trabajo de compensaciones. Los
cálculos de correlación entre el comportamiento de los sueldos de una
empresa y los del mercado, las regresiones polinomiales con que se
determina la estructura de remuneraciones óptimas y el manejo matemático
de indicadores estadísticos descriptivos, son base de la rigurosidad
técnica y metodológica con que se enfrenta este tema. De hecho, en
nuestra experiencia consultora con varios colegas es interesante
constatar que para algunos es la primera vez que ponderan su formación
estadística al ver una aplicación práctica de ella.
6. Asentar la relación directa entre desempeño personal y compensación:
otro desafío es perseverar en el pago por resultados, pues ello tiene
profundas raíces en la psicología de la motivación humana y porque
resulta éticamente razonable que quienes mejor uso hagan de sus talentos
y mejor trabajen, más ganen. La garantía de equidad debe estar en los
sueldos de contratación, pues de ahí en adelante es responsabilidad
personal el crecimiento salarial mediante desempeños y aportes
sobresalientes.
7. Dar transparencia a la administración de las compensaciones, a la
información hacia los trabajadores sobre las políticas y criterios de
determinación de las compensaciones y, a la relación con las directivas
sindicales en los temas de negociación de remuneraciones y beneficios.
Las compensaciones constituyen un medio privilegiado para construir
valores en la práctica organizacional, al ser uno de los vínculos más
significativos entre persona y organización.
Mediante una consciente gestión profesional de las compensaciones se
pagará con equidad, siendo el trabajo un microescenario posible para
demostrar solidaridad y equidad en la remuneración; se pagará por
resultados, asentando el valor de la responsabilidad personal con el
trabajo y el propio destino; se asociará los desempeños excelentes con
sistemas de incentivo variable, valorando la participación de los
trabajadores en línea con las metas de la organización; y se
administrará y comunicará los criterios de decisión de compensación con
claridad y transparencia, respetando el vínculo individual y colectivo
de relación entre personas y trabajadores.
Es tiempo que los psicólogos organizacionales reconceptualizemos nuestro
rol como ejecutivos de compensación como, muy probablemente, el aporte
capital de nuestro trabajo a la satisfacción de las personas y el logro
de las metas organizacionales.
Después de todo, no sólo estamos llamados a aportar nuestra visión
psicológica para tratar de dar respuesta a preguntas y solucionar
dificultades que surgen como consecuencia de la aplicación de políticas
y decisiones ejecutivas de alto impacto en la práctica organizacional,
sino que también poder aportar nuestro know how en la instancia misma de
definición de dichas políticas y decisiones de alto impacto.
Es hora de cambiar nuestro eje de acción organizacional desde dedicarse
principalmente a solucionar problemas y administrar consecuencias, hacia
asumir y jugar un rol importante en la definición de las estrategias
organizacionales y sus factores causales, evitando así que muchos de
esos problemas lleguen a generarse y convirtiéndonos en verdaderos
gestores organizacionales. Como concluye Ulrich (1997) debemos
posicionarnos como socios estratégicos de nuestras organizacionales y
sus clientes internos.
Referencias
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trabajo en Chile. Revista de Economía y Trabajo, año II, Nº 4. Santiago,
Chile.
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Business School Press.
Chingos, P. (1997). Paying for performance. New York, NY: John Wiley &
Sons, Inc.
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chileno. Ponencia presentada en el XXVIII Congreso Interamericano de
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Flannery, T., Hofrichter, D. & Platten, P. (1997). Personas, desempeño y
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Editorial Norma.
Ridderstrale, J. & Nordstrom, K. (2000). Funky Business. New Jersey:
Prentice-Hall Inc.
Rodríguez, D. (2001). Gestión Organizacional. Santiago: Ediciones
Universidad Católica de Chile.
Ulrich, D. (1997). Recursos Humanos Champions. Buenos Aires: Ediciones
Granica.
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