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La capacitación por competencias aporta información clave como
criterio de asignación de recursos. Al saber que existen competencias
fácil, mediana y difícilmente entrenables, la organización tiene un
criterio claro de dónde invertir para asegurar el mayor retorno. La
investigación en capacitación demuestra que normalmente el desarrollo de
competencias difícilmente entrenable (entre otras, autoconfianza, manejo
del fracaso, autocontrol, flexibilidad) es escaso, no recomendándose.
Ello permite saber dónde invertir y entrega información útil para tomar
decisiones respecto de las personas con brechas difíciles de mejorar, ya
sean reubicaciones, otras acciones de desarrollo o desvinculación.
Una de las potencialidades más importantes de la gestión por
competencias se traduce en la posibilidad de utilizarla como herramienta
para la promoción y desarrollo interno. Los sistemas tradicionales, que
describen los cargos sólo en términos de sus funciones, tareas y
responsabilidades, no permiten realizar una comparación directa entre
cargos distintos ya que por su propia naturaleza funcional pueden
diferir enormemente unos de otros. En cambio, con la metodología de
elaboración de perfiles de competencia, las mismas competencias pueden
estar presentes en muchísimos cargos de naturaleza diferente, aunque con
niveles requeridos distintos. Esto facilita poder comparar el perfil de
competencias observado en una persona con el perfil de competencias
requerido en un cargo distinto al suyo, logrando encontrar ajustes que
de otra manera sería difícil de determinar.
De tal forma, si se desea proyectar a cierta persona para poder ocupar
un cargo determinado en el futuro, es posible comparar su perfil de
competencias con el que requeriría en aquella nueva posición y
planificar su capacitación y formación de acuerdo a las brechas
existentes. E inversamente, si existe un cargo vacante se puede
determinar qué personas de la organización ya poseen un perfil de
competencias adecuado a dicho cargo, para considerarlas como potenciales
candidatas para él. En este concepto se basan la gestión del talento, el
coaching y el desarrollo ejecutivo mediante planes de navegación
profesional.
La gestión por competencias puede contribuir a afinar criterios para la
aplicación de la política de compensaciones de la organización. Por
ejemplo, es sabido que uno de los problemas que afecta a la remuneración
por cumplimiento de objetivos es que se pone el énfasis en lo “qué” se
debe hacer sin aportar claridad sobre el “cómo” se puede lograr.
Precisamente la gestión por competencias es un complemento excelente a
una política de administración por objetivos, ya que aporta el elemento
de proceso indicando cuáles son los comportamientos que permitirán la
obtención de las metas planteadas. Así, una política de compensaciones
podría integrar ambos elementos “evaluación de metas” y “evaluación de
competencias” para recompensar las conductas exitosas que permitan el
éxito de la organización no sólo en el corto sino también en el largo
plazo.
Las actuales tendencias mundiales de compensaciones muestran que la
remuneración fija se incrementa en función del logro de los estándares
de competencias definidas para el cargo (mediante un proceso de
certificación anual de competencias), mientras la remuneración variable
se paga mediante sistemas de incentivos ligados al logro de objetivos y
metas medibles.
En Chile es casi inexistente el pago por competencias, no obstante es
pronosticable que las empresas que decidan implementar una gestión de
personas basada en competencias tengan como camino natural, retribuir e
incentivar mediante el logro de los estándares de competencia (Fernández
& Baeza, 2001).
La desvinculación por competencias permite determinar con alto grado de
objetividad, quienes presentan la mayor brecha entre sus competencias y
las requeridas por el cargo. A su vez, se focaliza el análisis en el
grado de entrenabilidad de las competencias deficitarias, pues si éstas
son difícilmente entrenables y por razones de costo-beneficio, la
organización no está dispuesta a realizar dicho esfuerzo, parece
razonable efectuar una desvinculación profesional.
Finalmente, la gestión integrada que permite el modelo de competencias,
posibilita que los objetivos del negocio estén convenientemente
considerados en el día a día. Dicha gestión permite que haya un
seguimiento del alineamiento entre las metas organizacionales y los
desempeños de los trabajadores, lo que si se complementa con un
seguimiento estratégico con metodologías como el balanced scorecard,
aumenta sustancialmente la probabilidad de lograr las metas de la
empresa en sus 4 perspectivas básicas: financiera, de clientes, de
procesos internos, y de personas y tecnología (Kaplan & Norton, 2000).
Metodología de Aplicación del Modelo de Competencias
El proceso operativo desarrollado en las intervenciones que hemos
desarrollado, destinadas a implementar la gestión por competencias
comprende las siguientes etapas:
Comunicación interna del trabajo.
El proceso de determinar los perfiles de competencias deseados y evaluar
las brechas existentes con los perfiles de competencias reales
observados, es un proceso que involucra una amplia participación del
personal de la organización. Por tal razón, es importante entregar
información para que la gente comprenda su sentido y utilidad para
lograr que se comprometa a participar de él. Se deberían considerar:
· Reuniones con los participantes, con el fin de dar transparencia y
claridad de los objetivos y alcances del trabajo.
· La relación entre las políticas de recursos humanos de la organización
y los resultados posibles de la gestión por competencias..
· Reuniones con la organización sindical.
Selección de la muestra
Dado que las competencias son aquellas que explican el desempeño
superior, es básico dividir la muestra de personas entrevistadas en 2
grupos: las personas de buen desempeño y las personas de desempeño bajo
lo esperado.
Esta clasificación del desempeño la efectúan los ejecutivos de la
organización, quienes se apoyan en los sistemas existentes de dirección
del desempeño o, en caso que no existan, en una decisión consensuada
respecto de los mismos.
De este modo, cuando se efectúe el análisis de competencias se comparará
en cuáles competencias existen diferencias significativas entre ambos
grupos y en cuáles no.
El número de personas a entrevistar varía sustancialmente según el total
de ocupantes por cargo. El criterio usado es que en cargos con menos de
20 ocupantes se debe entrevistar a todas las personas y en cargos con 21
ocupantes o más, se debe considerar un porcentaje no inferior al 70% de
las personas. Ello ya que, dado que será necesario comparar las
competencias demostradas por los 2 grupos de personas, se debe contar
con una muestra representativa.
Entrevistas de incidentes críticos
Esta etapa implica profundizar previamente en el conocimiento de los
cargos, para poder realizar las entrevistas con la mayor cantidad de
información relevante que sea posible y poder intencionarlas
adecuadamente. Se debe considerar:
· Conocimiento de los cargos: análisis de descripciones y visita a
lugares de trabajo.
· Elaborar pautas estructuradas para llevar a efecto las entrevistas
conductuales.
Los entrevistadores requieren un entrenamiento específico para conducir
la entrevista hacia identificar cómo trabaja la persona en la práctica.
De ahí que se invite a analizar los incidentes críticos de la
trayectoria laboral de la persona en el cargo, pues está demostrado que
en dichos incidentes, sean éstos exitosos o no exitosos, se constatan
los máximos niveles de competencia e incompetencia (Spencer & Spencer,
1993). Del análisis de las respuestas conductuales reales de las
personas se determina lo que en realidad se puede alcanzar en un cargo y
organización particular.
Entrevistadores inexpertos pueden caer en el error de asumir como
conductas de trabajo, los conceptos que una persona tenga de su
desempeño. Existen respuesta de alta deseabilidad, como mencionar que se
aplica liderazgo situacional y se cree en el trabajo en equipo. Una
aproximación de este tipo no refleja competencia pues sólo es una
declaración conceptual. El foco está en elicitar y analizar conductas
reales.
Con los entrevistados más resistentes será necesario insistir en varias
ocasiones en “me puede describir cómo actuó en esta situación”, “quién
participó”, “qué ocurrió”, “qué hizo usted”. Se debe soslayar la
tentación de considerar ideas, intenciones y conceptos como conductas.
Elaboración de perfiles de competencia.
Esta es la etapa central de la intervención y, por lo tanto, es la que
presenta una mayor complejidad. Se describen a continuación las
diferentes etapas que implica:
1. Transcripción de entrevistas y clasificación de competencias. Cada
entrevista es grabada en cassette de audio y transcrita íntegramente.
Esa información es analizada por el panel de consultores, quienes
proceden al análisis y categorización de los datos obtenidos en las
entrevistas de incidentes críticos, identificando las conductas
descritas por los participantes y asociándolas a las competencias con
que dicha conducta tenga directa relación. Se categorizan las respuestas
conductuales según el grupo muestral, ya sea de desempeño bueno o bajo
lo esperado.
2. Clasificación mediante el Inventario de Competencias. Este
diccionario (resumen de todas las escalas de competencia y el detalle de
sus niveles de conducta) es el marco de referencia para categorizar las
conductas observadas y asociarlas a competencias. Si el proceso de
analizar las conductas y clasificarlas lo hace sólo una persona se corre
riesgo de subjetividad, razón por la que la metodología considera el
análisis de todas las conductas extractadas de todas las entrevistas por
parte del panel de consultores, quienes por consenso categorizan las
competencias. Ello garantiza objetividad en el proceso de detección de
los perfiles de competencia de cada cargo y está descrita como la
metodología estadísticamente más efectiva para elaborar perfiles de
competencias (Spencer & Spencer, 1993). Su desventaja es el tiempo que
requiere el análisis de cada una de las conductas.
3. Administración del Inventario de Conductas Exitosas. También se
aplica un cuestionario de determinación de conductas exitosas, diseñado
con la misma información del Inventario de Competencias, y que permite
de un modo más rápido y económico, determinar el perfil de competencias
de una persona. Para efectos del diseño del perfil de competencias del
cargo, esta información es estadísticamente correlacionada con los
resultados del panel de expertos.
4. Determinación de perfiles observados. Se comparan las conductas
demostradas por ambos grupos de desempeño. Aquellas competencias en que
existen diferencias signifcativas a favor del grupo de buen desempeño,
constituyen finalmente las competencias que en la práctica dan cuenta de
ese mejor desempeño. Es lo que antes denominamos competencias
diferenciadoras.
El resultado de este análisis será el perfil observado de cada cargo,
que incluye:
Ø Competencias de cada cargo.
Ø Para cada competencia se indica:
- Las categorías de conducta observadas, desde las inexitosas a las
exitosas.
- Descripción de las conductas concretas del trabajo que describen la
competencia
5. Informe preliminar a la organización. Se elabora un informe
preliminar con el perfil observado de competencias de cada cargo, el que
es enviado para el análisis de la jefatura del cargo analizado.
6. Validación de los perfiles observados. El objetivo de este análisis
es que la jefatura valide el perfil observado como el perfil deseado
para el mismo, e introduzca aquellas modificaciones que estime
necesarias. Este punto es vital para el involucramiento de la jefatura,
y que la experiencia indica que si bien los perfiles observados son muy
coincidentes con los deseados, en ocasiones existen competencias
relevantes que el ocupante no tiene, y que suelen asociarse a
competencias corporativas estratégicas, por ejemplo, orientación de
servicio al cliente u orientación al logro de resultados
7. Determinación de los perfiles deseados de competencias por parte del
cliente, en función del perfil observado. La validación del perfil
deseado tiene 2 requerimientos: definir si todas las competencias
observadas son las deseadas, y determinar la categoría conductual que se
exigirá. Ello es fundamental pues define el estándar de exigencia
conductual contra el cual se evaluará a cada ocupante, y se definirá si
existe o no brecha de competencias. Esta definición es responsabilidad
de las áreas de recursos humanos y de las jefaturas de línea de la
organización estudiada.
Elaboración del instrumento de evaluación de competencias.
Basado en los perfiles deseados de competencias, se elabora el
instrumento de Evaluación de Competencias adaptado a las conductas
exitosas de la organización, que permitirá la evaluación individual de
los ocupantes de los cargos para determinar la brecha de competencias.
Se elaborará un instrumento común y general para permitir la evaluación
de competencias de los cargos, siendo diferente el perfil deseado de
cada cargo.
Capacitación a jefaturas en entrevista de brecha de competencias.
Todas las jefaturas que evaluarán la brecha de competencias deber ser
entrenadas en la familiarización con el instrumento de evaluación (que
sigue exactamente el mismo formato de los perfiles deseados) y con las
preguntas que estimulan las respuestas conductuales (y no conceptuales).
Detección de brechas de competencias.
Con el instrumento de evaluación, la jefatura y un consultor entrevistan
a cada uno de los ocupantes de los cargos críticos, para determinar su
actual nivel de competencia. Esta entrevista conjunta es muy importante
pues los resultados se determinan por consenso de ambos profesionales y
se transfiere la metodología a quienes seguirán aplicándola en el
futuro. También se evitan sesgos por juicios previos de desempeño o
errores por inexperiencia en la técnica de entrevista.
Informes finales perfiles de competencias
Como productos finales de este proceso se consideran:
1. Informes individuales de brecha de competencias. Un informe
individual con las necesidades de capacitación de cada persona,
indicando las competencias fácilmente entrenables, las costosamente
entrenables y las difícilmente entrenables. A continuación se muestra un
ejemplo de estos informes:
Informe de brecha de competencias
Nombre :
Cargo :
Fecha de entrevista :
Entrevistadores :
2. Informe final del trabajo. Es el informe global con los resultados
generales, en que se graficará la distribución de las brechas de
competencias del conjunto de personas evaluadas, junto con los análisis
que se estime necesarios: por nivel jerárquico, por línea de negocios o
por el criterio que sea relevante. Ejemplos de estos informes gráficos:
1. Plan de capacitación. Basados en el análisis de los resultados
estadísticos, se propone el plan de desarrollo y capacitación que se
recomendará para el potenciamiento de las competencias de los empleados
de la organización, en función de las competencias con mayor brecha
entre lo deseado y lo observado, y de la facilidad de entrenabilidad de
las mismas.
Es importante destacar que las conductas a desarrollar en las
competencias con brecha entre lo deseado y lo observado, constituyen los
contenidos de los talleres de capacitación, por lo que la aproximación
habitual de contenidos estándares tras cursos ya diseñados queda
obsoleta y plantea interesantes desafíos al diseño instruccional y
metodológico de los talleres de desarrollo de competencias.
Nuestra experiencia indica que las empresas siempre han iniciado sus
planes de capacitación con las competencias fácilmente entrenables y que
permiten una mayor transferencia desde el taller de entrenamiento a la
situación real de trabajo, estableciendo el criterio de costo-beneficio
como eje de la asignación de recursos de capacitación.
Comunicación de resultados.
Se recomiendan 3 instancias de comunicación:
· Entregar un sobre por participante con su informe individual de brecha
de competencias y sus recomendaciones de capacitación. Dicha entrega
debería hacerla el jefe directo de la persona, pues cierra el ciclo del
trabajo y permite una instancia de comunicación supervisor-supervisado
en la óptica de la dirección del desempeño.
· Presentación de los resultados del trabajo al equipo ejecutivo de la
organización.
· Reuniones de presentación de resultados generales a los participantes.
Nuevamente se recomienda apertura y transparencia en los resultados,
pues serán el eje de futuras actividades de desarrollo de competencias.
Conclusiones de la aplicación del modelo de competencias en empresas
chilenas
En base a las aplicaciones realizadas en varias empresas nacionales,
hemos podido constatar algunas situaciones interesantes, tales como:
1. El modelo de competencias resulta atractivo para organizaciones con
un buen grado de profesionalización en la gestión de recursos humanos:
Es interesante constatar que la incorporación del modelo de competencias
es aún minoritario, lo que a nuestro juicio tiene que ver con su
relativa novedad y, sobre todo, que exige un manejo profesional de la
gestión de recursos humanos. En Chile, el 80% de las personas trabajan
en Pymes, empresas centradas en la subsistencia y con pocos recursos
para gestionar estrategias de recursos humanos, por lo que el foco está
puesto en el cumplimiento de la legislación laboral. Las empresas
interesadas en el enfoque de competencias son aquellas con un buen nivel
de profesionalización en la gestión de personas, donde los dueños o el
equipo ejecutivo han llegado a la conclusión que las personas son una
ventaja comparativa en sus negocios y en la viabilidad del negocio en el
largo plazo
2. El interés por las competencias ha surgido mayoritariamente de la
necesidad de lograr mejores resultados con la capacitación: Buscando
superar el techo de desarrollo de habilidades de sus trabajadores, las
empresas se han aproximado al modelo de competencias desde la necesidad
de diseñar una capacitación que desarrolle las conductas exitosas
concretas que se requiere para un cargo y que permita su evaluación.
Así, la metodología de comparación de perfiles de competencias, permite
efectuar una evaluación pre y post-capacitación, y, sobre todo, una
evaluación de competencias realizada por la jefatura para determinar la
transferencia de las conductas desarrolladas a la situación real de
trabajo.
3. Existe poca comprensión de qué son las competencias y su alcance
organizacional: Se ha constatado que hay poca claridad en los ejecutivos
de las empresas acerca del concepto de competencia, especialmente desde
su vertiente operacional. En general suelen denominar “competencias” a
lo que tradicionalmente se llamó “aptitudes y habilidades”, no
existiendo una operacionalización en términos de conductas concretas y
mucho menos definiendo niveles para cada una de ellas. Este equívoco
puede llegar a generar, a la larga, un desprestigio del concepto,
dificultando su incorporación como herramienta de gestión importante en
nuestras organizaciones. También se observa en algunos profesionales de
recursos humanos una cierta arrogancia en términos de estimar que “esto
ya lo sé”, cuando en la conversación conceptual queda claro que no se
comprende a cabalidad el concepto de competencia y, sobre todo, su
enorme impacto como sistema de gestión integrada de los procesos de
recursos humanos.
4. Hay disonancia entre lo declarado y lo observado: No existe siempre
una concordancia entre lo que la organización declara que son sus
competencias corporativas centrales y lo que se observa en la realidad,
especialmente cuando la estructura organizacional favorece cierto tipo
de comportamientos mientras su declaración de visión y misión apunta en
otro sentido. Por ejemplo, es común encontrarse con una declaración de
principios organizacionales con énfasis en el trabajo en equipo,
mientras la estructura organizacional – asignación de funciones,
evaluación e incluso compensación – favorece abiertamente el trabajo
individual.
5. Existe una asociación clara entre grupos de competencias y funciones
de trabajo: Aunque puede parecer obvio, se constata que efectivamente
hay ciertas competencias que son buenas predictoras de los desempeños
para ciertos grupos de funciones o áreas de trabajo. Así tenemos que las
competencias técnicas adquieren carácter diferenciador en áreas
operativas de fuerte componente técnico, que las competencias de
efectividad interpersonal y comunicación son diferenciadoras en las
áreas de corte más comercial y que las competencias de impacto e
influencia también son diferenciadoras en niveles ejecutivos y
gerenciales.
6. Se observa baja exigencia en la definición de los perfiles deseados:
Cuando llega la instancia de definir los perfiles deseados, la mayoría
de los ejecutivos tienden a fijar como parámetros de comportamiento
niveles de competencia menos exigentes que los evaluados en el personal
definido dentro de la muestra. Pudiera suponerse que dicha actitud
obedece a un criterio conservador utilizado para evitar frustraciones
por no poder alcanzar un estándar más elevado que el rendimiento
promedio. Sin embargo, es una política riesgosa puesto que tiende a
nivelar más hacia el promedio que hacia el desempeño superior.
7. Existe una tendencia a definir las competencias desde lo conceptual y
no desde lo conductual: Se observa en los equipos ejecutivos de las
organizaciones una tendencia a definir “valores” como competencias. Esto
dificulta su operacionalización en conductas precisas y de naturaleza
concreta. También se constatan ciertos acuerdos generales sobre algunas
competencias (por ejemplo el liderazgo), pero sin mostrar mucha claridad
sobre cómo operacionalizarlas (qué tipo de liderazgo es el que se
requiere y en qué situaciones). En otras palabras, se continúa
estableciendo las competencias organizacionales desde lo conceptual, sin
visualizar que el proceso es el contrario: observar cuáles son las
conductas exitosas reales en los lugares de trabajo, para desde ellas
conceptualizar las habilidades básicas que configuran competencias.
8. Existe una evaluación cualitativa positiva del resultado de la
aplicación del modelo de competencias: Dado que las implementaciones en
Chile del modelo de competencias son aún pocas, no existen evaluaciones
cuantitativas del impacto de éstas en la contribución al negocio, lo que
se alinea con la dificultad habitual de las áreas de recursos humanos de
medir su aporte. La evaluación cualitativa hechas por los ejecutivos de
línea es que el modelo de competencias alinea el desempeño de los
trabajadores con los objetivos de la empresa, da transparencia a las
decisiones de recursos humanos, motiva a las personas por cuanto indica
claramente qué conductas deben desarrollar y les permite una visión
clara de qué hacer con las personas que supervisan.
Consideraciones finales.
En las actuales condiciones, el modelo de competencias presenta algunos
obstáculos para una rápida implementación en las organizaciones
chilenas. Dentro de ellos se pueden señalar los siguientes
· Implica una manera nueva y radical de gestionar los recursos humanos,
existiendo naturalmente barreras y resistencias importantes,
individuales y organizacionales, a este “cambio cultural”.
· Implementarlo supone una profesionalización de la organización, si no
estricta por lo menos lo suficiente como para que exista una visión
estratégica en la que se valore la fundamentación técnica en la toma de
decisiones del área de recursos humanos, condición que hoy sólo es
cumplida por multinacionales o empresas de gran envergadura dentro de
nuestro medio.
· El modelo implica a las personas exponerse ante la organización en su
conjunto, lo que lo transforma en un enfoque “amenazante” que puede
dejar al descubierto ciertas “incompetencias personales” que han podido
ser disimuladas hasta la fecha por un sistema de gestión tradicional
mantenedor del status quo, y escudadas detrás de las jerarquías
nominales que otorgan los cargos (cargos que también podrían quedar
expuestos al juicio externo).
· La mayor objetividad del sistema, aunque resulta ser una de sus
grandes fortalezas, también puede interpretarse como inflexibilidad,
especialmente a la hora de querer realizar la gestión de recursos
humanos no sólo en base a criterios técnicos sino también “políticos”
propios de la organización.
· Es un modelo cuya implementación operativa puede resultar
relativamente simple, pero que posee una fundamentación teórica de
difícil comprensión y que requiere un buen manejo conceptual, no sólo de
quienes deban administrar el sistema sino también del resto de la
organización en su conjunto.
· La implementación y mantención del modelo a través del tiempo, implica
la inversión en actividades de consultoría periódicas, la capacitación
del personal a involucrar en la operación del sistema, la generación de
nuevas tareas administrativas y comprometer tiempo del personal
requerido para los análisis y evaluaciones, entre otros, lo cual implica
destinar tiempo y recursos importantes de la organización.
De esta manera el modelo de competencias, aunque se reconozca que puede
llegar a ser un gran aporte para la gestión, puede llegar a visualizarse
por algunas personas como un enfoque complejo, inflexible, amenazante y
consumidor de recursos.
Sin embargo, la importancia del aporte que puede significar su
aplicación en las organizaciones, justifica con creces el concentrar
esfuerzos en pro de minimizar sus dificultades y facilitar su
incorporación como herramienta clave en la gestión de personas de las
empresas de nuestro país.
Nuestra experiencia indica que presentar abiertamente el modelo y sus
alcances a los trabajadores y sus organizaciones sindicales, si bien
activa resistencias iniciales, es clave en el proceso de implantación
cultural, pues a corto plazo y una vez que las personas constatan que no
hay objetivos ocultos de despidos o menoscabos, lo conciben como una
oportunidad de tener un sistema de administración de recursos humanos
claro, ecuánime y centrado en sus desempeños y capacidades. En otras
palabras, los trabajadores perciben grandes ventajas con un modelo de
competencias bien administrado, siendo aliados y promotores del mismo.
Desde la perspectiva gerencial, el modelo entrega elementos objetivables
para las decisiones de recursos humanos y, por lo señalado en el párrafo
anterior, mejora el clima laboral. Se saca las decisiones de recursos
humanos de la discrecionalidad, la subjetividad o el exclusivo uso de la
jerarquía, para llevarlo a un nivel técnico anclado en los recursos de
los trabajadores y su contribución a las metas de la organización.
El cambio cultural que implica gestionar dentro de este nuevo contexto,
hace recomendable que dicha intervención se inicie con alguna
experiencia piloto en un área determinada de la organización. De tal
forma, mediante la incorporación sucesiva de las otras áreas se pueden
minimizar las resistencias y contribuir, mediante la validación de los
resultados de su aplicación, para que el cambio cultural finalmente
ocurra.
Algunas de las dificultades ya indicadas son producto de ciertas
condiciones intrínsecas del modelo, como es el caso de que las personas
y los cargos queden “expuestos” y sujetos a una evaluación en base a
criterios más objetivos. Sin embargo, estos “problemas” tienen el ángulo
de objetivar y hacer claras y comprensibles las decisiones de recursos
humanos.
La implementación de la gestión por competencias se ve facilitada si se
administra instrumentalmente mediante un software que haga fácil la
implementación del proceso y genere las condiciones para integrar los
diferentes procesos de recursos humanos. Las competencias constituyen la
base de datos común que nutre a todos los procesos de recursos humanos,
por lo que se recomienda administrarla como tal.
La conceptualización del modelo de gestión por competencias, así como
los resultados que ha demostrado en el mundo e incipientemente en Chile,
lo constituyen en un enfoque organizacional y empresarial que ocupará un
papel central en la gestión de personas, pues permite el alineamiento de
los talentos y capacidades de los trabajadores con los objetivos
organizacionales, aumentando la contribución al negocio y la
satisfacción personal y profesional de las personas.
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Nota de los autores.
Nombre : Ignacio Fernández Reyes.
Institución : PROSEL Consultores.
Dirección : Isidora Goyenechea 2939, oficina 304, Las Condes, Santiago.
Teléfono : 4270606.
Fax : 4653239.
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Nombre : Ricardo Baeza Weinmann.
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Dirección : Isidora Goyenechea 2939, oficina 304, Las Condes, Santiago.
Teléfono : 4270606.
Fax : 4653239.
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