Introducción
No se puede hablar del trabajo sin relacionarlo directamente al hombre,
ya que este es el principal sujeto, actor y beneficiario de cualquier
actividad. En la evolución histórica de la gestión empresarial se le ha
asignado un determinado papel dentro de este sistema, y de forma
explícita o implícita ha sido siempre el elemento fundamental en el
desarrollo de las diferentes actividades, pues a pesar del nivel
tecnológico alcanzado por la mecanización y la automatización en los
procesos productivos o de servicios, detrás de ellos siempre está el
hombre.
El hombre es el principal objeto y sujeto por su carácter activo, que a
la vez transforma y se transforma en el desarrollo de la actividad.
Cuando se dice que es el centro de la gestión de recursos humanos se
analiza al mismo en la integración de las esferas cognitiva, afectiva,
física y social.
El enfoque sobre el hombre debe tener un carácter holístico, y la
selección contempla todas las esferas que integran al hombre, no como
una sumatoria sino en su síntesis e interrelaciones intra e interesferas,
en su implicación en un medio determinado y en la interrelación con las
demás personas. (Fig. 1)
Son varias las disciplinas científicas que estudian al hombre en el
desarrollo de la actividad laboral, tales como la medicina, la
antropología, la fisiología, el derecho, la pedagogía y otros, pero la
psicología en el desarrollo del proceso de selección de personal siempre
ha ocupado una posición privilegiada por el alcance de su objeto.
Esferas en el estudio del hombre
Cuando se hace referencia a la existencia de diferentes esferas, se debe
plantear la interrelación y dependencia entre todas; es decir entre lo
biológico, lo psicológico y lo social integrado en el hombre, y es esa
integración la que refleja la capacidad de una persona concreta o grupo
de ellas para desarrollar con éxito determinada actividad. Hablar de un
todo tiene lógica cuando existen partes, al igual que hablar de partes
adquiere sentido cuando existe un todo; por lo que hay que valorar estos
nexos en sentido dialéctico y reconocer su carácter holístico y
sinergético. Esto implica analizar el sistema y sus componentes cuyas
interacciones adquieren una dimensión cualitativa diferente.
La personalidad: integración de las esferas cognitiva y afectiva
Una categoría básica en el estudio del hombre y que resulta vital en el
proceso de selección de personal es la categoría personalidad, pues como
señalan Harre, R. y de Waele, J. (1979): “La personalidad es la base de
la competencia social del ser humano”.
El estudio de la personalidad es un elemento central dentro de la
selección de personal, ya que es la expresión más genuina del ser humano
como ser social, por su carácter activo y transformador, y por su papel
autorregulador y regulador, vista la personalidad en su condición
integrada entre lo cognitivo y lo afectivo.
Es obvio que cuando se habla de la existencia de una esfera cognitiva y
afectiva, se está haciendo referencia a lo psicológico y en especifico a
la personalidad, por ser esta la principal manifestación del hombre en
su implicación en el medio.
En el desarrollo de la actividad psíquica se observa, la existencia de
un conjunto de procesos psíquicos, los que se pueden clasificar de la
forma siguiente:
4Cognitivos: sensación, percepción, atención, memoria, imaginación,
pensamiento y lenguaje.
4Afectivo-volitivos: emociones, sentimientos, voluntad, deseos,
aspiraciones.
Pero el estudio del hombre y su personalidad, no se refiere a atomizarlo
en un conjunto de procesos que se dan en todo ser humano, aunque algunos
de estos pueden manifestarse a niveles superiores de integración, con
una incidencia significativa en el desarrollo exitoso de determinadaa
actividad, pero nunca operarían de forma independiente sino integrados
en síntesis, con un carácter diferente como parte de una configuración
cualitativamente superior.
En muchos procesos de selección se fragmenta al hombre en procesos
aislados y se busca cuales procesos o combinaciones de estos
correlacionan con el éxito; o sea se hace el estudio de cualidades
aisladas para predecir el éxito a partir de éstas, sobre la base de
modelos correlacionales, tratando de relacionar elementos fragmentados
con el todo. También, algunos especialistas trabajan fundamentalmente
sobre la base de categorías y tipologías, referidas a los aspectos de
contenidos y estructurales, pero no valoran los aspectos funcionales
expresados en las funciones reguladora y autorreguladora de la
personalidad.
Tradicionalmente, en la psicología del trabajo se ha realizado el
estudio de la personalidad sobre la base del análisis de los elementos
componentes de la denominada estructura clásica, la cual está elaborada
sobre la base de los contenidos psicológicos; así para explicar la
actuación del ser humano se planteaba la existencia de componentes,
tales como el temperamento, el carácter, las capacidades y el sí mismo,
los que no expresan los elementos diferenciales en el desarrollo de las
diversas actividades por el sujeto; es decir, personas con iguales
contenidos de la personalidad alcanzan resultados diferentes y otras con
características personales distintas alcanzan los mismos resultados en
el desarrollo de una actividad. Por ejemplo, el ser más o menos alegre,
como rasgo aislado, no determina el éxito en el desempeño de un cargo,
por lo que este enfoque no permite definir los aspectos de la
personalidad que inciden en la actuación del hombre.
Es conocido que no existe una teoría única, sino todo un mosaico, o
quizás parafraseando a Koontz, H. (1987), una verdadera jungla de
teorías psicológicas, que de una forma u otra abordan la problemática de
la personalidad. Al respecto, Cowling, A. James, P. (1997) plantean: “Si
bien la mayoría de las personas estará de acuerdo en que la personalidad
es un factor muy importante que contribuye al éxito o fracaso en el
trabajo, convendrá menos sobre la naturaleza de las personas y cómo debe
medirse”. Aquí afloran los debates alrededor de lo biológico y lo social
en la personalidad, así como la relación entre lo heredado y lo
adquirido y los métodos adecuados para su valoración.
Existen diferentes posiciones sobre la personalidad en las distintas
escuelas y corrientes psicológicas, y aún dentro de una misma escuela,
lo que lleva a precisar desde cuál ángulo se proyecta el empleo de esta
importante categoría para la psicología, Wislack, G. (1988) plantea en
sus principios del psicodiagnóstico, el principio de la concepción de la
personalidad en el cual refleja la necesidad de orientar éste en función
de la concepción de la personalidad imperante. Entre los principales
enfoques en el estudio de la personalidad se pueden citar la teoría de
los tipos psicológicos, la teoría de los rasgos, teorías del desarrollo
y teorías de la dinámica de la personalidad, entre otras.
Existen múltiples tendencias en el estudio de la personalidad y la
concepción teórica que se asuma tiene implicaciones metodológicas
directas en la realización del diagnóstico de selección. En esta
dirección, resulta ilustrativa la clasificación siguiente de diferentes
definiciones sobre personalidad realizada por Allport, G., (1963):
-Aditivas o de ómnibus: enfocan la personalidad como una suma de todas
las características que posee y que definen a un individuo.
-Integrativas o configuracionales: caracterizadas por el énfasis en los
aspectos estructurales concibiendo la personalidad como un todo
organizado.
-Jerárquicas: establecen un ordenamiento jerárquico donde unas
estructuras sirven de base a otras.
-En términos de ajuste: hacen referencia como elemento central al papel
de la adaptación de la personalidad.
-Basados en la distintividad: enfatizan en la individualidad, en la
diferenciación de los individuos.
Resulta también de interes la clasificación que hace Morales, J. (1995)
de las distintas teorías en el estudio de la personalidad en:
-Teorías internalistas: hacen énfasis en la determinación de la conducta
a partir de factores internos. Dentro de estas distingue las teorías
biológicas donde incluye aquellas que enfatizan en los factores
genéticos, anatomofisiológicos, tipología funcional neurológica y
funcionamiento endocrino (Krestchmer, Sheldon); las psicológicas dentro
en las que incluye las teorías procesales o de estado, que destacan los
estados o mecanismos de naturaleza cognitiva o afectiva como fuerzas
intrapsíquicas ( Freud), y las teorías estructurales que enfatizan los
aspectos relacionados con la organización y el ordenamiento de los
factores que integran la personalidad (Teoría de los rasgos, Cattell,
Allport, Eysenck)
-Teorías situacionistas: explican el comportamiento humano a partir de
las situaciones externas. Fiel expresión de estas es el conductismo y
las formulaciones siguientes de Skinner, B. (1971): “No podemos explicar
la conducta de ningún sistema si estamos completamente situados en su
interior. Finalmente hemos de recurrir a las fuerzas que influyen el
organismo desde el exterior.”
-Teorías interaccionistas: su base radica en la concepción de la
personalidad como una función de la interrelación entre las
características personales y las situaciones. En las mismas se hace
énfasis en el carácter activo del sujeto, el papel conductor de los
procesos cognitivos y en las significaciones que adquiere el medio para
el mismo.
Estas clasificaciones tienen un carácter limitado ya que no parten de
los elementos esenciales de orden ontológico, filosófico y
epistemológico que definen el carácter de una teoría psicológica, y
entremezclan categorías y concepciones sobre la personalidad
contrapuestas, o existen teorías que pueden ser clasificadas en varias
de las categorías establecidas. No obstante, muestran algunos elementos
comunes en las definiciones planteadas por los diferentes autores, y
sirven de ilustración del panorama conceptual existente.
Es imposible en un trabajo de este tipo abordar con profundidad las
concepciones teóricas de los diferentes autores; no obstante, es
necesario destacar dentro de todos los estudiosos de la personalidad en
Occidente, en relación con la selección de personal por sus aportes
teóricos y metodológicos, desde distintas posiciones, los trabajos de G.
Allport, C. Rogers, y A. Maslow, exponentes de la psicología humanista
que ha realizado grandes aportes al estudio de la personalidad; los de
R. Cattell, quien adopta como concepción teórica de la personalidad la
teoría de los rasgos los que clasifica en aptitudinales, temperamentales
y dinámicos teniendo en cuenta su grado de generalidad; su origen
(constitucional o ambiental) y su significación (superficiales o
causales). Se destaca en este autor, la creación de distintas técnicas
psicológicas como el IPAT, el Inventario de Personalidad 16 PF sobre la
base del análisis factorial. Se puede mencionar también a H. Eysenck,
quien tomando en cuenta los postulados de W. Wundt, C. Jung, y J.
Guilford establece que la base de las diferencias individuales se pueden
describir en base a dos dimensiones principales el neuroticismo y la
extraversión.
A pesar de diferencias con respecto a algunas de las formulaciones se
reconoce el valor del trabajo desarrollado por estos especialistas y sus
aportes al desarrollo de esta categoría.
La psicología marxista desde sus planteamientos teóricos e
investigaciones desarrolladas ha realizado significativos aportes al
estudio de la personalidad, y aunque existe una base filosófica común,
existen diferentes tendencias al abordar ese importante objeto de
estudio de la psicología.
En un estudio realizado por Shorojova, E. (1985) se analizan las
principales tendencias de la psicología soviética en el estudio de la
personalidad:
•Enfoque complejo de las ciencias que estudian al hombre: evidencia la
necesidad del enfoque multidisciplinario en el estudio de la
personalidad.
•Enfoque individual: aunque parten del carácter social de la
personalidad, hacen énfasis en el estudio de las particularidades del
ser humano concreto. •Enfoque de la disposición práctica: prioriza el
principio de la relación teoría práctica dirigiendo su atención hacía el
estudio de la personalidad en su accionar en la práctica.
•Orientación socio-psicológica en el estudio de la personalidad: no
reduce la psiquis a un conjunto de elementos comunes. Shorojova, E.
(1985) plantea entre las principales tareas objeto de estudio de esta
tendencia: el estudio de la determinación social del carácter psíquico
de la personalidad; la motivación social del comportamiento y la
actividad de la personalidad en las diferentes condiciones
socio-históricas y socio-psicológicas; las características de clases,
nacionales y profesionales de la personalidad; las regularidades de la
formación y manifestación de la actividad social de la personalidad; las
vías y los medios para incrementar esta actividad; el status social de
la personalidad; los sistemas de orientación de valores y posiciones;
los problemas de la contrariedad interna de la personalidad y vías para
su eliminación; la autoeducación del proceso de la formación del
carácter psíquico de la personalidad de determinada formación
socio-histórica.
•Estudio de la personalidad sobre la base del principio de la unidad de
la conciencia y la actividad: estas categorías son básicas en el estudio
de este objeto y tienen un valor metodológico trascendental en el
estudio de la personalidad al realizar el análisis de los aspectos
vinculados con el proceso y el contenido en la formación de la
personalidad. Esta tendencia parte de los postulados de L. Vigotsky, A.
Leontiev, S. Rubinstein, sobre la actividad planteando el carácter
activo de la personalidad, dentro de la cual las necesidades y los
motivos constituyen el eje central. A. Leontiev, ubica la jerarquía de
motivos como el núcleo de la personalidad y confiere un papel esencial a
las actitudes. En esta dirección plantea: “la personalidad es una nueva
formación psicológica que se desarrolla en las actitudes vitales del
individuo como resultado de la transformación de su actividad”. En este
enfoque de la personalidad sobre la base de la actividad se destaca que
esta no sólo se forma a partir de las acciones que se desarrollan en la
relación sujeto-objeto, sino que como señala Abuljánova, K., es
importante la actividad que se produce entre los sujetos, las relaciones
que se establecen entre estos.
• Enfoque sistémico estructural: es quizás el punto de contacto actual
en el que coinciden en la actualidad los estudiosos de la personalidad
de las más disímiles posiciones filosóficas y epistemológicas. Este
enfoque tiene como principales representantes de la psicología soviética
a K. Platonov, B. Anániev, A. Kovaliov, V. Miasischev, y V. Merlin.
Aunque tienen como antecedentes las formulaciones de L. Vigotsky.
Sin pretender agotar una problemática de tal dimensión es necesario
abordar y asumir nuestra posición en este sentido.
Pese a las diferencias de carácter filosófico, ontológico y
epistemológico en los distintos enfoques en el estudio de la
personalidad, pueden distinguirse elementos afines que pueden orientar,
sobre la base de una posición común, la construcción del conocimiento
integrado alrededor de esta importante categoría para la psicología.
Desde hace varios años se viene produciendo un análisis crítico y
reconceptualización de esta categoría, derivado del carácter limitado y
las insuficiencias de los enfoques reduccionistas imperantes, de orden
biologicista y sociologista en la concepción y uso de la misma, en el
que intervienen representantes de las más disímiles teorías.
Cuando se emplea el término personalidad, se está haciendo referencia a
la expresión psicológica integrada del hombre y a sus manifestaciones en
las distintas actividades de la vida social en su implicación en el
medio. Entre los principales enfoques actuales en el estudio de la
personalidad se deben significar el carácter integral visto con un
enfoque holístico, expresado en el enfoque sistémico-configuracional; su
individualidad; el carácter reflejo; el carácter social; la unidad de lo
cognitivo y lo afectivo; la búsqueda de síntesis integradoras al
explicar la misma; el carácter activo del sujeto en la construcción de
la personalidad y su función reguladora y autorreguladora.
Resulta evidente que los representantes de diferentes orientaciones
teórico-metodológicas enfocan la necesidad de orientar el estudio de la
personalidad, en función de ubicar al sujeto psicológico en el centro
del proceso de construcción de la personalidad. En este sentido,
Rubinstein, S. (1979) plantea: “en su condición de persona el hombre se
presenta como ‘unidad’ en el sistema de relaciones sociales, como sujeto
social de dichas relaciones” y añade “las aptitudes del hombre son
pertrechos que no se fabrican sin su participación.”
El enfoque teórico asumido proyecta las categorías y la dinámica de la
personalidad sobre la base de un enfoque histórico-cultural y
configuracional, donde se produce una interrelación entre los aspectos
sociales, estructurales, de contenido y funcionales, lo que permite el
abordaje sistémico de la relación hombre-trabajo. Este enfoque
fundamenta la estructura de la personalidad sobre la base de la
integración en diferentes configuraciones: las unidades psicológicas
primarias, las formaciones psicológicas y las síntesis reguladores como
un proceso integrador ascendente a niveles superiores de complejidad.
Estos subsistemas son una expresión de la unidad de lo cognitivo y lo
afectivo. González, F. y Mitjáns, A. (1989) definen estas categorías de
la forma siguiente:
“-Unidades psicológicas primarias. Estas constituyen una integración
cognitivo-afectiva relativamente estable, que actúa de manera inmediata
sobre el comportamiento ante las situaciones, vinculada a su acción
reguladora. El nivel de mediatización que ejerce la personalidad sobre
ellas depende del nivel de regulación en que esta opera.
-Formación psicológica. Se definen básicamente por la categoría de
formación motivacional compleja, utilizada para designar formaciones que
hemos investigado empíricamente, como las intenciones profesionales, los
ideales morales y la autovaloración. El contenido de la formación
motivacional siempre aparece elaborado por el sujeto, constituyendo un
sistema de información personalizada operar conscientemente con dicho
contenido realizando el potencial motivacional de los mismos en
estrategias, valoraciones y objetivos muy elaborados. En su base
motivacional las formaciones psicológicas se apoyan en motivos que
ocupan un lugar elevado en la estructura motivacional de la
personalidad, a los que denominamos tendencias orientadoras, los cuales
aglutinan dentro de un mismo sistema de sentido otras necesidades y
motivaciones mas inespecíficas y de menor jerarquía, que encuentran su
vía de expresión en estas formaciones psicológicas.
-Síntesis reguladoras. El propio carácter sistémico de la personalidad
determina que sus elementos y formaciones se integren en distintas
configuraciones psicológicas de forma simultánea, las que tienen una
particular relevancia en la regulación del comportamiento. “
Especial trascendencia en el proceso de selección de personal reviste la
concepción y formulación de los indicadores funcionales, entre los
cuales González F. y A. Mitjáns (1989), definen los siguientes:
“-Rigidez –flexibilidad. Es la flexibilidad o no del sujeto para
reorganizar, reconceptualizar y revalorar los distintos contenidos
psicológicos de su personalidad; su capacidad para cambiar decisiones,
proyectos y adecuarlos a nuevas exigencias y situaciones, así como de
cambiar alternativas y estrategias de comportamientos concretos.
-Estructuración temporal de un contenido psicológico. Capacidad para
organizar y estructurar los contenidos en una dimensión futura de forma
tal que sean efectivos en el ejercicio de las funciones reguladoras
presentes de la personalidad. La organización futura de un contenido es
un elemento esencial para sus potencialidades reguladoras presentes.
-Mediatización de las operaciones cognitivas en las funciones
reguladoras. Es la capacidad del sujeto para utilizar de forma activa y
consciente operaciones cognitivas en la regulación del comportamiento.
En este sentido, son esenciales la reflexión, los procesos valorativos,
las posibilidades de elaboración compleja del sujeto y otros, que
permiten el planteamiento individualizado y consciente de las
direcciones esenciales en que la personalidad se expresa.
-Capacidad de estructurar el campo de acción. Es la capacidad del sujeto
para organizar alternativas diversas de comportamiento ante situaciones
nuevas y ambiguas. El individuo es capaz de configurar las situaciones e
implicarse en ellas, optimizando la información personalizada relevante
de que dispone.
-Estructuración consciente activa de la función reguladora de la
personalidad. El individuo realiza un esfuerzo volitivo estable,
orientado a concientizar las principales cuestiones asociadas a la
expresión de sus tendencias esenciales como personalidad. Ante vivencias
negativas o inexplicables, el individuo se esfuerza por establecer un
criterio explicativo que le permita estructurar su campo de acción.
Estas formulaciones, unido al análisis de los niveles de regulación de
la personalidad sobre la base del nivel de conciencia con que actúa el
sujeto, constituyen el eje de la concepción de la personalidad empleada
en esta proyección de sistemas de selección de personal y elemento vital
en el desarrollo del mismo.
En el estudio de la personalidad en función de la selección de personal
existen un conjunto de formaciones motivacionales particulares que
resultan de interés al evaluar los principales aspectos que orientan y
sostienen la actuación de los sujetos en las diferentes actividades,
tales como: los intereses, los que reflejan la inclinación afectiva
hacia el conocimiento de diferentes esferas de la vida social; las
aspiraciones, que expresan la orientación de la personalidad en el
propósito de alcanzar objetivos futuros y dentro de estas los ideales,
como la concepción de un modelo de actuación del sujeto que incluye sus
principales acciones futuras y las intenciones manifestadas en los
planes y proyectos de acción que orientan la conducta del sujeto; la
autovaloración que es la formación motivacional en su nivel regulador
superior en la que el sujeto valora cualidades y las orienta en función
del logro de determinados objetivos. Todo esto unido a la voluntad, como
expresión de la constancia, la perseverancia, la independencia, la
decisión, la fuerza y el autodominio en la orientación del sujeto para
alcanzar un objetivo.
Existen también síntesis donde se expresa al más alto nivel la
integración de los aspectos cognitivos y afectivos tales como: las
convicciones que expresan la orientación de la actividad del hombre
sobre la base de sus principios y puntos de vista y son una expresión de
la integridad personal; el estilo de vida, visto como el modo
sistemático de actuar el hombre, en sus manifestaciones en las distintas
esferas de la vida y el sentido de la vida, como la forma motivacional
compleja, que expresa los niveles superiores de orientación de la
jerarquía de motivos, manifiesta el objetivo supremo de la vida del
sujeto y rige su orientación.
Es necesario en el estudio del sujeto, con vistas a la realización de
los procesos de selección de personal, conocer cuáles son sus
principales necesidades, motivos y otras formaciones psicológicas, ya
que revelan la orientación y la fuerza de la dirección del
comportamiento, lo que tiene incidencia directa en el desarrollo de la
actividad por parte del sujeto. Y aunque algunos autores sobre la base
de un enfoque positivista y una orientación empiricista e
instrumentalista analizan la influencia de los aspectos personológicos
partiendo de resultados de técnicas estadísticas, y señalan la
existencia de bajos niveles de correlación entre los factores de índole
personológico y el éxito en el desarrollo de una actividad, es obvio que
la incidencia de los factores motivacionales no se produce de forma
aislada, pues sólo con motivación no se realiza con éxito una actividad,
sino que este es el resultado de la interrelación de aspectos de
carácter cognitivo y afectivo.
Esfera cognitiva
El éxito en el desarrollo de una actividad es la resultante del conjunto
de factores interrelacionados, cuyo producto final no es una adición de
las partes integrantes; no obstante, es necesario en el estudio del
hombre realizar abstracciones para poder valorar la influencia relativa
en el desempeño alcanzado en el desarrollo de una actividad.
Dentro de los factores a los que se atribuye gran importancia, y a los
que se ha prestado mayor atención en la psicología, están los aspectos
de la esfera cognitiva, como dimensión ejecutora en la regulación y
autorregulación de la personalidad. Si bien es cierto que poseer
determinado desarrollo de conocimientos y habilidades facilita el
desempeño de una actividad, se puede afirmar que de manera aislada, sin
la integración a otros factores no resulta suficiente, máxime cuando la
actividad laboral no es una abstracción que basada sólo en el nivel de
ejecución, sino que es una actividad social que tiene múltiples
requerimientos.
En esta dirección Rubinstein, S. (1976) señala: “Así se han creado las
premisas teóricas que llevan a despreocuparse de la formación de las
personas, del desarrollo de sus facultades, y a pensar, esencialmente,
en la selección de los individuos que, en virtud de ciertas condiciones
dadas espontáneamente, resultan aptos para determinadas profesiones” y
añade: “esta contextura de las aptitudes explica las dificultades con
que en la vida se choca al valorar la capacidad de las personas.
Generalmente se le estima teniendo en cuenta su rendimiento. A su vez,
este depende directamente de que el hombre posea un sistema bien
regulado y con un funcionamiento preciso, de las correspondientes
operaciones o formas de actuación en la esfera dada.”
Entre los principales aspectos de carácter cognitivo que se integran en
la valoración de los requerimientos de los candidatos se encuentran: la
inteligencia, habilidades, aptitudes, conocimientos, e incorporamos
otros indicadores como pueden ser los años de experiencia, el nivel de
escolaridad y la calificación técnica, elementos que pueden aparecer de
forma significativa como requisitos o generalmente integrados en
determinadas competencias.
En el decursar histórico de la psicología se ha hecho énfasis en el
estudio de la esfera cognitiva por el papel rector de la misma, unido a
la esfera inductora de la personalidad en los niveles de ejecución que
se alcancen en el desarrollo de la actividad y un reflejo de su
trascendencia es el surgimiento de la psicología cognitiva.
Es obvio que no se puede restringir el estudio de la esfera cognitiva al
movimiento así denominado que tiene como elemento central la concepción
del ser humano como un procesador de información y el símil de la
computadora, no obstante, que este paradigma ha acaparado al término de
Psicología Cognitiva.
Según de Vega, M . (1984): “Los teóricos del procesamiento de
información están interesados en describir y explicar la naturaleza de
las representaciones mentales, así como el determinar el papel que
juegan en la producción de las acciones y conductas humanas.”
Para Gardner, H., (1987) el científico que estudia la cognición
considera que esta “ debe ser descrita en función de símbolos, esquemas,
imágenes, ideas y otras formas de representación mental.”
Por otra parte Lachman, R. y Buttfield, E. (1979) formulan que el
procesamiento de la información se produce mediante: “unas pocas
operaciones simbólicas relativamente básicas, tales como codificar,
comparar, localizar, almacenar, etc, pueden en último extremo, dar
cuenta de la inteligencia humana y la capacidad para crear
conocimientos, innovaciones y tal vez expectativas con respecto al
futuro”.
En el estudio de la inteligencia en la actualidad es necesario destacar
el papel que ha desempeñado el movimiento denominado psicología
cognitiva, que ha hecho énfasis en la introducción de diferentes modelos
de procesamiento de la información. Un ejemplo de ellos es el modelo de
Norman, D. (1987) según el cual todos los sistemas cognitivos, animados
o artificiales, deben tener los siguientes elementos:
-Una forma de recibir información: receptores
-Una forma de ejecutar acciones en el mundo: sistema motor
-Procesos cognitivos que incluyen:
.Una forma de interpretar e identificar información recibida por los
receptores
.Una forma de controlar las acciones que se ejecutan
.Una forma de guiar la distribución de recursos cognitivos cuando las
necesidades
superen las posibilidades
.Una memoria de acciones y experiencias.
Estos procesos cognitivos implican que:
-Debido a que los recursos son finitos, será necesario algún tipo de
distribución de
recursos (atención)
-Sea necesaria la participación de una memoria de trabajo ( a corto
plazo)
-Un interprete y mecanismos de retroalimentación que permitan observar
las
operaciones en el mundo y modificarlas
-Alguna forma de autogenerar planes y controlar su funcionamiento, ello
requiere
niveles de conocimiento (metaconocimiento)
-Para la acción inteligente tiene que existir un modelo del entorno, de
uno mismo y
de los otros
-Tiene que aprender y automodificar su conducta y el conocimiento
En el panorama del estudio de las capacidades pueden distinguirse la
existencia de cuatro tendencias principales: factorialista, en la cual
prima el análisis estadístico matemático de los factores, que revelan
fuentes de diferencias individuales, una de las orientaciones
principales en el estudio de este objeto y que aún conserva adeptos; la
conductista y neoconductista que enfatiza en los resultados y en los
aspectos y modificaciones observables, haciendo abstracción de los
procesos y tratando al hombre como caja negra; cognitivista, que explica
la actividad cognitiva centrada en los mecanismos y procesos mentales
internos, y el enfoque materialista dialéctico, que concibe las
capacidades a partir del desarrollo de la actividad en la cual se
expresa la relación dialéctica de lo biológico y lo social, de lo
interno y lo externo.
Debe destacarse, que las formulaciones de los autores que estudiaron la
inteligencia sobre la base del análisis factorial, dominaron los
enfoques en el estudio de la esfera cognitiva hasta los años 60, salvo
las formulaciones de otro orden como las de J. Piaget, para el cual la
“función de la inteligencia es la construcción de estructuras
cognoscitivas que se corresponden con la realidad y permiten al hombre
su conocimiento” y cuya expresión final del desarrollo de la
inteligencia es la adquisición por parte del individuo, de un conjunto
de operaciones lógico-matemáticas que como instrumento intelectual le
permite el conocimiento de la realidad”, y L. Vigotsky, de quien podemos
destacar sus estudios realizados sobre el pensamiento y el lenguaje, y
sus formulaciones sobre el papel de la actividad, la mediación, la ley
de la doble formación, la ley del desarrollo y la zona de desarrollo
próximo y el enfoque histórico cultural impactan el panorama actual de
la psicología. No obstante el análisis factorial fue la posición
dominante en el estudio de esta esfera en el proceso de selección de
personal.
Dentro de la esfera cognitiva se ha prestado especial atención al
estudio de las capacidades y en particular al estudio de la
inteligencia. Múltiples son las definiciones y enfoques alrededor de la
inteligencia. Según Mayer, R. (1986) las principales tendencias en el
estudio de la inteligencia la definen como: capacidad de aprendizaje,
manipulación, procesamiento y representación de símbolos, capacidad de
adaptarse a situaciones nuevas y capacidad para solucionar problemas.
Entre los estudiosos contemporáneos de la inteligencia se encuentra
Sternberg, R. (1985) quien plantea que las diferencias individuales
dependen fundamentalmente de la eficiencia de la codificación y
comparación de procesos y señala que una teoría comprensiva de la
inteligencia debe contemplar una gran cantidad de procesos componentes,
y que estos deben estar relacionados no sólo con la inteligencia
académica, sino también con la inteligencia práctica. Para este autor
los componentes que explican la inteligencia pueden organizarse en 4
clústers:
-Habilidad para aprender y beneficiarse con la experiencia
-Habilidad para pensar o razonamiento abstracto
-Habilidad para adaptarse a situaciones de cambio e incertidumbre.
-Habilidad para automotivarse y ejecutar rápidamente las tareas que son
necesarias.
Stemberg, R. (1985) elaboró un modelo de clasificación de los
componentes de los procesos operativos en la solución de problemas el
cual esta conformado por los elementos siguientes:
-Metacomponentes: Procesos de control de alto nivel, empleados para la
planeación
ejecutiva y la toma de decisiones en la solución de problemas
-Metacomponentes de realización: Procesos que ejecutan los planes e
implementan
las decisiones seleccionadas por los metacomponentes.
-Adquisición de metacomponentes: Procesos envueltos en la adquisición de
información previamente almacenada en memoria. Procesos envueltos en el
aprendizaje de nuevas experiencias.
-Componentes de transferencia: Procesos envueltos en el traspaso de la
información
retenida, de una situación a otra.
Otro representante de la denominada psicología cognitiva, cuyas teorías
han alcanzado gran difusión es Gardner, H. (1993); sobre la base de las
operaciones cognitivas implicadas, la aparición de prodigios, casos de
daños psicofisiológicos, las manifestaciones en diferentes tipos de
cultura y el posible curso de evolución del desarrollo plantea la
existencia de siete tipos de inteligencia: lingüística,
lógica-matemática, espacial, musical, kinéstesica, intrapersonal e
interpersonal.
De interés para la selección de personal resulta la clasificación que
hace Maker, J. (1982) de las habilidades sobre la base de la teoría de
J. Guilford, y describe las principales manifestaciones que caracterizan
la existencia de cada uno de los talentos por él planteados, entre los
que señala: talento creativo, talento de toma de decisiones, talento de
planificación, talento predictivo y talento comunicativo.
En el estudio de las capacidades y los procesos cognoscitivos en general
se destaca el papel desempeñado por la psicología soviética, en la
definición de las bases teóricas que sirven de orientación al estudio de
esta importante esfera en la actuación del ser humano. Entre sus
principales representantes se puede citar a L. Vigotsky, D. Elkonin, V.
Davidov, P. Galperin, B. Anániev, S. Rubinstein, A. Leontiev, A., y B.
Tieplov entre otros.
Especial valor metodológico adquieren los principios de la psicología
marxita, al valorar los aspectos epistemológicos que impactan el
panorama actual de la psicología, vinculados con la selección de
personal, donde adquiere especial relevancia la teoría de la actividad y
la definición de las principales cualidades de los procesos psicológicos
al formular su carácter objetivo, ideal, subjetivo y reflejo.
Es importante en el estudio de las capacidades, conocer su estructura a
los efectos de poder determinar los niveles de incidencia, ya sea
relativamente de forma directa, de procesos independientes, o integrado
en configuraciones a un nivel superior de tipo operacional. Consideramos
que es necesario abordar el estudio de las capacidades desde un enfoque
funcional, y sistémico configuracional desde el punto de vista
estructural.
Partimos en el análisis de la estructura de las capacidades, de la
distinción realizada por Rubinstein, S. (1986) que distingue un
subsistema nuclear o procesal, conformado por los diferentes procesos
psicológicos de orden cognitivo, tales como: percepción, atención,
memoria, pensamiento y lenguaje, y que sirven de base al subsistema
operacional en el cual se integran diferentes procesos en habilidades y
hábitos, que expresan el accionar del sujeto en el desarrollo de las
diferentes actividades.
En relación con los procesos cognoscitivos y el estudio de su
participación en la construcción del conocimiento del sujeto, con vistas
a la selección de personal, es importante precisar los indicadores a
partir de los cuales se expresan los mismos, como es el caso del
pensamiento, el cual reviste cualidades generalizadoras al impactar la
proyección del ser humano, y constituirse los procesos lógicos en
habilidades generales que integran la inteligencia, los que participan
también en el desarrollo y en la manifestación de diferentes capacidades
específicas tales como el análisis, la síntesis, la comparación, la
abstracción y la generalización; asimismo la existencia de cualidades
que lo caracterizan, como son: independencia, fluidez, flexibilidad,
originalidad, nivel de elaboración, profundidad, consecutividad,
productividad y economía de recursos, rapidez.
Pese a la evidente interrelación existente entre los términos
capacidades, inteligencia, habilidades y aptitudes, consideramos que
existen elementos diferenciales que aconsejan su distinción.
Las capacidades constituyen elementos de la esfera ejecutora en las que
se expresan a un alto nivel la integridad de lo cognitivo y lo afectivo
en la personalidad. Son el sistema de procesos, unidades psicológicas,
formaciones y síntesis integrados que expresan las facultades del hombre
para desarrollar con éxito una actividad determinada. Podemos distinguir
dentro de las capacidades la existencia de una capacidad general a la
que generalmente se denomina inteligencia, y capacidades específicas
vinculados al desarrollo de determinadas actividades.
Existen múltiples definiciones de inteligencia. Consideramos esta como
la capacidad intelectual general, que no sólo refleja las
potencialidades de la ejecución en la esfera académica, sino que permea
las acciones del ser humano en la diversidad de actividades que
desarrolla en el transcurso de su vida y que se caracteriza por la
capacidad de solución de problemas expresado en la posibilidad de
identificar problemas, analizar, valorar e interpretar sus causas,
generar soluciones potenciales y elegir las más adecuadas, planear,
organizar e implementar su solución así como controlar y adecuar su
actuación sobre la base de la retroalimentación recibida; todo ello con
el uso adecuado de recursos de diferente índole.
Existe una estrecha interrelación entre capacidades, habilidades,
conocimientos y hábitos. Petrovsky, A. (1985) define las habilidades
como: “el dominio de un complejo sistema de acciones psíquicas y
prácticas necesarias para una regulación racional de la actividad con la
ayuda de los conocimientos y los hábitos que la persona posee”.
Existen muchas clasificaciones de las habilidades, pero resulta
interesante la subdivisión que realizan Fitts, P, y Posner, M. (1968)
cuando valoran las experiencias desarrolladas por W. Bryan, y M. Harter,
en 1899, sobre el desarrollo de habilidades en el aprendizaje de la
transmisión y recepción telegráfica, en la cual se produce la necesidad
del empleo de habilidades perceptivomotoras y linguísticas, realizando
la siguiente clasificación:
Las habilidades pueden ser clasificadas según su naturaleza:
intelectuales, teóricas o mentales y físicas o motoras, y consideramos
necesario incluir de forma diferenciada la existencia de habilidades
interpersonales; según el contenido: deportivas, laborales, docentes,
profesionales y según su alcance: generales y específicas.
Resultan también de interés en la evaluación del sujeto los hábitos y
los conocimientos que posee y sus potencialidades para desarrollarlos.
Concebimos los hábitos como las manifestaciones que expresan la
automatización de determinadas operaciones en el desarrollo de la
actividad, mientras los conocimientos expresan la adquisición por parte
del hombre de los aspectos teóricos y metodológicos de la cultura
socialmente elaborada en las diferentes esferas de la vida social.
Por otra parte las aptitudes son precondiciones para la adquisición de
conocimientos y el desarrollo de habilidades, que permiten el desarrollo
de determinadas capacidades en función de una actividad. Las aptitudes
existen como potencialidades e incluyen las disposiciones
anátomo-fisiológicas en su implicación y desarrollo en el medio,
vinculadas a la experiencia personal; esta combinación hace presumir que
una determinada persona posee las facultades para formarse y ejecutar
con éxito una actividad.
Es importante no sólo valorar el estado actual, sino también los
aspectos relacionados con el desarrollo de las capacidades, y las
potencialidades de aprendizaje unido al hecho de haber recibido la base
orientadora de la actividad, para poder determinar realmente si el
sujeto posee o no las posibilidades que garantizan el desempeño exitoso
de la actividad, en lo que adquiere particular relevancia las
formulaciones de L. Vigotsky, sobre la doble formación y la zona de
desarrollo próximo.
Debe destacarse el aspecto regulador y autorregulador de la esfera
cognitiva como dimensión ejecutora de la personalidad, la cual es
expresión de la integración de lo cognitivo y lo afectivo.
Esfera afectiva
Una característica esencial de la personalidad es su integridad; no
obstante, se puede identificar en su estructura, dos dimensiónes:
ejecutora e inductora. Hoy día es generalmente reconocido que el éxito
en el desarrollo de una actividad no depende sólo de poseer determinados
conocimientos y habilidades, sino que es necesario también la
disposición, la orientación y el despliegue de la energía necesaria para
alcanzar los objetivos propuestos. Al respecto, resultan harto
elocuentes las palabras de Rubinstein, S. (1986) cuando plantea: “Sin
embargo, al observar a las personas en la vida, no cabe sustraerse a la
impresión de que el rendimiento y las dotes no coinciden de manera
directa y mecánica, de suerte que personas al parecer excelentemente
dotadas no rinden lo que prometían, mientras que otros individuos al
parecer no muy bien dotados, resultan sumamente productivos.” Esto
refleja la influencia de otros factores integrados que no son sólo la
cognición.
El hombre en el desarrollo de las diferentes actividades en su
implicación en el medio, no sólo conoce, sino que en esa interacción
manifiesta determinadas actitudes hacia las demás personas, objetos y
fenómenos, las que a su vez inciden en la orientación de la actividad.
En esta dirección Schein, E. (1993), plantea: “ Un gran número de
investigadores han demostrado que un alto nivel de motivación, la
tendencia a querer hacer cosas en beneficio de la organización y la
necesidad de influir en otros a través de una ‘competencia
interpersonal’ es pertinente para el éxito gerencial.”
Las características y rasgos personales como unidades psicológicas
aisladas no determinan per se, el éxito en el desarrollo de una
actividad. La personalidad es indivisa; es una conjugación de elementos
cognitivos y afectivos; por eso se ha reiterado que determinadas
cualidades adquieren influencia sobre el comportamiento, a partir de su
integración funcional. Sólo desde el punto de vista de la investigación
es posible abstraer determinados factores y emplear técnicas específicas
para conocer el estado de los mismos. En la esfera afectiva es
importante determinar las cualidades facilitadoras para el desempeño de
una actividad, y la posible presencia de alteraciones significativas de
la personalidad que entorpezcan el desarrollo del proceso laboral.
Estos elementos de carácter cognitivo o afectivo se valoran a partir de
determinadas síntesis integradoras en función del desempeño, pero no es
ocioso conocer el nivel en que se manifiestan estas unidades porque
pueden adquirir un carácter significativo dentro de una síntesis.
Entre los principales elementos que componen la esfera afectiva, se
pueden señalar: las necesidades, los motivos, los intereses, las
aspiraciones, las características personales y el equilibrio emocional.
Especial relevancia en el análisis de esta esfera reviste la teoría de
la actividad, al considerar al hombre como un ser activo, partiendo de
la relación necesidad-motivo como elemento activador de la conductaEs en
este vínculo con las demás personas, objetos y fenómenos que se forman
determinadas actitudes, a partir de las cuales se configuran toda una
serie de formaciones motivacionales.
La motivación se puede definir como la formación psicológica compleja,
que expresa la dimensión inductora de la personalidad, la cual tiene una
evidente función reguladora y autoreguladora, y manifiesta la tendencia
orientadora de la misma amediante las necesidades y la jerarquía de
motivos.
Las necesidades son el estado de carencia del individuo, que lo induce a
satisfacerlas en dependencia de las condiciones de su existencia, y los
motivos son los objetos, personas o procesos que responden a una u otra
necesidad, y que reflejado bajo una forma u otra por el sujeto, conduce
su actividad.
La motivación por el trabajo ha sido objeto de estudio de la psicología
laboral desde sus inicios; así desde el surgimiento de la administración
como ciencia, la misma se encuentra condicionada por la interrogante
siguiente: ¿qué es lo que mueve al hombre en el desarrollo de la
actividad laboral?
Diferentes especialistas abordan los aspectos relativos a la motivación
humana, Maslow, A. (1954) planteó la existencia de una pirámide de las
necesidades estableciendo una jerarquía en las que ubicaba en la base
las necesidades fisiológicas, le seguían en orden ascendente las
necesidades de seguridad, las de pertenencia, las necesidades de estima
y las de realización. Existe consenso entre los especialistas que existe
una jerarquía de necesidades, pero se le critica a Maslow el
prestablecer un orden cuando realmente la jerarquía de necesidades varía
en las personas. Alderfer, C. (1972) agrupa las necesidades de Maslow en
tres categorías básicas: necesidades de existencia, a las que vincula
las necesidades fisiológicas y de seguridad; necesidades de relacionarse
con otras personas, en las que incluye la necesidad de pertenencia y de
estima y las necesidades de crecimiento personal, en las que incorpora
las necesidades de realización.
Por otra parte Mc Clelland, D. (1961,1976) clasifica las necesidades en:
logro, poder y afiliación, como las principales formas de manifestación
de la motivación de las personas en el trabajo, significando en el caso
del logro la tendencia a alcanzar altos resultados en el desarrollo de
las diferentes actividades; en la de poder como la búsqueda de
posiciones de autoridad y liderazgo y en la de afiliación se refiere a
aquellas personas que orientan su actividad a partir de las relaciones
interpersonales.
También son muy conocidos los trabajos de Herzberg, F. (1966) en el
estudio de los factores que determinan la motivación por el trabajo,
donde realiza una distinción entre factores de higiene y motivadores.
Herzberg plantea que las condiciones de trabajo, el salario, la
seguridad en el puesto y las relaciones humanas existentes son una
manifestación de higiene laboral, cuya ausencia puede provocar
insatisfacciones, pero no son elementos motivadores. Para él si
representan satisfactores del trabajo el reconocimiento y el rendimiento
alcanzado, la promoción y el desarrollo personal, la responsabilidad y
el trabajo en sí.
La importancia del papel de la motivación humana en el desarrollo de la
actividad laboral, se resalta en la clasificación hecha por D. Mc Gregor
de los distintos sistemas de dirección sobre la base de la concepción de
la naturaleza humana y los factores que mueven al hombre en el
desarrollo de la actividad laboral, así distinguió las denominadas
teorías X e Y y posteriormente W. Ouchi, incluiría la denominada teoría
Z sobre la base de las experiencias del management japonés. Estas
clasificaciones de las necesidades han sido objeto de investigación e
introducidas en la práctica, no obstante el carácter limitado de las
mismas.
Desde el punto de vista teórico y metodológico de la selección resulta
útil la clasificación siguiente de las necesidades:
-Fisiológicas: hambre, sed, sexo, sueño, movimiento, respiración.
-De seguridad: física y sociolaboral.
-De artículos producidos socialmente.
-Sociales propiamente dichas: reconocimiento, afecto, pertenencia,
estima,
realización.
Es importante al estudiar la motivación del ser humano, la clasificación
de los motivos. González, V. y otros (1995) proponen la siguiente:
-Por su manifestación: intereses, convicciones, aspiraciones, ideales,
intenciones,
autovaloraciones
-Por su contenido: cognoscitivos, laborales, artísticos
-Por su nivel de conciencia: conscientes, inconscientes
-Por su polaridad: positivos y negativos
-Según su estabilidad: estables, inestables
-Por su generalidad: generales o amplios y particulares o estrechos
-Por su influencia jerárquica: rectores o dominantes y secundarios o
subordinados.
Es vital para conocer la personalidad y las motivaciones de una persona
el determinar cuales son las principales necesidades y motivos, o sea,
la configuración de la jerarquía de estos, en función de poder valorar
los principales elementos dinamizadores de su conducta.
Dentro de las de tipo afectivo se destaca el carácter, que
tradicionalmente ha sido considerado la expresión generalizadora de la
esfera afectiva, el cual integra, a partir de la jerarquía de motivos,
las principales necesidades, actitudes y características personales que
expresan la relación del hombre con otros hombres, objetos y fenómenos.
Esfera social
Puede parecer redundante hablar de una esfera social al hacer alusión al
hombre, ya que se parte del principio que es un ser social por
excelencia; pero no se trata de los factores internos refractados a
través de la implicación del hombre en el medio y que matizan la esencia
de su personalidad, sino en la manifestación y la imagen externa que el
mismo proyecta en consonancia con las normas y valores predominantes,
orientado fundamentalmente, en este caso, a aquellos que caracterizan la
cultura de la organización a la que el candidato aspira integrarse y la
del entorno, su status social y familiar, el prestigio que posee, la
ejemplaridad que manifiesta y su conducta social vista en función de los
requerimientos de la selección.
La vida es el principal criterio de la verdad y el reflejo de la
actividad del hombre, su estilo de vida, su posición en la vida; es por
ello que debemos prestar especial atención a la valoración de la
conducta social del candidato, su grado de incorporación y participación
en las distintas esferas de la vida social. En este sentido, en el caso
de algunos cargos específicos, es necesario realizar un proceso de
verificación en profundidad sobre la conducta mantenida por el candidato
durante el desarrollo de su vida.
Esfera física
Al hacer referencia a la esfera física en el hombre, aparecen las
grandes controversias alrededor del papel de los aspectos biológicos en
la personalidad del ser humano.
El hombre nace con una configuración física, cuyo ulterior desarrollo lo
condiciona su implicación en el medio social. Es por ello que se puede
identificar una esfera física con determinadas características, las que
son portadoras de diferencias individuales, muchas de las cuales pueden
erigirse en exigencias o condiciones para el desarrollo de una actividad
determinada.
Entre las principales características de orden físico que pueden ser
requerimientos para el desarrollo de la actividad laboral se encuentran
la constitución física, estatura, complexión, habilidades, peso
corporal, vigor físico, fuerza, edad, sexo y apariencia física.
Asimismo, las habilidades motoras pueden ser un requisito específico
para determinadas ocupaciones y existen diferentes métodos y técnicas
para su estudio, que van desde la realización de muestras de trabajo,
tests de lápiz y papel y aparatos. Ha quedado demostrado que el poseer
un alto desarrollo en dichas habilidades, es condición necesaria, pero
no suficiente, para desempeñar con éxito una actividad que posea esta
exigencia, sino se conjuga con otras cualidades complejas que
intervienen en el desarrollo de la misma.
CONSIDERACIONES FINALES.
En el caso de la valoración del hombre en función del desarrollo de una
actividad, dada su complejidad, existen los más disímiles enfoques
teóricos, lo que condiciona la orientación metodológica en su estudio.
Se puede identificar la personalidad, una tendencia predominante,
sistémica. El estudio del hombre con un enfoque holístico en el que se
integren en un todo los elementos de las esferas cognitiva, afectiva,
física y social. Esta convergencia hacia un enfoque sistémico con un
carácter holístico configuracional en el estudio del hombre se extiende
a la interrelación hombre-trabajo, cuya expresión más clara son las
competencias, como expresión de la integración de los objetivos y los
resultados esperados en la ejecución de una actividad, con las
exigencias humanas que determinan el éxito en la ejecución de la misma.
Existen a su vez, todo un conjunto de formaciones psicológicas
complejas, que expresan desde distintos ángulos la orientación del
comportamiento de las personas
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