Introducción
La manera de cómo los sistemas formativos están abordando la competencia
laboral difiere entre países y depende, en buena medida, de la evolución
que ha tenido el sector educativo en cuanto a incorporar aspectos de lo
que se entiende por una formación basada en competencias: la alternancia
entre teoría y práctica, la evaluación a partir de criterios de
desempeño en vez de conocimientos solamente, una visión integradora de
las materias a enseñar, una manera flexible de escalar y navegar entre
los diferentes subsistemas y tipos de formación, ritmos individualizados
de avance y modalidades de formación a la larga de la vida laboral,
entre otros.
Las diferentes formas de aproximación y articulación de los sistemas
formativos al sistema de competencia laboral se pueden clasificar grosso
modo en tres tipos. El primer tipo de articulación es aquel donde las
iniciativas en dirección hacia una formación por competencia laboral
nacen y son dirigidas por el propio sistema educativo. Por lo general,
se inserta en un esquema centralizado de desarrollo de currículo (por
ejemplo, Alemania, Francia, España). En esos casos se ha venido
experimentando e innovando la oferta formativa, incorporando modalidades
vinculadas a un sistema de competencia laboral, siempre bajo la tutela
del sistema educativo.
El segundo tipo de articulación que se observa es aquel que parte del
lanzamiento de un sistema de competencia laboral bajo la dirección de
los agentes sociales de la producción y del gobierno, en el que el
sistema educativo es uno de los integrantes entre varios otros agentes.
El sistema de competencia laboral generalmente es dirigido por un
consejo de orden tripartita (por ejemplo, Gran Bretaña, Australia,
México), y las normas de competencia se van generando de manera
descentralizada, por medio de consejos técnicos a nivel de rama de
actividad o función productiva, conformados por representantes de los
empleadores y trabajadores, apoyados técnicamente por especialistas del
sector educativo. Este modelo institucional ha surgido sobre todo en
aquellos países donde el sistema educativo había quedado rezagado y/o
fallado en experimentar modalidades orientadas hacia la incorporación de
aspectos relacionados con la competencia laboral
El tercer tipo de articulación se puede denominar híbrido; son formas
donde el sistema educativo, y generalmente de manera descentralizada,
desarrolla un sistema de competencia laboral conjuntamente con los
actores sociales, empleadores y trabajadores, integrándolo en otras
políticas activas de mercado de trabajo, por ejemplo, de reubicación y
recalificación de mano de obra en determinados sectores (caso Canadá), o
bien integrándolo a un enfoque de desarrollo de la comunidad local
(Estados Unidos). En estos casos, el sistema de competencia laboral se
va integrando a partir de ámbitos y experiencias a nivel reducido o de
rama de actividad, conformándose referencias de normas de competencias
correspondientes a alto desempeño (EEUU) o al empleo (Canadá).
Independientemente de la modalidad y trayectoria institucional de la
articulación entre el sistema de formación y el de competencia laboral,
lo importante es determinar el significado y el contenido de la
articulación en el contexto actual de la evolución de los mercados, la
tecnología y la gestión empresarial. Este es el tema del presente
trabajo, que coloca a la competencia laboral en el lugar donde se
materializa y desarrolla, que es en la gestión de la organización.
Al referirnos al concepto de formación profesional basada en la
competencia, la intención no es presentar un análisis exhaustivo de la
problemática, sino plantear algunas interpretaciones que en la
actualidad se están dando en la materia. El propósito es contribuir al
aggiornamento de los actores y agentes sociales que están involucrados
en este campo, presentando una visión que lejos de pretender ser
«completa» o «cerrada», busca orientar el debate sobre los puntos
medulares de un tema complejo, con sus múltiples planos de por dónde
abordarlo, que es la formación profesional por competencia.
El modelo de competencia laboral consiste en varios subsistemas,
articulados entre sí, que son la normalización, la
formación-capacitación y la certificación. Cada uno de estos subsistemas
posee su propia complejidad y lógica interna, teniendo como eje
uniformador el concepto de competencia en la expresión amplia de su
significado.
En este trabajo se planteará el surgimiento de la formación profesional
por la competencia laboral a partir de las transformaciones que están
apareciendo en el mundo de las empresas. Las características de dichas
transformaciones son asimismo las referencias genéricas de lo que en la
actualidad se entiende por competencia laboral y la formación basada en
ella, situándola en el seno del proceso de aprendizaje de la
organización, que a su vez es la fuente inagotable de la estrategia de
productividad y competitividad de las empresas en un entorno abierto y
complejo. En esto se centra el primer capítulo.
En el segundo capítulo se abordará el tema de la normalización de la
competencia laboral, su significado en el contexto de las trayectorias
de innovación de las empresas, así como los puntos críticos que se
presentan en torno a ésta. La elaboración de la norma de competencia
aparece como parte de la «nueva» formación profesional. En el tercer
capítulo se indagará sobre el punto medular de la normalización que es
la transferibilidad, sus alcances y límites, la interpretación de su
significado para la formación profesional y su relación con el mercado
de trabajo y el empleo.
El cuarto capítulo se centra en algunas características pedagógicas de
la formación por la competencia
laboral, cerrándose el quinto capítulo con las perspectivas
empresariales y sindicales en cuanto a la formación profesional basada
en la competencia laboral.
1. Aproximación conceptual y surgimiento de la competencia laboral
La aproximación conceptual de la competencia laboral no se pretende
plantear aquí en el contexto de la educación y de la sociedad, sino
plantearla desde una perspectiva acotada del nivel inferior de la
empresa o unidad productiva. A este nivel se pueden distinguir dos
enfoques acerca de la competencia laboral: el estructural y el dinámico.
Ambos enfoques encierran modelos que no son excluyentes, sino que
enfatizan diferentes aspectos de la competencia, que en el plano
práctico de la gestión de la formación profesional pueden combinarse,
sin que esto signifique necesariamente un conflicto metodológico y/o
falta de congruencia en el proceso de la aplicación del modelo de
gestión por competencia laboral.
1.1. Enfoque estructural
. Una primera definición es: formar a las personas en un conjunto de
conocimientos, habilidades, actitudes y aptitudes requeridos para lograr
un determinado resultado en un ambiente de trabajo. Expresada así, el
concepto no es novedoso, ya que en la historia de la formación
profesional aparece con mayor o menor énfasis el término competencia
entendida bajo estos elementos. Definirlo de esta manera lo sitúa en un
plano histórico, que si bien le da una base firme y difícilmente
cuestionable, aparentemente no le otorga el sentido crítico o
estratégico que hoy día tiene para las organizaciones, empresas y
ofertantes de formación profesional, así como para los individuos y la
sociedad en general.
Sin embargo, esta definición plantea dos facetas decisivas que le
otorgan un significado importante en el contexto de la relación
formación profesional y trabajo;
1) La primera faceta que caracteriza el concepto competencia es la
enumeración de un conjunto de atributos de la persona, que no se limitan
al conocimiento, sino que incluyen las habilidades, actitudes,
comunicación y personalidad, es decir, define a la formación de manera
integral, reflejando las diferentes dimensiones que representa el acto
de trabajar y no se limita al conocimiento únicamente.
2) La segunda faceta es la relación explícita que se establece entre
esos atributos y el resultado o desempeño requerido. Intenta cerrar el
tradicional abismo entre la calificación, entendida como un acervo de
conocimientos y habilidades, y el desempeño concreto requerido en la
empresa u organización. Es una propuesta para aumentar la posibilidad de
que la adquisición de nuevos conocimientos y habilidades conduzcan
efectivamente a un desempeño o resultado superior de la organización.
Como bien lo demuestran los responsables del aprendizaje en las
empresas, para que estos atributos culminen en resultados se requiere de
una aplicación, que a su vez esté determinada por lo que la empresa haya
avanzado en la gestión de recursos humanos y la organización del
trabajo, en la innovación de la organización de la producción y la
tecnología del producto y proceso, y en determinar sus módulos y/o
segmentos de mercado donde puede desarrollar una ventaja competitiva. (Hooper,
1997.)
1.2. Enfoque dinámico
En el enfoque dinámico se parte del contexto de la evolución del mercado
en que se desenvuelven las organizaciones. Lejos de ser contradictorio
al enfoque estructural, se puede considerar complementario, poniendo los
acentos en otros aspectos de la formación profesional ante las
características del mundo de trabajo actual.
La evolución de los mercados se puede caracterizar por cuatro fenómenos
que se presentan de manera simultánea
1). El primero es la mayor complejidad en los parámetros bajo los cuales
se ofrecen los productos y servicios. Mientras antes había una
segmentación clara de los mercados en cuanto a precio, calidad, diseño y
servicio al cliente, actualmente se observa una tendencia a la
convergencia de estos criterios, a la simultaneidad de su presencia. Ya
es difícil encontrar segmentos regidos únicamente por precio o por
calidad. Los parámetros se van combinando, y aunque se mantendrán
diferencias entre los segmentos, ya no son tan absolutas como en el
pasado solían ser. Un producto que pretende ser de alta calidad también
tiene que cuidarse cada vez más de su precio, y viceversa, un producto
en el segmento de los bajos precios se está viendo obligado a mejorar su
calidad, su diseño y su servicio al cliente o consumidor.
EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE COMPETITIVIDAD
2) Un segundo fenómeno es la tendencia hacia la apertura de los
mercados, lo que significa la presencia de una mayor variedad de
opciones en el mismo segmento del mercado y al mismo tiempo la
posibilidad de acceso a mucho más mercados que antes. Sin embargo, los
mercados, y a pesar de la tendencia de globalización, no son uniformes y
tienen características peculiares a las que las empresas tienen que
responder con agilidad y flexibilidad, en cuanto a opciones de modelos
de productos y servicios. Esto demanda una capacidad de adaptabilidad
mayor que en el pasado.
3) Un tercer fenómeno es el mayor dinamismo en los mercados, provocado
por la superior exposición ante impulsos y señales diversas de cambio,
generando una menor permanencia de las posiciones de los productos en el
mercado. Además, los avances en la comunicación están permitiendo que
las consideradas mejoras prácticas de producción se difundan con mayor
rapidez sobre el planeta, obligando a las empresas a ser más dinámicas
en sus estrategias de innovación de producto y de proceso. Por ejemplo,
anteriormente la industria automotriz, en este caso la Ford, calculaba
un tiempo de amortización de su equipo instalado de 16 años o más,
actualmente lo están calculando de siete a nueve años. (Entrevista con
el gerente financiero de Ford México.)
¿CUÁL ES EL ESTANDAR DEL MERCADO QUE RESULTA · Complejo · Abierto ·
Exigente · Dinámico
4) Un cuarto fenómeno es la mayor exigencia en los niveles de parámetros
bajo los cuales opera el mercado. Las empresas tienen que competir
frente una mayor cantidad de competidores que antes. La exigencia es el
factor que marca el nivel de los otros tres fenómenos mencionados,
constituyendo un importante factor que impulsa la interrelación entre
los cuatro fenómenos mencionados.
Estos cuatro fenómenos o dimensiones que caracterizan la tendencia
general de los estándares del mercado plantean a la empresa dos
posibilidades de estrategia, explícita o implícitamente formulada, de
supervivencia y desarrollo, que guardan cierto grado de jerarquía uno
del otro. La primera es seguir la tendencia global del mercado,
incorporando los elementos de los cuatro fenómenos antes señalados a su
estrategia de mercado y producción; es decir, «subirse al tren de la
modernización». Esto es, aplicar sistemas de aseguramiento y mejora de
calidad (calidad total, ISO 9000, grupos de trabajo), depurar y hacer
ágil a la organización (reingenierías, subcontratación), automatizar los
sistemas de información con redes de ordenadores y mecanizar algún
proceso con nuevo equipo comprado en el mercado de bienes de capital.
Ante la mayor cantidad de participantes en el mercado, la posibilidad de
destacarse como empresa depende de su capacidad de aprendizaje para
asimilar y desarrollar estas cuatro dimensiones que caracterizan la
dinámica del mercado
OPCIONES EST-RATÉGICAS · No "perder" el tren: destacarse dentro del
estándar PRODUCCIÓN DEPURADA CALIDAD TOTAL ISO 9000 · Y/o diferenciarse
...
La segunda posibilidad de estrategia, y que debe entenderse sumándose a
la primera, es intentar diferenciarse en el mercado, introduciendo en
las cuatro dimensiones de los estándar aspectos que lo hagan único en
comparación con las demás. De hecho, todas las empresas tienen sus
aspectos únicos que las diferencian de las demás, siendo en última
instancia la base del desarrollo económico y social de un país o región;
sin embargo, no siempre se consideran esenciales en su estrategia de
competitividad. En el contexto de la globalización de los mercados y la
comunicación más intensa y directa, la paradoja es que las empresas
tienden a seguir trayectorias de innovación comunes o parecidas, «auto
reduciendo» las posibilidades de diferenciación y de desarrollo. Para
salir de esta paradoja, deben poner más énfasis en aquellos aspectos que
las hagan únicas y que sean difíciles de copiar por terceras.
¿CUÁL ES EL ESTANDAR DE DESEMPEÑO PARA DESARROLLAR LA CAPACIDAD
COMPETITIVA · Complejo · Abierto · Exigente · Dinámico · Diferenciado
El estándar de desempeño de la empresa constituye, por una parte, las
cuatro dimensiones de modelo del mercado, y, por otra, la capacidad de
destacarse en ellas, o sea, ser competente. La competencia en el enfoque
dinámico contiene entonces una dimensión de comparación; la empresa y la
persona son competentes no tanto por cumplir un desempeño mínimo
aceptado, sino por tener la capacidad de destacarse en el medio, gracias
al desarrollo y movilización de las competencias únicas o claves que
tiene a su disposición.
LA CAPACIDAD DE DESTACARSE DEPENDE DE ... · Competencias claves de la
empresa
Hay muchos aspectos que hacen a la empresa única; sin embargo, es
importante distinguir cuáles de ellos la hacen realmente competente en
dominar los estándares del mercado, y cuáles otros representan su
incompetencia para alcanzar dichos estándares.
COMPETENCIAS CLAVES DE LA EMPRESA · Aspectos tecnológicos únicos · Bases
de conocimiento · Formación y capacitación · Sistemas de motivación ·
Experiencia · capacidades de innovación · Conocimiento del mercado ·
Alianzas perdurables · Clima Organizacional y laboral
Los aspectos únicos de la empresa que la hacen destacar positivamente
son los que conforman sus competencias claves, que generalmente no son
el equipo ni las instalaciones con que cuenta, sino las relaciones
críticas que tienen configuradas para movilizar recursos; no cualquier
recurso, sino aquellos que contribuyen a la dinámica de innovación, a la
mejora continua de producto y proceso.
Son los recursos difíciles de cuantificar y a veces de identificar, que
constituyen el acervo de conocimientos y habilidades, de competencias,
que la empresa puede movilizar ante necesidades de producción,
oportunidades de mercado o problemas no previstos. Se le ha denominado,
en la literatura reciente de la administración de la empresa, el capital
intelectual de la organización, producto de la arquitectura de recursos
de la organización, el mismo que debe ser desarrollado, administrado e
innovado continuamente, conformando así un conjunto de activos no
tangibles de la empresa pero decisivos para su capacidad de destacarse
en el mercado.
COMPETENCIAS CLAVES QUE CONFORMAN LA ARQUITECTURA DE RECURSOS DE LA
EMPRESA
En esta arquitectura de recursos destacan dos elementos que guardan
relación directa con la competencia laboral. El primero es el personal,
al que en esta perspectiva se le reconoce explícitamente su capacidad
para contribuir al aprendizaje de la organización, recurso que la
organización tiene a su disposición para movilizar en su estrategia de
innovación.
El segundo es la escuela técnica profesional, que físicamente puede
estar presente en la red de recursos de la empresa, pero pocas veces es
incorporada a la estrategia de innovación y desarrollo de recursos
humanos.
2. La normalización de la competencia laboral
Los cinco criterios mencionados que configuran, en términos generales,
el estándar de desempeño de la empresa en el mercado, se proyecta en los
criterios de desempeño del personal en las empresas, y así dan base para
regular la competencia laboral. La normalización tiene por objetivo dar
dirección al desarrollo de las competencias en la empresa, constituyendo
una referencia en común para los integrantes de la organización de cómo
guiar y evaluar sus aprendizajes; representa así también un referente
para el reconocimiento de la competencia alcanzada por los individuos,
tanto en el interior de la empresa como en el mercado de trabajo.
2.1. Trayectorias de innovación y la naturaleza de la competencia
laboral
Siguiendo el razonamiento del modelo estructural presentado en el
apartado anterior, la proyección de los estándares de desempeño de la
empresa en lo que se espera como desempeño del trabajo de cada persona
no es directa. Es intermediada por las trayectorias de innovación en
tecnología y organización en las empresas.
Igual que la caracterización de los mercados, las trayectorias de
innovación, que son la base de la mejora sostenida de productividad en
las organizaciones, no son únicas ni son aplicadas y/o seguidas al mismo
ritmo por las empresas. Hay una heterogeneidad en cuanto a la dirección,
momento y profundidad de las innovaciones aplicadas, si se analiza y
compara caso por caso. Sin embargo, haciendo abstracción de las
particularidades individuales de las trayectorias de innovación
seguidas, se puede llegar a una caracterización que ayude a entender la
evolución de la competencia laboral en las empresas.
LA MEJORA DE LA PRODUCTIVIDAD
La innovación en los diferentes ámbitos de la empresa es el sustento de
la mejora de la productividad. Estudios empíricos apuntan a que las
trayectorias más efectivas de innovación, en cuanto a impacto en la
mejora de productividad, son aquellas donde, en forma simultánea, se
introducen innovaciones en los sistemas de tecnología, organización y
gestión de recursos humanos. (Mertens, 1997-2.) En esta simultaneidad
puede haber diferente énfasis puesto en cada uno de estos subsistemas en
el tiempo, observándose como tendencia una dinámica de alternancia, sin
que ésta tuviera una direccionalidad predeterminada. (Ibídem.) Es decir,
al haber enfatizado en el primer período en la organización de la
producción, no significaba que en el segundo período la empresa iba a
hacer lo propio en la tecnología o bien en la gestión de recursos
humanos: tanto lo uno como lo otro podría ocurrir.
Lo que es importante mencionar aquí, porque se relaciona directamente
con la competencia laboral, es que la simultaneidad de iniciativas
también se dio en el interior del subsistema de recursos humanos,
innovándose a la vez los sistemas de formación y capacitación, de
selección, remuneración, participación y ergonomía. Esto apunta a que la
introducción de una gestión por competencia laboral en la empresa
difícilmente podrá hacerse si no se considera en algún momento la
innovación de los otros subsistemas de la gestión de recursos humanos,
situándola de esta manera en el seno de las relaciones laborales, de la
negociación entre los diferentes actores sociales de la producción.
Consecuentemente, relaciones y clima laboral complicados obstaculizan la
introducción de una gestión por competencia laboral.
Retomando el concepto de trayectoria de innovación, éste hace referencia
a los diferentes aspectos que caracterizan una dinámica de aplicación de
nuevos conocimientos en el ámbito de la producción: ritmo, dirección,
profundidad, dificultad, abandono y movimiento pendular de las
iniciativas.
La innovación a su vez es producto de un proceso de aprendizaje
institucional o de la organización, en la que intervienen factores del
orden institucional como son la cultura organizacional, las relaciones
laborales e influencias del entorno. Intervienen en ella el aprender por
hacer y por explorar, la base de conocimientos acumulados en el tiempo,
el acto de creación y la necesidad de desaprender u olvidar rutinas o
acciones que dejan de ser funcionales o que quizá nunca lo han sido.
LOS AÑOS 60: RELACIONES LINEALES
Como lo muestra el diagrama, el proceso de aprendizaje que lleva a la
innovación es complejo por tantos elementos y factores que intervienen.
La presión que surge del mercado para acelerar la innovación en aras de
alcanzar una mejora sustentada en la productividad, por un lado, y, por
el otro, las características con que las innovaciones en tecnología y
organización llegan a la empresa, han modificado profundamente el papel
del personal en general, y del obrero u operario en especial, en el
aprendizaje de la organización.
Mientras que en el pasado la tendencia era que buena parte de la
innovación venía «incorporada» a la maquinaria o equipo, y los sistemas
de organización (estudios de tiempos y movimientos, por ejemplo) se
introducían como técnicas «cerradas», poniendo el capital intelectual de
la organización bajo dominio directo de la gestión, en la actualidad se
observa una tendencia contraria. Las innovaciones tecnológicas muchas
veces vienen como sistemas abiertos, cuyo rendimiento depende de la
capacidad de aprendizaje de los usuarios de los mismos. Ejemplo claro es
la informática aplicada al proceso productivo. De la misma manera, los
nuevos sistemas de organización de la producción y trabajo son abiertos,
y su efectividad dependerá de la capacidad de convertirlos en nuevas
rutinas de trabajo.
Otro factor importante que ha influido para que las innovaciones sean
crecientemente producto de un esfuerzo endógeno de la organización, es
la necesidad de generar la diferenciación en la estrategia de innovación
en un mercado que tiende a la homogeneidad por todo lo mencionado en el
capítulo anterior.
LOS AÑOS 90: LA SINERGIA ENTRE ORGANIZACIÓN E INNOVACIÓN
Por otra parte, la trayectoria de innovación tiende a deslizarse en una
dirección de mayor complejidad, sobreponiendo iniciativas sobre
iniciativas, que a su vez funcionan como subsistemas con su propia
dinámica interna pero que requieren ser articuladas en otro momento en
la estrategia de la organización. Por ejemplo, a la vez que una empresa
introduce sistemas de cómputo en red, reduce el personal para optimizar
operaciones, limita niveles jerárquicos para simplificar la
organización, introduce equipos de trabajo para la mejora continua y de
esquemas de servicio al cliente, quiere asegurar la calidad mediante ISO
y redefine la misión y los valores; todo eso hace que la estrategia de
innovación se vuelva crecientemente compleja y a la vez exigente hacia
el personal en la organización; a esto se suma la mayor velocidad con la
que se producen las innovaciones tecnológicas y de organización.
TENDENCIAS DE ORGANIZACIÓN EN TECNOLOGÍA Y ORGANIZACIÓN Sistemas ·
abiertos · complejos · dinámicos · exigentes · diferenciados
Las tendencias hacia la apertura, complejidad y el dinamismo no sólo se
dan en el plano del mercado, sino también en las trayectorias de
innovación de la tecnología y la organización, aunque con su expresión
específica. En otras palabras, es el aprendizaje de la organización el
que adquiere esas características, además de la exigencia, que se viene
proyectando directamente desde las tendencias en el mercado.
El aprendizaje de la organización bajo esas características no puede
hacerse si no es con el involucramiento del trabajador, aunque la
profundidad y alcance variará en cada caso. El conjunto de tareas que
dicha dinámica le va asignando lo hacen un participante activo en el
desarrollo del capital intelectual y de la capacidad de aprender en la
empresa. Esto se expresa en modalidades de organización del trabajo que
reproducen las tendencias señaladas en la innovación: abierta, compleja
y dinámica. Aparece la figura de la multihabilidad en el puesto y la
multifuncionalidad en el área como las expresiones más claras y a la vez
sobresalientes en la innovación de la organización del trabajo, con
tareas de control y aseguramiento de calidad, de gestión del proceso y,
poco a poco, la de conservación y programación del equipo, aunque esto
es un proceso más lento de aprendizaje. (Mertens, 1997-2.)
Un ejemplo de cómo estas tendencias de aprendizaje se proyectan en el
perfil del desenvolvimiento esperado del trabajador es el caso que se
tiene estudiado en tres empresas líderes en sus respectivas ramas en
México. Los propios trabajadores, junto con las respectivas gerencias,
identificaron aproximadamente 16 espacios de actividad que realizan
continuamente, aparte de la manipulación de equipo o maquinaria en el
puesto de trabajo; además, realizan otras cuatro labores adicionales en
forma irregular.
Las actividades identificadas eran muy similares entre las tres plantas,
con excepción del mantenimiento del área de trabajo y la elaboración de
informes por escrito, que en el caso de la empresa de componentes, no
realizaba el operario. En las actividades de tipo general, resaltan las
intervenciones para resolver problemas e imprevistos, aunque también
llama la atención que éstas se concentran en las del tipo rutinario y
mucho menos en las de tipo no rutinario. Es decir, la dirección de la
exploración para solucionar los problemas se limita al conocimiento y la
forma de pensar actual que los trabajadores tienen, basados en
conocimientos establecidos. (Gjerding, 1992.) De la misma manera, el
operario realiza actividades y tiene cierto grado de autonomía para
asegurar la calidad del proceso mientras no se salga de los
procedimientos establecidos. Es una autonomía controlada, porque con
mucha menor frecuencia realiza actividades de mejora del proceso por
cuenta propia; de la misma manera se puede concluir que estas empresas
se caracterizan por un ambiente calificar limitado en cuanto a lo que se
refiere a la aplicación de nuevos avances de conocimientos.
Si bien hay una base rutinaria en todas estas actividades que el
operario realiza, la naturaleza de las mismas hace difícil describir en
detalle la secuencia y la forma de llevarlas a cabo; ¿cómo describir la
tarea de resolver errores o tomar decisiones rápidas?, y ¿cómo
introducir a un trabajador en esta calificación? Es decir, se pierde la
tradicional relación lineal entre formación, tarea y resultado. Es la
compleja interacción de varias tareas la que se supone que lleva al
resultado; por definición, una interrelación compleja no se puede
describir en detalle, porque la complejidad significa la imposibilidad
de ir conectando constantemente todos los elementos que componen el
conjunto de actividades que tiene que realizar el operario. (Luhmann,
1991.) Esto conlleva que la competencia sea determinada por tareas por
separado y/o de la simple suma de ellas, sino por la capacidad de
dominio y articulación de situaciones de trabajo que deben apuntar a
determinados objetivos.
Es de interés señalar que los espacios de actividad entre estas tres
empresas líderes son muy similares, lo que apuntaría a cierto grado de
homogeneidad en la trayectoria de la calificación producto de las
innovaciones seguidas. Sin embargo, puede ser más apariencia que
realidad, en la medida que se toma a las actividades como unidades
discretas, cuando en la práctica el significado de, por ejemplo, tomar
decisiones rápidas es muy distinto en el caso de la empresa de
componentes que en el de la siderúrgica; también, la decisión puede ser
de menor o mayor repercusión. Es decir, son conceptos abiertos que no
están libres de ambigüedad; inferir y extrapolar de estas actividades
las habilidades nucleares de una empresa de alta complejidad, pareciera
llevar a contenidos entendidos de manera no uniforme entre actores y
educadores2.
Cuadro sinópticoACTIVIDADES QUE REALIZA EL OPERARIO1Tres empresas
líderes: automotriz, componentes, siderúrgica (1996)
Actividades realizadas generalmente por operario Actividades que pocas
veces o nunca realiza el operario
General:· solucionar problemas rutinarios; · mucha comunicación con
supervisor y otros trabajadores; · tomar decisiones rápidas; ·
respuestas a errores típicos; · elección de varias opciones; · asumir
responsabilidades diferentes a la propia tarea, apoyar a otros
trabajadores. Específico:· operar equipo y/o maquinaria; · inspección
visual del producto y proceso; · transporte y acomodo de materiales; ·
registro de datos y enumeración; · supervisar tareas de otros
trabajadores; · manipulación y alimentación de piezas a la máquina; ·
limpieza de máquina; · mantenimiento del puesto de trabajo; ·
elaboración de informes por escrito (automotriz, siderúrgica); ·
mantenimiento a nivel del área de trabajo (automotriz, siderúrgica). A
veces:· solucionar problemas no rutinarios; · mejoramiento del proceso
por cuenta propia; · respuesta a errores no típicos; · cálculos
numéricos. No realiza:· mantenimiento a nivel del área de trabajo
(componentes); · registro de materiales; · elaboración de informes por
escrito (caso componentes); · instalación de maquinaria.
1 Es la conjunción de la opinión del sindicato y trabajadores con la de
la gerencia de las respectivas plantas. El listado son las actividades
que los operarios realizan en cada una de las plantas.
2 En Inglaterra, el NCVQ llegó a determinar seis calificaciones básicas,
que incluía la comunicación, aplicación de números, tecnología de la
informática, trabajar en equipo, mejorar su propio aprendizaje, resolver
problemas. Sin embargo, una investigación reciente sobre empleabilidad
de mano de obra mencionó entre sus recomendaciones que el término de
habilidades o calificaciones básicas no deberían de seguirse utilizando
debido a la variedad de interpretaciones que se están dando a los
elementos que las componen. (IiE, 1996.).
Los conocimientos y habilidades requeridos para desempeñar esas
actividades, señalados por los propios actores, llevan a un acercamiento
de los nuevos espacios cognitivos, motrices y actitudinales, pero no a
los contenidos precisos de ellos. Sin duda, es un referente importante
para la construcción del currículo, aunque requiere ser dimensionado
previamente a partir de un proceso de validación con los actores.
EVOLUCIÓN DE LAS TAREAS HACIA FUNCIONES
La trayectoria del aprendizaje del trabajador está determinada, en
última instancia, por la organización del trabajo, aunque ésta a su vez
está condicionada por la dinámica tecnológica y de organización de la
producción. Las tendencias observadas en la organización del trabajo,
tanto en los casos antes mencionados como en otros estudios empíricos,
muestran que se está evolucionando en cuatro direcciones a la vez,
aunque la profundidad y el alcance varía de un caso a otro.
Estos cuatro ejes son: la simplificación y estandarización de las
tareas, con el fin de mantener los costos de operación bajos; la
ampliación de las tareas, agregando al trabajador una serie de funciones
que significan nuevas habilidades sin alterar mayormente la base
cognitiva (por ejemplo, manejar varias máquinas a la vez, mantener
limpio el área de trabajo, ser capaz de realizar diferentes operaciones
de acoplamiento, inspeccionar y registrar la calidad del producto y
proceso); el enriquecimiento técnico, sumando al trabajador tareas que
representan nuevas habilidades y conocimientos, modificando la base
cognitiva (por ejemplo, llevar un control estadístico del proceso,
realizar mantenimiento preventivo y predictivo al equipo, programar y
preparar equipo y maquinaria); el enriquecimiento social y de gestión,
incorporando al trabajador funciones de administración del proceso, de
aportar ideas para la mejora continua, de hacerse responsable de
decisiones acerca del proceso (por ejemplo: simplificación de
estructuras jerárquicas, equipos de trabajo y controles de calidad,
grupos de alta complejidad y/o de auto dirección).
En este contexto, la competencia laboral entendida como sinónimo de la
capacidad de realizar tareas predeterminadas en cuanto a secuencia y
contenido en el puesto, está en crisis, al menos en aquellas empresas
que pretenden transformarse en organizaciones de aprendizaje y de
innovación.
2.2. Normalización de la competencia laboral como parte del proceso de
aprendizaje de la organización
Los contenidos y la integración de las tareas de la persona tienden a
evolucionar en dirección a sistemas abiertos, complejos y dinámicos,
siguiendo la lógica del mercado y de las trayectorias de innovación en
tecnología y organización de la producción, con la especificidad del
ámbito de la organización de las tareas y funciones.
Cuando se menciona a tareas y funciones, se entra en un campo importante
de la competencia laboral. En una división técnica y social del trabajo
altamente fragmentado, las funciones que tenían que cumplir los
trabajadores constituían la suma de tareas asignadas, relativamente
fáciles de identificar y describir, apoyándose en el análisis de tiempos
y movimientos y de la ocupación o puesto. En el nuevo contexto, las
funciones, por definición, siguen siendo una suma o integración de
tareas. Sin embargo, y de acuerdo con lo señalado en cuanto a la
tendencia de ampliación y enriquecimiento de las tareas, que obedece a
su vez a la apertura y complejidad de las trayectorias de innovación
tecnológica y de organización productiva, describir en detalle cada una
de las tareas y su secuencia ha perdido su sentido, por la complejidad,
apertura y dinamismo que las funciones asignadas al trabajador están
adquiriendo.
Basta subrayar el significado del concepto de complejidad, desde la
perspectiva de la teoría de los sistemas, en este contexto. La
complejidad y la apertura del sistema de tareas que el trabajador tiene
que realizar para cumplir con sus nuevas funciones hacen menos
controlables y predecibles las misiones de los operarios en sus
detalles. Ante las funciones a cumplir crece la contingencia, es decir,
la posibilidad de poder llegar al objetivo por más de una sola vía de
realización de tareas, y también por la posibilidad de fallar aun en la
formación más favorable de las misiones y sus elementos. (Luhmann,
1991.)
El hecho de que la empresa como sistema se vuelve más complejo obliga a
sus integrantes a la selección, lo que convierte a la empresa en una
organización donde se dan procesos de selección de manera coactiva, lo
que significa contingencia, y esto supone riesgo. La selección sitúa,
califica y ordena los elementos, aunque para éstos fueran posibles otras
formas de relacionar. Este «ser posible también de otro modo» y la
posibilidad de fallo aun en la condición más favorable de los elementos,
es la contingencia, y es lo que caracteriza la organización compleja.
(Ibídem.)
Una mayor complejidad de los sistemas de innovación y, como
consecuencia, de misión en las empresas, que exige un comportamiento
selectivo, exige también una mayor adaptabilidad en los sistemas
personales. Esta mayor adaptabilidad se traduce en un requisito de la
capacidad de aprender, que es una competencia que puede utilizarse
ocasionalmente de forma intensa y que por ello debe estar disponible
permanentemente. (Luhmann, Schorr, 1993.)
Visto desde esta perspectiva, tiene más sentido expresar y tipificar la
competencia laboral a partir de funciones que no como una suma
exhaustiva de tareas. Esto no significa que en la descripción de las
funciones no aparezcan tareas, ni tampoco que el análisis de tareas ya
no sea útil o válido en la definición de las funciones. De lo que se
trata es de ir logrando la síntesis de tareas, generalmente sin entrar
en los detalles de cada una, con la excepción de cuando esos detalles
sean elementos claves en la operación. Al trabajador o al individuo se
le deja un grado de libertad para ir construyendo la articulación entre
las tareas, según sus capacidades y puntos de vista, manteniendo siempre
el objetivo o resultado como eje de sus acciones. Así, la descripción de
funciones en el modelo de competencia laboral, aparece como una mezcla
de diferentes niveles de agrupación de tareas, según la especificidad de
la rama y la trayectoria de innovación seguida por la empresa. En
ocasiones, el resultado de una tarea es fundamental en el proceso, y,
como tal, tendrá que ser expresado en las funciones; otras veces, es la
suma de varias tareas que deviene importante por su articulación entre
cada una de ellas, por lo cual es preferible ir a la síntesis de éstas.
En todo caso, se formulan las funciones a partir de la idea de la
contingencia, de la probabilidad de un resultado, admitiendo siempre que
existe el riesgo de que no se cumpla el resultado.
Formulada de otra manera, y en concordancia con el concepto estructural
planteado en el primer capítulo, la descripción de la competencia
laboral se expresa en términos de conocimientos, habilidades, actitudes
y resultados (desempeños) demostrables, con la probabilidad que éstos
conduzcan al cumplimiento de la función; seguridad absoluta no hay. Este
punto, que puede aparecer obvio y/o lógico en la práctica de la
construcción de la competencia laboral y de las competencias que la
conforman, es motivo de discusión, controversia y redefinición de los
términos en que están expresados.
Delimitar las competencias tiene por objetivo desarrollar un referente
común para los integrantes de la empresa, de cómo orientar el
aprendizaje individual para que tenga sentido en el funcionamiento y el
aprendizaje de la organización como un todo.
NORMA DE COMPETENCIA LABORAL
Existen varios enfoques sobre la forma de llegar a la competencia
laboral y de cómo expresarla y delimitarla. Los más conocidos son el
análisis ocupacional, el funcional, el conductista y el constructivista.
(Mertens, 1977-1.) Cada uno tiene sus ventajas y desventajas, lo que en
la práctica ha llevado a que las empresas tiendan a optar el que más les
convenga, según las características de su organización. En este trabajo
no abordaremos los diferentes enfoques, centrándonos en la normalización
como parte del modelo general de gestión por competencia laboral.
La idea es que la normalización se hará parte del lenguaje de la
organización, y que debe ir articulando los esfuerzos individuales con
los colectivos en el aprendizaje. En la medida que la empresa no asuma
una estrategia de aprendizaje organizativo, involucrando a los
trabajadores en ella, difícilmente la normalización de la competencia
podrá cumplir el objetivo antes mencionado y se convertirá en letra
muerta, o bien en un estándar que el individuo tenga que cumplir para
hacer bien lo que siempre se ha hecho.
El aprendizaje de la persona en la empresa está condicionado por dos
factores, que para algunas analistas son la cuestión de fondo de la
competencia (singular) laboral y que anteceden al conjunto de
conocimientos y habilidades profesionales. (Zarifian, 1996.) El primero
es el asumir una responsabilidad personal frente a las situaciones de
producción, lo que quiere decir una actitud social de la persona, de
suerte tal que actúe por su cuenta ante la complejidad de las tareas a
realizar y las situaciones imprevistas a resolver. Este compromiso es
altamente subjetivo y significa movilizar la inteligencia del individuo,
pero también hacer que asuma los riesgos de un eventual fracaso y la
correspondiente reacción negativa de la gerencia y de los otros
trabajadores. «Una persona que acepta y puede, hablando subjetivamente,
movilizar dicha actitud social tendrá una mayor facilidad para aprender
que la persona está en una posición a la defensiva o de rechazo.»
(Ibídem.)
OBJETIVO DE LA NORMALIZACIÓN DE LA COMPETENCIA LABORAL Sistema que
estimula y administra el aprendizaje del personal a través de la
movilización de saberes:a) Asumir una responsabilidad y actitud social
de involucramiento. b) Ejercicio sistemático de reflexionar en el
trabajo.
Para lograr esto en el proceso de desarrollo y descripción de la
competencia laboral, la empresa debe cuidar aspectos como otorgar una
autonomía real al trabajador, la información y los conocimientos
suficientes acerca de la gestión del proceso y reconocerlo en términos
de una compensación salarial en algún momento del proceso.
El segundo factor que condiciona el aprendizaje del personal es el
ejercicio sistemático de una reflexión en y ante el trabajo, entendido
como el tomar distancia crítica frente a las labores que está
realizando, cuestionando su manera de trabajar y los conocimientos que
moviliza para realizar las tareas. Esta reflexión se hace más necesaria
en cuanto que los cambios técnicos y organizativos son cada vez más
frecuentes y profundos. No puede hacerse de manera preestablecida, ni
tampoco impuesta autoritariamente; debe venir de las propias personas y
puede ser desarrollada y acompañada por los instructores o formadores.
(Ibídem.)
Lo anterior se pudo comprobar en la experiencia piloto que en México se
está desarrollando en un ingenio azucarero, en un esfuerzo conjunto
entre el programa CIMO (Calidad Integral y Modernización) de la
Secretaría del Trabajo, la OIT (Organización Internacional del Trabajo)
y el CONOCER (Consejo de Normalización y Certificación de la Competencia
Laboral). En este caso se tuvo que empezar por crear un ambiente social
colectivo e individual, tendente a hacer emerger una dinámica de
aprendizaje en todos los niveles de la empresa. En un contexto de falta
de comunicación entre trabajadores y mandos superiores, sin información
que fluyera de la gerencia hacia los trabajadores, un mínimo de
autonomía asignada al operario y relaciones laborales que impedían que
los trabajadores pudiesen tomar responsabilidades más allá de su tarea
rutinaria preestablecida en el puesto, no tenía sentido alguno empezar
por describir las normas técnicas de competencia. Se tuvo que trabajar
intensamente durante dos años para crear un ambiente social favorable al
aprendizaje y llegar a las primeras normas de competencia que debieron
desarrollar los operarios para lograr un desempeño efectivo esperado. La
reacción del superintendente a la hora de la creación técnica de las
normas era: «ahora tenemos al menos un criterio en común entre los
propios supervisores, qué debemos de entender sobre lo que para nosotros
es un “buen trabajador”, ya que en el pasado un trabajador era bueno
para el supervisor “x” mientras que para el supervisor “y” no lo era.
Este sistema nos permite uniformar también nuestras ideas de cómo y
sobre qué aspectos hay que formar a la gente.»
2.3. Consecuencias para la formación profesional
Lo dicho lleva anteriormente a plantear un desafío importante para la
formación técnica profesional y explica la crisis en que se encuentran
tanto el modelo escolar, construido sobre la base en el principio de
transferencia de conocimientos y comportamientos, como el modelo basado
exclusivamente en la adquisición de conocimientos a través de la
experiencia, preparándose y formándose «on the job». (Ibídem.)
Estos dos modelos están desfasados de la realidad productiva descrita
anteriormente por dos razones fundamentales. (Ibídem.) La primera razón
es que una parte de los conocimientos requeridos no existen,
particularmente los saberes contextuales que permiten tratar las
situaciones no previstas y/o de conducir a las innovaciones y la mejora
continúa. Esos conocimientos no pueden ser reproducidos si no es en el
momento de las situaciones reales de trabajo y a partir de una reflexión
y análisis de la situación por parte del personal de la empresa. Esto
provoca que el primer modelo, basado en la mera transferencia de
conocimientos y habilidades, incluso si estuvieran basados en resultados
demostrables («competencia», sic), no corresponde a una formación por
competencias para la empresa. A esto se debe agregar que los
conocimientos transferidos por los cursos escolares son en última
instancia apoyos a la comprensión de los problemas y la búsqueda de sus
soluciones, pero en ningún momento un recetario que mecánicamente pueda
aplicarse.
La segunda razón conduce al entrenamiento «on the job», muchas veces a
través de los trabajadores más experimentados. Dicha estrategia
formativa parte del supuesto de que la situación profesional se mantenga
estable y que los conocimientos correspondientes sean durables y
transferibles a lo largo de la experiencia laboral, situación que no
concuerda con la trayectoria de innovación de las empresas ni con la
tendencia en los contenidos e integración de las tareas en las personas.
CICLO DE APRENDIZAJE
Lo anterior lleva a la necesidad de modificar el esquema de aprendizaje
y, con ello, la estrategia de formación técnica profesional. El desafío
consiste en ligar y articular varios tiempos y momentos en el
aprendizaje.
En el momento de la realización de la función, el trabajador no sólo
aplica y practica conocimientos adquiridos en los momentos de reflexión
y capacitación «formal», sino también descubre y aprende trabajando,
desarrollándose así su competencia.
En el momento del debate, mediante reuniones con colegas, supervisores y
técnicos, el trabajador no sólo amplía y profundiza su competencia
individual de manera «auto referencial», sino que también aprende y hace
aprender a otros sobre determinados conocimientos necesarios para
resolver y/o afrontar situaciones similares.
En la capacitación formal en aula, el objetivo principal es acompañar a
los capacitandos para que ellos estén en mejores condiciones de afrontar
nuevas situaciones profesionales o bien encarar mejor las situaciones
conocidas en la producción, retomando problemas reales de la práctica
productiva e introducirlos en el debate, de tal manera que los
capacitandos puedan asumir de manera autónoma una responsabilidad ante
una situación de trabajo. (Ibídem.)
El momento de la experimentación es la culminación del círculo de
aprendizaje y es la aplicación del cambio en la práctica. Esto requiere
que exista una relación estrecha entre los encargados de la formación y
la gerencia a cargo de la producción, situándose la formación técnica
profesional en el plano de la organización del trabajo.
Estos cuatro momentos requieren que el instructor-formador principal del
trabajador debe ser alguien que esté en la gestión de la producción,
preferentemente el supervisor. Esto requiere a su vez modificar el papel
del supervisor: de un capataz hacia un instructor-faciltador y
evaluador. También requiere que se haga otro círculo de aprendizaje o
desarrollo de competencia: el supervisor como el capacitando, guiado e
instruido por el gerente de producción y /o por especialistas en alguna
temática (por ejemplo, mantenimiento).
COMPONENTES BÁSICOS DEL SISTEMA DE COMPETENCIA LABORAL · Crear un
ambiente en el que puede emerger la competencia del personal. ·
Describir las normas de competencia por subprocesos y/o funciones. ·
Desarrollar currículo. · Formar con base de competencias. · Diseñar plan
de evaluación del personal.
La norma de competencia como referente del aprendizaje sirve de base
para desarrollar el currículo, aunque cabe señalar que esto no es una
secuencia lineal y requiere de un esfuerzo y de una metodología
específica. Esto es debido a que las normas de competencia se refieren a
resultados y a conocimientos, habilidades y actitudes expresados en
términos generales, aun tratándose a nivel de empresa. Para poder llegar
a un currículo, tendrán que establecerse los referentes
teóricos-prácticos más precisos para guiar el aprendizaje del individuo,
estableciendo los pasos a seguir y los componentes que lo conforman,
incluyendo el desarrollo de guías didácticas en apoyo de la obtención de
la competencia.
Hay diferentes maneras y enfoques de ir integrando el currículo.
Siguiendo el planteamiento de crear primero un ambiente en el que puede
emerger y movilizar la competencia laboral (singular), entendido por su
significado de asumir una responsabilidad ante situaciones en la
producción y la capacidad para hacer un ejercicio sistemático de
reflexión; en otras palabras, la capacidad de aprender; esto no se logra
si no es a través de la apropiación de competencias (plural) técnicas,
de gestión de calidad, de comunicación e iniciativas. (Ibídem.) La
integración de estas competencias en un currículo puede hacerse cada una
por separada, o bien integrarlas como parte de cada una de las
competencias técnicas profesionales requeridas.
Otra forma de clasificar las competencias es por diferentes tipos de
saberes: saberes de conocimientos generales de saber-hacer (habilidades
y destrezas) y de saber-ser (capacidad de relacionar, comunicar y
comportamientos sociales). Incluso hay analistas, sobre todo de la
«escuela francesa», que subdividen aún más esos saberes, aunque
reconocen a su vez que las competencias se refieren a capacidades
integradas y no a la simple suma de saberes. Los saberes constituyen en
esa visión un capital de recursos que, combinados en determinadas
formas, constituyen las competencias requeridas para una actividad
concreta y un desempeño resultante a su vez de una o varias actividades.
La clasificación propuesta de saberes es como sigue (Bellier, 1997):
saber teórico, saber del entorno, saber de procedimientos, saber-hacer
técnico, saber-hacer operativo, saber-hacer en cuanto a procedimientos,
saber-ser en relacionarse con otras personas, saber-ser social.
En México, y en analogía con el sistema británico, las reglas del
CONOCER (Consejo de Normalización y Certificación de Competencia
Laboral) plantean como marco conceptual los siguientes aspectos
(CONOCER, 1996):
«Aptitud de un individuo para desempeñar una misma función productiva en
diferentes contextos de trabajo y basándose en los resultados
esperados.»
Esta aceptación implica reconocer que la competencia laboral se conforma
esencialmente con tres tipos de capacidades perceptibles por el
desempeño de un individuo:
a) La capacidad de transferir los conocimientos, habilidades o destrezas
(…).
b) La capacidad de resolver problemas asociados a una función productiva
(…).
c) La capacidad para obtener resultados de calidad (…)»
Más específicamente, en relación a la Norma Técnica de Competencia
Laboral estipula que debe reflejar (Ibídem):
· La competencia para administrar la tarea.
· La competencia para trabajar en un marco de seguridad e higiene.
· La aptitud para desempeñarse en un ambiente organizado, para
relacionarse con terceras personas y para resolver situaciones
contingentes.
· La aptitud para transferir la competencia de un puesto de trabajo a
otro y de un contexto a otro.
· La aptitud para responder positivamente a los cambios tecnológicos y a
los métodos de trabajo.
· Los conocimientos y las habilidades que se requieren para un desempeño
eficiente de la función laboral.
Un estudio llevado a cabo en Inglaterra sobre educación y empleabilidad
en el mercado de trabajo plantea un esquema que parte de atributos
(conocimientos y entendimiento, aptitudes y personalidad, conocimientos
para el desarrollo de habilidades, habilidades y destrezas, calidades
personales), cuya clasificación obedece no solamente a su naturaleza,
sino también a su forma de adquirir y de evaluar. (IiE, 1996.)
En el desarrollo del currículo se plantean otras preguntas, más allá de
su clasificación temática. «¿Debería un currículo estar “representado”
en etapas que permitieran a un principiante llegar a ser experto con
base en un análisis de los niveles de competencia en cada etapa, o
debiera emplearse algún método pedagógico, como el aprendizaje basado en
problemas (…)?» (Gonczi, 1997.) En este contexto cabe mencionar a la
formación dual, que en varios países de América Latina se está
experimentando (por ejemplo, República Dominicana, Ecuador, entro
otros), y que intenta hacer la combinación entre teoría y práctica para
jóvenes, los recién llegados al mercado de trabajo. El problema con la
formación dual es que no es una respuesta para el personal en activo y
que requiere ser capacitado.
Sin pretender haber abordado todos los aspectos relacionados con el
currículo, se pasa a la formación y capacitación. La formación con base
en competencias, obedece a un plan que contempla, describe y programa
cómo incidir en las distintas fases del aprendizaje antes mencionadas,
teniendo como referencia el currículo, así como los mecanismos de
evaluación de los diferentes actos de formación. Contempla también la
instrumentación de las guías didácticas y los mecanismos de auto
evaluación de los capacitandos. Más adelante, en otro capítulo, se
retomará el tema de la formación.
El plan de evaluación cierra el círculo de los instrumentos de
implementación de la gestión por competencia laboral, teniendo por
objetivo en primer lugar conducir el aprendizaje mediante la consulta e
instrucción; la certificación puede ser un segundo objetivo del acto de
evaluación, aunque esto exige que se cumpla con algunos otros
requisitos, dependiendo si la certificación es a nivel de empresa o bien
a nivel de rama de actividad.
La norma de competencia sirve no sólo de referencia de este proceso
complejo que es el aprendizaje efectivo, sino también para dirigir otras
facetas de la gestión de recursos humanos en la empresa: el
reclutamiento, la selección y la promoción del personal; la evaluación
del desempeño y la compensación; la formación y capacitación, el ascenso
y la preparación para el mercado de trabajo. Es decir, es también una
propuesta de innovación integral de la gestión de los recursos humanos,
articulando los diferentes momentos y subsistemas que inciden en el
desempeño efectivo del individuo y de la empresa.
Sin embargo, es importante reconocer que la relación se da también de
manera inversa: cuando en la empresa no existe un ambiente y una
disposición de la gerencia y del sindicato para enriquecer las tareas e
innovar los sistemas de capacitacion.
4. Capacitación por competencia laboral
A lo largo del trabajo se han enumerado aspectos que dan solidez a la
caracterización de lo que se debe entender por una
formación-capacitación, al menos desde la perspectiva aquí adoptada de
la gestión de recursos humanos en la empresa. Sin pretender describir
todos sus componentes, puntos de vista y de controversia de lo que se
entendería por una capacitación por competencia laboral, consideramos
útil plantear al menos algunos de sus principios. Para delimitar el
ámbito de discusión, se definirá aquí a la capacitación en términos
amplios: todos los actos o eventos formativos relacionados directa o
indirectamente con el mejoramiento del desempeño en el trabajo y/o con
el desarrollo profesional de la persona. No reseñaremos en esta parte
los aspectos de planificación de la capacitación por competencia laboral
y su articulación con la gestión de recursos humanos en general de la
empresa, sino que se centrará en el acto mismo de la formación, lo que
no resta importancia a lo dicho anteriormente en cuanto a la necesidad
de crear primero un ambiente de aprendizaje en la organización.
COMPETENCIA LABORAL
Uno de los principales objetivos de las competencias laborales es ayudar
a romper las inercias u obstáculos que hasta la fecha han impedido que
las empresas dinamizaran la capacitación-formación de su personal. Esto
cobra particular importancia en América Latina, donde las
investigaciones indican que la capacitación sigue siendo muy limitada en
términos generales. En parte, esto es debido a los problemas que las
empresas afrontan para poner en práctica programas de capacitación, a
veces debido a que no saben cómo dirigirla en la forma más adecuada para
los objetivos de la empresa, en ocasiones también porque significan
costos y a veces por el temor a empezar a mover toda la estructura de
categorías y remuneración. (Mertens, 1997-1.)
Es precisamente el enfoque de la persona al desempeño requerido en la
organización lo que ha sido el motivo principal para introducir un
sistema de gestión por competencia laboral en el Reino Unido, a la par
de mejorar el desarrollo personal y de lograr un cambio en la cultura de
la organización. (Competency, 1995.)
Las experiencias parecen confirmar que la introducción de la gestión por
competencia laboral en las empresas ha puesto la capacitación en la
agenda de las acciones. Aun los analistas más críticos al sistema NVQ en
Gran Bretaña reconocen que el tema de las normas de competencia ha
ayudado a las organizaciones a dar mayor importancia y un perfil más
claro a la capacitación. «Toda iniciativa que tiene como efecto alentar
la discusión y que conduce a la decisión de educar y capacitar en las
organizaciones de trabajo es útil.» (Hamlin, Stewart, 1993.)
Probablemente, la principal característica de la capacitación por
competencias es su orientación a la práctica, por una parte, y la
posibilidad de una inserción cuasi natural y continúa en la vida
productiva de la persona. El hecho de que la competencia signifique
resolver un problema o alcanzar un resultado, convierte al currículo en
una enseñanza integral, al mezclarse en el problema los conocimientos
generales, los conocimientos profesionales y la experiencia en el
trabajo, áreas que tradicionalmente estaban separadas. (Gonczi,
Athanasou, 1996.)
Las principales características de un programa de capacitación por
competencias son las que siguen (adaptación con base en Harris, et. al.,
1991):1. Las competencias que los alumnos tendrán que cumplir son
cuidadosamente identificadas, verificadas por expertos locales y de
conocimiento público. 2. Los criterios de evaluación son derivados del
análisis de competencias, sus condiciones explícitamente especificadas y
de conocimiento público. 3. La instrucción se dirige al desarrollo de
cada competencia y a una evaluación individual por cada competencia. 4.
La evaluación toma en cuenta el conocimiento, las actitudes y el
desempeño de la competencia como principal fuente de evidencia. 5. El
progreso de los alumnos en el programa es a un ritmo que ellos
determinan y según las competencias demostradas. 6. La instrucción es
individualizada al máximo posible. 7. Las experiencias de aprendizaje
son guiadas por una frecuente retroalimentación. 8. El énfasis es puesto
en el logro de resultados concretos. 9. El ritmo de avance de la
instrucción es individual y no de tiempo. 10. La instrucción se hace con
material didáctico que refleja situaciones de trabajo reales y
experiencias en el trabajo. 11. Los materiales didácticos de estudio son
modulares, incluye una variedad de medios de comunicación, son flexibles
en cuanto a materias obligadas y las opcionales. 12. El programa en su
totalidad es cuidadosamente planeado, y la evaluación sistemática es
aplicada para mejorar continuamente el programa. 13. Evitar la
instrucción frecuente en grupos grandes. 14. La enseñanza debe ser menos
dirigida a exponer temas y más al proceso de aprendizaje de los
individuos. 15. Hechos, conceptos, principios y otro tipo de
conocimiento deben ser parte integral de las tareas y funciones. 16.
Participación de los trabajadores-sindicato en la estrategia de
capacitación desde la identificación de las competencias.
Las ventajas de un currículo enfocado a resolución de problemas son,
entre otras (Ibídem):
· toma en cuenta cómo se aprende;
· se concentra en actividades auténticas cuando se requiere de un
aprendizaje profundo;
· concede mayor importancia a enseñar cómo aprender que a la asimilación
de conocimientos;
· tiene mayor validez que un enfoque basado en disciplinas;
· es más flexible que otros métodos.
El enfoque de enseñanza por problemas se deja combinar muy bien con la
formación por alternancia, que propone el ir y venir entre aula y
práctica.
Otras características son la posibilidad de una enseñanza
individualizada y el avance modular, lo que permite al individuo acoplar
mejor sus atributos y capacidades personales con las necesidades de
formación.
También las pruebas son más estimulantes porque el estándar que se tiene
que alcanzar no es un secreto sino que lo sabe la persona de ante mano y
esto orienta sus esfuerzos de aprendizaje.
Las características de una capacitación por competencia ya habían sido
identificadas por investigadores al principio de los años ochenta. En
una investigación reciente sobre la aplicación de dichas características
en los programas de capacitación en Australia, se obtuvo como resultado
que la puesta en práctica del conjunto de estos elementos aún es muy
limitada. Es decir, si bien se encontraron algunos o varios de los
aspectos en menor o mayor medida en los programas de capacitación, pocos
fueron los casos donde todos los elementos estaban presentes
explícitamente. (Harris, et. al., 1991.)
Lo anterior requiere que la oferta educativa y de capacitación se
transforme simultáneamente para poder dar respuesta a las normas de
competencia que van apareciendo. El modelo educativo predominante,
basado en una enseñanza determinada por cursos y organizado sobre la
base de programas preestablecidos, se está haciendo inoperante ante la
demanda que surge a partir de las nuevas competencias. Se tendrá que
buscar cómo evolucionar hacia una aproximación menos academicista y
orientado más al análisis de las necesidades individuales y colectivas
de los trabajadores. En este cambio está inscrita la modificación de los
estilos pedagógicos, que deben de pasar de una lógica de que «para
educar hay que enseñar» a una aproximación de que «para formar se deben
desarrollar las capacidades de cómo aprender». (Bellier, 1997.)
El tránsito a un modelo de «aprender a aprender», no es fácil ni
evidente, y representa todo un cambio profundo en la gestión de la
capacitación. Sin duda, uno de los grandes retos es la administración
del «saber aprender», traducida en un instrumento práctico en manos de
la gestión de la empresa y de los propios trabajadores.
Desde la perspectiva de la estrategia de productividad y competitividad
de la empresa, la administración del saber aprender no debe hacerse sólo
en relación a sí mismo, a que si aprendió algo, sino también en cuanto a
qué ha sido su aportación a los objetivos perseguidos por la
organización. No basta convencer a los directivos de la empresa que «la
capacitación no es un costo sino una inversión»; deberán generarse las
evidencias que la capacitación realmente da resultado.
Pueden distinguirse por lo menos cuatro familias de evidencias que, en
orden inverso de importancia y de facilidad para que se generen, guardan
correspondencia con el modelo de desempeño efectivo expuesto en el
primer capítulo de este trabajo, y que son las siguientes (Furnham,
1997):
1. La reacción del participante hacia la capacitación recibida. La
medición de la satisfacción de los capacitandos a través de formatos de
evaluación es relativamente fácil y barato de hacer. Hay que cuidarse de
que el instructor no escoja y formule las preguntas, sino los
responsables de la capacitación de la empresa. Particular cuidado hay
que tener con la relación inversa entre «pasarse bien en el curso» y
«aprender»: entretener a los capacitandos no es un buen método para
aprender. Los participantes podrían evaluar bien a un curso porque
estuvieron entretenidos y no porque aprendieron mucho.
2. La diferencia entre lo que los capacitandos conocen y saben hacer
antes del curso y lo que demuestran dominar después. Si bien no es
difícil de poner en evidencia, hay que cuidarse de dos situaciones en
cuanto a su interpretación. Es fácil hacer la prueba previa de entrada
difícil y la de salida fácil, aparentando así que se aprendió mucho. El
otro punto a tomar en cuenta es que el aprendizaje se olvida rápidamente
si no es puesto en práctica y reforzado de manera inmediata. Esta
experiencia se vivió en algunas plantas automotrices en México, donde se
capacitaba durante tres meses al personal de nuevo ingreso antes de
ingresar en la cadena de operación. El problema que se suscitó era
justamente el olvido de lo aprendido por no poner en práctica de manera
inmediata lo enseñado y por la ausencia de un refuerzo posterior.
3. La medición del cambio en el comportamiento laboral del capacitando,
evidenciando lo que los capacitandos hacen de manera diferente después
de la capacitación. Su medición puede llevar meses y representar un
esfuerzo especial de los involucrados; la mejor forma de medir es a
través de terceros, por ejemplo, los supervisores. También puede ser
medido mediante de métodos objetivos disponibles como velocidad y
calidad de respuesta a demandas u órdenes de clientes, soporte y
servicio al cliente, desperdicio y consumo de materia prima, entre
muchos otros. Esto funciona siempre y cuando la empresa registre y dé
seguimiento a este tipo de información.
4. Los resultados fundamentales del negocio, como son las mejoras en
ventas, productividad y retorno sobre activos, la disminución de las
quejas de los clientes, entre otros. El problema aquí es cómo aislar el
efecto de la capacitación de tantas otras cosas, como innovaciones
técnicas y de organización, que la empresa hizo en el período.
Ante el conjunto de problemas señalados que acompañan la medición de la
efectividad de la capacitación, la reacción de muchas empresas ha sido
de no hacerlo. Sin duda, esto no estimula a que la capacitación se
convierta en una línea estratégica de la empresa, a pesar de todo lo que
se le reconoce y atribuye en los discursos de los directivos y los
dirigentes sindicales. Una confianza ciega de que la capacitación
conduce a beneficios solamente por el hecho de que se realiza, más que
ayudarla la puede llevar al fracaso. Si se acepta que la
retroalimentación es esencial para el desarrollo, por qué no se esfuerza
la organización para generar algunas evidencias de comportamiento
laboral y, mejor aún, indicadores de mejoramiento de proceso y de índole
monetario. (Ibídem.)
5. Competencia laboral y perspectivas de los actores sociales de la
producción
Una formación técnica por competencia laboral que tiene por objetivo
impulsar el aprendizaje de la organización en las empresas tendrá que
partir de las expectativas de las gerencias y de los representantes de
los trabajadores, que por lo general es el sindicato. Estas expectativas
varían de un caso a otro, pero algunas son de carácter común y obedecen
a razones «objetivas», producto a su vez de las contradicciones
inherentes al proceso de modernización.
5.1. Expectativa empresarial
La expectativa empresarial ante la formación por competencia laboral en
el interior de su organización es tener un referente para el aprendizaje
del personal que esté articulado con y en función de la estrategia de
mejora sostenida de la productividad. Con frecuencia se escucha, por
parte de los empresarios o gerentes, que si bien están convencidos de
que potenciar al recurso humano es fundamental hoy día debido a las
características de la tecnología, la organización y los mercados, al
mismo tiempo no saben con qué empezar y cómo administrar el proceso de
cambio en la gestión de su personal. ¿Debe empezar con estímulos
salariales, con esquemas de participación e involucramiento, o bien con
capacitación? ¿Si empieza con capacitación, en qué momento tendrá que
modificar el sistema de compensaciones? El instructor externo,
¿entenderá los problemas de la empresa y los analizará con precisión o
propondrá únicamente algunas propuestas generales que no irán al fondo
de la cuestión?
PERSPECTIVA EMPRESARIAL Respuesta a problemas al interior de la
organización:>Capacitación frente a resultados en productividad:
Lenguaje común de cómo entender el desarrollo del personal, cómo ocurre
y cómo se vincula con los objetivos del negocio.
COMPETENCIA LABORAL EN GB, 1995
Éstas y muchas más preguntas y dudas tiene generalmente la gerencia; al
no encontrarles una propuesta clara y operativa, que puede convertirse
en un instrumento de gestión para los supervisores y gerentes del área
de operación, el deseo y la visión se quedan en un «veremos». La
competencia laboral tiene como atractivo para la gerencia ese vínculo
entre aprendizaje y desempeño individual, por un lado, y su articulación
con los objetivos del negocio, por el otro. El problema que se enfrenta
es que el proceso de implementación no es rápido y requiere de un
convencimiento decidido no sólo de la gerencia de recursos humanos, sino
sobre todo de los gerentes de operación, quienes son los que ponen en
práctica la gestión del personal. En Gran Bretaña el tiempo que el
establecimiento de una gestión por competencia laboral demanda es en la
mayoría de los casos de 12 meses o más. (Competency, 1995.) En las
experiencias piloto en México, los tiempos están extendiéndose hasta dos
años o más. Esto se debe a que la implementación representa un cambio en
la cultura de organización de la empresa, que, por definición, debe de
llegar a cada uno de sus miembros, lo que representa un proceso largo
que no se puede efectuar de un momento a otro, al menos si se pretende
hacerlo bien. Esto significa que desde la perspectiva de la formación
técnica no se puede pensar en «establecer un sistema de competencia
laboral» como si fuese un mecanismo de «llave en mano», ni tampoco que
se puede llegar a ofrecer paquetes o módulos cerrados.
Hay otras perspectivas empresariales, que tienen que ver con las
contradicciones sistémicas propias a una economía de mercado, y que no
tan fácilmente la empresa individual reconocerá, pero que más bien
tendrá que ser manejado desde las organizaciones empresariales y con
aquellos empresarios que tienen una visión más alejada de las
necesidades e intereses inmediatos de su empresa.
El problema de fondo es la racionalidad con que las empresas toman las
decisiones sobre cuánto invertir en capacitación. Para una empresa que
tiene una estrategia de calidad y flexibilidad es muy difícil calcular
con exactitud cuánta capacitación es suficiente. Lo que sí saben es que
las empresas que capacitan justo lo que piensan que es necesario, con el
tiempo llegarán a la conclusión que no capacitaron lo suficiente. En un
contexto de exigencias de calidad, servicio al cliente y adaptabilidad,
«la conciencia acerca del costo y beneficio del esfuerzo en capacitación
forma más parte del problema que de la solución». (Streeck, 1992.) Para
la empresa la racionalidad individual puede resultar ser un resultado
sub-óptimo si no hay instituciones que potencien motivos en favor de un
comportamiento de cooperación ínter empresarial.
Algunos analistas han identificado por lo menos dos tipos de fallos de
mercado y de jerarquía con respecto a un modelo de producción basada en
una combinación de calidad con variedad, fallas que tienen relación
directa con el sistema de competencia laboral. (Ibídem.)
La primera falla se refiere a que la fuerza instintiva y salvaje del
mercado es la eliminación del competidor. El interés mayor de la empresa
ya no puede ser la eliminación del competidor o la incorporación de
otras empresas en su estructura corporativa, sino formar parte de una
economía altamente diversificada y poli céntrica. Para esto se requiere
de instancias que protejan la confianza y permitan el mejoramiento de la
capacidad tecnológica, permitiendo que las empresas de manera flexible
puedan pasar de la competitividad a la cooperación. Instancias que
permitan alianzas estratégicas que son particularmente importantes para
las empresas pequeñas, que no tendrán la base tecnológica de las grandes
pero que son muy importantes para una producción flexible.
Algunos cometidos para los empresarios fueron identificados en Canadá:1.
Aportación de los empresarios para definir el currículo basado en
calificaciones básicas y necesidades de los lugares de trabajo. 2.
Términos de cooperación para estudiantes y jóvenes en general
financiados por las empresas. 3. Premios empresariales otorgados a
desempeño excepcional de escuelas en materia de formación y
capacitación. 4. Uso de las instalaciones de las empresas para prácticas
escolares. 5. Cursos ofrecidos por las empresas y reconocidos por las
escuelas. 6. Cooperación de las empresas con los consejeros
vocacionales. 7. Presentaciones de las empresas sobre la planificación
de la carrera profesional. 8. Explorar los beneficios de capacitación a
nivel sectorial. 9. Para empresas pequeñas, fomentar el desarrollo de
ofertantes locales. 10. Estimular a que las escuelas y centros de
formación adopten normas más elevadas. Fuente: CLFDB (1994)
Las competencias laborales son una de estas instancias de cooperación
entre empresas para ir definiendo los elementos en común que el mercado
requiere en materia de formación profesional. A la larga, las normas de
competencia y su certificación reducirán los costos de capacitación
porque serán enseñadas de manera amplia por el sistema de formación, así
reducirán los costos de selección de personal, porque se pueden comparar
fácilmente las competencias. (Levine, 1995.)
La segunda falla es que las fuerzas del mercado no permiten generar
capacidades abundantes en cuanto a una oferta suficiente de mano de obra
alta y ampliamente calificada. En un contexto de reestructuración,
cambios rápidos en la tecnología, en los mercados y altos grados de
incertidumbre, resultan críticas las calificaciones amplias del
personal.
Sin embargo, los costos y beneficios de la capacitación son muy
difíciles de calcular. Se requiere de una cultura de capacitación más
allá de valorar el beneficio inmediato, pero esto requiere a su vez
mínimas referencias sobre los objetivos de un determinado esfuerzo de
capacitación. Las normas de competencia pueden servir como punto de
referencia, ya que se refieren a resultados y constituirán una política
de afirmación institucional de oferta hacia la empresa individual para
que amplíe sus esfuerzos de capacitación más allá de sus intereses
inmediatos.
Considerando estas fallas del mercado, el problema se encuentra en el
arranque del sistema: las competencias ayudarán a sobreponerse a las
empresas a las fallas de mercado en materia de formación, pero, al mismo
tiempo, las competencias se construyen con la ayuda activa de las
empresas, lo que presupone que éstas miren más allá de la «trampa» de
estas fallas. Esto requiere que se elijan casos de líderes que pueden
servir como factor de demostración pero que exijan una afirmación
institucional de oferta en ayuda de su consolidación como sistema.
Respuesta a problemas en el mercado de trabajo externo:— Fallas del
mercado que impiden:· combinar competitividad con cooperación; · generar
una abundancia de personal con calificaciones amplias. — Crear
instancias de aprendizaje de cómo capacitar.
La norma de competencia, en teoría, es una respuesta sistémica a los
problemas tanto organizativos como de contenido que afrontan las
empresas en materia de formación de su personal. Sin embargo, también se
puede hacer otro tipo de interpretación: el sistema de competencia debe
contemplar los problemas señalados por los empresarios para que sea de
utilidad para ellos. Desde la perspectiva empresarial, el sistema de
competencia laboral debe cumplir con la mayoría de los temas que en la
actualidad son un problema para la gestión de la capacitación. Es decir,
tiene que incorporar las dimensiones de cambio técnico y de organización
en las empresas, tiene que ofrecer bases para un aprendizaje continuo,
tiene que dar parámetros para la capacitación de gerentes y mandos
medios, tiene que ser a bajo costo, debe ser un incentivo para que los
trabajadores se capaciten a través de los reconocimientos otorgados,
tiene que romper con prácticas productivas rígidas que no permiten que
los conocimientos aprendidos en capacitación se apliquen, deben
constituirse a partir de redes de intercambio entre empresas.
Indudablemente son muchas exigencias juntas y sobrepuestas, lo que hace
complejo al sistema de competencia laboral. La complejidad no se puede
reducir por medio de sistemas menos complejos, sino que requerirá de la
selección, por una parte, y, por otra, de la conexión de los subsistemas
seleccionados a un nivel superior de procesamiento. Su aplicación en las
organizaciones involucrará un proceso de aprendizaje donde los métodos y
sistemas tendrán que ser adaptados, para que esta complejidad se
reproduzca y se asiente en el sistema de la organización como autor
referencia. Esto ocurre también cuando la empresa quiere introducir un
sistema de aseguramiento de calidad ISO 9000 y/o sus variantes.
5.2. Perspectiva sindical
Desde la perspectiva sindical, las reestructuraciones en las empresas
han modificado la condición de ocupabilidad en el mercado de trabajo, es
decir, la capacidad de una persona de obtener un trabajo de calidad,
dada la interacción entre las características individuales y del mercado
de trabajo. Mejor dicho, la ocupación se encuentra en un proceso de
continuos cambios, que conlleva al riesgo de que ciertos segmentos de la
fuerza de trabajo queden rezagados o excluidos del proceso de cambio.
La capacitación es un instrumento clave para contrarrestar las
tendencias excluyentes y mejorar el empleo de la mano de obra
disponible, aunque no es el único factor que lo determina. La
capacitación no puede sustituir a otras políticas económicas que ayudan
al fomento del empleo, ni con la capacitación por competencia laboral se
puede dar respuesta al problema del empleo. Es una condición muy
importante para la generación de nuevos empleos, pero no suficiente.
Es en este último elemento donde se encuentra una disyuntiva importante
para la estrategia sindical: la contingencia de que el esfuerzo en
capacitación no se traduce necesariamente en más empleos. Esto demanda
una visión estratégica del movimiento sindical, con una claridad de las
posibilidades de éxito y al mismo tiempo la convicción de que los frutos
son a largo plazo, algo a lo que la mayoría de los sindicatos no están
acostumbrados en el seno de su organización.
Hacia el interior de la empresa, la respuesta de la parte sindical ante
los cambios en la organización del trabajo es variada y depende de la
dirección que los cambios están tomando. Sin embargo, en diferentes
estudios se observa que las percepciones e interpretaciones del
movimiento sindical ante los cambios en la organización del trabajo y,
por ende, ante la competencia requerida, no difieren mucho. Por ejemplo,
se plantea que el aumento de la autonomía se limita a lo interno del
puesto, abarcando las secuencias de las operaciones, pero pocas veces
rebasa el puesto, lo que la transforma en una autonomía controlada.
(Parker y Slaughter, 1994; Garcia, et. al, 1995.) La complejidad no
suele ir más allá de resolver problemas rutinarios y los ciclos de
trabajo en la tarea principal son cortos, con ritmos de trabajo
tendentes a aumentar. (Ibídem.) Es decir, los sindicalistas cuestionan
el poco avance de la apertura y complejidad de las funciones y tareas.
Argumentan también que la multihabilidad en planta no necesariamente
conduce a una formación polivalente que se puede llevar a otras empresas
5. (Parker y Slaughter, 1994.)
PERSPECTIVA SINDICAL Competencia laboral como respuesta integral ante
efectos y obstáculos de la trayectoria de innovación:-> Poca
autonomía.-> Limitada apertura y complejidad de funciones y tareas.->
Aumentos en cargas físicas y mentales de trabajo.
Desde la perspectiva sindical, la identificación y definición de
competencias laborales abre la posibilidad de replantear las funciones
de los trabajadores en planta, teniendo en cuenta el conjunto de
factores técnicos y organizativos del caso. De esta manera puede
plantear mayor autonomía externa y contenidos relacionados con resolver
problemas no rutinarios que demandan conocimientos y habilidades más
allá de operaciones simples. También puede plantear alternativas
integrales ante la elevación de los ritmos de trabajo que es una
constante en la mayoría de las empresas. (Ibídem.)
En un estudio comparativo entre seis países europeos sobre cómo ha
evolucionado la política sindical de formación para abordar los
problemas a que se enfrentan los trabajadores con un bajo nivel de
calificación, se concluyó que:a) En muchos casos los sindicatos
representan de forma muy eficiente los intereses relativos a la
formación profesional y a la política de mercado de trabajo a nivel
sectorial e intersectorial. La mayor dificultad radica en el modo de
llevar a la práctica a nivel de empresa los acuerdos a niveles más
altos.b) Pese a que los sindicatos se encargan hasta cierto punto de la
mejora del acceso a la formación profesional de los trabajadores
empleados, esta actividad se reduce severamente cuando se trata de
personal sobrante. Fuente: Rainbird (1994)
Desde la perspectiva sindical, la definición de la competencia laboral
requerirá que se revisen no sólo las funciones sino también el contexto
tecnológico y organizativo en que éstas se dan, con el propósito de que
se generen contenidos técnicos de mayor profundidad en las tareas,
evitando los impactos negativos sobre las condiciones de trabajo en las
variables aquí señaladas. (Parker, Slaughter, 1994.) En este sentido, la
definición de la competencia laboral se convierte en un espacio de
negociación y también en un potencial de conflicto. El clima laboral en
las empresas determinará la capacidad de la organización de dar salida a
este conflicto latente, convirtiéndose esa variable en un factor
estratégico en el momento de introducir las competencias laborales en la
organización.
Hacia el exterior de la empresa, en cuanto al mercado de trabajo local,
regional o sectorial, teóricamente es el sindicato el primer interesado
para atender las necesidades de formación de los trabajadores
desplazados o nunca incorporados al mercado de trabajo formal. A
diferencia de los empresarios, los sindicatos no tienen el problema de
la falla del mercado y pueden jugar un papel afirmativo en la creación y
desarrollo de las instituciones tripartitas que deben garantizar un bien
público en materia de competencias laborales en favor del mejor
funcionamiento del mercado de trabajo.
Desde el punto de vista del mercado de trabajo externo de la empresa,
hay por lo menos cuatro temas de preocupación del movimiento sindical,
que tiene por objetivo final empleos de calidad.
El primero es la capacitación-calificación amplia de los trabajadores
para garantizar la suficiente tranferibilidad en aras de aumentar las
posibilidades de ocupación en el mercado de trabajo. El segundo es el
desarrollo de una propuesta para los trabajadores no calificados en
general y en particular los desplazados de los centros de trabajo, así
como para otros grupos vulnerables en el mercado de trabajo como son los
de mayor edad y ciertos segmentos de jóvenes. El tercero es una
propuesta para los trabajadores que tendrán que ser recalificados. El
cuarto es la igualdad de acceso de los afiliados a la formación.
En la práctica de la estrategia sindical, estas cuatro preocupaciones
son difícilmente separables una de las otras, ya que reciben presiones
de sus bases, que van simultáneamente sobre estas tres dimensiones. La
definición de normas de competencia podría ser una herramienta útil en
las actividades correspondientes a estas tres dimensiones de
preocupación sindical. Visto desde este enfoque, las competencias son un
medio para alcanzar objetivos de empleabilidad. Esto requiere que los
sindicatos participen activamente en la definición y actualización de
las competencias, para que puedan servir como un instrumento activo en
las políticas de empleo en el mercado de trabajo. Una presencia activa
del sindicato en las políticas de capacitación por competencia significa
mucho trabajo y la voluntad de experimentar y aprovechar la experiencia
de las bases del sindicato. (Parker, Jackson, 1994.)
Respuesta de formación para el mercado de trabajo:-> Reconocimiento del
saber-hacer.-> Capacitación amplia.-> Desplazados o nunca
incorporados.-> Recalificación.-> Acceso igualitario a la formación.
Existe también un riesgo implícito de que una norma de competencia de
alcance nacional se convierte en un objeto de negociación en cuanto al
grado de empleo que encierre, cuando lo fundamental es la aceptación por
parte de los agentes sociales del análisis que está detrás de la
construcción de la misma. Es decir, la construcción, adaptación e
implementación de la norma de competencia es sobre todo un proceso en la
empresa, lo que plantea la negociación social a este nivel, y esto
requiere, entre otras, una descentralización de la negociación entre los
actores. Tema éste que en algunos países, donde prevalece la negociación
por rama o nacional, puede resultar en la necesidad de un cambio en la
visión sindical acerca de su práctica de negociación.
Esto demanda una nueva cultura sindical que no sólo incorpora la
importancia de la formación y capacitación en las prácticas cotidianas
de los sindicatos, sino que también establece los principios bajo los
que se plantean las propuestas para los distintos grupos en el mercado
de trabajo: trabajadores calificados, trabajadores no calificados,
trabajadores con una calificación «obsoleta». Esto es una necesidad en
América Latina, donde la participación sindical en materia de gestión de
la capacitación es todavía muy limitada, y mucho más aún en cuanto a la
definición y participación en políticas de formación para trabajadores
con baja calificación y/o los desplazados.
No obstante la afirmación genérica anterior, también es necesario
considerar que entre los países hay distintos marcos legales e
institucionales que dan lugar a variaciones considerables en cuanto al
margen de maniobra del que disponen los sindicatos para representar
oficialmente los intereses de sus afiliados en las áreas de la formación
profesional y las políticas de mercado de trabajo. Además, los
movimientos sindicales no tienen la misma capacidad para representar los
intereses de los trabajadores empleados y de los que se encuentran al
margen del mercado de trabajo a causa del desempleo. (Rainbird, 1994.)
5Estos autores plantean que la tradicional calificación basada en
oficios eran transferibles en su momento y que no automáticamente la
multihabilidad tendrá esta característica.
Conclusiones
En este trabajo se han presentado propuestas de distintos niveles de
generalidad y de abstracción para una formación profesional basada en
competencia laboral, sin haber pretendido abarcar todos los aspectos
relevantes. El planteamiento se hace a partir de la dinámica de cambio
en la empresa, punto de referencia obligatorio de un concepto como la
competencia laboral que nace y se recrea a partir de la práctica
productiva.
Se trata de explicar que el cambio del currículo tradicional hacia el
basado en desempeños demostrables, si bien es un primer paso, no cubre
las expectativas de lo que se debe entender por una formación asentada
en la competencia laboral. Ésta tendrá que tomar en cuanta varios otros
elementos de importancia para poder adjudicarse el término «formación
basada en competencia laboral».
En primer lugar, la formación por competencia laboral significa
incorporar en el diseño del currículo no sólo una dimensión de
aplicación en la práctica de conocimientos y habilidades, sino que dicha
práctica corresponda con las necesidades «estratégicas» de las empresas
de la localidad, desde su ámbito de mercado y pasando por su base
tecnológica, organizativa y cultural de las organizaciones.
Para esto, los planteles de formación profesional deben partir de un
diagnóstico actualizado del perfil competitivo y de productividad de las
empresas de la región que atiende, e incorporar los resultados de dicho
diagnóstico como competencia genérica en el currículo: que el alumno sea
capaz de identificar e interpretar la estrategia de competitividad y
productividad de la empresa en que va trabajar. Esto le posibilita
orientar el desarrollo de su competencia en función de los objetivos
globales de la organización, teniendo en cuenta su entorno tecnológico,
organizativo y cultural.
En segundo lugar, se requiere una estructura de decisión descentralizada
sobre aspectos de diseño del currículo y equipamiento. El problema
detrás de la descentralización es la formación de los cuadros del
sistema de formación profesional a nivel local, proceso que lleva su
tiempo y que no siempre es entendido como importante dentro de los
procesos de reestructuración del sistema educativo. Además, se tropieza
con frecuencia con las rigideces de una estructura de administración
pública del Estado, que no ha sabido adecuarse a las necesidades que
plantea una estructura descentralizada de la formación profesional,
provocando el consumo excesivo de tiempo en trámites y documentos
internos por parte del personal de las instituciones, en vez de
centrarse en administrar un proceso interactivo, orientado a resultados,
pero que sea capaz de ajustarse y adecuarse en el tiempo.
En tercer lugar, la identificación de las normas de competencia se
incorpora como tarea en las actividades de la formación profesional.
Esto requiere previamente que se ayude a la empresa a crear un ambiente
de aprendizaje, tomando conciencia de los diferentes momentos que
inciden en el aprendizaje y la articulación que éste debe guardar con la
trayectoria de innovación, así como con otros elementos de la gestión de
recursos humanos, especialmente la autonomía en el trabajo, la
participación y la remuneración.
En cuarto lugar, la formación profesional debe anclarse en los
instructores internos, preferentemente los supervisores, a los cuales
corresponde formarlos para que se conviertan en formadores que instruyan
basándose en los principios de las competencias.
En quinto lugar, debe tener como referencia a las competencias de empleo
que son necesarias para conseguir un empleo en un mercado moderno y para
poder capacitarse posteriormente. Por otro lado, la práctica concreta en
un puesto laboral resulta indispensable para acceder a ciertos
aprendizajes: relaciones y normas en el interior de la organización
productiva, tecnologías usuales, desempeño de tareas específicas. La
noción sobre aspectos o elementos específicos no debe abordarse de
manera aislada, sino que tendrá que ubicarse en un marco de aprender
cómo aprender.
En sexto lugar, se tendrá que buscar cómo evolucionar hacia una
aproximación menos academista y orientada más al análisis de las
necesidades individuales y colectivas de los trabajadores. En este
cambio está inscrita la modificación de los estilos pedagógicos, que
deben de pasar de una lógica de que «para educar hay que enseñar» a una
aproximación «para formar se deben desarrollar las capacidades de cómo
aprender». La propuesta de una enseñanza por problemas se deja combinar
muy bien con la formación por alternancia, que propone el ir y venir
entre aula y práctica, así como con la posibilidad de una enseñanza
individualizada con avances modulares, lo que permite al individuo
acoplar mejor sus atributos y capacidades personales con las necesidades
de formación.
En séptimo lugar, se requiere de una administración del saber aprender
que provea de evidencias en cuanto a cuál ha sido su aportación de la
formación a los objetivos perseguidos por la organización.
En octavo lugar, incorporar activamente a las organizaciones
empresariales y los sindicatos en la definición y actualización de las
competencias, para que éstas puedan servir como un instrumento activo en
las políticas de empleo en el mercado de trabajo.
Nota: Es probable que en esta página web no aparezcan todos los elementos del presente documento. Para tenerlo completo y en su formato original recomendamos descargarlo desde el menú en la parte superior
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |