ernando Flores: Presidente y CEO Business Design Associates, Inc.
1420 Harbor Bay Parkway, Suite 280 Alameda, CA 94502 EE.UU. -- John Gray:
Profesor de Pensamiento Europeo The European Institute The London School
of Economics and Political Science Houghton Street Londres WC2A 2AE
¿Los Últimos Días de la Carrera Profesional?
El deterioro de la carrera profesional como institución es una
consecuencia inevitable del surgimiento de las economías basadas en el
conocimiento. La innovación continua en la tecnología y en las
organizaciones de negocios conduce inevitablemente a la progresiva
destrucción creativa de muchas prácticas que antes se honraban,
incluyendo aquellas que eran el centro de muchas carreras. Se entiende
poco de esta transformación fundamental en las aspiraciones asequibles
para la mayoría de los trabajadores. La política sigue moldeándose en
las promesas anacrónicas tradicionales de centro-derecha que se basan en
la institución de la carrera como modelo del empleo deseable.
Es un hecho sabido que el cambio hacia las nuevas economías requiere
mayores niveles de educación en la fuerza laboral. Con menos frecuencia
se comprende el hecho de que estas nuevas economías hacen que la
adquisición, la aplicación y el período de vida de los conocimientos
profesionales tradicionales sean cada vez menos útiles para la mayoría
trabajadora. Una educación técnica única, como se la entiende por lo
general, ya no basta para tener éxito en economías que permanentemente
sufren revoluciones de las nuevas tecnologías de la información. Sin
embargo, otorgar entrenamientos para cambiar a nuevas carreras es una
respuesta vacua al ritmo, la escala y la profundidad del cambio al que
nos enfrentamos. No es que la mayoría de la gente deba esperar tener más
trabajos durante una vida laboral, ni tener que hacer uno o más cambios
de vocación. Más bien, la idea misma de hacer carrera tiene cada vez
menos sentido en las vidas laborales de la gente.
Muchas de las prácticas y de las instituciones que heredamos de fases
anteriores de la Revolución Industrial son inadecuadas para el mundo de
trabajo que las nuevas tecnologías han traído consigo. Lo que se
necesita es un nuevo enfoque emprendedor para prepararse para la vida
laboral, junto a reformas de su infraestructura—pensiones, recaudación
fiscal, créditos y similares—y una alteración básica de la educación.
Este artículo pretende establecer un fundamento para dichas reformas en
las políticas públicas examinando, primero, la disolución actual de la
carrera como el modelo principal de vida laboral que muchos han tenido y
al que la mayoría han aspirado. A continuación examinamos las nuevas
formas de vida laboral que están surgiendo y cuál es la mejor forma en
que las políticas públicas pueden responder a ellas para tomar ventaja
de sus efectos.
Para poner en perspectiva la creciente obsolescencia de la carrera,
hacemos bien en recordar que, en su acepción original en el idioma
inglés, "career" significaba senda o camino y su significado más tardío
es una extensión de ese uso. Una carrera era una senda que duraba toda
la vida, a través del mundo laboral. Una carrera era una vocación o
disposición únicas, que los individuos adoptaban al iniciar su madurez
pero para el que frecuentemente se preparaban desde la niñez. Las
carreras se perseguían durante toda la vida laboral de los individuos.
En la segunda mitad del siglo veinte, las carreras han proporcionado una
posición de empleo formal en una cultura profesional establecida y, para
mucho, progreso dentro de la jerarquía de una organización.
La corrosión de esta institución es el reto económico principal al que
se enfrenta la mayoría trabajadora en las sociedades modernas tardías.
Los partidos de centro-izquierda y los gobiernos, que consideran que es
su papel extender las ventajas y las oportunidades de la clase media a
toda la población, tienen un precario entendimiento de las causas y las
consecuencias de este declive. Con la obsolescencia de la carrera, se
eliminó uno de los puntales centrales de la vida de clase media.
La carrera ha sido una institución social central en la civilización
industrial del siglo veinte. Aunque la mayoría nunca tuvo total acceso a
ella, una carrera ha sido una de las pocas formas de hacer realidad el
valor de la autonomía personal que aún es una aspiración para la
mayoría. La carrera ha sido la vía principal por la que la mayoría de la
gente podía esperar establecer continuidad y significado siendo autores
de sus vidas económicas. Ya sea en leyes, medicina, industria, gobierno
o cualquier otro dominio en los que las carreras han florecido, la
carrera de cada cual avanzaba al incrementarse el conocimiento y las
aptitudes especializados. La carrera, como institución, también ha
desempeñado un papel crucial en el fortalecimiento de las comunidades
otorgando un alto valor al conocimiento y las relaciones locales. Como
una de las instituciones centrales para legitimar los beneficios de una
economia capitalista y dynamica, su declive amenaza con devastar esa
legitimidad a lo largo y ancho de la sociedad, particularmente en las
clases medias en las que la preocupación por la carrera ha sido más
fuerte.
Hay dos riesgos morales relacionados con el declive de la carrera. En
primer lugar, al menguar la capacidad de la gente para elegir el empleo
estable y significativo que las carreras proporcionaban, amenaza los
valores individualistas encarnados en las economías modernas de mercado.
Simultáneamente, junto a los incrementos en la movilidad de la mano de
obra y a la corrosión de muchos valores tradicionales, el declive
debilita los vínculos de cohesión social de los que dependen las
economías de este tipo. Con el paso del tiempo, estos riesgos morales
podrían representar riesgos políticos para los partidos de
centro-izquierda que, recientemente, han atraído más apoyo de las clases
medias. Aún en la ausencia de una crisis económica de grandes
proporciones, las clases medias desilusionadas son un campo fértil para
el regreso de la derecha.
El hecho de que una carrera tradicional ya no sea una aspiración
razonable para la mayoría trabajadora crea tanto peligros como
oportunidades de los que ninguna sociedad capitalista avanzada se ha
dado cuenta. Ha habido señales de que muchos países están empezando a
apreciar la importancia de estos cambios, como lo muestran los estudios
de la fuerza laboral contingente patrocinados por el gobierno de Clinton
y, en Gran Bretaña, por los programas continuos de aprendizaje
promovidos por el gobierno de Blair. Estos programas, sin embargo,
generalmente intentan ayudar a los ciudadanos a realizar cambios de
carrera, en lugar de ser respuestas adecuadas a un mundo en el que el
cambio se está acelerando permanentemente y en el que los individuos se
enfrentan perpetuamente a la incertidumbre de tener que definir una y
otra vez su papel en la sociedad.
Para la mayoría de la gente, la corrosión de las carreras se ha
experimentado como una disminución del control que tienen sobre sus
vidas. Quienes de forma más palpable padecen esta pérdida de autonomía
son las personas cuyas sendas profesionales han terminado abruptamente
debido a recortes de personal; pero sigue siendo un temor potencial para
aquellos cuyas carreras actuales o cuyas esperanzas de tener una han
sido puestas progresivamente en tela de juicio. Careciendo de la
expectativa de una carrera estable, la cohesión misma de sus vidas está
en juego. El problema al que hoy en día se enfrenta la gente no es sólo
la inseguridad de sus empleos, sino más bien la pérdida de significado
que ocurre cuando la vida laboral ya no tiene una forma discernible. El
imperativo que se le plantea a mucha gente en la actualidad no es
simplemente prepararse para seis o siete empleos dentro de la misma
ocupación o profesión, en lugar de que sean con cuatro o cinco. Este
imperativo tampoco se refiere a cambiar de carrera de una vez por todas
a la mitad de su vida. De lo que se trata es de adaptarse a un nuevo
mundo laboral en el que ya no se dispone de la continuidad de
conocimiento de sí mismo que otorgaba una carrera.
Richard Sennet ha documentado esta inestabilidad en su reciente libro
sobre la Corrosión del Carácter. Tal como lo demostró Sennet, incluso
quienes se mudan como nómadas de un proyecto a otro navegando
talentosamente a través de vidas laborales llenas de contingencias como
los brutales recortes en empresas que buscan aumentar la competividad,
se encuentran incómodos para mantener a sus familias. No pueden
encontrar en sus vidas laborales valor alguno que de cimiento a las
formas de continuidad que son importantes para educar a los niños,
generar calidez familiar y confianza entre vecinos. Se ven a si mismos
contradictoriamente como gente que aspira a valores "tradicionales"
mientras que adoptan vidas de inconexión y cortes radicales en
productividad, comunidad e intimidad.
Sennet espera que algunas políticas social democráticas puedan revivir
las formas de continuidad que regían la vida laboral y comunitaria del
pasado. Pero las políticas sociales democráticas del pasado no pueden
detener las fuerzas que están generando el declive de la carrera.
Además, las panaceas estériles de la flexibilidad laboral, la eficiencia
del mercado y similares del período neoliberal tampoco responden
adecuadamente a los extensos efectos de un nuevo mundo laboral
incipiente. Se necesita una nueva forma de pensar respecto a las vidas
económicas de los individuos; esta forma de pensar debe estar dispuesta
a aceptar la decadencia de la carrera y a adoptarla como oportunidad
para fomentar prácticas laborales más adecuadas a las realidades
actuales. Es imposible recuperar el entorno económico que dio sustento a
la institución de la carrera. Es más sensato considerar, examinando las
fuerzas que están cambiando la naturaleza del trabajo, cómo hacer que,
tras el fin de la carrera, la vida laboral vuelva a estar al servicio de
la autonomía personal y de la cohesión social.
Entre las muchas causas del declive de la carrera, tres resultan
particularmente significativas. En primer lugar, hay nuevas tecnologías
que han dirigido un cambio enorme. En segundo lugar, nos encontramos con
una progresiva adaptación de productos y servicios a necesidades
particulares. En tercer lugar, tenemos el impacto de la globalización.
Permítanos comenzar con los efectos de las nuevas tecnologías. Para
empezar, están iniciando la disolución continua de las industrias y de
las ocupaciones. Las industrias de servicios que median entre
compradores y vendedores son particularmente vulnerables al
desplazamiento tecnológico. Los agentes de viaje, los vendedores y
vendedoras en las tiendas al por menor y mucho de lo que cae dentro del
ámbito bancario sobrevivirá sólo en formas más magras y especializadas.
Desde 1993, el Bank of America circuló un memo interno que estimaba que
"pronto, sólo 19% de sus empleados trabajarán a tiempo completo." Los
bancos "no-bancos" (empresas ofreciendo servicios bancarios sin oficinas
de atencion al publico), como Charles Schwab en EE.UU., están ofreciendo
posibilidades de inversión y ahorro, junto a sus servicios de cuentas
corrientes y préstamos. Otros se están adelantando a Schwab al ofrecer
estos servicios por teléfono o en línea sin estructuras de "brick and
mortar" (cemento y ladrillo) para los clientes. A medida que surgen
otros especialistas en hipotecas y otros tipos de productos, cada vez
más, lo único que les queda a los bancos es su preeminencia en cajeros
automáticos.
La banca de consumo no está sola. Muchas careras ya no serán viables
porque las industrias en las que estaban inmersas habrán desaparecido o
habrán sufrido alteraciones radicales. El efecto de la World Wide Web en
la industria editorial, por ejemplo, probablemente será enorme. Con
tecnologías para producir y distribuir libros a disposición de todo
mundo en la red, la única función de valor agregado que sobrevivirá de
la industria editorial actual será determinar qué vale la pena leer y
por quién. Hasta esta proyección asume que la nueva tecnología no
desplazará al libro impreso. Con la tecnología actual, fácilmente
podríamos tener un renacimiento de la práctica de principios de la era
moderna, en la que circulaban los manuscritos, recibían adiciones de sus
lectores, y todo sin tener ni siquiera una revisión editorial previa a
su publicación.
El otro efecto de la nueva tecnología fue acelerar la reestructuración
de las empresas. La reingeniería de las corporaciones de negocios ha
eliminado niveles enteros de empleados. Mucha de esta reingeniería ha
tenido resultados mixtos porque la nueva tecnología alrededor de la cual
se enfocó la reestructuración se entiende erróneamente como equipo de
procesamiento de información. De hecho, las nuevas tecnologías no sólo
procesan información, ni simplemente aceleran los cálculos. Hacen algo
mucho más radical: hacen posible una coordinación más eficaz y sensible
de la vida económica, a un costo mucho menor. Una vez que las nuevas
tecnologías se entiendan como herramientas de coordinación, ocurrirán
avances adicionales con mejores resultados para clientes y accionistas.
Para los empleados, los usos más eficaces de la nueva tecnología
significarán la desaparición de muchas más capas de actividad.
Como resultado de la reestructuración actual, muchas expectativas de
ascenso ya dejaron de ser realistas. A medida que esto sucede, se hace
más difícil reclutar y retener gente dentro de grandes organizaciones
jerárquicas. La gente brillante prefiere ir a compañías nacientes de
menor tamaño donde pueden establecer tanto sus ideas propias como sus
fortunas. A lo largo de los años noventa, las nuevas incorporaciones,
que ya son las más altas del mundo industrializado, se han incrementado
continuamente en los Estados Unidos. Éstas han crecido más de 20% en
sólo cinco años. De 1980 a 1996, el número de empresas creció en un 50%.
La brisa de destrucción creativa de Schumpeter ha soplado a través de
las organizaciones, lo que ha resultado en fusiones, reestructuraciones,
nacimientos y decesos de empresas a gran escala. A medida que las
compañías se han vuelto más fungibles, han dado al traste con muchas
formas de empleo tradicional y estable en su interior.
Muchas estadísticas de crecimiento del nivel de empleo son evidencia de
esta tendencia. Por ejemplo, en Estados Unidos, entre 1992 y 1996, el
número de compañías con menos de 20 empleados creció un promedio del 13%
y el de las que tienen entre 20 y 100 empleados creció un 4.5%, mientras
que el de aquellas entre 100 y 5000 empleados sólo creció un 1.8%. Las
compañías más grandes se redujeron en 1.7%. Estas cifras no incluyen
contratistas independientes cuya cantidad ha crecido un 70% en el mismo
período. Estos cambios tampoco han estado restringidos a los EE.UU.: el
autoempleo ha creado tres de cada cuatro empleos nuevos en Canadá de
1991 a 1995, y en Gran Bretaña hoy asciende a más del 15% de la fuerza
laboral, comparado con menos del 8% hace menos de veinte años.
Adicionalmente, más de dos tercios de las empresas de Gran Bretaña no
tienen empleados y en 1994, sólo 11% tenían más de cinco. Aunque resulta
tentador descartar estas tendencias como ajustes cíclicos, muchas de
estas cifras no comprenden la reciente recesión ni reflejan los recortes
de gran escala y las reestructuraciones de los años ochenta.
Los empleos perdidos en la última recesión o en las reestructuraciones
recientes, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, simplemente no
volverán. Las compañías hoy en día están reemplazando a estos empleados
tradicionales por contratistas eficientes en costo y flexibles que
representan "servicios empresariales", la industria de mayor crecimiento
tanto en los EE.UU. como en el Reino Unido. En Gran Bretaña, las grandes
empresas de servicios empresariales, como los consultores de negocios
tuvieron tasas de crecimiento anual de entre 20% y 30%, tanto en empleo
como en rotación de empleados a lo largo de los años ochenta. En los
EE.UU., de 1982 a 1992, el empleo en general creció en un 22.7%
comparado con 60.5 % en la industria de servicios empresariales. De modo
que no debería resultar sorprendente que el empleador de mayor tamaño en
los Estados Unidos, con una fuerza laboral de más del doble de General
Motors, hoy en día es Manpower que provee empleados eventuales a
organizaciones de todos tamaños. En EE.UU., las empresas de este tipo
que "rentan" empleados se incrementaron de 98 en 1984 a más de 1,300 en
1993, y hoy emplean más del triple de gente que a principios de los
ochenta.
Lo que podría ser sorprendente, sin embargo, es el alcance de esta
tendencia. Más de la mitad del 75% de las empresas estadounidenses que
contratan a estos ‘trabajadores contingentes’ los usan para adquirir
‘conocimientos expertos específicos’, contradiciendo la percepción de
que los "eventuales" se restringen a papeles no profesionales. De hecho,
las cifras de profesionales temporales en Estados Unidos están creciendo
al doble de velocidad que otros temporales y las agencias dedicadas a
proveerlos se han triplicado entre 1990 y 1994. A esto corresponde que
más de 55% de todos los contratistas independientes se encuentran en las
categorías de gerencia, especialidades profesionales o ventas, y esta
cifra se ha incrementado progresivamente desde los años ochenta. En Gran
Bretaña, las cifras de gente de negocios de empleo propio se elevó más
que un 50% durante los ochenta y principios de los noventa. En general,
las cifras son impresionantes. Según muchs estimaciones, 30% de la
fuerza laboral de Estados Unidos es ‘contingente’. La Oxford Review of
Economic Policy estima que el número de trabajadores a tiempo completo
con contrato indefinido (es decir, trabajadores con carrera o trabajos
que responden al modelo tradicional de una carrera) en Gran Bretaña
comprendían únicamente el 50% de la fuerza laboral en 1995 y
probablemente bajen a menos de 40% antes de fin de siglo. Desde ahora,
casi una cuarta parte de la fuerza laboral de Gran Bretaña es a tiempo
parcial, más que en los EE.UU. o que en cualquier otra nación de Europa
occidental.
Una segunda fuerza que acaba con las condiciones que sustentan carreras
y que ha traído consigo estas transformaciones es el creciente énfasis
en la adaptación de productos y servicios a necesidades particulares. Se
ha producido un tránsito de la producción y distribución de bienes que
satisfacen necesidades estandarizadas hacia una nueva preocupación por
la conveniencia y el estilo de vida del cliente. Este tránsito expone a
las empresas a un flujo constante al tiempo que compiten en este campo
que les es poco familiar. Con este nuevo enfoque hacia los clientes, los
estrategas analizan cuidadosamente qué competencias corporativas
producen el máximo valor para los clientes. Una vez que éstas han sido
identificadas, se reorganizan muchas áreas de las compañías y otras se
subcontratan en su totalidad. La subcontratación ha convertido a una
proporción mayor de la fuerza laboral en jornaleros y jornaleras que
comercializan y venden sus conocimientos a muchos compradores. El
movimiento hacia la calidad, la entrega justo a tiempo y la nueva
orientación hacia el cliente que han elevado la sensibilidad hacia
clientes externos, también han causado que muchos gerentes reinterpreten
sus posiciones como clientes internos. Esta tendencia ha transformado
las estructuras salariales de carrera en programas más para el tipo
emprendedor de pago por desempeño. A medida que cada segmento de una
organización se reinterpreta como un negocio en sí mismo, la
compensación se hace más variable. El típico pago por desempeño en Wall
Street, por ejemplo, varía entre 100% y 200% del sueldo nominal. En Gran
Bretaña, la oficina de recaudación estima que más del 20% de todas las
compensaciones están basadas en estructuras de pago al mérito.
Estas respuestas a la sensibilidad al cliente y a la innovación
tecnológica no están trayendo consigo un ajuste de una vez por todas,
después del cual el patrón de actividad económica retornará al
equilibrio. En tanto que la nueva economía, que ya está entre nosotros,
se define por el cambio perpetuo, las respuestas de los gobiernos y de
la gente, aún aquellas cuya intención es moderar la velocidad del cambio
en la nueva economía, conducirán a transformaciones aún más profundas en
la vida productiva. Hemos iniciado un proceso perdurable cuyos límites
no pueden especificarse por adelantado. Las ventajas que la sensibilidad
al cliente traen para la innovación en los productos y para la retención
de clientes, así como las ventajas en costos de la tecnología
informática obligarán a que la innovación llegue a áreas en las que el
poder profesional sigue fuertemente atrincherado. Ni siquiera las
carreras paradigmaticas tradicionales, como la medicina y las leyes, son
inmunes a las presiones de cambio de las nuevas tecnologías que producen
mayor competencia por conquistar clientes. Por ejemplo, en los Estados
Unidos, una mayor diversidad de técnicas de servicios de salud y la
creciente disposición de las compañías aseguradoras a pagar por éstas ya
está conduciendo a que los nuevos gestores de servicios de salud y otros
profesionales involucrados vendan una amplia gama de servicios de salud
acorde a la demanda.
Hoy en día, cuando nos preocupamos por nuestra salud no sólo vemos a
nuestro médico de cabecera, sino que buscamos fisioterapeutas,
entrenadores, quiroprácticos, sin mencionar a una enorme variedad de
curanderos alternativos: acupunturistas, hierberos y similares. El
énfasis en agregar valor para el paciente hará que las distinciones
tradicionales entre estas ocupaciones sean más fluidas y permeables. Con
nuevas formas de competencia sensible al cliente y con tecnologías de
información, es de esperar que pocas profesiones sobrevivan una vida
laboral completa sin cambios fundamentales. En el mundo laboral en el
que estamos ingresando, el período de vida de los conocimientos
profesionales valiosos y las categorías rígidas de las profesiones serán
breves. Sin embargo, existe un tercer cambio que tiene implicaciones de
aún mayor envergadura. Una nueva mezcla cultural originada por la
globalización de nuevas tecnologías está haciendo redundantes los tipos
de aptitudes locales y especializadas que daban forma a las carreras en
el pasado.
Con el término globalización no nos referimos al régimen de comercio
mundial y flujos de capitales que ha prevalecido durante la última
década. Ésta podria tener una vida breve. Nos referimos a la difusión
global de las nuevas tecnologías que continuará, sin importar si el
régimen actual continúa, es reformado sustancialmente o se colapsa.
Tampoco estamos sugiriendo que las nuevas tecnologías estén haciendo
redundante todo tipo de conocimientos. Hay muchas cosas que las nuevas
tecnologías, por sí mismas, no pueden hacer. No pueden suplantar las
virtudes de la amistad ni de la vida familiar, ni eliminar el grueso de
la política, ni dar al traste con las restricciones de tiempo y con la
mortalidad que corresponden a ser seres finitos. No somos los amos de
nuestras tecnologías, pero igualmente éstas tampoco pueden alterar las
circunstancias básicas de la vida humana. Una cultura empresarial del
tipo que se hace posible gracias a las nuevas tecnologías diferirá en
gran medida de las culturas burguesas del pasado. Pero es un error creer
que las nuevas tecnologías pueden hacer que muchas de las virtudes
tradicionales sean obsoletas, igual que resulta erróneo adoptar el
absurdo punto de vista de que preservar estas virtudes significa
oponerse al cambio tecnológico. Lo que las nuevas tecnologías sí están
haciendo, sin embargo, es transformar profundamente los contextos en los
que vivimos nuestras vidas laborales. Hacen esto, en parte, restando
utilidad a muchos de los tipos tradicionales de conocimiento local.
Muchas carreras se desarrollaban según un modelo de aprendices en el que
los conocimientos prácticos acumulados a lo largo de una vida de
esfuerzos se transmitían de generación en generación. Este tipo de
conocimiento se refería a redes, comunidades y prácticas locales. Pero
en muchos contextos, el efecto de las tecnologías informáticas es
separar comunidades laborales locales unas de otras. No obstante las
concentraciones de tipos de negocios como los fabricantes de ‘chips’ de
silicio en Silicon Valley, las redes en las que se confían los negocios
están cada vez más remotas; los distribuidores y proveedores no sólo se
encuentran a miles de kilómetros de distancia, sino que pueden
pertenecer a culturas empresariales distintas. Nuevas formas de
conocimiento local están emergiendo. Quienes aspiran a ser emprendedores
buscan el conocimiento local de los inversionistas en capital de riesgo
que trabajan en las oficinas ubicadas a lo largo de la famosa calle Sand
Hill Road de Palo Alto. Quieren saber cómo llegar a reunirse con ellos o
cuáles serán los más abiertos a tales o cuales proyectos. Pero los
inversionistas en capital de riesgo están extendiéndose y cambiando. Se
ha reducido el valor del conocimiento local de cualquier sector
industrial específico tanto en su base geográfica como en la
profesional.
En este nuevo entorno, las relaciones de confianza se construyen a
partir de mayor transparencia en los costos, franqueza sobre los
intereses que los motivan, evaluación del desempeño y reconocimiento y
respeto a identidades poco comunes. La familiaridad ya no sirve como
base de la confianza. El que las redes locales nos sean familiares nos
permite hacer el papel de informantes, pero esto cada vez menos puede
ser cimiento de una carrera. Los conocimientos locales, además, tienen
una vida de anaquel más corta. A medida que las industrias cambian
vertiginosamente, la capacidad de adaptarse a nuevos contextos sociales
muchas veces es más útil que la comprensión lograda lentamente de un
medio social establecido. Los trabajadores de edad mayor corren el
riesgo de convertirse en inútiles depositarios de conocimientos locales
obsoletos. Probablemente más que cualquier otro factor, la progresiva
obsolescencia del conocimiento local explica por qué es irreversible el
declive de la carrera. Resumiendo, cuando los negocios y las industrias
están en constante metamorfosis, este tipo de conocimientos pierde su
importancia y es imposible encontrar aquel mundo que los generó y les
dio valor.
Las tres fuerzas que están corroyendo a las carreras son parte integral
de la creatividad y de la productividad de las economías dinámicas de
mercado. Todos entendemos que el futuro pertenece a las economías del
conocimiento. Lo que no ha quedado tan claro, sin embargo, es el hecho
de que las formas de adquirir y utilizar el conocimiento encarnadas en
la carrera son cada vez menos útiles en economías regidas por la nueva
competencia por el cliente, nuevas tecnologías de información y nuevas
relaciones globales.
Seguramente, la carrera no lleva el mismo ritmo de decadencia en todas
las áreas de actividad y sus consecuencias tampoco son iguales en
diferentes culturas económicas. Algunos trabajadores—jornaleros no
calificados y algunas categorías de oficinistas, por ejemplo—nunca
tuvieron carreras. Parte de lo que solíamos llamar carreras—en deportes,
moda y partes de las industrias de artes y entretenimiento—siempre han
tendido a ser más cortas que la vida laboral normal. No obstante,
algunas profesiones se han mantenido relativamente aisladas de las
fuerzas que causan la obsolescencia de las carreras. Los jueces y
algunos académicos, por ejemplo, aún tienen carreras. Adicionalmente, la
actividad emprendedora empresarial siempre ha tenido un ritmo diferente
al de la carrera. Los emprendedores están más expuestos a
transformaciones en el mercado; su permanencia depende más de reinventar
continuamente sus productos y servicios; y su éxito depende menos de sus
conocimientos expertos profesionales que de otras aptitudes para
movilizar a otros para que se conviertan en misioneros de la causa del
emprendedor. Debido a que los emprendedores difieren en estas instancias
del patrón normal de la carrera, a continuación veremos cómo sus vidas
laborales tienen algo relevante que enseñarnos sobre el trabajo en la
nueva economía a través de sus diversas formas de desarrollo.
A estas alturas, vale la pena enfatizar cuán profundos son estos
cambios. No hemos visto más que la primera ola de la nueva economía. Por
ejemplo, hasta ahora sólo se han desarrollado mercados globales para
productos físicos como petróleo y madera, manufacturas como gasolina y
aluminio, negocios con rendimientos a escala como motores de aviones y
semiconductores y bienes de consumo que responden a cambios en
productividad como cámaras y automóviles. Otros bienes y servicios se
venden en mercados nacionales y locales. Aunque creemos que las
diferencias locales serán más importantes de lo que actualmente anticipa
la mayoría de nosotros, las fuerzas que hasta ahora han transformado a
la economía continuarán transformando incluso las regiones económicas
locales en sus muy particulares formas.
Aunque son más evidentes en las economías del tipo anglosajón de libre
mercado, estos cambios también pueden afectar a las economías sociales
de mercado de Europa continental, Asia y Latinoamerica. Al menos en
parte, las mayores tazas de desempleo de largo plazo en Europa
continental responden a estos cambios que, en los países anglosajones,
han producido la eventualidad de importantes sectores de la fuerza
laboral. Precisamente hasta qué grado el desempleo en Europa continental
responde a estas tendencias es punto de debate. Algunos analistas dan
mayor peso a la ausencia de reformas estructurales en el mercado laboral
como la que fue implementada en el Reino Unido. Otros apuntan hacia el
matiz deflacionario de la demanda macroeconómica durante la preparación
del lanzamiento del euro. Este debate está al margen de lo que nos ocupa
aquí. A nuestro juicio, las diferencias de políticas con las que se
asocia en gran medida pertenecen al pasado. Ni las reformas
estructurales del mercado laboral ni la reflación Keynesiana pueden ser
más que triviales medidas coyunturales para las circunstancias
económicas emergentes. Tampoco basta dar entrenamientos ulteriores en
‘nuevas carreras’ a ciertos sectores de la fuerza laboral para atacar
desajustes recurrentes de capacitación. Éstas son respuestas vacuas a la
dislocación más significativa de la vida laboral que está marcada por la
decadencia de la carrera.
Lo que la decadencia de la carrera significa para la mayoría trabajadora
Estamos en un período de transición. Hasta un grado considerable, la
división social del trabajo en profesiones y carreras discretas
pertenece a una fase de desarrollo tecnológico anterior. En un tiempo de
economías basadas en el conocimiento, es sumamente importante confiar
menos en ocupaciones estáticas, específicas para cada industria y más en
la reestructuración continua de la información y la tecnología para
atender con eficacia a la demanda.
Aunque esta reestructuración responde a nuestras preferencias como
consumidores y productores, las necesidades humanas satisfechas por
nuestras carreras no están desvaneciéndose. Éstas son tan urgentes como
siempre. Ningún patrón de vida laboral incapaz de satisfacerlas será
humanamente durable o políticamente legítimo.
Las carreras hacían mucho por quienes las tenían. Una carrera vinculaba
las fases de la vida laboral con puntos de paso en el ciclo de vida
normal. De este modo, permitía a la gente conformar una narrativa
coherente de sus vidas laborales. En retrospectiva, la gente podía
contemplar sus carreras como algo definido por la continuidad de la
actividad vigorosa de una vida, en lugar ser una secuencia de
experiencias inconexas y adiciones a un ‘portafolios’. Además, cuando la
carrera estaba vinculada a ideas de vocación o disposición, confería
significado a una vida humana en su conjunto, reforzando la sensación de
que cada individuo tenía una misión particular. De estas formas, las
carreras develaban un mundo de significados dentro del cual elecciones
sumamente individuales e incluso eventos fortuitos cobraban
inteligibilidad para el ser humano. Esto nos dice algo importante sobre
el trabajo, la identidad y la realización personal. Éstas son las
razones por las cuales las carreras eran el ideal de la vida laboral.
La mayoría de la gente nunca entendió sus vidas laborales en términos de
invención de sí mismos o elección existencial. Históricamente, se
operaba bajo el supuesto de que, al elegir formas de vida laboral, cada
uno de nosotros debe escuchar con atención, simplemente para hacer una
elección única en la vida al descubrir una vocación. En los tiempos
modernos, la institución de la carrera daba cauce a esta idea. Una
carrera daba forma a las aspiraciones personales promoviendo proyectos
de larga duración. Fomentaba el que la gente viviera sus vidas como
ejercicios en el compromiso productivo y no como una sucesión de
episodios destinados a satisfacer deseos. Las personas con carreras no
se advertían a sí mismas simplemente como recursos económicos; más bien,
encontraba una realización a través de una carrera como vehículo para su
quehacer productivo. La carrera abría un mundo en el que los ajustes
exigidos por las fuerzas del mercado se vivían como expresiones de un
quehacer autónomo y no como una adaptación pasiva o sumisión enajenada.
En estos respectos, el papel que las careras desempeñaban en la vida
laboral era similar al de la propiedad privada para conformar la
identidad personal, como se describe en los escritos de Kant y Hegel. Al
igual la propiedad privada, una carrera permitía a los sujetos humanos
inscribir firmas personales a sus vidas. Al ocuparse de sí misma para
obtener los conocimientos necesarios para ejercer una profesión o
carrera, la gente era capaz de reconocer su propia identidad y de lograr
que la comunidad reconociera esta identidad. La carrera ha desempeñado
un papel crucial, si no el principal, para otorgar a los individuos sus
identidades personales en las sociedades industrializadas modernas.
Todavía identificamos a las personas por sus carreras. Con la decadencia
de las carreras empezamos a perder el sentido de autonomía y conexión
con otros que éstas proporcionaban.
Los fundadores del pensamiento social europeo reconocían los beneficios
sociales y psicológicos de una división del trabajo en profesiones y
ocupaciones bien definidas. Emile Durkheim advirtió tal división del
trabajo como un remedio para la anomia — la enfermedad de la aspiración
infinita a la que, a su juicio, las culturas individualistas eran
especialmente vulnerables. Para Durkheim, la carrera era una institución
moderna valiosa, quizá incluso indispensable. Por el contrario, Marx
consideraba que la división del trabajo en profesiones y carreras
discretas amenazaba la autonomía personal y la solidaridad social. Él
temía que la creciente división del trabajo en la sociedad tendría el
efecto de incrementar la enajenación de los trabajadores de su trabajo y
de unos con otros.
Los temores de Marx no carecían de precedentes. Adam Smith los anticipó
en La Riqueza de las Naciones. Smith temía que el "trabajador
detallista" del período industrial temprano carecería de educación,
espíritu cívico y virtudes materiales. En su La Ideología Alemana, Marx
articuló una visión utópica donde la división social del trabajo se
había desvanecido en gran medida, en parte como respuesta a los temores
que compartía con Adam Smith. Con el fin de la carrera, podemos ver
cuánto más profética resultó ser la visión de Durkheim. Los temores que
invaden a la vida laboral hoy en día se concentran en la marginalidad
social a la que conduce la exclusión prolongada del empleo y, de forma
más profunda, la disipación del significado que llega cuando el trabajo
se ha hecho profundamente eventual. En consecuencia, los temores de Marx
de una sociedad que carece de cohesión por padecer de un sistema
económico cuyos miembros están aprisionados en un nicho diminuto dentro
de la división del trabajo, han demostrado que, en gran medida, carecen
de fundamento.
Cuando la vida laboral estaba organizada en carreras, el trabajo
develaba un mundo que llevaba una firma personal, escrita en un texto de
conocimientos profesionales expertos e intensificada por el conocimiento
tácito que anima cada vocación particular. En el pasado, los partidos de
centro izquierda podían prometer razonablemente que grupos cada vez
mayores de personas podrían disfrutar las ventajas económicas, sociales
y personales del trabajo organizado como carrera. Hoy en día, nuestras
firmas personales necesitan ser escritas en un texto diferente, uno
definido por un refinamiento continuo, intenso y dirigido de nuestras
aptitudes básicas como seres sociales. El mundo del trabajo con
significado que antes era develado por las carreras ha de reemplazarse
por los modelos de vida productiva que están siendo creados por una
nueva sensibilidad hacia los clientes, por la innovación tecnológica
crecientemente vertiginosa y por las culturas económicas progresivamente
globales que están desplazando a las formas tradicionales de
conocimiento profesional.
La pérdida de las carreras no simplemente disminuye la seguridad
económica. Es una pérdida de tres bienes éticos clave que eran centrales
para definir la vida en las sociedades industriales modernas. En primer
lugar, las carreras han sido instrumentos a través de los cuales la
mayoría de la gente que participaba directamente en la fuerza laboral
enfocaba sus identidades. Ellos hacían un compromiso vitalicio para
convertirse en administradores, ingenieros, abogados, médicos, etc. Este
tipo de compromiso les permitía hacer planes para el futuro en lo que
respecta a capacitación, fuentes de riqueza y estilo de vida. Además,
con una carrera, ese compromiso de por vida se hace público y puede ser
evaluado por quienes pertenecen a la misma comunidad vocacional. Una
carrera ha traído el reconocimiento de esa comunidad para quien la
ostenta.
En segundo lugar, además de darle a uno una identidad en una comunidad
vocacional, tal como una empresa manufacturera, un hospital o un
despacho de abogados, las carreras proveían un lugar en una comunidad
cívica más amplia. Un funcionario financiero en una compañía sería
considerado candidato a tesorero de la iglesia o el municipio. De igual
forma, un doctor o un ministro serían buscados como voluntarios para
muchas organizaciones públicas como departamentos de bomberos,
asociaciones deportivas, etc. Las carreras le permitían que la gente
hiciera papeles de ciudadanos responsables y, a cambio, desempeñar estos
papeles les permitió avanzar en sus carreras.
En tercer lugar, las carreras han dado a la gente un sentido de
autonomía, de que son autores de sus propias vidas. Las carreras logran
esto por ser escogidas o abrazadas como vocación propia de una persona y
por proporcionar a la gente los recursos, el tiempo y la autoestima
necesarios para emprender actividades que definen al tipo de gente que
ellos se consideran. De este modo, las carreras le permiten a la gente
embarcarse en vidas de experimentación que alteraban y enriquecían su
comprensión de sí mismos. Lo que es aún más importante es que alguien
con una carrera tiene la sensación de ser autor de su propia vida al
adquirir diariamente experiencia adicional en las habilidades requeridas
para esa carrera. ¿Cómo entiende la gente su vida laboral cuando una
carrera ya no está a su alcance?
Nuevas Formas de Vida Laboral: La Vida Wired* y la del Emprendedor
Con el deceso de las carreras, dos formas de vida laboral
significativamente diferentes están surgiendo en las sociedades
occidentales. Por un lado, está lo que llamaremos una forma wired de
productividad (rápida, con redes globales, centrada alrededor de
proyectos) que está surgiendo en Silicon Valley, pero que no se limita a
éste y otros polos de tecnología de punta y medios de comunicación. Esta
forma de productividad crea nuevos bienes sociales y valores éticos que
reemplazan y disminuyen nuestra estima por los valores tradicionales
comprendidos en una carrera. Por otro lado, está surgiendo otra forma de
vida laboral que acentúa otros nuevos valores, pero que también está
equipada para dar sustento en formas novedosas a los bienes sociales
tradicionales de la carrera. Llamaremos espíritu emprendedor a este
nuevo modo de productividad, teniendo en mente sus formas sociales,
políticas y económicas. Aunque, en la práctica, muchas vidas laborales
son tanto wired como emprendedoras, entender estos dos incipientes
ideales de vida laboral nos permitirá formular políticas sociales
sensatas que respondan exitosamente al deceso de la carrera.
Tanto las vidas wired como las emprendedoras tienen sus raíces en
conocidos ideales del pasado. En La Genealogía de la Moral y otros
escritos, la descripción e idealización que hiciera Nietzsche de los
proyectos de vida de los nobles en el mundo antiguo y en los albores del
moderno se aproxima mucho a nuestro recuento de la vida wired. Se trata
de una vida animada por las virtudes de la temeridad y la audacia a
través de las cuales uno recrea perpetuamente y perfecciona la propia
identidad. Ésta no está encarnado en una narrativa única de desarrollo
gradual, sino en cierto número de logros discretos, incluso discrepantes
que Nietzsche llama "vidas breves." En la era moderna tardía, se han
hecho más comunes varios modos de productividad neo-Nitzscheanos, a los
que, siguiendo la jerga californiana, les llamamos vida ‘wired’.
De forma muy similar al modo de vida wired, el del espíritu emprendedor
también puede hallar sus orígenes en la antigüedad. Sus raíces yacen en
las tradiciones cívicas humanistas de los griegos y los romanos en que
los individuos promovían cambios en sus comunidades involucrando
directamente a sus conciudadanos al iniciar y participar en diversas
organizaciones, tales como las asambleas de deliberación y asociaciones
productivas. Esta tradición fue continuada en el período moderno
temprano a través de las prácticas asociativas de los comerciantes.
Nuestra preocupación aquí no se centra tanto en las genealogías como en
las figuras contemporáneas de estas dos formas de vida y en lo que
implican para nuestra cultura y nuestras políticas públicas.
La forma de productividad wired rehuye a la noción de un compromiso
vitalicio. Este tipo de compromiso es considerado una forma de estar
varado en la vida, un impedimento para el crecimiento personal, la
emoción y la creatividad. En lugar de comprometerse de por vida con una
profesión, vocación o forma de trabajo, la gente wired simplemente se
deja llevar por cualquiera de sus varios talentos o inspiraciones.
Pueden hacerlo uno tras otro o todos simultáneamente como trabajadores
de portafolio. En el caso ideal, puede pasar siete años de su vida
adulta como ingeniero, después estudiar administración de empresas y
convertirse en consultor durante otros siete años, más tarde comprar una
vendimia y dedicar de lleno su atención a ésta, y así sucesivamente. En
los EE.UU., están surgiendo patrones similares entre la gente con
oficios. Uno podría empezar de asistente de plomero, luego unirse a una
empresa de moda que ofrece entrenamientos y licencias de electricista.
Después de ascender en el escalafón y de acumular cierta riqueza, el
hombre de oficio bien podría hacer un viaje de seis meses en un vehículo
recreativo o comprar un pequeño rancho en México, después regresar a
trabajar como electricista para financiar los cursos que le permitirán
obtener una licencia de plomería para iniciar un pequeño negocio
independiente. Por supuesto que en es estilo de portafolio, la persona
wired acaudalada puede ser un consultor y un viticultor al mismo tiempo,
al igual que el hombre de oficio podría trabajar parte del tiempo como
electricista mientras inicia su negocio de plomería.
Sería erróneo considerar que estas vidas ya sea de clase media o
proletaria están conformadas por una mini carrera tras otra. Más bien,
estas vidas están conformadas por una serie de proyectos. Este tipo de
proyectos, en sí, difiere de las carreras por no buscar el beneficio de
sentar bases para la identidad de un individuo. Aunque pueden incluir
ciertos compromisos de corto plazo, no se basan en ningún compromiso
consigo mismo ni con otros a vivir un tipo particular de vida. Nacen del
interés en expresar un talento o una inspiración. De este modo, el bien
de un compromiso estabilizador y definitorio de identidad es reemplazado
por la prioridad de expresar y perfeccionar las capacidades de cada
cual. Al tiempo que la gente que tenía carreras se unía a comunidades
vocacionales a las que eran leales y a través de las cuales podían ver
la forma y el estilo generales de sus vidas, la gente con proyectos
siempre está probando diferentes comunidades de proyectos.
Los miembros de estas efímeras comunidades de proyectos pueden mostrar
una pasión intensa, de lo que son evidencia las famosas historias de
inspiración de los desarrolladores de software y hardware que trabajan
durante muchos días y noches insomnes desarrollando nuevos productos de
software o hardware. Sin embargo, estos grupos sienten comparativamente
poca lealtad hacia comunidades empresariales o profesionales que exigen
compromisos de largo plazo y frecuentemente las perciben como fuerzas
que reprimen su creatividad. Experimentar la pasión que involucra lograr
una meta en particular reemplaza en gran medida la lealtad a
instituciones o comunidades. De hecho, las metas de cada proyecto con
frecuencia se miden contra formas de lealtad que necesitan ser ignoradas
para lograr el "parteaguas" deseado. Un trabajador por proyecto, por
ejemplo, trabajará con la compañía que está más dispuesta a apoyar su
proyecto, no se quedará con la que originó el proyecto o que le ha dado
empleo durante años. Por lo tanto, la estructura de la vida wired exige
a sus adherentes que generalmente estén en contra de los valores o los
estilos de vida que implican compromisos vitalicios.
Las vidas wired requieren reconocimiento, pero el reconocimiento que se
busca ya no soporta la carga de una identidad vocacional. Puesto que uno
pasa regularmente por diferentes comunidades de proyectos, el
reconocimiento al interior de estos grupos se manifiesta como
reconocimiento por tener una vida wired en sí: dar cauce a los talentos
y a las inspiraciones de cada cual, disfrutar las pasiones y reconocer
el estilo de vida libre y liviano que surge de adaptarse a estos
valores. El reconocimiento cívico perdurable, por lo tanto, debe recibir
poca atención y no juega un papel importante en la vida wired. Por
supuesto, algún proyecto cívico podría generar fuertes pasiones por
cierto tiempo. Pero la gente wired no se identifica con una comunidad en
la que hay acción política. En general, en lugar de valorar a las
comunidades locales, la gente que vive vidas wired da valor a explorar
varias áreas geográficas al estilo del nómada. Aunque estar en constante
movimiento es un costo de la vida wired impuesto por la necesidad (ya
sea económica o psicológica) de un proyecto nuevo, también es uno de sus
logros.
Nota: Es probable que en esta página web no aparezcan todos los elementos del presente documento. Para tenerlo completo y en su formato original recomendamos descargarlo desde el menú en la parte superior
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |