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Las vidas wired personifican una forma distintiva de autonomía
personal. En el pasado, las personas autónomas consideraban que estaban
escribiendo una historia coherente de sus vidas cada día. Las vidas
wired, por el contrario, llevan la autonomía a un grado radical,
liberándola de la pesada metáfora de la autoría. En la concepción
liberal tradicional de la autonomía, cada persona es responsable de
hacer que la historia de su vida tenga sentido, de hacer que un momento
sea coherente con el siguiente y, de este modo, de conformar una
narrativa continua de una vida en su conjunto. En contraste, vivir una
vida wired implica discontinuidades en los valores, metas y compromisos
que serían requeridos para producir una narrativa de vida consistente.
Desechar con gusto modos de vida y de trabajo previos hace que la vida
wired sea particularmente capaz de responder a la preocupación de cada
momento. Si de pronto se siente bien viajar a la India en una jornada
espiritual, simplemente porque uno siente que sus intereses espirituales
no han recibido la atención debida, entonces las energías se enfocan en
esa dirección. Si una nueva campaña publicitaria los hace sentir bien o
es necesaria debido a la presión de la competencia, las energías se
enfocan en esa dirección. Ésta es, en efecto, la vida anticipada por
Nietzsche cuando especuló que las identidades vitalicias darían paso a
"breves hábitos". Las vidas de la gente wired se asemejan más a
antologías de cuentos breves que a la narrativa de una novela burguesa.
Aunque la mayoría no tiene los recursos necesarios para tomarse el
tiempo de viajar a la India o lanzar una campaña publicitaria, responder
a ellos se acepta cada vez más como un ideal deseable. Autores como
Mulgan considera que este tipo de acciones revelan la creciente
importancia de valorar la autenticidad en el occidente. Como él las
caracteriza, éstas son acciones que aspiran a una simplicidad y una
pureza moral. Aunque seguramente tiene razón, denominarlos intentos de
expresión pura de sí mismos—denota un cambio tajante en el significado
de la palabra autenticidad. Para la generación anterior, las acciones
auténticas de hoy hubieran parecido instancias de capricho poco
auténtico. William Wordsworth, el poeta que más llamó la atención hacia
la autenticidad en la expresión, consideraba que la autenticidad era
vivir una vida encaminada a dejar salir lo que daba mayor significado a
la vida de un individuo (en toda su extensión). En la forma de vida
wired, la espontaneidad para responder a la situación presente, más que
la continuidad en los proyectos y las relaciones, pone a prueba la
autenticidad personal. En la nueva economía, tal espontaneidad tiene
obvias ventajas comerciales. Se está convirtiendo rápidamente en una
aptitud esencial para responder a las necesidades cambiantes de los
clientes. Como consecuencia, la vida wired se ha hecho más
prevaleciente. Cada día empresas de alta tecnología y otras de alto
rendimiento están organizando más operaciones alrededor de proyectos. En
los EE.UU., por ejemplo, se estima que en el año 2000, 80% de todas las
empresas que aparecen en la lista de Fortune 500 tendrán más de la mitad
de sus empleados trabajando en equipos. Esto señala un notable cambio de
aquellas organizaciones jerárquicas que florecieron en épocas previas
del siglo. Tiene mayor importancia, sin embargo, que no sólo la
estructura y la organización, sino también las disposiciones o
perspectivas de sus trabajadores se verán alteradas. En respuesta a esta
tendencia, el departamento de trabajo de los EE.UU. ha sugerido que las
escuelas empiecen a entrenar a sus alumnos para aptitudes tales como
trabajo en equipo y gestoría de proyectos. Los científicos, ingenieros,
técnicos, personal de bajo nivel y demás se verán cada vez más
comprometidos con el proyecto, no con la compañía. Con este tipo de
organización, las compañías actuales han aprendido a mantener incluso el
20% de rotación de empleados anual que se ha dado en sus departamentos
de tecnologías informáticas.
En cuestión de práctica de negocios, pensadores líderes en
administración de empresas, como James Maxmin, antiguo presidente de
Laura Ashley, están desarrollando nuevos modelos empresariales wired que
emplean sofisticados sistemas logísticos y grupos de empleados creativos
que manejarán un bar o el sistema de entregas de una tienda de abarrotes
hasta que su inspiración merme. En ese momento, otro grupo tomará las
riendas.
Por adecuarse tan bien a las estructuras fluidas que están emergiendo en
todas las industrias e incluso en las organizaciones más grandes, la
vida wired sigue creciendo como un componente de la vida económica de la
reciente modernidad. En una encuesta reciente de Louis Harris, ya se
muestra que 22% de los trabajadores americanos tienen valores de vida
wired y que el 49% podrían caracterizarse como que están migrando hacia
estos valores, mientras que sólo el restante 29% de los trabajadores aún
son ‘tradicionales’. Este estudio caracterizó a los trabajadores wired
en términos de contribución, cambio de empleos como vía de crecimiento y
ascensos basados en el desempeño. Los trabajadores tradicionales, en
contraste, consideraban que la lealtad era la recompensa a la promesa de
estabilidad laboral, que el cambio de empleos dañaba a la carrera y los
ascensos se basaban en la duración del servicio. Adicionalmente, los
trabajadores wired rechazan la seguridad laboral como lo que rige el
compromiso con una organización. Estos cambios de actitud no son
sorprendentes en la economía de EE.UU. que ha visto que el promedio de
tenencia de empleos estables para varones, el más bajo en el mundo
industrializado, ha bajado 19% entre 1991 y 1996 después de haber bajado
otro 10% en la década previa. Estas cifras, derivadas de estadísticas
gubernamentales, podrían incluso subestimar la tendencia debido al
porcentaje de gente madura en la fuerza laboral.
Mientras que las vidas wired traen creatividad espontánea que surge de
estar abiertos a todo y de una pasión muy enfocada aunque pasajera,
constituyen un resquebrajamiento radical por esquivar las disposiciones
y las aptitudes que dependen de los compromisos de largo plazo. Aunque
en ocasiones durante la juventud se adopta una forma de vida wired y con
la madurez ésta se desarrolla en una forma más emprendedora, nada
asegura que se persiga un patrón de esta naturaleza. De hecho, es
difícil ver por qué debería ser este el caso. Siguiendo la percepción de
Maxmin de que el modelo de negocios más idóneo para la vida wired se
parece al de los grupo de rock que se reunen y se disuelven cuando merma
la inspiración, ¿por qué debería un trabajador wired aprender a hacer
los sacrificios necesarios para mantener viva una inspiración por el
bien de comunidades de clientes y trabajadores cuando esa inspiración ya
no es divertida? El estilo de vida wired tiende hacia la desaparición de
la confianza de largo plazo, de la identidad estable y de otros tipos de
bienes sociales que surgen de que la gente haga compromisos duraderos:
cariño y amor familiar, preocupación por una comunidad local, una
adhesión más amplia a ideales cívicos y patrióticos, confianza en
profesionales que han dedicado su vida a una vocación, etc. Debido a que
estos bienes sociales exigen que uno responda a compromisos que se
extienden a lo largo de grandes períodos de una vida, sólo pueden tener
un papel tenue en la vida wired. Cultivarlos requiere más que apertura
al momento. Exigen que se acepte la dedicación y el sacrificio que estas
obligaciones pueden implicar. Puesto que son considerados obstáculos en
el desarrollo personal, la vida wired no honra estas virtudes.
Aquí nos importa hacer notar que la pérdida de estas virtudes
seguramente no es completamente nueva para las tendencias actuales en la
tecnología y la globalización. Movimientos culturales como los beats en
los cincuenta y muchos otros en los sesenta convocaban a deshacerse de
los vínculos comunales que restringían la indulgencia a los talentos y
las predilecciones personales. En todos estos movimientos previos, sin
embargo, semejantes actitudes no ofrecían nuevas formas de organizar la
vida productiva. En efecto, con frecuencia eran consideradas como
alternativas a un esfuerzo productivo. Hoy en día, las vertiginosas
tendencias que afectan la vida laboral hacen conveniente integrar los
bienes de desarrollo personal a una vida productiva y hacerlo en nombre
de la flexibilidad.
Aunados a su creatividad y flexibilidad, la vida wired trae consigo
muchos riesgos morales y riesgos políticos. En el plano personal, está
el omnipresente riesgo del fracaso. Por supuesto, el fracaso es un
riesgo presente en todas las formas de vida, pero los riegos incurridos
en la vida wired tienen una severidad peculiar. La vida wired exige una
amplia movilidad para la libertad de desplazarse de un proyecto a otro.
Por lo tanto exige un éxito suficiente para mantener la independencia
financiera. Cuando la persona wired fracasa, es arrojada en un contexto
social o comunidad a la cual percibe como una forma de confinamiento más
que una fuente sustento. Ya que el estar en movimiento es uno de los
únicos aspectos que cimientan la identidad de la gente wired, la pérdida
de movilidad no sólo significa fracaso y confinamiento, sino que también
genera una aguda crisis de identidad.
Como hemos visto, al enfatizar el desarrollo propio respondiendo a la
inmediatez del momento presente, las vidas wired encarnan un modo de
vida laboral neo-Nitzscheano. La gente wired que se ha quedado varada en
los momentos históricos aburridos, repetitivos y poco satisfactorios que
ocurren durante las recesiones económicas tendrán hacia un abandono, una
anomia y un fatalismo exentos de pasión. Consideremos el patrón que
estaba surgiendo en los EE.UU. en el que trabajadores wired desengañados
simplemente regresan a casa de sus padres durante tiempos malos y
esperan que llegue un golpe de suerte que los saque de ahí. Poco en la
vida wired protege a quienes pierden su independencia financiera de
amargarse, en particular porque la gente wired carece de los valores de
la solidaridad o el sacrificio de sí mismos que esos tiempos podrían
requerir.
La anomia y el fatalismo de la gente wired fracasada no son sólo riesgos
morales. Son un riesgo político, puesto que amenazan tanto las
aspiraciones de expresión de sí mismos como las esperanzas de una
carrera de la mayoría trabajadora. Cuando la economía entra en recesión,
no hay mucha diferencia entre las preocupaciones de quienes conducen una
vida wired y las preocupaciones de trabajadores más tradicionales que no
logran que sus ingresos les alcancen para pagar sus cuentas. Es probable
que ambos grupos se sientan defraudados. Bien podrían ponerse en contra
de los gobiernos y partidos de centro izquierda y apoyar a una derecha
que promete un regreso de las oportunidades que ellos creen haber
perdido.
Hay un precedente incómodo para esta reacción que es la coalición de
hombres y mujeres desilusionados de Essex que ayudaron a poner a Blair
en el poder. Muchos de éstos eran personas a las que, durante los años
de Tatcher y Mayor, se les habían dado ánimos para adoptar una forma de
vida similar a la wired. En lugar de rentar casas de interés social, se
les indujo a incurrir un riesgo y comprar sus casas—sólo para terminar
en bancarrota. En lugar de atar sus vidas a empleos asalariados
anticuados, se les animó a dar cauce a sus talentos estableciendo
negocios—y luego se encontraron devastados por la volatilidad de las
tasas de interés. El la sensación de haber quedado varados en el tumulto
de los mercados libres irrestrictos fue una de las fuentes de la
aplastante victoria de Blair. Las energías egocéntricas de la vida wired
se volcaron en contra del partido político que la había promovido.
Existe el riesgo de que se dé un tránsito similar de estados de ánimo
contra el gobierno de Blair cuando la economía entre en recesión.
Cualquier problema económico serio y relativamente duradero
probablemente también evocará otro estado de ánimo peligroso—nostalgia
por la estabilidad y la seguridad de la carrera. Después de todo,
quienes viven vidas wired cultivan activamente la nostalgia y además ya
tienen una tendencia a coquetear con añejas prácticas como el amor
romántico y la vida elegante. Las prácticas están ahí para probarlas y
dejarlas siempre que el riesgo se hace demasiado. ¿Por qué no tener
nostalgia por la carrera? En tanto la economía se encuentre en
crecimiento, a quienes los recortes y las nuevas tecnologías les han
arrebatado sus carreras por podían esperar reiniciar sus vidas laborales
con otra carrera, por lo general más modesta. En tiempos de adversidad
económica esa esperanza rápidamente resulta ilusoria. Ahora, sin
importar el clima económico, esa esperanza se está alejando cada vez
más.
Empero no deberíamos empezar a sentir temor por las formas de trabajo
que están surgiendo en la nueva economía. Se está desarrollando otra
forma de vida laboral que podría rivalizar con la vida wired y darle el
apoyo que requiere para florecer. En lugar de conducirse por la suerte,
los talentos y la inspiración del día, la nueva vida emprendedora se
rige por aportar valor a la comunidad en la que el emprendedor vive.
Para los emprendedores, una vida con significado involucra mucho más que
la expresión de las capacidades personales. Comprende renovar la vida de
la comunidad—a través de algún producto o servicio nueva, de un logro
político como una ley o una institución, de un evento cultural o de un
nuevo tipo de servicio social. Aunque otros han tratado de equiparar al
espíritu emprendedor con el arbitraje explotador, su creatividad en la
producción de nuevas instituciones acude a las mismas energías y
prácticas creativas que las de los activistas políticos y los
trabajadores culturales. La diferencia entre los emprendedores, los
activistas políticos y los trabajadores culturales reside en las
diferentes intuiciones que ellos tienen de las anomalías sociales que
son la fuente de sus innovaciones. En las anomalías sociales, los
emprendedores ven oportunidades para nuevos productos y servicios; los
activistas políticos ven que alguna práctica está siendo desanimada de
forma anómala e injusta; y los trabajadores culturales ven una carencia
anómala de entendimiento y apreciación de la forma en que la gente vive.
Para llamar la atención hacia la capacidad innovadora de estas formas de
actuar, afirmamos que el espíritu emprendedor puede practicarse en
muchos dominios de la vida. Lo que los emprendedores, los activistas
políticos y los trabajadores de la cultura tienen todos en común es la
iniciación de un cambio significativo en un contexto de
responsabilidades compartidas y una historia común.
En contraste con la vida wired, los emprendedores se ven a sí mismos
como quien vive en la historia de comunidades particulares y quien se
involucra activamente en compromisos sociales. Sin duda, vivir en este
tipo de comunidades históricas es parte de ser humano, pero lo que
importa es la experiencia que uno tiene de ese aspecto y cómo uno lo
perfecciona. Mientras que la gente wired percibe el estar enfrascada en
instituciones y comunidades particulares como una restricción a su
propia creatividad personal, la gente emprendedora lo considera un bien
esencial que cimienta la naturaleza misma de su empresa. Es precisamente
del cultivo de los compromisos hacia sus comunidades de clientes,
vecinos, empleados y demás, de dónde los emprendedores derivan su éxito.
La realización de sí mismos también tiene un sitio distinto para los
emprendedores. El trabajador o ciudadano emprendedor no explora sus
propios talentos e inspiraciones tanto como su sensibilidad a las
discordias, tensiones y conflictos de valor que comparten muchas
personas de su comunidad. El emprendedor explora formas de vivir que
conducen de algún modo a resolver la discordia y reúne a un grupo de
gente para lograr que la decisión tenga una total eficacia pública.
Los emprendedores no simplemente reinterpretan y desarrollan el
conocimiento local, como lo hace quien tiene una carrera. El emprendedor
experimenta con el conocimiento local para cambiarlo. Como
experimentadores, ni responden a las verdades de los profesionales
anteriores ni siguen rutinas establecidas. Son sensibles a cómo las
situaciones diarias difieren de las del día anterior. Perpetuamente
buscan nuevas formas de resolver discordias constantes.
Anita Roddick, a juicio nuestro una emprendedora ejemplar, tuvo
sensibilidad hacia la discordia que se había desarrollado entre el
cuidado de la dignidad femenina y el del atractivo femenino. Desde el
punto de vista de Roddick, la industria de los cosméticos había
cosechado un enorme éxito haciendo que las mujeres se sintieran
inseguras de su atractivo y vendiendo cosméticos como remedio a su
inseguridad. En lugar de resignarse al conflicto entre dignidad segura y
atractivo inseguro, como lo habían hecho otras feministas que creían que
la discordia sólo se desvanecería cuando desapareciera el patriarcado,
Roddick asumió el compromiso de hacer una diferencia ya. Se dio cuenta
de que podría aprovechar formas de cuidarse, como tomar baños de
burbujas y hacerse manicuras para vender cosméticos. Diseñó un espacio
de venta donde los cosméticos se dispondrían junto a productos de
higiene personal para cuidarse y a panfletos políticos. Se alentaba a
las clientes a que compraran sólo aquellas cosas que las hicieran sentir
bien por el placer de cuidarse que producían y porque también era bueno
para la sociedad. De este modo, los cosméticos podrían dejar de ser
instrumentos de opresión y convertirse en instrumentos de diversión y
reforma a la vez. Después, Roddick se declaró como quien haría funcionar
esta estrategia. En virtud de esta declaración, otros le tuvieron
suficiente confianza como para trabajar conjuntamente en la creación de
"The Body Shop". Está claro que The Body Shop cambió las reglas del
juego para vender cosméticos. Casi todos los aparadores de cosméticos de
las tiendas departamentales ofrecen productos para el cuidado personal.
Sin embargo, su influencia no se ha limitado a la venta de cosméticos.
Por ser capaz de atraer compradores que tienen poco interés en productos
de higiene personal y cosméticos, la afirmación de poder de The Body
Shop se deriva de atraer clientes a su atmósfera distintiva.
En apariencia, la gente como Anita Roddick es poco común. ¿Cómo
podríamos suficientes de nosotros conducir vidas emprendedoras como la
de ella? Por supuesto que en los albores de la era de las carreras,
seguramente se planteaba una pregunta similar. Antes del triunfo de los
gremios y las asociaciones mercantiles, sólo el clero, los abogados y
los médicos podían tener acceso a los beneficios que hoy en día
asociamos con las carreras. ¿Quién iba a creer que muchos podrían
tenerlos y que la mayoría trabajadora podía aspirar a ellos? Aún así, no
proponemos, ni siquiera en el ámbito comercial, que todos nos
convirtamos en emprendedores como lo hizo Anita Roddick.
Reemplazar las carreras con actividad empresarial no significa que todo
mundo tenga que salirse de su camino para fundar una empresa que cambie
una industria. Primero debemos recordar que iniciar cualquier negocio
que brinde a la comunidad algo que la gente no creía posible cuenta como
espíritu emprendedor. Hay emprendedores sociales y emprendedores
cívicos, así como emprendedores comerciales. Encontrar una forma de
establecer y mantener una cafetería en un pueblo que parece ser
demasiado pequeño para que ésta funcione, definitivamente representa un
espíritu emprendedor, al igual que fundar un nuevo centro social en los
barrios bajos de Londres. Ni siquiera sugerimos que la mayoría de la
gente debería ser emprendedora ya sea en los sentidos de transformar
industrias, cívico o comercial de la palabra. Lo que sugerimos es que la
mayoría de las personas se verán beneficiadas de adoptar un enfoque
emprendedor hacia su vida profesional y hacia las instituciones sociales
que heredaron del pasado.
En el sentido más amplio, los emprendedores crean valor al compartir la
responsabilidad de desarrollar prácticas nuevas o ignoradas que podrían
resolver alguna tensión o sanar alguna discordia actual en su comunidad
o sociedad. Por lo tanto, uno no necesita dejar la compañía en la que
trabaja para convertirse en emprendedor. Un caso simple de un empleado
emprendedor sería alguien que descubre las subastas en Internet, se
declara responsable de atraer sus beneficios a la compañía y reúne a un
pequeño grupo de miembros de un equipo y aliados para hacer realidad
este cambio que genere ganancias para la compañía. A medida que más y
más gente en una compañía así organice sus actividades alrededor de
verificar con un emprendedor interno de esta naturaleza antes de hacer
sus compras, él o ella desarrolla poder, mismo que puede incrementar
haciendo nuevas ofertas dentro de su compañía. Las tendencias y las
fuerzas que están acabando con la carrera abren un caudal de
posibilidades para el espíritu emprendedor. Un empleado se dio cuenta de
que las gráficas que se habían subcontratado no daban una buena
sensación. Empezó a tomar cursos para aprender a hacer gráficas y luego
ofreció producir algunos de los diseños con una mayor sensibilidad hacia
las preocupaciones de la compañía y hacia las asociaciones generadas por
su marca. Ella estaría dispuesta a participar en reuniones a las que los
empleados de la empresa subcontratada no tenían tiempo de asistir. Jim
Taylor y Watts Wacker llaman la atención hacia la tendencia de que
especialistas de la compañía negocien tratos para servicios o productos
que la compañía matriz, por sí sola, no podía realizar y luego formen
una nueva relación con la compañía para llevar a cabo el acuerdo. De
modo similar, un profesor a quien conocemos, con la ayuda de algunos
amigos técnicos, ha empezado a ofrecer partes de sus cursos por Internet
para ex alumnos interesados, padres y otras personas que podrían tener
interés en su disciplina y en sus artículos y los de sus amigos.
En estos ejemplos, el empleado muestra las características principales
del espíritu emprendedor: se da cuenta de que algo no está del todo
bien, que algo es anómalo o está en conflicto. Entonces, el empleado
descubre una forma de resolver esta anomalía—subastas por Internet,
tomar cursos de diseño y asistir a reuniones, un nuevo servicio y
transmisiones por Internet, y ofrece proveer servicios y productos para
resolver la práctica y se declara responsable de mantener la oferta. El
empleado reúne a otros que le ayudarán a proveer el servicio y se
compromete a formar alianzas de promoción mutua con otros, a realizar
compras y cosas así. A medida que esto sucede más y más en el lugar de
trabajo, el negocio se constituye cada vez más de grupos relacionados
que se asumen como quien trae un tipo particular de valor comercial para
cada cual. En los EE.UU., el banco Wells Fargo está tratando de
transformar cada uno de sus departamentos internos en negocios
organizados con base en un modelo empresarial de esta naturaleza. Del
mismo modo que uno no tiene que ser un abogado o un gerente en una gran
corporación para tener una carrera, uno tampoco necesita iniciar una
empresa comercial, social o cultural independiente para ser un
emprendedor. Como lo señala Mulgan, nuestro sentido liberal de
individualismo soberano nos ciega a la forma en que actuamos en un mundo
sumamente interconectado. Considerar que sólo estamos completamente
vivos, al tanto y expresándonos dentro de asociaciones que nosotros
iniciamos o a las que pertenecemos es buena parte de lo que se requiere
para desarrollar un entendimiento que puede ayudarnos a manejar la forma
en la que desde ahora estamos empezando a vivir.
Los elementos constitutivos de una vida emprendedora, al contrario que
la vida wired, incluyen muchas de las virtudes básicas de las carreras.
El emprendedor asume un compromiso que lo define a desarrollar una
práctica ignorada que resolverá una discordia en pequeña o en gran
escala. El emprendedor logra reconocimiento al declararse responsable de
resolver el problema y reunir gente que tenga un interés similar. El
emprendedor valora mucho la lealtad de su núcleo y actúa para
preservarla. Los emprendedores apoyan a otros que se embarcan en
empresas similares, de lo que es evidencia la forma en la que los
emprendedores exitosos se han convertido en inversionistas de capital de
riesgo. Al apoyar otros afanes emprendedores, activamente están
construyendo nuevas formas de comunidad. Finalmente, al declararse
responsables por una determinada resolución de discordia comunitaria, se
convierten en autores de una historia de vida continua. Esta continuidad
es su responsabilidad puesto que involucra la resolución exitosa de la
discordia y la lealtad continua al grupo que se ha reunido. Igual que el
profesional o el administrador que agrega atractivo a sus capacidades al
ofrecerlas a las asociaciones cívicas, el emprendedor acumula poder para
su negocio diseñándolo de modo que atienda a intereses muy generales.
Anita Roddick, por ejemplo, fundó The Body Shop para atraer tráfico
adicional para todos los demás vendedores que se sitúen cerca de su
tienda.
Si las admiradas virtudes sociales del emprendedor preservan lo que es
crucial en una vida regida por una carrera además de añadirle
innovación, un mundo de emprendedores tiene muchas de las virtudes de
nuestras formas de vida actuales, al tiempo que además agrega cambios
innovadores. Sin embargo, el espíritu emprendedor no es la vida wired,
sino que su ubica en el otro extremo de una amplia gama de nuevas formas
de trabajar. El trabajador de portafolio que promueve proyectos
innovadores de mediano plazo como un emprendedor y también se une a
proyectos temporales como trabajador wired nos presenta una nueva forma
híbrida de vida laboral. Otra forma similar es el estilo de vida de
quienes se emplean a sí mismos, en que los individuos eligen permanecer
en gran medida independientes de las organizaciones y de los equipos de
proyecto que contratan sus servicios. Este y otros híbridos entre el
espíritu emprendedor y la vida wired pueden resultar estables durante
largos períodos de tiempo. Pero no son totalmente independientes.
Dependen hasta cierto grado de las prácticas y de los compromisos que en
sí mismos, no requieren. Charles Handy, que ha hecho tanto como parece
posible para extraer sentido de la vida de portafolios termina su libro
convocando a que cada quien encuentre un propósito ulterior que haga que
todo valga la pena. El espíritu emprendedor incorpora ese propósito
ulterior.
El nuevo mundo de emprendedores se asemeja a un mundo conformado de
muchas pequeñas asociaciones entrelazadas conformadas por gente que
actúa para resolver conflictos de valores. Estos grupos pueden
entrelazarse dentro de una corporación específica, dentro de una
comunidad o región, o a través de grupos de interés específicos. La
diferencia entre los grupos de emprendedores entrelazados y los
proyectos wired debe quedar clara. Los grupos de emprendedores
continuarán trabajando para producir una resolución exitosa del
conflicto de valores que los aqueja, siempre que puedan encontrar algún
campo práctico—generalmente alguna práctica ignorada—para avanzar. Para
una persona wired, un proyecto se agota tan pronto pierde ímpetu la
inspiración que éste expresa. El emprendedor que asume responsabilidad
por la resolución de la discordia en una declaración pública pone en
juego su identidad. Eso exige un compromiso mucho mayor que atender a
una inspiración, energía o talento. En muchos casos, el compromiso del
emprendedor significará mantener viva la esperanza de su proyecto entre
los muchos grupos de proyectos wired que han trabajado con él o con
ella. Para una persona wired, el emprendedor claramente está restringido
por la expresión de compromiso. Para el emprendedor, por el contrario,
es el compromiso lo que le da sentido a la vida laboral.
Tomando en cuenta los dos distintos tipos de ideales de los que surgen
las formas de comportamiento wired y emprendedora—la proyección de
Nietzsche de una casta aristocrática y las asociaciones cívicas
humanistas—no es coincidencia que la forma de productividad wired se
adapte bien a la generación de riqueza atomística del neoliberalismo
global, mientras que la del espíritu emprendedor se adapta a un
entendimiento del progreso que incluye una mayor integración social. Las
prácticas wired no promueven que se cultive el tipo de "nosotros" social
por el que la gente hace sacrificios. Los bienes comunes como el medio
ambiente, la ley, la educación, la salud y la perpetuación de logros
culturales compartidos podrían florecer de modo intermitente en cuanto
alguna u otra inspiración sea percibida como imprescindible. Pero
promover los bienes comunes de una vida en comunidad depende de mucho
más que la preocupación "posmaterialista" del wired por la libertad, la
expresión de sí mismos y la calidad de vida. Depende de bienes más
mundanos que dan sustento a la acción cuando la inspiración merma, este
tipo de bienes dependen del cultivo a largo plazo del compromiso, la
tolerancia, la confianza y la calidez cívica. Al interior de la vida
wired, este tipo de bienes aparecen como bienes personales que un grupo
casualmente comparte. El papel que juegan para dar sustento a una vida
en común es rechazado o no se entiende.
El recuento del espíritu emprendedor que aquí ofrecemos difiere
radicalmente de las visiones actuales de la Derecha neoliberal y la
Izquierda estatista. En estas visiones caricaturizadas, el espíritu
emprendedor denotaba una forma de vida estrechamente individualista
motivada exclusivamente por el prospecto de ganancias monetarias. Ese
recuento nunca podría distinguir entre un operador de fondos de
cobertura que gana dinero sacando ventaja de las exageraciones en
nuestras expectativas y un emprendedor que desarrolla un negocio que
provee algo nuevo. Además, nuestra visión del espíritu emprendedor
muestra cómo los bienes comunes tradicionales pueden verse fomentados y
perfeccionados en una forma de vida emprendedora. Lo crucial es que
identifica lo que con mayor frecuencia falta en las visiones
politizadas: una preocupación por las comunidades y por el bienestar de
otros como motivación central del espíritu emprendedor exitoso. Por
supuesto, al igual que la interpretación de una vida wired que hemos
presentado, nuestro recuento de la vida de emprendedores esboza un tipo
ideal. Como lo hemos hecho notar, en la práctica hay muchas variaciones.
No obstante, estamos seguros que nuestro recuento es más fiel a la
experiencia común que los estereotipos empresariales acariciados por la
Nueva Derecha y la Vieja Izquierda.
La vida wired, que atrae diariamente a un mayor número de gente, nos
aleja de las vidas con continuidad las cuales está cimentada la
solidaridad social.. Al mismo tiempo, por todas las razones que hemos
mencionado, no hay forma de regresar al mundo laboral en el que la
carrera era central. En el nuevo mundo laboral derivado de las nuevas
tecnologías, de la orientación al cliente y de la globalización, debemos
aspirar al espíritu emprendedor como la única forma emergente de vida
laboral capaz de renovar los valores comunitarios que alguna vez
hallaron sustento en la institución de la carrera. Con nuestras
instituciones financieras y educativas apoyando la forma de
productividad emprendedora, las vidas en línea también pueden ser
exitosas como forma de trabajar dentro de asociaciones emprendedoras. En
un mundo que enfoca sus instituciones hacia el apoyo del trabajo
emprendedor, los trabajadores wired, ya sea que lleven una multitud de
proyectos uno tras otro o simultáneamente como lo hacen los
"trabajadores de portafolio", pueden terminar por adoptar un compromiso
emprendedor y los emprendedores exitosos podrían retirarse hacia formas
de productividad wired. De forma similar, quienes llevan el estilo de
vida del empleo propio pueden convertirse en emprendedores exitosos.
Pero estos patrones sólo emergerán si las políticas públicas promueven
un estilo de trabajo emprendedor. Los cambios en las políticas que se
enfocan únicamente a facilitar el trabajo wired o de portafolio no
cultivarán lo suficiente la cultura necesaria para el éxito de los
trabajadores wired y de portafolio y, para mucha gente, la forma de
trabajo wired y de portafolio simplemente no hará posible una
alternativa plena a las carreras. Como resultado, aunque sin duda son
sumamente necesarias, las políticas diseñadas para promover el empleo
propio y el trabajo de portafolio deben estar cimentadas en un marco más
amplio que de impulso al espíritu emprendedor.
Las Políticas Públicas en el Ocaso de las Carreras
Muchas de las políticas e instituciones heredadas por las sociedades
occidentales han sido conformadas para adaptarse a la carrera como forma
central de la vida laboral. Nuestros sistemas escolares y universitarios
encaminan a los jóvenes hacia profesiones y ocupaciones específicas,
fomentando la inversión en expectativas de carreras vitalicias. Nuestros
sistemas tributarios y procedimientos bancarios para otorgar créditos
están moldeados a un mundo en el que la mayoría de los dignos de crédito
son los empleados o profesionales que se pasarán toda una vida laboral
ejerciendo un único arte o vocación. Nuestros sistemas de pensiones
reflejan este mismo patrón de vida laboral anacrónico. Esta herencia se
está convirtiendo en un impedimento a desarrollar formas totalmente
viables de vida laboral. Es imperativa una reforma radical.
Aquí sólo podemos esbozar las directrices y principios rectores de estas
reformas. En cada área, el objetivo es hacer que nuestras prácticas
sociales respondan a las nuevas realidades, de modo que, después de la
carrera, la vida laboral pueda volver a tener significado para la
mayoría.
Consideremos las pensiones. La práctica de un retiro con pensión es
mucho menos que inmemorial. Hacia finales del siglo diecinueve, Bismark
estableció exitosamente la forma de pensiones con la que hoy estamos
familiarizados. Ésta ha sido un instrumento de ahorro idóneo para
grandes burocracias industriales y gubernamentales paternalistas y para
las carreras que éstas sostenían. Las carreras siguen las huellas de las
fases del ciclo de vida normal. Exigen conocimientos cada vez más
expertos a lo largo del desarrollo natural del vigor y la madurez y
luego terminan cuando la vitalidad física empieza a menguar. La pensión,
normalmente estructurada a modo de anualidad, refleja la estructura de
un salario, de modo que el empleado de carrera recibe pagos regulares
tanto mientras trabaja, como cuando está jubilado. Mientras trabaja, el
capital que produce o al cual contribuye la carrera se queda en la
compañía, el sindicato o el gobierno. Parte de ese capital es el fondo
de pensiones del que se retirarán los pagos para saldar la vida del
jubilado, de nuevo dejando el capital a la organización que administra
la pensión. En el siglo diecinueve, y de hecho hasta hace una década o
algo así, esta relación con el capital encarnada en las estructuras
corporativas y los fondos de pensiones puede haber sido una forma
sensata de organizar las finanzas de la mayoría trabajadora.
En contraste tanto con la vida de quien tiene una carrera como con la
vida wired, la vida del emprendedor, deja mucho menos espacio para el
paternalismo y mucho más para las inversiones y la propiedad de capital.
A diferencia de quienes hacen carrera que ven y buscan un futuro estable
y consistente, los emprendedores no se conforman con guardar parte del
dinero de cada quincena. Los emprendedores toman la riqueza que han
generado con una empresa y la invierten en otras. No ven sus vidas en
términos de acumular experiencia, sino en términos de construir riqueza,
lo que equivale a generar valor dentro de sus comunidades. Muchos
ciudadanos no querrán que simplemente les arrebaten el manto protector
de las pensiones. Pero el papel paternalista que hoy juega la iniciativa
privada, el gobierno y los sindicatos tendrá que cambiar gradualmente
hacia un papel que en cierto modo sea como el de los reguladores
financieros. El dinero destinado a las "pensiones" (o parte de él)
podría sufrir varias transformaciones para proveer seguridad para el
futuro de un individuo. Podría servir de enganche para una casa, ser el
capital necesario para iniciar un negocio o servir para invertir en una
nueva tecnología. Incluso podría apoyar proyectos que involucren el
servicio comunitario o familiar.
Este no es el sitio para hacer propuestas detalladas de reforma—aunque
fuéramos competentes en el área. Sin embargo, está claro que los
arreglos actuales de exenciones fiscales y pago de anualidades fueron
diseñados para una era en la que las carreras eran la forma predominante
de la vida laboral. Las pensiones tradicionales son un híbrido de dos
cosas bastante diferentes—un plan de inversión y un ingreso para el
retiro. Excepto por los cada vez menos que pueden esperar pensiones
relacionadas con sus salarios finales, los arreglos existentes para las
pensiones combinan enormes restricciones a la libertad financiera
personal sin asegurar un nivel específico de ingresos durante el retiro.
En particular, el requisito de que el "dinero de la pensión" sea
utilizado para comprar una anualidad no es adecuado a formas de vida
laboral en las que el retiro puede ser parcial o temporal y a veces
difícil de distinguir de prácticas como bajarle al ritmo de trabajo.
Podemos estar seguros de que necesitamos desalentar a la gente de
convertirse en una carga para el estado, pero eso podría lograrse
exigiendo la compra de una pequeña anualidad suficiente para prevenirse
de la pobreza durante la vejez. En lo demás, tendría más sentido con la
vida laboral emprendedora fusionar exenciones fiscales que actualmente
se dan aparte en pensiones e inversiones y darle a la gente libertad
para hacer su voluntad con sus ahorros.
Queremos mantener una mente abierta respecto a los tipos de
instituciones más idóneas para proveer la seguridad y la libertad
financiera que requieren los trabajadores de carácter emprendedor. El
capitalismo bursátil no es el único ni, en absoluto, el mejor vehículo
para cubrir las necesidades financieras de los emprendedores. El
pluralismo en la provisión es esencial. Es inevitable y deseable, que la
vida emprendedora esté encarnada en diferentes instituciones,
dependiendo del tipo de capitalismo, de la historia y de las necesidades
presentes de diferentes economías. Las vidas emprendedoras serán
significativamente distintas en China, Japón, Alemania, España y Gran
Bretaña.
En el caso británico, probablemente las instituciones de estructura
mutua puedan desempeñar un papel significativo para proveer un
apuntalamiento financiero a formas más emprendedoras de vida laboral.
Como lo hacen notar Charles Leadbeater y Ian Christie las instituciones
mutuas están presentes en muchos sectores de la vida económica. En un
mundo emprendedor, podemos esperar que se hagan más diversas y más
innovadoras en sus prácticas que cuanto normalmente nos damos cuenta.
Christie y Leadbeater escriben: "Las instituciones de estructura mutua
pueden hacer más que sobrevivir; pueden tener éxito en la economía de
servicios del siglo veintiuno porque en el mejor de los casos, pueden
aunar dos ingredientes críticos para el éxito de las empresas
modernas—confianza y know-how. Particularmente, las instituciones de
estructura mutua podrían ser particularmente idóneas como vehículos para
permitir que las familias y comunidades sumidas en la pobreza y la falta
de oportunidades de largo plazo—lo que se llama la clase baja—logren un
mejor control de sus vidas. Parafraseando a Christie y Leadbeater: "Para
atacar las fuentes de pobreza profundamente arraigadas y múltiples, es
necesario congregar know-how de varias fuentes y profesiones diferentes
en un esfuerzo conjunto, combinando el conocimiento tácito de la gente
ordinaria, con las capacidades explícitas de los profesionales. Éste es
un componente central en los enfoques mutuos de desarrollo comunitario."
Éste es sólo un ejemplo de una verdad mucho más general. La variedad de
instituciones que necesitamos y que ya poseemos es mucho más amplia que
cuanto se reconoce en el discurso convencional de la Izquierda y la
Derecha. No estamos condenados a escoger entre un menú de prácticas de
capitalismo bursátil, capitalismo al estilo alemán y colectivismo
estatal.
Lo que vale para las pensiones, vale también para muchas prácticas
financieras. Por ejemplo, el análisis de riesgo financiero basado en el
status de la carrera tendrá cada vez menos sentido. Lo mismo será el
caso para clasificar a la gente como elegibles para obtener productos
financieros con base en el flujo de efectivo que se deriva de una
carrera. Los productos financieros ya están cambiando con mayor rapidez
que la capacidad de respuesta de los bancos y de los esfuerzos sensatos
de regulación gubernamental. Los gobiernos y los bancos hoy en día se
están perdiendo un mar de cambios que fácilmente podría ahogar su
capacidad de resolver adecuadamente las necesidades de un mundo de
productos financieros que atañen tanto a capital como a deuda. La era de
los productos sofisticados para todas las clases sociales ha llegado a
los EE.UU. y no falta mucho para que llegue a Gran Bretaña.
A medida que la gente se hace más emprendedora, deja de verse a sí misma
principalmente como consumidores—ya sea de bienes financieros o de otras
mercancías—sino como productores de paquetes de productos financieros y
como diseñadores de otros bienes en sus vidas. Las instituciones
financieras de la entrante era de emprendedores ayudarán a la gente a
generar riqueza ideando tanto nuevos productos, como nuevos mercados
para el comercio. Las nuevas subastas por Internet son una forma en que
vemos cómo se desarrollan nuevos mercados. Indudablemente, al igual que
los emprendedores de gran escala crean y comparten la riqueza vendiendo
acciones de sus empresas, los emprendedores más pequeños querrán hacer
lo mismo. Los micro créditos otorgados a los más pobres en Bangladesh
por el banco Muhammad Yumus’s Grameen Bank son un ejemplo de los inicios
de estas nuevas instituciones financieras.
Los cambios más fundamentales necesarios, no obstante, se encuentran en
la educación. Hace mucho que los sociólogos están familiarizados con el
papel desempeñado por los sistemas escolares y universitarios en
encaminar a los jóvenes hacia posiciones particulares en la división
social del trabajo. En años recientes, emprender proyectos racionales de
planeación de la fuerza de trabajo ha sido un objetivo expreso de las
políticas gubernamentales. Todas las políticas de este tipo están
condenadas al fracaso. Convertir a las escuelas y a las universidades en
instituciones estrechamente vocacionales es precisamente lo opuesto de
lo que es hoy lo más necesario.
Muchas de las carreras para las que se capacita a los jóvenes en las
escuelas y universidades no sobrevivirán una vida laboral. Es en sí
evidente que muchas actividades requieren altos niveles de conocimientos
profesionales. Sin embargo, lo que más necesita la gente joven de sus
escuelas y universidades no necesariamente es una capacitación
vocacional o una educación en disciplinas académicas tradicionales. Hoy
en día los estudiantes inscritos en programas educativos tradicionales,
de continuación de la educación o de entrenamientos subsecuentes
necesitan aprender qué es necesario para construir empresas que agreguen
valor. Para no suscitar malentendidos, vale la pena repetir que el
objetivo no es transformar a todos en líderes empresariales que
transformen sus industrias. Tampoco menospreciamos las vidas de quienes
permanezcan empleados. En lugar de eso, nuestra propuesta es que la
mayoría trabajadora se verá beneficiada si adquiere el entrenamiento y
la actitud necesarios para llevar una vida de emprendedores. La vida de
emprendedores que avizoramos requiere capacitar a la gente para buscar
oportunidades de agregación de valor y para movilizar a otros hacia la
persecución del nuevo valor. En un mundo de asociaciones de
emprendedores, tanto las independientes como las entrelazadas al
interior de empresas mayores, una educación que enseñe a generar valor
es adecuada para todos. Esta nueva orientación de la educación tiene
como objetivo inyectar un nuevo núcleo de disciplinas emprendedoras,
parte de las cuales se derivan de disciplinas más antiguas y dejar que
las viejas disciplinas rodeen al nuevo núcleo.
Como lo ha demostrado Tom Bentely, ya hay un cierto número de programas
que ayudan a la gente a adaptarse a la nueva economía. Estos programas
hacen énfasis en mucho de lo que sería idóneo tanto para una vida wired
como para una emprendedora: formar objetivos claramente definidos y
entendidos, buscar acceso a una amplia gama de oportunidades de
aprendizaje (en el salón de clase y en proyectos fuera del salón de
clase) responsabilidad real, colaboración con grupos similares de fuera
de la escuela e identificar y celebrar todo resultado concreto. Nosotros
vamos un paso más allá. Para hacer que estos proyectos sean más
emprendedores, propondríamos que aquellos programas que brinden un nuevo
valor a la comunidad reciban fondos y otros tipos de reconocimiento
superiores a los que simplemente desarrollan metas claras para expresar
los talentos de los alumnos. De igual modo, otorgaríamos fondo y
créditos adicionales a aquellos programas que incluyan declararse
responsables por alguna actividad alrededor de la cual uno congregue a
otros. Entrenar a la gente para obtener los conocimientos prácticos
disciplinarios con una fuerte orientación hacia proyectos no es
suficiente para producir una economía de emprendedores con una amplia
dispersión de capacidades empresariales.
Al hacer añadidos al trabajo de Tom Bentley no podemos dar aquí más que
un brevísimo prospecto del currículum central de un mundo de
emprendedores. No nos preocupan tanto las instituciones en las que
actualmente ocurre la educación—aunque es evidente que la mayor parte de
ésta ocurre fuera de las escuelas y las universidades—ni algún método
educativo en particular, sino los supuestos que animan a la educación en
sí. Hayan o no tenido mérito en el pasado, nuestras prácticas educativas
tradicionales no están logrando equipar a la gente para el mundo en el
que tendrán que vivir.
Nuestras culturas educativas, vocacionales y corporativas actuales
orientan a la gente para convertirse en receptores de peticiones que
resuelven problemas. Presuponen un mundo en el que quienes dan y quienes
reciben las peticiones caen en categorías claras y los problemas llegan
a nosotros tras una definición previa. Es útil ayudar a los estudiantes
a entender que los problemas de las empresas no solamente, ni
principalmente, son problemas de flujo de efectivo, contabilidad o
mercadotécnia. Son problemas de relaciones humanas dentro de la empresa
y con aquellos a quienes les brinda un servicio. Fomentar el que los
estudiantes miren desde un punto de vista más amplio los problemas a los
que se enfrentan en sus vidas laborales es parte esencial de desarrollar
su habilidad para resolver problemas. Pero en sí mismo, no fomenta el
estar al tanto del mundo emprendedor ni promueve el éxito en el nuevo
mundo laboral.
No negamos que tener mejores habilidades para resolver problemas podría
ser útiles durante un breve período después de que la gente abandona la
escuela. El nuevo ingeniero, el nuevo periodista, incluso el nuevo
administrador recibe peticiones de sus superiores, las convierte en un
problema que debe resolverse con elegancia y lo resuelve. Pero después
de unos años—a menos que el receptor de peticiones sea
extraordinariamente flexible y talentoso—una empresa global contratará a
un receptor de peticiones recién entrenado que conozca todas las más
novedosas tecnologías de resolución de problemas y despedirá al
anterior. ¿Qué hace entonces el receptor de peticiones? ¿Busca una nueva
organización que le haga peticiones? En la nueva economía, esta búsqueda
muy probablemente fracasará igual que fracasó la educación que condujo a
ella.
Hoy en día, para trabajar de forma eficaz, la gente necesita ser capaz
de hacer ofertas para producir un valor especial para los clientes, ya
sea que los clientes sean los consumidores u otros grupos dentro de la
misma organización. Quienes resuelven problemas por definición no
piensan en estos términos. Esperan que el mundo se revele ante sus ojos
en una serie de problemas discretos. Pero a medida que la vida se hace
más mixta, más cosmopolita, más enfocada en preocupaciones de nicho y
más tecnológica, hay cada vez menos disciplinas o negocios que pueden
avanzar con un conjunto de problemas claros. En este mundo, la gente
necesita hacerle ofertas a los empleadores potenciales, al mercado o a
sus comunidades. Desarrollar este tipo de ofertas es el primer paso
hacia la creación de una empresa, y aprender cómo desarrollar una oferta
es la primera prioridad de la educación.
Por lo tanto tenemos que educar a la gente para que se conciban a sí
mismos en de acuerdo con sus capacidades, intuiciones, emociones y
habilidades que tienen valor para la sociedad. En la actualidad, se
enseña a la gente a resolver los problemas planteados en formas que
brindan satisfacción personal. En una economía animada por el espíritu
emprendedor, este tipo de educación conducirá a carreras fracasadas y,
en el mejor de los casos, a vidas wired cada vez más vertiginosas.
Para aprender a hacer ofertas, sin embargo, la gente tendrá que aprender
a escuchar a sus compañeros de una forma diferente. Y para enseñarles a
iniciar empresas que suministren dichas ofertas, se verán obligados a
abandonar la forma actual quid pro quo de construir relaciones y, en
lugar de eso, aprender a coordinar compromisos, administrar el poder,
construir y mantener la confianza y establecer identidades
comprometedoras. En resumen, la gente necesitará aprender algunas
aptitudes básicas que, hasta la fecha, hemos asumido sólo pertenecen a
los líderes.
La educación para el espíritu emprendedor comprende cambios en cuatro
rubros. Para empezar, la gente tendrá que aprender a escuchar las
preocupaciones de sus prójimos e identificarlas con ciertas narrativas
históricas. No podemos seguir enseñando a la gente a verse afuera, por
encima o al final de las comunidades históricas. Entrenar a la gente
para sentirse liberados de su historia y de su comunidad les otorga un
falso sentido de autonomía. Vivimos inmersos en tradiciones. Necesitamos
concebirnos como depositarios de narrativas históricas definidas. La
investigación en Business Design Associates sugiere que los
emprendedores generalmente se conciben a sí mismos como gente que
desarrolla y realza una narrativa histórica en particular,
distinguiéndola de otras. Siempre hemos sabido que los líderes políticos
hacen esto, y su éxito con frecuencia ha versado alrededor de su
capacidad para articular estas narrativas. Una vez más, vemos esto como
un suplemento necesario al conjunto de conocimientos que se necesitan
cultivarse para la nueva economía, según Tom Bentley. En nuestras
sociedades plurales, no basta que la gente entienda mejor su sitio
dentro de tal o cual narrativa. Deben ser capaces de conectarla con las
narrativas de los demás. Ayudar a la gente a situarse dentro de más de
una comunidad histórica es tan decisivo para la inteligencia del
emprendedor como desarrollar sus capacidades cognitivas y de reflexión.
Tener esta capacidad significa escuchar a la gente como es, con todas
sus contradicciones y con su fragmentación. Actualmente, se nos enseña a
ver a la gente como personas coherentes con identidades estables—una
práctica errónea que las carreras ayudaron a perpetuar—y no como las
combinaciones progresivamente complejas que son, de tradiciones
diversas, papeles distintos y prácticas de competencia. Aún peor,
aprendemos que la gente tiene control en gran medida de sus visiones del
mundo y que escoge sus valores. Así que escuchamos a la gente como si
fueran electores racionales y no logramos oír lo que dicen como sujetos
creativos.
En segundo lugar, la forma de escuchar del emprendedor exige que la
gente que escucha identifique el concepto de la vida buena que motiva lo
que los demás dicen y hacen. Los emprendedores escuchan ignorando todo
germen de prejuicio de coherencia y oyen cómo las concepciones que la
gente tiene de la vida buena están en discordia. Anita Roddick hizo esto
al escuchar cómo las mujeres vivían por la dignidad y la belleza. Steve
Jobs escuchó como la gente buscaba la conveniencia y la libertad de la
tecnología de punta de las macro computadoras. Akio Morita, Ted Turner y
los demás emprendedores de hoy, todos lograron el éxito empresarial
fijando su atención en escuchar conflictos aparentemente irresolubles.
En tercer lugar, necesitamos enseñar a la gente las disciplinas hoy poco
desarrolladas de administrar compromisos y mantener la confianza. La
gente está educada para concebirse a sí misma ya sea como gente que
desempeña actividades como hacer una presentación o cumplir con una
función como las ventas. Aunque muchos emprendedores están infectados de
estas formas de hablar de sus acciones, simplemente no actúan como si
estuvieran involucrados en actividades o cumpliendo funciones. Los
emprendedores construyen sus empresas desarrollando redes de acuerdos o
compromisos de otros. No están resolviendo problemas determinados ni
adhiriéndose a un plan de negocios fijo, sino que están utilizando sus
talentos para negociar relaciones con otros para que sus empresas
funcionen mejor. Jim Clark, Fundador de Netscape y de otras dos empresas
que valen miles de millones de dólares, ha hecho hincapié en esto una y
otra vez. Como emprendedor y artista conceptual, él considera que su
habilidad de formar equipos sólidos es el aspecto más importante de su
éxito. Entre estas habilidades es crucial la capacidad de inspirar
confianza. En el presente, las habilidades que conducen a generar,
mantener y revivir la confianza están en manos de un pequeño cuadro de
negociadores profesionales, diplomáticos y administradores.
Uno de los objetivos de una educación orientada hacia el espíritu
emprendedor sería hacer que estas habilidades se hagan accesibles para
la mayoría de la gente. Deberíamos alentar a la gente a pensar en sí
mismas y en los demás en formas no estandarizadas. Hoy en día, por
ejemplo, nos entrenan para hablar de un modo en que ya sea que revelemos
hechos a la gente, mientras más estandarizado mejor, o que brinde
soluciones a ciertos problemas. Parte del nuevo énfasis en el diálogo
(en oposición al debate o la discusión) amenaza con estandarizar el
discurso, en la medida en que tiene por objetivo buscar puntos en común
y compartir lo que se tiene en común. Para vivir con espíritu
emprendedor, necesitamos capacitar a la gente para ver los beneficios de
hacer acuerdos no estandarizados, imaginárselos y negociarlos unos con
otros—especialmente cuando comparten conflictos y se encuentran en lados
opuestos. Al igual que el pensamiento dialogístico, esto incluye
inculcarle a la gente las aptitudes que necesitan para preguntar lo que
el problema—por ejemplo en una oficina, una escuela o un
negocio—significa para la gente que lo presenta o que sufre sus
consecuencias. Esto incluye examinar las estructuras de poder dentro de
las cuales surgen los problemas y que, en parte, los constituyen.
En cuarto lugar, la gente que asume una vida emprendedora necesita estar
entrenada para leer al mundo para ver cómo y dónde reside el poder.
Carecemos de un entendimiento amplio del poder como una fuerza en la
vida política y comercial y lo estudiamos bajo el subtítulo de creación
de barreras, lo que significa fomentar circunstancias que hagan que la
forma de hacer negocios de un competidor resulte poco eficiente
económicamente. Pero el poder queda mucho mejor entendido como el arte
de construir continuamente relaciones materiales novedosas hacia valores
que le importan a la mayoría de la gente de una comunidad y de situar a
los competidores como gente relacionada con valores que la mayoría
desprecia.
Bill Gates de Microsoft, por ejemplo, ejerce poder integrando las ideas
de sus competidores en sus sistema operativo para brindar a sus clientes
una solución integral para sus negocios. Si simplemente intentara
ofrecer menores precios que sus competidores—que es la posición en la
que lo sitúan sus competidores— generaría muchas más demandas de
derechos de propiedad. En efecto, hasta que integró el navegador de
Internet en detrimento de Netscape, había situado exitosamente a sus
competidores en la posición de gente que producía incomodidades en el
uso de las computadoras. Anita Roddick ejerce el poder de la misma forma
que Bill Gates produciendo experiencias de venta divertidas y situando a
sus competidores en posición de aburridos o egoístas.
Los emprendedores necesitan aprender estrategias basadas en el valor
para formar alianzas que desestabilicen, desalojen y reconstituyan el
poder. Este tipo de entrenamiento aprovecharía ciertas partes de las
disciplinas de estrategia, mercadotecnia y artes interpretativas de las
humanidades. Las prácticas educativas que dejen a la gente con la visión
de que el mundo es algo compuesto por problemas discretos y de que ellos
mismos deben resolver problemas o ser receptores de peticiones tienen
poco futuro en un mundo transformado continuamente por nuevas
tecnologías y nuevas relaciones globales.
Educar a la gente para que sean constructores activos de sus vidas y
comprende inculcarle el arte de construir una identidad para sí mismo.
De igual modo, al construir empresas, los emprendedores aprenden a
proyectar las virtudes que han institucionalizado en sus organizaciones.
Hoy en día confundimos producir una identidad admirable con el manejo de
imagen. Debido a esta confusión, separamos las habilidades de proyectar
una identidad en una multitud de disciplinas diferentes incluyendo
periodismo, manipulación de medios, estrategia, mercadotecnia, redacción
de discursos, crítica literaria, psicología y ética. En realidad,
conocernos y describirnos es el trabajo duro al que hoy y
siempre—siempre en sus mejores momentos—se ha dedicado la educación
liberal.
Convertir el conocimiento de sí mismos en una estrategia para la
creación de valor sigue siendo una habilidad en manos de los líderes
emprendedores. En la era del Internet, donde la iniciación en el trabajo
se basará en construir la propia página en la red, construir identidades
personales y corporativas bien puede convertirse en la habilidad más
necesaria y valiosa que cualquiera, emprendedor o no, pudiera tener.
Cualquier descripción del tipo de educación necesaria en el viejo mundo
laboral estaría incompleta si dejara de lado los estados de ánimo y las
emociones que animan o deprimen al comportamiento del emprendedor. El
estudio de Daniel Kahneman y Amos Tversky han demostrado que la gente,
por lo general, reacciona de forma distinta a riesgos idénticos,
dependiendo de qué tanto su percepción de ellos les permite prever la
pérdida potencial. En resumen, la gente no emprendedora tiende a ser
sumamente adversa al riesgo. Parece ser que los estudios de Kahneman y
Tversky implican que la mayoría de la gente simplemente no está
preparada para la vida de emprendedores hecha posible por las nuevas
tecnologías. Fancis Fukuyama sugirió algo muy similar en su influyente
libro, The End of History and the Last Man, cuando afirmó que el final
de la opulencia puede ser una condición de aburrimiento que no difiere
mucho de lo que Nietzsche adscribió a los constreñidos "últimos
hombres".
Estos estudios parecen apoyar la creencia común de que la vida
empresarial sólo es adecuada para un puñado de individuos heroicos. En
el trabajo de Business Design Associates, sin embargo, hemos encontrado
estados de ánimo de anomia y resentimiento dirigiendo el énfasis hacia
la pérdida que desempeña un papel importante en los resultados de este
tipo de estudios. Muchos empleados de alto nivel, incluso muchos de los
que se han ajustado a una vida wired, orientada a proyectos, viven al
filo de un estado de ánimo de anomia. Ademas, muchos de quienes han
visto herida su fe en las carreras se encuentran llenos de un
resentimiento silencioso dirigido contra los ejecutivos de las
compañías, los líderes políticos, los accionistas, los ricos, los
pobres, los educadores y, en ocasiones, sus propios padres. Ellos
centran su atención en un pasado que nunca encuentra méritos suficientes
porque, como observó Nietzsche, siempre está perdido. En contraste, los
emprendedores y los empleados con espíritu emprendedor expresan estados
de ánimo muy diferentes. Donde algunos hablan del peligro de que los
arrastre la corriente, los de tipo emprendedor hablan de nuevas ventanas
de oportunidad que sienten que se acercan. Donde otros están poseídos
por el resentimiento, estos emprendedores están poseídos por el asombro.
Por sí mismos, los cambios en estado de ánimo y percepción rara vez son
suficientes para cambiar vidas. Se necesitan muchas otras cosas. Pero
aferrarse a formas de organización que, como la vida wired o la
institución en decadencia de la carrera, no logran atender necesidades
humanas vitales, alimenta estados de ánimo que garantizan el fracaso. En
la medida en que nuestras prácticas educativas actuales apoyan
tácitamente a estos modelos fallidos de trabajo, están enseñando a
nuestros jóvenes a vivir en la desilusión. Y el entrenamiento para crear
emprendedores hoy en día debe empezar con esa desilusión. Tom Bentley
tiene razón al afirmar que la educación necesita enfocarse hacia
cultivar disposiciones y que debemos tomar en serio el trabajo de Daniel
Goleman sobre la inteligencia emocional. Pero debemos ir más allá de
enseñar a los niños a identificar, evaluar y configurar sus
disposiciones. Deberíamos ayudarles a capturar el sentido de significado
que llega con el éxito del emprendedor.
Mientras la mayoría de los programas educativos preparen a nuestros
niños para un mundo de carreras que está en decadencia, a muchos la vida
wired les parece la oleada del futuro. Nosotros creemos que, a pesar de
que seguramente será una rama de las prácticas laborales que están
emergiendo, la vida wired sólo podrá desarrollarse exitosamente si
recibe el apoyo de una vida de espíritu emprendedor más orientada hacia
la comunidad. Pese a todas la virtudes de espontaneidad de la vida wired
y a la peculiar clase de autonomía personal que hace posible para
quienes viven de acuerdo con ella, no puede proporcionar un sentimiento
de realización para la mayoría trabajadora. Con demasiada frecuencia
conduce a la anomia y a la eventualidad. Del mismo modo, lamentarse por
el antiguo mundo laboral que las nuevas tecnologías están haciendo
redundante nada ofrece a la generación que ha de hallar su camino hoy en
día.
Las nuevas tecnologías que transforman nuestras vidas laborales tan
profundamente no darán significado, por sí mismas, al nuevo mundo que
están creando. Si el trabajo ha de tener significado para la mayor parte
de la gente en el futuro próximo, necesitamos reconsiderar parte de las
instituciones y las prácticas que heredamos y distanciarnos de las modas
del presente. Necesitamos pensar en nuestras vidas laborales y en las de
nuestros hijos no en el marco anacrónico de las carreras o en la
estrecha realización propia de la vida wired, sino como oportunidades
para el compromiso, la innovación y el espíritu emprendedor
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