Midiendo el impacto de la gestión de recursos humanos
07-2003
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Introducción
La medición del impacto de los Recursos Humanos (RRHH) ha sido
históricamente la manzana de la discordia entre los propios
especialistas y directivos de la empresa, sin ponerse de acuerdo, o
tener un criterio aceptable por todos, de que se trata de una función
directiva principal, capaz de tener objetivos cuantificables,
mensurables y de que es posible medir su impacto de manera objetiva ya
sea a nivel global de la organización o sus partes sigue siendo un
objetivo a perseguir.
Entre los que no han sabido o saben como hacerlo y aquellos que no
quieren, se mantiene la idea que es una función que acepta solamente una
evaluación cualitativa en términos de conducta, o cuando mas en términos
estadísticos.
Es prácticamente un principio de dirección empresarial, sobre todo
cuando se habla de dirección estratégica, que aquello que no se
diagnostica no se controla, puesto que el diagnóstico constituye una
función nueva y principal del enfoque estratégico. Y, lo que no se
controla tampoco se mide, y si no se mide y no se controla difícilmente
se puede planificar sobre bases objetivas, es decir, se dificultan
también las decisiones, sobre todo si de decisiones estratégicas se
trata.
De manera que tenemos varios problemas en uno, a partir del
cuestionamiento e insuficiencias con relación al estadío de desarrollo
en que se encuentran RRHH, como función y como área organizativa en las
empresas; sobre todo aquellas que están transitando y desarrollando la
etapa de implantación del proceso de Perfeccionamiento Empresarial, es
decir, un proceso que necesariamente debe plantearse objetivos
cualitativamente superiores con relación a RRHH como función de
dirección.
El Instituto de Estudios e Investigaciones del Trabajo (IEIT) está
llevando desde hace dos años un proyecto de investigación cuyo objetivo
principal ha sido indagar y caracterizar el nivel de integración de los
Recursos Humanos, así como su incidencia en la dirección de la empresa,
y se verifica en general un bajo o nulo nivel de integración, lo cual
ubica esta área y las actividades que desarrolla mas cerca de la función
y las prácticas tradicionales que de las nuevas que es necesario
implantar y desarrollar.
No es extraño oír o leer, incluso entre nuestros especialistas, que
estas prácticas, tecnologías y enfoques gerenciales vienen del “primer
mundo”, es decir, de los “países capitalistas desarrollados”, desde
donde supuestamente “es más fácil abogar por la realización mas plena
del hombre, cuando se tienen satisfechas todas las necesidades básicas”.
Tal parecería que el desafío es entonces nuestro solamente; el desafío
de utilizar los enfoques de desarrollo pleno del hombre sin tener
satisfechas todas las necesidades básicas, dando por sentado que las
sociedades capitalistas desarrolladas satisfacen todas las necesidades
básicas y que también pueden lograr la realización plena del hombre. De
esta manera, en la práctica se sigue haciendo lo mismo, y lo que es
peor, se debilita la conciencia y la actitud de lucha necesaria para
realizar las transformaciones imprescindibles.
Antes de hablar de la medición del impacto de RRHH en los resultados de
la entidad, es fundamental hacer una reflexión teórico-conceptual, que
tanto se rechaza o se divorcia a veces de la práctica.
Recursos Humanos, Trabajo y Capital
Se hace proverbial la escasez de análisis marxista y la aplicación del
materialismo dialéctico e histórico a la vida y a las prácticas
actuales, incluida la empresa y el modo capitalista de producción; y
sobre todo de los conceptos que nos ocupan en este trabajo, como son los
Recursos Humanos o “los recursos de las personas”, o el llamado Capital
Humano.
Es absolutamente insuficiente abogar, hablar definir o evaluar el
Capital Humano o los Recursos Humanos por la formación y la valoración
financiera de lo que puede producir o en lo que se revierte en el valor
de la empresa, que llevado a términos empresariales y a funciones en la
empresa, se resume muchas veces rápida y fácilmente como la selección,
capacitación y evaluación de las personas, funciones que supuestamente
posibilitan elevar las “capacidades reales”, o los “conocimientos,
habilidades y destrezas”.
Es un análisis simplista, que empieza en querer equiparar la función de
RRHH con Capital Humano, y que pretende simplificar ambos en
determinados elementos técnicos vinculados con la capacitación y
elevación de las competencias individuales, eliminando o desconociendo
el valor de los elementos de orientación social del individuo, como sus
valores y motivaciones, intereses y necesidades. De esta manera se
limitan ambos conceptos, sin considerar las capacidades grupales,
colectivas y de la organización como parte también del Capital Humano o
del Capital Intelectual, que requieren de una determinada organización
social.
No es posible abstraernos de la relación social, ni fuera ni dentro de
la entidad, y considerar que la capacidad productiva de la fuerza de
trabajo es causada solo por la formación, es decir, capacitación. La
socialización de conocimientos, que “debería ser” una característica de
la revolución actual de la Informática y las Comunicaciones, que
aplicado en la empresa llevaría efectivamente a nuevos estilos y métodos
de dirección, con el consiguiente cuestionamiento nada anarquista del
escaque único que preside toda organización, mas grande o mas pequeña,
mas vertical o mas horizontal, con mas o menos divisiones estructurales,
pero que siempre parten todas del primero y único escaque a ese nivel.
De ello habló Marx o mejor intuyó todas las posibilidades, cuando
denominó “transmisión de habilidades y conocimientos de un trabajador a
otro”.
El desarrollo de la fuerza productiva, el aprovechamiento de los
recursos materiales y financieros, la eficiencia, eficacia,
rentabilidad, son determinados también por la organización social del
proceso productivo, el progreso científico y su aplicación práctica a
través de la actual gestión de conocimiento.
Todo ello, de ninguna manera puede simplificarse a nivel de habilidades
y destrezas y competencias individuales, e identificar esto como Capital
Humano, como si los elementos organizacionales que requieren de
capacidades grupales y colectivas fueran elementos divinos no
relacionados con un tratamiento cualitativamente diferente de los RRHH
como función de dirección, o definidos como los “recursos de las
personas”.
La configuración de factores consustanciales con las personas desde que
se alcanzó el nivel evolutivo de “homo sapiens”, como lo son el
conocimiento, información, comunicación, tecnología, innovación, exige
una nueva configuración y una integración mayor. La integración de RRHH
o de los recursos de las personas, exige integración de Capital Humano,
Capital Estructural y Capital Relacional, o en otros términos, de las
capacidades, conocimientos, experiencias, valores, necesidades,
motivaciones, con las capacidades grupales, valores culturales
organizacionales, capacidad de cambio y de aprendizaje organizacional, y
las relaciones institucionales.
Los conceptos anteriores, sin análisis crítico propio, lleva muchas
veces a interpretaciones alejadas de nuestra ideología y de nuestra
realidad. Lleva en la práctica a establecer mediante tecnología
sofisticada un mínimo necesario de formación para llevar a cabo las
prácticas nuevas con altos desempeños, a partir de perfiles de
competencias estrechos, lo cual desde luego no ayuda al desarrollo
integral de las personas, ni al desarrollo de capacidades reales y
potenciales y a nuevos conocimientos que permitan a los trabajadores
mayor creatividad e innovación, en consecuencia nuevas riquezas, y sobre
todo mayor participación de los trabajadores en la dirección y gestión
de los procesos y de las entidades, que sería la mayor riqueza de todas.
Ya en la década del 60 hubo una reacción y una controversia entre un
grupo de académicos y filósofos acerca de la “Homogeneidad del Capital”,
o como se conoce la Controversia de Cambridge, que pretendió diferenciar
de los modelos y teorías económicas y organizativas anteriores, el
Trabajo y Capital, como insumos por igual del proceso productivo y que
se adquirían desde luego como mercancias.
De manera que la Homogeneidad de Capital fue sustituida por la
“Heterogeneidad de Capital”, intentando elevar el trabajo humano. Pero,
en la práctica con los años y bajo nuevas formas, actualmente, vuelve a
reducirse el trabajo humano a la condición de capital acumulable, razón
por la que se insiste tanto en la formación y hoy día en gestión del
conocimiento, como factor directo vinculado a los activos intangibles.
Este camino condujo en años posteriores a la Teoría del Capital Humano,
que considera el trabajo como forma de capital; en consecuencia, Capital
Humano se considera como forma de Capital. Hay que recordar y tener
presente que para los marxistas, Capital es una relación social de
producción, en la cual el trabajo es fuente y valor de las riquezas. El
trabajo es un proceso social que se realiza entre el hombre y la
naturaleza, en cuyo transcurso regula, controla y hace de mediador, con
lo cual no solo transforma la naturaleza, sino que se modifica él mismo
con nuevas experiencias, conocimientos, habilidades, valores.
Cualesquiera que sean las formas sociales de la producción, los
trabajadores y los medios de producción son siempre sus factores se dice
en El Capital, y de la manera en que se combinan es lo que distingue las
diferentes épocas económicas. La combinación de Marx no es una simple
relación de factores, sino la interrelación de esos factores.
Si recurso es cualquier elemento o factor que otorga valor a la empresa
o entidad, el recurso humano, sin distinguir a las personas de los demás
recursos, o incluso al considerarlo como determinante, no se diferencia
ni separa de cualquier otra mercancía en las sociedades de mercado. De
manera que recurso humano, no es referido, ni debe serlo, a la persona.
El trabajador está separado de los medios de producción , desligado de
toda propiedad salvo la de su fuerza de trabajo, instituidos en capital
hasta que él mismo se convierte en elemento del capital, y Marx los
funde en un concepto “separación entre el trabajador y las condiciones
de trabajo”.
Si la manufactura radicaliza al extremo la unidad de la fuerza de
trabajo y del medio de trabajo, y el uso efectivo de los medios requería
de un conjunto de cualidades físicas e intelectuales, el desarrollo de
la maquina instrumento independiza a esta de la fuerza de trabajo, es
decir, los medios de trabajo y el trabajador adquieren formas de
evolución diferentes, lo cual hace posible una diferente, la unidad del
medio de trabajo y del objeto de trabajo. Dice Marx que el desarrollo de
la maquina instrumento permite la constitución de un “esqueleto material
independiente de los obreros en sí”. Si antes de la Revolución
Industrial la técnica era el conjunto indisoluble de un medio y de un
obrero, luego será la de un objeto y los instrumentos de trabajo, con lo
cual aparece la tecnología, o la aplicación de los conocimientos a las
técnicas. Esta transformación de una estructura en otra, o el cambio de
las formas del proceso de trabajo que caracteriza las fuerzas
productivas, Marx lo explica como “dos formas de existencia material”
del proceso de trabajo, la de la “unidad del medio de trabajo y de la
fuerza de trabajo” y la de la “unidad del medio de trabajo y del objeto
de trabajo”.
El conocimiento, que lleva también a los niveles de información y la
comunicación actuales, transforma también el proceso de trabajo. El
trabajo intelectual que produce los conocimientos que se aplican en el
proceso de trabajo, cuyos trabajadores no necesariamente están
presentes, posibilita y lleva a lo que Marx denomina “trabajo
socializado”.
Hoy, como entonces, hablar de modo de producción y de
fuerzas productivas sin relacionarlo con el consumo y la distribución sería como
ver una cara de la moneda. “El consumo productivo y el consumo individual del
trabajo son así perfectamente distintos. En el primero actúan como fuerza motriz
del capital y pertenece al capitalista, en el segundo se pertenece a él mismo y
cumple funciones vitales fuera del proceso de producción. El resultado de uno es
la vida del capital, el resultado del otro es la vida del obrero en sí”, dice
Marx.
Y puntualiza que: “De hecho el trabajador es una posesión de la clase
capitalista, antes de venderse a un capitalista individual". Las apariencias que
hacen ver al capital como avanza al trabajador, sobre todo en términos del
proceso de trabajo, son eso, apariencias.
Por último, lo que nos interesa recordar es la filosofía que primó y las
políticas derivadas con relación al tratamiento de las personas en el proceso de
trabajo. Desde la concepción tradicional que señala que a las personas les
desagrada el trabajo, y en consecuencia son incapaces de dirigirse por sí
mismas, con políticas que se basan en el control estricto sobre tareas simples
predeterminadas, pasando por la escuela y época de las relaciones humanas que
reconoce a las personas y se elaboran políticas que permiten aquella
participación que aumente la satisfacción del trabajador, hasta la época mas
reciente la de la escuela de los recursos humanos, que supone a las personas
capaces de dirigirse y como recurso mal aprovechado necesita de políticas que
crean clima de participación activa, ha pasado casi un siglo. Este último
enfoque exige atender no solo el denominado Capital Humano sino también el
Capital Estructural y el Capital Relacional.
Pero, el "crecimiento personal de los trabajadores" como lo denominan
algunos autores, o mejor el desarrollo de los trabajadores, y que se supone sea
uno de los objetivos principales de cualquier administración, históricamente no
ha estado a la par del "crecimiento de la organización".
También en nuestra sociedad ha habido desequilibrios, o falta de
combinación integral. El extraordinario salto educacional y la capacitación y
preparación de los trabajadores no ha tenido siempre un impacto igual o superior
en la efectividad económico-productiva y financiera de la organización; y
viceversa, el crecimiento de la organización a expensas de la tecnología "dura"
no ha logrado la integración con la tecnología "blanda", mostrando así
contradicciones entre los conocimientos y capacidades individuales, o el llamado
Capital Humano, y las capacidades grupales y colectivas característicos del
Capital Estructural y el Capital Relacional. Incluso, diríamos que afecta tanto
el comportamiento tanto interno o dentro de las organizaciones como fuera y
entre las organizaciones, por tanto afecta el Capital Social o las relaciones
entre las instituciones. Se pone de manifiesto así la necesidad de integrar todo
lo relacionado con las personas.
Quizás esta sea una explicación y causa de que la implantación de Nuevas
Formas Organizativas y de Dirección, de avance del nuevo estilo y enfoques de
dirección de RR.HH. no haya progresado mucho realmente.
De la teoría a la práctica o la valoración del impacto de la gestión de
Recursos Humanos
Para hablar de índices e indicadores cuantitativos, o de evaluación
económica y financiera de RR.HH. baste consultar la escasa y valiosa
bibliografía para darnos cuenta de los muchos y diversos problemas con que nos
enfrentamos, solamente para decidir y definir qué se quiere medir y cómo
hacerlo. Pero lo que no está del todo claro muchas veces es si cuando se aboga
por la medición y valoración financiera del impacto, se deja a un lado o no la
valoración cualitativa comportamental individual, grupal y organizacional. No
está de mas decir que ambas deben ir a la par, si no queremos volver a
simplificar las cosas.
Para no encerrarnos en marcos estrechos, ante todo es necesario partir
de la consideración o principio que RR.HH. sigue siendo y es primero una función
de dirección con una dimensión social y comportamental, con impacto financiero.
No nos referimos a la evaluación económica del empleo, es decir, a la
efectividad del empleo, pero no cabe dudas que un empleo efectivo pasa por la
efectividad de la función de dirección de RR.HH..
De manera que deben combinarse adecuadamente los elementos que reflejen
el impacto a nivel global puesto que RR.HH. es una función presente y con
incidencia en todas y cada una de las actividades y procesos que se llevan a
cabo en la entidad, con elementos específicos que reflejen determinados procesos
importantes, y que de conjunto permitan valorar la gestión realizada. Es decir,
consideramos que es necesario reflejar y medir el impacto de RR.HH. teniendo en
cuenta la Tecnología, los Procesos y las Personas, factores que determinan el
sistema-empresa hoy día.
Entre los pioneros en el campo de la medición del impacto de RR.HH. se
citan entre otros a Jac Fitz-enz, Wayne F. Cascio y Jack I. Phillips de lectura
obligada, para ganar en conocimiento que posibiliten nuevos desarrollos, y que
desde luego hemos utilizado como bibliografía para el presente trabajo.
En la última década ha habido importante esfuerzos por cambiar la visión
tradicional de la función de RR.HH. en el mundo y entre nosotros, de manera tal
que de actividad y área de segunda tratada como de servicio o de apoyo, pase a
considerarse como una función de dirección total, conectada a la visión y misión
y a los resultados globales de la entidad. Se suma el agravante que a la falta
de medición y valoración financiera tampoco se hace en términos cualitativos de
conducta, o cuando se hace es a manera de información y no como análisis de los
resultados de dos períodos diferentes para buscar soluciones factibles. El mito
de que la función de RR.HH. ha sido medida en términos de conducta no es menor
al mito de que no puede ser medido en términos financieros.
Entonces, la misión de RR.HH. de fomentar la productividad a través del
desarrollo personal de los trabajadores, de trabajar el enfoque estratégico para
alcanzar los objetivos estratégicos de la entidad, se convierte en intención sin
orientación clara y precisa.
Primeramente, es mas que deseable, imprescindible, que el personal
especializado del área RR.HH. cuando no todos los especialistas de las distintas
áreas organizativas, puesto que estamos lejos aún de la necesaria
transfuncionalidad y la transdisciplinariedad que lo puede posibilitar, deben
conocer la estructura, la tecnología, los procesos productivos o de servicios,
las relaciones con los clientes y con los proveedores, para que puedan llevar a
cabo su misión con eficiencia, eficacia y efectividad.
Deben conocer los costos en que incurren en sus operaciones en los
procesos de la entidad, entre otros:
- costos de operación (en los que incurre directamente
el área para llevar a cabo los procesos)
- costos de tiempo ( tiempos empleados en preparar y llevar a cabo los
procesos)
- costos fijos y variables (relativos a los trabajadores del área)
- costos de oportunidad (lo que se pudo haber alcanzado de haber
aprovechado mejor los recursos
- costos de personal o llamado Capital Humano (según Cascio,F.W:
sueldos, salario y prestaciones de los trabajadores excluyendo las prestaciones
a largo plazo, costo de ausentismo justificado o injustificado, y costo de
rotación desde la finalización de la relación laboral hasta el reemplazo y el
término de aprendizaje)
No es práctica usual entre nosotros llevar los costos de operación del
área, que se encubren en los de la administración, y es necesario
descentralizarlo; y los demás costos el área de RR. HH. debe dominarlos tanto
como el área económica-financiera.
Los costos anteriores abarcan los cuatro primeros los costos directos
del personal del área lo cual expresa la efectividad de la estructura, y sirve
para evaluar la gestión dentro del área y presupuestar las operaciones. El
último es referido a todos los trabajadores, y también expresa la gestión de
RR.HH. a nivel de toda la organización., puesto que con mejor gestión estos
costos se pueden aminorar, sobre todo los de ausentismo y la rotación. También
posibilita buscar la relación Nómina personal del área/ Nómina personal total.
Ahora bien, es importante no perderse en un mar de indicadores, a
semejanza de las estadísticas que se llevan y que sirven para ejercitar a los
que lo confeccionan para "informar arriba" en tiempo y espacio y en cantidades
que no posibilitan indicaciones u orientaciones superiores efectivas. Deben ser
indicadores que reflejen el mayor por ciento de la función de RR.HH en el valor
agregado.
Ante todo vamos a referirnos a un concepto empleado en los índices como
es el ETC (Equivalente a Tiempo Completo o FTE sus siglas en inglés) que por la
profusión en muchos países del fenómeno de trabajo a medio tiempo o menos del
tiempo completo de la jornada laboral , se busca la equivalencia de la nómina a
trabajadores de tiempo completo. Así, diez trabajadores de medio tiempo es igual
a cinco trabajadores ETC. Evidentemente se busca efectividad de la ocupación, y
no cabe duda alguna que constituye un índice importante.
En nuestro caso, pudiera ser el Promedio de Trabajadores, como sumatoria
del número de trabajadores de cada día del mes dividido entre días calendario, a
partir del Registro de Trabajadores. Pero sucede que el Registro incluye a todos
los trabajadores que concurren o no, e independientemente de si trabajan o no
por determinada causa (desde la falta de materiales o materias primas, u otras
interrupciones, comisión de servicios, vacaciones, licencias, obligaciones
estatales, régimen de descanso establecido, cursos de capacitación, contratados
o en prestación de servicios, los que están autorizados o no a presentarse).
El método o el Promedio de Trabajadores considera ciertamente las
fluctuaciones en el curso del período, pero no brinda información exacta acerca
de la efectividad del nivel de ocupación real, o el número de trabajadores
realmente asistidos que trabajan. Y como se trata de buscar un indicador que
trate de combinar el nivel de ocupación real con la aprovechamiento del fondo de
tiempo laboral, proponemos Hombres - Días Trabajados (HDT) o Trabajadores
Efectivos (TE), indicadores profusamente utilizados en décadas anteriores en
nuestras organizaciones no solo como estadísticas sino en el análisis de la
organización.
Todos los autores coinciden en los indicadores de efectividad
organizacional tales como Factor de Ingreso o de Ventas, Factor de Gastos y
Factor de Utilidad como indicadores globales en los que se refleja en definitiva
tanto la estructura como los procesos y las personas, al dividir estos entre la
fuerza de trabajo total.
La relación Ventas Totales (o Ingresos Totales)/ TE comparado con Ventas
Totales (o Ingresos Totales/ Promedio de trabajadores nos daría no solo como se
aprovecha la fuerza de trabajo, sino como se deja de aprovechar; cuál es el
ingreso, el gasto o la utilidad proporcional en el caso de gastos y de utilidad
, que la entidad obtiene o eroga por cada trabajador trabajando y por cada
trabajador de la nómina.
Luego de estos indicadores globales quedarían otros aspectos específicos
importantes a valorar como es la efectividad de la Estructura y Dirección del
área de RR.HH. propiamente dicho; la función de capacitación y un indicador que
propone Fitz-enz denominado Valor Agregado de Capital Humano
(Ingreso-(Gastos-Sueldos Salarios y Beneficios)/ETC) Una aclaración necesaria, y
es que la estructura del área sigue teniendo importancia cuando del enfoque
organizativo se trate; cuando se trata de un enfoque estratégico, con un nivel
mucho mayor de integración entre las funciones, de todas maneras índices como
inversión y costos y gastos se siguen identificando por RR.HH.
Entre un grupo numeroso de indicadores para medir la efectividad de la
estructura de RR.HH. consideramos dos que pueden tener un mayor impacto en
nuestro medio, y serían el Factor de Inversión en RH para calcular la inversión
promedio por trabajador, y el Factor de Gastos en RH, es decir, la participación
de gastos de operación del área en los gastos de operación de la entidad.
Como indicadores de capacitación, además de la estadística de
trabajadores capacitados por período sobre total de trabajadores, o la razón
capacitación interna- externa, es imprescindible conocer el Factor costo
capacitación, cuánto se destina del total de gastos de operación de RH; y el
Factor Inversión Capacitación o cuánto se invierte en la capacitación, es decir,
costo de capacitación entre trabajadores.
En resumen serían:


Si fuera cierto que el lugar y el rol de los Recursos de
los Humanos, o del área RR.HH hablando en términos funcionales de la
organización, fuera a cobrar real importancia, la importancia decisiva que debe
tener, a partir de la medición y valoración y la demostración de su impacto en
los resultados de la organización, entonces estos indicadores u otros deben
facilitar el cambio. Pero, como dice el dicho "una golondrina no hace verano".
Tampoco por el hecho que dediquemos esfuerzos y diseñemos una estrategia,
significa que esta se vaya a realizar automáticamente, si de todas maneras no se
trabaja día a día. Y la función de RR.HH. es una labor diaria de todos y cada
uno de los trabajadores, para lo cual deben de prepararse.
Hablamos inicialmente de la importancia de la dimensión social o la
orientación de RR.HH. en términos de conducta. Esto quizás no se pueda ni es
deseable llevar a fórmulas, pero sigue siendo necesario evaluar permanente y
sistemáticamente. Quizás solo cuando se tenga una visión clara de los aspectos
motivacionales y de la satisfacción laboral; de la comunicación que se establece
a distintos niveles y entre estos, desde el individuo pasando por el grupo hasta
la organización; de la organización de grupos primarios por la importancia de
las relaciones interpersonales y la cooperación; y el liderazgo y la
participación activa y efectiva de los trabajadores en la vida y las decisiones
de la organización, cobre real sentido la medición y evaluación del impacto
financiero, y hablar del Capital Humano.
Rafael Alhama Belamaric
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Rafael Alhama
Belamaric
Investigador del Instituto de Estudios e Investigaciones
del Trabajo (1974)
Experto del Sistema Trabajo (2001)
Miembro del Consejo Científico Técnico de la CTC-N (1999)
Vicepresidente de Actividades Profesionales de la ANEC de Ciudad Habana,
Cuba.
Autor de más de 160 artículos y los libros "El Hombre y su Medio
Ambiente Laboral" (1981). "El Trabajo por Turnos" 1987). "Perfeccionamiento
Empresarial. Retos y Realidades" (2001)
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