Presentación.
Con el propósito de contribuir con la difusión de la propuesta de
efectividad personal y organizacional de Stephen R. Covey, que a todas
luces es de capital importancia para impulsar el desarrollo de las
personas y organizaciones en un escenario mundial de intensos cambios,
crecientes desafíos y exigencias de mayor competitividad, desarrollo en
este trabajo algunos de sus conceptos más importantes. Asimismo,
presento algunas ideas acerca del nuevo concepto de inteligencia
emocional y la importancia que tiene para el desarrollo del individuo y
las organizaciones, de acuerdo a los estudios de Daniel Goleman. Entre
Covey, con su visión administrativa, y Goleman, con su visión
psicológica, introduzco algunas ideas generales sobre Viktor E. Frankl,
con su visión filosófica, sobre los problemas existenciales del mundo
contemporáneo.
A pesar de que Stephen R. Covey y Daniel Goleman son autores muy
conocidos en los Estados Unidos, su país de origen, así como en muchas
partes del mundo, en nuestro medio realmente no lo son. Pienso,
entonces, que la oportunidad es propicia para conocer sus ideas,
primero, así como valorar la posibilidad de aplicarlas, después.
¿Quién es Stephen R. Covey?
Una década atrás Stephen R. Covey, el denominado Sócrates americano,
escribió: Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva (1989),
convirtiéndose su libro en un extraordinario éxito de ventas en su país,
primero, y en el resto del mundo, después.
A la fecha este excepcional libro se ha traducido a más de veinticinco
idiomas, se ha editado en un número mayor a los doce millones de
ejemplares y su estudio se multiplica cada día más. En idioma castellano
este libro fue editado en 1990 por la Editorial Paidós Ibérica S.A. con
el nombre de: Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva. La
revolución ética en la vida cotidiana y en la empresa.
Después de este gran éxito editorial, Covey ha continuado su carrera de
escritor, escribiendo las obras: El liderazgo centrado en principios
(1990); Meditaciones diarias para la gente altamente efectiva (1994);
Primero lo primero (1994), escrito con la colaboración de A. Roger
Merrill y Rebecca R. Merrill; Los 7 hábitos de las familias altamente
efectivas (1998); The Nature of Leadership (1999), escrito con la
participación de A. Roger Merril y Dewitt Jones; y Living the 7 habits:
Story of Courage and Inspirations (1999), éstos dos últimos libros
todavía sin traducir a nuestro idioma.
Stephen R. Covey, BA por la Universidad de Utah, MBA por la Universidad
de Harvard y Ph.D por la Bringham Young University, ha sido considerado
por la prestigiosa revista Time como uno de los veinticinco
estadounidense más influyentes de su país. El doctor Covey también se ha
hecho merecedor a numerosos premios por la excelencia de su contribución
al desarrollo de las personas y organizaciones.
Actualmente el doctor Covey lidera la Franklin Covey Company, importante
firma que realiza, entre otras actividades, estudios y aplicaciones
sobre Liderazgo Centrado en Principios en las organizaciones e
instituciones más importantes del mundo. Su portafolio de clientes
incluye 82 de las 100 Fortune y más de dos tercios de las 500 Fortune,
miles de medianas y pequeñas empresas y entidades gubernamentales y
muchos miles más de familias y personas en todo el mundo.
Los productos y servicios Covey se encuentran disponibles en más de
veintiocho idiomas, y sus productos de planeación son utilizados por mas
de 15 millones de personas. La organización Franklin Covey tiene una red
mundial de oficinas y tiendas; cuenta con una Sede Central ubicada en
Salt Lake, Utah (USA), y más de cien representaciones dispersas en los
Estados Unidos de Norteamérica, Europa, Asia, América Latina, Oceanía y
Africa.
Stephen R. Covey propone en su consagrada obra: Los 7 hábitos de la
gente altamente efectiva, una renovada filosofía de vida sustentada en
la comprensión y aplicación de los siete hábitos de efectividad personal
y organizacional. Tales hábitos -síntesis de su estudio magistral sobre
la cultura del éxito en doscientos años en los Estados Unidos- son los
siguientes: 1. Sea proactivo; 2. Empiece con un fin en mente; 3.
Establezca primero lo primero; 4. Piense en ganar / ganar; 5. Procure
primero comprender y después ser comprendido; 6. Sinergice; y 7. Afile
la sierra.
La pregunta que seguramente muchos podemos hacernos, es la siguiente:
¿Por qué el primer libro de Stephen R. Covey -Los 7 hábitos de la gente
altamente efectiva- ha causado sensación en todo el mundo?
Me arriesgaré a señalar tres razones para intentar explicar este
singular éxito editorial, el mismo que, a su vez, ha originado un
extraordinario éxito empresarial reflejado en Franklin Covey Company.
Primero, porque el libro en mención se encuentra muy sólidamente
fundamentado en los estudios que realizara Stephen R. Covey sobre las
ideas escritas sobre el éxito en los últimos doscientos años en su país
de origen. En efecto, el propio autor señala que su estudio sobre la
literatura del éxito comprende los millares de escritos realizados desde
1776 en su país. Este extraordinario conocimiento no constituiría sino
la esencia de la sabiduría de un pueblo democrático sobre el arte de
vivir basándose en principios.
Segundo, porque las ideas de Stephen R. Covey son sumamente didácticas y
enriquecedoras para todo aquel que sea capaz de responder al desafío
personal que le plantea su propia superación. Sobre la base del
importante concepto de principios sustenta la arquitectura de los siete
hábitos de las personas altamente efectivas. Sin perder profundidad
conceptual, Covey plantea todo un programa de desarrollo aplicable a
individuos, familias, grupos y organizaciones de todo tipo.
Tercero, porque el libro de Stephen R. Covey llega a la comunidad en el
tiempo preciso para ser valorado, asimilado y explotado. Es indudable
que existe en las personas una necesidad de encontrar un sentido a sus
propias vidas, así como también es innegable que las ideas de Covey se
trasforman en las manos de cada cual en poderosas herramientas de
modelamiento de la propia vida.
Stephen R. Covey ha iluminado en nuestra época la necesidad de
comprensión sobre el camino de desarrollo personal y organizacional.
Corresponde ahora a cada individuo y organización recorrer el fatigoso y
largo camino que conduce a la propia superación. Cada cual iluminará su
vida con una mayor comprensión y superación en sus propias
circunstancias. Ese es el reto que a cada uno de nosotros nos toca
responder con la calidad de nuestras decisiones y acciones.
Fundamentos de la efectividad personal y organizacional.
Las cinco columnas que sostienen la estructura conceptual del
pensamiento de Stephen R. Covey, son las siguientes: 1. Paradigmas; 2.
Principios; 3. Proceso de adentro hacia fuera; 4. Hábitos de
efectividad; y 5. Niveles de efectividad. Conviene al llegar a este
punto explicar someramente cada uno de estos conceptos para entender los
hábitos de la efectividad personal y organizacional.
Paradigmas.
De acuerdo con Covey, los paradigmas son los modos en que las personas
ven el mundo, en el sentido de percepción, comprensión o interpretación.
Otro modo de entender los paradigmas es la idea de que son teorías,
explicaciones, modelos o supuestos que son útiles para explicar la
realidad. Los paradigmas no serían sino mapas de nuestras mentes y
corazones que dan origen a nuestras actitudes y conductas y, en última
instancia, a resultados.
La psicología tiene tres paradigmas importantes para entender el
psiquismo y comportamiento humanos. Un paradigma -o fuerza psicológica-
es el psicoanálisis de Sigmund Freud; otro es el conductismo de John B.
Watson; y, por último, el humanismo de Abraham H. Maslow. Desde luego
que cada uno de estos paradigmas o fuerzas psicológicas se han dividido
en muchísimas otras, pero este tema no constituye propiamente un motivo
central de esta exposición.
En administración también podemos encontrar pensamientos administrativos
paradigmáticos. En el siglo XVIII aparecieron las ideas de Adam Smith;
en el siglo XIX las ideas de Charles Babbage; en los inicios del siglo
XX las ideas de Frederick W. Taylor; y, finalmente, en las postrimerías
de este siglo las ideas de W. Edwards Deming.
Principios.
Los principios -siempre en la visión de Covey- son leyes naturales en la
dimensión humana que gobiernan la efectividad y que no pueden
quebrantarse. Estos principios representan verdades profundas,
fundamentales, duraderas, universales y permanentes que han sido
reconocidas por todas las civilizaciones importantes a través del
tiempo.
Si los paradigmas son el mapa, pues los principios son el territorio.
Uno de los principios más importantes es la ley de la cosecha. Bastaría
para comprenderlo preguntarnos lo siguiente: ¿Podemos cosechar aquello
que no hemos sembrado con nuestro propio esfuerzo? Algunos otros
principios son los siguientes: Calidad, cambio, desarrollo, dignidad
humana, educación, integridad, rectitud, servicio, potencial y proceso.
Proceso de adentro hacia fuera.
Conforme a Covey, el proceso de cambio y desarrollo personal siempre se
produce de adentro hacia fuera, y se sustenta en los principios, la
persona humana (carácter, paradigmas y motivaciones) y los hábitos de la
efectividad. Esto quiere decir que los programas de cambio y desarrollo
personal para poder ser realmente efectivos tienen antes que ser
asimilados internamente por la persona traspasando las resistencias
internas y las barreras externas.
Hábitos de efectividad.
Los hábitos de la efectividad personal y organizacional constituyen un
nuevo paradigma propuesto por Stephen R. Covey, sustentados en siete
hábitos reconocidos por nuestro autor en su original y productivo
estudio acerca de la literatura del éxito en su país durante el período
1776 - 1976.
Los hábitos no serían sino la resultante de la intersección de tres
elementos: 1. Conocimiento, responde al qué hacer y por qué; 2.
Capacidad, responde al cómo hacer; y 3. Deseo, responde al querer hacer
o motivación. Estos tres elementos son requeridos para convertir algo en
un hábito en nuestras vidas.
Veamos, a título de ilustración, el hábito de la lectura a través de
estos tres elementos: 1. ¿Qué debo leer y por qué debo leer?; 2. ¿Cómo
debo leer?; 3. ¿Deseo leer? Si una determinada persona carece del hábito
de la lectura, resulta indudable que uno o más de estos elementos no
están en la intersección. A propósito del hábito de la lectura,
recientes estadísticas oficiales informan, por ejemplo, que el Perú sólo
supera en índice de lectoría en América Latina a Haití. Como contrapeso
de esta situación podemos decir que el hábito de ver la televisión está
reemplazando al hábito de la lectura. Lastima, sí, que la televisión
peruana no ofrezca todavía todas las posibilidades educativas que
debiera poner al servicio de su propia comunidad.
La clave de la efectividad es la relación entre la producción y la
capacidad de producción. Covey ilustra muy bien esta relación narrando
la fábula de Esopo de la gallina de los huevos de oro. Cuenta el
fabulista que en cierta ocasión un granjero tuvo la dicha de encontrarse
con una gallina que ponía cada día un huevo de oro. No dando crédito a
lo que sus sentidos percibían, el desconfiado granjero hizo verificar
por otras personas el huevo. Y en efecto, pudo realmente comprobar que
el huevo era de oro. Por cierto que nuestro granjero enriqueció
notablemente, pues cada día que pasaba la gallina le ponía un huevo de
oro. No pasó mucho tiempo antes de que sus ambiciones desmedidas le
hicieran pensar que era mejor dar muerte a la gallina para tener de una
vez todos los huevos de oro. En efecto, sin pensarlo más decidió matar a
la gallina de los huevos de oro. Mas al darle muerte y abrirla comprobó
para su desesperación que en su interior no había ningún huevo de oro.
Había matado sin pensar en las consecuencias a la gallina de los huevos
de oro. Así, pues, el huevo de oro de cada día de la gallina representa
la producción, así como la gallina representa la capacidad de
producción.
Los siete hábitos encarnan principios esenciales arraigados en nuestra
conciencia moral y en nuestro sentido común. Los hábitos de la
efectividad, son los siguientes: 1. Sea proactivo -hábito de la
responsabilidad-; 2. Empiece con un fin en mente -hábito del liderazgo
personal-; 3. Establezca primero lo primero -hábito de la administración
personal-; 4. Piense en ganar / ganar -hábito del beneficio mutuo-; 5.
Procure primero comprender y después ser comprendido -hábito de la
comunicación efectiva-; 6. Sinergice -hábito de la interdependencia-; y
7. Afile la sierra -habito de la mejora continua-.
Niveles de efectividad.
Estos niveles de efectividad, siempre en la visión de Covey, son los
siguientes: 1. Efectividad personal; 2. Efectividad interpersonal; 3.
Efectividad gerencial; y 4. Efectividad organizacional. Veamos muy
brevemente cada uno de estos niveles de efectividad:
1. La efectividad personal, basada en el principio de la confiabilidad,
constituye la relación conmigo mismo;
2. La efectividad interpersonal, sustentada en el principio de
confianza, son mis relaciones e interacciones con los demás;
3. La efectividad gerencial, sostenida en el principio del
facultamiento, es la responsabilidad de hacer que otros lleven a cabo
determinada tarea con un claro sentido de responsabilidad y compromiso;
y
4. La efectividad organizacional, soportada en el principio de
alineamiento, es la necesidad de organizar a las personas en armonía con
las líneas maestras de la organización.
Los hábitos de la efectividad personal y organizacional.
Primer habito: Sea proactivo.
Este hábito de efectividad representa la posibilidad de asumir nuevos
desafíos en un ambiente de libertad individual y responsabilidad social
de la persona humana. Este es el hábito de la conciencia y conducta de
responsabilidad, el que resulta determinante en cada persona para
comprender sus realizaciones y frustraciones, sus retos y sus
respuestas, sus ambiciones y sus logros.
Es muy importante entender que entre los estímulos, procedentes del
ambiente externo e interno, y las respuestas, manifestadas en conductas
observables o no, existe la libertad interior de decidir. Esta es
evidentemente una postura no determinista, tal como el propio Viktor E.
Frankl la señalara al considerarla la última de las libertades humanas.
Al hombre se le puede despojar de todo salvo la de elegir sus valores de
actitud frente a las circunstancias de su propia vida. Una lección
magistral de libertad interior de elegir la dio el propio Frankl a raíz
de su dolorosa experiencia durante sus años de confinamiento (1942 -
1945) en cuatro campos de concentración nazi. Su extraordinario libro:
Un psicólogo en un campo de concentración (1946), publicado después con
el título de: El hombre en busca de sentido, siempre perdurará como uno
de los más valiosos legados de valor y esperanza humanas en las
condiciones más difíciles de soportar para un ser humano.
Algunos ejemplos ilustrativos sobre lo que constituye el hábito de la
responsabilidad, son los siguientes:
· Valore positivamente la proactividad porque su práctica cotidiana le
significará también mayor libertad personal.
· Sienta, piense y actúe reconociendo que su familia es su
responsabilidad más importante.
· Acepte nuevos retos que lo desafíen a cuestionar y romper su precaria
seguridad para desarrollarse cada vez más.
· Supere con decisión y valor las barreras internas y externas que le
impiden actuar en forma proactiva.
· Anticípese al futuro diseñando con creatividad y oportunidad acciones
preventivas.
· Actúe con suma responsabilidad en su trabajo como un camino
inteligente para progresar.
· Reafirme día a día la responsabilidad que tiene sobre su propia vida.
Segundo hábito: Empiece con un fin en mente.
Este hábito de efectividad refleja el liderazgo personal y satisface
plenamente la necesidad de encontrar un sentido a la propia existencia.
Este es el hábito de la primera creación o creación mental, el que
resulta esencial en cada persona para comprender el cumplimiento de su
misión existencial.
Las observaciones y estudios realizados acerca de la visión de futuro
revelan que esta es en verdad extraordinaria y, tal como lo considera
Stephen R. Covey, el poder de una visión de futuro es increíble. La
literatura mundial abunda en casos que demuestran la manera en que la
visión de futuro posibilita el cumplimiento de los propios objetivos.
Viktor E. Frankl lo demostró personalmente, así como en los casos de
aquellos otros individuos enfrentados a situaciones límites en los
campos de concentración nazi. Benjamin Singer también comprobó el caso
de niños escolares que tenían una imagen de roles centrados en el futuro
y su influencia para su desarrollo. Andrew Campbell y Laura L. Nash
estudiaron la influencia del sentido de misión para el caso de las
organizaciones y equipos. Por último, Fred Polak estudió, para el caso
de las civilizaciones, la influencia de la visión colectiva de futuro.
Algunos ejemplos ilustrativos sobre lo que es el hábito del liderazgo
personal, son los siguientes:
· Decida y actúe iluminándose con su propia visión de futuro.
· Dirija su vida previendo su derrotero futuro.
· Contraste sus decisiones y acciones con su misión personal y realice
los ajustes que correspondan.
· Acepte que su vida tiene un sentido . . . pero reconozca también que
es usted quien tiene que descubrirlo.
· Identifique los principios y valores que orientan su propia vida.
· Determine el sentido de su vida y comprométase con el mismo.
· Lidere su vida trazando el rumbo que recorrerá hoy y mañana.
Tercer hábito: Establezca primero lo primero.
Este hábito de efectividad interpreta la idea de la administración
personal, y su aplicación inteligente posibilita que las personas puedan
encontrar la diferencia entre lo importante y lo urgente para ser más
efectivas. Este es el hábito de la segunda creación o creación física,
el que resulta básico para comprender la calidad de las decisiones y
acciones en el día a día.
Existen varias generaciones de aplicaciones inteligentes respecto a la
administración del tiempo, cada una de las cuales ha logrado un avance
sustantivo con respecto a la anterior: Desde la primera, basada en las
notas y listas de tareas; pasando por la segunda, apoyada en las
agendas; hasta la tercera, fundamentada en la administración del tiempo.
Stephen R. Covey ha propuesto una cuarta que encuentra su sustento en la
matriz de administración personal, en la que cada actividad puede ser
clasificada según dos criterios: 1) Urgencia, aquellas actividades que
requieren una acción inmediata; y 2) Importancia, aquellas actividades
que tienen que ver con los resultados. Así, cada actividad es
susceptible de clasificarse en los siguientes cuadrantes: 1) Urgente e
importante: Administración por crisis; 2) No urgente e importante:
Administración proactiva; 3) Urgente y no importante: Administración
reactiva; y 4) No urgente y no importante: Administración inefectiva.
Resulta obvio que es el segundo cuadrante el que resulta clave para el
logro de la efectividad.
Algunos ejemplos ilustrativos sobre el hábito de la administración
personal, son los siguientes:
· Defina en forma prioritaria los objetivos y metas que deberá alcanzar
en el corto, mediano y largo plazo.
· Decida sobre aquello que no es urgente pero sí importante en su vida .
. . y determine actuar en consecuencia.
· Precise sus roles y objetivos, esfuércese por cumplirlos . . . y
renuévelos.
· Establezca un modelo de conducta que le permita ser plenamente
interdependiente.
· Efectivice sus resultados definiendo previamente la jerarquía de sus
obligaciones.
· Trabaje y comprométase diariamente sobre su victoria privada.
· Practique a diario el uso de su planificador (agenda) para marcar día
a día la diferencia.
Cuarto habito: Piense en ganar / ganar.
Este hábito de efectividad ejemplifica el beneficio mutuo y ayuda
poderosamente a encontrar el equilibrio en las relaciones humanas con un
sentido de bien común y equidad. Este es el hábito que posibilita el
logro de satisfacciones compartidas entre todas aquellas personas que
participan en un proceso de negociación.
Este hábito comprende el estudio de seis paradigmas de interacción
humana: 1) ganar / ganar; 2) gano / pierdes; 3) pierdo / ganas; 4)
pierdo / pierdes; 5) Gano; y 6) ganar / ganar o no hay trato. Cada uno
de estos paradigmas es un modelo de relaciones humanas que conlleva
determinados objetivos y logros; sin embargo, el primer modelo de los
nombrados en una realidad interdependiente es el único viable. Este
primer modelo representa beneficios mutuamente satisfactorios, además de
que supone aprendizaje recíproco e influencia mutua. La historia de los
conflictos en todos los ámbitos psicológicos y sociales refleja la
ausencia de esta comprensión, primero, y la práctica desafortunada de
las negociaciones, después. Los procesos de negociación colectiva
llevados en forma periódica entre representaciones empresariales y
sindicales reflejan, en la mayoría de las realidades empresariales
latinoamericanas, un modelo basado en el paradigma gano / pierdes, el
mismo que a la postre se convierte en un paradigma pierdo / pierdes.
Algunos ejemplos ilustrativos sobre el hábito del beneficio mutuo, son
los siguientes:
· Piense que si trata al otro como a usted mismo le gustaría ser
tratado, estaría sembrando la semilla del ganar / ganar.
· Acepte el hecho de que tanto usted como los demás pueden y deben
resultar beneficiados en una negociación.
· Negocie actuando con integridad, madurez y mentalidad de abundancia.
· Decida aquello que favorezca el bien común y la equidad.
· Actúe pensando en que todos deben beneficiarse.
· Cultive una filosofía de vida ganar / ganar en la vida familiar,
laboral y social.
· Estimule la inteligencia del equipo de trabajo aportando una filosofía
y conducta sustentada en ganar / ganar.
Quinto hábito: Procure primero comprender y después ser comprendido.
Este hábito de efectividad describe la comunicación efectiva y conviene
aplicarlo a los efectos de desarrollar los beneficios de la inteligencia
emocional y obtener un clima social de respeto y convivencia armoniosa.
Este es el hábito que sustenta la necesidad de comprender con empatía al
otro para después ser comprendido y poder edificar relaciones
interpersonales más constructivas.
Destaca muy especialmente en este hábito la importancia de la escucha
empática en el proceso de la comunicación humana. Si bien todos los
hábitos de la efectividad se encuentran muy relacionados con la
inteligencia emocional, este hábito lo está en un grado mayor por sus
propias connotaciones emocionales. Se ha comprobado a través de diversos
estudios que la escucha activa resulta para el supervisor una aptitud
crítica para obtener el éxito en su gestión. Esta escucha es con la
intención sincera de comprender profunda y realmente a la otra persona.
Puede recordarse aquí que la antigua filosofía griega reconoce el ethos,
fundamento del carácter e integridad; el pathos, base de la empatía y el
sentimiento; y el logos, sustento de la lógica y la razón.
Algunos ejemplos ilustrativos sobre el hábito de la comunicación
empática, son los siguientes:
· Aprenda mentalmente a ponerse en los zapatos del otro para empezar a
comprenderlo.
· Pregúntese si la calidad de su comunicación con las personas aporta el
respeto necesario y posibilita una convivencia armoniosa.
· Reconozca que para comprender al otro deberá aprender a escucharlo . .
. con la mente abierta.
· Entienda al otro para comunicarse, primero, y encontrar juntos una
solución efectiva, después.
· Compórtese con la necesaria firmeza y seguridad frente a los demás
para ser escuchado.
· Realice depósitos constantes y positivos en la cuenta bancaria
emocional de los demás.
· Aprenda a establecer una comunicación empática escuchando y dejándose
escuchar.
Sexto hábito: Sinergice.
Este hábito de efectividad implica la interdependencia y es el producto
social de individuos, familias, equipos de trabajo y organizaciones bien
integradas, productivas y creativas. Este es el hábito que fundamenta
los logros sinérgicos del trabajo en equipo, vale decir de aquellos
equipos en los que el resultado del colectivo es mayor que la simple
suma de sus integrantes. También podría afirmarse que el cociente
intelectual del equipo es mayor que el promedio del cociente intelectual
de aquellos que participan en su composición.
La sinergia es un producto resultante de la calidad de las relaciones
internas y externas de calidad singular. Así, la sinergia intrapersonal
es consecuencia de la práctica de los tres primeros hábitos que
propician la victoria privada o maestría personal; en tanto que la
sinergia interpersonal es el resultado de la práctica de los tres
segundos hábitos que generan la victoria pública o maestría
interpersonal. Otra manera de enfocar la sinergia interpersonal es
considerarla como un producto de la mentalidad de abundancia, la cuenta
bancaria emocional y el esfuerzo por procurar primero comprender. Un
ejemplo notable de sinergia son los círculos de calidad comprometidos,
productivos y creativos.
Algunos ejemplos ilustrativos sobre el hábito de la interdependencia,
son los siguientes:
· Sinergice actuando con proactividad, competitividad y creatividad en
su equipo de trabajo.
· Seleccione la tercera idea superior en los grupos humanos en los que
participe.
· Alcance nuevos logros y propicie la innovación en su propia familia.
· Supérese a sí mismo para desarrollar cada una de las dimensiones de su
personalidad y lograr una mayor sinergia interna.
· Actúe proactivamente para ayudar a la formación de un equipo de
trabajo bien integrado y productivo.
· Acepte la diversidad como una fortaleza del equipo de trabajo que se
necesita explotar con inteligencia, creatividad y sensibilidad.
· Intégrese a un equipo de trabajo sumando y multiplicando esfuerzos
para alcanzar los objetivos del grupo en forma sinérgica.
Séptimo hábito: Afile la sierra.
Este hábito de efectividad interpreta la mejora continua y ofrece un
horizonte de superación personal en todas y cada una de las áreas de
nuestra personalidad. Este es el hábito que permite entender el
mejoramiento personal en las dimensiones física, mental, socio-emocional
y espiritual.
Stephen R. Covey denomina a este hábito afilar la sierra por aquella
historia que relata acerca de un leñador que se encuentra en pleno
bosque tratando con mucho afán de derribar árboles con su hacha. Sin
embargo, no le pasa por sus mientes que su hacha también requiere ser
afilada cada cierto tiempo para que recupere su filo y pueda seguir
brindando un buen servicio. Pues eso es precisamente lo que acontece con
las personas cuando no son capaces de hacer un alto en el camino de su
vida para recuperar nuevas energías con el descanso reparador, la
lectura de estudio, la ayuda solidaria al prójimo o la meditación. Las
personas requerimos renovación en todas y cada una las dimensiones de
nuestra personalidad: física, mental, socio-emocional y espiritual. En
cualquier caso, la falta de una apropiada renovación en estas
dimensiones puede tener un elevado muy costo para las personas.
Algunos ejemplos ilustrativos sobre el hábito de la mejora continua, son
los siguientes:
· Descanse plácidamente las horas que necesita para reponer sus energías
físicas y mentales.
· Lea, estudie y reflexione . . . todavía sigue siendo una de las
maneras más inteligentes de informarse, educarse y cultivarse.
· Mejore todo lo que realiza, siempre existirá la posibilidad de
mejorar.
· Aliméntese en forma nutritiva y sana para estar siempre en buena
forma.
· Desarrolle su carácter expresando en su conducta principios y valores
positivos.
· Ofrézcase a sí mismo la posibilidad de renovarse en todos las
dimensiones de su personalidad.
· Cultive una vocación de servicio sirviendo a los demás con amor.
La sinergia de los hábitos de la efectividad personal y organizacional.
Stephen R. Covey establece muy claramente que los hábitos de la
efectividad personal y organizacional deben ser aplicados en forma
integral, interrelacionada y secuencial. Los siete hábitos de la
efectividad personal y organizacional deben ser aplicados en forma
integral para propiciar precisamente su sinergia. Los hábitos también se
encuentran entre sí interrelacionados, lo que también favorece su
sinergia interna. La secuencia de los hábitos establece, primero, el
logro de la victoria privada, básicamente por la práctica de los tres
primeros hábitos de la efectividad; y, después, la victoria pública,
fundamentalmente por la práctica de los tres segundos hábitos. El
séptimo hábito debe practicarse en todo momento por cuanto ayuda a
mejorar sustantivamente todas las dimensiones de la personalidad:
física, mental, socio-emocional y espiritual. La clave de la efectividad
de los siete hábitos reside precisamente en su aplicación integrada,
interrelacionada y secuencial.
Los siete hábitos de la efectividad constituyen un nuevo paradigma de
desarrollo que establece un difícil desafío personal y organizacional.
No se trata, pues, de una simple receta sino de incorporar en la propia
personalidad nuevos hábitos que propicien el desarrollo en todas y cada
una de las dimensiones de la personalidad. Aquí también puede
comprenderse el fenómeno de la resistencia al cambio por diversas
motivaciones y consideraciones. Puede observarse, por ejemplo, lo
difícil que puede resultarle a una persona que carece del hábito de la
lectura adquirirla este hábito durante la edad adulta. Es dramático
comprobar que al lado del analfabetismo absoluto -personas que no son
inteligentes en la lectura y escritura- se encuentra el analfabetismo
funcional. Este analfabetismo funcional se produce cuando las personas
aprenden a leer y escribir pero por la falta de hábitos educativos
desaprenden estas habilidades culturales adquiridas. Puede también
comprobar en su vida lo difícil que es adquirir nuevos hábitos si trata
de adquirir el hábito de los ejercicios físicos diarios. Se trata
entonces de vencerse a uno mismo para adquirir nuevos hábitos de vida
saludables que reemplacen hábitos antiguos e insalubres. Es cierto que
no es una tarea imposible pero si exigente al máximo, sobretodo cuando
la autodisciplina no se encuentra toda lo fortalecida que se requiere.
La inteligencia emocional: Una necesidad y una esperanza.
Inteligencia emocional es un nombre nuevo para una realidad antigua en
la psicología. Este término aparece en la literatura psicológica recién
en el año 1990, en un escrito de los psicólogos americanos Peter Salovey
y John Mayer. Sin embargo, fue recién con la publicación del libro La
Inteligencia Emocional (1995) de Daniel Goleman que el concepto se
difundió rápidamente e hizo fortuna. A este interesante libro pronto le
siguió otro, del mismo Goleman, con el nombre de La inteligencia
emocional en la empresa (1998).
Sin dejar de reconocer la importancia que tiene el cociente intelectual
-C.I.- y la pericia para el logro de los objetivos de desarrollo en la
empresa, Daniel Goleman, el principal estudioso y divulgador del
concepto de inteligencia emocional, ha señalado que el éxito en la
empresa obedecería nada menos que en un 80 por ciento a este
importantísimo factor.
¿Por qué el tema de la inteligencia emocional ha capturado la atención
de los medios científicos, académicos, empresariales, de comunicación y
sociales en todo el mundo? Pueden haber varias razones que expliquen
este fenómeno, pero me atrevería a señalar que la principal es la
dramática comprobación a diario de los gravísimos problemas sociales y
humanos que se viven en todo momento en el mundo. La inteligencia
emocional en este escenario cotidiano de desencuentros y angustias no
representaría sino una necesidad de reencontrarnos con nosotros mismos y
los demás, además de una esperanza viva para la humanidad.
Los problemas existenciales del mundo contemporáneo.
Viktor E. Frankl (1905 - 1997), el notable médico psiquiatra y neurólogo
austriaco, fundador de la tercera escuela vienesa de psicoterapia,
reflexionaba sobre los graves problemas existenciales y los males
sociales de la época contemporánea en varios de sus extraordinarios
libros y planteaba como una respuesta a los mismos la logoterapia y el
análisis existencial.
Los principios en los que se basa la logoterapia, de acuerdo a Joseph
Fabry, uno de discípulos más conspicuos de Frankl, son los siguientes:
1. La vida tiene sentido en cualquier circunstancia;
2. El hombre es dueño de una voluntad de sentido, y se siente frustrado
o vacío cuando deja de ejercerla; y
3. El hombre es libre, dentro de sus obvias manifestaciones, para
consumar el sentido de su existencia.
Viktor E. Frankl explicó también la neurosis colectiva que caracteriza a
las sociedades enfermas. Los cuatro síntomas de estas sociedades
enfermas, serían los siguientes:
1. El fatalismo, es decir la creencia de que existe un destino
inexorable que encierra al ser humano en los límites de un determinismo
del que no es posible escapar. Esta mentalidad fatalista es uno de los
rasgos psicosociales de la cultura de la pobreza en Latinoamérica y en
todo el mundo.
2. El fanatismo o el reduccionismo en creencias, valores y
comportamientos que alejan al ser humano de su racionalidad y lo
impulsan a la exclusión, los prejuicios y el autoritarismo. Se
manifiesta en la política, la religión, la cultura, el deporte y en
muchos de los ismos segregacionistas de la época actual.
3. La masificación o la pérdida del sentido de la individualidad que
convierte al hombre libre en un hombre masa. Los totalitarismos de
cualquier signo político engendran este tipo de personalidad básica.
4. La existencia provisional por la inseguridad que permite que el
horizonte de vida del hombre se reduzca al momento presente y olvide el
valor que tiene la acción presente para la realización de un futuro con
esperanza y desarrollo. Es una respuesta a la falta de esperanza y
sentido de vida.
Frankl también comprendió los males de nuestra época contemporánea, y
los clasificó en tres grupos:
1. La depresión, una de las enfermedades psiquiátricas de mayor
gravedad, que tiene incidencia y prevalencia mundial en constante
aumento. Se manifiesta también bajo la forma de desaliento, desánimo y
desesperanza en la vida y por la vida.
2. Las adicciones, que en los últimos años no solamente se han agravado
sino que inclusive han aparecido nuevas formas con el desarrollo
tecnológico. Es un problema mundial que tiene hondas y dramáticas
repercusiones psicológicas, sociales, culturales, legales, económicas y
políticas.
3. La agresión, manifestada en todo momento y en todos los confines del
planeta. Aparece revestida bajo la forma de conflictos de pareja,
abandono familiar, paternidad no responsable, pobreza extrema,
explotación de niños y mujeres para la prostitución, pandillas
infantiles y juveniles, delincuencia criminal, tráfico de drogas,
guerrillas, terrorismo, revueltas sociales y protestas, terrorismo,
torturas y muchas otras formas más de violencia.
Una comunicación personal de la maestra Leticia Ascencio de García,
Directora General de la Sociedad Mexicana de Análisis Existencial y
Logoterapia, nos informa: "Aquí en México la logoterapia responde a un
anhelo de esperanza que los mexicanos sentimos ante un país que día a
día vive en más inseguridad y al que el derrumbe de tradiciones está
afectando como a muchos pueblos del mundo".
Y qué es lo que podríamos decir cada uno de nosotros acerca del estado
de cosas en nuestro país. Acaso bastaría observar sólo un día de
programación de la televisión nacional para ver en la pantalla reflejada
nuestra propia miseria no solo material sino también moral y espiritual.
Afortunadamente existen esperanzas bien fundadas, hay fuerzas vivas de
la sociedad que con pocos recursos y en silenciosa pero fecunda y
comprometida acción luchan por vencer el avance degradante de la cultura
de muerte y su miseria moral y espiritual que día a día tratan de
vendernos sus mercaderes.
El mensaje de Viktor E. Frankl, sintetizado en sus bellas palabras: A
pesar de todo, sí a la vida, es realmente esperanzador para un mundo en
el que grandes masas de personas pierden la fe en su propia vida y en la
vida.
El desafío para todos nosotros, recogiendo el esperanzador mensaje
frankliano, es aprender a vivir cada día plenos de sentido o, lo que es
lo mismo, plenos de humanidad por la riqueza de nuestros principios y
valores.
¿Qué es la inteligencia emocional?
Después de comprender por qué es importante un tema como el de la
inteligencia emocional en nuestro mundo actual, es necesario definirlo y
saber un poco más acerca de su estructura y dinámica psicológicas y
sociales.
Daniel Goleman acerca del término emoción ha escrito, en La inteligencia
emocional (1995), lo siguiente: "Utilizo el término emoción para
referirme a un sentimiento y sus pensamientos característicos, a estados
psicológicos y biológicos y a una variedad de tendencias a actuar.
Existen cientos de emociones, junto con sus combinaciones, variables,
mutaciones y matices. En efecto, existen en la emoción más sutilezas de
las que podemos nombrar".
Este mismo autor en su libro La inteligencia emocional en la empresa
(1998) ha definido: "El término "inteligencia emocional" se refiere a la
capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los ajenos, de
motivarnos y de manejar bien las emociones, en nosotros mismos y en
nuestras relaciones".
En esta definición, Goleman ha considerado cinco aptitudes emocionales,
clasificadas a su vez en dos grandes grupos:
Aptitud personal
Son las que determinan el dominio de uno mismo. Comprenden las
siguientes aptitudes:
1. Autoconocimiento.
2. Autorregulación.
3. Motivación.
Aptitud social
Son las que determinan el manejo de las relaciones. Comprenden las
siguientes aptitudes:
4. Empatía.
5. Habilidades sociales.
Antes de definir cada una de estas aptitudes emocionales, veamos,
siguiendo al propio Goleman, qué es una aptitud emocional. Goleman
señala: "Una aptitud emocional es una capacidad aprendida, basada en la
inteligencia emocional, que origina un desempeño laboral sobresaliente".
Ahora veamos rápidamente cada una de estas aptitudes emocionales,
necesarias para sobresalir en el competitivo mundo del trabajo.
1. El autoconocimiento consiste en conocer los propios estados internos,
preferencias, recursos e intuiciones. Este autoconocimiento comprende, a
su vez, tres aptitudes emocionales: 1. Conciencia emocional:
Reconocimiento de las propias emociones y sus efectos; 2. Autoevaluación
precisa: Conocimiento de los propios recursos interiores, habilidades y
límites; y 3. Confianza en uno mismo: Certeza sobre el propio valer y
facultades.
2. La autorregulación consiste en manejar los propios estados internos,
impulsos y recursos. Esta autorregulación comprende, a su vez, cinco
aptitudes emocionales: 1. Autodominio: Mantener bajo control las
emociones y los impulsos perjudiciales; 2. Confiabilidad: Mantener
normas de honestidad e integridad; 3. Escrupulosidad: Aceptar la
responsabilidad del desempeño personal; 4. Adaptabilidad: Flexibilidad
para reaccionar ante los cambios; y 5. Innovación: Estar abierto y bien
dispuesto para las ideas y los enfoques novedosos y la nueva
información.
3. La motivación son las tendencias emocionales que guían o facilitan la
obtención de las metas. Esta motivación comprende, a su vez, cuatro
aptitudes emocionales: 1. Afán de triunfo: Afán orientador de mejorar o
responder a una norma de excelencia; 2. Compromiso: Alinearse con los
objetivos de un grupo u organización; 3. Iniciativa: Disposición para
aprovechar las oportunidades; y 4. Optimismo: Tenacidad para buscar el
objetivo, pese a los obstáculos y reveses.
4. La empatía es la captación de sentimientos, necesidades e intereses.
Esta empatía comprende, a su vez, cinco aptitudes emocionales: 1.
Comprender a los demás: Percibir los sentimientos y perspectivas ajenas,
e interesarse activamente por sus preocupaciones; 2. Ayudar a los demás
a desarrollarse: Percibir las necesidades de desarrollo de los demás y
fomentar su capacidad; 3.Orientación hacia el servicio: Prever,
reconocer y satisfacer las necesidades del cliente; 4. Aprovechar la
diversidad: Cultivar las oportunidades a través de personas diversas; y
5. Conciencia política: Interpretar las corrientes sociales y políticas.
5. Las habilidades sociales son las habilidades para inducir en los
otros las respuestas deseadas. Estas habilidades sociales comprenden, a
su vez, ocho aptitudes emocionales: 1. Influencia: Implementar tácticas
de persuasión efectiva; 2. Comunicación: Escuchar abiertamente y
trasmitir mensajes convincentes; 3. Manejo de conflictos: Manejar y
resolver desacuerdos; 4. Liderazgo: Inspirar y guiar a individuos o
grupos; 5. Catalizador de cambios: Iniciar o manejar los cambios; 6.
Establecer vínculos: Alimentar las relaciones instrumentales; 7.
Colaboración y cooperación: Trabajar con otros para alcanzar objetivos
compartidos; y 8. Habilidades de equipo: Crear sinergia para trabajar en
pos de las metas colectivas.
Esta es buena cuenta la anatomía de las aptitudes emociones, tal como el
propio Daniel Goleman las comprende en la organización. Sin embargo,
otros autores tienen otra manera diferente de comprender la estructura
de las aptitudes emocionales en el competitivo mundo de los negocios de
hoy en día. Puede, por ejemplo, revisarse de Robert K. Cooper y Ayman
Sawaf: La inteligencia emocional aplicada al liderazgo y a las
organizaciones (1997). Estos autores presentan un modelo de la
inteligencia emocional sustentado en cuatro pilares: 1. Conocimiento
emocional; 2. Aptitud emocional; 3. Profundidad emocional; y 4. Alquimia
emocional. A su vez cada uno de estos pilares de la inteligencia
emocional tienen cuatro aptitudes emocionales, lo que arroja un total de
dieciséis aptitudes emocionales.
El análisis de ambos modelos de inteligencia emocional permite
comprender que en gran medida las aptitudes emocionales están
superpuestas con diferentes nomenclatura. Este tema seguramente será
todavía objeto de muchas controversias y debates, pero de momento la
propuesta de Goleman parece tener un mayor número de seguidores.
La efectividad personal y organizacional y la inteligencia emocional.
La inteligencia emocional será, a no dudarlo, uno de los temas que más
se estudiará y explotará en los próximos años. Durante el siglo XX uno
de los temas recurrentes de estudio e investigación de la psicología ha
sido el de la inteligencia racional, el mismo que se ha expresado en
términos como edad mental, cociente intelectual, aptitudes
intelectuales, funciones cognitivas e inteligencias múltiples.
Por cierto, hay todavía muchísimo por investigar y estudiar en cuanto al
tema de la inteligencia emocional, pero de lo que podemos hoy estar
seguros es que el papel de las emociones comienza a reconocerse y
revalorarse plenamente en las organizaciones empresariales.
Daniel Goleman no ha propuesto propiamente en sus últimos libros: La
inteligencia emocional, primero, y La inteligencia emocional en la
empresa, después, un programa para el desarrollo de las aptitudes
emocionales. Ha establecido, sí, quince líneas orientadoras para la
capacitación en aptitudes emocionales. Inclusive ha fundado el
Consortium for Research on Emotional Intelligence in Organizations,
entidad que se mantiene muy activa en la creación de programas efectivos
para el desarrollo de las aptitudes emocionales en las empresas. Algunos
de estos programas identificados, que pueden conocerse vía internet en
la página web del Consortium, son los siguientes: Tácticas y estrategias
de interacción gerencial para el liderazgo efectivo, entrenamiento en
motivación de realización, programa de entrenamiento en competencias
emocionales, entrenamiento en relaciones humanas, etcétera.
Tengo la impresión de que muchas de las ideas propuestas por Stephen R.
Covey concuerdan con las de Daniel Goleman. ¿Por qué no sinergizar las
ideas de Covey, administrador, y Goleman, psicólogo, en un proyecto de
desarrollo personal y organizacional? Este es un desafío interesante
para psicólogos y administradores. He aquí también una aplicación
práctica de la tercera idea superior de la que nos habla el propio
Stephen Covey en su sexto hábito.
Las personas y los líderes centrados en principios.
Diversos estudiosos e investigadores de la psicología han planteado en
varias de sus obras un conjunto de características psicológicas que
definirían al hombre maduro. Abraham H. Maslow (1908 - 1970) en su libro
Motivación y personalidad (1954) explicó mediante una muy valiosa y
original investigación un conjunto de rasgos de la personalidad auto
desarrollada.
Las características de personalidad que pudo encontrar Maslow,
explicadas ampliamente en su citado libro, son las siguientes:
1. Percepción más eficiente de la realidad y relaciones más cómodas con
ella.
2. Aceptación de sí mismo, de otros, de la naturaleza.
3. Espontaneidad.
4. Enfoque del problema.
5. La cualidad de separación; la necesidad de soledad.
6. Autonomía, independencia de cultura y medio ambiente.
7. Novedad continuada de expresión.
8. La experiencia mística; el sentimiento oceánico.
9. Sentimientos hacia la humanidad de identificación, simpatía y afecto.
10. Relaciones interpersonales.
11. La estructura del carácter democrático.
12. Discriminación entre medios y fines.
13. Sentimiento filosófico de buen humor.
14. Creatividad.
15. Resistencia a la "enculturación".
Carl R. Rogers (1902 - 1987), otro brillante psicólogo contemporáneo de
Maslow, también ha planteado un conjunto de características psicológicas
de la personalidad del hombre del mañana. Tales características, serían
las siguientes:
1. Apertura interna y externa al cambio, a nuevas formas de vivir, de
ver, de ser.
2. Deseo de autenticidad, rechazo de la hipocresía, la falsedad o el
llevar una vida doble, secreta.
3. Cierto escepticismo hacia la ciencia y la tecnología, hacia lo que
pretende la conquista y el control de la naturaleza y de las personas, a
la vez que apoyo y colaboración con la ciencia y la tecnología que
llevan a la autoconsciencia y el autocontrol.
4. Deseo de armonía que evite dicotomía y busque la totalidad de la vida
con el pensamiento, los sentimientos, las energías física y psíquica.
5. Deseo de intimidad, de nuevas formas de cercanía, de comunicación
tanto intelectual como emotiva.
6. Persona en proceso. La persona del mañana está convencida de que la
vida es dinámica, en cambio constante; vive este proceso de
transformación y corre riesgos que le lleve a ser y crecer.
7. Capacidad de amar, deseoso de brindar ayuda a otros cuando realmente
la requieren. La persona del mañana es gentil, sutil, aguda,
no-moralista, no-juez y está preocupada por los demás.
8. Contacto con la naturaleza. Esta persona es amante de la naturaleza y
tiene una conciencia ecológica que le permitirá el placer de aliarse con
la naturaleza en lugar de luchar o tratar de conquistarla.
9. Anti institucionalidad. Esta persona tiene antipatía por las
estructuras inflexibles, altamente estructuradas o burocratizadas;
piensa que la existencia de instituciones se justifica sólo si sirven a
las personas y no a la inversa.
10. Autoridad interna. La persona del mañana tiene confianza en su
propia experiencia y desconfianza de las autoridades externas
impositivas; es libre para, de acuerdo con sus propios juicios morales,
desobedecer las leyes que considera injustas.
11. Despego de bienes materiales. El dinero y el estatus social no son
los objetivos de esta persona que valora más el ser que el tener.
12. Tendencia al desarrollo espiritual. La persona del mañana desea
encontrar el significado y propósito de la vida, que va más allá de lo
humano; examina los caminos por los que el hombre ha encontrado valores
y fuerzas que le permiten trascender y vivir en paz interior.
Stephen R. Covey también ha definido, sustentándose en sus propios
estudios y observaciones, las características distintivas de las
personas y líderes centrados en principios. De acuerdo con Covey, las
características de las personas centradas en principios, serían las
siguientes:
1. Son más flexibles y espontáneas.
2. Sus relaciones con los demás son más fecundas y gratificantes.
3. Son más sinérgicas.
4. Aprenden continuamente.
5. Se vuelven más propensas a contribuir.
6. Obtienen resultados extraordinarios.
7. Desarrollan un saludable sistema inmunitario psicológico.
8. Fijan sus propios límites.
9. Llevan una vida más equilibrada.
10. Se sienten más confiadas y seguras.
11. Son más capaces de hacer coincidir lo que pregonan con lo que
realizan.
12. Se concentran en su círculo de influencia.
13. Cultivan una rica vida interior.
14. Irradian energía positiva.
15. Disfrutan más de la vida.
Siguiendo a Covey, a reglón seguido también señalamos las
características distintivas de los líderes centrados en principios.
Tales características, serían las siguientes:
1. Aprenden continuamente.
2. Tienen vocación por servir.
3. Irradian energía positiva.
4. Creen en los demás.
5. Dirigen sus vidas de forma equilibrada.
6. Ven la vida como una aventura.
7. Son sinérgicos.
8. Se ejercitan para la autorrenovación.
De algo sí que podemos estar seguros revisando el significado
psicológico de todas estas características de personalidad. Todas ellas,
en mayor o menor grado, se relacionan con lo que hoy día se denomina
inteligencia emocional. De tal manera que el desarrollo de estas
características de personalidad no significará sino el desarrollo de lo
que hoy denominamos inteligencia emocional.
Reflexiones finales.
Es necesario considerar seriamente las ideas propuestas por Stephen E.
Covey porque pueden ayudar muy efectivamente en el propósito de
contribuir al desarrollo personal y organizacional. ¿Son ideas difíciles
de aplicar, quizá algo costosas y, además, con resultados más mediatos
que inmediatos? Es posible que la respuesta sea afirmativa; sin embargo,
en el tema de la efectividad personal y organizacional, de la misma
manera que en el de la inteligencia emocional, todavía no se conocen
atajos, caminos cortos o rutas fáciles.
De lo que no podemos dudar es que en estos tiempos turbulentos que
corren se requiere impulsar decisivamente en las empresas programas que
ayuden efectivamente al desarrollo humano. Sin éste, a no dudarlo, no
será posible en modo alguno lograr el desarrollo organizacional en forma
firme y sostenida en un contexto mundial de creciente competencia e
incremento de competitividad.
Puedo señalar que el rol del supervisor puede y debe enriquecerse y
fortalecerse sustantivamente con diversas acciones administrativas y
psicológicas. Sin embargo, si acaso debo señalar una sola acción diría
que el supervisor debiera asumir con más competencia, dedicación y
vocación su papel de comunicador, motivador y capacitador en su trabajo
del día a día. Debe también comprender -tal como Daniel Goleman lo
enseña- que en el mundo del mañana, que en realidad viene siendo el
mundo del presente, ya no es suficiente el cociente intelectual y la
pericia para el logro del éxito sino que también es imprescindible el
dominio de ese complejo psicológico al que se denomina inteligencia
emocional.
Finalmente, es muy necesario señalar la extraordinaria importancia que
tiene la conducta ética en todos los ámbitos de actuación de la persona
humana. Conducta ética que refleja la calidad de los valores humanos y
que no puede olvidarse en la compleja realidad de las organizaciones y
comunidades. Conducta ética que retrata el patrimonio de humanidad de
los actores sociales en un mundo esperanzador y convulsionado. Conducta
ética que necesita expresarse en el desarrollo humano por cuanto sin
esta base de principios no podría sostenerse con solidez la efectividad
personal y organizacional. La inteligencia emocional significa también,
entre muchas otras cosas, la capacidad para expresar a plenitud la
conducta ética, rica en valores humanos y esencia de nuestra propia
humanidad.
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