El modelo chileno de pensiones y seguridad social ha sido imitado por
varios países latinoamericanos, entre ellos Colombia (En 1992, el
presidente Gaviria envió al congreso un proyecto legal que seguía el
modelo chileno, pero las fuertes críticas le obligaron a retirarlo y
volverlo a enviar a mediados de 1993 solo con modificaciones menores.
Acabó lográndose un compromiso y a finales de 1993 el congreso aprobó un
sistema selectivo para las pensiones y la atención sanitaria).
Este documento presenta algunas de las características de más impacto
del modelo chileno, así como un breve paralelo entre éste y el sistema
colombiano.
1. GENERALIDADES
La reforma al sistema chileno de pensiones, ocurrida en 1981, ha sido
objeto de la atención internacional. Esta reforma significó un quiebre
respecto a las formas concretas que se estimaba debía adoptar la
seguridad social, y que había sido pieza central del diseño del estado
de bienestar desarrollado en Europa después de la Segunda Guerra
Mundial. La reforma chilena mostró que la seguridad social es un
concepto anterior al estado de bienestar, y por ello puede tomar otras
formas sin abandonar su esencia.
En sus primeros años la reforma chilena del sistema de pensiones fue
considerada como una aberración que solo podría ocurrir en un régimen
político no democrático. La experiencia de los últimos años, en que
regímenes democráticos como los vigentes en Suiza (1985), Australia
(1992), Colombia (1993) y Argentina (1994) han adoptado diseños
similares, ha justificado un interés mucho mayor en la experiencia
chilena. En esto también ha influido el que Chile haya mantenido y
profundizado su reforma después del paso a un régimen plenamente
democrático en 1990.
En este capítulo, se aprecian los impactos más sobresalientes del nuevo
sistema, en dos áreas que son determinantes para una evaluación global
de esta reforma, que son su impacto en el bienestar de los trabajadores,
y su impacto fiscal, macroeconómico y en el mercado de capitales.
El impacto en el bienestar de los trabajadores tiene prioridad, porque
ese es el fin último de la seguridad social. Los sistemas pensionales
tradicionales fracasaron, en el caso chileno; ello ocurrió en parte
debido a gruesos errores de diseño, pero sobre todo debido a los
incentivos políticos que se generaron. En un contexto donde la
supervivencia política depende de prácticas clientelistas, los sistemas
tradicionales de previsión ofrecen un amplio campo para redistribuir
riqueza en formas poco transparentes. Esas prácticas terminan impidiendo
el logro del objetivo central, que es aumentar la seguridad de los
trabajadores. Los nuevos sistemas privatizados operan de forma inversa,
aprovechan todas las posibilidades para descentralizar el poder político
y para hacer más transparentes su operaciones. Para ello definen en
detalle los derechos de propiedad y usan mecanismos de mercado para el
suministro de servicios y seguros en cuanto sea posible.
Específicamente, estos sistemas buscan descomponer los distintos
aspectos de la inseguridad individual, para cubrirla con mecanismos
especializados.
El impacto de la reforma en el desarrollo del mercado de capitales, la
macroeconomía y la situación fiscal, es el segundo aspecto que debe
tratarse. La reforma chilena contribuyó al progreso del mercado de
capitales, que es hoy en día uno de los más desarrollados de América
Latina. Ese impacto se debe a dos puntos concretos, que son la libertad
otorgada a los fondos para no adquirir títulos estatales de deuda, y a
que la mayor parte de los fondos acumulados constituyen genuino ahorro
nuevo. Esto último solo fue posible gracias a la decisión de financiar
la transición con el esfuerzo de los contribuyentes, en vez de hacerlo
emitiendo deuda pública, lo que hubiera dejado el problema a la
generaciones futuras.
Este sacrificio, estimado en 4% del PIB al año por unos 30 a 40 años,
podría ser determinante en una evaluación global de la transición
chilena.
2. IMPACTO DE LA REFORMA EN LA SEGURIDAD DE LOS TRABAJADORES
Los programas de pensiones tienen por objeto lograr que los trabajadores
y su familia directa tengan seguridad de alcanzar un sustento económico
adecuado (dado su nivel de vida acostumbrado) durante la vejez, y
también en los eventos de muerte e invalidez del generador de ingreso.
El estado de bienestar ofreció una solución unificada a los problemas
que se presentaban (apoyo a los pobres, ancianos, inválidos, viudas y
huérfanos, de igual manera seguros colectivos de desempleo masivo en las
recesiones, etc). El propio estado actuaría como asegurador de riesgos
individuales, garantizador de riesgos colectivos tales como el desempleo
masivo y sostenedor de los pobres de todo tipo. A cambio, elevó los
impuestos en forma masiva, especialmente los impuestos al trabajo formal
en relación de dependencia.
Si embargo, la posible manipulación del estado por los partidos o grupos
políticos en el poder y la rigidez y desidia burocrática no fueron
tomados en cuenta por los ponentes de esta solución. El estado es una
organización con fuertes limitaciones como empresario, y muy vulnerable
a las presiones principalmente cuando se trata de tomar decisiones que
afectan a las nuevas generaciones. Esos problemas se agudizan cuando el
sistema político opera sobre la base del clientelismo, las prebendas y
los favores, como ocurre en la mayor parte de Latinoamérica.
La experiencia chilena fue que el antiguo sistema previsional, fundado
en 1924 pero reformado en 1952 para adecuarlo a las modernas tendencias
de la época, fracasó en e objetivo básico de otorgar seguridad a los
trabajadores. El nuevo sistema promete menos en el papel que el antiguo,
porque la tasa de retorno que obtienen las contribuciones y por ende los
beneficios son variable, pero ha dado más seguridad en la práctica. A
continuación se justificarán dichos puntos.
2.1 SEGURIDAD EN EL SISTEMA ANTIGUO (1924-1952)
En 1924 se dictó una ley que obligó a cotizar para la previsión social a
todos los trabajadores chilenos en relación de dependencia (Es notable
que tanto la creación del sistema como su reforma en 1980 hayan ocurrido
bajo un régimen militar).
El nuevo sistema de pensiones permitió la continuación de los sistemas
que habían creado algunos empleadores, tales como las fuerzas armadas,
el estado, algunas empresas públicas y unas pocas empresas privadas. La
reforma creó dos instituciones (cajas) nuevas para los nuevos cotizantes,
una para obreros y otra para empleados. Un resabio del antiguo enfoque
paternalista fue que los trabajadores con ingreso sobre cierto nivel
<diferente para empleados y obreros> quedaron exentos de cotizar.
Los obreros podían jubilar solo por edad (65 años los hombres) mientras
que los empleados podían hacerlo con una antigüedad de solo 35 años (por
ejemplo, 21 + 35 = 56 años). Esto dio origen a una mayor inseguridad
económica, ya que si un trabajador no lograba ascender en la escala
social hasta el grado de "empleado", no solo debía conformarse con
menores remuneraciones sino que no lograba reducir su edad de jubilación
desde 65 a 56 años. Con el tiempo, surgieron un sinnúmero de regímenes
especiales al interior de estas grandes cajas, que servían a grupos
específicos.
2.2 SEGURIDAD EN EL NUEVO SISTEMA (1981-1997)
Para evaluar la seguridad en el nuevo sistema, conviene revisar primero
como se redujeron las fuentes de inseguridad que afectaban a los
sistemas antiguos. Luego se analizan las nuevas formas de inseguridad
que han aparecido en el nuevo sistema.
2.2.1 Riesgos de los sistemas tradicionales de reparto
En el sistema antiguo, la inflación era una importante fuente de
incertidumbre. En el nuevo sistema ese problema ha desaparecido. En
primer lugar, el monto inicial de las pensiones se determina en base al
saldo de la cuenta individual, que a su vez depende de la magnitud de
todos los salarios imponibles en el pasado y de la tasa de retorno
obtenida en cada uno de los años pasados. En la medida que el mercado de
capitales continúe siendo libre, se prevé que permitirá obtener
rentabilidades reales superiores a la tasa de crecimiento de la
economía, es decir mejores que un sistema de reparto en régimen.
Respecto a las pensiones ya concedidas, existen dos modalidades de
pensión. Las pensiones de renta vitalicia se ajustan mensualmente por
inflación. Las pensiones de retiro programado se recalculan anualmente
en base a la rentabilidad efectiva obtenida por los fondos, mientras que
al interior del año son ajustadas mensualmente por inflación.
En el sistema antiguo, una segunda fuente importante de inseguridad era
la politización de la legislación previsional. En el sistema nuevo se
observa la drástica disminución en el nivel de politización, o expresado
de otra forma, se observa un alto grado de aislamiento de las pensiones
respecto al sistema político. El sistema de pensiones funciona en
"piloto automático", en base a fórmulas y a decisiones de los afiliados
y administradoras individuales, sin necesidad de legislación nueva.
Esporádicamente, el nuevo sistema ha sufrido importantes reformas
legales, entre las que destacan las de 1987 y 1994. La diferencia con el
sistema antiguo es que su tramitación ha sido dominada por discusiones
técnicas antes que políticas. La superintendencia de AFP no ha recibido
poderes discrecionales significativos que la conviertan en un objetivo
deseable para los políticos populistas.
En comparación, el sistema antiguo estaba sujeto a los vaivenes
políticos y las prebendas. La privatización de la oferta de seguros
sociales (1979-1980), permitió la despolitización de los mismos,
aumentando la seguridad para el trabajador.
En el sistema antiguo se invertía los fondos en forma descuidada, esto
generó inseguridad. En el nuevo sistema se invierten los fondos con gran
cuidado. La gran rentabilidad obtenida(13.2% real anual promedio entre
1981 y 1983) es sin duda un gran pilón de tranquilidad para los
trabajadores.
2.2.2 Privatización
La privatización de funciones, sacó de la esfera de los favores a
repartir por parte de la coalición política dominante a los empleos y
contratos de abastecimiento de esa función. En el caso chileno, la
privatización de las pensiones en conjunto con otras privatizaciones ha
permitido un sustantivo perfeccionamiento del sistema político,
alejándolo del esquema clientelista en que el voto se obtiene con
prebendas.
Otro factor que ha contribuido a este resultado es la creación de
derechos de propiedad sobre los saldos de las cuentas individuales, cuyo
valor es informado en forma continua. Esto aumenta en forma drástica la
transparencia de cualquier operación de subsidio cruzado. La mayor
transparencia ha limitado fuertemente las posibilidades de políticos
populistas de aprobar legislación que favorece a un grupo a costa de
otros, porque ello debe explicitarse en una reducción de los saldos de
las cuentas individuales de las personas perjudicadas.
De esta forma, se ha llegado a decir que la privatización y el
establecimiento de derechos de propiedad sobre las cuentas ha aumentado
la calidad de la democracia en Chile, al forzar al sistema político a
superar la fase clientelista.
2.2.3 Limitaciones del nuevo sistema chileno
El nuevo sistema presenta algunas limitaciones en cuanto a seguridad. La
que más se destaca es que no garantiza beneficios, sino que define las
cotizaciones y deja que los beneficios se adapten a la rentabilidad
obtenida y a las cotizaciones. Cabe advertir en todo caso que lo que
determina las pensiones es la historia completa de rentabilidades y la
historia completa de salarios imponibles. Una reducción transitoria del
salario imponible, quizá por cesantía, tampoco tiene mayor impacto en
las pensiones. Si una generación de trabajadores tiene la desgracia de
vivir una época larga con bajas rentabilidades, su pensión será modesta.
Esta inseguridad es moderada porque la opción de pensión a través de un
seguro de renta vitalicia permite garantizar la rentabilidad durante el
período más vulnerable de la vida (la vejez) a cambio de una comisión
determinada en un mercado competitivo.
Otro aspecto de la seguridad del trabajador que no está enteramente
cubierta en el sistema chileno es el riesgo de sobrevida, es decir el
riesgo de vivir más años de lo que es posible financiar con los recursos
disponibles. En efecto, el nuevo sistema chileno otorga al pensionado la
opción de elegir entre un retiro programado y una renta vitalicia. El
segundo mecanismo incluye un seguro de longevidad, mientras que el
primero no lo hace. Sin embargo, la garantía de pensión mínima pone un
piso a la pensión en el caso del retiro programado. Cerca de la mitad de
los nuevos pensionados elige la opción del retiro programado en la
actualidad, es decir no están cubiertos por un seguro de sobrevida.
En conclusión, de este aparte del capítulo, se puede afirmar que el
nuevo sistema chileno ha aumentado drásticamente la seguridad del
trabajador, sobre todo en comparación con las alternativas disponibles.
Además ha contribuido a reducir el clientelismo y las prebendas en el
sistema político chileno. Sin ignorar lo anterior, este modelo tiene aun
materias por perfeccionar.
3. IMPACTO FISCAL Y MERCADO DE CAPITALES
3.1 LIBERTAD DE INVERSIÓN Y MERCADO DE CAPITALES
Un aspecto central de la privatización de las pensiones en Chile ha sido
la libertad de los fondos de pensiones para no invertir en títulos
estatales.
Esta libertad de invertir es lo que hace la reforma chilena tan
atractiva para la empresa privada, que encuentra en los fondos de
pensiones una fuente inagotable de recursos de deuda y capital para
financiar sus proyectos de inversión. Es esto también lo que hace esta
reforma atractiva para los intermediarios del mercado de capitales, que
vislumbran una gran demanda por sus servicios.
La experiencia chilena demuestra también que esta gran intermediación de
fondos fuerza a las autoridades a destinar recursos humanos y políticos
a la modernización y desarrollo del mercado de capitales del país, ya
que solo así es posible reducir la incidencia de los fraudes y mantener
el acceso de los fondos de pensiones a instrumentos de buena
rentabilidad.
Este camino ha llevado a Chile a formar un mercado de capitales
razonablemente avanzado, que incluye mercados para acciones de empresas
medianas, bonos de largo plazo de empresas, bonos convertibles, bonos
subordinados de bancos y varios instrumentos de crédito a largo plazo
(hasta 25 años) para la adquisición de vivienda. Todos los títulos de
deuda a más de un año de plazo están indizados, sea por el IPC o por el
dólar americano.
3.2 MACROECONOMÍA DE LA REFORMA
El segundo punto que contribuye al desarrollo del mercado de capitales
es que la mayor parte de los recursos acumulados en los fondos de
pensiones son ahorro nuevo genuino, disponible para financiar
inversiones adicionales.
En efecto, los fondos de pensiones manejan ahorro nuevo genuino, sólo
porque el estado ha evitado el camino fácil de colocar deuda pública en
cantidades equivalentes a las cotizaciones a los fondos de pensiones. Si
el estado hubiera colocado deuda pública para pagar los derechohabientes
del sistema antiguo de pensiones, entonces los fondos netos disponibles
para nuevas inversiones, agregando a nivel de todo el mercado de
capitales, hubieran sido nulos.
Gastos Fiscales
El cuadro siguiente muestra los gastos fiscales durante la transición:
CUADRO 1: ESFUERZO FISCAL EN LA TRANSICIÓN, 1981-1988 Y PROYECCIONES
PARA 1995-2015
Fuente : Arrau, P. (1992, cuadro 6, pág. 56).
(a) en millones de pesos chilenos de mayo de 1988.
(b) el PIB potencial se estimó en base a una tasa de crecimiento de 4%
real constante para el PIB, sobre el nivel de 1981.
El elemento que gobierna el efecto de un reforma al sistema de
financiamiento de las pensiones es su impacto en el resto del
presupuesto fiscal. Si la transición es financiada con emisión de deuda
pública, el impacto neto es modesto porque simplemente se reemplaza una
obligación implícita con los derechohabientes del sistema antiguo, por
una obligación explícita con los afiliados al nuevo sistema. Lo
contrario ocurre cuando la transición es financiada con superávit
primario.
Luego, lo importante es cómo afecta la reforma a los incentivos
políticos enfrentados por los futuros Ministros de Hacienda, quiénes
tomarán estas decisiones adelante. Una reforma como la chilena parece
tener efectos políticos importantes debido a la forma en que se presenta
la contabilidad fiscal. Como los Ministros de Hacienda evitan presentar
presupuestos con déficits a la opinión pública, una reforma como la
chilena, que aumenta los déficits reportados, puede crear incentivos a
mejorar la posición fiscal primaria.
Por razones más generales, el gobierno democrático instalado en 1980
quería evitar la apariencia de populismo, lo que suponía una imagen
austera en las finanzas públicas. Un cambio de política hacia un
financiamiento de la transición vía deuda hubiera aparecido claramente
como populista, con funestos efectos sobre la inversión privada. Dado
que el esfuerzo fiscal ya estaba hecho, el gobierno democrático optó por
continuar la política vigente.
El siguiente cuadro demuestra que en chile el grueso de las necesidades
fiscales han sido solventadas con el superávit primario, aunque han
existido algunas emisiones menores de deuda pública y colocaciones de
acciones de empresas estatales en algunos años:
CUADRO 2: Superávit Fiscal Primario 1980-1991
(obtenido excluyendo todas las pensiones)
Fuente: Arrau, P(1992, Cuadro 7, pág. 56). Excluye el déficit del Banco
Central.
Sin embargo, el superávit fiscal reportado bajó de 5,5% del PIB en 1980
a cero en 1981. El gobierno mantiene el superávit fiscal reportado cerca
de cero, lo que significa que mantiene el cambio en la posición fiscal
primaria construido en 1977-1980.
Para concluir este aparte del capítulo, podemos decir que el desarrollo
del mercado de capitales y en la posición fiscal, sólo es posible por el
sacrificio de los contribuyentes. Es lógico contar estos sacrificios
como un costo presente, que será recompensado en el futuro con una mayor
acumulación de capital físico y mayores salarios reales.
4. PARALELO ENTRE LOS DOS SISTEMAS
4.1 CHILE (SISTEMA PRIVADO SUBSTITUTIVO: basado en la estructura
neoliberal, sustituyó el sistema público por uno privado, pero
respaldado y garantizado por el estado, 1979-1981)
A comienzos de la década de 1970, la seguridad social chilena protegía
de todos los riesgos sociales, cubría el 76% de la fuerza laboral
(además proporcionaba pensiones de asistencia social y atención
sanitaria a los no asegurados) y ofrecía generosas prestaciones. Pero
estaba muy estratificada (compuesta por más de 100 sistemas
independientes), carecía de coordinación, permitía privilegios y
desigualdades injustificados, requería una contribución sobre la nómina
del 65%, sus gastos equivalían al 17% del PIB, sufría de desequilibrios
financieros y actuariales, y requería que el estado sufragara el 29% de
sus costos. Los poderosos grupos de presión obtuvieron concesiones de
gobiernos sucesivos y bloquearon la tan necesitada reforma del sistema.
El régimen militar autoritario establecido en 1973 prohibió o
desestabilizó a los partidos políticos, sindicatos y asociaciones
profesionales, y controló el Congreso, con lo cual debilitó a los grupos
de presión y dio poder al estado para reformar la seguridad social. En
1979 se eliminaron las desigualdades más sobresalientes y durante la
década de 1980 tuvo lugar un proceso de unificación y normalización de
los múltiples fondos de pensiones (por ejemplo, se estableció una edad
de jubilación uniforme de 60 y 65 años para mujeres y hombres
respectivamente), pero se excluyó a las fuerzas armadas de la reforma y
éstas siguen manteniendo sus privilegios.
En 1981 comenzó a funcionar un nuevo sistema de pensiones con
condiciones uniformes para todos los asegurados. Se basa en la ideología
neoliberal, asigna un papel subsidiario al estado, confía su dirección a
compañías privadas competitivas de dedicación exclusiva (AFP), es
regulado y supervisado por un organismo estatal y cuenta con
substanciales garantías y subsidios del estado. El antiguo sistema se
cerró (no se permiten nuevas afiliaciones) y se concedieron cinco años a
los asegurados para decidir si permanecían en él o pasaban a una AFP de
su elección; un fuerte incentivo para pasarse fue el recorte de la
cotización del asegurado en el nuevo sistema, combinado con una campaña
publicitaria; el antiguo sistema desaparecerá en 30 o 40 años , cuando
todos sus beneficiarios hayan muerto.
El nuevo sistema se basa en la capitalización plena; se eliminó la
contribución del empleador y sólo los asegurados cotizan. Las
contribuciones obligatorias de la nómina son: 10% para la pensión de
vejez y de un 2.5% a 3.5%, que paga la prima de discapacidad y
sobrevivientes a una compañía de seguros privada, y el resto va como
comisión a la AFP; una contribución voluntaria adicional del 10% también
va a la vejez. Las contribuciones de los asegurados para la pensión de
vejez se depositan en una cuenta individual en la AFP, los fondos se
invierten y los rendimientos del capital se añaden a la cuenta. En el
momento de la jubilación (más veinte años de cotización), el asegurado
puede elegir entre tres opciones de pensión. Aunque se afirma que el
sistema es privado, el estado lo regula y soporta una fuerte carga
financiera: i)cubre el elevado déficit del sistema público que se quedó
con sólo el 16% de los asegurados totales, pero con el 96% de los
pensionistas totales; ii) otorga un bono de reconocimiento a los
asegurados en el sistema privado en el momento de la jubilación, que es
igual al valor de las cotizaciones previamente pagadas al sistema
público, indizado a la inflación, y obtiene un interés anual del 4%;
iii)aporta la diferencia necesaria para pagar una pensión mínima a los
que carecen de fondos suficientes en su cuenta individual; iv) financia
las pensiones de asistencia social, el subsidio de desempleo y las
asignaciones familiares. También proporciona garantías en caso de
bancarrota de la AFP o rendimientos de la inversión inferiores al mínimo
requerido. En la crisis de 1982-1983, el gobierno intervino algunos
bancos y compañías asociadas con las principales AFP para impedir el
derrumbamiento del sistema; tras la recuperación, el estado se retiró y
aprobó legislación para fortalecer el sistema.
En 1981 también se reformó la atención sanitaria, permitiendo a los
asegurados elegir entre el programa de seguro social-público (FONASA) o
instituciones privadas de sus elección (ISAPRES).
La reforma de la seguridad social (sobre todo la de las pensiones) se
basó en una serie de supuestos y la experiencia de los últimos quince
años muestra que algunas de ellas se han materializado, pero muchas
otras no. i) Se supone que los asegurados están incentivados para
registrarse y pagar puntualmente sus contribuciones debido a que existe
una relación estricta entre sus pagos y la cuantía de la pensión, con lo
cual debería minimizarse la evasión y la mora. La cobertura de la fuerza
laboral descendió del 62% al 57% en 1980-1992 debido al alto desempleo
durante la crisis, pero aumentó con la recuperación hasta el 86% en
1991. Sin embargo, el registro obligatorio de los trabajadores
asalariados en empresas muy pequeñas es sólo del 42% y el registro
voluntario de los trabajadores autónomos es del 29%; además entre el 49%
y el 58% de todos los asegurados registrados no contribuyen de forma
activa. ii) La libertad de elección y cambio de AFP por parte de los
asegurados se esperaba que fomentara la competencia entre aquellas, con
lo que se minimizarían sus comisiones y costos administrativos y se
maximizaría el rendimiento de la inversión. El número de AFPs se estancó
en 12 durante la primera década, aunque aumentó a 16 en 1993 y a 18 a
mediados de 1995. En torno a un 70% de los asegurados en el sistema
privado están cubiertos por las tres principales AFP, que no son
necesariamente las que cobran las comisiones menores y obtienen los
mayores rendimientos. Los asegurados carecen del conocimiento adecuado
para elegir la mejor AFP y suelen tomar la decisión influidos por los
vendedores y por la publicidad. iii) Se suponía que la eliminación de la
contribución del empleador corregiría la sustitución de la mano de obra
por el capital. Hasta el momento no hay pruebas de tal suposición. iv)
El método de capitalización plena debía aumentar el coeficiente de
ahorro nacional y dar como resultado una expansión proporcional del
mercado de capital interno. Al final de 1995, los fondos de las AFP
ascendían a 22.614 millones de dólares o el 40% del PIB, y el
rendimiento real medio de la inversión anual fue del 13.7% en 1981-1994,
pero la crisis mexicana de 1995 la volvió negativa en ese año (el
rendimiento real medio descendió a 12.9%). En efecto, el mercado de
capital interno ha crecido, pero no tanto como se había previsto y
existen dudas acerca de que sea capaz de absorber el flujo de capital
creciente. Por último, la reforma ha ocasionado elevados costos
financieros al estado, que ha tenido que afrontarlos ya sea mediante la
deuda (transfiriendo la carga a las generaciones futuras) o los
impuestos (imponiendo una carga sobre las generaciones presentes) o
extrayendo los recursos de otros programas públicos (dañando a los
pobres).
4.2 COLOMBIA (SISTEMA SELECTIVO O PARALELO: Permite escoger entre
programas públicos y privados alternativos, 1993)
En 1990 el sistema de seguridad social colombiano era el más fragmentado
de Latinoamérica (con más de 1000 instituciones), pero la cobertura que
proporcionaba a la población era del 21% solamente; el 70% de los
asegurados estaban en el Instituto de Seguros Sociales para los
trabajadores privados (ISS), el 5% en el instituto para los funcionarios
públicos (CAJANAL) y el 25% en cientos de instituciones. Se suponía que
el sistema sanitario nacional y público cubriera el 67% de la población
(con la mitad de los ingresos del ISS), pero sólo con el 39% tenía
acceso real, los grupos de renta más baja y los pobres quedaban
desprotegidos. Había desigualdades notables entre los grupos asegurados;
por ejemplo, las edades de jubilación en el ISS eran de 55 y 60 años,
pero en CAJANAL eran de 45 y 50, y otros fondos sólo requerían de 10 a
20 años de trabajo sin tener en cuenta la edad. El estado subvencionaba
el 67% de los gastos de CAJANAL, pero no contribuía al ISS. Los costos
administrativos alcanzaban el 42% de los gastos totales en 1986, los
segundos más altos de los ocho países. El déficit actuarial del ISS se
estimaba en 1988 en 2.000 millones de dólares y el de CAJANAL, en 1.000
millones.
La Constitución de 1991 estableció que la seguridad social debía ser
dada y extendida por el estado, con participación privada. Pero sólo a
finales de 1993 el congreso aprobó un sistema selectivo para las
pensiones y la atención sanitaria.
Los asegurados en el ISS o los fondos de los funcionarios públicos cuya
edad es de 35 - 40 años o más pueden mantener las condiciones de acceso
al sistema antiguo; el nuevo sistema se aplica a los asegurados menores
de esa edad y a los nuevos trabajadores. CAJANAL se ha cerrado y sus
asegurados son cubiertos por un fondo público estatal; los funcionarios
públicos de nombramiento reciente son afiliados de forma automática al
nuevo sistema. Los que están en él pueden elegir entre el programa
público (ISS) o el privado (SAFP) y cambiar dos veces al año. Las
contribuciones sobre la nómina para las pensiones son las mismas en
ambos programas y aumentarán de forma gradual tanto para los empleadores
como para los asegurados; si los últimos ganan más de cuatro salarios
mínimos, deben contribuir un 1% adicional a un fondo de solidaridad
establecido para extender la cobertura a los grupos de renta baja. La
contribución total en 1994 era del 12.5% y aumentó al 14.5% en 1996 (por
encima de Chile).
Las condiciones de acceso a las prestaciones del ISS se han endurecido,
así la edad de jubilación aumentará a 57 y 62 años, más veinte de
cotización. La jubilación en el programa privado sólo requiere una
cantidad específica ahorrada en la cuenta individual, prescindiendo de
la edad o los años trabajados. El estado garantiza una pensión mínima
sólo cuando el asegurado tiene 57 y 62 años, ha contribuido veintitrés
años y posee fondos suficientes para financiar esa pensión. El bono de
reconocimiento pagado por el estado se indiza a los salarios ajustados,
gana intereses del 3 o 4% y tiene un tope. Las limitaciones a la pensión
mínima y al bono de reconocimiento deberían reducir los costos en
Colombia comparada con Chile. Las SAFP pueden ser organizadas no sólo
por compañías de giro exclusivo, sino también por cooperativas,
sindicatos, mutualidades, fondos de asignaciones familiares, fondos de
desempleo e incluso instituciones financieras públicas. A mediados de
1995, con ocho SAFP se cubría alrededor del 20% del número total de
asegurados, habían acumulado 150 millones de dólares (0.2% del PIB) y
tenían un rendimiento real medio del -3%.
La reforma de la asistencia sanitaria permite a los asegurados continuar
en el ISS o pasar a una proveedora privada (EPS); esta última debe
ofrecer un plan básico que cubra al asegurado y sus dependientes. Se han
aumentado tanto las contribuciones del empleador como las del asegurado.
CONCLUSIÓN
El intento de introducir el modelo chileno de privatización plena
fracasó en Colombia debido sobre todo a que este país, al ser una
democracia, permitió una fuerte crítica del proyecto legal y obligó a un
compromiso con el Congreso. Además, la cobertura de la población es casi
la más baja de Latinoamérica, y un sistema de privatización plena habría
bloqueado su necesaria extensión (ésta era una de las críticas contra
las dos propuestas del presidente y la razón para la creación del fondo
de solidaridad). Los sindicatos se opusieron a la abolición de la
contribución del empleador y a importantes sectores dentro del gobierno
les preocupaba que esa eliminación aumentara de forma considerable la
carga fiscal.
Los siguientes cuadros sintetizan en parte lo enunciado anteriormente,
el primero muestra la tipología de los dos casos (1995), el segundo
expone los rasgos más significativos de la Seguridad Social en los dos
casos (1986-1991) y el tercero presenta las características esenciales
de la reforma de la Seguridad Social en los casos estudiados
(1993-1995).
CUADRO 3
a : En chile la reforma económica tuvo lugar en 1974-1989 bajo un
régimen militar autotitario (la primera fila hace referencia a ese
período) que también reformo la seguridad social en 1979-1981.
FUENTE: MESA - LAGO. (1997, cuadro 1, pág. 34)
a PEA
b Sistema privado y público
c CAJANAL, no subsidio a ISS.
P = pensiones; E-M = enfermedad-maternidad; AL = accidentes laborales;
SD = subsidio de desempleo; AF = asignaciones familia
FUENTE: MESA - LAGO (1997, cuadro 3, pág. 36)
FUENTE: MESA-LAGO (1997, cuadro 4, pág. 37)
BIBLIOGRAFÍA
UTHOFF, Andras y SZALACHAMAN, Raquel. Sistema de pensiones en América
Latina: diagnóstico y alternativas de reforma. Santiago de Chile.
CEPAL-PNUD. 1991.
ARRAU, P. El nuevo régimen previsional chileno. Santafe de Bogotá.
Fundación Fredich Ebert. 1992
OPS. Atención de la salud para los pobres en América Latina y el Caribe.
Washington D.C. 1992.
VALDÉS PRIETO, Salvador. Evaluación de la reforma a la seguridad social
en Chile. Santiago de Chile. Universidad Católica de Chile. 1994.
MESA-LAGO, Carmelo. La reforma del bienestar social en América Latina y
la liberalización económico-política. Madrid. Instituto Universitario
Ortega y Gasset. 1997
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