Mucho se ha escrito y discute acerca de la formación de directivos;
sobre sus necesidades, componentes y otras particularidades que
caracterizan un proceso de mayor o menor pertinencia y efectividad. Sin
embargo, en escasas ocasiones se aborda la problemática a partir de
enfocarla como un proceso fundamentado en la disciplina que se ocupa de
la educación y el aprendizaje del sujeto adulto, esta es, la andragogía.
Múltiples autores han intentado conceptuarla como una ciencia que, al
igual que otras, ha tenido su historia y desarrollo.
El término andragogía se reporta utilizado por primera vez por el
maestro alemán Alexander Kapp, en 1833, con el propósito de dar
explicación a la teoría educativa de Platón; al no ser generalizado su
uso, cae en el olvido. Posteriormente Eugen Rosenback, a principios del
siglo XX retoma el término para referirse al conjunto de elementos
curriculares propios de la educación de adultos, como son: profesores,
métodos y filosofía.[1]
No obstante estos intentos iniciales por conceptualizar y sistematizar
la educación de adultos, “la integración básica sobre educación de
adultos se inició, en Europa y en Estados Unidos de (Norte) América, en
forma bastante tardía en comparación con su equivalente en el ámbito de
la pedagogía. Es a penas a finales de los años cincuenta cuando se
inician los esfuerzos de sistematización, articulación y difusión de
teorías específicas acerca del aprendizaje del humano adulto; así como
de estrategias y métodos capaces de expresarse en términos de una
didáctica para un aprendizaje que no es niño ni adolescente: el
adulto”[2]
Knowles (1970) es considerado el padre de la educación de adultos por
elaborar una teoría de la andragogía más acabada, la considera como “el
arte y la ciencia de ayudar a adultos a aprender”[3]
Bernard (1985) ve la andragogía como “una disciplina definida al mismo
tiempo como una ciencia y como un arte; una ciencia que trata los
aspectos históricos, filosóficos, sociológicos, psicológicos y
organizacionales de la educación de adultos; un arte ejercido en una
práctica social que se evidencia gracias a todas las actividades
educativas organizadas especialmente para el adulto”[4]
Márquez (1998) la considera como “la disciplina educativa que trata de
comprender al adulto (a), desde todos los componentes humanos, es decir,
como un ente psicológico, biológico y social”[5]
Por su parte Alcalá (1997) afirma que la “Andragogía es la ciencia y el arte
que, siendo parte de la Antropogogía y estando inmersa en la Educación
Permanente, se desarrolla a través de una praxis fundamentada en los principios
de Participación y Horizontalidad; cuyo proceso, al ser orientado con
características sinérgicas por el Facilitador del aprendizaje, permite
incrementar el pensamiento, la autogestión, la calidad de vida y la creatividad
del participante adulto, con el propósito de proporcionarle una oportunidad para
que logre su autorrealización”[6]
Como puede observarse, Alcalá hace una propuesta más abarcadora y
conceptualiza con mayor profundidad su concepción y explica que la praxis
andragógica es “un conjunto de acciones, actividades y tareas que al ser
administradas aplicando principios y estrategias andragógicas adecuadas, sea
posible facilitar el proceso de aprendizaje en el adulto.
Las décadas posteriores contemplan un desarrollo en esa línea de
trabajo. Se considera la educación de adultos como profesión universitaria y se
deslinda el campo de la andragogía que, basándose en estudios desde la
perspectiva de la psicología; aporta resultados para concebir prácticas que
utilicen principios pedagógicos y androgógicos dotando a la didáctica de
instrumentos para afrontar procesos de aprendizaje complejos que involucren
aspectos intelectivos, motores y afectivos.
La Andragogía proporciona la oportunidad para que el adulto que decide
aprender, participe activamente en su propio aprendizaje e intervenga en la
planificación, programación, realización y evaluación de las actividades
educativas en condiciones de igualdad con sus compañeros participantes y con el
facilitador; lo anterior, conjuntamente con un ambiente de aprendizaje adecuado,
determinan lo que podría llamarse una buena praxis andragógica”[7]
Puede notarse que cada definición enriquece la idea de que la andragogía
es considerada como una disciplina educativa que tiene en cuenta diferentes
componentes del individuo, como ente psicológico, biológico y social; una
concepción nueva del ser humano como sujeto de su propia historia, cargado de
experiencias dentro de un contexto socio cultural; en este caso los
destinatarios y participantes en el proceso de formación van a estar
caracterizados por su adultez, de manera que esos destinatarios son considerados
como sujetos adultos.
La palabra “adulto” proviene de la voz latina “adultus” que
etimológicamente significa crecer. En la situación que nos ocupa no explicaría
toda su implicación si solo tenemos en cuenta la adultez como el arribo del
sujeto a una edad que convencionalmente se ubica entre 18 y 70 años, entre la
adolescencia y la senectud; es necesario tomar en consideración el crecimiento
ininterrumpido y permanente desde el punto de vista psicosocial y ergológico;
por lo tanto, es una etapa de integración de diferentes perspectivas de
desarrollo.
Lo fundamental en este análisis no es la definición del término, sino el
conocimiento de los sujetos como destinatarios y participantes en los procesos
educativos que van desde “entrenamientos ocasionales o en el trabajo, a nivel
técnico y directivo, de crecimiento y enriquecimiento personal que promuevan la
movilización social, el grado de alfabetismo y el desarrollo de la carrera”[8]
En este contexto los adultos expresan sus particularidades, ellos “están
conscientes de sus necesidades educativas que son lo suficientemente maduros
como para seleccionar si buscan o no medios para educarse y en qué forma, que
están adecuadamente experimentados a través de la vida y el trabajo; lo cual les
permite razonar y aplicar conocimientos particulares a su rango de experiencia,
para ser capaces de escoger cuándo y dónde estudiar y aprender, pudiendo medir
los costos de dicho aprendizaje (costos, ya sea en términos de tiempo, dinero u
oportunidades perdidas). Se asume que los adultos tienen tiempo limitado y que
tienen que balancear las demandas de la familia, el trabajo y la educación.
Igualmente se puede asumir que estos ya han adquirido un conocimiento propio y
del mundo, suficiente para sobrevivir; aunque no puedan controlar su entorno a
su gusto...”[9]
Cuando se trata de educación de adultos debemos tener en cuenta una
serie de percepciones que agrupamos en:
1. ¿Cuáles son las características fundamentales de los adultos que se
deben tener en cuenta en el proceso de formación?
2. ¿Qué condiciona el aprendizaje adulto?
3. ¿Cuándo y dónde se bebe realizar la educación del adulto?
4. ¿Quiénes son los implicados?
5. ¿Cómo aprenden los adultos?
6. ¿Cuál es la forma adecuada para enseñarles o ayudarlos a aprender?
1. Cuando abordamos el estudio de las características fundamentales de
los adultos que se manifiestan en un proceso de formación podemos mencionar:[10]
a. El auto concepto: Necesidad psicológica para ser autodirigidos.
b. La experiencia. La experiencia acumulada sirve como recurso de
aprendizaje y como referente para relacionar aprendizajes nuevos. Valiéndose de
sus experiencias anteriores el participante puede explotar y/o descubrir su
talento y capacidades.
La orientación adulta al aprendizaje se centra en la vida; por lo tanto,
lo apropiado para el aprendizaje son situaciones reales para analizarlas y
vivirlas de acuerdo con su proyecto personal de vida y las experiencias
acumuladas; en estas circunstancias la formación cobra gran importancia si
concuerda con sus expectativas y necesidades personales
Unido a la experiencia, el adulto trata de conservar vivencias,
conocimientos, creencias, paradigmas que les fueron útiles en un momento; pero
que ya no lo son y, por lo tanto, se convierten en fuente de resistencia interna
del individuo.
Dadas estas circunstancias, un requisito básico para el aprendizaje es
el “desaprendizaje”.
“Desaprender es sencillamente eliminar lo que hemos aprendido que ya no
nos sirve y dejar espacio para que lo que necesitamos aprender puede entrar en
nuestro cerebro con facilidad. Para realizar esto, el ser humano debe darse la
oportunidad de verse a sí mismo como el poseedor de un punto de vista sobre
cualquier aspecto y desarrollar la conciencia de la existencia de muchos más
puntos de vista que puedan ser tan o más válidos que el percibido por él. Esto
obviamente exige el postergar el juicio crítico, lo cual no es una costumbre
arraigada en la mayoría de los adultos, mucho menos cuando estos poseen un alto
nivel intelectual; pues cuanto más ha invertido en aprender cierta información,
mayor compromiso existe en defender esta información ante otra nueva (...). El
desaprendizaje es un eslabón ubicado entre el aprendizaje y el
reaprendizaje”[11]
c. La prontitud en aprender. Los adultos se disponen a aprender lo que
necesitan saber o poder hacer para cumplir su papel en la sociedad. Ellos miran
la formación como un proceso para mejorar su capacidad de resolver problemas y
afrontar el mundo actual; de esta manera pueden desarrollar modelos de conducta
en situaciones dadas que le faciliten su adaptación a circunstancias
particulares en las que puedan encontrarse en un momento determinado.
La orientación para el aprendizaje. La orientación de los adultos para
el aprendizaje tiende a la búsqueda de la solución a los problemas que se le
presentan en la vida real; con una perspectiva de buscar la inmediatez para la
aplicación de los conocimientos adquiridos; cuyos objetivos responden a sus
necesidades y expectativas.
Debe adicionarse que el adulto tiene un amplio bagaje histórico, social
y cultural, como ente social integrado a formas de vida determinadas; construye
su propio conocimiento con ayuda del formador quien se convierte en un
facilitador del aprendizaje si tiene en cuenta que los adultos “trabajan, no
tienen tiempo, se cansan más rápido, están más motivados, no tienen hábitos de
tomar notas ni de estudio y les gusta participar “[12]
2. Entre las principales condicionantes del aprendizaje de adultos
encontramos:[13]
a. Forman grupos heterogéneos en: edad, intereses, motivaciones,
experiencia y aspiraciones.
b. El papel de estudiante es marginal o provisional.
c. El interés general gira en torno al ascenso laboral, al bienestar, a
la autoestima.
d. Los objetivos son claros y concretos, elegidos y valorizados.
e. Los logros y éxitos serán deseados intensamente o con ansiedad.
f. Existe preocupación por el fracaso.
g. Posible susceptibilidad e inseguridad ante las críticas.
h. A menudo arrastra el peso de experiencias de aprendizaje frustrantes
que le convencen de que no es capaz de adquirir conocimientos nuevos.
i. Fuentes de conocimientos heterogéneas, a veces contradictorias.
j. Mayor concentración en clases, lo cual favorece el aprovechamiento
del tiempo en clases.
k. Posee mecanismos de compensación para superar las deficiencias y los
recursos de la experiencia.
1. Necesita alternancia y variabilidad por su relativa capacidad de un
esfuerzo intelectual prolongado.
3. Se debe prestar gran atención al entorno de la formación. Los adultos
prefieren seleccionar el lugar para llevar a cabo las acciones de formación.
Fundamentalmente optan por lugares que se relacionen con sus necesidades. Una
gran parte de la formación se realiza en los sitios de trabajo o en lugares
donde puedan asociarse positivamente, ya sea en locales de reuniones, en aulas
de posgrados, etc.
4. Para comentar sobre los implicados, basémonos en un modelo
andragógico que incluye tres componentes fundamentales:
a. El participante adulto: Ya nos hemos referido en comentarios
anteriores.
b. El andragógo. Es decir, el formador; se convierte en el facilitador
del proceso, viabiliza las interacciones interpersonales y organiza la actividad
educativa, puede ser, además ; consultor, transmisor de informaciones, agente de
cambio, tutor, etc; es una persona – recurso considerado como un participante
más en el proceso continuo de aprendizaje.
c. El grupo. La formación puede producirse de manera relativamente
autónoma y personal; pero también ocurre en un espacio intersubjetivo y social.
Así, el aprendizaje adulto no debe entenderse como un fenómeno aislado, sino
como una experiencia que se desarrolla en interacción con otros sujetos, de
manera que “el conocimiento no es solamente una cuestión del pensamiento y las
personas; sino de relaciones que esas personas mantienen; aprender (llegar a
conocer) implica mantener relaciones funcionales”[14]
Puesto que la unidad de análisis del aprendizaje adulto son los procesos
de interacción social, cada participante puede convertirse en un recurso para el
otro y este intercambio proporciona una transacción dinámica del conocimiento.
Estos componentes del modelo no deben entenderse como entes asilados;
sino en constante interacción dentro de un espacio intersubjetivo y social, de
manera que el aprendizaje adulto se transforme en una experiencia del individuo
que ocurre en interacción con un contexto o ambiente; de esta tesis se desprende
que la “actividad cognitiva del individuo no puede estudiarse sin tener en
cuenta los contextos relacionales, sociales y culturales en que se lleva a
cabo”[15]
5. No necesariamente los adultos deben asistir a un programa formativo
con la atención de aprender. No obstante la importancia de la interformación,
muchos de ellos continuarán aprendiendo de la propia experiencia, haciendo cosas
por ellos mismos, observando e imitando a otros; se dedicarán a la lectura
siguiendo procedimientos descritos por otras personas.
Los adultos tienen diferentes estilos de aprendizaje; unos prefieren
hacerlo en grupos, otros individualmente, algunos optan por la experimentación y
otros requieren asesoría; cada vez toma más interés la capacitación en el puesto
de trabajo.
Para cada enfoque es necesario programas ajustados a ellos que se
adecuen a los estilos de los participantes que serán más receptivos cuando
perciban que los objetivos del programa de formación responden a sus necesidades
y expectativas.
En este contexto se ubica el aprendizaje adulto que según Cazau (2001)
se basa en: [16]
a. Aprender a conocer. Desarrollar habilidades, destrezas, hábitos,
actitudes y valores que le permitan al adulto adquirir las herramientas de la
comprensión como medio para entender el mundo que lo rodea, comunicarse con los
demás y valorar la importancia del conocimiento y la investigación.
b. Aprender a aprender. Desarrollar habilidades, destrezas, hábitos,
actitudes y valores que le permitan adquirir o crear métodos, procedimientos y
técnicas de estudio y aprendizaje para que puedan seleccionar y procesar
información eficientemente, comprender la estructura y el significado del
conocimiento a fin de que lo pueda discutir, negociar y aplicar. El aprender a
aprender constituye una herramienta que le permite al adulto seguir aprendiendo
toda la vida.
c. Aprender a hacer. De esta manera puede desarrollar sus capacidades de
innovar, crear estrategias, medios y herramientas que le dan la posibilidad de
combinar los conocimientos teóricos y prácticos con el comportamiento socio
cultural, desarrollar aptitudes para el trabajo en grupo, la capacidad de
iniciativa y de asumir riesgos.
d. Aprender a ser. Que podemos comparar con el saber estar que se basa
en el desarrollo de la integridad física, intelectual, afectiva y social;
teniendo en cuenta las relaciones que establece con todo el entorno; tanto
laboral como en la sociedad; y ética del sujeto en su calidad de adulto, de
trabajador, como miembro de una familia, de estudiante, como ciudadano.
6. Como resultado de los esfuerzos investigativos por crear una
disciplina particularmente dedicada a la educación de adultos se produce un
renacimiento de los métodos activos de aprendizaje, tanto de carácter formal
como informal.
Aprovechando las particularidades que caracterizan al sujeto adulto, a
su modo de aprendizaje , etc; se recomienda y se amplía la utilización del
método de proyectos, nombrado también método de problemas. Se concibe como “un
plan de actividades diseñado con propósitos educativos, de acuerdo con un
cronograma de trabajo, para ser desarrollado en condiciones reales, en contextos
socio laborales y culturales, tangibles y concretos”[17]
La idea del método de proyecto se asocia a la práctica, a la innovación
y con formas de organización flexibles, abiertas, orientadas fundamentalmente a
la solución de problemas específicos.
El proyecto de aprendizaje se distingue por los siguientes aspectos.
a. Relación con el mundo circundante. El aprendizaje se realiza teniendo
en cuenta situaciones problémicas del entorno físico y social del formando.
b. Relación con los intereses de quienes aprenden. Debe estar
relacionado con los intereses particulares de los alumnos.
c. Orientación hacia la elaboración de productos. Producto en el sentido
amplio de la palabra que contribuya a mejorar el medio ambiente físico y social;
pues se integra el aprendizaje y la acción.
d. Trabajo interdisciplinario. Como los problemas que se presentan
pueden ser multicausales, una sola discusión científica no basta para
solucionarlos; por lo que necesitan valerse de varias materias para abordar la
situación desde diferentes puntos de vista.
e. Relación social. A diferencia del aprendizaje en el propio sitio de
trabajo, en los proyectos de aprendizaje se nota la relación social de aprender
en el planteamiento cooperativo, en la distribución del trabajo, en la
interpretación y valoración que tiene el producto con las otras actividades que
se realizan en interacción con grupos.
f. Relación multidimensional de los fines de aprendizaje. En la
situación de aprendizaje por el método de proyectos se persiguen fines de
aprendizaje en varias dimensiones que se apoyan recíprocamente: saber y poder,
pensar y actuar, percibir y decidir, recordar y producir.
g. Posibilidad de generalizar. Los proyectos de aprendizaje son
instrucción; organizan situaciones didácticas y situaciones de la vida; de
manera que el adulto se prepara y aprende para la acción.
El diseño de cualquier dispositivo de formación debe partir de la
propuesta de objetivos que den respuesta a las necesidades reales de
aprendizaje.
No obstante la gran diversidad de enfoques que recibe la educación de
adultos, hay que ajustarse a las condiciones propias nacionales y a las
políticas que se elaboren para que la formación de los adultos, y en el caso que
nos ocupa, los directivos; desempeñen un papel que contribuya cada vez más al
desarrollo económico, político y socio cultural del país.
No es saltando etapas y aplicando modismos y modelos obsoletos como se
lograrán niveles más altos de aprendizaje, crecimiento y desarrollo. Es
necesario pensar en formas pertinentes de enseñar en contextos sociales,
políticos y económicos concretos.
La andragogía nos ofrece una alternativa flexible para aplicar sus
principios y lograr métodos de enseñanza aprendizaje en correspondencia con las
necesidades actuales y futuras.
A la hora de diseñar un dispositivo de formación debemos tener en cuenta
las leyes de la andragogía que enuncia Calderón (1998):[18]
• Ejercitación: Se recuerda con mayor claridad y por un espacio mayor de
tiempo lo que se ha repetido y ejercitado, sobre todo vinculado con la solución
de una actividad práctica, pues ello eleva el nivel de motivación de las
personas. Por ello los métodos que se seleccionen para ejecutar los programas de
estudio, deben asegurar la participación activa de los estudiantes. Existen
investigaciones que demuestran que se memoriza: 90 % de lo que se hace, 70 % de
lo que se habla, 50 % de lo visto y oído, 30 % de lo visto, 20 % de lo oído y 10
% de lo leído.
• Efecto: Las experiencias asociadas con resultados satisfactorios son
mejor comprendidos y memorizados que los asociados a un fracaso. No se aprende
mejor si constantemente se demuestra la incapacidad de los individuos. Por eso
los objetivos deben formularse acorde con las posibilidades de cumplirlos y que
permitan a través de ellos manifestar potencialidades y desarrollar capacidades.
• Primacía: Por producir la primera experiencia una impresión más fuerte
e imborrable que las sucesivas es importante enfocar los contenidos desde ese
ángulo. En esta ley tiene su origen la máxima de que es más fácil enseñar que
borrar lo aprendido.
• Intensidad: Todo aprendizaje debe asociarse a vivencias que provoquen
un impacto emocional puesto que enseñan más. Las experiencias rutinarias y
monótonas hacen que decaiga el interés y con ello se entorpece el aprendizaje.
• Utilidad: Los conocimientos aprendidos y las capacidades desarrolladas
son mejor recordadas y consolidadas si está asociadas a las actividades que
posteriormente realizarán los estudiantes durante el ejercicio de su profesión.
Tomando las ideas de Kraft (1995), recordemos, además que:[19]
a. Los adultos se comprometen a aprender cuando los métodos y objetivos se
consideran realistas e importantes y se perciben con utilidad inmediata.
b. El aprendizaje de adultos tiene siempre una implicación personal que
deriva en desarrollo, autoconcepto, preocupación, juicios, autoeficacia.
c. Los adultos desean tener autonomía y ser el origen de su propio
aprendizaje, es decir, quieren implicarse en la selección de objetivos,
contenidos, actividades y evaluaciones.
d. Los adultos se resisten a aprender en situaciones que creen que ponen
en duda su competencia o se vean impuesta.
e. La motivación de los adultos para aprender es interna; lo que se
puede hacer es animar y crear las condiciones que promuevan lo que ya existe en
los adultos.
f. El aprendizaje adulto se fomenta mediante conductas y actividades de
formación en las que se demuestre respeto, confianza y preocupación por el que
aprende.
[1] Cazau, P.(2001) Andragogía. www.uady.mx; p:1
[2] Cazau, P.(2001). Andragogía. . www.uady.mx; p: 7
[3] Knowles; M. (1970). La práctica moderna de educación de adultos:
andragogy Versus Pedagogy. Citado por Cederblan, D. En El Maestro como mentor.
El Asesor, Órgano Informativo del Centro de Recursos y Asesoría para los
Institutos Bíblicos de América Latina y el Caribe.
www.cefe.gtz.de/brainstormes.com
[4] Bernard, J. L. (1985). Hacia un modelo andragógico en el campo de la
Educación de Adultos. www.sistema.itesm.mx; p:4
[5] Márquez, A. (1998). Andragogía: propuesta política para una cultura
democrática en educación superior. www.ofdp_rd.tripod.com
[6] Alcalá, A. (1997). La praxis andragógica en los adultos de edad
avanzada. Citado por Cazau, P. (2001) en: Andragogía, www.uady.mx; p:2.
[7] Alcalá, A (1997). La praxis andragógica en los adultos de edad
avanzada. Citado por Cazau, P. (2001) en: Andragogía, www.uady.mx; p:2.
[8] Graham, P. (2002). Aprendizaje de adultos. www.monografías.com, p: 1
[9] Graham, P. Ob. Cit, p: 1
[10] Cederblam,D. (2000). El Maestro como mentor.
www.cefe.gtz.de/brainstorm_es; p: 1
[11] Sánchez Arias, F. (1997). Aprendiendo a desaprender.
www.geocities.com
[12] Rivera, E. (1997). Los principios del aprendizaje en los adultos.
Citado por Cazau, P; en Andragogía (2000); www.uady.mx; p:5
[13] Dell’ ordine, J.L.; (2000). El aprendizaje de una lengua extranjera
en la formación continua. www.monografía. com. Citado por Cazau, P.; en Ob.
Cit.; p: 5
[14] García, C.M. (2003). Evaluación y modelos para la evaluación
continua de los formadores. www.educared.net
[15] Wertsh,J. (1993). Voces de la mente. Un enfoque socio cultural para
el estudio de la Acción Mediada. Citado por García, C.M. (2003) en Evaluación y
Modelos para la formación continua de los formadores. www.educared.net; p: 6
[16] Cazau, P. (2001). Andragogía. www.uady.mx; p:4
[17] Segovia, L. (S/F). El método de proyectos en ámbitos adultos:
experiencias de un uso explicitado del modelo. www.unesr.edu.ve.
[18] Calderón Córdova, H. 1995. Manual para la administración del
proceso de capacitación de personal.. Editorial Limusa, S.A. de C.V. Grupo
Noriega Editores, México, D.F.-, p.18. Citado por Cabrera, J. A. (2003), en
Sistema Integrado de Diagnóstico, Superación y Entrenamiento de Directivos, p:
6-7
[19] Kraft, N. (1995). The Dilemas of Deskilling: Reflections of a Staff
Developer. Journal of Staff development (EU), Vol. 16, No. 3, P: 31 – 35.
Autor: Lic. Julio A. Cabrera Rodríguez, jacabro@yahoo.es
Profesor Asistente
Grupo de Técnicas de Dirección
Universidad Agraria de La Habana
“Fructuoso Rodríguez Pérez”
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