Resumen
El presente Trabajo de Investigación sobre el mercado actual de los
libros de texto, pretende ofrecer un panorama más o menos especializado
de un género editorial trascendente para el mundo de la edición de
libros en el país.
La repercusión de la crisis económica nacional, tanto como las
restricciones que –por ella- debieron enfrentar las empresas editoriales
y los presupuestos de la familia argentina, conforman el enfoque de este
artículo, que, desde otra perspectiva, brinda un análisis de los cambios
en el consumo de textos, un dato inexpugnable para abordar con
perspectiva el escenario competitivo de nuestra actividad.
Introducción
Nacieron como auxiliares de los maestros, tomando progresivamente un
lugar importante en la educación primaria. La dinámica de lectura y el
fuerte arrastre de los medios tecnológicos como la televisión e internet,
los obligó a transformarse en productos mucho más atractivos e incluso
los llevó a convertirse en un disparador indiscutido de actividades en
el aula. Sin embargo, la realidad económica del país y las nuevas
tendencias culturales vinculadas a la lectura, les juegan hoy una mala
pasada.
El escenario actual de los libros de texto y su repercusión en el sector
editorial tiene directa vinculación con el futuro de nuestros hijos. Un
dato estremecedor: el 40% de los alumnos no poseen libros de texto.
Las ventas de ese género editorial cayeron en 2002 a la mitad, y, aún
sin conocerse las cifras definitivas del actual periodo anual, la
forzosa baja de precios no revirtió la tendencia, lo que quedó
demostrado en la existencia de menores tiradas por edición, tanto como
por la escasez de novedades 2003.
¿Qué está sucediendo en el mercado editorial de los textos? Hace tres
décadas, una textera líder en Argentina vendía unos 4 millones de libros
al año. Hoy, cuando la cantidad de estudiantes se multiplicó, las casi
35 empresas del sector venden en total 2 millones de ejemplares, según
confirmó el titular del Grupo de Editores de Libros de Textos de la
Cámara Argentina del Libro (CAL), Osvaldo Cesarini.
Estas 30 y pico editoriales que producen libros escolares manejan un
mercado que ronda los 100 millones de pesos –y que por 1999 era de 120
millones al año-. Sin embargo, un conjunto de empresas fuertes (Santillana,
Puerto de Palos, Estrada, Aique, Kapelusz y A-z Editora), la mayoría
perteneciente a Grupos multinacionales, reúne casi el 80% de las ventas.
Sube y baja
En 2003, los precios de libros de texto bajaron entre el 15 y el 25%
respecto a 2002. El dato sirvió para encarar la campaña de la CAL a fin
de hacer frente a la fuerte caída de ventas del Ejercicio anterior,
facilitada también por la sustitución de los libros por fotocopias. Esta
acción cooperativa lanzada desde la Cámara se sustenta en lo accesible
que son los textos hoy: un libro de 15 ó 30 pesos equivale a 1,60 ó 3,30
pesos mensuales (dividiendo su uso en los 9 meses del ciclo lectivo), es
decir, son entre 5 y 11 centavos por día.
Lo que les llevó a hacer esta campaña es el evidente cambio en el
consumo de textos: los estrechos bolsillos de los padres (y la necesidad
de enseñanza del docente), encontraron en las fotocopias de los libros
un “buen” sustituto. De esto resulta que por cada 3 pesos gastados en
fotocopias, se invierte sólo 1 en libros. Así las cosas, el mercado del
copiado recauda $ 235 millones al año, mientras que el de textos es 5
veces menor.
Para más referencias, el 95% de los directivos de escuelas de la ciudad
de Buenos Aires reconoce fotocopiar libros o usar fotocopias parciales
para el dictado de las clases, aún cuando quisiera no tener que hacerlo.
La campaña contra las fotocopias, que, por otro lado, tiene sustento en
la Ley de Derechos de Autor (11.723) –entre otras normas protectorias-,
es para sensibilizar a los padres, alumnos y docentes sobre el papel del
libro en la educación. En ésta la CAL invita con un “Dale un futuro a tu
hijo, dale hoy un libro de texto”.
Bajar los precios fue otra de las formas que hallaron las editoriales
para enfrentar a los productos sustitutos y ponerse a tiro con los
presupuestos familiares. Esta quita, se debe a un esfuerzo empresario
por adecuarse a las posibilidades económicas de los papás, tanto como
para levantar la escasa venta del año pasado.
En ese sentido, Editorial Estrada bajó sus precios en la línea de textos
escolares entre un 10 y 20%. El manual “Vení conmigo” para EGB1 cuesta
21,50 pesos (antes 25). Y además mantuvieron los restantes precios a
valores del 2002. Santillana, por su parte, bajó los PVP –precio de
venta al público- de libros de lectura EGB1 hasta un 20%. El Manual EGB2
cuesta 40 pesos (antes 53). Los biáreas 26,80, y los de área (la novedad
2003), 18,70 pesos (antes 24).
Kapelusz sacó libros para EGB1 a 26,50 pesos (antes 31), y EGB 3 de
área, 30 pesos (antes 44).
Valor libro
El descenso de la venta (o más bien en la demanda de textos escolares)
obedece a varios factores con distintos niveles de incidencia. Según la
CAL, se produjo en los últimos años un cambio cultural que impulsó una
modificación en el consumo: muchos padres no compran libros y los
docentes no los piden porque ya no les otorgan valor. Así lo confirmaron
docentes y bibliotecarios de escuelas públicas porteñas de distintos
niveles de EGB: “Hace dos años que los maestros de esta escuela no
pedimos textos. Trabajamos con los libros que los alumnos tienen en su
casa o consiguen, y con el material que posee la biblioteca. A veces
fotocopiamos algunas partes”.
Otros maestros confiaron que, si bien la mitad del alumnado podría
comprar un libro nuevo, “¿qué hacemos con el otro 50%... cómo se
sentirán si no pueden tenerlo?”. Además, los docentes de los últimos
años explicaron que muchas veces los contenidos de los textos no atrapan
a sus grupos de alumnos, y que entonces prefieren armar ellos mismos sus
materiales para abordar el programa educativo, y darles a los chicos la
posibilidad de investigar con lo que hay en biblioteca o lo que obtengan
de información fuera de la escuela. Indicaron, incluso, que la base
esencial de contenidos es la misma en ediciones anteriores que en las
actuales, lo cual les ayudó a dejar de pedir libros de texto nuevos;
algo así como ir al libro “genérico”.
El problema de la escasa demanda de texto escolares atraviesa varios
sectores y no es exclusivo de los más pobres. Hay colegios caros donde
tampoco se piden libros. “Hay una hipocresía social: se dice que los
libros son buenos, pero que los compre otro”, advirtió el responsable de
un reconocido sello editorial.
En general, el docente de escuelas privadas no dejó de solicitar textos,
aunque sí tiene menos pretensiones.
Es sabido que la menor demanda se agudiza también con los años
escolares. Los padres compran más cantidad de textos en los primeros
tres grados y menos en los posteriores.
Otra vertiente de la problemática que varió el tipo de consumo -fuera de
la recesión agudizada por la “devaluación del bolsillo”- es la creencia
de los padres de que Internet puede reemplazar los textos escolares.
La CAL en su lucha también disparó contra el Ministerio de Educación,
que el último año no compró libros para las escuelas: “El gobierno aún
no concretó ninguna de las compras de textos que anunció y que iba a
destinar a las escuelas más pobres”, dijeron.
Los mismos datos preocuparon a la CONABIP, pero ésta tuvo más suerte. La
Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares, con el apoyo de
la Secretaría de Cultura, consiguió del Ministerio de Educación 1,6
millones de pesos para equipar las 1600 bibliotecas populares de todo el
país, que recibieron así 111 libros cada una (entre textos, diccionarios
y libros de consulta para EGB y Polimodal). Y en esto, las editoriales
aportaron 300 mil pesos en donación de libros, correspondientes a las
ediciones que solicitan los docentes.
2001, 2002 y 2003
Para las editoriales de textos escolares, 2002 fue un año para desterrar
de la memoria. La devaluación, los aumentos en los costos y la crisis
económica generalizada provocaron una caída estrepitosa de las ventas
que llegó en algunas sellos editoriales al 70% y en la mayoría rondó el
50%. Todo, tras un difícil 2001, en el que la facturación ya se les
había reducido un 30%, y donde -por la devaluación- el papel importado
les llegó con un aumento de hasta el 100%, pudiendo transferir al precio
de venta menos de un 30% de ese incremento.
La crisis que nos hizo tocar fondo con la devaluación a inicios de 2002
tuvo efectos disímiles, pero todos marcaron restricciones a estas
empresas: encontró a las editoriales más grandes endeudadas en dólares y
con toda la producción por vender. Eso sumado a la caída de las ventas y
al desfase de costos, generó despidos y achiques en las estructuras
empresarias. Muchas editoriales redujeron sus áreas de diseño y edición
(preproducción) en previsión de un 2003 sin muchos lanzamientos y con
menores tiradas por título (producción industrial). Ajustando así sus
costos, las texteras previeron el arrastre de una crisis económica
agudizada, cuya característica la ubicó lejos de poder enjugarse en un
solo Ejercicio.
Es evidente que 2003 lleva sobre sus espaldas lo sucedido el año
anterior, que no fue más que la culminación de una recesión insoportable
que hizo explotar el 1 a 1 (peso-dólar), y con ello nuestros bolsillos y
el de las empresas. Pero, como se dijo, eso no es todo. Los editores
tienen su versión de lo que pasa en la actividad, y cuentan algo de lo
que hicieron y hacen para mejorar su performance.
En A-Z afirman que “en 2002 la caída fue muy fuerte en el uso de textos.
Los docentes no los piden, algunos piden los mismos que el año anterior
o se fotocopian. Las ventas caen porque se consumen menos libros”.
Desde la CAL, Cesarini explica que “al deterioro de la economía se sumó
en 2002 la desvalorización de la importancia de estudiar con libros. En
las escuelas más pobres no se piden libros porque los padres no tienen
ni siquiera para comprar comida, pero tampoco se piden en muchas
escuelas donde se pagan cuotas altas”.
Para la editorial líder en el género –Santillana-: “La baja en la compra
de textos escolares fue de un 35% en 2002. Si en 2001, 77 de cada 100
chicos compraban libros de texto, en 2002 lo hicieron 50 de cada 100”. Y
–según las estadísticas- en 2003, 40 de cada 100.
En Kapelusz (y no sólo allí), pensaron reducir precios para el 2003 para
facilitar las ventas: “Los productos se adecuan a las restricciones.
Creamos ‘Equipo K’ en el 2002, un sistema modular de libros que el
docente puede adquirir según las áreas que le interesan. Son económicos
y se vendieron mucho”.
Aique también realizó cambios en sus líneas de productos. Lanzaron los
“Requetelibros” (EGB 1) con tres elementos: libro, diccionario y
cuaderno de actividades. Para 2003 decidieron reunir todo en un solo
libro, para hacerlo más económico. Estrada hará lo mismo en EGB 1 y 2
(los segmentos de mayores ventas). En 2002 facturaron 10% más que en
2001, gracias a “Vamos Juntos”, el libro más vendido del mercado para 1°
ciclo, que les compensó la caída del resto de las líneas.
Si bien durante 2002 las editoriales estimaron iniciar su repunte a
partir de las novedades y con un alza en los precios de los textos que
llegaron a un 30%, fue evidente que la mayoría apostó esperanzada a los
lanzamientos 2003 (aunque con menos títulos y precios más bajos),
estimando que la recuperación del mercado editorial de textos recién se
hará visible hacia 2004. Así lo ratificó Cesarini, voz autorizada de las
texteras: “La reactivación del sector recién se verá en 2004”. Y propuso
alternativas: “Una salida es la vuelta a la biblioteca. Con una
inversión no muy grande, muchas escuelas podrían actualizarla y tener
una buena cantidad de libros para sus alumnos”.
La pregunta del millón: ¿Será que ante la tendencia a la baja de las
ventas particulares, sumada la gran actividad de aprendizaje
desarrollada en las bibliotecas de las escuelas, las editoriales se
están inclinando a venderle a las Asociaciones Cooperadoras, a las
Secretarías de Educación provinciales o al propio Ministerio?
Libro por alumno
En una breve recorrida por el ámbito educativo, saltan a la luz
demasiadas cifras que pueden agobiarnos como ciudadanos, padres o
editores.
¿Qué decir si la Argentina tiene el promedio de libros por alumno casi
más bajo de la región latinoamericana?: De una matrícula de 8 millones
de alumnos de enseñanza inicial y media, en 2002 hubo un promedio de
0,47 libros nuevos por estudiante. En Brasil, con 37 millones de niños
escolarizados, el promedio de libros utilizados asciende a 3,3 por
alumno. En México y Perú, el 75% de alumnos tiene por lo menos un libro
de texto. En Chile, el 64%. En Panamá, el 48%, y Costa Rica, el 45%.
Argentina, con el 40% sólo supera a Colombia, donde apenas el 37% de los
chicos utilizan libros en las instituciones educativas.
En los años 80 se usaban 2,5 libros por alumno en las aulas argentinas.
Hacia el 2002 el promedio cayó a 0,7 ejemplar por estudiante, pero en
ese año, como se dijo, fue de 0,47 –datos confirmados por UNESCO-.
Investigaciones recientes reflejan que los libros tienen una incidencia
directa en el aprendizaje de los alumnos: los chicos con escasa
disponibilidad de libros en el hogar tendrían un 70% más de
posibilidades de alcanzar un buen desempeño si la situación se
revirtiera, tal como asegura el Ministerio de Educación.
Desde la UNESCO recalcan que el resultado de una escuela sin libros es
una educación más pobre, más fragmentada, de peor calidad. “Es verdad
que la televisión disminuyó el hábito de lectura... Puede que en algunos
países disminuya el uso de ejemplares por el avance de la tecnología
moderna, el acceso a internet y el libro electrónico. Pero no es esa la
causa del descenso en la Argentina. En nuestro caso el motivo es el
empobrecimiento”, afirmaron.
Género esbozado
Es evidente que las editoriales de textos vienen desviviéndose por
brindar más servicios subsidiarios a los docentes: 0800 (línea gratuita
de consulta), web, textos para el maestro on y off line, cuadernillos
para las provincias, cursos, charlas, entre otros. Incluso, las
principales editoriales tienen un batallón de promotores en las escuelas
para conseguir la adopción de sus libros de texto.
De más está decir la cantidad de cambios que se han hecho en estos
productos editoriales en los últimos años: Innovaciones obligadas por el
bombardeo audiovisual que sufren los chicos (tipo video clip desde la
pantalla de TV, internet...), los nuevos diseños con dibujos a todo
color, infografías, fotos, caricaturas y propuestas entretenidas para
realizar en clase. Todo revelando el cambio en el hábito de lectura.
De hecho, cuando se diseña un libro son muchos los factores que se
tienen en cuenta: brindar un precio accesible, adaptar los contenidos a
la currícula, que la cantidad de páginas y el encuadernado sean
adecuados y dar un servicio concreto a los maestros, como por ejemplo,
propuestas de actividades de variados tipos, ya que ésta es (o quizás
era) una de las principales demandas en todos los niveles.
Desde hace algunos años, el formato binarizado (dos áreas por libro) ha
cobrado relevancia, y últimamente la tendencia va hacia los libros de
área, aunque los manuales todavía continúan vigentes.
Pero, si hablamos de los cambios materialmente observables en los libros
de texto, también debemos conocer algo menos visible de este género
editorial: Son productos de venta estacionaria que se dan con más fuerza
desde mediados de marzo y hasta mediados de mayo, época en que se
producen más del 50% de las ventas de cada ciclo lectivo. Como es
comprensible, las fuertes promociones en escuelas apuntan a la “venta
por adopción”, es decir, a que el docente solicite a sus alumnos “ese
libro” y no otro.
Hasta hace algunos años, las modificaciones a los títulos lanzados (o el
lanzamiento de nuevos) se producían cada 2 ó 3 años; hoy las editoriales
realizan cambios (más o menos profundos) cada año, en vistas de bajar la
tasa de uso por ejemplar, generando mayores flujos de ventas. De hecho,
lo consiguen: en las Ferias porteñas de usados (como las de Primera
Junta o del Parque Centenario), ya casi no se venden textos escolares
usados. Sucede que en las escuelas (al menos así ocurre en las públicas)
los alumnos hacen trueque o venta directa de los usados de un año a
otro. Y para el siguiente ciclo lectivo, como ya existe una nueva
edición, estos locales terminan por vender textos nuevos intentando
igualar los descuentos de las librerías.
Las Editoriales, por su parte, hacen cerca del 30% de descuento
comercial a las Librerías, y entre un 35 y 45% a las Distribuidoras, que
a su vez le otorgan un 30 a 35% de descuento a las librerías (siempre
sobre el PVP). Esto depende de la capacidad de negociación de ambas
partes, entrando a jugar factores como la compra de grandes volúmenes,
el tipo de venta (en firme o en concesión), o las alianzas estratégicas
con distribuidores o librerías que efectúen las editoriales, cuando no,
-aunque en pocos casos- tienen cadenas de librerías dentro del propio
grupo empresario al que pertenecen.
Hoy, varias editoriales texteras llegan a darle un 50% de descuento al
maestro en los libros de su materia o áreas específicas; e incluso un
30% en todo el fondo editorial (son ventas unitarias, no grupales).
Las ventas comunitarias a las Cooperadoras escolares, suelen no hacerse
desde la misma editorial, sino a través de las librerías, que les
otorgan un descuento de entre un 15 y un 20%. Se desconocen públicamente
los descuentos que pueden llegarse a manejar con el Ministerio de
Educación o sus homónimos provinciales.
Tampoco es posible apreciar las tiradas por edición de cada título de
libros de texto, ya que muchos no tienen esa información en sus páginas
preliminares o posteriores, presumiblemente porque es un número que, por
“escaso” o por su alta significancia estratégica hacia la competencia,
han preferido omitir. Sólo pueden advertirse algunas ediciones que
indican tiradas de entre 5000 y 20.000 ejemplares (que podrían
establecerse como tiradas anuales), aunque puede conjeturarse que
algunas editoriales imprimen mayores números. Cuando hablamos de textos
escolares para Primaria nos referimos al sistema instaurado -casi
definitivamente en todo el país- de Educación General Básica: ciclo EGB1
(nivel o grado 1, 2 y 3); EGB2 (con 3°,4° y 5°); y el 1° nivel de EGB3
(antes 7° de Primaria, hoy integrado con 8° y 9° de educación Media);
quedando por afuera el sistema Polimodal con los 3°, 4° y 5° años en las
distintas orientaciones del Secundario.
Datos de Autor:
Gabriela Laino (gflaino@ciudad.com.ar)
Estudiante de la Carrera de Edición Editorial, Facultad de Filosofía y
Letras, Universidad de Buenos Aires.
Artículo realizado en septiembre 2003 para Administración de la Empresa
Editorial, cátedra a cargo de Fernando Esteves Fros -director editorial
de Alfaguara S.A.-.
Bibliografía:
Página web de la Cámara Argentina del Libro (www.editores.com).
Guía de la 29° Feria del Libro; Buenos Aires, Argentina, abril-mayo
2003. (www.el-libro.com.ar).
Buscadores on-line de los Diarios argentinos Clarín (www.clarin.com.ar),
La Nación (www.lanacion.com.ar), y Los Andes, de Mendoza
(ww.losandes.com.ar).
Encuestas en escuelas primarias porteñas; en editoriales de libros de
texto y en puntos de venta (ferias de usados y librerías de la ciudad de
Buenos Aires).
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