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Publicidad
Término utilizado para referirse a cualquier anuncio destinado al
público y cuyo objetivo es promover la venta de bienes y servicios. La
publicidad está dirigida a grandes grupos humanos y suele recurrirse a
ella cuando la venta directa —de vendedor a comprador— es ineficaz. Es
preciso distinguir entre publicidad y otro tipo de actividades que
también pretenden influir en la opinión pública, como la propaganda o
las relaciones públicas. Hay una enorme variedad de técnicas
publicitarias, desde un simple anuncio en una pared hasta una campaña
simultánea que emplea periódicos, revistas, televisión, radio, folletos
distribuidos por correo y otros medios de comunicación de masas. Desde
sus inicios en el mundo antiguo, la publicidad ha evolucionado hasta
convertirse en una enorme industria. Tan sólo en Estados Unidos, a
finales de la década de 1980, se gastó en un año en torno a 120.000
millones de dólares en publicidad.
La publicidad en Estados Unidos es la primera a escala mundial, no sólo
por su volumen, sino también en cuanto a complejidad en lo tocante a
organización y a técnicas publicitarias. Muchos de sus métodos han
servido de modelo para otros países. La publicidad actual desempeña un
papel crucial en la civilización industrial urbana, condicionando —para
bien y para mal— todos los aspectos de la vida cotidiana. Tras demostrar
su enorme poder para promover la venta de bienes y servicios, desde la
década de 1960 la publicidad se ha utilizado cada vez más para fomentar
el bienestar. Las campañas a favor de la salud y contra el consumo de
bebidas alcohólicas son sólo dos ejemplos de cómo la industria
publicitaria puede defender tales objetivos.
Se pueden distinguir dos importantes categorías de publicidad: la de
bienes de consumo, dirigida hacia el consumidor final, y la empresarial,
dirigida a los empresarios mediante periódicos y revistas de economía y
otros medios especializados de comunicación.
Estos dos tipos de publicidad utilizan multitud de técnicas para
fomentar el consumo. Otra modalidad publicitaria, de importancia menor,
es la institucional, cuyo único objetivo consiste en crear prestigio y
fomentar el respeto de determinadas actividades públicas. Cada año se
gastan enormes sumas de dinero en este tipo de publicidad, que no suele
anunciar bienes o servicios.
Otra técnica publicitaria, cada vez más frecuente, consiste en presentar
campañas conjuntas entre el productor y el vendedor. A veces, cuando se
realizan campañas a escala nacional, varios empresarios comparten un
mismo anuncio.
La publicidad puede tener un alcance local, nacional o internacional.
Los precios de una campaña publicitaria dependerán de su ámbito de
implantación. También variarán en función de lo que se anuncia: ocio,
cuestiones legales, políticas, financieras, temas religiosos o anuncios
destinados a recoger donaciones para financiar actividades caritativas o
humanitarias.
Medios utilizados por la publicidad
Los mensajes publicitarios aparecen en diversos medios. De mayor a menor
importancia, los medios que utiliza la publicidad son los periódicos, la
televisión, la venta por correo, las publicaciones de información
general, las revistas económicas, las vallas publicitarias y las
revistas destinadas a diversos sectores profesionales. Además, una parte
importante de la publicidad se transmite utilizando medios no destinados
a ella de una forma específica, como puede ser un escaparate, el folleto
de una tienda, calendarios, mensajes desplegados con aviones e incluso
hombres-anuncio.
También se utilizan cada vez más medios que no se pensaba en principio
que pudieran servir para anunciar productos. En la actualidad se
muestran mensajes publicitarios en los camiones y furgonetas de reparto,
o incluso en los autobuses y taxis. Algunas cajas llevan anuncios de
productos distintos a los que contienen. Las bolsas de las tiendas
también son un medio frecuente para anunciar productos o el mismo
establecimiento.
Publicidad directa
En este ámbito se incluye toda la publicidad enviada por correo o
entregada en persona al consumidor potencial, sin que para ello se
utilice ningún otro tipo de medio como los periódicos o la televisión.
La publicidad directa puede clasificarse en importantes modalidades: el
envío de publicidad postal, la venta por correo o la entrega de folletos
y catálogos.
La principal función de la publicidad directa por correo consiste en
familiarizar al consumidor potencial con el producto, su denominación,
el productor y las ventajas de la compra, así como informarle de los
puntos de venta del artículo. También se pretende fomentar la venta de
los distribuidores manteniendo la clientela y atrayendo a nuevos
consumidores.
Cuando no se produce una venta directa se requieren otros métodos para
inducir a comprar por correo. Además de la publicidad inserta en
periódicos, revistas, radio y televisión, también se utilizan folletos y
catálogos de venta para fomentar la venta por correo. Este tipo de
promociones pretenden vender sin recurrir a agentes comerciales.
La entrega personal de folletos tiene los mismos objetivos que la
publicidad por correo. Estos folletos se reparten de puerta en puerta, a
la salida de las tiendas, o se incluye en paquetes y en las cajas de
productos.
La competencia entre los medios para repartirse el mercado publicitario
es enorme, por lo que las agencias publicitarias desarrollan nuevos
procedimientos para vender bienes y servicios. Entre estas técnicas hay
que destacar la mejora de los métodos de impresión y reproducción de
gráficos, adaptándose al formato de los anuncios de las revistas y de
los folletos que se emiten por correo; la utilización de colores en los
anuncios desplegados en los periódicos y la televisión, y los anuncios
que muestran las vallas publicitarias están cada vez mejor diseñados e
iluminados. Muchas de las mejoras provienen de la investigación llevada
a cabo por la industria publicitaria.
Investigación
Durante el siglo XIX era muy difícil valorar los efectos de la
publicidad. Los anunciantes sólo podían evaluar estos efectos utilizando
las estimaciones del número de lectores de periódicos y revistas. Cuando
se empezaron a utilizar la televisión y la radio para anunciar productos
no existía ninguna medida fiable de la audiencia que tenían estos
medios. Por ello, en 1914 se creó en Estados Unidos la primera agencia
independiente de medición de audiencias, fundada por los principales
editores de periódicos y revistas. Desde aquel año se han creado
compañías de este tipo en casi todos los países.
A partir de entonces se han seguido desarrollando técnicas para evaluar
las audiencias de los medios de comunicación, debido sobre todo a la
competencia y a la necesidad que tienen las empresas de publicidad de
tener una medida precisa y fiable para evaluar la eficacia relativa de
cada medio. Por su parte los canales informativos han creado técnicas
que les permiten no sólo saber cuánta gente ve o escucha los mensajes
publicitarios, sino también el perfil medio de las personas y el lugar
donde residen. Los periódicos y las revistas, ya sea recurriendo a sus
trabajadores o contratando a firmas especializadas, analizan sus
audiencias, llegando a saber dónde viven sus lectores, su nivel de
ingresos y educación, sus hábitos de ocio, su edad y su número de hijos,
y redactan informes para determinar el potencial comprador de sus
clientes en función de los distintos productos.
Las empresas de radio y televisión también consideran la composición de
sus audiencias con el objeto de informar a los anunciantes potenciales.
También en este campo las empresas de radiotelevisión, las agencias
publicitarias y los anunciantes contratan a empresas de control de
audiencias para medir el impacto de sus programas. De forma análoga, las
empresas que difunden sus productos en vallas publicitarias y en medios
de transporte (camiones, furgonetas de reparto, autobuses, entre otros)
intentan medir el número de personas que ven estos anuncios.
Debido a la complejidad de la industria publicitaria, en la que
intervienen factores psicológicos y otro tipo de variables, es difícil
formular afirmaciones tajantes sobre la eficacia de la publicidad, por
lo que el control de audiencias es una actividad compleja y sujeta a
polémicas muy intensas. Los analistas intentan mejorar y hacer cada vez
más fiables sus técnicas de medición.
Una de las principales técnicas de análisis consiste en la prospección
de mercados. Tanto las agencias publicitarias como los anunciantes
realizan exhaustivas —y costosas— investigaciones para evaluar la
viabilidad de nuevos bienes y servicios antes de anunciarlos a escala
nacional, lo que les obliga a asumir grandes gastos. El procedimiento
más común consiste en realizar encuestas puerta a puerta en diversos
vecindarios con distintos niveles de renta media. En estas encuestas se
muestra a los potenciales consumidores distintas versiones del artículo
que se pretende vender. Si el resultado de la encuesta convence al
productor de la viabilidad de una determinada versión de dicho artículo
se procede a seleccionar el mejor método de publicidad, mostrando
distintos anuncios a un conjunto de posibles consumidores, para que
revelen sus preferencias. A continuación se escogen los dos anuncios más
votados y el fabricante empieza a distribuir una serie limitada del
producto, para venderlo a continuación en un mercado local. A partir de
los resultados de esta prueba, el productor-anunciante decidirá si es
conveniente realizar una campaña publicitaria a una escala mayor.
La cuestión relativa a las motivaciones que determinan la compra de un
producto desafían la imaginación y el ingenio de los vendedores y
presiona a los especialistas en publicidad para que indaguen en nuevos
campos. La prospección de estas motivaciones intenta encontrar los
impulsos inconscientes que determinan las decisiones de compra. Las
agencias publicitarias utilizan los resultados de estos sondeos para
influir en los comportamientos de los consumidores y superar sus
reticencias. Hay quienes critican esta utilización de las motivaciones
personales porque consideran que, además de no ser fiables, no respetan
al consumidor, que no debería ser sometido a este tipo de ataques
indirectos para incrementar las ventas. Sin embargo, muchos expertos en
publicidad consideran que el análisis de estos motivos es sólo un medio
para analizar con más profundidad los factores psicológicos de la
actitud del público. A través de encuestas exhaustivas y de
investigaciones, los publicistas pueden analizar el proceso de venta y
averiguar cuál fue el factor concreto que motivó al consumidor a comprar
un producto. Los analistas intentan averiguar en qué consistieron estas
motivaciones.
Técnicas de persuasión
Aunque los expertos siempre buscan nuevas técnicas de venta, siguen
utilizando de un modo preferente los métodos que, a lo largo de los
años, han resultado más eficaces. Ante todo se trata de ofrecer mayores
niveles de ahorro, un trabajo mejor, seguridad ante problemas de salud o
edad, popularidad y prestigio personal, el respeto de los demás, mayores
comodidades y mejoras sociales, en general. La publicidad moderna no
sólo subraya las ventajas del producto, sino también los beneficios que
al adquirirlo obtendrán sus consumidores. Así pues el publicista no
vende cosméticos, sino que brinda belleza, atractivo e ilusión. Para
atraer al potencial comprador de un automóvil, el vendedor no sólo
realzará las características mecánicas del vehículo, sino también la
comodidad, la seguridad y el prestigio que ese modelo proporcionará al
comprador.
Las múltiples técnicas de persuasión dependen del ingenio de su artífice
y sólo están limitadas por los medios de comunicación, algunas
restricciones legales y el código deontológico elaborado al efecto por
las propias agencias de publicidad. Una de las técnicas elementales,
utilizada desde la aparición de la publicidad, se basa en la repetición
del mensaje. Por lo común, el publicitario intentará captar la atención
del cliente potencial repitiendo sus anuncios. Es frecuente encontrar el
mismo anuncio que se puede ver o escuchar en la televisión y la radio,
en periódicos y revistas, tanto locales como nacionales e
internacionales, además de aparecer en vallas publicitarias, folletos o
a la entrada de las tiendas.
Otro instrumento fundamental que ayuda a aumentar las ventas son las
marcas registradas. Los productores gastan enormes sumas de dinero en
crear y consolidar sus marcas como garantía de fiabilidad y valor. Una
marca registrada carecerá de sentido si el productor no garantiza una
alta calidad de sus productos. Cuando el consumidor confía en un sello
comercial, se puede considerar que éste es, en sí mismo, un anuncio
publicitario más, en tanto en cuanto es un medio de garantizar al
consumidor que el producto goza de garantías de calidad. La marca
registrada muestra su eficacia de una forma concreta cuando el productor
quiere introducir en el mercado un nuevo artículo.
El precio es quizá uno de los mejores anuncios publicitarios, por lo que
en determinadas estaciones o con motivo de una promoción especial es
frecuente el uso de palabras como rebajas y ganga. Además de estos
descuentos suelen hacerse ofertas del tipo 'mucho por muy poco', o
'compre uno, llévese dos', 'prueba gratuita' o 'pruébelo a mitad de
precio'. También se fomentan las ventas brindando a los compradores
facilidades de pago.
La publicidad actual reune multitud de técnicas de persuasión. Entre
estas destacan los anuncios televisivos y radiofónicos, la utilización
de tintas perfumadas, productos anunciados por figuras famosas,
comunicaciones dirigidas a los padres para que proporcionen a sus hijos
una vida mejor y les aseguren un mejor futuro, reclamos dirigidos a los
hijos para que 'pidan a mamá' que compren determinados cereales para el
desayuno, así como la controvertida utilización del miedo. Dado que el
miedo es una de las principales debilidades humanas, se suele utilizar
en publicidad, a veces de modo encubierto y otras en un lenguaje visual
muy explícito. El miedo a la pobreza, a la enfermedad, a la pérdida del
rango social, o a sufrir una desgracia logra a veces que las personas
adquieran productos concretos, ya sea un seguro de vida, un extintor,
cosméticos o compuestos vitamínicos.
Estructura de la industria
La industria publicitaria que mueve cifras millonarias es un fenómeno
reciente hasta cierto punto. El desarrollo de una economía comercial que
posibilita la existencia de una industria publicitaria a gran escala
surgió en los países occidentales en el siglo XIX. Los publicistas de
aquella época no necesitaban muchos empleados. Sin embargo, los editores
de revistas y periódicos sufrían muchas dificultades para vender todos
los espacios publicitarios de sus publicaciones, por lo que contrataron
a vendedores especializados en esta labor. Estos vendedores fueron los
primeros agentes profesionales de publicidad. Las agencias publicitarias
actuales siguen siendo vendedores de espacios en tanto y en cuanto los
adquieren para los anunciantes. Sin embargo, cobran comisiones de los
medios de comunicación que contratan. De hecho, esta comisión es una
parte fundamental de los ingresos de estas agencias. Sus crecientes
costes las han obligado a cargar sobre los productores parte de estas
tarifas cuando sus comisiones son insuficientes. Este método es cada vez
más común y se utiliza sobre todo en aquellas actividades en las que no
se contratan espacios publicitarios, como por ejemplo en el análisis y
prospección de mercados, y en las actividades de relaciones públicas.
La compra de espacios publicitarios es sólo una de las muchas facetas
que atienden las actuales agencias publicitarias, aunque es una
actividad cada vez más especializada. La agencia utiliza gran parte de
su tiempo en planificar, crear y producir los anuncios para sus
clientes. Es habitual que las agencias publicitarias cuenten con cientos
de ejecutivos y creadores. Entre estos hay especialistas en marketing,
diseñadores, guionistas, artistas, economistas, psicólogos,
investigadores, analistas de medios, probadores de productos,
bibliotecarios, contables y matemáticos. Hay un numeroso grupo encargado
de controlar, desde principio a fin, el proceso del trabajo hasta que se
obtiene el producto final.
El crecimiento de las empresas de radio y televisión como medios para
anunciar productos requería la creación de nuevos departamentos
encargados de comprar en estos medios espacios publicitarios, que
permitiera la difusión de anuncios en los telediarios, en las series de
televisión y en todos los demás programas. El departamento encargado de
comprar estos espacios también es responsable de la adquisición y
producción de los anuncios, que suelen realizarse en estudios
independientes.
Simplificando, se puede describir como sigue la relación entre
anunciante y agencia publicitaria. El anunciante presenta a la agencia
el artículo o servicio que quiere vender, así como su precio. La
agencia, siempre con la conformidad del anunciante, crea y produce el
anuncio, establece un presupuesto, selecciona los medios de comunicación
que estima apropiados y el calendario de la campaña.
El volumen de negocios que mueve la publicidad puede reflejarse
mostrando los gastos en publicidad de una empresa líder en su sector. La
Procter & Gamble Manufacturing Company invirtió en un año más de 1.300
millones de dólares para vender jabones, detergentes, productos
alimenticios, pasta de dientes, artículos de baño y otros productos
distribuidos a escala mundial, utilizando periódicos, revistas, anuncios
en radio y televisión y otros medios. En Estados Unidos, una de las
principales agencias publicitarias, la Young & Rubicam, Inc., publicó a
mediados de la década de 1990 sus cifras de ventas, que alcanzaron los
5.300 millones de dólares anuales. En el mismo periodo de un año el
Interpublic Group of Companies, Inc. —firma integrada por varias
empresas de publicidad y de relaciones públicas— había ganado más de
8.400 millones de dólares.
La publicidad a escala internacional es cada vez más importante. Por
ejemplo, 13 agencias publicitarias estadounidenses ganaron en 1988,
gracias a sus actividades a escala internacional, más de 1.000 millones
de dólares.
Efectos económicos y sociales
Debido a que muchas empresas utilizan una u otra forma de publicidad
casi todo el mundo ve o escucha anuncios a diario. Por ejemplo, en
Estados Unidos el dinero gastado en publicidad equivalía, a mediados de
la década de 1980, a 370 dólares per cápita. El elevado coste per cápita
de la publicidad ha llevado a muchos críticos a atacar esta industria
alegando que es innecesaria, mentirosa, manipuladora y derrochadora.
Estos analistas defienden que la industria publicitaria eleva de forma
artificial e innecesaria el coste de los bienes y servicios que anuncia.
Los defensores de la publicidad reconocen la veracidad de algunas de
estas críticas, pero alegan que, al interesar a los consumidores, la
publicidad permite a los productores vender cantidades mayores; este
mayor volumen de ventas permite a su vez que las empresas reduzcan los
costes unitarios de los productos aprovechando las economías de escala.
Según los grandes empresarios y numerosos economistas, la publicidad
desempeña un papel crucial en el desarrollo de mercados de bienes de
poco valor. Existe al menos un estudio a escala mundial sobre los gastos
de cada país en publicidad, y en él se demuestra que existe una
correlación directa entre ésta y el nivel de vida, lo que refrenda la
teoría anterior.
La publicidad proporciona también grandes ingresos a los principales
medios de comunicación. La industria que realiza los anuncios para
televisión y radio depende de las agencias de publicidad. Los periódicos
y revistas obtienen asimismo cuantiosos ingresos gracias a la
publicidad.
Reglamentación
Antes de que la industria publicitaria fuese una industria organizada,
las prácticas abusivas y poco éticas de algunas agencias provocaron la
promulgación de numerosas leyes y restricciones legales. Estas normas
contemplaban otro tipo de actividades además de las industriales, en
particular los concursos. Este tipo de leyes varía según los países. En
algunos los medios de comunicación de masas autorregulan la clase de
productos que quieren anunciar, prohibiéndose por ejemplo anunciar
cigarrillos o alcohol. A pesar de ello o tal vez debido a la variedad de
leyes, las agencias publicitarias crean sus propios códigos
deontológicos realizando un importante esfuerzo para evitar abusos.
Estos códigos intentan evitar el mal gusto, pero buscan también
garantizar una mínima solvencia informativa así como evitar las
imitaciones fraudulentas.
Las asociaciones publicitarias buscan garantizar la calidad y la
veracidad de sus mensajes puesto que piensan que es una forma de
mantener la confianza del público, esencial para asegurar la eficacia de
toda la publicidad.
Los medios de comunicación de masas, tanto en el plano individual como
en el colectivo, elaboran códigos deontológicos. Algunos periódicos y
revistas se niegan a publicar anuncios de tabaco o bebidas alcohólicas;
la mayoría, en mayor o menor medida, analiza la veracidad de los
anuncios antes de difundirlos. Algunos editores aplican reglamentos
estrictos sobre la presentación de los anuncios para evitar publicar
falsedades o exageraciones, garantizando así su credibilidad y su línea
independiente.
Las emisoras de radio y televisión también realizan un estudio previo de
la empresa y los productos que anuncian antes de difundirlos, en un
intento de evitar reacciones negativas. Estas emisoras cuentan con
departamentos especializados en analizar los anuncios que van a emitir,
pudiendo rechazarlos o exigir que se supriman determinados mensajes. Los
editores de revistas se someten a reglas estrictas para aceptar
anuncios.
Historia
Los orígenes de la publicidad se remontan a la antigüedad. Uno de los
primeros métodos de publicidad consistía en pintar los anuncios en los
muros. Los arqueólogos han encontrado numerosas muestras de esta
técnica, en especial en la antigua Roma y en Pompeya. Un anuncio
desenterrado en Roma informa sobre un terreno puesto a la venta y otro
encontrado en una pared de Pompeya anuncia una taberna situada en otra
ciudad.
Durante la edad media se desarrolló una técnica simple pero muy
efectiva, que consistía en anunciar de viva voz eventos y productos,
gracias a los pregoneros, personas que leían noticias en público, o
comerciantes que anunciaban sus productos.
Aunque hay anuncios gráficos desde la antigüedad, la publicidad impresa
no se desarrolló en realidad hasta la aparición de la imprenta. La marca
registrada mediante un signo bidimensional o tridimensional que
simboliza una empresa o un producto apareció por primera vez en el siglo
XVI, cuando los comerciantes y los miembros de los gremios empezaron a
disponer estos símbolos a la entrada de sus tiendas. Entre las marcas
que han sobrevivido de esta época destaca la barra rayada de los
barberos.
Las empresas que comercializaban medicamentos patentados crecieron mucho
a partir de finales de la década de 1870 gracias a la publicidad inserta
en periódicos y revistas. Delimitaron un gran mercado debido a que era
difícil encontrar médicos en las áreas rurales, por lo que los
colonizadores y los granjeros tenían que automedicarse. Los vendedores
de fármacos obtenían beneficios de entre el 80 y el 90%, por lo que
podían pagar la publicidad de sus recetas. Entre los primeros
anunciantes también figuraban de un modo destacado las empresas de
ferrocarriles y de transporte marítimo de Estados Unidos que informaban,
además del lujo y la comodidad de sus servicios, de los horarios y las
tarifas.
A finales del siglo XIX muchas empresas estadounidenses empezaron a
vender sus productos en envases que llevaban impresa la marca. Este
hecho marcó un hito en la historia de la publicidad, puesto que antes
los productos domésticos como el azúcar, el jabón, el arroz, la melaza,
la mantequilla, la leche, la manteca, las alubias (frijoles), los
caramelos y dulces y los alimentos en escabeche se vendían a granel, por
lo que los consumidores no habían conocido hasta entonces al productor.
Los primeros en utilizar esta técnica fueron los vendedores de jabones y
detergentes. Entre los primeros (que datan de 1880) destacan Ivory,
Pears' y Colgate. Pronto siguieron su ejemplo otras empresas, como la
Royal Baking Powder, la Quaker Oats y los bolígrafos Waterman. A
principios del siglo XX surgieron marcas tan conocidas como Wrigley y
CocaCola.
Tras la I Guerra Mundial, la industria publicitaria estadounidense
creció hasta el punto que se convirtió en la marca registrada de los
propios Estados Unidos. Este crecimiento se vio impulsado por numerosos
avances tecnológicos; el crecimiento de la industria estadounidense
provocó nuevos inventos y mejoras técnicas que beneficiaron a otras
industrias.
La aparición de la electricidad contribuyó a la creación de anuncios
luminosos; el fotomontaje y otras mejoras en las técnicas de impresión
ayudaron tanto a editores como a los departamentos de publicidad de
periódicos y revistas. La publicidad empezó a contratar a especialistas
en relaciones públicas. La aparición de la radio en la década de 1920
estimuló una nueva técnica de venta que utilizaba la voz como reclamo.
El invento más significativo de la posguerra fue la televisión, un medio
que forzó a la industria publicitaria a mejorar sus técnicas comerciales
utilizando medios visuales y sonoros. En la década de 1990 destaca la
generalización del uso de reproductores de vídeo y de mandos a distancia
para éstos y para las televisiones. Las agencias de publicidad
consideran una amenaza esta generalización porque algunos espectadores
pueden borrar los anuncios cuando graban programas o pasarlos a alta
velocidad cuando ven una cinta grabada; además, la existencia del mando
a distancia también es una amenaza porque los espectadores pueden
cambiar de cadena o quitar el sonido en tanto se emitan los anuncios.
Por ello, las agencias de publicidad han cambiado de técnica y ahora
intentan esponsorizar los espacios de la programación. La generalización
de redes internacionales de informática, como Internet, compensa estas
dificultades al ofrecer un nuevo medio específico para publicar y
difundir anuncios.
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