Posiblemente todos tengamos alguna experiencia personal relacionada
con este libro. Empresas que carecieron de la voluntad de cambiar,
gerentes que se acostumbraron a cabalgar sobre los esfuerzos de los
demás, individuos incapaces de integrarse en forma efectiva y que
después se transforman en enemigos de aquellos que los ayudaron porque
que ya no estaban allí para volverlos a ayudar; personas que se
acostumbraron a pensar que las cosas seguirían siendo fáciles,
predecibles, y cómodas, y que perdieron su capacidad de respuesta.
En los procesos de cambio, sean por iniciativa de las empresas, o
impuestos por el entorno, muchos gerentes que "parecen" estar
involucrados no son sino estatuillas de barro que no soportan el menor
embate de las aguas. Otros "dicen" estar involucrados pero aplican el
llamado "Beso del Sí," dicen una cosa pero hacen algo totalmente
distinto, visible o veladamente. Nos enamoramos de "Equipos Gerenciales"
que no son equipos, sino grupos que se mantienen juntos buscando sus
propios intereses, y que luego se transforman en anclas, en lugar de
motores.
Cuando las cosas se deterioran, en lugar de cohesionarse alrededor del
equipo y dar ideas frescas, abandonan el bote y después se lamentan de
que no han seguido siendo "protegidos" para mantener su modus vivendi,
traicionan sus ideales y sus principios, y culpan a otros de sus
desventuras. Carecen del coraje necesario para asumir su propia
responsabilidad en el proceso. Es deseable conocer a estos individuos
temprano. Cuando no se detectan a tiempo pueden causar mucho daño a las
organizaciones, e incluso amenazar su supervivencia.
Por otra parte están aquellos con mente ágil y disposición al cambio,
personas o que tienen poco que perder, o que toman la decisión de ser
verdaderos actores del proceso de adaptación competitiva; donde sus
procesos mentales están más bien enfocados a probar y desarrollar cosas
nuevas, que se alejan del acostumbrado "Siempre se ha hecho así" y no
dejan espacio para pensar que los métodos antiguos siempre serán mejores
o que el tiempo va a encargarse de solucionar las cosas. Están
dispuestos a cambiar sus paradigmas y son capaces de ver más allá de sus
acciones.
Este tipo de personas asume una actitud diferente ante los problemas. En
lugar de hablar, planificar y controlar pasan a la acción tomando
medidas que lleven a lograr los resultados esperados. Toman decisiones
aunque no cuenten con toda la información necesaria o existan las
condiciones ideales; confían en su intuición y se apoyan en la
asertividad que les da su conocimiento y su experiencia. No subestima la
competencia, es proclive a la innovación y tiene un enfoque distinto al
cliente; en lugar de verlo como un ente gris que no amerita atención
dedicada, centra sus actividades en crear con él una asociación, escucha
sus necesidades para transformar los productos y servicios que genera.
Son inconformes con el Estatus Quo pero proactivos en la forma de
ejercer su liderazgo.
93% de todos los inventores y científicos que han existido desde el
inicio de la humanidad, están vivos hoy en día. Esto nos garantiza que
si algo es y será una constante que nos va a acompañar por muchos años
-es el cambio. Nuestra actitud ante el cambio va a ser con el tiempo,
mucho más importante que nuestras aptitudes para enfrentar esos retos.
Evitemos caer en esa área de confort que nos lleva a centrarnos hacia
adentro y nos induce a hacer lo que queremos, en lugar de en lo que
debemos; enfocarnos en mejorar nuestra competitividad, nuestra capacidad
de respuesta al cliente, y nuestro éxito futuro.
¿QUIEN MOVIÓ MI QUESO? Es la realidad fabulada de un complejo proceso
organizacional impuesto por las fuerzas del cambio y las presiones del
entorno, que incluye aspectos como: Prevenir y Prepararse, Estrategia
Gerencial y Organizacional, Compromiso de la Gerencia, Principios,
Calidad Personal, Carácter, cambio de Paradigmas, Visión; y una buena
dosis de valentía.
Rogelio Carrillo Penso
LA HISTORIA
Érase una vez, no hace mucho un país muy lejano donde vivían cuatro
pequeños individuos que corrían a través de un Laberinto buscando el
Queso que los alimentara y mantuviera felices.
Dos eran ratones se llamaban "Oledor" y "Corredor", y los otros dos eran
hombrecitos seres tan pequeños como los ratones pero que se parecían y
actuaban como la gente de hoy. Sus nombres eran "Resentido" y "Risueño".
Debido a su diminuto tamaño, sería fácil dejar de notar lo que hacían,
pero si nos fijábamos bien, podríamos descubrir las cosas más
increíbles.
Cada día los ratones y los hombrecitos destinaban mucho tiempo en el
Laberinto en búsqueda de su Queso especial. Los ratoncitos, Oledor y
Corredor, aunque tenían buenos instintos solo poseían cerebros
rudimentarios de roedores. Buscaban el queso duro que les gustaba, igual
como acostumbran a hacerlo todos los ratones.
Los dos hombrecitos, Resentido y Risueño, usaban su cerebro, llenos de
creencias y supuestos, para buscar un tipo de Queso mucho más
sofisticado, Queso con Q mayúscula que ellos pensaban que podía hacerlos
sentir felices y exitosos. Aunque tanto los ratones como los hombrecitos
eran distintos, ambos tenían algo en común: cada mañana se vestían con
su ropa de caminar y sus zapatos de ejercicio, salían de sus casas, y
corrían al Laberinto en búsqueda de su Queso favorito. El Laberinto era
una madeja de corredores y cuartos, algunos contenían un Queso
delicioso. Pero habían recodos oscuros y calles ciegas que no llevaban a
ninguna parte. Para cualquiera era fácil perderse.
Sin embargo, para aquellos que aprendían el camino, el Laberinto tenía
secretos que los llevaban a disfrutar mejor de la vida.
Los ratones, Oledor y Corredor, tenían solo mentes sencillas, así que
usaban métodos ineficientes de prueba y error para conseguir el Queso.
Oledor olfateaba en cualquier dirección donde podía estar el Queso,
usando su gran nariz, y Corredor corría a buscarlo. Como era de
esperarse, se metían en callejones sin salida, se golpeaban contra las
paredes, y se perdían. Los dos hombrecitos, Resentido y Risueño, sin
embargo, tenían cerebros complejos con creencias y emociones que hacían
la vida en el Laberinto más complicada pero retadora. Ellos se basaban
en métodos más sofisticados para encontrar queso que dependían de sus
habilidades de pensar y aprender de sus experiencias, aunque sus
habilidades a veces eran nubladas por la forma como percibían las cosas.
Eventualmente, un día, y cada uno a su manera, todos descubrieron lo que
estaban buscando cada uno encontró justo el tipo de Queso deseado al
final de un corredor, en la Estación Quesera Q.
Cada mañana a partir de ese día, los ratoncitos y los hombrecitos se
vestían con su equipo de caminar y se encaminaban al Estación Quesera Q.
No pasó mucho tiempo hasta que aquello se transformó en una rutina.
Oledor y Corredor siguieron levantándose temprano para correr a través
del Laberinto, siempre siguiendo la misma ruta. Al llegar a su destino,
los ratones se quitaban sus zapatos de correr, anudaban sus trenzas y
los colgaban alrededor del cuello para poder conseguirlos rápido en caso
de necesidad.
Entonces disfrutaban del Queso.
Al principio Resentido y Risueño también corrieron a través del
Laberinto hacia el Estación Quesera Q para disfrutar de los gustosos bocados que
los esperaban. Pero después de un tiempo, los hombrecitos eligieron una rutina
distinta. Resentido y Risueño comenzaron a levantarse un poquito más tarde cada
día, se bañaban, se vestían y caminaban hasta la Estación Quesera Q. Después de
todo, ellos sabían dónde estaba el Queso y cómo llegar a él.
No tenían ni idea de donde salía el Queso o quien lo puso allí. Solo
asumían que el Queso estaría allí. Tan pronto como Resentido y Risueño llegaban
a la Estación Quesera Q cada mañana, se ubicaban y se ponían cómodos. Colgaban
su ropa de caminar, guardaban sus zapatos de carrera y se ponían sus pantuflas.
Llegaron sentirse verdaderamente cómodos ahora que ya habían encontrado el
Queso.
"Esto es grandioso" decía Resentido, "Aquí hay suficiente Queso para que
nos dure toda la vida." Los hombrecitos se sentían muy felices y exitosos, y
sentían que ahora sí que tenían seguridad. No pasó mucho tiempo hasta que
Resentido y Risueño consideraron que el Queso que encontraron en la Estación
Quesera Q, era su Queso. Había tal cantidad almacenada que decidieron construir
sus casas en la vecindad para estar más cerca del Queso, e hicieron toda una
vida social a su alrededor.
Para sentirse más en casa, Resentido y Risueño decoraron las paredes son
citas y hasta dibujaron fotografías de Queso a su alrededor que los hacían
sonreír. Una rezaba: "TENER QUESO HACE LA FELICIDAD."
A veces Resentido y Risueño llevaban a sus amigos a ver su pila de Queso
en la Estación Quesera Q, lo señalaban con orgullo mientras comentaban: "Buen
Queso, ¿No?" Algunas veces lo compartían con sus amigos, y otras no. "Nos
merecemos este Queso," decía Resentido. "Trabajamos mucho y duro para
conseguirlo" decía mientras tomaba otro bocado. Después, como de costumbre,
Resentido se iba a descansar.
Cada noche, los hombrecitos volvían a casa, llenos de queso, para volver
cada mañana por más. Pasado un tiempo, la confianza de Resentido y Risueño se
transformó en arrogancia. Se sentían tan confortables que ni siquiera se daban
cuenta de lo que estaba pasando a su alrededor Pasó el tiempo y Oledor y
Corredor continuaban con su rutina.
Llegaban muy temprano cada mañana, olían, arañaban y recorrían la
Estación Quesera Q, inspeccionando el área para ver si había habido cambios con
respecto al día anterior. Entonces se sentaban a mordisquear el Queso. Una
mañana llegaron a la Estación Quesera Q y descubrieron que no había Queso.
No se sorprendieron. Por cuanto Oledor y Corredor habían notado que los
niveles de queso se habían estado reduciendo, estaban preparados para lo
inevitable e instintivamente sabían como reaccionar.
Se miraron uno a otro, cogieron los zapatos de caminar que habían
colgado convenientemente alrededor de sus cuellos, se los pusieron en los pies y
se los amarraron.
Los ratoncitos no exageraron el análisis del problema; tampoco estaban
presionados por creencias complejas. Para los ratones, el problema y su solución
eran evidentes. La situación en la Estación Quesera Q había cambiado, así que
Oledor y Corredor decidieron cambiar.
Ambos echaron una mirada al Laberinto, luego Oledor alzó su nariz, olió,
y le hizo una señal a Corredor quien salió disparado por el Laberinto, mientras
Oledor lo seguía tan cerca como le era posible. Estaban de nuevo en la búsqueda
de Queso Nuevo.
Un poco más entrada la mañana, llegaron Resentido y Risueño a la
Estación Quesera Q. Ellos no le habían estado prestando atención a los pequeños
cambios que habían estado sucediendo día a día, así que asumieron que su Queso
estaría allí. No estaban preparados para lo que encontraron.
"¡Que!, ¿No hay Queso?" gritó Resentido, y continuó gritando "¡No hay
Queso! ¡No hay Queso!" como pensando que si gritaba suficientemente fuerte
alguien lo iba a reponer.
"¿Quién Movió Mi Queso?" gritó con voz destemplada, "¡No es justo!"
Mientras, Risueño solo atinaba a menear su cabeza incrédulo. El también
había contado con encontrar Queso en la Estación Quesera Q. Estuvo un buen rato
parado, como congelado por el shock. No se sentía preparado para enfrentar esto.
Resentido estaba gritando algo pero Risueño no quería oírlo. No quería enfrentar
lo que tenía ante sus ojos, así que se desconectó de todo.
La conducta de los hombrecitos no parecía muy adecuada o productiva,
pero era comprensible. Encontrar Queso no era fácil y significaba para los
hombrecitos mucho más que solamente una fuente de alimento diario. Encontrar
Queso era la manera como los hombrecitos entendían la felicidad. Ellos tenían
sus ideas particulares sobre lo que el Queso representaba para ellos,
dependiendo de cada sabor.
Para algunos, encontrar Queso era sinónimo de tener cosas materiales.
Para otros era tener buena salud o desarrollar un sentido espiritual de
bienestar.
Para Risueño, Queso solo significaba seguridad, una familia que lo amara
y una casita en la Calle Cheddar. Para Resentido, el Queso significaba
transformarse en El Gran Queso a cargo de otros hombrecitos y poseer una gran
mansión en lo más alto de la Colina Camembert.
Como el Queso era tan importante para ellos, los dos hombrecitos tomaron
mucho tiempo decidiendo qué hacer. Lo único que atinaban a pensar era la forma
de rebuscar en los alrededores de la Estación Quesera Q para verificar si todo
el queso había desaparecido en verdad.
Mientras Oledor y Corredor habían arrancado con rapidez, Resentido y
Risueño continuaron reclamando y murmurando. Vociferaban y se enfurecían ante
tamaña injusticia. Risueño comenzó a deprimirse. ¿Que iba a pasar si no tenían
Queso para mañana? Ya había hecho planes contando con ese Queso.
Los hombrecitos no podían creerlo. ¿Como era posible que pasara esto?
Nadie les había avisado. No era correcto; esa no era la manera como las cosas
estaban supuestas a suceder.
Resentido y Risueño se fueron a sus casas esa noche hambrientos y
desanimados, pero antes de irse, escribieron sobre la pared:

El día siguiente Resentido y Risueño salieron de sus casas y volvieron a la
Estación Quesera Q, donde todavía tenían la esperanza de encontrar su Queso.
Pero la situación no había cambiado, el Queso ya no estaba allí. Los
hombrecitos no sabían qué hacer. Risueño y Resentido se quedaron estáticos,
inmóviles como dos estatuas.
Risueño cerró los ojos tan fuerte como pudo y puso sus manos sobre sus
orejas. Lo único en que podía pensar era en bloquear todo, olvidarse de todo. No
quería aceptar que el contingente de queso se había reducido gradualmente. Él
creía que de repente, alguien lo había movido de lugar.
Risueño analizó la situación una y otra vez y gradualmente su compleja
mente, con su gran carga de creencias tomó cuerpo. "¿Porqué razón ellos me
hicieron esto?" reclamaba, "¿Qué es lo que esta pasando aquí en realidad?"
Finalmente abrió los ojos, miró a su alrededor y dijo: "Por cierto, ¿Dónde están
Oledor y Corredor? ¿Crees tú que ellos sepan algo?" Resentido contestó, "Cómo
van a saber, no son sino unos vulgares ratones que solo responden a los
acontecimientos.
Nosotros somos hombrecitos, somos especiales. Nosotros somos los que
deberíamos aclarar lo que está pasando, y además, nos merecemos algo mejor. Esto
no debería sucedernos, y si sucede, por lo menos deberíamos tener alguna
recompensa." "¿Porqué deberíamos tener una recompensa?" preguntó Risueño.
"Porque nos la merecemos," exclamó Resentido.
"¿Qué es lo que nos merecemos?" quiso saber Risueño.
"Nos merecemos nuestro Queso"
"¿Porqué?" preguntó Risueño
"Porque nosotros no causamos este problema," dijo Resentido. "Alguien
más lo hizo y nosotros deberíamos ser razonablemente compensados" Risueño
sugirió, "Quizás deberíamos dejar de analizar tanto la situación y salir a
buscar Queso Nuevo."
"Oh No" respondió Resentido, "Yo voy a llegar hasta el fondo de este
asunto."
Mientras Resentido y Risueño todavía estaban tratando de decidir qué
hacer, Oledor y Corredor ya estaban en camino. Se adentraron profundamente en el
Laberinto, subiendo y bajando corredores, buscando el queso en cuanta Estación
Quesera había. No pensaban en otra cosa que no fuera encontrar Queso Nuevo. No
encontraron nada hasta que se adentraron profundamente en áreas del Laberinto
donde no habían estado jamás: la Estación Quesera N.
Gritaron de satisfacción. Habían encontrado lo que tan ansiosamente
habían estado buscando: un gran suministro de Queso Nuevo. Casi no daban crédito
a sus ojos, era el almacén más grande que los ratones hubieran visto jamás.
Mientras tanto, Resentido y Risueño todavía se encontraban en la Estación
Quesera Q evaluando su situación, ya comenzaban a sufrir los efectos de la falta
de queso. Estaban frustrados y molestos y se culpaban uno al otro por la
situación en la que habían caído.
De vez en cuando Risueño pensaba en sus amigos ratones, Oledor y
Corredor, y se preguntaba si habrían encontrado queso. Lo que realmente creía
era que deberían estar pasando por una situación muy comprometida, ya que correr
por el Laberinto causaba mucha incertidumbre; pero se consolaba porque pensaba
que el problema solo duraría un rato. A veces Risueño se imaginaba a Oledor y
Corredor encontrando Queso Nuevo y disfrutando de él. Pensaba cuan agradable
sería iniciar la aventura de buscar Queso Nuevo y encontrarlo. Casi podía
saborearlo.
Mientas más clara se hacía la imagen de él encontrando y disfrutando del
Queso Nuevo, más se veía a sí mismo abandonando la Estación Quesera Q.
De repente exclamo: "¡Vámonos!"
"¡No!" respondió Resentido. "Me gusta esto aquí, es cómodo. Hago lo que
sé hacer, además, es peligroso andar por el Laberinto."
"No lo es" argumentaba Risueño. "Nos hemos adentrado por muchas partes
del Laberinto antes, y podemos volverlo a hacer ahora."
"Estoy muy viejo para la gracia" se defendió Resentido. "Y temo que yo
no estoy interesado en perderme y hacer el papel de tonto. ¿Lo estás tú?"
Con eso, el temor al fracaso de Risueño volvió a tomar cuerpo y sus
esperanzas de encontrar Queso Nuevo se desvanecieron. Así que cada día, los
hombrecitos continuaron haciendo lo mismo que siempre habían hecho. Se iban a la
Estación Quesera Q, no encontraban Queso, y volvían a casa con su carga de
preocupaciones y frustraciones. Trataron de negar lo que estaba sucediendo, pero
ya se les hacía difícil conciliar el sueño, cada día que pasaba mermaba su
energía, se estaban poniendo irritables.
Sus hogares ya no eran el sitio acogedor que una vez había sido. Los
hombrecitos tenían dificultades para dormir y constantemente eran asaltados por
pesadillas en las que no encontraban Queso.
Pero aún así, Resentido y Risueño volvían todos los días a la Estación
Quesera Q.
Risueño dijo, "Sabes, si trabajamos más duro nos daremos cuenta que nada
ha cambiado demasiado. Probablemente el queso está cerca, a lo mejor ellos lo
escondieron detrás de una pared."
Al día siguiente, Resentido y Risueño volvieron con equipo especial.
Resentido agarró el cincel mientras Risueño golpeaba con el martillo hasta que
hicieron un hueco en la pared de la Estación Quesera Q, se asomaron adentro
-pero no había queso.
Estaban desilusionados pero aún pensaban que podían resolver el
problema; así que comenzaron más temprano al otro día y trabajaron más largo,
pero después de un tiempo, lo único que tenían era un hueco más grande en la
pared. Risueño estaba comenzando a darse cuenta de la diferencia que hay entre
actividad y productividad.
Resentido comentó: "A lo mejor deberíamos sentarnos aquí a ver qué
sucede. Tarde o temprano ellos tendrán que devolver el queso."
Risueño quería creerlo, así que cada día se iba casa a descansar y
volvía receloso en compañía de Resentido a la Estación Quesera Q, pero el Queso
nunca apareció.
Para estos momentos, los hombrecitos estaban cada día más débiles,
hambrientos y estresados. Risueño ya se estaba cansando de solo esperar que las
cosas mejoraran. Comenzaba a darse cuenta que mientras más estuvieran en aquella
situación, sin Queso, peor iba a ser. Se daba cuenta que estaban al borde del
precipicio.
Finalmente, un día, Risueño comenzó a reírse de sí mismo. "Ja, Ja,
mírenme. Sigo haciendo las mismas cosas una y otra vez y me pregunto porqué las
cosas no mejoran. Si no fuera tan trágico sería realmente gracioso."
A Risueño no le gustaba la idea de tener que adentrarse en el Laberinto
de nuevo, porque sabía que se perdería y no tenía la más remota idea de donde
podría encontrar Queso; pero tenía que reírse de su locura cuando comenzó a
tomar conciencia de lo que sus temores le estan haciendo.
Le preguntó a Resentido, "¿Donde pusimos nuestra ropa de Aerobics y
nuestros zapatos de correr?" Les tomó un buen rato encontrarlos porque lo habían
guardado todo cuando encontraron la Estación Quesera Q pensando que no los iban
a volver a necesitar.
Cuando Resentido vio a su amigo poniéndose su ropa de correr, dijo, "¿Tu
no te vas a meter de nuevo en el Laberinto, verdad? ¿Porqué no te quedas y
esperamos que devuelvan el Queso?"
"¿Pero es que no te das cuenta?" dijo Risueño. "Yo tampoco quería verlo,
pero hoy me doy cuenta que ellos nunca van a volver a poner el Queso Viejo en su
sitio. Ese era el Queso de Ayer. Es hora de buscar el Queso Nuevo."
Resentido argumentó, "¿Y qué si no hay más queso allá adentro? ¿Y qué si
lo hay pero no puedes encontrarlo?" "No sé" dijo Risueño. Él se había hecho las
mismas preguntas muchas veces y comenzó a sentir los mismos temores que lo
habían estado amenazando y lo mantenían maniatado.
Entonces se imaginó encontrando Queso Nuevo y todas aquellas cosas que
vienen con ese hallazgo y eso le dio nuevo coraje. "A veces" dijo Risueño, "las
cosas cambian y nunca vuelven a ser lo que eran. Esta parece una de esas veces,
Resentido, ¡así es la vida! La vida sigue adelante y nosotros también."
Risueño le echó una mirada a su emancipado compañero y trató de hacerlo
entrar en razón, pero el miedo de Resentido se había tornado en furia y no
estaba dispuesto a oír.
Risueño no tenia intenciones de ser duro con su amigo, pero no podía
menos que reírse de la situación. Mientras Risueño preparaba su partida, comenzó
a sentir nuevos bríos, se daba cuenta que había recuperado la habilidad de
reírse de sí mismo, de dejarse llevar y afrontar nuevos retos.
Anunció, "¡Es hora de Laberinto!"
Resentido ni sonrió ni respondió.
Risueño tomó una pequeña roca y con ella escribió un curioso pensamiento
en la pared para que Resentido reflexionara. Como era su costumbre, Risueño
pintó incluso un dibujo del queso alrededor de ella, con la esperanza de
entusiasmar a Resentido a acompañarlo a buscar Queso Nuevo. Pero Resentido ni
siquiera quiso verla. Decía:

Entonces, Risueño sacó la cabeza y echó una ojeada al Laberinto.
Pensaba, ¿cómo era posible que hubiera caído en aquella situación de
carencia de queso?
El creía que había una posibilidad que no hubiera más queso en el Laberinto,
o que no pudiera encontrarlo. Estos temores lo inmovilizaban. Risueño se sonrió,
sabía lo que Resentido estaba pensando, "¿Quien Movió Mi Queso?" pero Risueño se
preguntaba, "¿Porqué no me levanté antes para encontrar el Queso?".
Mientras se movía hacia el Laberinto echó una mirada atrás para ver el
sitio donde había estado y sintió su confort. Se sentía arrastrado a ese
territorio familiar -aunque no hubiera encontrado Queso por un buen rato.

Risueño se sintió ansioso y se preguntó si verdaderamente quería adentrarse
de nuevo en el Laberinto. Escribió una leyenda en la pared frente a él y se
quedó mirándola un rato:
Penso en eso. Sabía que muchas veces el miedo puede ser bueno. Cuando
uno teme que las cosas pueden empeorar si no hace algo, eso lo puede incitar a
la acción. Pero no sirve de nada cuando uno tiene tanto miedo que no es capaz de
hacer nada. Miró a su derecha hacia la parte del Laberinto donde nunca había
estado, y pudo sentir el temor. Entonces inspiró fuertemente, se puso de frente
al Laberinto, y poco a poco, comenzó a trotar hacia lo desconocido.
Mientras trataba de encontrar su camino, Risueño se preocupaba primero
de que hubiera esperado demasiado en la Estación Quesera Q. Hacía tanto que no
comía Queso que se sentía débil. Ahora le tomó mucho más tiempo y era más
doloroso de lo acostumbrado deambular por el Laberinto. Decidió que de tener una
nueva oportunidad, se adaptaría antes al cambio. Eso haría las cosas más
fáciles.
Entonces Risueño esbozó una débil sonrisa mientras pensaba, "Mejor tarde
que nunca."
En los días siguientes, Risueño encontró pequeñas trazas de queso aquí y
allá, pero nada que durara demasiado. Había esperado encontrar suficiente Queso
para llevarle un poco a Resentido y así motivarlo a adentrarse en el Laberinto.
Pero Risueño todavía no sentía suficiente confianza. Tenía que admitir que el
Laberinto era muy enredado. Las cosas parecían haber cambiado desde la última
vez que lo recorrió.
Justo cuando pensaba que estaba haciendo progresos, se perdía en los
corredores. Su progreso parecía dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás. Era
un reto, pero tenía que admitir que estar en el Laberinto de nuevo, buscando
Queso no era tan malo como pensó que iba a ser.
Con el correr del tiempo comenzó a preguntarse si era una meta realista
encontrar Queso Nuevo. Se preguntaba si este no era un bocado demasiado grande
de masticar. Entonces se rió, dándose cuenta que por los momentos, no había nada
que morder.
Cada vez que comenzaba a sentirse descorazonado se recordaba a si mismo
lo que estaba haciendo, no importa cuan incómodo estuviera en este momento, en
realidad era mucho mejor que mantenerse en una situación carente de Queso.
Estaba comenzando a tomar el control, en lugar se solo dejar que las cosas le
pasaran.
Entonces se recordó a si mismo, si Oledor y Corredor podían seguir
adelante, también él podía.
Un poco más tarde, mientras Risueño recapitulaba se dio cuenta que el
Queso en la Estación Quesera Q no había simplemente desaparecido durante la
noche, como una vez lo pensó. La cantidad de queso que había allí ya cerca del
final se había estado reduciendo y lo que quedaba estaba rancio, ya no sabía
bien. Los hongos habían comenzado a proliferar en el Queso Viejo, aunque él no
se había dado cuenta. Tenía que admitir sin embargo, que si hubiera querido se
habría dado cuenta de lo que se le venía encima, pero no quiso.
Ahora se daba cuenta que el cambio no lo habría tomado por sorpresa si
hubiera estado monitoreando lo que estaba pasando y hubiera podido anticiparse.
A lo mejor eso era lo que Oledor y Corredor habían estado haciendo.
Se paro un momento para descansar y escribió sobre la pared del
Laberinto.

Pasado un tiempo, después de no encontrar Queso en lo que pareció una
eternidad, Risueño pasó frente a una Estación Quesera Que lucía prometedora.
Cuando entró, sin embargo, se sintió muy desilusionado cuando descubrió que la
Estación Quesera estaba vacía.
"Esta sensación de vacío me ha sucedido demasiadas veces" pensó. Le
dieron ganas de darse por vencido.
Risueño estaba perdiendo su resistencia física. Sabía que estaba perdido
y temía no sobrevivir. Le volvieron los deseos de devolverse a la Estación
Quesera Q. Al menos, si pudiera volver, Resentido estaría allí, no estaría solo.
Entonces se hizo la pregunta de nuevo: "¿Qué pasaría si no tuviera miedo?".
Sentía miedo con más frecuencia de lo que se atrevía a admitir. No
estaba del todo seguro de a qué le temía, pero en estas condiciones de
debilidad, ahora sabía que lo que más temía era la soledad del camino. Risueño
no lo sabía, pero estaba atrasado porque el peso de sus creencias lo afectaba.
Risueño se preguntaba si Resentido había decidido continuar, o si
todavía estaría paralizado por sus temores. Entonces recordó las veces que se
había sentido a sus anchas en el Laberinto, era cuando estaba haciendo
progresos. Escribió en la pared, sabiendo que era mas un recordatorio para si
mismo como una señal para su amigo Resentido, quien algún día lo seguiría:

Risueño miró hacia el obscuro pasillo y tomó conciencia de sus temores. ¿Qué
tenía por delante? ¿Estaba vacío el Laberinto? O lo que era peor, ¿Habían
peligros acechando?. Comenzó a imaginarse todo tipo de cosas espeluznantes que
le podían suceder. Se estaba asustando a si mismo hasta el extremo.
Entonces se rió de si mismo. Se dio cuenta que sus temores estaban
haciendo las cosas más difíciles, así que hizo lo que hubiera hecho si no
hubiera tenido miedo, se aventuró en una nueva dirección.
Mientras corría por el nuevo corredor comenzó a sonreír. Todavía no se
daba cuenta, pero estaba descubriendo lo que nutría su alma. Se estaba dejando
llevar y confiar en lo que tenía por delante, aunque todavía no sabía con
exactitud lo que significaba.
Para su sorpresa, Risueño comenzó a disfrutar más y más. "¿Porque me
siento tan bien?" se preguntaba. "No tengo Queso y no se hacia donde voy".
No pasó mucho tiempo hasta que se dio cuenta porqué se sentía tan bien.
Se paró y escribió en la pared:

Risueño se dio cuenta que había estado cautivo de su propio miedo. El moverse
en una nueva dirección lo había rejuvenecido.
Ahora sentía una suave brisa soplando por aquella parte del Laberinto y
era refrescante. Realizó unas inspiraciones profundas y sintió un nuevo vigor.
Una vez que había vencido la sensación de miedo, las cosas se veían mucho más
placenteras que lo que una vez pensó pudieran ser.
No se había sentido así en mucho tiempo, casi había olvidado como era.
Para mejorar más las cosas, Risueño comenzó a dibujar una imagen en su
mente. Se vio a si mismo con gran detalle sentado en el medio de sus quesos
favoritos -¡desde Cheddar hasta Brie! Se vio a si mismo comiendo los quesos que
le gustaban, y le gustó lo que vio. Entonces imaginó cuando disfrutaría de todos
esos extraordinarios sabores.
Mientras más clara era la imagen del Queso Nuevo, más real se sentía, y
más sentía que iba a encontrarlo. Escribió:

"¿Porqué no hice esto antes?" se preguntaba Risueño.
Entonces corrió por el Laberinto con mayor fortaleza y agilidad. No pasó
mucho tiempo antes de que descubriera una Estación Quesera y sintió más
entusiasmado cuando descubrió pequeños trozos de Queso Nuevo cerca de la
entrada. Eran tipos de Queso que nunca había visto, pero se veían excelentes.
Los probó y eran deliciosos. Se comió la mayoría de los pedacitos que encontró y
metió algunos en sus bolsillos para luego y quizás para compartirlos con
Resentido. Comenzó a recuperar su fortaleza.
Entró en la estación Quesera lleno de excitación, pero para su sorpresa,
encontró que estaba vacía. Alguien ya había estado allí y solo había dejado
pequeños pedazos de Queso Nuevo.
Se dio cuenta que si hubiera iniciado el camino antes, a lo mejor
hubiera podido encontrar una gran cantidad de Queso Nuevo en ese sitio.
Decidió volver y preguntarle a Resentido si estaba listo para
acompañarlo.
Mientras volvía sobre sus pasos, se paró y escribió sobre la pared:

Después de un rato, Risueño se las ingenió para volver a la Estación Quesera
Q y encontró a Resentido. Le ofreció sus pedacitos de Queso Nuevo pero fue
rechazado.
Resentido apreció el gesto de su amigo, pero le dijo: "No creo que me
gustaría este Queso Nuevo. No es el mismo al que estoy acostumbrado. El que
quiero es mi propio Queso de vuelta y no voy a cambiar hasta que consiga lo que
quiero." Risueño movió su cabeza decepcionado y decidió irse. Mientras volvía al
extremo más lejano del Laberinto observó que le hacía falta su amigo, pero al
mismo tiempo disfrutaba de lo que estaba descubriendo. Mucho antes de encontrar
un gran almacén de Queso Nuevo, si es que lo lograba, sabía que lo que realmente
lo hacía feliz no era tener Queso únicamente. Era feliz cuando no esta a merced
de sus temores. Le gustaba loo que estaba haciendo ahora.
Tomando conciencia de esto, Risueño no se sintió tan débil como cuando
estaba en la Estación Quesera Q, sin queso. El solo darse cuenta que no estaba
dejando que el miedo lo dominara y habiendo tomado conciencia que ya había
tomado una nueva dirección lo nutría y le daba fortaleza.
Ahora sabía que solo era cuestión de tiempo antes de encontrar lo que
necesitaba. De hecho, estaba consciente que ya había encontrado lo que estaba
buscando.
Sonrió mientras pensaba que:
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De nuevo se dio cuenta que aquello que tememos nunca es tan malo como
imaginamos. El miedo que dejamos que nos domine es mucho peor que la situación
real.
Había estado tan atemorizado por no encontrar Queso más nunca que ni
siquiera había hecho el intento de buscarlo. Pero desde el inicio de su
recorrido, había encontrado suficiente queso en los corredores para mantenerlo
activo. Ahora esperaba encontrar más, pero el solo mirar adelante ya era
motivante.
Su forma de pensar había estado nublada por sus preocupaciones y sus
temores. Antes pensaba en lo que significaba no tener queso suficiente, o que
durara lo suficiente. Pensaba más en lo que pudiera ir mal que en lo que pudiera
ir bien. Pero eso había cambiado desde su vuelta de la Estación Quesera Q.
Antes pensaba que el Queso no podía moverse y que el cambio no estaba
bien. Ahora se daba cuenta que lo natural era que ocurriera el cambio, lo
esperáramos o no. El cambio solo puede sorprendernos si no lo esperamos o
buscamos. Cuando se dio cuenta que había cambiado sus creencias, hizo una pausa
para escribir en la pared:

Risueño no había encontrado Queso todavía, pero mientras corría por el
Laberinto se puso a pensar en lo que había aprendido.
Se dio cuenta que sus nuevas creencias motivaban nuevas conductas. Se
estaba comportando distinto que cuando se empeñaba en volver a las Estación
Quesera sin queso.
Se dio cuenta que cuando uno cambia en lo que cree, cambia lo que hace.
Uno puede creer que el cambio lo va a perjudicar y se resiste. O uno
puede creer que encontrar Queso Nuevo lo va a ayudar a abrazar el cambio. Todo
depende de lo uno escoge creer.
Se acercó a la pared y escribió:

Risueño sabía que ahorita estaría en mejores condiciones físicas si hubiera
abrazado el cambio antes y salido de la Estación Quesera Q más temprano. Se
sentiría mas fuerte en cuerpo y en espíritu y en mejores condiciones para
enfrentar el reto de buscar Queso Nuevo. De hecho, probablemente ya lo hubiera
conseguido si se hubiera adelantado a los cambios, en lugar de perder el tiempo
negando que el cambio ya había sucedido.
Hizo acopio a su voluntad y decidió proseguir hacia nuevas zonas del
Laberinto. Encontró pequeños trozos de Queso aquí y allá y esto le dio
oportunidad de recuperar su fortaleza y su confianza.
Mientras recapitulaba sobre los sitios donde había estado, Risueño se
sentía bien de haber escrito en las paredes en muchas partes. Confiaba en que
ello sería una guía para Resentido cuando finalmente este decidiera acompañarlo
y abandonar la Estación Quesera Q.
Lo único que esperaba era que estuviera encaminado en la dirección
correcta. Pensó en la posibilidad que Resentido leyera Los Escritos Sobre La
Pared, y consiguiera el camino.
Decidió escribir en la pared algunos de sus más recientes pensamientos:

Ya para este momento, Risueño se había deslastrado del pasado y abrazado el
presente. Continuó a través del Laberinto con aun mayor fortaleza y rapidez. No
paso mucho tiempo sin que sucediera. Cuando parecía que había estado en el
Laberinto por una eternidad, su aventura -o al menos parte de su viaje- finalizó
rápida y felizmente.
¡Risueño consiguió Queso Nuevo en la Estación Quesera N!
Cuando entró, estaba deslumbrado por lo que vio. Apilado por todas
partes estaba el mayor surtido de Queso que jamás hubiera visto. No reconocía
todo lo que veía, algunos tipos de queso eran totalmente nuevos para él.
Entonces imaginó por un momento si esto era real o solo su imaginación, hasta
que vio a sus amigos Oledor y Corredor. Oledor le dio la bienvenida a Risueño
son un leve gesto de su cabeza. Corredor lo saludó moviendo una de sus patas.
Sus barriguitas estaban gordas y mostraban que tenían mucho tiempo allí.
Risueño hizo los saludos de rigor y comenzó a morder cada una de sus
variedades de Queso favoritas. Se quitó los zapatos de correr y su ropa de
Aerobics y los puso cerca en caso de que los necesitara. Después saltó hacia el
Queso Nuevo. Una vez satisfecho, elevó un pedazo de Queso Fresco e invitó a un
brindis "¡Hurra por el Cambio!"
EL APRENDIZAJE
Mientras disfrutaba del queso, Risueño reflexionó sobre lo que había
aprendido. Se dio cuenta que mientras tuvo miedo de cambiar, se había estado
aferrando a la ilusión de un Queso Viejo que ya no existía.
¿Qué lo hizo cambiar? ¿Sería el temor de morir de hambre? Pensó Risueño,
"Bueno, eso ayudó un poco." Entonces soltó una carcajada cuando se dio cuenta
que había comenzado a cambiar en el momento que aprendió a reírse de si mismo y
de lo que estaba haciendo mal. Tomó conciencia que la forma más rápida de
cambiar es darnos cuenta de nuestras locuras -entonces es que podemos
desligarnos y movernos hacia adelante.
Supo que había aprendido algo útil de sus amigos ratones, Oledor y
Corredor, acerca de seguir adelante. Ellos mantenían las cosas sencillas. Una
vez que la situación cambió en la Estación Quesera Q y el Queso se movió, los
ratoncitos cambiaron y se movieron con al Queso. Siempre recordaría esto.
Entonces Risueño aprovechó su extraordinaria mente para hacer lo que los
hombrecitos pueden hacer mejor que los ratones. Reflexionó sobre los errores que
había cometido en el pasado y como aprovecharlos para planificar el futuro.
Sabía que se puede aprender mucho del cambio:
Uno puede estar más consciente de la necesidad de mantener las cosas
sencillas, ser flexible y moverse rápidamente. No es necesario complicar las
cosas o confundirse uno mismo con creencias infundadas.
Uno debe notar cuando comienzan los pequeños cambios para estar
preparado para cuando venga el gran cambio. Supo que es necesario adaptarse más
rápido, porque si no lo hace a tiempo, puede que no pueda adaptarse en absoluto.
Tuvo que admitir que el mayor inhibidor al cambio está dentro de nosotros
mismos, y que nada mejora hasta que uno cambia. Pero quizás lo más importante de
todo fue haber tomado conciencia que hay Queso Nuevo allá afuera, nos demos
cuenta o no, y que este llega como recompensa cuando vencemos nuestros temores y
disfrutamos de la aventura.
También aprendió que tenemos que saber respetar a algunos de nuestros
miedos, porqué así nos mantenemos alejados del verdadero peligro; pero también
se dio cuenta que la mayoría de sus temores eran irracionales y le habían
impedido cambiar cuando necesitaba cambiar.
Un cambio constante no era de su agrado, pero supo que el cambio se
tornó en una bendición disfrazada ya que le había permitido encontrar el Queso
Nuevo; inclusive había encontrado un mejor clon de él mismo.
Mientras Risueño rememoraba lo que había aprendido, pensó en su amigo
Resentido. Se preguntaba si habría leído algunos de los escritos dejados sobre
las paredes del Laberinto. ¿Habría decidido Resentido soltar amarras y comenzar
a moverse en algún momento? ¿Se habría aventurado en el Laberinto y descubierto
cosas que podían hacer su vida mejor? Risueño pensó volver a la Estación Quesera
Q a buscar a Resentido -asumiendo que podría encontrar el camino de vuelta. Si
pudiera encontrar a Resentido, seguro que podía enseñarlo a alejarse de su
destino, pero Risueño se dio cuenta que ya había intentado que su amigo
cambiara.
Resentido tendría que buscar su propia vía, más allá de su zona de
confort y por encima de sus miedos. Nadie podía hacerlo por él, o convencerlo.
De una forma u otra el mismo tendría que vivir la ventaja de cambiarse a si
mismo. Risueño sabía que había dejado un camino marcado para Resentido y que
este podía aprovecharlas, si solo pudiera leer Las Leyendas en la Pared.
Fue y escribió un resumen de sus aprendizajes en la pared más grande de
la Estación Quesera N. Dibujó un gran pedazo de queso alrededor de todas las
vivencias que había experimentado, sonrió mientras miraba lo que había
aprendido.
Risueño se dio cuenta de cuan lejos había llegado desde su experiencia
en la Estación Quesera Q, pero también sabía que sería muy fácil volver a caer
en el mismo error si todo se le hacía fácil y cómodo. Cada día inspeccionaba la
Estación Quesera N para chequear las condiciones en que se encontraba el Queso.
Haría lo que tuviera que hacer para evitar ser sorprendido por un cambio
repentino Mientras Risueño todavía contaba con un suministro grande de Queso, se
acostumbró a salir al laberinto a explorar nuevas áreas para mantenerse en
sintonía con lo que estaba pasando a su alrededor. Sabía que era más seguro
tomar conciencia de sus verdaderas alternativas que aislarse en su zona de
confort.
Entonces, Risueño oyó lo que parecía un ruido de movimiento en el
laberinto. A medida que el ruido aumentaba, se dio cuenta que alguien venía.
¿Sería Resentido llegando? ¿Aparecería por la esquina? Risueño rezó una
pequeña oración con la esperanza -tantas veces acariciada- que su amigo al fin
hubiera podido……….
"El se daba cuenta que siempre hay Queso Nuevo ya sea que lo reconozcas
o no. Y que serás recompensado cuando superes tu temor y disfrutes la aventura".
1. Recuerda usted, alguna vez que realizó un cambio, o se arriesgó a
pesar de sus temores.
2. ¿Puede usted nombrar un temor que le impide hacer cambios ahora?
3. Ponga enfoque en un cambio que le gustaría hacer.
4. Visualice cómo luciría ese cambio, cómo se sentiría.
5. Decida dar un paso en esa dirección y tómelo.