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Lo que revelaría que, hasta el momento, los progresos más definidos
están conectados con el proceso industrial, en tanto que las mayores
dificultades se registran en los cambios de estilo de liderazgo y en las
relaciones con la gente, tanto dentro como fuera de la empresa. Este
cuadro refleja nítidamente las etapas del proceso dentro de la
organización. Los primeros logros se advierten en las tareas más
concretas (los productos y procedimientos industriales), en tanto que se
perciben como más lejanos los resultados visibles en cuanto a actitudes
del personal, proveedores y clientes. La paradoja de que el "aumento del
número de clientes" aparezca calificado con el más bajo puntaje entre
los logros alcanzados (5,3), mientras que la satisfacción de esos mismos
clientes obtiene el más alto índice entre los objetivos buscados (32%),
revela hasta qué punto el proceso está en marcha pero requiere aún
tiempo y esfuerzos para alcanzar resultados.
TRES EJEMPLOS
Para ilustrar los aspectos más significativos de la experiencia
argentina con la filosofía de la calidad total, vale la pena citar tres
casos en buena medida paradigmáticos: la filial local de Xerox (un
nombre que a nivel internacional ha llegado a convertirse en símbolo del
TQM), Refinerías de Maíz, una empresa manufacturera líder en el área de
productos masivos, y la compañía de seguros La Buenos Aires, que ofrece
la particularidad de haber aplicado un programa de calidad total en una
actividad de servicios.
"La estrategia de calidad total nació, en Xerox Argentina, en 1985.
Hablamos, deliberadamente, de estrategia y no de programa, porque así
fue concebida, como un esfuerzo de largo plazo", señala Héctor
Sambucetti, director de Calidad y Satisfacción de Clientes de la
empresa. "No sólo se concibió esto como una estrategia de negocios, sino
que una de las claves del éxito fue la permeabilización, porque existe
el riesgo de que estas cosas queden al nivel del top management, y sean
un lindo discurso de oficina, sin que haya un cambio de conducta en lo
práctico, en lo inmediato. Lo que adoptó Xerox fue un esquema de
cascada, que consiste en que todos y cada uno de nosotros primero
hayamos pasado por un aprendizaje, y después participado en la
enseñanza. Es la única manera de asegurar que esta filosofía venga con
el compromiso del número uno de la compañía, y llegue hasta el último
empleado ingresado ayer."
Xerox Argentina se plantea, en este terreno, cuatro prioridades:
satisfacción de los clientes, satisfacción de los empleados,
participación en el mercado y retorno sobre los activos. Según
Sambucetti, "en las cuatro prioridades hay mejoras sustanciales, y las
medimos, no es una cuestión de opinión".
El caso de Refinerías de Maíz presenta, a su vez, dos aspectos
singulares: por una parte, la implementación del proyecto de calidad
total se inicia con el impulso y el compromiso personal asumido por el
presidente de la empresa, Oscar A. Imbellone, un convencido promotor de
la idea en el ámbito local. Por otro lado, la compañía (que cuenta en
estos momentos con algo más de 2.000 empleados) no delegó el diseño del
plan en consultores externos ni compró modelos "a paquete cerrado".
"Lo que se hizo, dos años y medio atrás, fue crear un comité de calidad
con cuatro o cinco gerentes que fueron involucrándose en el tema y
capacitándose. A partir de esa gestión, se hizo una inducción a nivel
general con unas 700 personas, para presentar las ideas básicas a todos
los niveles y en todo el país", explica Alfredo J. Giglio, coordinador
de Calidad Total de la empresa. "Diseñamos una metodología que no tiene
nada que ver con ninguna otra, buscando lo mejor para nosotros. Fuimos
de lo general a lo particular. De las condiciones que reinan en el país,
nuestra sociedad, cultura, Estado, macro y microeconomía, y de allí a
nuestra empresa, y nuestro personal."
Refinerías de Maíz parte de la convicción de que, en el actual ambiente
competitivo, ante dos productos de igual precio y calidad, el cliente
compra el que tenga mayor valor agregado, el que le dé algo más.
"Nuestra meta es satisfacer y superar las expectativas del cliente, un
concepto que involucra a proveedores, accionistas, consumidores y
nuestra propia gente. El valor agregado sale de la relación
cliente-proveedor dentro de la empresa, y se conforma a través de una
cadena de valor. La idea es que vendemos mucho más que mayonesas, sopas
o caldos, Refinerías también vende cuando una telefonista atiende una
llamada, y cuando un transportista hace una entrega", señala Giglio.
El programa de calidad total de la empresa está aún en un punto
intermedio del llamado efecto cascada, que se inicia con el staff
gerencial. En algunos sectores se llegó ya al front line, al personal
que está en contacto directo con el público. En el ámbito de las plantas
fabriles, el proceso alcanza, hasta ahora, al nivel de supervisores. "No
nos apresuramos", admite Giglio. "No queremos cometer errores."
La urgencia tampoco marcó el camino de La Buenos Aires. El paso inicial
se dio hace ocho años, cuando la dirección anunció que la empresa no
debía ser visualizada como una compañía de seguros, sino de servicios.
La tarea no era ya vender pólizas, sino que involucraba la prestación de
servicios a los clientes. También en este caso, la iniciativa se gestó
en la cúpula. El CEO, Gonzalo Aguilar, no sólo estaba convencido, sino
que fue el motor de la idea.
Al igual que Refinerías de Maíz, La Buenos Aires optó por un diseño in
house y descartó la alternativa de recurrir a consultoras externas. En
lugar de emplear el concepto clásico de círculos de calidad, la compañía
maneja el programa a través de grupos de mejoramiento que operan a nivel
primario, interdepartamental y en actividades permanentes que involucran
a toda la compañía.
"El efecto cascada demoró diferentes tiempos en diferentes sectores",
explica Carlos M. Guevara, adscripto a la gerencia general y coordinador
del programa. "Esto dependió no sólo de la gente, sino del tema. En
junio de 1988, por ejemplo, pusimos en marcha el sistema jet de
siniestros en el día. Esto requirió organizar reuniones de todos los
sectores que intervienen en la liquidación de un siniestro, eliminar
barreras, crear normas. Pero lo cierto es que logramos ponerlo en la
calle en apenas tres meses. En cambio, en otros casos, donde estaban
involucradas relaciones proveedor-cliente dentro de la propia empresa,
el proceso llegó a demorar entre uno y tres años."
La medición de los resultados del programa de calidad total alcanza un
alto grado de minuciosidad en La Buenos Aires. Un folleto de uso interno
editado en 1991 revelaba que en el último quinquenio la cantidad mensual
de pólizas vendidas había trepado de 9.100 a 11.000, el índice de error
en las pólizas había descendido de 20% a 2%, las horas de capacitación
habían pasado de 5.500 a 8.800 y las reuniones semanales habían partido
de cero para alcanzar las proximidades del sueño de los apóstoles del
TQM; convocaban, ya entonces, a 95% del personal.
Para Guevara, es positivo que el tema de la calidad esté cada vez más
expuesto a la luz pública. "Cuando se hace mucha publicidad sobre el
servicio al cliente, llega un momento en que el cliente empieza a
reclamar, y ésa es la verdadera prueba de fuego para cualquier
programa."
GESTIÓN DEL CONOCIMIENTO
A pesar de invertir cada vez más en informática, muchas empresas siguen
sin poder transformar en valor toda la información con que cuentan. El
eje de la competitividad pasará, en el futuro, por una eficiente
estrategia de manejo del conocimiento (knowledge management).
Peter Drucker, el patriarca del management moderno, sostiene que el
origen de la riqueza está en el conocimiento. Si esto es así, el recurso
económico básico del futuro ya no será el empleo, ni el capital ni los
recursos naturales, sino el conocimiento.
No se debe confundir conocimiento con información. Cuando hablamos de
datos, nos referimos a números, palabras, sonidos o imágenes no
necesariamente organizados. Cuando nos referimos a la información, esos
datos han recibido un procesamiento y tienen un significado claro y
definido. Y cuando hablamos de conocimiento, estamos generando una
acción con la información que proviene de esos datos.
5En Xerox, psicólogos industriales y antropólogos sociales examinaron la
manera en que trabajaban los técnicos de servicio y descubrieron que se
reunían a la hora del almuerzo y se contaban las anécdotas del día.
Compartían el conocimiento beneficiándose de las experiencias de cada
uno. Fue así como nació la idea de crear un grupo de mejoría, para que
los técnicos de toda la organización pudieran compartirlos y tuvieran
acceso a ellos cuando los necesitaran. El resultado fue un programa
bautizado Eureka.
Lanzado hace tres años en Xerox de Francia, el sistema aprovecha las
redes sociales para capturar conocimiento, validarlo y divulgarlo. El
programa incorpora diagnósticos, documentación de servicio e información
que se ofrecen a los técnicos a través de computadoras portátiles, CD-Rom
y otros medios electrónicos.
Eureka es el corazón de la gestión del conocimiento en Xerox. Es una
forma de compartir información. Una vez encontrada la solución a un
problema definido, se pone en una base de datos, para que todo el mundo
en la compañía pueda acceder a ese conocimiento. La idea es que si
tenemos determinado problema en Francia y después se repite en la
Argentina, no nos pongamos a reinventar la rueda", explica Cervetti.
¿POR DÓNDE EMPEZAR?
La consultora Booz, Allen & Hamilton está desarrollando actualmente en
la Argentina dos proyectos relacionados con knowledge management. Uno es
para una empresa de servicios públicos privatizada que quiere establecer
un sistema de conocimiento e inteligencia competitiva en el interior del
país; y el otro para una multinacional que planea introducir localmente
su práctica global de knowledge management.
"Se empieza creando pilotos de inteligencia competitiva. Son procesos
que sirven para empezar a decidir qué información se va a juntar, de qué
modo. Estos pilotos no requieren grandes inversiones: apenas una base de
datos, una simple PC, y una persona que hace de catalizadora y ni
siquiera trabaja full time".
Una vez armada esa estructura, empiezan los procesos: mesas redondas de
discusión, donde todos tienen que participar. Todo cuenta, hasta los
chismes que se oyen en la calle. De ahí salen acciones concretas:
soluciones, ideas o nuevas preguntas. Es una forma de empezar un proceso
de knowledge management.
EL FACTOR HUMANO
Los especialistas coinciden en que aquellas compañías que creen que para
desarrollar la gestión del conocimiento basta con una buena inversión en
tecnología informática están destinadas al fracaso. El factor humano es
crítico porque la experiencia del conocimiento siempre está dentro de la
gente. Manejar bases de datos y llenarlas con información no sirve si no
se las utiliza como una herramienta de comunicación.
En Estados Unidos muchas empresas han gastado decenas y aun cientos de
millones de dólares en sofisticadas herramientas informáticas de data
mining. Sin embargo, ¿están segmentando mejor a sus clientes?, ¿están
logrando mayor respuesta al marketing directo?, ¿le están vendiendo el
segundo y tercer producto al cliente indicado? No, porque con una base
estamos creando infraestructura para empezar a juntar información, que
sólo se va a transformar en conocimiento cuando le agreguemos una serie
de procesos de management. Por ejemplo, armando grupos de análisis de la
competencia, donde estén representadas las diferentes áreas de la
compañía. Equipos que tengan un líder que le dedique tiempo a
coordinarlo y que, sobre todo, tenga capacidad de abstracción para sacar
conclusiones. Algo que muchas veces no se da.
INFORMACIÓN, ¿PARA QUÉ?
Las empresas, en general, son una gigantesca máquina de recolectar
información competitiva. El problema es que no la transforman en
conocimiento. Es muy frecuente que la alta gerencia sepa mucho menos
acerca de la competencia que sus vendedores. Hay una capacidad de
generación de conocimiento en las bases que no se aprovecha. Al comienzo
de esta década, la respuesta fue darle una laptop a cada vendedor para
que prepare informes. No sirvió, porque la cuestión es qué hacer con esa
información, cómo darle vida.
Gestión del conocimiento porque sí es como remar en el aire. Debe tener
un fin, que es mejorar el desempeño a través de un enfoque bien
orientado y sistemático de crear, desarrollar y aplicar conocimiento a
lo largo de los procesos críticos. Tiene que agregar un valor, y si bien
hoy es un tema de moda, no es relevante para todos.
Siempre es necesario el conocimiento, pero en cada empresa se requiere
una definición previa: qué queremos ser y cuál es el conocimiento
necesario para alcanzar ese objetivo. Por eso pienso que todo tipo de
gestión del conocimiento debería basarse en una estrategia. Antes de
meterse en un gran esfuerzo hay que entender a qué apunta y qué queremos
desarrollar.
En general, aplicar un programa para gestionar el conocimiento requiere
una inversión significativa y los resultados concretos no se ven
rápidamente, de modo que, si no están orientados a objetivos de mediano
y largo plazo, la compañía puede abandonar el intento fácilmente y creer
que no es necesario.
Aquellas empresas cuyo producto primario es el conocimiento, como las
consultoras, suelen hacer importantes inversiones en knowledge
management. Ernst & Young (una de las primeras en aplicarlo) y McKinsey,
invierten 6 y 10% de sus ganancias globales anuales, respectivamente.
Una proporción similar estarían destinando otras grandes como Price
WaterhouseCoopers y Andersen.
Según los expertos de McKinsey Argentina, inicialmente se necesita
invertir en tecnología informática, pero capacitar y atraer a la gente
es lo que más cuesta. Además de los knowledge managers, que son quienes
están pensando todo el día en la mejor forma de desarrollar el
conocimiento dentro de la firma, está el resto de la gente consultores
y gerentes que en su función diaria debe dedicar el tiempo necesario a
sintetizar su conocimiento y comunicarlo, para que otros lo puedan
utilizar y aplicar.
Es por eso que decimos que el knowledge management va mucho más allá de
comprar una base de datos o una Intranet.
Una investigación realizada recientemente por Management Review en
Estados Unidos reveló que, entre quienes aplican programas de gestión
del conocimiento, 78% cree que esto ha aumentado la satisfacción de los
clientes, 60% la de sus empleados, y 59% reconoce que lo ha llevado a
innovar en productos o servicios. Para 60%, los activos intangibles son
parte de su valor de mercado, de manera que consideran que aplicar
knowledge management les permite aumentar el valor financiero de sus
empresas.
Sólo 36% de los encuestados afirmó haber bajado los costos. Para el
Gartner Group, ninguna organización registró hasta ahora sustanciales
reducciones de costos por haber implementado un programa de gestión del
conocimiento. Esto significa que es improbable que aquellas
organizaciones que sólo compran tecnología informática para reducir
riesgos y costos inviertan en programas de gestión de conocimiento.
El impacto del knowledge management está más justificado en términos de
reducción de los tiempos de llegada al mercado o de aumento de la
calidad o el valor, dicen los analistas.
¿QUIÉN LO NECESITA?
Frente a cada problema las compañías se la pasan reinventando la rueda;
hacen las mismas cosas varias veces porque la gente no se comunica entre
sí; hay buenas ideas pero no todos las conocen porque no se las
comparte, se repiten errores, los lanzamientos de nuevos productos
fracasan porque no se basan en una buena información, tienen problemas
para conseguir el mejor personal o para retenerlo, creo que el tema de
knowledge management recién está emergiendo en la Argentina.
EL CONOCIMIENTO SE COMPARTE
Xerox fue la primera compañía que investigó dónde reside la información
dentro de una empresa. La conclusión fue que 12% está en una base
electrónica accesible, 20% en documentos electrónicos y 26% en papel;
pero la mayor parte (42%) reside en la gente, que si bien constituye un
capital muy importante de la compañía, es un activo de riesgo porque,
cuando alguien se va, el conocimiento se va con él.
Sólo la información almacenada puede ser compartida. Por eso decimos que
los documentos son el ADN del conocimiento. De ahí que el primer paso
para aplicar un programa de gestión del conocimiento es entender de qué
manera se comparte la información de los tres o cuatro procesos críticos
que hacen al funcionamiento de la empresa, cómo están documentados o de
qué forma la información está depositada. Compartir el conocimiento para
obtener una ventaja competitiva es la forma en que estamos aplicando
knowledge management.
En realidad, compartir el conocimiento es un acto contra natura. Aun en
Estados Unidos hay que hacer un lavado de cerebro para que la gente
acepte compartir lo que sabe. Tendemos a retenerlo por temor, por
vergüenza o por pereza. Por eso, cuando se habla de gestionar el
conocimiento hay que tener incentivos para que los insights se
compartan, procesos de evaluación para hacer un seguimiento de la
contribución que cada uno realiza, y también es importante la presión
del grupo para que permanentemente le requiera su aporte.
EL FACTOR HUMANO DEL CAMBIO
No alcanza con la búsqueda de aumento de la productividad a través de
los sistemas de producción. Es necesario prestar atención a la
transformación personal de la gente encargada de llevar adelante esos
cambios. Las organizaciones inteligentes, basadas en el aprendizaje y el
pensamiento sistémico, aparecen como una importante alternativa para
lograr los cambios de cultura y comportamiento que se requieren.
"Una organización que aprende es aquella que expande permanentemente su
capacidad de futuro" dice Peter Senge, autor de La quinta disciplina. En
1990, este experto del Massachusetts Institute of Technology (MIT)
revolucionó el mundo del management al combinar la teoría del
aprendizaje en las organizaciones, formulada por Chris Argyris a fines
de los años '70, con las ideas sobre el funcionamiento de los sistemas
desarrolladas por Jay Forrester en la década de 1950.
"El gran mérito de Senge es haber agregado a las cuatro disciplinas
necesarias para aprender (maestría personal, modelos mentales,
aprendizaje en equipo y visión compartida), una quinta: el pensamiento
sistémico", destaca César Grinstein, director del Centro para el
Aprendizaje Organizacional de la Fundación Cono Sur.
Grinstein viene trabajando sobre el tema en la Argentina desde 1991, en
empresas como Acindar, Agrocom, Garovaglio & Zorraquín, IBM Argentina,
Banco Francés, Loma Negra, Metrogás, MetroRed y Ayling-Marsh & McLennan.
MUCHO MÁS QUE CAPACITAR
"Una organización que dicta cursos de capacitación enseña, pero no
necesariamente aprende. Aprender es ser capaz de hacer algo que no era
posible en el pasado, expandir permanentemente la capacidad de obtener
resultados, encontrar barreras y sortearlas. En consecuencia, una
organización que aprende actúa de forma tal que, al encontrar un
obstáculo, pone toda su energía y esfuerzos en superarlo y proyectar el
resultado buscado", explica el argentino Fred Koffman, director del
Centro de Aprendizaje Organizacional del Instituto Tecnológico de Buenos
Aires (Itba), ex profesor del MIT y considerado uno de los mayores
especialistas mundiales en el tema.
En 1990, Koffman y Senge fundaron en Estados Unidos el Organizational
Learning Center, un consorcio de investigación dirigido por el MIT y
financiado por gigantes de la talla de Ford, Chrysler, Harley Davidson,
EDS, Federal Express, Shell, Hewlett-Packard y AT&T.
"Tiempo después, cuando vine con Senge a dar una serie de conferencias
en la Argentina, un grupo de empresas locales me propuso recrear un
centro similar en el Itba", relata.
Koffman ha aplicado sus programas de aprendizaje en Siderca, Siderar,
los bancos Río y Galicia, Gancia, Ferrum, Miniphone, Molinos, EDS
Argentina, Telecom y, actualmente, el grupo Clarín.
LIBERTAD DE EXPRESIÓN
Para el consultor Santiago Lazzati, el aprendizaje organizacional puede
aplicarse a través de cuatro campos: los programas de capacitación, el
entrenamiento en el trabajo, el knowledge, y el desarrollo de los
procesos humanos que favorecen el aprendizaje. "Es en este último sector
donde está el gran aporte de Senge porque, según como sean esos
procesos, la gente puede aprender más o menos. Por ejemplo, si un grupo
expresa su pensamiento sin mayores restricciones, obviamente va a
aprender más que en un esquema de organización tradicional, donde sus
integrantes juegan siempre a ganar o perder y ocultan sus sentimientos.
Pero para lograr esto se necesita un cambio, tanto a nivel individual
como de toda la empresa".
Ernesto Gore, coautor junto a Diane Dunlap del primer libro escrito en
castellano sobre el tema, Aprendizaje y organización (Tesis, 1988),
sostiene que todas las organizaciones aprenden algo. No obstante, hay
algunas que lo hacen mejor: permiten cuestionar sus prácticas y están
dispuestas a modificar el statu quo cuando ya no sirve.
"Hoy, la capacidad y la velocidad de aprendizaje generan ventajas
competitivas, porque el conocimiento se torna obsoleto rápidamente. Si
contamos con un producto o tecnología exclusivos, tarde o temprano la
competencia también lo tendrá. Por eso, no alcanza con explotar al
máximo nuestras ventajas; hay que explorar, al mismo tiempo, otros
productos y habilidades", afirma Gore, quien también escribió La
educación en la empresa (Granica, 1996) y es profesor de la Universidad
de San Andrés.
El consultor Néstor Braidot explica que "tradicionalmente se vio a la
organización que aprende como aquella que aprovecha su experiencia para
corregir los errores o decisiones no acertadas; pero, en realidad, ésta
es sólo una primera etapa. Una compañía de este tipo, con perspectivas
de ser exitosa en el tercer milenio, utilizará su capacidad de aprender
para generar una solución diferente, innovadora".
Silvia León, socia de la consultora LIM Argentina, señala que el
aprendizaje es un cambio de conductas cuyo objetivo es lograr un
accionar más efectivo. No importa la cantidad de cursos, seminarios o
habilidades potenciales que se desarrollen, sino cómo se hace para poner
en práctica todo ese conocimiento. "Las personas pueden aprender
individualmente, pero eso no hace que las organizaciones avancen y se
transformen automáticamente. Una empresa aprende cuando el conocimiento
y las experiencias se pueden compartir y transmitir al resto de sus
integrantes. De esa forma, todos adquieren la habilidad de enfrentar los
desafíos que les toca vivir de un modo diferente".
SIMULAR TAMBIÉN SIRVE
"Trabajar con la tecnología de las organizaciones inteligentes significa
intervenir sobre la capacidad de reflexión y análisis de sus miembros, y
a la vez mejorar las habilidades de comunicación que permiten un
accionar conjunto más ordenado", explica Grinstein. "Básicamente, el
trabajo se realiza con grupos de personas que, ya sea por sus
características personales o por las posiciones que ocupan, constituyen
puntos de apoyo a partir de los cuales las nuevas prácticas pueden
instalarse en toda la compañía".
Las actividades del centro que dirige Grinstein se desarrollan en dos
formatos básicos: los programas de diálogo y los laboratorios de
aprendizaje. En los primeros se reaprende a trabajar en equipo sin temor
a la agresión o la descalificación, y sin interponer cuestiones de poder
que pueden inhibir a los componentes del grupo a decir qué piensan
realmente. Los laboratorios se basan en casos prácticos y modelos de
simulación. La actividad incluye el uso de los simuladores de vuelo
gerenciales; una técnica, desarrollada por la Sloan School of Management
del MIT, que permite a los ejecutivos probar distintas políticas sin
riesgos de producir daños en la empresa real.
Los programas que lleva adelante Koffman se dividen en dos partes. En la
primera (off line) se reúne un grupo durante dos o tres días, en un
lugar alejado de la compañía. El objetivo es introducirlo en los nuevos
conceptos. El siguiente paso (on line) consiste en acompañar con
facilitadores al grupo en su regreso a la empresa, para que empiece a
trabajar con la nueva metodología en la vida real.
Dos meses después vuelve a repetirse el off line. La idea es traer
problemas que aparecieron durante ese lapso, y dramatizarlos para
responder a la pregunta ¿de qué otro modo podrían haberse resuelto?
"Es notable lo que sucede con el management de una compañía: mientras
una orquesta o un equipo de fútbol practican 90 o 95% del tiempo, los
gerentes no lo hacen nunca", señala Koffman.
UN NUEVO MODELO MENTAL
IBM Argentina comenzó a desarrollar su programa de aprendizaje
organizacional a principios de 1995.
"Cuatro años atrás hicimos un benchmark (estudio de comparación) con los
centros de desarrollo gerencial que IBM tiene en Bélgica y Canadá,
probablemente los más avanzados del mundo. Advertimos claramente que el
concepto de las organizaciones que aprenden, desarrollado por Senge y
Argyris, aparecía como referencia fundamental para la gestión empresaria
en los próximos años", relata Rubén Rolando, gerente de management
development de IBM Argentina, y de recursos humanos de su división
Global Services.
"Entendimos que debíamos pasar de un modelo de enseñanza a otro de
aprendizaje. Que el desarrollo gerencial debía dejar de vivirse como un
evento, y convertirse en un proceso, para que los ejecutivos dejaran de
concurrir a cursos y seminarios sin ningún efecto práctico sobre la
compañía. Así llegamos al MIT, donde nos pusieron al tanto de la labor
que en la Argentina venía realizando César Grinstein desde la Fundación
Cono Sur, con quien comenzamos a trabajar de inmediato".
Entre las herramientas incorporadas, Rolando destaca dos: la capacidad
de diferenciar entre observación y opinión; y el ejercicio de la columna
izquierda.
La primera, permite distinguir una observación (hecho incontrastable y
único) de las opiniones, que pueden ser muchas y todas válidas. La
columna izquierda apunta a abandonar la costumbre de decir algo para no
quedar mal, cuando en verdad se piensa otra cosa. Tomando casos de la
vida real, se invita a los participantes a escribir a la derecha lo
dicho y a la izquierda lo que se pensaba en realidad. "Esta suerte de
blanqueo interno nos lleva a ser más auténticos y facilita mucho la
comunicación", explica Rolando.
IBM Argentina está desarrollando el programa gradualmente, desde arriba
hacia abajo, y Rolando asegura que en algún momento toda la organización
habrá adquirido las nuevas herramientas. "En definitiva, estamos
buscando que todos nos relacionemos y trabajemos de una manera distinta,
que desafiemos nuestros modelos mentales y tengamos esa cuota de
atrevimiento para cambiar la manera de hacer las cosas. Pero si
pusiéramos hoy a los 1.250 empleados de IBM Argentina bajo este programa
no tendríamos la infraestructura necesaria para mantenerlo y correríamos
el riesgo de quemar una idea excelente".
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