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Resumen
Entenderemos por asociatividad, a un mecanismo de cooperación entre
empresas pequeñas y medianas, en donde cada empresa participante,
manteniendo su independencia jurídica y autonomía gerencial, decide
voluntariamente participar en un esfuerzo conjunto con los otros
participantes para la búsqueda de un objetivo común. Los objetivos
comunes pueden ser coyunturales, tales como la adquisición de un volumen
de materia prima, o generar una relación más estable en el tiempo como
puede ser la investigación y desarrollo de tecnologías para el beneficio
común o el acceso a un financiamiento que requiere garantías que son
cubiertas proporcionalmente por parte de cada uno de los participantes.
Por otra parte, un complejo productivo o cluster es una concentración
sectorial y/o geográfica de empresas que se desempeñan en las mismas
actividades o en actividades estrechamente relacionadas - tanto hacia
atrás, proveedores de insumos y equipos, como hacia delante y hacia los
lados, industrias procesadoras y usuarias, como a servicios y
actividades estrechamente relacionadas, con importantes y cumulativas
economías externas, de aglomeración y especialización (por la presencia
de productores, proveedores y mano de obra especializada y de servicios
anexos específicos al sector) y con la posibilidad de llevar a cabo una
acción conjunta en búsqueda de eficiencia colectiva. El Cluster no se
puede identificar con las definiciones tradicionales de industria pero
si se pueden describir sus límites de forma que sea posible realizar su
estudio significativo. El hecho que las empresas compartan una dotación
de recursos hace que la rivalidad se intensifique y que se produzca un
alto nivel de variedad estratégica. A partir de un nivel de estrategia
colectiva, las organizaciones comparten los mismos objetivos y dan
respuesta conjunta a las demandas de su entorno, vinculadas entre sí por
lazos permanentes, compartiendo los mismos nichos de recursos. Este
trabajo procura contribuir a evaluar los desafíos que encaran las
pequeñas y medianas empresas (PyME) de nuestra región a medida que se
consolida el proceso de globalización económica y a aportar elementos de
juicio sobre el desarrollo de los denominados Agrupamientos Productivos,
como una estrategia para el mejoramiento de la competitividad de estas
organizaciones. El objetivo es plantear un modelo integrador y
replicable de Cluster Productivo, de elevado nivel de competitividad
sistémica, cuyos efectos se centren en el desarrollo sustentable del
sector PyME, a partir de indagar sobre la competitividad alcanzada por
los denominados Agrupamientos Industriales.
Introducción
Desde hace 15 años América Latina ha estado experimentando un viraje
estratégico sin precedente desde los años treinta. La región ha dejado
de lado la estrategia de desarrollo orientada hacia adentro, con un
mercado interno fuertemente intervenido y un Estado protagónico, y ha
asumido una estrategia de desarrollo orientada hacia los mercados
externos, donde la asignación de recursos es determinada básicamente por
el mercado y donde el agente principal del desarrollo es la empresa
privada.
Hoy el consenso es amplio, por lo menos desde mediados de los años
setenta la estrategia de industrialización basada en la sustitución de
importaciones estaba teniendo rendimientos fuertemente decrecientes y el
hiperactivismo del Estado había sobrepasado los límites de su capacidad
de acción eficaz. Sin embargo, también debemos aceptar que hasta la
fecha la región sólo ha visto la promesa, no la realidad, de los
resultados que se esperaban del actual viraje estratégico. En efecto, si
bien se ha logrado contener la inflación, el ritmo de expansión
económico acusa un mediocre 3.3% anual: por cierto, superior al de los
años ochenta, pero muy inferior al 7.5% de los "tigres asiáticos", y en
particular, mucho menos del 5.5% logrado entre 1950-1980, cuando
prevaleció la estrategia de sustitución de importaciones.
Sin duda, parte de la explicación de este resultado mediocre se debe a
que los desequilibrios macroeconómicos fueron masivos; a que el diseño e
implementación de la política macroeconómica fueron a menudo
deficientes, y que ciertamente las reformas estructurales de tal
envergadura requieren de tiempo, para dar sus frutos. Surge, pues, el
interrogante: ¿basta con tener una economía abierta y desregulada y
dejarla en "piloto automático" para crecer a las tasas deseadas o se
necesita modificar la estrategia para profundizar la inserción
internacional de la región? Más concretamente, ¿de dónde vendrán los
próximos impulsos a las exportaciones y, en especial, cómo profundizar
sus vínculos al resto de la economía, para que el crecimiento económico
alcance en la región las tasas con una aceleración superior a las
históricas y parecidas a las de los países de industrialización reciente
en el sudeste asiático?
Las transformaciones nacionales, en Latinoamérica, fueron acompañadas,
además, por cambios en el contexto económico, comercial y tecnológico
internacional. El proceso de integración MERCOSUR es uno de los nuevos
condicionantes del escenario económico regional y, si bien no es el que
más ha afectado a las firmas durante los primeros años de la década del
noventa, está teniendo una repercusión estructural en la conducta
productiva de las empresas, en la definición de sus estrategias futuras
de negocios y en las decisiones de inversión.
Así, el MERCOSUR ha dejado progresivamente de ser percibido sólo como un
factor de mayor presión competitiva y comenzó a ser considerado como un
amplio abanico de nuevas oportunidades comerciales y opciones
productivas (acuerdos de complementación empresarial, posibilidades de
subcontratación, fusiones empresariales, extensión vía licencias, etc).1
La situación actual podría describirse como de "rediseño de negocios";
es decir, de refundación o de re conceptualización de la actividad
productiva y de las estrategias empresariales. Esto porque las
condiciones en las cuales estas empresas fueron creadas y manejadas por
sus dueños en el pasado se han modificado sustancialmente, y porque las
firmas necesitan reinsertarse en un nuevo escenario productivo,
tecnológico, comercial y de negocios, que no sólo está mucho más
internacionalizado sino que además comienza a estructurarse sobre la
base de un esquema de mercado ampliado y con tratamiento especial.
Si bien las PYME fueron adaptándose a las coyunturas económicas y de
mercado que confrontaban, las modificaciones del contexto
macroeconómico, regulatorio y tecnológico -incluido obviamente el
proceso de integración MERCOSUR- las colocan hoy ante una situación de
naturaleza distinta, que afecta a las raíces mismas de la empresa, sus
objetivos, su modalidad de funcionamiento y toma de decisiones, sus
ventajas competitivas y las capacidades y recursos requeridos, entre
otras cosas. Los desafíos actuales de las PYME no son de simple ajuste
transitorio (del tipo requerido por una recesión comercial) sino de
transformación e innovación, lo que define un nuevo punto de partida con
las consecuencias futuras que de ello se derivan. El hecho de que
prácticamente "no hay retorno" a la situación anterior.
Esta transformación significará modificar comportamientos históricos y
pautas de funcionamiento muy arraigados en las empresas y poner en
marcha un proceso deliberado de construcción de nuevas capacidades
competitivas. Estas deberán basarse en los conocimientos y aprendizajes
(activos intangibles) disponibles en la empresa y en el acceso a
sistemas de soporte y apoyo técnico, y convalidarse en las nuevas
condiciones y dinámica de la demanda y de los mercados.
Entre la variedad de estrategias posibles, una de las más viables para
enfrentar la competencia derivada de las aperturas económicas, es el
esquema de asociatividad bajo el modelo de Distritos Industriales
(clusters). Estos constituyen un tipo de ámbito competitivo donde las
interacciones entre las empresas PyME facilitan la existencia de una
gran rivalidad y diversidad competitiva de forma que los resultados son
altamente competitivos para el conjunto.
El Distrito Industrial (DI) no se puede identificar con las definiciones
tradicionales de industria pero si se pueden describir sus límites de
forma que sea posible realizar su estudio significativo. El hecho que
las empresas compartan una dotación de recursos hace que la rivalidad se
intensifique y que se produzca un alto nivel de variedad estratégica.
A partir de un nivel de estrategia colectiva, las organizaciones
comparten los mismos objetivos y dan respuesta conjunta a las demandas
de su entorno, vinculadas entre sí por lazos permanentes, compartiendo
los mismos nichos de recursos.
Este trabajo procura contribuir a evaluar los desafíos que encaran las
pequeñas y medianas empresas (PYME) de nuestra región a medida que se
consolida el proceso de globalización económica y a aportar elementos de
juicio sobre el desarrollo de los denominados DI, como una estrategia
para el mejoramiento de la competitividad de estas organizaciones.
El objetivo será plantear un modelo integrador y replicable de Cluster
Productivo, de elevado nivel de competitividad sistémica, cuyos efectos
se centren en el desarrollo sustentable del sector PyME, a partir de
indagar sobre la competitividad alcanzada por los denominados
Agrupamientos Industriales.
Capitulo I. El cambio de Contexto
El punto de partida, es la institucionalización del sistema económico
internacional producto de la segunda post-guerra mundial, donde aparece,
un mundo bipolar, que fomentó el desarrollo del comercio internacional
y, que con la culminación de la guerra fría, se transformó en un sistema
unipolar, muy competitivo, debido a la confrontación de los procesos de
globalización y de regionalización o por bloques económicos como
sistemas alternativos de integración comercial.
La actual configuración económica mundial es resultado de importantes
fenómenos que se han presentado a partir de la segunda mitad del siglo
XX, el de mayor significación se refiere a la trayectoria de los países
de desarrollo avanzado, que han implementado la vanguardia a la
globalización, a la que deberán incorporarse los demás países tarde o
temprano.
El fenómeno de globalización puede ser considerado como el resultado de
la formación de centros de decisión extra y supranacionales, que
influyen en mayor o en menor medida en la dirección que han de seguir
los mercados internacionales, fundamentalmente los industriales, de
servicios, finanzas, comerciales y económicos.
La globalización se constituyó en una realidad, conformando una nueva
totalidad histórica, donde las relaciones, los procesos y las
estructuras económicas se mundializan, los países se convierten en
sectores de una sociedad global, por más desarrollada, compleja y
sedimentada que sea, se transforma en subsistema, segmento o provincia
de una totalidad geográfica más amplia, abarcante, compleja,
problemática y contradictoria.
Para otros autores, el proceso de globalización comprende
fundamentalmente al campo de las finanzas y se ha constituido mediante
los cambios tecnológicos, la liberalización y desregulación de los
mercados, la innovación y el desarrollo de los nuevos instrumentos que
impactan a las políticas económicas, este impacto se manifestó primero
en los grandes países industriales, luego se ha difundido a los
restantes países, particularmente a los de América Latina.
La fragmentación de la economía mundial en varias regiones económicas
después de la Segunda Guerra Mundial se enfrentó a un proceso de
estrecha integración en el comercio, la inversión, y las finanzas, a
este fenómeno caracterizado por la integración de las economías
nacionales en procesos económicos supranacionales se le conoce como
globalización de la economía mundial. El crecimiento económico mundial
se ha visto afectado por el desempeño de los países centrales, tanto en
la fase de prosperidad sostenida durante casi un cuarto de siglo, como a
la etapa actual, de transición, que significa una profunda
reorganización estructural en escala planetaria, naciones y organismos
internacionales, a través de procesos múltiples de integración regional
y en el marco de un sistema cada vez más dominado por la
interdependencia y la multilateralidad.
El proceso globalizador ha presentado dos escenarios muy diferentes en
el comportamiento de la economía mundial:
a) un largo período de crecimiento sostenido que va desde 1950 a 1973
b) a un periodo recesivo duradero que va desde 1973 hasta fin de siglo.
La primera fase se identifica con el auge de la economía mundial, etapa
de prosperidad sin paralelo, entre los factores que la explican destaca
el nuevo orden internacional, resultado de los acuerdos de pos guerra,
que funcionaban como códigos de comportamiento explícito y racionales,
así como, a una base institucionalizada fuerte y flexible que no había
existido.
Bajo la égida de la concepción capitalista, la corriente liberalista,
postuló una economía abierta a la eficiencia productiva más allá de las
fronteras nacionales en donde la soberanía del consumidor definiera y
ubicara a los mejores oferentes productivos, de esta manera se logró el
despegue industrial, mostrando virtualismos y potencialidades.
El comienzo del orden financiero y monetario mundial se localiza en los
acuerdos de Brentton Woods de 1944, que sirvieron de base para que
surgieran los organismos internacionales más importantes de la
actualidad; el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Grupo del Banco
Mundial (BM).
Estos organismos se encuentran dentro del sistema de Naciones Unidas
(ONU), y se han convertido en el centro institucionalizado del Sistema
Monetario Internacional, encargados de realizar funciones para
equilibrar los problemas de balanza de pagos, promover la cooperación en
problemas monetarios, facilitar la expansión del comercio internacional,
propiciar la estabilidad de las tasas de cambio, ayudar a establecer
sistemas de pagos multilaterales y a eliminar restricciones de cambio de
monedas que impidan el desarrollo del comercio mundial.
El nuevo orden ofrecía oportunidades para el comercio y la
especialización, facilidad para el acceso al capital y a la tecnología,
menores restricciones para la migración internacional, así como la
tranquilidad de operar en una economía mundial en expansión sostenida,
libre de choques deflacionarios, además que ofrecía foros para la
negociación, consulta y ayuda mutua. Las trabas al comercio mundial
tendieron a eliminarse y en Europa Occidental se transitó desde la firma
de la Convención Monetaria de Londres en donde Bélgica, Holanda y
Luxemburgo, dieron origen al BENELUX ; la organización Europea de
Cooperación Económica, para administrar la aplicación del Plan Marshall,
hasta la Asociación del Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT),
desde 1948, como organismo internacional, destinado a regular las
barreras comerciales, de modo que los beneficios de la liberalización
del comercio internacional se filtraran por todo el mundo.
Los gobiernos de países desarrollados buscaban promover elevados niveles
de demanda y empleo, tanto en su territorio como en otras regiones que
pretendían alcanzar el desarrollo, con esta perspectiva nació la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), como
Foro de consulta y coordinación entre gobiernos, para discutir y
analizar las políticas económicas, financieras ambientales y
comerciales.
Esta organización, propone la expansión de la economía y el empleo, la
promoción del bienestar económico a través de la coordinación de
políticas al estímulo del desarrollo, reglas al intercambio de
servicios, movimiento de capital, inversión internacional, protección
del medio ambiente, así como aplicar preferencias y medidas de
liberación, incluyéndose a particulares, empresas y entidades de
servicio bancario, de seguros, y de otro tipo de servicios financieros.6
El desempeño de la economía mundial se frenó drásticamente desde la
década de los setenta hasta fines de siglo, y no ha habido periodo de
estabilidad y crecimientos sostenido, más bien, lo característico ha
sido que cada vez son más breves los períodos de recuperación y culminan
con depresiones prolongadas y profundas.
En estos años la crisis monetaria, se presentó nuevamente, pero ahora
acompañada de la combinación de estancamiento - inflación, los analistas
y teóricos en economía y finanzas la consideraron el preludio, de la
fase de transición.
La hegemonía de los Estados Unidos, era indiscutible en el primer mundo,
industrializado y capitalista, así dentro de ese marco, que regía las
relaciones económicas mundiales, se asistió, aunque parezca
contradictorio, a un fortalecimiento de las tendencias proteccionistas
con un manejo más liberal de los tipos de cambio y sobre todo a una
creciente competencia por los mercados del exterior. A partir de esta
fase, el capital se transfirió masivamente entre los países
desarrollados, inicialmente adquirió la forma de inversión extranjera
directa (IED) y posteriormente a través de préstamos de los bancos
comerciales, la consigna era desarrollar las economías, orientarlas a la
exportación, buscando nuevos sectores y productos que tomaran el relevo
de los mercados típicos del auge de la pos guerra que se habían
discontinuado.
La economía mundial se transformó en dos regiones que muestran
contrastes:
a) Los países industrializados del primer mundo junto a los
subdesarrollados del tercero.
b) El desarrollo de una fuerte tendencia a la globalización, en
correspondencia con las fuerzas más profundas de la producción y el
comercio mundial, sobre la base del desarrollo tecnológico en las
telecomunicaciones y la informática.
El desarrollo de la economía mundial se ha caracterizado por su elevada
heterogeneidad al interior de cada grupo y se acentúan por los problemas
de desigualdad y pobreza, en los países desarrollados se perciben
sustanciales avances en la apertura financiera y comercial, mejoramiento
del nivel de vida y creciente industrialización, el tercer mundo en
cambio, aumenta la vulnerabilidad de sus sectores ante los avances del
proceso globalizador, al enfrentarse a tendencias que impactan en forma
adversa a sus políticas de desarrollo, las que propician graves
implicaciones sobre millones de habitantes, agravando los problemas de:
marginación, desempleo, desnutrición, pobreza, soberanía nacional,
desconfianza política, inestabilidad social, corrupción, inseguridad
pública, narcotráfico, entre otros.
Globalización y Competitividad
Como mencionamos, la globalización de la economía mundial comenzó con la
unificación del mercado financiero, pero este proceso de generalización
no sólo tuvo índole monetaria, sino que se extendió al sector real de la
economía.
Los mercados nacionales se fueron segmentando en capas horizontales,
estratos que se repitieron en otras divisiones políticas. Los
consumidores se estandarizaron a nivel mundial, aunque, paradójicamente,
se diferencian internamente. Los requisitos de cada una de las secciones
de consumidores de los diferentes países homogenizaron, con lo que la
división ya no es conveniente efectuarla por naciones, sino por niveles
de ubicación social, cultural y económica. Los consumidores modernos se
han convertido en individuos sin nacionalidad, a los que hay que
satisfacer a como dé lugar. Debido a ello, la contienda entre las
empresas se fue tornando brutal. Dos aspectos deben ser considerados: la
obsolescencia de la tecnologías y las caída de los márgenes de
rentabilidad corporativa. Ambos tuvieron origen en la influencia de la
economía nipona, cultura que dirigió y profundizó las principales
inclinaciones del sistema, obligando al resto a aceptar sus parámetros
para poder subsistir. Las empresas, entonces, luchan por mantener o
alcanzar supremacías. Los productos se reemplazan unos a otros a
expensas de condiciones especiales requeridas por un mercado consumidor
cada vez más exigente en materia de precios y diferenciación. Todo gira
a alta velocidad, las exigencias obligan a cambios en los productos, que
a su vez inciden sobre el cambio tecnológico, que a su vez cambia el
perfil de los bienes.
La estandarización de los consumidores, la necesidad de innovación
tecnológica, la velocidad de los ciclos y el aumento de los costos
debido a la presencia y mantenimiento de los productos en el mercado
transformaron los lineamientos culturales de las empresas. Este hecho
microeconómico ha gravitado sobre la macroeconomía y sobre los patrones
que rigen el ordenamiento de la economía mundial. La fuerza de este
fenómeno barrió los límites políticos que dividían al mundo y frenaban
la libre circulación de bienes y servicios.
La globalización de los mercados ha sido el resultado natural de la
presión a la que se vieron sujetas las compañías, para mantenerse en un
mundo altamente competitivo, en el que el éxito depende de una elevada
productividad y eficiencia, que solo es posible a partir de cuantiosas
inversiones en equipamiento, tecnología y marketing.
En la actualidad el objetivo de buscar la expansión internacional es
lograr el armado de la cadena de valor más competitivas. En el pasado
las corporaciones actuaban en múltiples mercados nacionales, desde un
centro operativo establecían estrategias para cada país, aunque
maximizando el interés de la matriz.
Ahora, la moderna corporación concibe sus actividades mundialmente,
adaptándose para funcionar en un mercado globalizado con una estrategia
única.
La competencia moderna, se basa en la lucha que se define a través de
disminuir los costos (liderazgo en costos) o por la diferenciación de
productos (liderazgo en diferencia), pero no siguiendo las dos a la vez
Esto ha generado una nueva y original división del trabajo, donde los
países no se especializan en productos o sectores, sino en partes de la
composición de una mercancía, en valores agregados que, junto con la
renta aceptada por el mercado, componen el precio final de venta. Es el
momento de los productos mundiales, que deben ser flexibles a los
requerimientos específicos de los consumidores locales y de canales de
comercialización en cada territorio.
Ohmae, distingue tres etapas en el proceso de internacionalización de
las empresas. La primera es la de exportación con utilización de canales
de distribución local; la segunda es la del armado de productos
comerciales propios en el país destino (en ese momento se produce un
primario asentamiento directo de la empresa en lugares cercanos a la
demanda); y la tercera es la de la transferencia hacia ese lugar,
después de desembarcar y conocer el terreno de algunas tareas
productivas, hasta llegar a la inmigración plena, que culmina con el
proceso de desnacionalización de las operaciones. , ,
Las empresas internacionalizadas atacan mercados nacionales mientras
despliegan a escala mundial los recursos humanos, financieros y
tecnológicos. Ellas reciben el mismo tratamiento que las locales, pero
gozan del privilegio de poseer una visión global y una conjunción de
capacidades provenientes de distintos países, lo que les facilita
disfrutar de una escala más amplia con la cual amortizar tecnologías,
gastos de aprendizaje, diseño, posicionamiento de marcas y otros costos
fijos.
Ante esta situación, quienes se mantienen dentro de sus estrechos
ámbitos nacionales, basándose en las cualidades relativas y limitadas de
esa única localización, no son idóneos para integrar el nuevo esquema de
competencia y están destinados a desaparecer.
Operar a nivel mundial obliga a pensar y actuar a nivel mundial. Es por
eso que, si bien las empresas no se radican en todos los países, ligan
sus estructuras a aquellos lugares o a aquellas compañías de las que
pueden capturar valor.
Las Pymes en el nuevo escenario
Como ya mencionamos, la liberalización comercial, la desregulación de la
actividad económica, la privatización de activos productivos del sector
público, así como también un manejo mucho más cuidadoso de los grandes
agregados macroeconómicos, están induciendo profundos cambios en el
comportamiento de las economías de América Latina. En ellas se está
difundiendo gradualmente un "clima" competitivo más intenso a medida que
las empresas, los mercados y las instituciones se van adaptando a un
nuevo escenario micro y macroeconómico.
Las firmas industriales han comenzado a reaccionar en forma progresiva
ante estos cambios en su escenario operacional. Los empresarios empiezan
a dejar de lado "viejas" formas de organización de la producción -que
involucraban, por ejemplo, extensos inventarios de partes y piezas o un
alto grado de integración vertical- a medida que aprenden a utilizar y
adaptan a sus propias necesidades y circunstancias los principios
organizacionales de la fabricación flexible (flexible manufacturing
system), los métodos de producción y demanda sincronizadas
(just-in-time) y control total de calidad (zero- defect manufacturing).
Una mayor subcontratación de insumos intermedios y servicios de apoyo a
la producción, así como también un más alto contenido unitario de
importaciones en sus respectivos productos, aparecen hoy como
estrategias corrientes en el marco de la vida empresarial.
El vasto universo de las pequeñas y medianas empresas (PYME), posee en
su gran mayoría una estructura y propiedad aún familiar y están
fuertemente representadas en la producción de bienes como calzado,
maquinas herramienta, muebles y vestuario. En todos estos subsectores se
registró una elevada tasa de desaparición de empresas en el curso de la
década de 1980, hecho imputable, en primer lugar, al severo repliegue de
la demanda interna que siguió a los programas de estabilización
macroeconómica y, posteriormente, a las dificultades que las empresas de
esta categoría han enfrentado para adaptarse a la apertura de la
economía y a un régimen competitivo más riguroso, disciplinado por la
competencia externa. Estas firmas han visto obstaculizado su acceso
tanto a los mercados de capital, por carecer de garantías bancarias
aceptables, como a los mercados de tecnología, debido a su proverbial
falta de información. Tienen una muy insuficiente percepción de la
naturaleza de los cambios del régimen global de políticas públicas y sus
esfuerzos por adaptarse al nuevo modelo de organización industrial han
sido imperfectos 11,12. Empleando procesos productivos y diseños de
productos anticuados, con plantas fabriles cuya organización del trabajo
es aún muy similar a la que predominaba antes de la reciente revolución
acarreada por los sistemas de fabricación flexible, y una estructura
gerencial y empresarial de corte familiar que ha tenido dificultades
para asimilar las complejidades de principios organizativos como
producción y demanda sincronizadas (just-in time) y de control total de
calidad.
Por todo esto, a muchas empresas Pymes les ha sido imposible sobrevivir
en esta atmósfera mucho más competitiva de los años noventa y como
resultado de compras y absorciones no amistosas (take-over) de empresas,
así como de una elevada tasa de quiebras, muchas veces hasta la mitad de
las PYME se vio forzada a abandonar el mercado.
Muchas de las que sobrevivieron lo lograron mediante una significativa
modificación de la naturaleza de sus prácticas, que implicó dar
preeminencia a las actividades financieras y especulativas y abandonar
relativamente sus esfuerzos en materia de ingeniería y producción 11.
Otras subsistieron porque se transformaron en subcontratistas de grandes
firmas transnacionales o se mantuvieron aisladas en pequeños nichos de
mercado. Sólo unas pocas tuvieron éxito gracias a que optaron por
invertir, mejorar considerablemente sus plantas fabriles y sus
capacidades tecnológicas, re - entrenar a su personal y transformar en
profundidad sus principios de gestión y administración empresarial.13
En años recientes se observa que en este último grupo han aumentado las
compras de equipos extranjeros y la adquisición de licencias
internacionales de nuevos producto y procesos productivos. Las
modalidades de arrendamiento con compromiso de compra (leasing) y
concesiones exclusivas (franchizing) de grandes cadenas transnacionales
han comenzado a entrar en las empresas de esta categoría, si bien de
manera aún incipiente.
Pertenecen al segundo colectivo los grandes conglomerados con capital
nacional, insertos principalmente en las ramas de la industria
procesadora de recursos naturales que producen celulosa y papel, aceites
vegetales, hierro y acero, productos petroquímicos y otros.
Las Pymes en la República Argentina
En nuestro país, el nuevo escenario económico e industrial se fue
perfilando de forma nítida después de la puesta en marcha del plan de
convertibilidad a principios de los años 9014, cuyos parámetros de
funcionamiento para las Pymes podemos resumir en:
· Modificaciones significativas en los precios relativos básicos
vinculados con la actividad industrial, tanto en el mercado de los
factores como en la relación de precios entre bienes nacionales e
importados.
· Rápida y fuerte presión competitiva como consecuencia dela apertura
externa, que introduce nuevas tecnologías y productos y que es
acompañada de algunos cambios en el perfil de la demanda de los
consumidores y en la organización y política de proveedores de empresas
grandes y terminales, en el caso de bienes intermedios, partes y piezas.
· Redimensionamiento cualitativo y cuantitativo del tamaño del mercado
domestico interno a partir del proceso de integración MERCOSUR junto con
la introducción de nuevas modalidades de comercialización y
distribución. Estas últimas se manifiestan en fuertes inversiones en
infraestructura comercial, en el desarrollo de nuevas cadenas de
distribución, en la introducción de nuevos esquemas logísticos de
aprovisionamiento y en una importante radicación de empresas
extranjeras, que ampliaron la difusión de sistemas y prácticas
organizativas industriales y comerciales relativamente nuevas en el
contexto argentino.
· Incremento de la inversión externa e incremento del peso de las
compañías manufacturas extranjeras radicadas en Argentina con el
objetivo de posicionarse productivamente en algunos rubros industriales
que emergen como nuevas oportunidades productivas y comerciales.
Las empresas Pymes argentinas son pequeñas respecto a sus semejantes
europeas, japoneses y estadounidenses en la producción anual por ocupado
y por establecimiento. (unidad productiva o establecimiento industrial),
según podemos observar en el siguiente cuadro:
Región o país
Monto por ocupado
Monto por establecimiento
Argentina
71.500
2.100.000
Europa
120.000
3.500.000
Japón
150.000
4.000.000
Respecto a la distribución geográfica, la actividad industrial argentina
se ha caracterizado históricamente por un alto grado de concentración
territorial, tendencia que pese a los esfuerzos de descentralización a
través de estímulos fiscales o subsidios de promoción industrial, esta
se ha mantenido.
Según el censo económico de 1994, el aproximadamente el 80% de la
actividad industrial se concentra en cuatro distritos: Provincia de
Buenos Aires, Capital Federal, Santa Fe y Córdoba, siendo decisivo el
aporte generado por el Gran Buenos Aires que concentra aproximadamente
la mitad de la producción nacional.
Las empresas Pymes guardan una alta relación con el perfil territorial
de la industria nacional, aunque algunos rasgos distintivos.
Aproximadamente el 55% de las Pymes está radicado en el Gran Buenos
Aires. Esta área de fuerte presencia de empresas pequeñas y medianas
cuenta con más de 40 Pymes en cada departamento y suma en total
aproximadamente 15000 firmas, ubicadas en una superficie menor al 0.3%
del territorio argentino.
La asociatividad como estrategia competitiva
Entenderemos por asociatividad, a un mecanismo de cooperación entre
empresas pequeñas y medianas, en donde cada empresa participante,
manteniendo su independencia jurídica y autonomía gerencial, decide
voluntariamente participar en un esfuerzo conjunto con los otros
participantes para la búsqueda de un objetivo común. Los objetivos
comunes pueden ser coyunturales, tales como la adquisición de un volumen
de materia prima, o generar una relación más estable en el tiempo como
puede ser la investigación y desarrollo de tecnologías para el beneficio
común o el acceso a un financiamiento que requiere garantías que son
cubiertas proporcionalmente por parte de cada uno de los participantes.
El esfuerzo conjunto de los participantes en la asociatividad puede
materializarse de distintas formas, desde la contratación de un agente
de compras o vendedor pagado conjuntamente, hasta la formación de una
empresa con personalidad jurídica y patrimonio propio que permita
acceder a financiamiento con requisitos de garantías, o para la
comercialización de productos.
El término asociatividad surge como uno de los mecanismos de cooperación
entre las empresas pequeñas y medianas que están enfrentando un proceso
de globalización de las economías nacionales. La globalización económica
está redefiniendo los procesos de manufactura al localizar las fábricas
en diferentes partes del mundo, abriendo oportunidades pero también
significando amenazas para las PyME, las cuales además de verse
presionadas a cambiar sus paradigmas gerenciales (Rosales, 1996a)
requieren diseñar nuevos mecanismos de interrelación con el entorno.
En la búsqueda de las estrategias más viables para enfrentar la
competencia derivada de las aperturas, directivos de las empresas,
independientemente del tamaño de éstas, pueden apelar a un conjunto de
opciones las cuales se clasifican en dos grandes categorías, no
excluyentes: las individuales y las colectivas. Las estrategias
individuales son de la absoluta discrecionalidad de la gerencia,
mientras que las colectivas requieren el concurso de numerosos
participantes al menos más de dos.
Entre las estrategias individuales que pueden emplear las empresas,
además de las conocidas como de mejoramiento continuo y reingeniería, se
encuentran otras menos divulgadas y analizadas como la de ingeniería de
reversa o inversa.
Las estrategias individuales no son necesariamente excluyentes de las
estrategias colectivas. Estas, como su nombre lo indica, involucran a
todos los participantes y la acción de una repercute sobre otras en
diferentes grados, dependiendo el impacto de la modalidad de estrategia
empleada.
La necesidad de diseñar y adelantar estrategias colectivas pasa a ser no
solamente una posibilidad de desarrollar ventajas competitivas
individuales y conjuntas sino que puede llegar a constituir un requisito
básico de sobrevivencia para las PyME. Incluso alguna de las estrategias
individuales tendrán éxito en la medida que ellas sean complementadas
con estrategias colectivas.
La asociatividad: alianza voluntaria para la competitividad
La introducción efectuada anteriormente, permite ubicar con mayor
precisión lo que debería entenderse por asociatividad, despojando a este
término de falsas expectativas que pudieran conducir en el futuro a una
frustración.
Seis distinciones importantes tiene la asociatividad, a saber:
· Es una estrategia colectiva.
· Tiene carácter voluntario.
· No excluye a ninguna empresa por el tipo de mercado en el cual opera.
· Permite resolver problemas conjuntos manteniendo la autonomía
gerencial de las empresas participantes.
· Puede adoptar diversas modalidades jurídicas y organizacionales.
· Es exclusiva para pequeñas y medianas empresas.
La asociatividad permite el esfuerzo colectivo de varias empresas que se
unen para solventar problemas comunes y se lleva a cabo mediante la
acción voluntaria de los participantes, no siendo forzada la cooperación
por ninguna empresa en particular. La decisión de intentar la
asociatividad puede ser estimulada por instituciones ajenas a las
empresas, como el Estado o los gremios empresariales, pero en definitiva
son las empresas las que deben llevarla a cabo. De acuerdo a esta
característica la asociatividad se asemeja a una red horizontal pero se
diferencia de ésta en que no hay restricciones para la afiliación. En
las redes horizontales la cooperación se busca entre empresas que
atienden al mismo mercado.
Otra distinción importante de la asociatividad es el alto grado de
autonomía gerencial que mantienen los participantes después de adoptar
la decisión. Por ejemplo, la manera de emplear los recursos o beneficios
obtenidos a partir de la asociatividad es de la incumbencia exclusiva de
cada empresa, la cual debe responder ante el resto de participantes por
la cuota parte de los esfuerzos que le corresponde. La autonomía
gerencial es un rasgo también presente en las redes horizontales, pero
en esta la afiliación, como ya se mencionó, está restringida a quienes
comparten el mismo mercado.
La posibilidad de mantener un alto grado de autonomía gerencial puede
constituir uno de los principales estimuladores al desarrollo de la
asociatividad en el futuro. Bajo esta modalidad los directivos de las
empresas no son obligados a compartir información que estimen
confidencial para sus compañías, como en el caso de la cooperación
compulsiva de las redes verticales, o las exigencias de las alianzas
estratégicas.
Una distinción adicional de la asociatividad es el carácter amplio de
actividades de cooperación que puede abarcar. La asociatividad se puede
establecer para múltiples propósitos desde el financiamiento hasta la
investigación conjunta de determinado problema y, al mismo tiempo,
abarcar las diferentes etapas de los procesos básicos de las empresas, a
saber, diseño, manufactura, comercialización, servicio post-venta, entre
otros. En principio, no hay limitación del ámbito de la cooperación en
la asociatividad como sí lo hay tanto en las redes verticales como en
las horizontales. En las redes verticales el ámbito de la cooperación
está determinado, como ya se ha mencionado, por los intereses
específicos de la cadena de producción o incluso por los intereses
estratégicos de las empresas líderes. En las redes horizontales, la
cooperación está restringida a los límites impuestos por los mercados en
los cuales operan las redes. En la asociatividad tampoco hay
restricciones para la participación en cuanto al tipo de actividad que
desempeñe la empresa participante.
La última distinción señalada de la asociatividad es que ella constituye
un mecanismo de agregación de intereses exclusivo para las pequeñas y
medianas empresas. Las grandes empresas apelan a la cooperación a través
de alianzas estratégicas y aun cuando una misma empresa pueda mantener
múltiples alianzas estratégicas siempre cada una de ellas es un acuerdo
específico entre dos partes y no hay, en consecuencia, el carácter
colectivo.
Las características de la asociatividad le otorgan a este mecanismo de
cooperación inter-empresas una alta flexibilidad de afiliación,
operación y ámbito de acción que puede ser empleado tanto por empresas
insertadas en redes verticales u horizontales, o incluso para aquéllas
que no pertenezcan a ninguna red.
Una empresa pequeña en particular puede estar simultáneamente empleando
tanto la estrategia colectiva de la asociatividad como la de la
integración en una red de producción. Las exigencias gerenciales,
tecnológicas y financieras, entre otras, pueden ser, sin embargo,
diferentes.
Dentro de las modalidades de la asociatividad se puede dar el caso de
que las empresas participantes también integren una red horizontal de
producción, donde todas ellas elaboran los mismos productos para un
mismo mercado (cliente). En esta situación prevalece la independencia
jurídica y cada empresa participante es responsable ante sus clientes
por la calidad y condiciones de entrega de sus productos.
Como síntesis podemos decir que para lograr el estado de competitividad
perfecta es necesario operar bajo entradas gratuitas al mercado, lo cual
implica excluir condiciones tales como:
1. Altos costos de entrada para nuevos entrantes,
2. Falta de reconocimiento de marca,
3. Pobres canales de distribución,
4. Recursos escasos (o ya capturados por los líderes).
5. A estas condiciones podemos agregar otras, captadas de múltiples
experiencias en diferentes sectores y regiones, tales como:
6. Bajo conocimiento de las necesidades de los clientes y de nuevas
oportunidades de los mercados internacionales.
7. Altos costos de customizar productos diversos a los clientes.
8. Grandes inventarios para satisfacer la inestabilidad de la demanda y
la desconfianza de los proveedores
9. Largas demoras para la penetración en el mercado.
10. Largas demoras en la entrega de órdenes
11. Largos ciclos de ventas (lenta selección de alternativas, sin
información detallada, ni políticas claras de retornos, etc)
12. Pobres certificados de calidad, de procesos, de servicios, etc. y
costosas capacitaciones de los programas masivos.
Capitulo II. Los distritos industriales
Comúnmente se entiende por complejo productivo o cluster a una
concentración sectorial y/o geográfica de empresas que se desempeñan en
las mismas actividades o en actividades estrechamente relacionadas -
tanto hacia atrás, proveedores de insumos y equipos, como hacia delante
y hacia los lados, industrias procesadoras y usuarias, como a servicios
y actividades estrechamente relacionadas, con importantes y cumulativas
economías externas, de aglomeración y especialización (por la presencia
de productores, proveedores y mano de obra especializada y de servicios
anexos específicos al sector) y con la posibilidad de llevar a cabo una
acción conjunta en búsqueda de eficiencia colectiva.1
La eficiencia del conjunto del complejo es mayor a la de cada empresa
aisladamente, por las externalidades que genera cada empresa para las
demás; es decir, por la acción, cada empresa genera beneficios tanto
para sí como para las demás empresas del complejo.
Otros autores indican que no existe un consenso sobre la definición de
distrito industrial y que además se han utilizado diferentes palabras
para denominarlos tales como Agrupamientos Empresariales, Clusters,
Cooperación Inter - empresarial.
No obstante en todas las definiciones que ensayemos, existen una serie
de elementos que pueden ser utilizados para caracterizar un distrito
industrial.
1. Agrupamiento de empresas, principalmente de pequeña y mediana
dimensión, concentradas espacialmente y especializadas sectorialmente.
2. Un conjunto de vínculos hacia delante y hacia atrás, basados en
relaciones de mercado y extra - mercado, para el intercambio de bienes,
información y recursos humanos.
3. Un entorno cultural y social común que vincula a los agentes
económicos y permite la creación de códigos de comportamiento comunes,
tanto explícito como implícitos.
4. Una red de instituciones públicas y privadas locales de apoyo a los
agentes económicos.
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