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La especie superior y más fuerte devorará a la pequeña e indefensa en
el curso de la evolución.”[1] Y ocurre que la especie más fuerte en el
mercado de hoy, suele ser la que tiene un certificado ISO, pero por
encima de esto, la que produce para llenar las necesidades de los
clientes, teniendo en cuenta todas los requerimientos que estos tengan.
La calidad es cuestión de supervivencia, alcanzarla se convierte en una
estrategia de vitalidad a largo plazo. Se trata de calidad de vida, de
trabajo, de las personas, de la institución, de sus objetivos, de sus
procesos y en general de todos los componentes de la empresa. La calidad
se aprecia desde la atención que los celadores prestan a la entrada del
establecimiento, hasta la efectividad de las señales preventivas. Nada
debe escapar al proceso, con miras al logro de la excelencia. La calidad
es rentabilidad, productividad, participación en el mercado; es una
serie de elementos que se conjugan de manera coordinada y que en
conjunto significan el éxito empresarial.
Alcanzar la calidad total ya no es una meta, es un requerimiento mínimo
de la existencia, una empresa que no encamine sus objetivos a la
búsqueda y consecución de ella, es una empresa que irremediablemente se
rezagará y saldrá del mercado, ya que, actualmente no hay cabida para
los productores “dinosaurios”. Sólo con operaciones eficientes,
conocimiento y posicionamiento de mercados, llegando a la médula de las
necesidades del cliente y con absoluta coordinación, se podrá continuar
coexistiendo en igualdad de oportunidades en el mercado.
Temas como la apertura de mercados, competencia mundial, alta
tecnología, eficiencia en procesos, sólo pueden ser abordados por
organizaciones que tengan sentido de lo que significa la calidad, ya que
las normas de competencia del mercado y las exigencias de los
consumidores, obligan a los productores a que su producto sea de alta
calidad certificada.
La calidad se debe entender como una responsabilidad de todos los que
intervienen en el proceso, pero en especial de la gerencia. La tarea de
esta consiste entonces en liderar el proceso, teniendo en cuenta que la
calidad no es simplemente eliminar los posibles defectos del producto,
es más que eso, es entrar al sistema de la organización, no limitarse al
simple proceso de producción, sino adentrarse a todo el esquema
corporativo de la empresa, teniendo como base que quien mejor conoce las
posibles deficiencias es quien participa directamente en cada proceso, y
detectar si hay cosas que se están haciendo de manera equivocada (si
existe falta de coordinación entre departamentos, si los empleados se
encuentran a gusto desempeñando su labor, si se está llegando al cliente
que conocemos o no, etc.) y no quedarse ahí, en la supervisión, para
luego corregir; sino, emprender acciones que conlleven a la prevención
de este tipo de errores.
Hacia este punto se debe mover la gerencia, hacia el mejoramiento del
sistema en conjunto, no sólo a la optimización de aspectos aislados, que
pueden contribuir en parte a mejoras, pero que no constituyen la
solución adecuada a los problemas generales.
Para alcanzar realmente la calidad, es necesario, sumamente necesario,
escuchar al cliente, tener en cuenta sus quejas, sus reclamos, las
devoluciones, las sugerencias, etc., que tenga en cuanto al producto y
su calidad se refiere, entendida ésta como lo que él buscaba al consumir
y usar el producto, si no se tiene en cuenta este aspecto, no se va para
ningún lado, la frase trillada y repasada por todo el mundo “el cliente
siempre tiene la razón”, cobra más importancia que nunca si se quiere
realmente consolidar la excelencia en la organización.
Por esta razón es que vemos en la actualidad que la mayoría de empresas
cuentan con buzones de sugerencias, con líneas de atención al cliente,
con departamentos exclusivos para atender las quejas y reclamos, así
como las devoluciones. Porqué? porque se dieron cuenta de la importancia
que tiene lo que el cliente piensa del producto, al fin y al cabo se
produce para él, para su satisfacción, y si no se cumple con llenar sus
necesidades, entonces qué es lo que se está haciendo, producir por que
sí, porque mi empresa es la “primera” y el cliente tiene que comprar mis
productos porque YO se los ofrezco, porque YO se lo que ÉL necesita,
porque yo tengo lo que ÉL busca; sin saber a ciencia cierta si en
realidad esto es verdad, sin consultarle nunca si está satisfecho con el
producto, haciendo caso omiso de todo lo que ocurre a mi alrededor,
desconociendo la creciente amenaza de la competencia internacional (que
con la apertura se ha hecho más y más peligrosa para este tipo de
empresas). Esto le ha ocurrido a muchas empresas nacionales que han
corrido con diferente suerte, algunas han sucumbido ante la competencia,
pero otras se dieron cuenta a tiempo (para no zozobrar) de lo
equivocados que estaban al dejar al cliente de lado. Un ejemplo que vale
traer a colación, tocando este tema, es el de las instituciones
financieras; éstas se encontraban en un mercado en el que todas se
“hacían pasito”, todas se movían por inercia con la corriente, sin
preocuparse mayormente del cliente, hasta que llegó la competencia, con
el Banco Bilbao Vizcaya (comprando la mayoría del Banco Ganadero) y con
el Banco Santander (que se hizo a Bancoquia), ambos españoles, y otros
como el City Bank, los cuales entraron irrumpiendo en el mercado con
nuevos servicios, sorteos, rifas, motivando a los clientes, teniéndolos
en cuenta. Esto obligó a las instituciones a moverse rápidamente para
poder seguir el ritmo de estos bancos multinacionales, qué han tenido
que hacer? han tenido que fusionarse, aliarse estratégicamente,
adaptarse y ofrecer similares servicios y beneficios a los de los nuevos
entrantes; si no se hubieran movido de esta manera y se hubieran quedado
sentados en sus laureles confiando en que ellos conocían las necesidades
y expectativas de los ahorradores, ya estarían condenados a desaparecer
o serían apenas un recuerdo. Este ejemplo ilustra un poco lo sucedido a
otras industrias nacionales, aunque por ser este un sector fuerte, no se
presentaron mayores decesos, de haber sido en otro sector más débil, las
pérdidas habrían sido muchas.
El problema de la calidad no es de corto plazo ni de soluciones
inmediatas, es decir, no podemos decir que obteniendo un sello de
calidad o una certificación ISO ya se está exento del problema. Alcanzar
el éxito en cuanto a la calidad se refiere, es un compromiso que se
desarrolla todos los días, la excelencia sólo se logra mediante el
compromiso, valga la redundancia, que implica darle cada vez más de lo
mejor al cliente.
La calidad es más que certificados y cumplimiento de requisitos, es una
filosofía que se vive día a día y que envuelve a todos los elementos de
la organización, enrutándolos a la consecución de un mismo objetivo o
ideal que no es más que la satisfacción plena del cliente con el
producto. Cuando esto sucede y lo podemos identificar plenamente podemos
decir que la reconoceremos cuando ellos (los clientes) la vean.
[1] Charles Darwin, en su “EVOLUCIÓN DE LAS ESPECIES”.
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