En la actualidad, se advierte un notable cambio en lo relativo a los
mecanismos de crédito y de pago utilizados en la actividad mercantil.
Durante la época primitiva cuando el hombre no contaba con un
determinado bien para satisfacer sus necesidades recurría al trueque,
cambio de un valor real por otro de la misma naturaleza. Dicha
transacción se mantiene hasta que se inventó una medida común de valores
(la moneda), que posibilitó el cambio de un valor real por uno
representativo, dando origen de esta suerte a la compraventa.
Fue en una etapa más avanzada del desarrollo de la actividad mercantil
cuando se empezó a emplear documentos representativos de dinero o
títulos cuya prestación esencial consiste en pagar una cantidad de
dinero, permitiéndose así el cambio en sentido estricto de valores
representativos por otros del mismo carácter.
Desde comienzos del siglo XX se generalizó en el mundo occidental el uso
de cheque en lugar del dinero para solucionar obligaciones pecuniarias.
La letra de cambio precede la aparición de los demás títulos de crédito,
al incorporarse en ella una prestación consistente en pagar una suma de
dinero, generalmente, en una época fijada en el documento, facilitando
la concesión del crédito y el descuento que convierte la prestación
futura en presente.
A pesar de que en nuestros días el empleo del cheque, de la letra de
cambio y del pagaré sigue siendo una práctica regular en el comercio
para satisfacer necesidades de pago y de crédito, respectivamente, ha
surgido, desde unas cinco décadas a esta parte, una forma de crédito
diferente: la tarjeta de crédito, cuya utilización resulta cada vez más
masiva, lo que justifica nuestra preocupación por descubrir su
naturaleza jurídica para facilitar el conocimiento de la misma. La
visión y meta de los emisores de tarjetas de crédito en el futuro es
reemplazar los cheques y el efectivo, convirtiéndose así en el principal
sistema de pago global del consumidor. Una de cada tres transacciones
comerciales en el mundo se efectúa mediante una tarjeta de crédito. Sin
embargo, a pesar de su uso generalizado, las tarjetas de pago pertenecen
a una industria relativamente reciente.
La vida jurídica, en su constante evolución, va creando nuevas figuras
contractuales que se adaptan a las nuevas necesidades técnicas y
económicas que cada día surgen.
La presente tesis tiene por objeto un complejo instrumento de pago
nacido de las necesidades de la sociedad de consumo actual, desarrollado
en todas las naciones industrializadas, difundido y utilizado en la
práctica totalidad de países.
Las tarjetas –y en especial las de crédito- se han convertido en un
sistema de pago de casi obligada aceptación en la compra de bienes y
retribución de servicios y, como algunos autores señalan, ha sido el
último paso en la evolución histórica de los medios de pago, entendiendo
esta expresión genéricamente como elemento movilizador de la riqueza.
El Derecho como técnica nacida de la realidad social se enfrenta a ese
desafío. Debe asumir e incorporar las posibilidades de las nuevas
tecnologías que han revolucionado los métodos de operar jurídicos en
algunos aspectos, como es el caso, del documento electrónico y la
transmisión informática de datos a distancia.
La creciente e imparable difusión las ha convertido hoy las tarjetas de
crédito en un instrumento indispensable en la ejecución de todo tipo de
transacciones. Y, por eso mismo, en un importante objeto de estudio.
ORIGEN Y EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA TARJETA DE CRÉDITO
La tarjeta de crédito último eslabón de la cadena que comenzó con el
trueque de metales preciosos, dinero, billetes, cheques, letras,
transferencias, órdenes bancarias, etc., se ha convertido, en los países
desarrollados en los últimos tiempos, en el medio habitual de pago tanto
nacional como a nivel internacional.
Es discutible el origen de la tarjeta de crédito. Hay quienes sostienen
que se remonta a principios del siglo XX y que surgió en Europa
occidental especialmente en Francia, Inglaterra y Alemania, aunque con
una aplicación muy reducida, habiéndose posteriormente extendido y
tomado auge en los Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU). Precisamente
un sector de la doctrina sostiene que fue en éste país donde nació este
instituto y alcanzó su real auge en la década del sesenta.
El surgimiento de la tarjeta de crédito está vinculado al desarrollo de
las actividades mercantiles, al auge de la sociedad de consumo y de la
contratación en masa, asimismo, como medio destinado a evitar la
movilización del dinero en efectivo, y a simplificar las actividades de
los consumidores.
Surge como un instrumento cuya presentación permite aplazar obligaciones
de pago en determinadas transacciones. La exhibición de la tarjeta
acreditará a su titular para disponer de bienes o servicios sin entrega
inmediata de dinero en efectivo. Realiza así, en sentido económico, una
función similar a la que efectuó desde hace siglos la carta orden de
crédito, para la entrega de dinero o de determinados bienes al designado
en la misma.
DRURY & FERRIER citan a dos visionarios de las tarjetas, que surgen como
primeros antecedentes de las mismas a finales del siglo pasado; primero
a Edward Bellamy, americano de Nueva Inglaterra, periodista por
necesidad, pero en realidad abogado, en su Libro Looking Backward,
publicado en 1888, y que fue uno de los tres best sellers de su tiempo,
explica una historia imaginaria de futuro, soñada por uno de los
personaje del libro, Julian West. Éste sueña descubrir en el año 2000
una sociedad en la que el Estado puede proveer a sus ciudadanos de todo
lo que necesitan, una sociedad sin dinero, en que cada comienzo de año
el gobierno entrega a cada uno cuanto necesita y más para todo el año. Y
para obtener aquello de más inmediato consumo, o bienes perecederos, no
distribuibles anualmente en los almacenes, el Gobierno les entrega unas
tarjetas de pago, en cartón, a cambio de unos pocos dólares, con las que
pueden obtener lo que deseen; segundo, a Joshua Kelly Waddilove, inglés
de Bradford, nacido en 1840, un hombre muy preocupado por los problemas
sociales con un genuino horror por los abusos sociales de la época
Victoriana. Cuando tenía 40 años creó una especie de cheques que
entregaba a las madres necesitadas por un coste semanal de pocos
peniques. Esos cheques previamente convenidos con establecimientos
comerciales locales, eran aceptados por éstos. Ese sistema devino
popular y Waddilove abrió su primera oficina en Bradford fundando la
compañía Provident and Clothing Supply Company, que fue pionera en
ofrecer crédito al consumo a través de aquellos documentos o cheques.
Dicen los autores señalados, citando a D.G. Hanson, que Waddilove fue el
pionero de las tarjetas de crédito en dos aspectos: que el pago se
hiciera en un documento distinto al dinero y en que los clientes se
sentían satisfechos del crédito rotativo (revolving credit), es decir
que a medida que iban saldando su deuda con la compañía de Waddilove,
ésta les proveía de nuevos cheques para realizar nuevas compras.
Su nacimiento se produce por motivos o razones de diversa índole y con
un funcionamiento de diferentes matices, respecto de su actual y
mayoritaria estructuración como sistema pago. BELLANGER se pregunta el
por qué de las tarjetas de crédito y especialmente el por qué de su
amplio desarrollo, y señala que la principal razón de la creación de
estos instrumentos en los EEUU fue la estructura específica de las redes
o sistemas bancarios de aquel país.
Los primeros antecedentes de la tarjeta actual se remontan a 1914, en
EEUU, la General Petroleum Corporation of California (que posteriormente
se convirtió en Mobil Oil) emitió una tarjeta de crédito destinada a sus
empleados y para clientes seleccionados. En 1915, la compañía
telegráfica emitió unas tarjetas destinadas a identificar a sus
principales clientes y autentificar sus telegramas
Es empleada primero por varias cadenas de hoteles para identificar a
clientes preferentes en cualquier punto del país; y para pagar sus
cuentas, sin necesidad de hacer efectivo pago alguno, en moneda de curso
legal, sino simplemente conformando las estadías o consumos, que eran
liquidados a posteriori por las oficinas centrales del empresario. Su
utilización en EEUU toma gran auge a mediados de la década de los años
veinte, emitida por algunas compañías petrolíferas (como Texaco y
Standard Oil) y grandes almacenes, que la entregaban a sus mejores
clientes para la adquisición de productos, como medio de pago de sus
compras.
Su empleo desciende durante la crisis de 1929, con la restricción
crediticia y el aumento de la morosidad ocasionados por el desplome de
la Bolsa de Valores en octubre de ese año (Crack del 29). Sin embargo, a
partir de 1932 con la nueva era presidencial marcada por Franklin D.
Roosevelt –en ese año es elegido Presidente de los EEUU, que imprimiría
un nuevo aire de optimismo y prosperidad a la sociedad americana-, se
relanzan las tarjetas como un instrumento de promoción de las ventas
empresariales. Y en 1936 se inicia su extensión a otro tipo de emisores
como las compañías aéreas y las de ferrocarriles.
De nuevo decae su uso, esta vez a causa de la Segunda Guerra Mundial.
Las tarjetas llegan casi a desaparecer debido a la enorme limitación del
acceso al crédito durante la economía de guerra y como consecuencia de
las medidas restrictivas adoptadas por el gobierno de EEUU.
Hasta ese momento, podemos considerar que nos encontramos a decir de
MUGUILLO en el primer peldaño de la etapa evolutiva de la tarjeta de
crédito, donde es utilizada únicamente en el mercado estadounidense y
prácticamente desconocida fuera de los EEUU. Hasta ese momento tenía un
simple carácter bilateral, mediando entre el empresario que vendía
bienes o prestaba servicios, el cual facilitaba también la financiación,
y el cliente consumidor de los mismos. El cliente abonaba mensualmente
el importe de la liquidación o bien satisfacía unas cuotas periódicas
preestablecidas. No se le reabría el crédito hasta que acabara de pagar
lo debido, sin embargo, algunas compañías americanas hicieron entonces
ya, algunos intentos de crédito rotativo (revolving credit), consistente
en abrir un crédito al usuario fijándole un límite proporcional a sus
recursos. El titular de la tarjeta efectúa toda clase de operaciones con
ella y a fin de mes recibe la factura detallada que puede pagar
íntegramente, en cuyo caso sigue disponiendo del crédito inicial, o paga
sólo en parte (generalmente un porcentaje de la deuda), disminuyendo
entonces su crédito para el siguiente período. En la actualidad el
avance de los sistemas electrónicos permiten la rotación prácticamente a
diario.
Acabada la Segunda Guerra Mundial, se relanza la utilización de las
tarjetas y aparece por primera vez su uso con carácter trilateral. El
papel del emisor se disocia del suministrador de bienes y servicios,
distinto del emisor. Este suministrador entrega los bienes o presta los
servicios al titular, cobrando su precio al emisor de la tarjeta. El
emisor se convierte en una compañía especializada en la emisión
administración de tarjeta de una determinada marca, en principio propia.
Entrega al titular la tarjeta abriéndole una cuenta de crédito que salda
mensualmente. Estas tarjetas ya cuentan con las características
esenciales por las que hoy se las reconoce; según MUGUILLO, estamos en
la segunda etapa, la "edad adulta" del sistema
La primera empresa emisora especializada de tarjetas fue Diners Club,
quien se constituye en 1950, la emite recién en 1951. En 1952 había
emitido 20,000 tarjetas y pocos años después, en 1959, había alcanzado
un millón de tarjetas.
Como su nombre indica, servía en sus inicios para pagar en una cadena de
restaurantes. Todo comenzó en 1949 cuando el Sr. Frank McNamara invitó a
varios de sus amigos a un elegante restaurante de Nueva York. Cuando le
presentaron la cuenta, advirtió que no traía consigo dinero, por lo que
tuvo que convenir con el establecimiento una promesa de pago a futuro.
Este incidente llevó a McNamara a pensar en un sistema por el cual una
persona pudiera demostrar su respetabilidad de crédito en cualquier
lugar que visitara. En la misma época, pero en la otra costa americana,
en California, Alfred Bloomingdale (hijo del fundador de unos almacenes
del mismo nombre) tuvo una idea idéntica, lanzando una tarjeta "Dine and
Sign" ("coma y firme"). McNamara y Bloomingdale se encontraron y
decidieron unir sus esfuerzos, dicha fusión nació la tarjeta Diners
Club, que se estableció a nivel nacional en EEUU. Fue la primera tarjeta
acreditativa del mundo, del tipo Travel & Entertainment. En sus
orígenes, los adherentes no facilitaban una verdadera tarjeta. Los
titulares recibían un carné de cartón con talonario, donde figuraban los
establecimientos que daban crédito a los portadores de estos talonarios.
En las cubiertas del talonario había designado el nombre y el número de
identificación del portador, datos que el comerciante recopiaba en el
momento del pago. Al respecto, BULLRICH nos dice que la tarjeta surgió
como un destello de talento de un millonario norteamericano que
accidentalmente se asomó a la angustia que nos acomete cuando en el
momento de pagar algo advertimos que se ha perdido nuestro billetero. La
periodista María SOLANÍ en el artículo Les targetes de crédit, el negoci
del plástic en Diari de Girona del 29 de noviembre de 1992 reproduce el
origen de las tarjetas de crédito. Señala como inventor de las mismas al
también multimillonario Robert Maxwell, con la misma anécdota del
restaurante. Todo parece indicar que la anécdota del restaurante es
verdadera, pues coincide siempre en las fuentes consultadas, pero nos
acometen serias dudas acerca de los nombres de los intervinientes en la
comida de negocios que originó la idea de la creación de las tarjetas.
CHULIÁ cita al "multimillonario Rockefeller" como el que junto a un
grupo de otros hombres de negocios ingeniaron la tarjeta. De todas
formas la mayoría de antecedentes examinados nos llevan a referir dicha
anécdota a Frank McNamara.
Diners Club les pagaba a los comercios por transacciones efectuadas con
la tarjeta, deduciendo un porcentaje pequeño como "descuento" para
compensar el papel desempeñado en la venta por la tarjeta. Se les
cobraba a los usuarios por sus cargos, y se les requería que pagaran el
monto total debido al recibo de la cuenta.
Muy pronto fue extendiéndose a un amplio espectro de compras, cubriendo
rúbricas como diversiones, viajes y turismos; hasta que llegó a
admitirse para pagar todo tipo de bienes y servicios, no sólo en el
ámbito nacional (EEUU) sino también internacional.
Rápidamente le salieron competidores a esta marca, tanto que algunos
emisores bilaterales se apresuraron a firmar convenios de adhesión con
establecimientos suministradores de bienes y servicios. Otras compañías,
originariamente también prestataria de servicios de turismo, se lanzó
asimismo a incorporar el nuevo sistema de operativa con tarjeta.
American Express Company, que hasta entonces se había dedicado
exclusivamente a la actividad de agencia de viajes, y emitía cheques de
viaje para sus clientes, crea en 1958 su propia marca de tarjetas,
dentro de la línea de "Travel and Entertainment". Le sigue Carte Blanche
creada en 1959 por la cadena hotelera Hilton. Destaca, sin embargo, el
extraordinario desarrollo y empuje de American Express. Parecía como si
sus titulares tuvieran una necesidad de alinearse para relanzar
económicamente a los EEUU. viajando al extranjero, especialmente a
Europa, ya fuera de negocios o de vacaciones, con el fin de utilizar su
tarjeta American Express, que en la década de los 80 empezó a desplazar
a Diners Club.
Al final de la década de los años cincuenta se puede observar como en
EEUU. son emisores de tarjetas de crédito las principales cadenas de
almacenes de venta al por menor, la Asociación de Líneas Aéreas y la
A.T.T. (principal compañía de teléfonos). En 1958 se creó la tarjeta
Sears Card, por el grupo Sears Roebuck Co. de EEUU. Se utilizaba en
todos los establecimientos mercantiles del grupo (principalmente de
almacenes, extendidos en muchos países), para realizar compras e incluso
operaciones financieras, en los ECs del grupo. Esta tarjeta es líder
entre las tarjetas de detallistas; en 1992 tuvo un volumen de negocios
de más de 20 billones de dólares. El mayor emisor de tarjetas americano
no tiene la categoría de banco, es Greenwood Trust, propiedad de la
cadena de almacenes Sears Roebuck, que emite la tarjeta Discover. Es en
ese momento cuando comienza la etapa del desarrollo del sistema,
produciéndose su expansión internacional, con la incorporación de los
bancos a la emisión y operativa en general.
El banco se incorpora como administrador de tarjetas y en algunos países
garantiza a sus mejores clientes. Efectivamente, a partir de 1951 los
bancos norteamericanos se abrieron a este mercado. La primera tarjeta
emitida por una institución financiera fue la del Flatbush National Bank
de New York, en 1947 creó la tarjeta Charge-it, con un cargo mensual de
las sumas acumuladas en cuenta, y que estaba reservada a los clientes
del Flatbush, quienes disponían de comercios afiliados al sistema. Pero
dejó de atenderlos pronto, pues en 1951 a otro banco se le ocurrió
emitir tarjetas utilizables por clientes de otras ECs; ese banco fue el
Franklin National Bank.
El primero en emitir una tarjeta utilizable por clientes de otras
instituciones financieras fue el Franklin National Bank of New York,
concretamente en agosto de 1951. En 1957 había 26 bancos que ofrecían su
tarjeta a casi 750,000 titulares, que les era aceptada en más de 11,000
establecimientos comerciales. Las transacciones superaban los 40
millones de dólares.
Para fomentar más esa expansión del sistema de pago, a mediados de los
años sesenta, los bancos norteamericanos utilizaron la técnica de
remitir tarjetas a clientes sin su previa solicitud, de forma que las
autoridades financieras federales tuvieron que intervenir para cortar
esta práctica. Hubo abuso de los bancos y críticas de los clientes, que
incluso se negaron a aceptar los cargos por no haber solicitado la
tarjeta. Y los tribunales federales les dieron la razón, fallando que si
la tarjeta no había sido solicitada por el cliente, no procede el cargo
en cuenta, a pesar de haberse utilizado aquélla. Esta situación ocasionó
problemas y numerosas pérdidas a algunos bancos norteamericanos. Con el
desarrollo del sistema también proliferó el fraude. Todo ello acompañado
de la falta de estudios previos de solvencia en las entregas de las
tarjetas, hizo que éstas atravesaran un bache durante algunos años. Los
bancos dejaron incluso de ofrecer el servicio de tarjetas de pago.
Posteriormente, y de forma paulatina, la banca fue restableciendo el
servicio, obligada en parte por la dinámica del mercado.
A pesar de todo, en EEUU. en el año 1968 circulaban 95 MM de tarjetas de
pago, emitidas por compañías aéreas, bancos, sociedades distribuidoras
de petróleos y otras dedicadas al turismo, hotelería y algunas
especializadas; además de 101 MM de tarjetas emitidas por almacenes de
venta al por menor. En este momento la tarjeta no estaba normalizada,
aunque se iban unificando o aproximando los tamaños y procedimientos de
identificación. Se crea una Comisión en el seno del American National
Standards Institute, para la producción de las normas y especificaciones
de tarjetas de crédito. El año 1968 fue declarado por el Bank of America
de California, como "el año de la tarjeta de crédito".
Precisamente, el Bank of America de California emitía la tarjeta
bancaria de mayor aceptación entonces, la BankAmericard, creada por
dicho banco en 1959. En 1961 había colocado 1 MM de tarjetas, con un
volumen de negocio de 75 MM de dólares, que en 1967 habían pasado a 2,7
MM de tarjetas y 335 MM de dólares de negocio. Esta marca fue cedida, en
1966, a una sociedad especializada, BankAmericard Service Corporation,
creada por el propio Banco. Después denominada National BankAmericard
Incorporated (NBI), con plena independencia de aquel banco inicial y en
la que participarían ya diversos bancos. Esta asociación bancaria (NBI)
intentó sin éxito prohibir a sus miembros, los bancos emisores de la
marca BankAmericard (después Visa), que pudieran adherirse a otros
sistemas de tarjetas. La batalla legal duró seis años, pero finalmente,
en 1976, un Tribunal de Arkansas declaró la práctica de la NBI
discriminatoria y atentatoria contra la libre competencia.
De esta forma se extendió a varios estados norteamericanos dando un
mejor servicio a los titulares cuando viajaban, que podían utilizar la
tarjeta en un ámbito territorial mayor. En 1969 esta compañía tenía
3,000 bancos asociados, y fue la predecesora de la actual Visa. El
desarrollo internacional de la marca tuvo su origen en 1974, creándose
la organización internacional IBANCO, que en 1977 adoptó el nombre de
Visa Internacional. La NBI se convirtió en Visa USA e IBANCO en Visa
Internacional. Se adoptó el nombre de Visa porque era internacionalmente
comprensible y aceptable.
Los principales bancos de California siguieron la misma fórmula. Wells
Fargo Bank, United California Bank, Bank of California y el Crocker
National Bank formaron también una asociación sin ánimo de lucro para
emitir una marca de tarjeta en común, la llamaron California Bank Card
Association, adquirieron al First National Bank de Louisville (Kentucky)
el nombre y diseño de la tarjeta MasterCharge y la pusieron en marcha.
En 1966, 17 bancos que tenían sus propios sistemas de tarjetas se
reunieron en Búfalo (Nueva York) para formar también una federación con
el fin de aceptar recíprocamente sus respectivas tarjetas de pago en las
distintas oficinas y representaciones. Así podían ofrecer a sus clientes
un servicio de intercambio monetario válido entre los diferentes
estados. Crearon la Interbank Card Association. Quisieron sin embargo
mantener cada uno su propia identidad y sólo anunciaban la federación
mediante una "i" blanca y pequeña en un círculo negro que aparecía en
las tarjetas, en la parte baja de la esquina derecha de las mismas. El
diseño resultó poco familiar y tuvieron dificultades con los
establecimientos comerciales para su aceptación. En 1969 adquirieron
todos los derechos de marca y logotipo de MasterCharge a la California
Bank Card Association. Dieron un giro rápido a los acontecimientos
recuperando los establecimientos que habían dejado de aceptar su antigua
tarjeta con la "i", e incluso se alinearon con esa federación nuevas
asociaciones bancarias emisoras de tarjetas, como la South East Bankers
Association de Atlanta y la Mountain States Bankcard Association de
Denver.
En 1970, casi todos los estados de Norteamérica tenían representación de
las tarjetas BankAmericard o MasterCharge, mediante bancos que las
promocionaban. La MasterCharge, a partir de 1979, pasó a denominarse
MasterCard y desapareció de las tarjetas la "i" que simbolizaba la
federación Interbank. En 1981 MasterCard presenta el primer programa de
tarjeta dorada en el sector pagos y en 1983 es la primera en usar el
holograma de láser como dispositivo antifraude. En 1989 presenta la
primera tarjeta bancaria con un panel de firma a prueba de alteraciones.
La BankAmericard y la MasterCard, así como otras tarjetas de ámbito más
reducido, introducen el sistema de adhesión de emisores a una marca, con
el compromiso de admisión de las tarjetas de esa marca en cualquiera de
los bancos que disfrutan de la licencia, sistema que se generalizará
finalmente como medio de expansión mundial de las grandes marcas de
tarjetas.
Una de cada tres transacciones comerciales en el mundo se efectúa
mediante una tarjeta de crédito. Sin embargo, a pesar de su uso
generalizado, las tarjetas de pago pertenecen a una industria
relativamente reciente.
Gracias al desarrollo tecnológico constante en el campo de la
cibernética se ha logrado que el legendario plástico de identificación
de "buen cliente" haya incorporado una banda magnética que permite
acceso a los cajeros automáticos a mas de mil doscientos millones de
tarjetas que circulan en todo el mundo. Proceso que se inicio en EEUU
primero, luego en Europa posteriormente en Asia y por fin al resto del
mundo interviniendo en el desarrollo de empresas de muy diversa
envergadura y perspectivas, contribuyendo al desarrollo de la economía
mundial.
Al 31 de diciembre de 2000 en los EEUU. de las tarjetas que circulan, el
72% constituyen tarjetas de crédito y el 28% tarjetas de débito.
Según Visa USA Business Research and Reporting, el mercado de tarjetas
está dividido de la siguiente manera: el 50.5% pertenece a Visa; el 25,8
a Mastercard; American Express posee el 17,1 %; Discover con el 5,6% y
Diners Club con el 1%.
Respecto al mercado de tarjetas Visa al 30 de junio de 2001 existen en
el mundo un billón de tarjetas, las cuales han hecho un volumen total de
ventas de $ 1,9 trillones, existiendo 718, 486 cajeros automáticos visa.
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