El mercado de capitales es una “herramienta” básica para el
desarrollo económico de una sociedad, ya que mediante él, se hace la
transición del ahorro a la inversión. De esta manera se generan una
serie de consecuencias que juegan un papel muy importante en el
desarrollo de la economía de un país y por tanto en el desarrollo total
del mismo; ya que, como es sabido, por medio de una mayor propensión al
ahorro, se genera una mayor inversión, debido a que se producen
excedentes de capital para los ahorradores, los cuales buscan
invertirlos y generar mayor riqueza. Esta inversión da origen, por su
parte, a nuevas industrias generadoras de ingresos, las cuales sirven
como cimientos sólidos para buscar una mayor expansión económica y de
esta manera aumentar el ingreso neto, así mismo el producto nacional
neto y el producto interno bruto; al ascender estos índices, se presenta
crecimiento de la economía y se reducen otros indicadores
macroeconómicos como la tasa de desempleo, la inflación. De igual manera
una creciente inversión, ya sea privada o del estado, hace posible la
creación de mayor infraestructura, mejorando las condiciones sociales,
en aspectos tan vitales como centros educativos, vías de comunicación,
telecomunicaciones, servicios públicos, etc.
Es así, como podemos apreciar que los países con mercados financieros
más desarrollados, como las grandes potencias occidentales, han tenido
un crecimiento altamente ligado al desarrollo de estos mercados. Sin ir
más lejos, el crecimiento del mercado de capitales en un país vecino
como lo es Chile, ha influenciado violentamente su desarrollo a partir
de 1979-1981 con la reforma al sistema de seguridad social, convirtiendo
el antiguo sistema estatal - proteccionista en un sistema con fondos
privados. Ese impacto se debe a dos puntos concretos, que son la
libertad otorgada a los fondos para no adquirir títulos estatales de
deuda, y a que la mayor parte de los fondos acumulados constituyen
genuino ahorro nuevo. Esto último solo fue posible gracias a la
decisión de financiar la transición con el esfuerzo de los
contribuyentes, en vez de hacerlo emitiendo deuda pública, lo que
hubiera dejado el problema a la generaciones futuras. En Colombia, se
trató de imitar completamente el sistema chileno en el gobierno Gaviria
(1992), pero el Congreso de la República con sus fuertes críticas y por
su manera tradicional de hacer política, le obligó a retirar el proyecto
de ley, el cual fue modificado a gusto de los congresistas y aprobado
posteriormente a mediados de 1993. Si se hubiese dejado el proyecto
original, indudablemente el mercado de capitales colombiano se hubiese
desarrollado de mejor manera en la presente década, ya que aunque estos
fondos privados representan una gran posibilidad para la demanda de
papeles, con lo cual se dinamiza el mercado accionario; se dejaron una
serie de obstáculos que restringen la operación de estos elementos;
observándose una incidencia apenas secundaria.
Apreciando lo ya expuesto, podemos decir que a nuestro país le hace
falta crecer mucho en su mercado de capitales, ya que, aunque hemos
seguido unas tendencias internacionales que han tenido un gran éxito en
esos países, no tenemos aún la fuerza que se podría esperar de un
mercado de capitales jalonador de la economía. Lo que a mi modo de
entender se ha venido presentando con las reformas es una concentración
de los ingresos, que no ha desembocado en soluciones de inversión que
conlleven al crecimiento de la economía nacional. Es cierto sí, que se
ha tenido un crecimiento estable y un poco mayor al presentado por otros
países latinoamericanos, pero también es cierto que ha sido debido en
gran parte a las políticas macroeconómicas ortodoxas de los gobiernos.
Se puede apreciar que después de la apertura (liberalización de la
inversión), no se ha podido aprovechar esta coyuntura económica, para
dinamizar suficientemente el mercado, es decir, evidentemente se ha
movido, pero no de una gran manera. El mercado colombiano es todavía muy
pequeño, muy limitado, ni comparable al chileno, al argentino o al
brasileño. Creo que se podrían variar los topes a la inversión, ya que
teniendo una economía “estable” en términos generales, el atractivo para
la inversión extranjera sería mayor, además se desconcentraría el
mercado haciendo que crezca, que se aumenten las transacciones y que se
valore mejor el riesgo.
En mi concepto la conclusión más acertada es la que se enuncia en las
lecturas: “Este es un ejemplo más de cómo las decisiones pasadas tienen
fuerte incidencia sobre el futuro en la medida en que se generan
dinámicas que es demasiado costoso reversar”. Para la muestra está el
ejemplo anteriormente citado de los fondos de pensiones privados, que
podrían haber sido una alternativa fuerte para el desarrollo del mercado
de capitales.
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