Es un error pedir a la ciencia la prueba de la objetividad de lo
real,
porque esta objetividad es una concepción del mundo,
una filosofía y no puede ser un dato científico
Antonio Gramsci
(Introducción a la filosofía de la praxis)
Resumen
El trabajo intenta de manera tangencial, pero no por ello reflexiva,
colocar en controversia ciertas reflexiones sobre el estatus de
cientificidad de la disciplina contable. Con ocasión de las diferentes
distancias conceptuales sobre el tema, se tocan puntos sensibles al
debate académico, en donde se interrogan problemáticas como la
construcción del objeto de investigación de la contabilidad, las
variables metodológicas, las posturas epistemológicas y la crítica a
algunos acercamientos contables, que desde lo epistémico pretenden
hallar cierto rigor conceptual para interpretar lo normativo contable,
sin develar que la estandarización, es en últimas un proceso de
racionalización del capital, que evidencia un trabajo destinado a
elucidar los mecanismos que garantizan y legitiman el poder de las
grandes corporaciones transnacionales.
Palabras claves: Estatuto de cientificidad, epistemología, objeto,
método, contabilidad, disciplinario.
1. Presentación
Es necesario reconocer que toda reflexión sobre lo disciplinar contable,
emerge y está determinada por el conjunto de factores económico-sociales
que la condicionan. De esta forma el surgimiento del núcleo problemático
de esta disciplina, responde al conjunto de intereses que subyacen de la
evolución del capitalismo como sistema planetario.
La historia de la contabilidad, por tanto, como campo de conocimiento,
está imbricada en la historia del capitalismo, en tanto, ésta sirve como
sustrato que provee al capital, de cierta "racionalidad científica" para
dar solución a las nuevas demandas surgidas del mundo de la modernidad,
expresadas entre otros, por la conformación de "un mercado mundial
siempre en expansión que lo abarca todo, capaz del crecimiento más
espectacular, capaz de un despilfarro y una devastación espantosos,
capaz de todo salvo de ofrecer solidez y estabilidad" (Berman,1991: 5)
Es en la fracturación o ruptura del orden feudal, donde se crean nuevas
necesidades económicas y sociales de información que reclaman
coetáneamente la emergencia de innovadoras formas de conocer, al igual
que herramientas técnicas para la manipulación de los escenarios
transacionales del nuevo mapa económico y empresarial. Por otra parte,
es necesario recabar cómo el conocimiento contable desde su período de
gestación se comprometió menestralmente con un pensamiento netamente
utilitarista y pragmático, donde la perspectiva asumida quedó
circunscrita a la dimensión técnico-instrumental de los haceres, donde
se fue instalando una forma unidimensional de juzgar y evaluar los
resultados de un conocimiento cuyos vectores tenían que ver con la
acción de un mundo eficiente y práctico, sin tomar en consideración el
valor fundamental del conocimiento de, crear a la usanza Kantiana un
"mundo para sí", en donde, a la par que se transforme el mundo material,
se transforme también el mundo subjetivo y autónomo del conocer.
La contabilidad desde su proceso de gestación como disciplina, escamoteó
y desarrolló posteriormente su práctica a través de la experiencia. Por
ello, la reflexión contable situó su preocupación sobre la construcción
de las aplicaciones contables, antes que en la centralidad de la
reflexión epistemológica, para desde la construcción teórica rigurosa
problematizar el campo de su actuación. Considera, entonces, su quehacer
como el paso de los "hechos" de la realidad a los conocimientos y bien
es conocido que el empiroinductivismo, no reconoce un hecho en la
ciencia como dependiente de las teorías y de los sistemas de reglas
metateóricas.
2. El Objeto y Método del Conocimiento: Dos Constructos Problemáticos
2.1. El Objeto y sus Antinomias
Una ciencia es en esencia un objeto de conocimiento y un método para su
aprehensión, aproximación, interpretación y análisis; método que será
definido por la naturaleza misma del objeto de investigación. Esto es,
todo método depende del objeto de investigación el cual está mediado por
procesos de significación, intencionalidades, simbolizaciones e
intereses de los sujetos epistémicos que los construyen. El método, se
traduce, entonces, en un conjunto de postulados, reglas, normas,
institucionalizadas - por lo que Thomas Khun a dado en denominar -
comunidad científica socialmente reconocida.
Ahora bien, la actividad cognoscitiva no está controlada por lo
aparente, por lo obvio, por lo visible e inmediato, ni por la
observación individual directa. El hombre, en su afán cognoscitivo tiene
la capacidad de simbolizar y construir universos de representación y
formas de representar, abstrayéndose de la impresión directa y, cuando
realiza este ejercicio crítico moldea y organiza tanto la realidad
extrasubjetiva como su propia subjetividad. Solo en este estadio, se
puede decir, que se ha asumido el reto de la problematizar la realidad,
que no es otra cosa que, construir objetos del conocimiento.
La investigación científica, se organiza entonces, en torno a objetos
construidos que no tienen nada en común con aquellos fenómenos
aparentes, delimitados por la percepción ingenua y espontánea; por lo
cual se puede inferir que, la ciencia tiene una logicidad dialéctica,
cuando construye su objeto en contra del sentido común; esta premisa
implica correlativamente superar las nociones comunes, esto es por
ejemplo, el conocimiento incipiente o rudimentario de objetivaciones
lingüísticas; para determinar de manera contundente que un objeto de
investigación, por parcial o parcelario que parezca, no podrá ser
definido, delimitado y construido, sino, a la luz y en función de una
problemática teórica, que permita someter de manera rigurosa a un
sistemático examen todos los aspectos de la realidad puestos en escena
para su aouscultamiento. Solo una visión mutilada y bisoña de la
construcción científica, puede hacer de la subordinación a los hechos el
imperativo por excelencia para la definición del estatuto de
cientificidad.
Cualquiera sea el estatus que se le asigne al mundo de la realidad
fáctica, en los planos culturales, sociales, materiales o temporales, la
construcción de los objetos como abstracciones, no procede de una
amalgama y colección de hechos autoevidentes que poseen universalidad
per-se para todos los observadores. Por tanto, como lo argumenta el
profesor Gallego Badillo, "un objeto de conocimiento es un ámbito
construido y delimitado por la mente del sujeto cognoscente, en plan de
hacer un mundo para sí, por lo que existen dichos objetos en la medida
en que se posea una ambición y un interés intelectual (contrastar las
hipótesis o predicciones que se hacen desde el saber que se sabe) que
pretenden elaborar un espacio para la intervención, el control, la
transformación, y el dominio, como garantía sin la cual ese hacer un
mundo para sí no es más que una retórica. De esta manera, palabras más
palabras menos, el conocimiento como una actividad humana es
eminentemente intencional, lo cual supera la vieja concepción
aristotélica de un conocer que obedece a la mera curiosidad", (Gallego,
1996:301); esto es, serán dables tantos objetos de conocimiento cuantas
intencionalidades cognoscitivas posea el investigador o el colectivo
epistémico.
La ciencia, por tanto, no comienza con el hecho, sino con los problemas
y con el esfuerzo por resolverlos desde el plano de las abstracciones
que constituyen pisos autorreferidos para sus confirmaciones o nuevas
distinciones, es decir que la realidad científica, es una construcción
ininterrumpida, en donde lo real nunca tiene la iniciativa, en tanto,
solo puede dar respuestas en la medida en que proceda a interrogársele.
Dicho en palabras Bachelardianas, el vector epistemológico va de lo
racional a lo general y no a la inversa.
En conclusión, los hechos no hacen diferenciables los conceptos, aún
cuando, siempre es necesario, como elemento subsidiario, un referente
empírico. Los conceptos se diferencian y caracterizan en virtud de las
relaciones mutuas que establecen entre las diversas abstracciones
pertenecientes a una red conceptual; luego entonces, los conceptos son
en cierto sentido "objetivos" y eficaces, no en razón exclusiva de su
caracterización externa, sino gracias a su posición relativa dentro de
un entramado conceptual o sistema teórico.
2.2. El Método: Más allá del Falso Tecnicismo y de la Dicotomía
Epistemológica
Entre los teóricos que abocan el análisis de la problemática relación
entre ciencia y método, existen dos tendencias marcadas: en primer
lugar, los que desde una postura excluyente descalifican la discusión
sobre un cierto pluralismo metodológico y, defienden la existencia de un
método único (el método científico) , que se aferra a la concepción de
la unidad de la ciencia soportada en el criterio del monismo
metodológico y la unidad doctrinal, que posibilita la validación de una
sola forma de hacer ciencia y; en segundo lugar, aquellos que aceptan la
existencia de dos métodos científicos, uno encargado de operacionalizar
el funcionamiento de las ciencias naturales y exactas y otro que reclama
la autonomía de las ciencias sociales, humanas o del espíritu.
Los primeros, exigen que los métodos sean rigurosos y, esta rigurosidad
deviene de la permanente experimentación y matematización de la
realidad, que es lo que en últimas entrega el estatus de ¨objetividad¨
científica tanto a las ciencias naturales como a las sociales. Quienes
adhieren a estos postulados no aceptan otras variables de construcción
científica, en tanto éstas comprometen el rigor científico y una
supuesta neutralidad axiológica o valorativa.
Silvio Sanchez Gamboa, al referirse a este tema controversial, plantea:
"El método, considerado como único criterio de objetividad, transforma
el objeto a sus códigos, lo reduce, lo diseca, lo divide en sectores, lo
suma, lo interrelaciona y lo sacrifica al rigor lógico. La primacía del
método, sea como lógica de la razón, método de la experiencia, o método
lógico matemático, es cuestionada hoy en día, ante la desvirtualización
del objeto, cuando se piensa que éste debería tener la primacía frente
al método y la objetividad debería centrarse en el objeto y no, como lo
constatado en nuestro estudio, el la validez de los instrumentos, en la
exactitud de la definición operacional de los términos o en la rigidez
del proceso lógico racional" . (Gamboa, 1998:37).
Los segundos, se apartan de ese trasteo mecánico, lineal y automático,
que desde las ciencias naturales se pretende extrapolar
metodológicamente hacia las ciencias sociales y, defienden la autonomía
de estas últimas, buscando una orientación metodológica desde núcleos de
comprehensión y de interaccionismo simbólico, en otras palabras, la
estructuración de un método diferente que permita dar tratamiento
específico a la subjetividad.
Este dualismo metodológico, se expresa en la polaridad que emerge de la
dicotomía: objetividad-subjetividad y explicación-comprensión. Las
primeras están enraizadas en las posturas que devienen de los enfoques
positivistas y las segundas que tienen como matriz analítica la
fenomenología y la hermenéutica. La diferencia entre una u otra postura
se encuentra instalada en los presupuestos gnoseológicos y
epistemológicos, que cada cual maneja con referencia a la relación
dialéctica sujeto-objeto. Jerarquizar una de ellas, determina serias
implicaciones para todo proceso de investigación: Si el proceso del
conocer se centraliza en el objeto, se estaría hablando de una
observación controlada, cuantitativa y unívoca; si por el contrario, la
jerarquización se traslada al sujeto, el proceso cognoscitivo estaría
mediado por la comprehensión sensorial, el análisis cualitativo, en
desmedro de la observación controlada. Visto lo anterior, puede decirse
que,
"el método amenaza con fetichizarse y fetichizar también su objeto, por
tal motivo se torna necesario reflexionar sobre el mismo, cuestionando
sus propios fundamentos. Interrogar los métodos utilizados en la
investigación científica, es una tarea histórica de la filosofía que nos
ayuda a tomar consciencia de su importancia, sus limitaciones, sus
implicaciones y contradicciones". (Gamboa, 1997:27).
3.- Breves Consideraciones sobre el Objeto y Método en Contabilidad
3.1. El Objeto de Conocimiento Contable: Un Concepto Inacabado
Inevitablemente, la Contabilidad - como cualquier otro campo
disciplinar- al enfocar la realidad, la delimita y la moldea para
constituir su objeto de conocimiento, con lo cual se obtiene una imagen,
una forma de representación y, porqué no, una forma específica de
concepción del mundo. En esta trama interpretativa y en esta adhesión a
un cuerpo teórico, se establece una actitud, que sirve a los contables
para desarrollar su práctica o aproximación científica, desde los
trampolines y criterios que han surtido y alimentado una tradición, que
obviamente ha tenido que traspasar varios mojones y obstáculos para su
paulatina perfectibilidad.
Fortunosamente, en este proceso lento pero creciente, no ha existido
uniformidad y homogeneidad y, por el contrario, coexisten dispersamente
teóricos con muy diversos intereses, inclinaciones e incluso posturas
ideológicas. Aún cuando, es dispendiosa la revisión de estas múltiples
concepciones sobre lo contable, lo cierto es que, la reconstrucción de
la historia de la contabilidad como disciplina, permite y permitirá
deshilar un apretado tejido de confusiones e incertidumbres para,
finalmente, fundamentar sobre esas consideraciones una reflexión que
posibilite trazar una línea específica de trabajo, que implique unos
desarrollos menos instrumentales y más desde la reflexión de lo
epistemológico.
El origen primigenio de la problematización contable, estuvo
congénitamente vinculada a estructuras propias del conocimiento lógico
-matemático, refiriéndose a este carácter de la contabilidad - Tua
argumenta - cómo éstos nexos emergen de la substantivación del mundo de
los negocios con la necesidad de encontrar simbologías de
representación, que dieran cuenta de las necesidades de información
propias de ese estado societal de intercambios limitados.
"las primeras manifestaciones de nuestra disciplina se adscribieron a
ámbitos próximos a las matemáticas y, en especial, a la aritmética
comercial. No podría ser de otro modo, si tenemos en cuenta la utilidad
de ambas disciplinas en el campo de los negocios; las dos servían al
comerciante que, en su actividad todavía primitiva, estaba obligado a
hacer numerosos, complejos y frecuentes cálculos, con utilización
abundante de las cuatro reglas, procediendo, lógicamente, al registro
ordenado y adecuado del resultado de tales operaciones". (Tua,
1995:124).
Por la fuente de nacimiento y por su inherente estructura interna, se
puede afirmar que el conocimiento contable se vale de herramientas
simbológicas, propias del conocimiento lógico-matemático, para construir
significados y formas de significar la realidad que está abocada a
interpretar. Esto no implica reconocer que la contabilidad sea un saber
puramente lógico-matemático, al contrario la fuente interpretativa se
halla en la realidad social o mundo extrasubjetivo. Si se reconoce que
esa realidad social es un todo integrado, que comporta un carácter dual,
en términos de facticidad objetiva y significado subjetivo, que la hace
"sui generis"; mal podría abocarse la construcción de la problemática de
la contabilidad (objeto de investigación), desde el espacio reducido de
la matematización de la facticidad objetiva, dejando de lado las
abstracciones cualitativas de la dimensión subjetiva de la realidad
social.
De esta reflexión se desprende la consideración de que la contabilidad,
como conocimiento social, debe construir sus objetos reconociendo ese
carácter dual de lo social, en tanto, la realidad fáctica, con cierta
pertinencia puede ser abocada con métodos similares a las ciencias
naturales, en tanto esto no es fácilmente reconocible y validable para
los significados subjetivos. En esta dirección el profesor Rafael Franco
Ruiz, deja ver su impresión, diciendo:
"La aprehensión de objetos materiales como objetos de conocimiento han
mantenido a la contabilidad en estado de empirismo y pragmatismo, causa
esencial de su subdesarrollo científico, determinando una conjunción con
su naturaleza para establecer que conocimiento es descripción y esta se
determina por las condiciones jurídico económicas establecidas por unas
relaciones de poder existentes en un momento determinado, condiciones
del entorno, con lo cual se establece una verdad para cada momento
histórico y para cada realidad social; la imposibilidad de establecer
verdades trascendentales en el tiempo y en el espacio, desde luego,
dentro de la relatividad de esta" (Franco, 1998:234).
La posibilidad de construir, entonces, un status científico para la
contabilidad, como ciencia social, pasa por reconocer que la
transformación de esa realidad depende de la posibilidad de ser captada
en su dimensión "sui generis" y no sesgada por una forma parcial y
unilateral, en la que se aceptan como válidos los presupuestos
metodológicos de las ciencias físico-naturales o, aquellos derivados
acríticamente de sus procedimientos.
3.2.1. El Método Contable, la Concepción Originaria y sus Antinomias
El primer intento de racionalidad científico-contable, se caracterizó
por privilegiar lo metodológico, es decir, la consecución de un método
eficaz (partida doble), mediante el cual encontrar o descubrir
estructuras de significación que dieran cuenta de las descripciones de
los fenómenos transaccionales y de las necesidades de información
inherentes al desarrollo de una economía que perfeccionaba y
complejizaba su sistema de intercambio. Así lo constata el aparecimiento
del método de partida doble, que no es otra cosa que un algoritmo
matemático constituido en elemento simbológico de representación de la
realidad transaccional propia de una sociedad mercantil de intercambios
limitados, antesala inmediata del advenimiento del gran capital. José
María Fernández Pirla, argumenta que,
"El método de Partida Doble responde a un sistema de representación
económica, porque indudablemente establece un medio de registración para
cada ciclo económico el cual suministra la base para aquella. Este
método registra todo movimiento económico, y debe tenerse en cuenta en
este orden que en cada uno de éstos hay un origen o fuente de
financiación y un fin o concreción en valores capitales" (Fernández,
1977: 109).
El método de partida doble, es justamente una dirección estructurada, a
la manera de un algoritmo, para captar los hechos, inventariarlos e
inducir en ellos generalizaciones, en los que la imaginación y
creatividad están prohibidas. En últimas, la contabilidad desde su
creación como disciplina fue proclive a la acción repetitiva y mecánica
de los haceres, en donde no existió una actividad cognoscitiva que
vertebrara y dirigiera la construcción casi continua de estructuras
conceptuales, metodológicas, axiológicas y actitudinales, como formas a
través de las cuales el colectivo contable, organizara las
representaciones informacionales, con el fin de expresarlas en el
lenguaje correspondiente y dirigir, ahora sí, sus actuaciones a
implementar los sistemas, aplicaciones y resultados prácticos deseadas.
Refiriéndose al criterio metodológico de la partida doble, el profesor
Efrén Danilo Ariza, reivindica el mérito de Paciolo, argumentando, que
es un sistema que,
"recogía las principales prácticas contables referidas a su vez a las
principales actividades y racionamientos mercantiles adelantadas en
Venecia, quedando claro que si bien el libro fue impreso en 1492 el
método veneciano deviene de tiempo atrás.
En términos generales a este método lo caracterizan los siguientes
aspectos:
· Que el primer registro lleva al debe la cuenta caja o al debe de las
mercancías el monto del aporte del comerciante al negocio,
simultáneamente y por el mismo monto en el haber de la cuenta de
capital.
· La colocación de las dos cuentas y cantidades frente a frente.
· La expresión de cada transacción (registrados tanto en el libro diario
registro cronológico, como en el libro mayor registros específicos)".
(Ariza,2000:118).
Este rápido recorrido por la concepción originaria del método contable,
coloca al descubierto que en términos de conocimiento contable aún hay
una brecha larga por recorrer y, esto es explicable, en tanto como lo
plantea Moisés García García:
"Si la contabilidad como práctica es tan antigua, la contabilidad como
disciplina teórica es, por el contrario relativamente reciente, aparte
de la obra de Pacciolo, que cumplirá pronto sus quinientos años, podemos
afirmar que las primeras generalizaciones y abstracciones que merezcan
el calificativo de científicas datan solamente del siglo pasado (se
refiere al siglo XIX-subrrayado nuestro). Ello nos puede dar una idea
del lentísimo proceso de gestación de la ciencia contable". (Garcia1982,
citado en Lara,1990:236-237).
Circunstancia explicable, entre otras, por una razón contundente en la
construcción de cientificidad y, es, la "congénita debilidad
metodológica unida a un espíritu pragmático que frecuentemente adquiere
caracteres de verdadero oportunismo en la creación científica de las
teorías contables" (Garcia1982, citado en Lara,1990:237).
3.2.2. La Renuncia a la Construcción Teórica : un Obstáculo a Superar en
la
Disciplina Contable
La contabilidad como disciplina tiene aún un debate inconcluso: la
construcción de su verdadero estatus de cientificidad, en tanto, en su
recorrido histórico ha estado presente una especie de empirismo radical,
que ha desdeñado por siempre la construcción teórica, haciéndola de
hecho vulnerable a nuevas apropiaciones conceptuales. Cada vez que los
contables creen eludir la problemática teórica en función de un
pragmatismo inconsecuente, están dominados por cierto primado que
desconoce los vectores epistemológicos de la construcción científica.
Posiblemente, el rezago investigativo del conocimiento contable se
origine en esta hipótesis aún por demostrar.
La estructura simbológica de la contabilidad (lo contable, lo que se
deriva de la acción de contar), debe estudiarse dinámicamente, dentro de
las circunstancias de tiempo, modo y espacio, que condicionan su
gestación, y dentro de una perspectiva de devenir inacabado, falible,
siempre abierto a cambios y transformaciones permanentes.
Un buen ejercicio interpretativo para abordar la reflexión de la
historicidad contable, estaría referido a la utilización de categorías
conceptuales como las sugeridas por Fernad Braudel , que remite a situar
el análisis de la vida social desde diversos puntos de observación, que
involucren variables como la espacialidad, la temporalidad, los ordenes
sociales y las jerarquías, para desde un amplio espectro interpretativo
precisar las falencias, las debilidades, pero también las fortalezas y
fundamentos científicos de la contabilidad. Solo de esta forma, los
contables podremos asumir una posición más desde la consolidación de una
comunidad académica, que privilegie la competencia teorética a partir de
la cual ordenar la realidad extrasubjetiva y menos desde una postura
pragmática y gremialista y en oportunidades ecléctica de la disciplina.
4. La Postura Epistémica Positivista: Una Versión Metodológica
Hegemónica e Insuficiente
Históricamente, podrían ubicarse los referentes positivistas en la
Europa de finales del siglo XVI y comienzos del XVII, con ocasión de la
emergencia de las concepciones Copernicanas y Galileanas, que
destruyeron la física Aristotélica prevalente por más de dos mil años.
Al surgir las ciencias positivas con su método matemático experimental,
se derrumba estruendosamente todo el edificio filosófico Aristotélico,
incluyendo la metafísica, quedando desbrozado el camino para que en los
siglos subsiguientes ganaran criterio hegemónico las denominadas
ciencias de la naturaleza. El siglo de la arrogancia, como ha sido
catalogado el periplo del XIX, acogerá la tesis omnicomprensiva de
Comte, de que todo lo que tenga que ver con la lógica, metafísica o
ideología, es una fantasmagoría vana y un sueño, cuando no un absurdo.
El positivismo, entonces, recoge el legado de éstos siglos y extenderá
fatalmente el acta de defunción a la filosofía, elaborando las piadosas
fábulas que delinean el paso irreversible del conocimiento religioso al
filosófico y de éste al conocimiento científico, estadio donde se anuda
el pensamiento moderno y donde aflora la idea de progreso ilimitado, de
visión optimista del mundo, de itinerario ascendente del hombre que pasa
de la primitividad arcaica a la edad madura de la supremacía de la
razón.
Esa interpretación optimista de la historia como superación de las
precariedades del pasado, coloca a la razón, como faro orientador de la
emancipación de las sombras y de las cadenas del pasado, tanto más
oscuro cuanto más lejano. Se inaugura con ello, una concepción maniquea
de la historia, que vincula al progreso con los pueblos civilizados e
ilustrados y al atraso con la servidumbre y la barbarie, distancia que
define y delimita el campo entre la "libertad" ilustrada y la ignorancia
de los salvajes, a los cuales no les espera otro futuro más promisorio
que el de desaparecer o ser absorbidos por la fatalidad civilizatoria
que no perdona las reliquias del ayer. Teóricos como Condorcet, llegaron
incluso a profetizar que se estaba ante el advenimiento de la "décima
era de la humanidad", en donde todas las naciones tendrán que llegar al
estado de civilización al que han llegado los pueblos más ilustrados,
los más libres: Los Franceses y los Anglosajones.
Existen diferentes maneras de caracterizar el positivismo , uno de ellos
es el llamado positivismo moderno, vinculado a la teoría
verificacionista de la ciencia, a la experimentación científica y a la
unicidad de las estructuras metodológicas, cuyos principios vectores
característicos son:
1. El Monismo metodológico, esto es, por sobre la diversidad de
construcciones problemáticas u objetos temáticos de la investigación
científica, existe la idea de unidad de método. En cuanto se refiere a
lo doctrinario, no es necesario que sea unívoco pero sí homogéneo.
2. El segundo principio, hace referencia a la consideración de que las
ciencias naturales exactas, en especial, la física y la matemática se
constituyen en el barómetro metodológico que mide el grado de desarrollo
y perfectibilidad de las demás disciplinas, incluidas las llamadas
ciencias humanas, sociales o ciencias del espíritu.
3. El tercer principio hace alusión a la explicación causal, la cual se
halla soportada en el carácter invariable de las leyes naturales, que
consiste más explícitamente, en la subsunción de casos individuales para
ser explicados bajo la impronta de las leyes generales hipotéticas de la
naturaleza. Esta postura causalista, está atravesada por el afán
predictivo, que consiste ante todo en ver para prever, en mirar desde la
atalaya de lo que ocurre al horizonte de lo que ocurrirá. El trabajo
científico queda constreñido a las experiencias de laboratorio, con el
fin de descubrir las leyes causales que gobiernan el mundo, seguido por
la convicción dogmática de la universalidad y necesidad de las leyes
físicas, como categorías capaces de garantizar la infalibilidad del
conocimiento científico.
4. Un último principio, tiene que ver con el interés dominador que el
positivismo reivindica y que le es consubstancial a los intereses que
representa, si se comprende que esta variante epistémica, es hija
legítima de la sociedad moderna caracterizada por la alucinación
perversa de la utilidad del dinero y de la conversión del hombre, en una
herramienta de exactitud, de producción y de intercambio.
El positivismo niega la reflexión filosófica, la considera propia de
mentalidades atrasadas, primitivas, superadas por un espíritu
autosuficiente y progresista. No de otra manera se explica, que sea en
los países Europeos con clara vocación imperialista, donde emerja y se
desarrolle con más ahínco la doctrina positivista, como una doctrina
enteramente semejante a la situación del creyente respecto de los dogmas
inmaculados de la fe revelada. Los "hombres de ciencia", son alérgicos a
la filosofía, habituados solo a sorprender con un conocimiento
experimental y matemático.
Así planteado el problema epistemológico, en el positivismo no aparece
la dimensión social, ni su capacidad de dar a la práctica científica una
direccionalidad humana. Pero la verdad sea dicha, todo acto de
conocimiento por sutil que parezca, esconde una toma de posición que
importa una respuesta implícita al problema de la relación entre
conocimiento científico y conocimiento filosófico. De la solución, que
se le dé a esta relación emerge una concepción del hombre, del mundo, de
organización de la sociedad y, porque no, de una práxis política
liberatoria.
4.1. La Disciplina Contable como Gregaria del Positivismo
El positivismo, en su amplia significación Comtiana, ha tenido como
pretensión ser el exponente de la hegemonía de la ciencia. La
contabilidad como disciplina, no ha estado exenta desde su génesis de
motivaciones positivistas. La teoría jurídico personalista de Cerboni o,
la teoría económica de Besta, no tienen cabal sentido sino dentro de esa
concepción monolítica del positivismo.
4.1.1. La Escuela Toscana y la Dogmática Jurídico-Contable
Giuseppe Cerboni, principal representante de la escuela Toscana o
jurídica -personalista, en su Primi Saggi de Logismografía (1873),
define a la contabilidad como: "La doctrina de las responsabilidades
jurídicas que se establecen entre las personas que participan en la
administración del patrimonio de las empresas" (Tua, 1995:128). Esta
postura considera las responsabilidades jurídicas como objeto de
conocimiento, en donde los universos de representación y las formas
simbolizar la realidad transaccional, están reservadas con exclusividad
a la estructura lógico-matemática objetivada en la partida doble.
La escuela jurídica o personalista de Cerboni, estructura su carácter
legalista sobre la base de la contabilidad como medio de prueba. Este
espíritu reduccionista de la disciplina, hacia una especie de dogmática
jurídico-contable, imposibilita introducir variaciones o correcciones es
la esfera de las aplicaciones prácticas y de la investigación contable.
El desarrollo disciplinar, queda así, subsumido en la "pureza"
descriptiva de la información patrimonial del comerciante, a cuyo tenor,
un determinado hecho es imputable a la norma, en virtud de la cual
adquiere la estricta significación contable.
4.1.2. La Escuela Económica y el del Controlismo de Fabio Besta
Visto el escenario desde la perspectiva temporal Braudeliana del largo
plazo o "longee durée", puede decirse que, las condiciones
político-económicas derivadas de la primera revolución industrial,
habían creado el clima para la operacionalización de las modernas
fuerzas revolucionarias del capitalismo; esto es, la economía de
exportación, la gran ciudad metropolitana, el desarrollo de la industria
manufacturera y la expansión orgánica del Estado; circunstancias que
posibilitaron ejercer un influjo decisivo sobre la estructura
organizacional de la empresa, que empieza a instrumentar perfiles más
definidos, pues el derecho de propiedad - objeto de intervención de la
escuela legalista -, cede parte de sus poderes a los órganos
administrativos y de control de la información económica, circunstancia
que de forma inevitable define un nuevo rol de intervención de la
práctica contable, en tanto solo a través del primado del control es
posible la disminución de los niveles de incertidumbre derivados de la
velocidad con que cambian los escenarios.
Como queda consignado, la contabilidad tiene como propósito la
construcción de un saber utilizable técnicamente y, que además, se
constituya en un instrumento de racionalidad del gran capital, es decir,
el soporte técnico que permita cumplir con la ley inexorable de
maximización de utilidades a mínimo costo. Esta actitud dominante del
paradigma del control (como algunos lo han denominado), a que es
arrastrado el saber contable, excluye las dimensiones contradictorias de
lo social, olvidando la injerencia de los contextos en la modulación de
los sistemas contables.
Para una disciplina como la contable, con una orientación inmediata
hacia la práctica, lo anterior es de meridiana importancia, sobre todo,
en lo que concierne a la utilización del saber, porque el valor de las
teorías no puede ser evaluado a expensas de sus referentes sociales. El
profesor Tua, al tratar de interpretar los postulados de Besta y la
vincularidad de la contabilidad con la economía de empresa, distingue
tres facetas en la administración hacendal: la gestión, la dirección y
el control, en donde la función contable debe estar centrada en el
control de la riqueza hacendal, colocando especial énfasis a la
naturaleza económica de la disciplina contable.
Como síntesis conclusiva, Tua citando a Goxens Duch, trata en una
apretada síntesis de condensar el pensamiento Contista de Fabio Besta:
"La contabilidad desde el punto de vista teórico, estudia y enuncia las
leyes del control económico en las haciendas de cualquier clase, y
deduce las oportunas normas a seguir para que dicho control sea
verdaderamente eficaz, convincente y completo; desde el punto de vista
práctico, es la aplicación ordenada de estas normas a las distintas
haciendas" . (Tua, 1995:134).
De esta forma, se fue consolidando un estilo de quehacer contable, cuya
manipulación, dominio y control estará centralizado estratégicamente en
manos de quienes detentan las estructuras económicas a nivel planetario.
No de otra forma se explica, porqué la construcción de lo disciplinar
contable deslindó, de manera trágica, hacia la aberrante consolidación
de la exegética normativa de la aceptación generalizada,
fundamentalmente derivada de las crisis del sistema capitalista, en
especial del Norteamericano, que se presentan de manera recurrente como
inevitable.
Sin duda, en el contexto de la discusión sobre el encuadre del
conocimiento contable, desde el escenario positivista, académicos de la
Universidad de la Patagonia, argumentan:
¨La raíz histórica del desarrollo de la contabilidad a partir de la
escuela positivista y pragmática fundada en la doctrina anglosajona,
incidió notoriamente en el pensamiento contable, que se asumió
fundamentalmente - como un ¨saber hacer¨ (Know-how), es decir, como una
técnica. Primero ¨técnica registral¨, luego ¨técnica de medición del
valor¨ y por último ¨técnica de la información¨.
Esta circunstancia dificultó el proceso de investigación, dado que, en
general, se acepta que la eficiencia de las técnicas - en el caso la
contable - se constate en el uso (una técnica es lícita, es válida en
función de ser utilizada) y la contabilidad se encuentra perfectamente
divulgada y justificada". (Aguilar, otros,1987:9).
En el trasfondo analítico, puede observarse, que tanto la postura que
vincula a la contabilidad con la dogmática jurídica-contable, como la
que la adscribe al estudio de las leyes de control económico - por tan
solo citar dos ejemplos - están congénitamente ligadas a concebir la
"objetividad" contable como el resultado de la lectura de su objeto de
estudio desprendido de una interpretación valorativa, homologando el
precepto de las ciencias físico-naturales en donde se tienen como
supuestos epistemológicos la objetividad y la neutralidad axiológica. El
problema de los valores se plantea para los contables, en el nivel de lo
irracional, como una "guerra entre diferentes dioses", y como lo dijera
Max Weber, "sobre esos dioses y luchas gobierna el destino, pero no por
cierto la ciencia".
Esta visión instrumental, eminentemente positivista, acepta
acríticamente el destino manifiesto de la sociedad en que se vive, de
donde se desprende el carácter conservador y legitimador del orden
social que ha tenido la contabilidad desde sus propios orígenes como
disciplina.
4.1.3. La Necesaria Revisión Conceptual del Entramado Contable
Al no existir una matriz epistemológica para el desarrollo de un plan
inicial - siguiendo la concepción Lakatosiana de programas de
investigación - que diera continuidad a los miembros de un colectivo
disciplinario, la contabilidad como corpus conceptual se refugió
fatalmente en la instrumentalización de su practica, la cual fue
subsumida en la institucionalización de una normatividad compendiada en
una serie de directrices convencionales denominadas principios de
contabilidad generalmente aceptados, cuya forma de "legitimación", se
ejecuta con la autorización casi coercitiva de un organismo regulador,
que por "arte de magia" adquiere la potestad omnicomprensiva de dictar
estándares pragmáticos, depredadores de cualquier inquietud valorativa
de construcción teórica. En este sentido, entonces,
¨el sistema de normalización contable es un rasgo del sistema económico
occidental, que adquiere carácter operativo profesional a nivel
internacional mediante la IASC (Comisión de Normas Internacionales de
Contabilidad), y a nivel del continente latinoamericano a través de la
AIC (Comisión Interamericana de Contabilidad". (Aguilar, otros,1987:10).
Las transformaciones que se han producido y que con mayor velocidad se
están produciendo en el mundo contemporáneo, colocan en evidencias las
notables limitaciones de la perspectiva positivista. Las profundas
mutaciones del poder mundial referidas a la revolución tecnológica de la
información, la mundialización económica, una vasta revolución teórica,
la automatización del capital, etc., son indicios suficientes para
renovar el arsenal teórico contable, que permita enfrentar el tipo de
problemas planteados y las formas de organizar las respuestas, en
correspondencia con las tendencias de cambio de la sociedad del futuro,
para lo cual es un imperativo reconstruir los supuestos epistemológicos
y organizativos de la disciplina contable.
4.2. La Normalización Contable: Otra Visión Gregarista y Subalterna
del Positivismo
Esta regulación, cuya pretensión reside en la uniformización de los
estándares contables, sobre bases no precisamente consensuadas, a través
de una comunidad cientícico-contable, que se constituya en filtro de
garantía epistémica, ha sido clasificada por algunos autores , en tres
supuestos "subprogramas de investigación", que coinciden precisamente
con los periodos coyunturales de crisis de la economía capitalista, hoy
sutilmente denominada economía de mercado:
· "Subprograma" de Aceptación generalizada (1917-1959).
· "Subprograma" Lógico ( 1959 -1973 ).
· "Subprograma" Teleológico ( 1973 - en adelante) .
En toda esta construcción normativa existe un denominador común y es el
insoslayable reduccionismo mecanicista al empiropositivismo, que niega
que la actividad cognoscitiva sea estructuralmente metódica, y que ésta
estructuración solo será entendida en la medida que dé paso a la
innovación, a la emergencia de caminos no sospechados, precisamente
porque ella no sigue un camino rectilíneo ni una dirección inercial.
El primer pretendido "subprograma" de aceptación generalizada, que
trabajó los fermentos de la normatividad contable, comete el pecado
origina de tomar en consideración casi exclusivamente, como referentes
empíricos, hechos comunes de la realidad económico-financiera,
definiéndolos como los únicos, seguros y dignos de la interpretación
normativa, cuya guía no puede ser otra que la cuestionada metodología
empiroinductivista. De esta manera se produce, desde el comienzo de la
postulación de los principios, una evaluación ingenua que tiene como
colofón la superficialidad de los resultados.
¨La concepción ideológica de esta primera etapa puede resumirse en una
frase G.O. May, presidente del Special Committe on Cooperation with the
Stock Exchange: ¨Las reglas de la contabilidad son el producto de la
experiencia, más que de la lógica¨. Con ello, el subprograma de búsqueda
se caracteriza porque el respaldo de una determinada norma radica en el
hecho de ser comúnmente practicada. Dicho de otro modo, la aceptación
generalizada se apoya en la creencia de que debe seguir practicándose lo
que se practica, con lo que el principio contable se sustenta en el
hecho de ser compartido, circunstancia que asegura que será entendido e,
incluso, exigido por el usuario, con lo que su utilización se hace
deseable". (Tua,1995:24).
Un criterio que se generalice, desde el plano de las apariencias, sin
lograr discernir las esencias de los hechos, de los fenómenos y de los
contextos, permanecerá en el plano de la especulación y del saber
aparente. Como en su etapa primigenia de la aceptación generalizada, los
contextos son excluidos y no tienen ninguna significación, el marco
referencial que guía la estructuración de los principios contables, se
construye a partir del status quo de la práctica, en tal sentido la
construcción disciplinar, queda minusválida y expósita a no aprehender
de la historicidad y a no dar sentido y orientación a la cualificación
científica de la contabilidad.
El segundo "subprograma" denominado lógico, surge como subsidiario del
primero que había entrado en colapso, en tanto no había cumplido los
propósitos, entre los cuales merece mencionarse, la uniformidad en la
consolidación de la información financiera; la falta de respuestas a las
intrincadas necesidades y problemáticas del mundo especulativo de las
finanzas; amén de la tardía pretensión de hallar un núcleo racional
conceptual, desde el cual, realizar la construcción de los estándares
contables, tratando de imponer desde el trasfondo la insólita creencia,
que solo es válido el conocimiento técnicamente utilizable.
Aún cuando esta última pretensión es loable, no por ello deja de ser una
ilusión nacida de las entrañas propias de organismos cuyo primado, nos
es precisamente dedicarse al trabajo analítico y exploratorio de las
conexiones entre las categorías más abstractas (conceptos) y su
contrastación rigurosa con el material empírico construido -a la usanza
popperiana - para su falsación.
Dentro de la pretensión de hallar un núcleo conceptual racional, para
desde ese presupuesto proyectar la reconfiguración de la normatividad
contable, se incurre en otra precariedad metodológica: creer que las
bases científicas de las disciplinas se construyen a través de consensos
políticos, en razón de adhesiones gremiales o profesionales. No, la
ciencia no juega a la obtención de mayorías. Los marcos conceptuales
para abordar nuevos campos de investigación, solo pueden generarse en el
interior de una tradición de práctica científica, cuyo escenario de
legitimación son las comunidades científicas, donde se formulan los
problemas y se intentan soluciones; que desde su carácter predictivo,
pueden conducir a nuevas reelaboraciones, nuevas significaciones y
formas de significar.
En este sentido, hacia 1959, el AICPA, organismo regulador
Norteamericano crea the accounting principles board (A.P.B)., el cual
"estuvo constituido por un grupo de dieciocho expertos procedentes de
diversos sectores, en un claro intento de que la emisión de las normas
se sustentara en la más amplia representatividad posible", (Tua,
1995:27). Es decir, se sustituye la rigurosidad conceptual, que sugiere
competencia y decantación científica, por niveles de representación
gremial.
Se desconoce de plano, entonces, que el dominio confiable de sistemas de
información como el contable, necesitan ser entendidas en su relación
con los métodos y procedimientos, los cuales además son una derivación
de supuestos teóricos, metodológicos y epistemológicos.
El trabajo que sustenta esta propuesta lógica de apariencia
teórico-formal, queda consignada en las elaboraciones de Moonitz y
Sprouse y Moonitz, cuyo itinerario metodológico pretende estar
soportado, en una mal entendida heurística positiva, que no conduce a la
elaboración de un marco teórico fuerte que sustente los principios, sino
por el contrario en una jerarquización de conceptos ordenados en catorce
postulados, que a su vez se agrupan en tres categorías: la del entorno
económico de la contabilidad, el ámbito de la disciplina y los
imperativos; atalaya desde la cual se vislumbra la construcción de los
principios y finalmente el cuerpo de normas que regirán el sistema
fundamentalmente de la contabilidad financiera. El maestro Rafael Franco
ha advertido en su análisis, refiriéndose a este itinerario
metodológico,
"Es una ilusión de transparencia en palabras de Bachelard. La apariencia
del modelo hipotético deductivo ha dado para que muchos autores
interpreten y generen en los investigadores la ilusión de haber logrado
en la historia del pensamiento contable desarrollar programas de
investigación con la aplicación de métodos deductivos, constituyentes de
prestigio en la historia del conocimiento. Sin embargo cuando se toman
estos modelos aparentemente hipotético deductivos y se someten a la
crítica hermenéutica, se encuentra el verdadero método de construcción,
el modelo no se construyó de arriba hacia abajo, se hizo de abajo hacia
arriba, es decir la observación, la creación de clasificaciones y
finalmente la justificación de las prácticas, no aparece allí una
formulación desde los conceptos de la lógica o de la sicología que pueda
considerarse como hipotético deductiva. Es un modelo pragmático al cual
se le construyó un corpus justificatorio que está muy lejos de ser un
corpus de conocimiento científico". (Franco, 1998:211).
Ciertamente se trató de un intento, que descarta todo análisis desde la
racionalidad científica y, más bien, se pretende construir una
herramienta normativa justificatoria de las formas de organización de la
sociedad capitalista, en donde se trata de hacer de la contabilidad una
disciplina anodina proclive a la dinámica vertiginosa del cambio del
escenario global.
En esta misma dirección aparece el tercer "subprograma" denominado
teleológico, el cual emerge como una nueva alternativa frente a la
fallida uniformidad, que debería surgir con ocasión del sustrato
"teórico" del "subprograma" lógico. El propósito central de este nuevo
entuerto, reside en derivar estándares contables a partir de observar
los objetivos de la información financiera, es decir, los objetivos de
la información financiera deben tener un criterio teleológico, esto es,
proveer de utilidad a la información para la toma de decisiones,
especialmente la relacionada con la protección de la inversión bursátil.
Esta visión teleologizante de la contabilidad, determina un progresivo
debilitamiento de enfoques teóricos y metodológicos, que instala un
cierto pesimismo sobre el futuro de la disciplina.
De otro lado, es necesario develar que este "subprograma" nace, en el
escenario de un nuevo entorno económico, que tiene como soporte la
hegemonía del fundamentalismo dogmático del pensamiento único
neoliberal, en donde se gesta un nuevo patrón de acumulación, que al
decir de Gorostiaga, "ésta concentración es más intensa y monopólica que
las otras formas de capital aumentando la brecha entre el norte y el
sur. La repercusión de este fenómeno ha llevado a una desmaterialización
creciente de la producción donde cada vez se requieren menos materias
primas por unidad de producto". (Gorostiaga,1992:23).
Aparece el mercado como fuente suprema de toda autoridad, como
herramienta eficaz para la regulación de las funciones económicas,
políticas y sociales de los Estados, independiente de sus condiciones de
asimetría estructural y de su heterogeneidad identitaria. En ese
sentido, el proceso normalizador contable, no escapa a esta ola que
recorre el mundo como una nueva peste apocalíptica, en tanto como lo
argumenta Tricker, "la contabilidad depende de la ideología y de las
costumbres sociales, siendo en definitiva, el resultado del entorno
cultural dominante". (Tricker, citado en Tascón,1995:68).
Este es uno de los preceptos que encuentran los neoliberales, para
justificar la metamorfosis necesaria a que se ve abocado el capitalismo
para dar respuesta a las nuevas situaciones de crisis a que se ve
enfrentada esta sociedad de fin y comienzos de milenios. Crisis que
tienen su más significativo correlato hacia 1973, periplo caracterizado
por una gran recesión económica, con altas tasas de inflación y bajas
tasas de crecimiento y, donde lo contable debe atemperarse, a las nuevas
formas de productividad y competitividad, que entre otros aspectos
básicos, tienen que ver con la capacidad para procesar información en un
mercado de turbulencia financiera y de automatización del capital.
Otra controversia que parece marcar el desarrollo disciplinar contable,
está referido a la oposición entre la consolidación de una teoría
general para la contabilidad y la praxis de las aplicaciones contables.
Esta dicotomía tiene como trasfondo, una concepción de teoría como
dominio separado, cuyo fin se agota en si misma, y de las aplicaciones y
sistemas contables como manipulación técnica de los datos. Entre el
fetichismo de lo conceptual y el fetichismo de las aplicaciones
prácticas, existe una característica común: la arbitraria separación
excluyente entre teoría y praxis.
Como corolario puede decirse entonces que, toda investigación que se
reclame como coherente y busque superar la superficialidad de la mera
especulación o copia impresionista de la realidad, en donde como lo
plantea Bachelard, se pase del "Estado concreto, en el que el espíritu
se recrea con las primeras imágenes del fenómeno y se apoya sobre una
literatura filosófica que glorifica la naturaleza y que, extrañamente,
canta al mismo tiempo a la unidad del mundo y a la diversidad de las
cosas", a un "estado abstracto, en el que el espíritu emprende
informaciones voluntariamente substraídas a la intuición del espacio
real, voluntariamente desligadas de la experiencia inmediata y hasta
polemizando abiertamente con la realidad básica, siempre impura, siempre
informe", (Bachelard, 1976:11), debe necesariamente utilizar las
categorías teóricas y los referentes empíricos. En este sentido todo
proceso de investigación es al mismo tiempo un proceso teórico y
empírico, en tanto la teoría sin datos que la apoyen es vacía, inocua,
especulativa y, los datos sin una teoría que alumbre su camino, serían
completamente estériles, opacos y carentes de interés.
Solo asumiendo con responsabilidad, el desarrollo disciplinar desde el
horizonte de la construcción y consolidación de comunidad académica, se
podrá superar esa visión menestral que se nos ha asignado a los
contables como gregarios de un conocimiento práctico y tecnicista,
marcados con estereotipos como la descripción hecha por un contador
Norteamericano, que decía:
"el contador público es un hombre que ha pasado de edad mediana, enjuto,
arrugado, inteligente, frío, pasivo, sin compromiso con nadie, con ojos
de bacalao, cortés en sus relaciones, pero al mismo tiempo insensible,
calmoso, abominablemente compuesto a la manera de un poste de concreto o
una argamasa de hierro fundido. Una petrificación humana con un corazón
de feldespato y sin adarme siquiera del germen de la amistad; sin tripas
y sin pasión o sentido del humor. Afortunadamente, nunca se reproducen y
todos ellos van a parar al infierno" . (Hubbard, 1988:437).
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Interamericano Jurídico-Financiero. Ediciones Gráficas Lda.,
Medellín.1995.
* Contador Público Titulado de la Universidad del Cauca
Magister en Estudios Sobre Problemas Políticos Latinoamericanos -
Universidad del Cauca
Especialista en Docencia sobre Problemas Políticos - Universidad del
Cauca
Profesor de la Facultad de Ciencias Contables Económicas y
Administrativas - U. del Cauca
Ex - Consultor del PNUD
Ex-Asesor del Programa Presidencial para la Reinserción
1.Una concepción errónea del "método científico", es considerarlo como
una herramienta infalible de cuya aplicación indiscriminada aparece como
por generación espontánea toda clase de conocimiento. Tan solo se
requiere aplicar el algoritmo o receta, para que de manera
correspondiente aparezca de forma refleja las representaciones de los
nuevos conceptos.
2.Un mayor desarrollo de estas aproximaciones conceptuales, se pueden
encontrar en el Artículo "Reflexiones Braudelianas sobre globalización
económica: El historiador como pionero", escrito por Eric Helleiner. En:
Revista Análisis Político No. 39 Enero-Abril 2000 - Instituto de
Estudios Políticos y Relaciones Internacionales - Universidad Nacional.
3.El nombre de "positivismo" fue acuñado por Auguste Comte, pero con la
debida previsión, también es imputable para caracterizar las posturas de
Johon Stuart Mill y toda la tradición intelectual que desde Comte, no
solo alcanza nuestros días sino, que, se imbrica hacia atrás hasta
alcanzar a Hume y ciertos filósofos de la Ilustración.
4.Esta misma taxonomía de los postulados positivistas, puede ser
consultada en el texto de José María
Mardones: "La Filosofía de las Ciencias Humanas y Sociales - Materiales
para una fundamentación científica", Editorial Antropos, en el acápite
referido a "La primera polémica explícita de la filosofía de las
ciencias sociales: positivismo decimonónico frente a la hermenéutica".
Pags. 27-30.
5.Entre los autores que han realizado aproximaciones interpretativas
sobre los periodos de configuración de la normatividad contable, figuran
entre los más representativos, Leandro Cañibano, Tua Pereda y
nacionalmente Rafael Franco Ruiz.
6.Esta taxonomía es tomada del trabajo realizado por el profesor Jorge
Tua Pereda, para analizar el itinerario que han seguido la construcción
de los principios de general aceptación (libro Lecturas de Teoría
Contable, referido en este mismo escrito).
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