H. Poicaré, en su texto El valor de las ciencias, escribe “La única
realidad objetiva son las relaciones entre las cosas de las cuales
resulta la armonía universal”. Además: “Todo lo que no es pensamiento es
la nada absoluta”. Y finalmente: “El pensamiento no es sino un relámpago
lo es todo. (...) Una teoría divierte; dos teorías pueden pasar. Mil
teorías, construidas todas según el mismo modelo, dan náuseas.
¿Estamos más adelantados después de repetir mil veces lo mínimo, no
cambiando sino las palabras? (...)La ciencia no tiene sino una excusa
para su desesperante monotonía: la de servir para algo”.
Resumen
Con frecuencia se dice que sin el conocimiento de la historia, no se
puede tener la suficiente comprensión del estado del arte de una
disciplina. Sin pretender tener la manía por oscultar los orígenes
primigenios del fenómeno contable, este trabajo tiene la intencionalidad
de ser un recurso metodológico desde el cual se entregue una visión
reconstructiva de las variables del devenir económico, político y
social, su vinculación con el desarrollo de la economía de empresa y el
influjo en la construcción de la práctica y disciplina contables, en
tanto, ciertamente las tradiciones que conforman las escuelas contables
definen las investigaciones posteriores. La secuencia de estas
ocurrencias está condicionada por el acontecimiento adquirido en el
momento de su aparición y por las formas de pensamiento de las culturas
en que surgen y se desarrollan.
1.- Presentación
Inevitablemente, la Contabilidad – como cualquier otro campo
disciplinar- al enfocar la realidad, la delimita y la moldea para
constituir su objeto de conocimiento, con lo cual se obtiene una imagen,
una forma de representación y, porqué no, una forma específica de
concepción del mundo. En esta trama interpretativa y en esta adhesión a
un cuerpo teórico, se establece una actitud, que sirve a los contables
para desarrollar su práctica o aproximación científica, desde los
trampolines y criterios que han surtido y alimentado una tradición, que
obviamente ha tenido que traspasar varios mojones y obstáculos para su
paulatina perfectibilidad.
Fortunosamente, en este proceso lento pero creciente no ha existido
uniformidad y homogeneidad y, por el contrario, coexisten dispersamente
teóricos con muy diversos intereses, inclinaciones e incluso posturas
ideológicas. Aún cuando, es dispendiosa la revisión de estas múltiples
concepciones sobre lo contable, lo cierto es que, la reconstrucción de
la historia de la contabilidad como disciplina, permite y permitirá
deshilar un apretado tejido de confusiones e incertidumbres para,
finalmente, fundamentar sobre esas consideraciones una reflexión que
posibilite trazar una línea específica de trabajo que implique unos
desarrollos menos instrumentales y más desde la reflexión de lo
epistemológico.
La intensión de este trabajo es entretejer problemáticas relativamente
diversas, teniendo en cuenta que en términos históricos, pueden
construirse multiplicidad de interpretaciones, que tan solo se pueden
inferir por algunas constantes que articulan y reconocen los procesos y
actores que interactuaron como agentes transformadores de esa realidad.
2.- El Ocaso del Sistema Feudal y los Orígenes Primigenios de la
Economía de Empresa
Cada instante del transcurrir histórico, marca su impronta en la forma
como se objetivan los desarrollos materiales y espirituales; en cuyo
corpus, se encuentra abigarrada la contradicción entre la vida y la
muerte, como manifestación dialéctica entre lo nuevo que nace y lo viejo
que se resiste a comprender su ocaso.
Por otra parte, todo nuevo estadio histórico, en su momento abre brechas
de progreso y desarrollo superiores a su referente antecesor. Estos
logros que secuencialmente obtiene el hombre en el curso de la vida, a
su vez delinean el sendero de la historia y precisan de unas
características que definen el rol de cada una de esas etapas, en cuyo
interior interactúan un cúmulo de relaciones y prácticas que modelan la
forma de conciencia social.
El sistema Feudal, debe entonces, entenderse en esta dimensión
histórico-dialéctica, de acceso a posibilidades y alternativas que
superaron el sistema anterior; lo cual es perfectamente razonable si se
parte del reconocimiento que el hombre crece social y culturalmente, en
la medida en que tiene referentes de progreso que constituyan verdaderos
retos para la superación de las precariedades del acontecer histórico.
Pero también, como es obvio cada sistema lleva implícitas sus propias
contradicciones; la emergencia de nuevas necesidades y alternativas y
los mecanismos para construir satisfactores sociales a esas disyuntivas.
Si un sistema no abre la brecha para construir un horizonte abierto, que
de respuesta a esas esperanzas de progreso, se convulsiona el entramado
y el orden social tiende a colapsar.
En ese proceso de permanente mutación, el hombre va moldeando formas
innovativas que desde lo económico y lo político redefinan su quehacer
transformador. Esta obra de reingeniería camina de la mano con el
tiempo, por ejemplo: En la cultura Griega, el centro económico y
político fue la ciudad. En el imperio Romano, la ciudad se constituyó en
el eje por excelencia de la expresión política, con un desdén por lo
económico. Durante el Feudalismo, gran parte de su transcurrir económico
fue subsumido a las relaciones productivas del campo. El advenimiento de
las relaciones capitalistas, convierte nuevamente a las ciudades en los
nichos de producción y de las grandes decisiones políticas.
El sistema Feudal, cuya irrupción se remonta hacia el siglo VII, tiene
su momento convulsionado hacia los siglos XIV y XV, lapso en el cual se
reflejan los principales síntomas de su decadencia y de radicalización
de las fuerzas antagónicas en pugna. Ya en el siglo XIV, se encuentra
que los métodos de producción feudal, van siendo sustituidos por formas
de operación capitalistas, no solo en las ciudades sino también en el
campo. De modo escalonado, el comerciante se apodera de las nuevas
figuras de relacionamiento comercial: El mercado, el dinero, la
mercancía, los precios que, posteriormente se constituirán en categorías
económicas, analizadas suficientemente por los teóricos liberales y, sus
contradictores Marxistas.
2.1. Medioevo: No todo es Oscuridad
La edad media, entonces, no debe ser entendida como el transcurrir
oscuro, homogéneo, simétrico y sin ciertos destellos fulgurantes de
creatividad que llevaron a la humanidad a sentar las bases del ulterior
desarrollo del reino de la “ilustración”. Concepciones metodológicas
para hallar una visión de lo filosófico, donde utilizaron procesos como
“la summa, que ya manejaban los rabinos: de dos verdades, la mejor es la
tercera. O sea, cuando un concepto se encuentra con otro, en lugar de
rechazarse, se enriquece” (Angel,1999:3), manifiestan cualitativamente
cómo de manera paulatina la historia avanza en el proceso de mutación
del estadio del mitos hacia el estadio del logos, logrando demarcar una
ruptura y un cambio de paradigma en las formas de ver el progreso y el
desarrollo de la sociedad.
Dentro de todos los disímiles trazos históricos que comporta la edad
media, el siglo XII, se caracteriza por marcar el primer periplo
diferencial y libre de este estadio del devenir social. Occidente se
despierta de ese largo sueño de oscuridad, renace la economía, se
reconstituye el régimen urbano, las costumbres se refinan y; los poderes
reales luchan contra los poderes religiosos avizorando el advenimiento
de un mundo más secular. Son los fermentos de una nueva concepción
ontológica que tendría su objetivación en el periodo de la ilustración.
La explicación de su génesis, es muy compleja y está atravesada por
múltiples factores; por una parte, no está centrada como en los grandes
imperios por la monarquía absolutista, su florecimiento también obedece
al influjo e impulso de condiciones externas y espontaneidades internas.
Como lo expresa Antonio Caballero al referirse a este período,
“crecían los centros urbanos, se desarrollaba el comercio, surgían las
universidades (Bolonia, Padua, París, Oxford, son todas de mediados del
siglo XII); el ambicioso estilo gótico empezaba a sustituir al modesto
romántico; nacían en Provenza, en Toscana, en Castilla la Vieja, las
literaturas en lenguaje vulgar: francés, italiano, español. Aparecía
efectivamente un nuevo mundo. Y por su manejo pugnaban, cada cual con
sus medios respectivos, Papas y Emperadores”. (Caballero, 2000:27-28).
La contabilidad como práctica reguladora de las relaciones comerciales,
solo aparece embrionariamente en la edad media y, en concreto en el
siglo XII; precisamente en una sociedad de intercambios limitados, en un
marco dominado todavía por una economía señorial constituida aún como la
antípoda de la economía de intercambio. Pero las categorías económicas
vr.gr.: economía de intercambio, por si solas, son incapaces de dar
explicación al desarrollo de lo contable; se requiere para ello, sin
prejuicio de abocar el análisis de estas categorías; recabar sobre el
devenir de la historia social pero sobre todo de la historia política.
En este sentido, puede decirse, que el desarrollo vertiginoso del
quehacer contable, estuvo unido correlativamente a la formación y primer
ascenso de la burguesía, es decir, a una civilización burguesa y urbana
en la que se concibe un nuevo espíritu de empresa y una nueva
organización de los negocios. Y, si se quiere penetrar en una
explicación más pormenorizada del asunto, es procedente relacionarlo con
las transformaciones políticas promovidas por esta civilización burguesa
y urbana.
La contabilidad, entonces, toma cuerpo como una práctica del mundo de
los negocios, cuando se dan las condiciones, ausentes hasta entonces,
para que el sujeto de las relaciones comerciales se convierta en clase
política activa con capacidad de ejercer influencia decisiva sobre la
regulación de aquellas relaciones empresariales que adquieren de suyo
otra dimensionalidad. Los albores de estos cambios, empiezan a
perfilarse hacia los siglos XI y XII, verdaderos mojones de la crisis
del sistema feudal, en el orden de lo político y en el declinar de la
economía señorial. Esta crisis interna que comporta las relaciones
feudales, desbroza el camino para la pervivencia no solo de la
iniciativa económica, sino también de nuevas formas de relacionamiento
político, jamás conocidas hasta entonces.
Por el contrario el siglo XIV por todo lo que comportó, se le considera
el “otoño de la edad media”. El continente Europeo dominado por el
cristianismo, es descrito magistralmente por Antonio Caballero, como el
siglo donde “Galoparon sobre el continente los temidos Cuatro Jinetes
anunciados en el Apocalipsis de San Juan: el hambre la guerra, la peste.
Y la Justicia Divina, que es ese cuarto jinete que en la enumeración
todos olvidamos siempre, porque no se ha visto nunca” (Caballero,
2000:45).
2.1.1. Las Ciudades Medievales como Sustitutas del Poder del Estado
En algunas regiones Europeas, pero con mayor singularidad en Italia, al
viejo régimen Romano vertical e imperial de concentración de poder, le
subyace el poder económico como elemento constructor y cohesionador del
régimen urbano. Es en este marco donde la ciudad adquiere una dimensión
sustantiva, como eje del desarrollo del comercio y como fracturador de
las costumbres y concepciones feudales y señoriales. Las ciudades, son
entonces un reducto o nicho de libertad, donde empiezan a cocinarse los
nuevos imaginarios; a redefinirse la estratificación social, con el
aparecimiento de los artesanos y mercaderes; que tienen su lugar de
encuentro en las ciudades, constituidas en mediatizadoras de la
interacción del florecimiento comercial.
“No carece de importancia el hecho de que la contabilidad surgiera al
finalizar el siglo XV, ni que la cuna fuera una de las repúblicas
Italianas. Todos conocemos el maravilloso despertar de esa época y
básicamente la expansión inesperada que tuvo el comercio. Sieveking, uno
de los pocos historiadores que ha hecho énfasis sobre este aspecto,
afirma que la contabilidad surgió como un resultado directo de la
creación en gran escala de las sociedades mercantiles, que era un
corolario de la expansión mercantil” (Hatfield, 1979:11).
Con la constitución de las ciudades - estados, se generan sustanciales
cambios en el sistema de comercio y de producción. A la par se producen
importantes transformaciones en lo cultural: En la percepción que el
hombre elabora del mundo extrasubjetivo; en una mayor autonomía del ser;
en la construcción de una ontología mas liberada de prejuicios
extramundanos; en fin, en la posibilidad de relativizar la explicación
de los fenómenos abstractos de la realidad. Tal como lo plantea Antonio
Caballero …“En esa Italia del siglo XV en la que, por primera vez desde
la caída del imperio romano, hubo hombres capaces de leer sin mover los
labios, la lectura no era un pecado contra el espíritu. El hombre se
había librado de la tiranía de Dios” (Caballero, 2000:58).
Y, más adelante al referirse a este periplo de lucidez argumenta:
“El Renacimiento fue una revolución cultural que lo impregnó todo,
porque constituía una revolución de las mentalidades: las artes, las
ciencias, las técnicas, la filosofía, las costumbres, las relaciones
sociales, la política”...”El renacimiento fue el triunfo (siempre
precario) de la razón en la libertad sobre la revelación vigilada por la
Iglesia. El triunfo de la voluntad humana sobre el mandato divino”
(Caballero, 2000:59).
.
Esa mutación obedece a la centralidad que adquiere la naturaleza, como
referente para hallar en ella los argumentos para construir una
explicación racional y material a los acertijos, incógnitas,
incertidumbre e incongruencias de un mundo complejo y cada vez mas
insinuante para ser pensado desde lo novedoso, no desde la estaticidad y
de la concepción Parmenídea de la inmutabilidad del ser.
2.1.2. Aportes del Medioevo a la Contabilidad
El concurso que brinda la edad media al desarrollo de la contabilidad,
es de gran importancia. Se empiezan a consolidar las primeras bases
empíricas, que fundamentarán posteriormente el objeto real de la
contabilidad, esto es, la mediación simbológica de las transacciones
comerciales que objetivan el estado situacional del patrimonio del ente
económico. Gracias a la práctica del hacer, desprovista de elaboraciones
teóricas rigurosas, se crean las condiciones para la emergencia de
estructuras metodológicas de registro como la partida simple y
posteriormente la partida doble, que revolucionará la estructura lógica
de la contabilidad y será factor catalizador excepcional del desarrollo
de las estructuras empresariales y económicas de la sociedad moderna.
Debe además, considerarse que la empresa desarrolla formas estructurales
para su operatividad, donde la contabilidad por partida doble ocupa un
lugar de excepcionalidad. De hecho, algunos estudiosos han llegado a
atribuirle la mayor influencia en el auge del capitalismo a los
desarrollos que obtuvo la contabilidad[1].
Por fuera de cualquier consideración conceptual, que dadas las
circunstancias históricas la contabilidad no estaba obligada a poseer,
lo cierto es que, esta época comporta los fermentos que habrán de
configurar los procedimientos y métodos que darán respuesta a los
requerimientos cada vez más complejos de una sociedad en permanente
mutación e innovación.
Por otra parte, en este entramado lo contable adquiere “ciudadanía
social”, por lo menos como garante de los asuntos atinentes a la
verificabilidad registracional de una economía aún rudimentaria, basada
en lo fundamental en relaciones de tipo comercial. También en la edad
media, se crearon y perfeccionaron instituciones como la sociedad
colectiva; la letra de cambio; los registros comerciales; la utilización
de las razones sociales que definen las personerías jurídicas de los
entes contables; los contratos de comisión, de transporte, de seguro, de
depósito; las operaciones bancarias de mayor envergadura, etc.
Durante este período, lo único que no hubo fue una aportación científica
por tratarse de una práctica esencialmente consuetudinaria, creada y
aplicada por la dinámica comercial, esta circunstancia menestral,
retrasó históricamente los avances y la progresión disciplinar de lo
contable, aunque le aportó materiales y elementos de inestimable valor
para su cualificación ulterior.
2.2. Antecedentes de la Economía de Empresa
2.2.1. Los Mercaderes y Artesanos, como Fracturadores del Orden
Establecido
Hacia los inicios de la alta edad media, la antigua clase mercantil se
había erosionado en los propios albores del feudalismo, en virtud a la
falta de rutas comerciales y al indudable dominio del Islam en el
Mediterráneo y de los Normandos en los mares del norte, cuya influencia
hegemónica marcó el desaparecimiento de la circulación y la movilidad de
recursos y con ello la clase de comerciantes y la población urbana.
Durante toda la alta edad media, la vida económica se circunscribe a la
producción feudal; es decir, la explotación del agro y los productos del
trabajo se constituyen en satisfactores del consumo directo. El renacer
del tráfico Europeo, el aparecimiento embrionario de una nueva clase de
mercaderes, con personalidad política y carta de ciudadanía, se explica
por la apertura de las vías y rutas comerciales, que fracturan lenta
pero paulatinamente la economía insular y rudimentaria de la sociedad
feudal. Esta nueva clase de mercaderes, dirige y direcciona el
desarrollo económico y se sustenta en una organización comunal que se
asienta en una sociedad urbana con expresión política, donde coexisten -
especialmente en Italia - con la nobleza feudal y con una masa cada vez
más creciente de trabajadores manuales que, de forma paulatina, se
transforman en artesanos libres de las amarras serviles.
Este sistema económico en emergencia, gravita sobre dos vectores: El
taller del artesano y el almacén del comerciante, que se constituye en
mediatizador de la acumulación del capital. En la ciudad medieval, nacen
los fermentos y rasgos más característicos, que serán propios del
sistema capitalista contemporáneo; pero que no logran su plena
materialización en la dimensión político – económica, por la autoridad
reservada al imperio y a la iglesia, constituidas ambas estructuras en
sustentadoras del statu quo, que se resiste a la transformación de una
sociedad que se abre paso movilizando energías y exigiendo nuevos
espacios para su realización material y espiritual.
2.2.2. El Desarrollo Comercial y los Fermentos de la Cualificación
contable
Ante la carencia, de una autoridad que representare la nueva
institucionalidad, las ciudades fueron paulatinamente asumiendo el rol y
las funciones económico - sociales que son reservadas con exclusividad
al Estado; sin desconocer, además, que esa nueva configuración de poder,
se organiza con fines eminentemente de negocios. Durante esta época, el
desarrollo del comercio dotó a las ciudades Italianas de ciertas
ventajas comparativas, en términos de instrumentalización de lo
contable: Pisa, Génova y Venecia, fueron, en su orden, desde el punto de
vista económico las ciudades de mayor influjo comercial, con lo cual, de
forma coetánea la contabilidad precisa de ser recontextualizada y
reconceptualizada, para dar respuesta a los nuevos escenarios de
negocios. Estas transformaciones producen profundos cambios de
concepción; en el trabajo, en el saber, en la técnica, en la cultura y
en las formas de representación y organización social y empresarial; por
ejemplo, es en este tramo, donde se desarrolla la “commenda”[2] y surgen
en su sentido moderno, instituciones y figuras representativas para la
contabilidad, como las sociedad colectiva y la comanditaria; la letra de
cambio, una concepción diferente sobre la banca, los libros de
contabilidad, nuevas formas de registro de la información económica, la
teoría de las cuentas[3], y se afirma la unidad jurídica del ente
comercial, para el caso de la contabilidad, la entidad contable o el
ente económico.
“Los complejos asuntos comerciales y financieros de los mercaderes
venecianos forzosamente condujeron a un sistema de documentación y
archivo. A principios del siglo XV Venecia empezó a usar la contabilidad
por partida doble, pero el empleo de la teneduría de libros precedió a
los venecianos en otra parte de Italia. Los elementos de partida doble
fueron usados en el libro mayor de los banqueros en el año de mil
trescientos cuarenta (1340) y los libros de comerciantes y banqueros
florentinos de esa generación contenían esos elementos. Aquellos libros
muestran hacia el año 1410 que la función más importante del libro
diario, fue servir de base al libro mayor. Se registran todas las
transacciones en el “memorial”, luego en el libro diario, antes de
llevarlo al libro mayor, así que “si por cualquier causa se pierde el
libro mayor, por robo, fuego, naufragio, etc. Puede por medio de este
libro reconstruirse siempre el libro mayor, con las mismas partidas día
por día”(Rincon,1984:10).
No cabe duda, que estos referentes empíricos, colocan al descubierto la
importancia sustantiva que poseen los entornos en la modelación de
estructuras contables. La contabilidad, no tendría justificación
práctica, sino en función de un determinado marco entornal en donde
encuentre su aplicación y verificabilidad. La partida doble, por
ejemplo, nacida en los estertores de la edad media, “es producto de una
época y se difunde rápidamente porque responde a los valores imperantes
en la misma. La óptica dual con que contempla una transacción, así como
la manera en que describe las notas esenciales presentes en todo hecho
económico, se identifican con la mentalidad del hombre de negocios.
Pero, al mismo tiempo, la utilización de la partida doble potencia esta
visión organizada y organizadora de la actividad mercantil” (Tua,
s.f.:21).
Así mismo, una vez institucionalizada una práctica como la contable, se
requieren herramientas para su reproducción social y, por esa razón, de
forma concomitante nacen una serie de instituciones formales,
comprometidas no solo con la operatividad y fortalecimiento del proceso
empresarial, sino con la apropiación y masificación de una estructura
instruccional, que garantice la pervivencia social espacio - temporal,
de las prácticas y actividades conexas a la entidad contable, esto es,
la formación de agentes replicadores del modelo contable de información,
no de otra manera se puede explicar como en Venecia funcionaba, “en
aquel tiempo, integrado, un edificio para almacenamiento y venta de
mercancías, una bolsa de valores, un banco, un lugar de alojamiento.
Esta institución era también una escuela mercantil en donde estudiaba y
se formaba la clase comercial y los hijos de los burgueses alemanes
venían a aprender gramática, cálculo, teneduría de libros y práctica de
los negocios”(Rincón, 1984:10).
Estos fenómenos, evidencian una relativa simetría correlacional entre el
sistema contable y el entorno socioeconómico donde este opera y, es
precisamente en esta relación necesaria donde empiezan a configurarse
conceptos como el de “entidad contable”, que con posterioridad connotará
diferentes acepciones, dependiendo de la lente con que sean observados y
de los intereses particulares o generales que representen. Así por
ejemplo, para Jorge Tua Pereda, “la contabilidad puede manejar muy
diferentes definiciones de la entidad o, más concretamente, de la
empresa, desde las que conciben a esta última al servicio exclusivo de
los propietarios, hasta las que definen el marco de responsabilidad
social frente a todos los estamentos concurrentes e interesados en su
actividad” (Tua, s.f.:23). Quiérase o no, es imperativo aceptar que no
solo este concepto, sino muchos otros, que luego adquieren relevancia en
lo normativo contable, son acuñados en los albores propios del
desarrollo del gran capital.
2.3. La Globalización: Una Aproximación para el Análisis a partir de las
Temporalidades Históricas Braudelianas
El abordar el tema del origen de la globalización económica, plantea
como necesario rastrear, así sea en una muy apretada síntesis, como se
organiza modernamente la economía de empresa y cual la dinámica que
proyecta externamente, en especial en la conformación del mercado
global.
Como bien lo plantea Braudel[4], es indispensable situar el análisis de
la vida social desde diversos puntos de observación que involucren la
espacialidad, la temporalidad, los ordenes sociales y las jerarquías.
Siguiendo la categoría conceptual de la temporalidad, sugiere Braudel,
considerar el devenir de la historia en tres velocidades del tiempo: Un
intervalo de corto plazo (tiempo de la crónica y del periodismo); otro
de mediano plazo, donde ocurre mutaciones históricas a través de ciclos,
movimientos y “ritmos lentos pero perceptibles” y; una perspectiva de
largo plazo la –longue durée – en la cual el cambio ocurre con “una
cadencia más lenta que, en ocasiones, bordea la inercia” y en la cual se
estudian estructuras de vida social profundamente implantadas que
perduran a través de los siglos.
2.3.1. La Internacionalización del Comercio Medieval: Primera Expresión
de la “Globalización”
A partir de la perspectiva de la – Longue durée – el proceso de
globalización remonta sus orígenes a la Italia medieval, constituida en
el centro del florecimiento comercial. También en otras latitudes se
focalizan polos importantes de desarrollo mercantil, donde se precisa de
la existencia de instituciones y organizaciones semejantes, que
objetivan la creación de las bases del sistema capitalista
contemporáneo. Por tan solo citar algunos ejemplos: Los Lombardos y los
Judíos, monopolizaron el negocio de la banca en Europa; en los países
latinos, al igual que los germánicos e Inglaterra, se afirman las
libertades de las ciudades y el surgimiento de la burguesía que tiende a
constituirse en una clase “para sí”, dueña de su propio destino, sin
amarras y ataduras que la condicionen.
Aparte de la Italia medieval, constituida en el centro del florecimiento
comercial, también en otras latitudes se focalizan polos importantes de
desarrollo mercantil, donde se precisa de la existencia de instituciones
y organizaciones semejantes, que objetivan la creación de las bases del
sistema capitalista contemporáneo. Por tan solo citar algunos ejemplos:
Los Lombardos y los Judíos, monopolizaron el negocio de la banca en
Europa; el los países latinos, al igual que los germánicos e Inglaterra,
se afirman las libertades de las ciudades y el surgimiento de la
burguesía que tiende a constituirse en una clase “para sí”, dueña de su
propio destino, sin amarras y ataduras que la condicionen. Esto explica,
porqué esta nueva clase en emergencia se organiza corporativamente en
asociaciones de comerciantes profesionales, que acuerdan pactos que les
permiten márgenes de maniobra en un comercio que empieza a tener
dimensiones que sobrepasan las fronteras de lo estrictamente local o
nacional; se crean tribunales de ferias, tribunales de comercio
terrestre y marítimo; etc., fenómenos que evidencian cambios
sustanciales en la movilidad del capital y por consiguiente la
redefinición de los espacios de la mundialidad.
Prescindiendo del análisis político y religioso, la organización de las
cruzadas contribuyeron de manera decisiva a expandir el radio de acción
del comercio hacia el mundo oriental; de la misma manera, al margen de
la civilización europea, los judíos que casi monopolizan el negocio de
la banca en Europa, al igual, que los Árabes que coadyuvaron a dinamizar
el comercio con los pueblos del mediterráneo, fueron actores importantes
para que germinara el poder basado en el éxito de los negocios e hiciera
aparecimiento el clima de la especulación, en donde la “fabulosa magia
del capitalismo” encuentra su insospechada plataforma de lanzamiento.
Figurativamente, puede dibujarse el surgimiento de la nueva ética de los
negocios de la siguiente manera,
“cuando William Shakespeare escribió El Mercader de Venecia logró unir
la personalidad capitalista y su ambiente en sus formas clásicas. De
hecho, el perspicaz dramaturgo centró su atención en la clave de las
relaciones comerciales capitalistas: La santidad del contrato. Cabe
poner en tela de juicio que los judíos fueron los típicos mercaderes de
Venecia, pero en todo caso el autor unió dos reputaciones tradicionales:
La de Venecia, como más grande de los Estados mercantiles, y la del
judío, como negociante implacable” (Cox,1972:53).
Este panorama demarca claramente, que desde su imbricación en el
entramado de las relaciones económicas, el capitalismo como sistema
albergaba en su seno el irremediable afán de extender su influencia de
economía de mercado a todos los confines y convertirse en una fuerza de
carácter planetario.
2.3.2. Los Entornos Cambiantes y el Correlato Contable
Siguiendo la línea de análisis propuesta, en donde los cambios
socioeconómicos determinan los avances contables, es procedente inferir
que el ejercicio y cualificación de los instrumentos de registro y
manejo de la información contable, aparece no como un requerimiento
nacional de un Estado, ni como un sistema uniforme elaborado por varios
Estados; sino como un cuerpo de costumbres y prácticas de una “clase
social”: Los comerciantes, que paulatinamente compartían unos
referentes, en términos de mentalidad de negocios, deseos y necesidades.
Este tipo de “comunidades imaginadas”, incluso de distintas
nacionalidades van perfilando un nuevo quehacer contable, que aún cuando
limitado en su desarrollo conceptual, pretendía constituirse en una
herramienta para mejorar los sistemas operativos e instrumentales de
manejo de información empresarial.
Sin embargo, la evolución de lo contable no debe apreciarse con una
visión sincrónica del desarrollo mercantil, sino con una perspectiva
diacrónica que muestra la interacción de diferentes variables conjugadas
en las relaciones económicas de la época.
“No obstante, parece que existían diferentes sistemas operativos de
acumular la información obtenida. En esta época se dan posiblemente
muchas prácticas contables por partida simple y algunos negocios ya
llevan su contabilidad por partida doble, como consecuencia directa de
la evolución natural de la partida simple.
Ello demuestra que la contabilidad era una actividad dinámica que debía
progresar en la misma forma que progresaban o se complicaban las
operaciones de las empresas y las necesidades de información que
requería el hombre. En otros términos, ya existe un sujeto en el cual se
genera la información, una persona que valúa, registra e informa, y un
usuario de esa información que la utiliza para determinar qué tiene, qué
debe, y cuánto gana en un periodo, convirtiéndose, por tanto, en una
importante herramienta de medición que permite calcular la rentabilidad
de un negocio (Burbano,sf:17).
Hacia mediados del siglo XV, empiezan a percibirse las primeras
aproximaciones conceptuales, sobre la contabilidad, obras como “Della
Mercatura e del Mercante Perfecto”, escrita por Benedito Cotrugli
Rangeo, hacia 1458; pero publicado hacia 1573, manifiestan que mucho
antes de Paciolo ya existían preocupaciones por darle una organicidad y
sitematicidad a la contabilidad, elementos estos que se constituyen en
los primeros destellos de para la construcción epistémica del saber
contable, esto es, el inicio embrionario de una mutación que permita
“pasar de los estadios de mínimo conocimiento a los estadios de
conocimiento más riguroso”.
Como corolario, entonces se puede decir que, la práctica contable se ha
desarrollado en tres dimensiones fundamentales; una primera la dimensión
económico-social, una segunda dimensión histórica que recoge el legado
conceptual y; una tercera la dimensión epistemológica. Esta presentación
esquemática no supone una parcelación de cada una de las
dimensionalidades; al contrario, la concreción de los avances
disciplinarios solo serán posibles mediante la interacción de los
factores enunciados, en donde el contexto de justificación se
corresponda con el contexto de descubrimiento.
No de otra manera se puede explicar, que sea en Italia y no en otra
región, donde aparecen las primeras escuelas del pensamiento contable,
llamadas “escuelas de la práctica”; como la Veneciana, la Genovesa y la
Florentina, que construyeron y se constituyeron en los primeros
referentes artesanales que sirvieron de preámbulo y fundamento a las
elaboraciones conceptuales que sobre la contabilidad se desarrollaron
especialmente en el siglo XIX, con las escuelas de Fabio Besta, con su
doctrina económica sobre la contabilidad y; Giuseppe Cerboni,
representante de la escuela jurídica de la contabilidad y creador de la
logismografía.
La contabilidad, entonces empieza a dar respuestas a los hechos
económicos, que se suceden en estas nuevas configuraciones
empresariales. Este acaecer y la dinámica de la evolución contable,
responde a ciertos parámetros históricos, que en esencia pueden
sintetizarse de la siguiente forma:
· La existencia de actividades económicas y su objetivación orgánica en
formas de representación empresarial, constituyen condición sine quanon
para el desarrollo de la contabilidad y para la construcción de una
memoria registral de los hechos económicos.
· La emergencia de las “comunidades imaginadas”, surgidas de una
permanente lucha por el progreso de la humanidad, determinan
concomitantemente la satisfacción social de nuevas necesidades, dentro
de las cuales se halla el impostergable registro de la información
económica, en donde la contabilidad juega un papel cardinal.
· La destrucción del mundo mítico y la sustitución por uno secular,
reforma la estructura del pensamiento, se elabora un nuevo esquema del
conocimiento, con una metodología fundada en la observación y la
experimentación. La contabilidad, como práctica de registro de la
información, por supuesto no escapa a esta influencia, de allí la
inquietud por su interpretación, más allá de un simple ejercicio
operativo.
Partiendo de estos supuestos, se puede argumentar que el progreso
económico moldeó y aún sigue moldeando la contabilidad; primero, como
técnica del registro y de las cuentas; luego, como un campo disciplinar
que desde el análisis positivista, de las ciencias empíricas, pretendió
hallar la conexidad entre la contabilidad como instrumento de concreción
de la teoría económica, fundamentalmente en los avances conceptuales
logrados por Fabio Besta, en su obra “La Ragioneria”, en donde postula
“el principio básico de que en contabilidad no interesa tanto la
consideración del aspecto jurídico, es decir, los derechos en sentido
estricto, como la consideración de los hechos, esto es, la concreción
real de los derechos. De nada nos sirve – dice Besta - en el orden
genuinamente contable el goce de un derecho de crédito si este no puede
hacerse efectivo, ni un derecho real de propiedad si el objeto ha
desaparecido(Fernández,1977:30), y por último, un campo disciplinar
normativo positivista, que pretende dar respuesta a la sociedad de la
información a partir de uniformar el modelo contable internacional.
2.3.3 El Comercio y las Relaciones Mercantiles: Fermentos del Desarrollo
del Capital y de la Cohesión de lo Contable
La historia de la profesión contable, así como el desarrollo de la
contabilidad como disciplina, han estado invariablemente asociadas a las
transformaciones del sistema capitalista de producción. Es en la ruptura
del orden feudal, donde se crean los fermentos para el surgimiento de
una profesión que como la contable, cumpla el papel de instrumento de
control social de los excedentes de las organizaciones, al igual que
incida de manera preponderante en el perfeccionamiento de las
herramientas que den soporte y cierta objetividad y comprobabilidad a
los informes requeridos por los nuevos usuarios de información, que
paulatina y concomitantemente van apareciendo con el devenir societal,
“ha sido la empresa misma quien, en su desarrollo, ha servido de motor a
la evolución de la contabilidad; la empresa considerada a la vez en sus
aspectos jurídico, económico, social y de organización” (Vlaemminck,
1991:107).
Por otra parte, es la empresa capitalista la que crea las condiciones
objetivas y subjetivas, para empezar a hablar de la contabilidad como
una disciplina que entrega respuestas, en términos de medición de la
información económica, de las diferentes unidades involucradas en el
desarrollo del sistema capitalista de producción. En un primer estadio,
como factor coadyuvante y propulsor del desarrollo mercantil;
posteriormente como impulsora de la revolución industrial y; finalmente
como herramienta y soporte fundamental de la sociedad del capital
financiero. El profesor Fernandez Pirla, argumenta refiriéndose a este
aspecto:
“La contabilidad como disciplina científica, aparece, pues, vinculada
al campo de las ciencias económicas, y, más concretamente, en su
desarrollo actual, al de la economía de la empresa, aunque sería erróneo
afirmar que la contabilidad es economía. Considerada la contabilidad
como ciencia económica cuyo objeto material es la economía de la
empresa, su objeto formal, al que debe su unidad y autonomía científica,
sería la representación auténtica y la medida de la realidad económica,
utilizando para ello una adecuada técnica, apoyada en principios
materiales y estadísticos (Fernández,1977:21).
La contabilidad, como herramienta simbológica y como fenómeno semiótico
de representación del transcurrir económico; mediatizador comunicacional
de los valores de cambio de las organizaciones, irá paulatinamente
perfilando y atemperando su accionar a las presiones del mundo cambiante
y a los influjos de las estructuras internacionales de poder económico –
empresarial; cuyos postulados pragmáticos generalmente son adoptados por
las normatividades de los diferentes Estados receptores de la influencia
global del mundo capitalista.
Aún cuando la sistematización, organización y cohesión del sistema
contable, tiene sus orígenes primigenios durante parte de la edad media,
específicamente con la obra de Pacciolo, publicada en 1494, las
condiciones intrínsecas obedecen al desarrollo del sistema mercantil o
comercial, fermento del ulterior desarrollo del modo de producción
capitalista; o como lo argumenta el profesor Hernán Quintero: “Los
registros contables son expresión de las relaciones económicas y
sociales prevalecientes en el espacio donde ellas se efectúan; este
espacio a su vez expresa características del modo de producción
imperante en el contexto universal”.(Quintero,1996:24).
La obra del monje Franciscano, “Summa Arithmética, Geométrica,
Proportioni, Proportionalita et Arte Maggiore”, no es un tratado de
contabilidad. “De hecho, parece que la Summa de Luca Pacioli publicada
en Venecia en el año 1494, fue la primera obra de matemáticas que
incluyó entre sus páginas un capítulo relativo a la contabilidad,
iniciativa que tuvo luego abundantes imitadores” (Hernández,1995:165).
En el tratado de referencia se abocan una serie de temáticas diversas,
pero que todas ellas apuntan a realizar una aproximación hacia la
organización de estructuras de representación simbólica de la realidad,
cuya finalidad debe ser la posibilidad de entregar respuestas, que
impliquen abstracciones más complejas, en dirección a poder tener una
lectura, en términos de temporalidad y espacialidad, más acorde con los
cambios y transformaciones del entorno económico – empresarial. El
libro, maneja una serie de tipificaciones, que en esencia exteriorizan
el nacimiento del “hombre económico”, hecho para las transacciones y
para apropiar y acumular riqueza; un buen comerciante, dice Pacciolo,
debe: “Reunir dinero; poseer inteligencia; y tener la ciencia de llevar
la contabilidad”. Obviamente, semejante propósito solo podría estar
reservado a quienes los privilegios epocales les habían asignado la
preeminencia del manejo del poder y de las relaciones comerciales.
2.4. La Inauguración de la Edad Moderna y la Modernización Contable
Abocando el análisis de la configuración histórica de la sociedad
moderna, Consuelo Corredor Martínez, plantea “a manera de hipótesis, que
el advenimiento de la sociedad moderna recoge un doble ideario: el de
transformar el entorno material, y el de transformar al hombre como
centro del mismo. Mientras el primero alude a la modernización, el
segundo a la modernidad(Corredor,1992:37).
Con la edad moderna se inaugura un periodo de transformaciones y cambios
radicales en las esferas de lo económico, político, social y espiritual.
La modernización entendida como la transformación del entorno material,
se ve reflejada, para el caso particular de lo contable, en el
descubrimiento de los grandes negocios, en donde su radio de acción
adquiere visos de mundialidad; el comercio pasa de Europa a América; de
la ciudad como reducto de poder se pasa al concepto de nación; de la
preocupación por la productividad del dinero se pasa a la especulación;
de la supremacía de lo nobiliario y caballeresco se hace tránsito hacia
el triunfo de la mercancía y la riqueza como poder centralizador; la
noción gremial y familiar se transforma en noción empresarial; de la
producción agrícola se pasa al predominio de la industria y comercio
evolucionando el concepto de propiedad y de empresa. El reino
caballeresco de la nobleza y la dirección espiritual de la iglesia, es
sucedido por la creciente influencia de la burguesía que a decir de Karl
Marx,
“Donde quiera que ha conquistado el poder, ha destruido las relaciones
feudales, patriarcales, idílicas. Las abigarradas ligaduras feudales que
ataban al hombre a “sus superiores naturales” las ha desgarrado sin
piedad para no dejar sustituir otro vínculo entre los hombres que el
frío interés, el cruel “pago al contado”. Ha ahogado el sagrado éxtasis
del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo
del pequeño burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta. Ha hecho
de la dignidad personal un simple valor de cambio. Ha sustituido las
numerosas libertades escrituradas y adquiridas por la única y desalmada
libertad de comercio” – y más adelante concluye - “La burguesía ha
despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se
tenía por venerables y dignas de piadoso respeto. Al médico, al
jurisconsulto, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia, los ha
convertido en sus servidores asalariados” (Marx, Engels,1973:113).
En la era moderna que inaugura el capital, surge un hombre nuevo, con
espíritu de riesgo, movido por el apetito ilimitado de ganancia, de
riqueza y la alucinación perversa por la fructificación infinita del
dinero. Y este nuevo imaginario, está justificado de igual forma por la
construcción de una racionalidad ética, entronizada con el culto supremo
de la razón y el inconmensurable afán por el progreso material, que
habrá de causar una modernización indiscriminada, que conducirá
finalmente a un proceso creciente de alienación del hombre respecto de
su entorno natural y cultural; Miguel Giusti, plantea refiriéndose a la
lógica de la moralidad, construida por los modernos,
“la filosofía moderna surge con la convicción de llevar a cabo un giro
radical en la concepción del hombre y de la racionalidad. De esta
convicción hay diversas expresiones y formulaciones, una de las cuales –
quizá la más importante – es la idea de la autofundamentación de la
razón. Que la razón se fundamente a sí misma significa que la razón no
admite ningún criterio externo a ella misma, al cual ella debe
someterse. Criterios externos son, para los modernos, la tradición, la
teología o cualquier tipo de ordenamiento natural ( como supieron los
modernos que era la opinión de Aristóteles)”. Y posteriormente, a manera
de ilustración el autor plantea como “Hobbes sostuvo explícitamente, en
el De Cive, que la filosofía moral debía aplicar, en igual forma que la
filosofía prima, el modelo geométrico al estudio de los fenómenos éticos
y políticos” (Giusti, 1996: 8).
2.4.1. La Racionalidad del Capitalismo y el Cambio del Modelo Contable
El capitalismo primigenio, soportado conceptualmente en la teoría
Smitiana del liberalismo económico, que tuviera su mayor florecimiento
en la primera mitad del siglo XIX, paulatina e inevitablemente fue
transformando su estructura, a tal extremo que la importancia del
consumidor como factor determinante y generador potencial de las
demandas productivas, con el desarrollo del capitalismo financiero, fue
modificado sustancialmente o en el más optimo de los análisis relegado a
un segundo plano. El libre juego de la competencia interempresarial,
trajo apareada consigo la eliminación del más débil en el mercado,
convirtiéndose este hecho, paradójicamente, en un factor de renovación
empresarial y a la vez de concentración y centralización de capital. Es
este inmenso poder incubado por el influjo del capital el que
redimensiona la capacidad productiva de las empresas y potencia la
movilidad de los recursos productivos; cuando más avanza la economía más
optima debe ser la utilización del capital.
En este ciclo histórico convencionalmente situado en la década de los
años 70s. del siglo XIX, surge el capitalismo de las grandes unidades
productivas que sobrepasan el ámbito nacional y rompen cualquier lindero
de las fronteras nacionales. La cualificación técnica en las empresas
entrega mejores y mayores volúmenes de producción; las economías de
escala abaratan costos; la oferta de productos aumenta como resultado de
la “cultura” del consumismo que multiplica la gama de consumos
superfluos e implanta estándares de producción, todo esto aunado a la
insuficiencia de los mercados metropolitanos que no logran absorber la
totalidad de la producción, hace surgir la multinacionalidad. Francisco
Errasti, refiriéndose a este tema argumenta:
“La aparición de las sociedades multinacionales a escala mundial, ha
provocado un cambio, en la estructura de las instituciones productivas.
Una empresa puede plantearse de diversos modos, la posibilidad de vender
en otros mercados para aumentar sus beneficios:
· Exportando parte de su producción al extranjero, que es sin duda el
modo de penetración más sencillo.
· Producir en el propio mercado extranjero, cediendo la licencia de
fabricación a una empresa local.
· Instalar empresas subsidiarias oficiales en el extranjero. Es el modo
más consistente de penetración”.
Y más adelante, refiriéndose a la extraterritorialidad de su ámbito de
influencia, agrega,
“A través de la inversión directa en el extranjero y la creación de
numerosas filiales han ido creando enormes sociedades, que se mueven por
encina de las fronteras de los países sin tener en cuenta los intereses
nacionales del país donde actúan, puesto que el capital de una sociedad
multinacional no tiene nacionalidad. Aunque la eficacia económica es la
finalidad obvia de su actuar, las multinacionales adquieren una clara
proyección política en el mundo actual. Tanto es así, y este es un hecho
de trascendental importancia, que la inversión internacional ha empezado
a desplazar al comercio” (Errasti,1979:31-33).
En este ambiente navega lo contable; los comerciantes que habían
constituido el eje para perfilar cambios en las estructuras de
información empresarial, realizando la fusión de múltiples mercados
locales que, originaron un mercado interior unificado y su proyección en
el comercio exterior; empiezan a fragmentarse y se estatuyen modelos que
dan respuesta a las nuevas configuraciones nacionales, opuestos a la
autonomía de esa clase de profesionales que eran los comerciantes, en
cabeza de quienes estaba la discrecionalidad en el manejo de la
información contable.
Si en la sociedad precapitalista, la contabilidad dio respuesta a las
necesidades entornales desde el paradigma jurídico de propiedad, es
decir, el modelo contable estuvo soportado en la lógica de la
información patrimonial,
“el lado jurídico de la empresa considerada como el lugar geométrico de
una tupida red de derechos y obligaciones, dio el primer impulso al
registro de las cuentas y le conservó su terminología básica hasta
nuestros días.
La confusa imagen de un patrimonio económico que ha de expresarse en
datos contables de manera que se puedan seguir las diversas variaciones
y mutaciones de valores, empujó a los contadores a pasar a la segunda
fase de la evolución y, englobando las primeras cuentas de personas en
un sistema general, les llevó a registrar sucesivamente todos los
elementos patrimoniales y a fundir en un solo todo el complejo
“naturaleza, trabajo y capital” cuya integración bajo la égida de un
empresario constituye la “empresa“ de los economistas” (Vlaemminck, 19
91:110).
En la sociedad moderna y básicamente en el periodo de la revolución
industrial, el paradigma contable varía hacia el ejercicio del control,
ya no referido con exclusividad a la propiedad, sino a la racionalidad
de la productividad, rendimiento y eficiencia del capital, en tanto las
leyes inherentes al sistema capitalista suponen mínimos costos y máximo
de utilidad. Se empieza entonces, a desarrollar el concepto de la
contabilidad gerencial, como herramienta simbológica de representación
de las nuevas realidades empresariales. “Los administradores de empresas
a principios de los años 1800 tenían amplia libertad para seleccionar,
los métodos de contabilidad; a cada empresa podían establecerle, sin
restricciones, las reglas sobre valuación de activos y determinación de
utilidades. La información financiera exagerada reflejaba el ánimo de
los empresarios en la rápida industrialización y expansión económica y
producía ventajas de corto plazo a las empresas (Chatfield,1988:18).
2.4.2 La Globalización y Mundialización del Capital y las
Manifestaciones de la Extraterritorialidad Perversa
El concepto de Estado –Nación,[5] tal cual como fue estructurado desde
la perspectiva de la democracia liberal, es sometido a una imperativa y
permanente mutación.
“A la par que se presenta la mundialización del capital se observa la
transformación del rol de los Estados nacionales. No es que éstos
desaparezcan, como se dice comúnmente, sino que su función como entes
reguladores de la relación capitalista se modifica. En efecto, en vista
de la superación del control de un territorio y de unas fronteras fijas
y determinadas por parte de un Estado, transgresión que se ha facilitado
por las innovaciones tecnológicas en las telecomunicaciones, los Estados
han renunciado a las funciones que hasta ahora habían desempeñado como
reguladores del capitalismo. Así se han abandonado sus tradicionales
papeles de regulador de la moneda, el trabajo, el comercio
internacional, los flujos de capital, la promoción de una cultura y de
unos valores nacionales, la protección del mercado interior, etcétera,
para adoptar ahora la lógica de la mundialización” (Vega,1999:65).
Además, como lo indica María Teresa Uribe, “la globalización y la
creciente interconexión a través de los mercados han puesto en cuestión
el modelo Estado-nación desde el cual se desarrolló todo el proceso de
modernización económica y modernidad política de los últimos siglos”
(Uribe,1996:85). Hay una gran diferencia, entre las rutas comerciales
que caracterizaban el periodo mercantil y librecambista y, el alcance
del sistema imperial inaugurado con el advenimiento del monopolio
internacional, en donde la estructura global de producción y de
intercambio va más allá del control del Estado - nación. La trama de
relaciones y redes de interacción y comunicación transnacional
trascienden las sociedades nacionales y evaden las regulaciones y
normatividades de los Estados nacionales. Mientras en el siglo XVIII y
gran parte del siglo XIX, las rutas de comercio estaban mediadas por
redes sencillas de interacción, el orden global contemporáneo se
configura como un sistema que aboca una multiplicidad de formas de
transacción, que vinculan a las sociedades en formas altamente complejas
que virtualmente acaban con los límites territoriales como barreras u
obstáculos a las actividades y relaciones socioeconómicas, creando así
un mundo de infinitas incertidumbres. Los mercados nacionales, pierden
su funcionalidad; por influencia de lo global, quedan fusionados, más
que atados al influjo transnacionalizante.
Obviamente la penetración transnacional no se produce de manera
simétrica, indiferente y homogénea en todos los países receptores.
Depende de las características de los sectores, y de las oportunidades
que los países puedan presentar a dichos conglomerados. Pero además,
depende de las condiciones de rentabilidad que se ofrezcan al capital
metropolitano, excepto en el caso de la obtención de recursos
estratégicos, en donde las motivaciones implican lineamientos de otro
orden.
Ahora, la influencia de la empresa transnacional no está circunscrita al
ámbito exclusivo de dominio de su capital y su producción, como
generalmente tiende a considerársele, su influencia está presente en
toda la cadena o red productiva con la cual está relacionada. Es decir,
miradas en términos de poder, su cobertura no está limitada por el
concepto de propiedad jurídica de la empresa, pues su trascendencia
abarca un radio de acción mucho más amplio donde puede influir sobre las
decisiones del resto de sectores del cuál es partícipe en razón de su
poder centralizador. Esta forma de inducción de decisiones es una
extensión de la propiedad económica que ejercen estas corporaciones mas
allá de lo que los cánones de propiedad jurídicamente considerados le
permiten.
Se podría afirmar entonces, que el fenómeno más sobresaliente de la
actualidad es la prevalencia de una soberanía compartida, donde el
privilegio de esta corre por cuenta de las organizaciones
transnacionales, vr.gr., la Organización Mundial de Comercio es el
primer organismo que fija reglas y sanciones de carácter internacional.
En este contexto, de mundo unipolar, las acciones bélicas que se
producen son el resultado del sometimiento de los Estados a la lógica y
a las reglas de juego instrumentadas por las estructuras de poder
internacional.
Este fenómeno de soberanía compartida, hace que el concepto de
Estado-nación, en el sentido sociopolítico y clásico del término tienda
irremediablemente a modificarse sustancialmente, lo cual no significa,
como lo pregonan algunos analistas, el fin del Estado, sino más bien la
mutación o transformación de la idea de soberanía, en tanto el papel de
los Estados y, especialmente los ubicados en el tercer mundo, estarán
cada vez menos envestidos de un cierto grado de soberanía que los
habilite para interlocutar en el plano internacional, en un mundo donde
la supervivencia depende de la habilidad y capacidad para construir
redes. Hoy la obligación impostergable de los Estados reside en la
posibilidad de vincularse a redes internacionales que les garanticen
jugar con ciertos niveles de autonomía y opciones reales de
interlocución y concertación financiera y comercial. El enorme reto está
en inventar una especie de "democracia de la globalización", que
signifique salirle al paso a la conformación de un super Estado
omnipotente y omnipresente, como el que hasta ahora se está vendiendo
desde la perspectiva de las teorías neoliberales.
Milton Santos, tratando el tema de la globalización y sus implicaciones
parte de reconocer que,
"las tentativas de construcción de un mundo son siempre conducidas a
conflictos porque busca unificar y no unir. Una cosa es un sistema de
relaciones, beneficio del mayor número, basado en las posibilidades
reales de un momento histórico; otra cosa es un sistema de relaciones
jerárquico, construido para perpetuar un susbsistema de dominación sobre
otros subsistemas, en beneficio de algunos. Es esto último lo que
existe.
Hoy, lo que es unificado a nivel mundial no es una voluntad de libertad,
sino de dominación, no es el deseo de cooperación sino de competición,
todo esos, requiriendo un rígido esquema de organización que atraviesa
todos los rincones de la vida humana. Con tales designios, lo que
globaliza, falsifica, corrompe, desequilibra, destruye"(Santos,
1995:33).
Manuel Castells, en uno de sus estudios plantea una tipificación de los
virajes de la economía actual y manifiesta que esta “se fundamenta en
tres aspectos: es una economía informacional; es una economía que
funciona en redes; y es una economía globalizada” (Castells, 1999:6).
La economía informacional, tiene su soporte capital en la productividad
que va estrechamente ligada a la competitividad y, en ese sentido, la
infraestructura tecnológica crea un valor agregado referido
fundamentalmente a la capacidad para el rápido proceso de procesamiento
de información y de forma concomitante con la generación de
conocimiento, elementos insustituibles para la competitividad de la
empresa. La producción en serie, el modelo Fordista que por largo tiempo
había sido el soporte de los procesos productivos, pierde razón de ser
frente a aquellos procesos mediados por redes informacionales que se
tejen a través de la fusión e interconexión de pequeñas y medianas
empresas que trabajan para los grandes emporios; dicho de otra forma “la
complejidad de la economía actual reside en que la unidad económica es
el proyecto no la empresa. Esta última es la unidad de gestión y
propiedad, pero la unidad de actuación es un proyecto empresarial
formado por trozos de empresas de distinto tipo que se conectan y
desconectan constantemente” (Castells, 1999:7).
Este archipiélago de empresas ligadas como siamesas a los grandes
emporios de capital centralizado, requieren para su funcionalidad de
grandes niveles de flexibilidad, descentralización y movilidad; factores
estos que hagan posible, desde la perspectiva monopólica, gozar de
mayores topes de rentabilidad, independientemente de donde puedan
asentarse las pequeñas o medianas unidades empresariales constitutivas
de la red. En este sentido el capital no tiene nacionalidad, de allí la
tendencia hacia la fragilidad y vulnerabilidad de las economías
periféricas, con respecto a la preponderancia de los países hegemones.
De otro lado, el proceso de globalización económica esta entronizado con
el espectacular avance de las tecnologías comunicacionales, que
posibilitan la circulación de capitales con espacios de libertad por
todo el mundo, lo cual no implica que la globalización sea un proceso
simétrico y homogéneo, en donde el mundo esté en una especie de “globo
indiferenciado”. Todo lo contrario, “las actividades estratégicamente
centrales de esa economía tienen un núcleo globalizado en el sentido de
que funciona como unidad en todo el planeta, de manera cotidiana. La más
importante de dichas actividades es la del mercado financiero”
(Castells, 1999:8).
El mundo actual está asentado sobre una economía de la especulación y no
de la producción, se ha suplantado la creación de riqueza por la
inconmensurable manipulación de las ficciones fraudulentas de las
turbulencias de la información. “El desarrollo de las nuevas tecnologías
informáticas ha influido fuertemente para caracterizar la globalización
de la economía, permitiendo el paso de una economía de productos a una
economía de símbolos, que coincide con la nueva etapa de capitalismo
financiero” (Ander– Egg,1998:39).
En este marco entornal, lo que otrora constituía el control del control
ha dejado de tener vigencia, al igual que los principios de contabilidad
generalmente aceptados, hoy convertidos en estándares internacionales,
en tanto estos, en términos Bachelardianos se constituyen obstáculos
epistemológicos, que eclosionan los esfuerzos de torización y
consolidación de posturas rigurosas que vertebren un marco conceptual
fuerte que de cuenta y respuesta a los innumerables problemas derivados
de la sociedad de la información. La preocupación por la productividad y
la competitividad, potenciadas hoy por la capacidad para procesar
información y generar conocimiento, exceden la problemática de la
medición, eje central del modelo del control, para trasladarse a otros
escenarios como los esquemas decisionales en tiempo presente, que
desvirtúen o falsan la demora informativa montada sobre esquemas típicos
de una contabilidad estructurada para la verdad única e insoslayable; en
tanto, como lo plantea Castells,
“lo que realmente ha ocurrido es que hemos automatizado el
funcionamiento del capital con unos niveles de velocidad y complejidad
que solo la red de instrucciones electrónicas puede manejar. Cierto es
que siempre hay intervención humana pero se trata de una respuesta que
debe reaccionar en fracciones de segundo, no primordialmente a datos del
mercado, sino sobre todo a las turbulencias de la información”
(Castells, 1999:8).
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[2] La “commenda”, existió en la antigüedad, pero su real dimensión
afloró en la edad media y consistía básicamente, en la asociación de un
capitalista anónimo con un comerciante que actuaba en su nombre, hecho
éste que le daba la garantía de reservarse parte de los beneficios del
capitalista, dicho de otra forma, era la simbiosis entre capital y
trabajo.
[3] Sobre este particular el Profesor J.M. Fernández Pirla, argumenta
“La cuenta es una creación de la contabilidad que tiene por objeto
presentar y medir los procesos económicos, jurídicos y administrativos
que tienen lugar en el ámbito de la economía de la empresa en orden al
conocimiento de la auténtica realidad económica de ésta”. Para mayor
claridad puede ser consultada su obra. Teoría Económica de la
Contabilidad. Ediciones ICE. Novena edición. España 1977, en sus
capítulos III – IV - V.
[4] Fernad Braudel, miembro significativo de la escuela de Annales,
plantea que en la historia existen decenas y hasta centenas de tiempos
diversos, una tentativa de clasificación de esta enorme masa de
temporalidades, son agrupadas por este autor bajo una triple
esquematización del tiempo: La corta duración, el coyuntural o tiempo
medio y, el tiempo de las estructuras o denominado de larga duración.
Tres tiempos, que hacen referencia a realidades analizadas por las
ciencias sociales o por la historia. La temporalidad de corta duración,
que se ocupa del ritmo del acontecer cotidiano, del relato de la crónica
y el periodismo, el tiempo de la historia episódica; la temporalidad de
mediano plazo, que aboca el análsis de las distintas coyunturas
económicas, políticas, culturales y sociales, en referencia a la
recurrencia de fenómenos, eventos y características de distintas
generaciones humanas y; el tiempo de larga duración, que finalmente se
ocupa de procesos y estructuras de un recorrido superior a un siglo, en
donde se analizan realidades persistentes que hacen sentir efectivamente
su presencia en el devenir de los procesos humanos (Braudel,1984).
[5] El Estado-nación, según Alain Lipietz, es concebido como una
comunidad de individuos ligados por un contrato social, se desarrolla
con la generación de prácticas mercantiles. El derecho mercantil y la
relación salarial están identificados, institucionalizados dentro de
este marco, a la sombra de la soberanía del Estado. Es a nivel del
Estado-nación donde se regulan las contradicciones sociales y, por
tanto, donde se consolida poco a poco la coherencia de verdaderos
regímenes de acumulación.
Guillermo León Martínez Pino
Contador Público Titulado de la Universidad del Cauca, Magister en
Estudios Sobre Problemas Políticos Latinoamericanos - U. del Cauca-,
Especialista en Docencia sobre Problemas Políticos - U. del Cauca.
Profesor de la Facultad de Ciencias Contables Económicas y
Administrativas -U del Cauca-, miembro académico del Centro Colombiano
de Investigaciones Contables C-CINCO, profesor catedrático de varias
universidades, Ex - Consultor del PNUD, ex-Asesor del Programa
Presidencial para la Reinserción. Miembro del Comité de Investigaciones
de la FCCEA Universidad del Cauca, codirector grupo de investigación
"contabilidad, sociedad y desarrollo"; autor de varios artículos sobre
teoría e investigación contables, política, música de salsa, sociedad y
desarrollo.
E-mail: guimarpin@hotmail.com
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