TERCER MUNDO Y SU DIVERSIDAD (RECOPILACIÓN)

Autor: Jean Carlos Guzmán

Comercio internacional

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01-2004

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a) La solidaridad humana es indivisible: el desarrollo total del hombre únicamente puede realizarse en un desarrollo solidario de la humanidad. Ningún Estado puede perseguir sus intereses ni desarrollarse aisladamente, pues la prosperidad y el progreso de un Estado son en parte efecto y en parte causa de la prosperidad y el progreso de los otros. La participación de todos es tan necesaria como la aceptación de la responsabilidad social en pro de un mundo basado en el reconocimiento recíproco de los hombres.

b) Establecer los mejores presupuestos asequibles para que el mayor número posible de hombres y de pueblos goce de una vida humana digna exige una distribución proporcionada del bienestar y la aplicación de la no reciprocidad y de la asistencia en caso de ineficacia de otros métodos.

c) La libertad como condición previa de decisiones realmente humanas y responsables –sin opresión, dominación ni alienación– requiere el derecho ilimitado de autodeterminación de los pueblos, la soberana posibilidad de elegir el sistema económico y social, la actividad económica y los recursos naturales.

d) La justicia y la paz en las relaciones estructurales internacionales comprenden derechos y deberes en orden a establecer una igualdad de oportunidades materiales y humanas mediante la satisfacción de las necesidades elementales de todos; implican igualmente una equilibrada distribución de los bienes materiales, culturales y espirituales, así como el acceso a la utilización de los recursos disponibles. La creciente interdependencia de los pueblos hace que las desigualdades resulten intolerables.

e) El postulado de la seguridad exige la inviolabilidad territorial y la no injerencia en los asuntos internos, al igual que un sistema que provea con seguridad a las generaciones presentes y futuras de los bienes necesarios para la vida, como son los alimentos y las materias primas.

f) La justicia y la solidaridad son valores fundamentales para una nueva ordenación de las relaciones económicas internacionales. Justicia quiere decir la creación de una ordenación jurídica eficaz que garantice la igualdad y la independencia. El libre intercambio de bienes sólo es auténticamente justo y equitativo cuando existe igualdad de derechos en materia económica; sin la igualdad la cooperación solidaria no pasará de ser una palabra vacía. Solidaridad significa participación en las deliberaciones y decisiones, fácil acceso a los conocimientos y a la tecnología y ayuda especial a los países pobres.

La ética del desarrollo aborda, además, el conjunto de problemas morales que la llamada ayuda al desarrollo a los países en vías de desarrollo otorgan los países industrializados, así como señalar los valores resultantes de la posibilidad de su autodeterminación política, social y económica.

Además, tiene como uno de sus principales objetivos clarificar los problemas que la ayuda al desarrollo suscita en el denominado conflicto Norte-Sur, es decir, en la tensión entre países industrializados y países en vías de desarrollo, así como la transferencia de tecnología, de sistemas sociales y educativos a los países del Tercer Mundo, la cual –según el interés de los países occidentales– debería contribuir a una estabilización política, pero hace aparecer la ayuda para el desarrollo como un esfuerzo dominado por una ideología imperialista y colonialista.

Recordemos que es una problemática moral la ayuda para el desarrollo que identifica los criterios del Tercer Mundo con las normas de civilización y progreso de los países industrializados. Cuando el desarrollo no vincula el crecimiento económico con la justicia social, propicia una mayor dependencia del Tercer Mundo respecto a los países industrializados y no la autodeterminación. Como política social internacional y como estrategia de justicia mundial, el desarrollo debe contribuir a garantizar la paz, y como condición básica para tal fin debe contribuir a crear en el Tercer Mundo las exigencias mínimas de una vida humana digna.
 
Capítulo II
Diversidad del Tercer Mundo

2.1 Países menos adelantados (PMA) o cuarto mundo.

Los PMA son unos cincuenta países, fundamentalmente del África negra, que, con una población conjunta de más de 500 millones de habitantes, forman el llamado "Cuarto Mundo", los cuales son los más pobres del planeta. Se caracterizan por tener una renta per cápita inferior a los 500 dólares (es decir, menos de una octava parte de la renta media mundial); un peso relativo de la producción manufactura en el PIB inferior al 10%, y una tasa de alfabetización de adultos inferior al 20%.

Los principales PMA, por su peso demográfico se ordenan de menor a mayor (PNB por habitante) los cuales son: Etiopía, Bangladesh, Nepal, Mozambique, Myanmar (la antigua Birmania), Tanzania, Sudán y Yemen.

Los rasgos principales de sus economías son: una estructura productiva muy desarticulada y poco integrada, un nivel muy bajo de comercio exterior (los cuarenta PMA apenas llegan conjuntamente al 1% de las exportaciones mundiales frente al 9% de los cuatro tigres asiáticos, una dependencia extrema de la venta al exterior de uno o dos materias primas o productos alimenticios (monoexportación primaria), un mercado interior restringido, una acusada falta de servicios en educación y sanidad, una baja esperanza de vida al nacer, una alta tasa de analfabetismo y una elevada mortalidad.

Por si esto fuese poco, muchos de ellos tienen un medio ambiente frágil (alto grado de exposición a desastres naturales, como ciclones, terremotos, desertización, etc.) y algún grave inconveniente geográfico o climático (insularidad, enclave, ausencia de litoral, etc.). La situación general de los PMA ha empeorado incluso durante los años ochenta y primeros noventa. Han recibido una ayuda exterior insuficiente, problema al que hay que añadir unas políticas interiores poco adaptadas a las necesidades más urgentes (en gran medida por la imposición de programas de ajuste por parte de algunos organismos internacionales) y un marco internacional desfavorable, definido por los problemas de deuda externa o la caída de las cotizaciones internacionales de los principales productos primarios.

2.1.1 La Hambruna.

Es la escasez grave de alimentos, que por lo general afecta a una amplia extensión de territorio y a gran número de personas. Sus causas naturales incluyen la sequía, las inundaciones, los terremotos, las plagas de insectos y las enfermedades de las plantas. Las causas humanas incluyen la guerra, los conflictos civiles, los asedios y la destrucción deliberada de cosechas. El hambre crónica y la malnutrición generalizadas pueden ser resultado de la pobreza, la distribución ineficiente de los alimentos o de un crecimiento desproporcionado de la población respecto a la capacidad de sustentación o de abastecimiento de los habitantes de una determinada zona.

Las consecuencias inmediatas del hambre son la pérdida de peso en los adultos y la aparición de problemas de desarrollo en los niños. La malnutrición, sobre todo debido a la falta de alimentos energéticos y proteínas, aumenta entre la población afectada y crece la tasa de mortalidad; los niños y los ancianos son los más afectados. Estas muertes se deben en parte al hambre, pero también a la pérdida de capacidad para combatir las infecciones.

2.1.2 Efectos de la hambruna:

El cuerpo humano puede adaptarse bien a la reducción de comida. Reducir ésta a la mitad reduce el peso corporal en un 25%, pero es posible subsistir en estas condiciones durante cierto tiempo sin mayores consecuencias.
Los efectos a largo plazo son también graves. Por lo general, los adultos suelen recuperarse de la inanición, pero los niños pueden sufrir daños físicos y mentales irreversibles si sufren desnutrición durante un período vulnerable de desarrollo rápido.

2.1.3 ONGs.

Las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) se ocupan de una gran variedad de cuestiones y causas entre las cuales podemos mencionar: el intercambio científico, la religión, la ayuda de emergencia y los asuntos humanitarios.

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (en inglés, United Nations Children's Fund, UNICEF), se dedica al establecimiento de programas para proporcionar bienestar a largo plazo a la población infantil, en particular a la de los países subdesarrollados del Tercer Mundo.
Financiación de proyectos de desarrollo sanitarios, sociales, agrícolas, educativos y de promoción de la mujer, que llegan de más de 60 países del Tercer Mundo, con el objetivo de mejorar las condiciones de vida generales y de lograr que estas naciones lleguen a ser autosuficientes.

2.1.4 Pobreza

Es la circunstancia económica en la que una persona carece de los ingresos suficientes para acceder a los niveles mínimos de atención médica, alimentos, vivienda, ropa y educación.
La pobreza absoluta es la experimentada por aquellas personas que no disponen de los alimentos necesarios para mantenerse sanos, las personas que no pueden acceder a una educación o a servicios médicos deben ser considerados en situación de pobreza aunque dispongan de alimentos.

2.1.5 Causas de la pobreza.

2.1.5.1 Estructuras económicas que impiden el progreso:

La pobreza es el resultado de una estructura económica deficiente. Las diferentes estructuras económicas que frenan el progreso pueden listarse como premodernistas, mercantilista, intervencionista, y de orientación hacia adentro. Excluimos los modelos socialistas y comunistas de esta discusión, aunque el modelo intervencionista usualmente contiene muchas de sus características retardantes. Es preciso notar que todas las estructuras modernas son mezclas de diversos tipos; ningún modelo es exclusivo a un país.

2.1.5.1.1 Estructura pre-modernista

La estructura pre-modernista o semi-feudal data de la Edad Media, cuando la vida se percibía como una lucha repetitiva y continua, y escasamente se tenía una noción del progreso. Es característica de la producción agrícola que depende intensamente de la mano de obra, con poca división de trabajo. Puede consistir en parcelas pequeñas, en las cuales familias individuales producen cosechas tradicionales para consumo propio o venta en mercados locales, sin tecnología ni herramientas modernas, y frecuentemente con la obligación de pagar algún tipo de diezmo o feudo al terrateniente, o puede consistir, como ocurrió en la época colonial, de extensas plantaciones agrarias que producen cosechas para mercados internacionales bajo condiciones que traen a la memoria el trabajo esclavizado. 

En cualquier caso, los trabajadores, están virtualmente casados con la tierra local, aislados de la industria moderna y las amenidades disponibles en los mercados mundiales. La de ellos es una existencia monótona que provee poco incentivo para el mejoramiento personal y promueve la continua emigración de siervos analfabetas de las comunidades rurales a la ciudad capital y al mundo externo. Una muy alta tasa de reproducción generalmente acentúa estos efectos.

El feudalismo puro no existe como tal y desaparece gradualmente. Sin embargo, sus vestigios aún permanecen y sirven para frenar la prosperidad agraria que es tan necesaria para el desarrollo tercermundista. Algunos de los factores que contribuyen a que desaparezca la estructura feudal en beneficio de estructuras más modernas son: en el caso del pequeño agricultor, el acceso a mercados internacionales por medio de cultivos de exportación, así como el acceso a recursos de capital y mejoras tecnológicas, como fertilizantes, irrigación, y pick ups; en el caso de plantaciones, la modernización resulta de la creación de plantas procesadoras que transforman el producto agrícola en un producto vendible al mayoreo o directamente al consumidor en los mercados mundiales, la consecuente tecnificación y especialización de los trabajadores, y los sistemas que crean incentivos para mejoras en la remuneración, que están directamente relacionados con la producción para la venta externa. Todo lo anterior señala la salida gradual de un estado de pobreza y la entrada a una existencia moderna más humana.

2.1.5.1.2 La estructura mercantilista

El mercantilismo data de los siglos XVII, XVIII, se caracterizó por la práctica de parte de los nuevos estados centralizados, particularmente Inglaterra, España, Francia y los Países Bajos, de controlar su industria y comercio internacional. Lo hicieron concediendo privilegios únicos a compañías individuales para producir y distribuir productos específicos, e intentaron proteger a estas compañías por medio de todo tipo de exclusión, tarifas y subsidios.
Muchas prácticas mercantilistas continúan dominando la estructura industrial y comercial de muchos países subdesarrollados. El exclusivismo y los privilegios limitan la entrada a muchos mercados, impidiendo así el crecimiento de una competencia reductora de costos. La ley alberga a estos monopolios artificiales de la intromisión por otros. El resultado son mercados que ofertan un número limitado de productos a altos precios, a una clientela reducida, favoreciendo así únicamente a los sectores más ricos y vedando a las masas una participación de los beneficios (en calidad y precio) del comercio mundial. En el mercado doméstico, los empresarios nacionales pueden subir los precios de sus productos protegidos por aranceles y tarifas y así vender bienes substitutos inferiores a un precio por encima del precio mundial; pero estos mismos precios altos impiden su participación en el comercio mundial.

2.1.5.1.3 Estructura intervencionista

El alza en la intervención gubernamental en el mercado es una de las grandes causas de la pobreza. La intervención es responsable por establecer dentro del gobierno muchas estructuras que crean pobreza, en la forma de ministerios y departamentos con una agenda aparentemente ilimitada. Estas agencias son dirigidas por burócratas ineficientes, aunque bien intencionados, responsables por imponer una colección infinita de complicados programas, regulaciones, requisitos de elegibilidad, prohibiciones, reglas para reportes, cargas contables, y decisiones arbitrarias, las cuales a veces se duplican unas con otras o se contradicen. Estas son impuestas a los ciudadanos y a las empresas productivas de una nación. Los costos administrativos de esta carga reguladora contribuyen enormemente al déficit incontrolable del país y generan, en la mayoría de los casos, beneficios dudosos para el público maniatado, el cual es obligado, so pena de multa o encarcelamiento, ya sea a obedecer o a hacer pagos ilegales cuando los extorsionan servidores públicos inescrupulosos. El mercado subterráneo o informal, que carece de aprobación y de protección legal, surge porque la mayoría de los pequeños productores no pueden cumplir con la multiplicidad de requisitos y pagos que la ley les impone.

La convicción de que el gobierno debe tener obligaciones ilimitadas hacia los ciudadanos, y por ende ser directamente responsable por su salud, educación, vivienda, vejez, e incluso recreación, ha contribuido en gran medida a este problema del intervencionismo. Muy pocos servicios se escapan de este tutelaje directo. La burocracia estatal aumenta significativamente la ineficiencia y el costo alto de los servicios más esenciales y es responsable porque éstos sean inasequibles. En última instancia, la población nunca puede superar la pobreza del pasado y la desmoralización que crea este sistema, a pesar de una asignación inmensa para los gastos sociales.

Otra convicción que crea un insoportable freno sobre la productividad de una nación es aquella que dice que el gobierno tiene una responsabilidad reguladora inmediata sobre la actividad privada de negocios y de banca. La noción de que el gobierno tiene la función de intervenir en beneficio del consumidor, trabajador, e inversionista, que debe regular detalladamente los precios, salarios y tasas de interés, que debe ser el policía de primera línea de toda actividad de mercado, ha creado un paternalista e ineficiente super-control que tiende a encadenar la iniciativa y eficiencia empresarial, y a restringir las consecuentes ganancias que estimulan el crecimiento económico. Empobrece mucho más de lo que protege. Crea inseguridad en lugar de prosperidad. Frena en lugar de estimular.

Adicionalmente, los países mercantilistas suelen intervenir para estatizar (o nacionalizar) las industrias más esenciales al crecimiento, como las comunicaciones, a energía, y el transporte. La mayoría de estos países tiene únicamente una aerolínea nacionalizada, una compañía de teléfonos, y una compañía eléctrica, entre otros. El saldo es aún más ineficiencia burocrática, desperdicio, enriquecimiento de servidores públicos, y los consecuentes déficit y deudas. Por ejemplo, Centro América necesita urgentemente de millones de líneas telefónicas más, las cuales no pueden proveer ni manejar las compañías estatales.
 

 

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