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a) La solidaridad humana es indivisible: el desarrollo total del
hombre únicamente puede realizarse en un desarrollo solidario de la
humanidad. Ningún Estado puede perseguir sus intereses ni desarrollarse
aisladamente, pues la prosperidad y el progreso de un Estado son en
parte efecto y en parte causa de la prosperidad y el progreso de los
otros. La participación de todos es tan necesaria como la aceptación de
la responsabilidad social en pro de un mundo basado en el reconocimiento
recíproco de los hombres.
b) Establecer los mejores presupuestos asequibles para que el mayor
número posible de hombres y de pueblos goce de una vida humana digna
exige una distribución proporcionada del bienestar y la aplicación de la
no reciprocidad y de la asistencia en caso de ineficacia de otros
métodos.
c) La libertad como condición previa de decisiones realmente humanas y
responsables –sin opresión, dominación ni alienación– requiere el
derecho ilimitado de autodeterminación de los pueblos, la soberana
posibilidad de elegir el sistema económico y social, la actividad
económica y los recursos naturales.
d) La justicia y la paz en las relaciones estructurales internacionales
comprenden derechos y deberes en orden a establecer una igualdad de
oportunidades materiales y humanas mediante la satisfacción de las
necesidades elementales de todos; implican igualmente una equilibrada
distribución de los bienes materiales, culturales y espirituales, así
como el acceso a la utilización de los recursos disponibles. La
creciente interdependencia de los pueblos hace que las desigualdades
resulten intolerables.
e) El postulado de la seguridad exige la inviolabilidad territorial y la
no injerencia en los asuntos internos, al igual que un sistema que
provea con seguridad a las generaciones presentes y futuras de los
bienes necesarios para la vida, como son los alimentos y las materias
primas.
f) La justicia y la solidaridad son valores fundamentales para una nueva
ordenación de las relaciones económicas internacionales. Justicia quiere
decir la creación de una ordenación jurídica eficaz que garantice la
igualdad y la independencia. El libre intercambio de bienes sólo es
auténticamente justo y equitativo cuando existe igualdad de derechos en
materia económica; sin la igualdad la cooperación solidaria no pasará de
ser una palabra vacía. Solidaridad significa participación en las
deliberaciones y decisiones, fácil acceso a los conocimientos y a la
tecnología y ayuda especial a los países pobres.
La ética del desarrollo aborda, además, el conjunto de problemas morales
que la llamada ayuda al desarrollo a los países en vías de desarrollo
otorgan los países industrializados, así como señalar los valores
resultantes de la posibilidad de su autodeterminación política, social y
económica.
Además, tiene como uno de sus principales objetivos clarificar los
problemas que la ayuda al desarrollo suscita en el denominado conflicto
Norte-Sur, es decir, en la tensión entre países industrializados y
países en vías de desarrollo, así como la transferencia de tecnología,
de sistemas sociales y educativos a los países del Tercer Mundo, la cual
–según el interés de los países occidentales– debería contribuir a una
estabilización política, pero hace aparecer la ayuda para el desarrollo
como un esfuerzo dominado por una ideología imperialista y colonialista.
Recordemos que es una problemática moral la ayuda para el desarrollo que
identifica los criterios del Tercer Mundo con las normas de civilización
y progreso de los países industrializados. Cuando el desarrollo no
vincula el crecimiento económico con la justicia social, propicia una
mayor dependencia del Tercer Mundo respecto a los países
industrializados y no la autodeterminación. Como política social
internacional y como estrategia de justicia mundial, el desarrollo debe
contribuir a garantizar la paz, y como condición básica para tal fin
debe contribuir a crear en el Tercer Mundo las exigencias mínimas de una
vida humana digna.
Capítulo II
Diversidad del Tercer Mundo
2.1 Países menos adelantados (PMA) o cuarto mundo.
Los PMA son unos cincuenta países, fundamentalmente del África negra,
que, con una población conjunta de más de 500 millones de habitantes,
forman el llamado "Cuarto Mundo", los cuales son los más pobres del
planeta. Se caracterizan por tener una renta per cápita inferior a los
500 dólares (es decir, menos de una octava parte de la renta media
mundial); un peso relativo de la producción manufactura en el PIB
inferior al 10%, y una tasa de alfabetización de adultos inferior al
20%.
Los principales PMA, por su peso demográfico se ordenan de menor a mayor
(PNB por habitante) los cuales son: Etiopía, Bangladesh, Nepal,
Mozambique, Myanmar (la antigua Birmania), Tanzania, Sudán y Yemen.
Los rasgos principales de sus economías son: una estructura productiva
muy desarticulada y poco integrada, un nivel muy bajo de comercio
exterior (los cuarenta PMA apenas llegan conjuntamente al 1% de las
exportaciones mundiales frente al 9% de los cuatro tigres asiáticos, una
dependencia extrema de la venta al exterior de uno o dos materias primas
o productos alimenticios (monoexportación primaria), un mercado interior
restringido, una acusada falta de servicios en educación y sanidad, una
baja esperanza de vida al nacer, una alta tasa de analfabetismo y una
elevada mortalidad.
Por si esto fuese poco, muchos de ellos tienen un medio ambiente frágil
(alto grado de exposición a desastres naturales, como ciclones,
terremotos, desertización, etc.) y algún grave inconveniente geográfico
o climático (insularidad, enclave, ausencia de litoral, etc.). La
situación general de los PMA ha empeorado incluso durante los años
ochenta y primeros noventa. Han recibido una ayuda exterior
insuficiente, problema al que hay que añadir unas políticas interiores
poco adaptadas a las necesidades más urgentes (en gran medida por la
imposición de programas de ajuste por parte de algunos organismos
internacionales) y un marco internacional desfavorable, definido por los
problemas de deuda externa o la caída de las cotizaciones
internacionales de los principales productos primarios.
2.1.1 La Hambruna.
Es la escasez grave de alimentos, que por lo general afecta a una amplia
extensión de territorio y a gran número de personas. Sus causas
naturales incluyen la sequía, las inundaciones, los terremotos, las
plagas de insectos y las enfermedades de las plantas. Las causas humanas
incluyen la guerra, los conflictos civiles, los asedios y la destrucción
deliberada de cosechas. El hambre crónica y la malnutrición
generalizadas pueden ser resultado de la pobreza, la distribución
ineficiente de los alimentos o de un crecimiento desproporcionado de la
población respecto a la capacidad de sustentación o de abastecimiento de
los habitantes de una determinada zona.
Las consecuencias inmediatas del hambre son la pérdida de peso en los
adultos y la aparición de problemas de desarrollo en los niños. La
malnutrición, sobre todo debido a la falta de alimentos energéticos y
proteínas, aumenta entre la población afectada y crece la tasa de
mortalidad; los niños y los ancianos son los más afectados. Estas
muertes se deben en parte al hambre, pero también a la pérdida de
capacidad para combatir las infecciones.
2.1.2 Efectos de la hambruna:
El cuerpo humano puede adaptarse bien a la reducción de comida. Reducir
ésta a la mitad reduce el peso corporal en un 25%, pero es posible
subsistir en estas condiciones durante cierto tiempo sin mayores
consecuencias.
Los efectos a largo plazo son también graves. Por lo general, los
adultos suelen recuperarse de la inanición, pero los niños pueden sufrir
daños físicos y mentales irreversibles si sufren desnutrición durante un
período vulnerable de desarrollo rápido.
2.1.3 ONGs.
Las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) se ocupan de una gran
variedad de cuestiones y causas entre las cuales podemos mencionar: el
intercambio científico, la religión, la ayuda de emergencia y los
asuntos humanitarios.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (en inglés, United
Nations Children's Fund, UNICEF), se dedica al establecimiento de
programas para proporcionar bienestar a largo plazo a la población
infantil, en particular a la de los países subdesarrollados del Tercer
Mundo.
Financiación de proyectos de desarrollo sanitarios, sociales, agrícolas,
educativos y de promoción de la mujer, que llegan de más de 60 países
del Tercer Mundo, con el objetivo de mejorar las condiciones de vida
generales y de lograr que estas naciones lleguen a ser autosuficientes.
2.1.4 Pobreza
Es la circunstancia económica en la que una persona carece de los
ingresos suficientes para acceder a los niveles mínimos de atención
médica, alimentos, vivienda, ropa y educación.
La pobreza absoluta es la experimentada por aquellas personas que no
disponen de los alimentos necesarios para mantenerse sanos, las personas
que no pueden acceder a una educación o a servicios médicos deben ser
considerados en situación de pobreza aunque dispongan de alimentos.
2.1.5 Causas de la pobreza.
2.1.5.1 Estructuras económicas que impiden el progreso:
La pobreza es el resultado de una estructura económica deficiente. Las
diferentes estructuras económicas que frenan el progreso pueden listarse
como premodernistas, mercantilista, intervencionista, y de orientación
hacia adentro. Excluimos los modelos socialistas y comunistas de esta
discusión, aunque el modelo intervencionista usualmente contiene muchas
de sus características retardantes. Es preciso notar que todas las
estructuras modernas son mezclas de diversos tipos; ningún modelo es
exclusivo a un país.
2.1.5.1.1 Estructura pre-modernista
La estructura pre-modernista o semi-feudal data de la Edad Media, cuando
la vida se percibía como una lucha repetitiva y continua, y escasamente
se tenía una noción del progreso. Es característica de la producción
agrícola que depende intensamente de la mano de obra, con poca división
de trabajo. Puede consistir en parcelas pequeñas, en las cuales familias
individuales producen cosechas tradicionales para consumo propio o venta
en mercados locales, sin tecnología ni herramientas modernas, y
frecuentemente con la obligación de pagar algún tipo de diezmo o feudo
al terrateniente, o puede consistir, como ocurrió en la época colonial,
de extensas plantaciones agrarias que producen cosechas para mercados
internacionales bajo condiciones que traen a la memoria el trabajo
esclavizado.
En cualquier caso, los trabajadores, están virtualmente casados con la
tierra local, aislados de la industria moderna y las amenidades
disponibles en los mercados mundiales. La de ellos es una existencia
monótona que provee poco incentivo para el mejoramiento personal y
promueve la continua emigración de siervos analfabetas de las
comunidades rurales a la ciudad capital y al mundo externo. Una muy alta
tasa de reproducción generalmente acentúa estos efectos.
El feudalismo puro no existe como tal y desaparece gradualmente. Sin
embargo, sus vestigios aún permanecen y sirven para frenar la
prosperidad agraria que es tan necesaria para el desarrollo
tercermundista. Algunos de los factores que contribuyen a que
desaparezca la estructura feudal en beneficio de estructuras más
modernas son: en el caso del pequeño agricultor, el acceso a mercados
internacionales por medio de cultivos de exportación, así como el acceso
a recursos de capital y mejoras tecnológicas, como fertilizantes,
irrigación, y pick ups; en el caso de plantaciones, la modernización
resulta de la creación de plantas procesadoras que transforman el
producto agrícola en un producto vendible al mayoreo o directamente al
consumidor en los mercados mundiales, la consecuente tecnificación y
especialización de los trabajadores, y los sistemas que crean incentivos
para mejoras en la remuneración, que están directamente relacionados con
la producción para la venta externa. Todo lo anterior señala la salida
gradual de un estado de pobreza y la entrada a una existencia moderna
más humana.
2.1.5.1.2 La estructura mercantilista
El mercantilismo data de los siglos XVII, XVIII, se caracterizó por la
práctica de parte de los nuevos estados centralizados, particularmente
Inglaterra, España, Francia y los Países Bajos, de controlar su
industria y comercio internacional. Lo hicieron concediendo privilegios
únicos a compañías individuales para producir y distribuir productos
específicos, e intentaron proteger a estas compañías por medio de todo
tipo de exclusión, tarifas y subsidios.
Muchas prácticas mercantilistas continúan dominando la estructura
industrial y comercial de muchos países subdesarrollados. El
exclusivismo y los privilegios limitan la entrada a muchos mercados,
impidiendo así el crecimiento de una competencia reductora de costos. La
ley alberga a estos monopolios artificiales de la intromisión por otros.
El resultado son mercados que ofertan un número limitado de productos a
altos precios, a una clientela reducida, favoreciendo así únicamente a
los sectores más ricos y vedando a las masas una participación de los
beneficios (en calidad y precio) del comercio mundial. En el mercado
doméstico, los empresarios nacionales pueden subir los precios de sus
productos protegidos por aranceles y tarifas y así vender bienes
substitutos inferiores a un precio por encima del precio mundial; pero
estos mismos precios altos impiden su participación en el comercio
mundial.
2.1.5.1.3 Estructura intervencionista
El alza en la intervención gubernamental en el mercado es una de las
grandes causas de la pobreza. La intervención es responsable por
establecer dentro del gobierno muchas estructuras que crean pobreza, en
la forma de ministerios y departamentos con una agenda aparentemente
ilimitada. Estas agencias son dirigidas por burócratas ineficientes,
aunque bien intencionados, responsables por imponer una colección
infinita de complicados programas, regulaciones, requisitos de
elegibilidad, prohibiciones, reglas para reportes, cargas contables, y
decisiones arbitrarias, las cuales a veces se duplican unas con otras o
se contradicen. Estas son impuestas a los ciudadanos y a las empresas
productivas de una nación. Los costos administrativos de esta carga
reguladora contribuyen enormemente al déficit incontrolable del país y
generan, en la mayoría de los casos, beneficios dudosos para el público
maniatado, el cual es obligado, so pena de multa o encarcelamiento, ya
sea a obedecer o a hacer pagos ilegales cuando los extorsionan
servidores públicos inescrupulosos. El mercado subterráneo o informal,
que carece de aprobación y de protección legal, surge porque la mayoría
de los pequeños productores no pueden cumplir con la multiplicidad de
requisitos y pagos que la ley les impone.
La convicción de que el gobierno debe tener obligaciones ilimitadas
hacia los ciudadanos, y por ende ser directamente responsable por su
salud, educación, vivienda, vejez, e incluso recreación, ha contribuido
en gran medida a este problema del intervencionismo. Muy pocos servicios
se escapan de este tutelaje directo. La burocracia estatal aumenta
significativamente la ineficiencia y el costo alto de los servicios más
esenciales y es responsable porque éstos sean inasequibles. En última
instancia, la población nunca puede superar la pobreza del pasado y la
desmoralización que crea este sistema, a pesar de una asignación inmensa
para los gastos sociales.
Otra convicción que crea un insoportable freno sobre la productividad de
una nación es aquella que dice que el gobierno tiene una responsabilidad
reguladora inmediata sobre la actividad privada de negocios y de banca.
La noción de que el gobierno tiene la función de intervenir en beneficio
del consumidor, trabajador, e inversionista, que debe regular
detalladamente los precios, salarios y tasas de interés, que debe ser el
policía de primera línea de toda actividad de mercado, ha creado un
paternalista e ineficiente super-control que tiende a encadenar la
iniciativa y eficiencia empresarial, y a restringir las consecuentes
ganancias que estimulan el crecimiento económico. Empobrece mucho más de
lo que protege. Crea inseguridad en lugar de prosperidad. Frena en lugar
de estimular.
Adicionalmente, los países mercantilistas suelen intervenir para
estatizar (o nacionalizar) las industrias más esenciales al crecimiento,
como las comunicaciones, a energía, y el transporte. La mayoría de estos
países tiene únicamente una aerolínea nacionalizada, una compañía de
teléfonos, y una compañía eléctrica, entre otros. El saldo es aún más
ineficiencia burocrática, desperdicio, enriquecimiento de servidores
públicos, y los consecuentes déficit y deudas. Por ejemplo, Centro
América necesita urgentemente de millones de líneas telefónicas más, las
cuales no pueden proveer ni manejar las compañías estatales.
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