LAS ABEJAS DE LA ECONOMÍA DIGITAL
Los bienes que se producen y transan en la vieja economía industrial se
componen principalmente de insumos y productos físicos, todos ellos
escasos y sujetos a todas las limitaciones del mundo físico. Por el
contrario, en la nueva economía los bienes producidos y transados tienen
además del costo de los componentes físicos un costo mucho mayor de
componentes intangibles, que en muchos casos hacen insignificante el
costo de los componentes físicos y que como veremos luego, no están
sujetos a las limitaciones del mundo físico. Para graficar mejor la idea
veamos un ejemplo: un “blue jean” comprado en Gamarra puede costar unos
8 dólares americanos, mientras que un “blue jean” de marca comprado en
una tienda de la Quinta Avenida en NY se consigue a un precio por encima
de los 80 dólares. Antes de hacer alguna conjetura sobre las razones de
la amplia diferencia de precio demos vuelta al pantalón de marca y
busquemos la etiqueta del lugar de fabricación, veremos con sorpresa que
en varios casos dice “Made in Perú”. Podemos deducir que la empresa que
fabrica el primer pantalón puede ser la misma que le fabrica los
pantalones a la empresa que vende el “blue jean” de marca en NY, incluso
con algún buen descuento por el volumen de fabricación negociado. La
primera empresa es una empresa típica de la economía industrial y su
producto es fundamentalmente un producto físico mientras que la segunda
es una empresa de la nueva economía y su producto es fundamentalmente
intangible, es decir que casi en su totalidad es un concepto, una idea.
Suponer que la primera empresa venderá muchos más pantalones que la
segunda debido a su bajo precio sería un error producto del
desconocimiento de la realidad. La empresa que vende productos físicos
transa en un mercado donde las barreras de entrada para competir son
cada vez más bajas y encuentra muchas empresas vendiendo el mismo
producto a precios cada vez más bajos y como consecuencia vende cada vez
menos y con menos utilidades. La empresa que vende conceptos o ideas,
incluso con componentes físicos como en el caso del “blue jean” de
marca, transa en un mercado donde los clientes pagan por los conceptos
además del componente físico, si lo hubiera y donde gracias al talento
de dicha empresa los conceptos tienden a ser únicos durante cierto
tiempo, lo que permite que el precio pueda alcanzar niveles muchas veces
insospechados. ¿Cómo se organiza la empresa que vende productos físicos?
Su producción y logística mueven insumos y productos físicos, su
mercadeo vende productos físicos y su contabilidad contabiliza productos
físicos, tangibles. En cambio en la empresa que vende conceptos la
producción y la logística transforman y distribuyen ideas y conceptos,
el mercadeo está especializado en la venta de conceptos casi o
totalmente intangibles y la contabilidad se orienta a calcular el valor
generado por los intangibles. Esta empresa de la nueva economía casi no
tiene actividades alrededor de los productos físicos pues como hemos
visto en el caso de la empresa de pantalones de marca de NY, terceriza
esas actividades a empresas especializadas y de muy bajo costo.
El surgimiento de la nueva economía no ha sido reciente sino que es
producto de una cadena de sucesos que se vienen produciendo desde hace
décadas pero que han tenido un acelerador con la aparición de la llamada
revolución digital que a su vez ha sido producida por dos grandes
explosiones; la primera es la dramática caída en el costo de los
procesadores mientras se multiplicó en igual proporción su poder de
procesamiento y la segunda es la caída igualmente importante en el costo
de las telecomunicaciones mientras se multiplicó en igual proporción su
capacidad de transmisión o ancho de banda. La revolución digital ha
tenido un impacto inconmensurable en la aparición de la nueva economía
por el impacto directo en su principal insumo: la información. Gracias
al bajo costo de los microprocesadores, cualquier empresa puede
digitalizar, es decir convertir en impulsos eléctricos, todas las formas
de información: datos, textos, sonidos e imágenes; y gracias al bajo
costo de las telecomunicaciones, las empresas independientemente de su
tamaño o capital pueden mover esos impulsos eléctricos a cualquier
rincón del planeta. Para entender por qué la nueva economía tiene una
relación directa con la revolución digital basta con observar cómo ésta
al permitir digitalizar todas las formas de intangibles los libera de
las limitaciones físicas a las que están sujetos los insumos y productos
físicos. Así por ejemplo, un diseño digitalizado puede ser copiado o
replicado ilimitadamente a cualquier punto del planeta con un costo
marginal igual a cero por cada copia o réplica. Por otro lado, el costo
de la distribución del bien digitalizado a través de las redes de
comunicaciones a cualquier parte del planeta es infinitamente menor al
costo que supondría trasladarlo físicamente en una caja de un continente
a otro. De esta manera se cierra el nuevo círculo virtuoso de la
riqueza, donde los conceptos al lograr ser únicos u originales en un
mercado global convierten casi la totalidad del costo del componente
intangible en utilidad directa.
La economía tal como la conocíamos era la ciencia de la administración
de los recursos escasos. Escasos eran todos los factores de la
producción y el arte de la administración radicaba en la optimización
del uso de esos recursos. En la nueva economía se transan principalmente
conceptos e ideas las cuales utilizan todas las formas de información
como su principal insumo y que gracias a la revolución digital se han
convertido en impulsos electrónicos que se mueven por las redes de
telecomunicaciones convirtiéndose así en recursos de naturaleza
ilimitada y que al ser el principal componente del valor de aquellos
desafían todos los días los supuestos clásicos de la economía
industrial, creando por consiguiente la necesidad de un nuevo modelo
económico. Esa y no otra es la razón por la cual la gran expansión de
Norteamérica en la década de los 90’s no produjo el recalentamiento
clásico que toda expansión del consumo producía en la economía
industrial. En ésta el crecimiento del consumo genera crecimiento de la
producción que está sometida a las limitaciones de la capacidad
instalada física de la oferta, a la oferta de empleo disponible y a la
disponibilidad de insumos físicos. Si el consumo supera las limitaciones
físicas de la oferta entonces la economía colapsa por la subida
desmedida de los precios. Para evitar eso los economistas de la era
industrial recomiendan enfriar la economía cuando ésta experimenta un
crecimiento desmesurado. En una economía con insumos y productos
digitalizados, el consumo puede crecer ilimitadamente pues la producción
no está sometida a las restricciones de la capacidad física de las
fábricas. Desde finales de los años 80 hemos sido testigos del fenómeno
que se conoce también como la gran expansión de Norteamérica que ha
consistido en un crecimiento constante y a pasos agigantados de la
economía norteamericana por un espacio de casi 15 años, sin inflación y
con un empleo casi pleno, algo nunca observado antes en la historia
económica mundial. Los resultados espectaculares alcanzados han
producido un cambio en el enfoque tradicional sobre el empleo de las
llamadas tecnologías de la información en la empresa.
Anteriormente, en la economía industrial, el rol era de las tecnologías
de la información era darle soporte al negocio mediante el procesamiento
masivo de datos y la generación y distribución de información a las
personas correctas en el momento correcto. Ahora, en la nueva economía
las tecnologías de la información tienen un nuevo rol: generar el propio
negocio creando y manteniendo la infraestructura digital que captura,
acumula, procesa y distribuye las ideas y conceptos entre los distintos
actores del modelo del negocio. Las empresas de la nueva economía lo han
entendido así desde hace algunos años y por eso hemos visto en
Norteamérica un crecimiento espectacular en la inversión en las
tecnologías de la información a tal punto que ya para 1998 había llegado
a casi el 50% del total del capital de inversión, desplazando a la
clásica inversión en edificios, fábricas, maquinarias y equipos. Además,
la mayoría de las empresas de la nueva economía han comenzado hace
algunos años a tercerizar casi toda la producción y logística de los
bienes físicos hacia otras empresas de la economía industrial
tradicional, como es el caso de la empresa que produce “blue jeans” de
marca, conservando la ingeniería del producto, el desarrollo del
concepto, el marketing de las ideas y la administración de la lealtad de
los clientes en todo el planeta. La fuente de la riqueza se ha ido
trasladando implacablemente desde la administración de los recursos
físicos hacia la gestión de los recursos intangibles lo que está
originando el crecimiento de la brecha no sólo entre los que más tienen
y los que menos tienen sino también entre las empresas de la vieja
economía industrial, organizadas alrededor de la producción y
distribución de bienes físicos cada vez menos diferenciados y de
escasísimo margen y las empresas de la nueva economía organizadas
alrededor de la producción y distribución de ideas y conceptos altamente
diferenciados lo que les permite, mientras mantengan la diferenciación,
altísimos márgenes de contribución. Esa y no otra es la fuente de la
constante innovación de la que somos testigos hoy en día: mantener la
diferenciación. La innovación en esta nueva economía no es producto del
consumismo o la simple búsqueda de la novedad sino que es la principal
fuente de la riqueza en un mercado donde las personas están dispuestas a
pagar más por ideas y conceptos únicos y pagar menos por simples
productos físicos, tal como hemos observado en el caso de los “blue
jeans”.
La nueva economía se basa en la administración de recursos intangibles,
que al ser digitalizados se convierten en ilimitados. Las ideas,
principal insumo de la nueva economía, se convierten en ilimitadas
cuando gracias a la revolución digital toman la forma de impulsos
electrónicos que se pueden almacenar, copiar y distribuir ilimitadamente
a cualquier parte del planeta con un costo de producción marginal por
cada copia igual a cero. Cero es el costo que toma producir cada copia
digital de una idea digitalizada. Para graficar mejor la idea veamos
otro ejemplo: luego del desarrollo de un nuevo diseño de pantalón, la
empresa que vende pantalones de marca debe instruir a toda la fuerza de
ventas en todo el planeta para entender y comprender los atributos que
constituyen el nuevo concepto; para lograrlo encarga una presentación
muy profesional, clara y didáctica a una empresa especializada en
comunicar conceptos y en lugar de hacerla en forma presencial en todos
los países donde vende sus conceptos, con el alto costo que eso
significaría, la graba en forma digital. Hay un costo de producción
inicial de la presentación pero desde el momento en que quedó convertida
en impulsos eléctricos en algún servidor propio o de terceros en
cualquier parte del planeta, cualquier vendedor, en cualquier lugar del
mundo, podrá “bajar” una copia digital cuyo costo directo de producción
será cero. Si los vendedores en el mundo son cientos o miles, el costo
directo total de producción de todas las copias digitales que llegaron a
cada rincón del mundo sumará también cero. Además la velocidad con la
que la empresa instruyó a todo el equipo global de ventas se reduce
asombrosamente a horas y ya no semanas o meses como hubiera sucedido si
la presentación hubiese sido hecha en forma presencial por los propios
expertos en el diseño del nuevo concepto en todos los países. Alguien
podría argumentar que el costo marginal de cada copia no es cero pues
hay un costo de transmisión variable para cada copia que se “baja” por
la red digital y que depende incluso del volumen de “bits” o impulsos
eléctricos involucrados en cada copia digital. Es cierto que la
transmisión tiene un costo, pero es un costo variable de distribución no
un costo variable de la producción. Esta es otra característica de la
nueva economía: no ha eliminado los costos de distribución pero sí los
ha reducido asombrosamente. Si no veamos nuestro ejemplo y comparemos el
costo de enviar a cada uno de los vendedores de la empresa dispersos por
todo el planeta un casete de video con el costo de enviar cada copia
digital por el Internet, en un caso son algunos dólares por paquete
mientras que en el otro son de algunos centavos de dólares cada copia.
El costo marginal de producción igual a cero y el muy bajo costo
unitario de distribución combinados en un entorno completamente
globalizado representan la gran oportunidad de la nueva economía. Sin
embargo esta oportunidad sólo puede ser aprovechada por empresas que
sean capaces de entregar al mercado propuestas de valor muy novedosas,
competitivamente sostenibles por una clara diferenciación y producidas
por un modelo de negocio orientado a la gestión de ideas y conceptos más
que a la gestión de insumos y productos físicos.
La nueva economía convive con la economía industrial de la misma manera
que la economía industrial convivió desde sus inicios con la vieja
economía de las materias primas. Las perdedoras en esta relación fueron
las organizaciones que quedaron atrapadas en la vieja lógica de la
extracción o producción de productos naturales que terminaron
convertidos en insumos con márgenes mínimos para las empresas
industriales. Hoy está sucediendo exactamente lo mismo, en la nueva
economía las perdedoras son las empresas que han quedado atrapadas en la
vieja lógica de fabricar productos físicos no diferenciados que
terminaron convertidos en insumos con márgenes mínimos para las empresas
que producen y distribuyen principalmente intangibles. Este ha sido el
panorama en toda la década de los años 90’s y se irá agravando aún más
en los próximos años. La nueva economía al igual que la economía
industrial a principios del siglo pasado, llegó para quedarse. Pasará
por problemas similares a los experimentados por la economía industrial
en sus inicios, habrán muchas empresas que intentarán migrar de los
viejos y seguros modelos empresariales a los nuevos y poco
experimentados modelos empresariales, algunas fracasarán en el intento
como innumerables empresarios de la incipiente industria automotriz de
principios del siglo pasado, pero habrán otras que aprendan de sus
errores y se recuperen hasta la lograr la hegemonía económica, tal como
lo hicieron Ford y General Motors a mediados de lo años 20. El secreto
del éxito de aquellas empresas fue que comprendieron que sus
organizaciones eran máquinas para mover óptimamente insumos y bienes
físicos que debían producirse en forma masiva para un mercado donde la
demanda superaba con creces a la oferta. Así apareció la división
jerárquica en tres niveles, la gerencia, los mandos medios y los
operadores y la división funcional con funciones como marketing,
producción, distribución, administración y finanzas. Hoy resulta
divertido recordar que estos modelos y las prácticas de administración
asociadas a ellos no fueron aceptados por los empresarios del mundo con
mucha facilidad y tuvieron que pasar muchos años para que se convirtiera
en el estándar de la administración de la economía industrial. El
secreto del éxito hoy está en comprender que nuestras organizaciones
deben ser máquinas para mover ideas y conceptos que deben producirse
muchas veces en forma personalizada, gracias al auxilio de las
tecnologías de la información, para mercados donde la oferta de
productos similares supera ampliamente a la demanda y donde los
consumidores empiezan a pagar más por los componentes intangibles que
por la parte física de los productos. Así es como están desapareciendo
viejas jerarquías y la anquilosada división funcional para dar paso a
modelos de organización muy flexibles donde las personas cuentan con al
auxilio permanente de las tecnologías de la información para extender
sus habilidades y las de sus empresas con el fin de lograr en términos
generales tres características: (i) un corto ciclo innovador tanto de
conceptos, productos y del propio modelo de organización, (ii) la mayor
sensibilidad ante los cambios permanentes del mercado combinada con la
mayor velocidad de respuesta y (iii) la total orientación de todo el
modelo organizacional hacia la solución de las necesidades de los
clientes con nombre propio. La maduración de la nueva economía tomará un
tiempo, pero este tiempo será infinitamente menor al que le tomó a la
economía industrial, debido principalmente al impacto de la revolución
digital. Pronto resultará también divertido ver como muchas otras
empresas demoraron en asimilar estos cambios creyendo que eran una moda
y no una necesidad.
Nota: Es probable que en esta página web no aparezcan todos los elementos del presente documento. Para tenerlo completo y en su formato original recomendamos descargarlo desde el menú en la parte superior
Director
de Corvus USMP – Centro Internacional de la Organización Digital de la
Universidad de San Martín de Porres, profesor de postgrado y consultor
de empresas en Nueva Economía, Gestión del Conocimiento, Educación
Virtual, Liderazgo y Organización Digital para diversas entidades del
gobierno, organismos internacionales. empresas públicas y empresas
privadas. Para obtener una copia gratuita del Newsletter de Corvus-Usmp,
“La Organización Digital Exitosa”, escriba a
corvusarrobausmp.edu.pe
o llame al 348-0395.
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