1. Introducción
En el presente, la primera observación de nuestro mundo, es el cambio
constante en cada uno de los ámbitos del pensamiento humano. Día a día,
experimentamos las causas y los efectos de las transmutaciones en el
orden económico, social, político y cultural. Aquellos que están
determinando el escenario de las diversas sociedades del orbe y de cada
una de las acciones del hombre, con el objeto de adaptarse a los
acontecimientos del entorno globalizado. Este es el actual panorama que
ha nuestra generación le ha tocado vivir y que las futuras generaciones
experimentarán con mayor celeridad e impacto. Configurando, en forma
permanente, las estructuras de las comunidades futuras.
Sin embargo, aquel alto grado de mutabilidad, ha creado y continúa
creando significativas diferencias en nuestras sociedades y economías.
La evidencia se encuentra en las denominadas economías en desarrollo,
las cuales, no han encontrado las respuestas suficientes para su
desarrollo, que les ayuden a afrontar sus problemas en forma efectiva.
Aquel modelo económico neoliberal que magnifica el accionar del libre
mercado, no ha sido la solución. Este enfoque, concebido en la mayor
economía desarrollada, como lo es Estados Unidos, se ha convertido en el
gran desastre para aquellos países que lo han adoptado, sin considerar
sus condiciones y capacidades propias; así como a la adaptación a
estructuras que poseen niveles de desarrollo limitados, las cuales
resultan necesarias.
2. Una ilusión
Como consecuencia del proceso de globalización (en todos sus aspectos),
al interior de los países con economías en desarrollo como la nuestra,
es posible palpar, que aquel grado de beneficios que nos vendía el
modelo de libre mercado, aplicado a nuestra realidad, no haya alcanzado
a todos los ciudadanos en forma equitativa, generando confrontaciones de
carácter social y económico en aquellos sectores afectados sobremanera.
Lo que se manifiesta al momento de analizar economías con diferentes
niveles de desarrollo, donde aquella que evolucione de acuerdo a los
nuevos paradigmas, en un período de tiempo determinado, continuará
llevando la delantera con respecto a su antagonista. Produciendo un
vacío que absorbe, en mayor medida, parte de la sociedad del país menos
favorecido.
En este punto, es necesario aclarar que el término “economía en
desarrollo”, es tan sólo un eufemismo, que ha sido creado para desplazar
a lo que anteriormente llamábamos “economía subdesarrollada”. Esta idea
es sólo una ilusión que nos han hecho creer aquellas instituciones
benevolentes de los países post – industriales, como el Fondo Monetario
Internacional o el Banco Mundial, que sus propuestas son el único camino
viable. Una estratagema sutil, cuyo objetivo final es consolidar la
influencia de los Estados Unidos por el mundo, creando una situación de
dependencia de los países en vías de desarrollo para mejorar sus
estructuras económicas y lograr competir en el mercado global.
3. Evidencia del problema
Considerando lo anteriormente mencionado, la pregunta de rigor es: ¿Qué
puede hacer nuestro país para acceder a las ventajas del mundo
globalizado de manera efectiva? Creemos que la solución a nuestras
interrogantes, las debemos descubrir nosotros mismos, a través de la
combinación de las experiencias de las economías desarrolladas y del
análisis de nuestra realidad nacional. Muestra de eso, son las muchas
investigaciones han sido desarrolladas a lo largo de nuestra historia,
lo que demuestra que existen alternativas para iniciar un proyecto de
desarrollo económico al considerar todas las aristas de nuestra
sociedad. Lo que verdaderamente se requiere, es crear una propia
identidad nacional, que sea el eje para llevar a cabo dicha empresa.
Prueba de ello, es lo que José Carlos Mariátegui nos dejó como legado
para comprender nuestra realidad de forma clara; creando una metodología
que hurga en nuestros orígenes y rescata las cuestiones fundamentales y
críticas del país, manifestado en los “Siete Ensayos...”, la cual es la
interpretación de un proceso de gestación del socialismo peruano desde
la óptica marxista, partiendo de nuestro origen común. Una analogía, si
hablamos del campo metodológico, que necesita ser revalorada para
comprender con claridad nuestro camino al desarrollo, de acuerdo al
contexto que nos plantea la globalización hoy en día. Es decir, mantener
una postura ecléctica con todo aquello que sea beneficioso para nuestra
sociedad en las actuales circunstancias.
4. Un modelo adecuado
De acuerdo a la experiencia en el mundo, se plantea a la
“competitividad” como solución para el desarrollo, la cual resulta ser
un término muy difundido en las esferas políticas y económicas de
nuestra sociedad, llegando a formar, indiscriminadamente, parte del
discurso político en los últimos años. Sin embargo, la real dimensión
del término competitividad no es del todo comprendida, y para
alcanzarla, no resulta ser una tarea fácil. Además, debemos adicionar
que el contenido de la competitividad, no es otro que una estrategia
general en el ámbito nacional que se debe aplicar para lograr el tan
ansiado desarrollo económico.
El medio es la competitividad y el fin es el desarrollo económico. Pero,
¿qué implica el desarrollo económico en sí? Las aristas del término, van
más allá de lo que, a primera vista, pudiéramos imaginar. Este proceso
va acompañado de un conjunto de libertades que complementan el esquema
para la estrategia de la competitividad. Esa es la lección que han
aprendido las economías post–industriales, donde han desarrollado, en su
mayor número, esa serie de elementos que conviven en sus sociedades. Por
ello, es que consideramos que aquellas naciones más desarrolladas, han
ganado tal denominación, por su grado de expansión de esas libertades.
Pero, sabemos que no todo es perfecto y, es posible observar, que
existen pequeños vacíos que no se cubren a pesar del grado de desarrollo
y por efectos del proceso de globalización.
Por lo tanto, las conexiones entre la competitividad y el desarrollo
económico no pueden divorciarse en el actual contexto internacional. En
primer lugar, para que una nación sea competitiva deben darse ciertas
condiciones que favorezcan esa tarea. Michael E. Porter, manifiesta que
la competitividad es producto de la sincronización de una serie de
factores productivos, institucionales y de mercado, que determinan la
manera eficaz y eficiente de llevar a acabo determinada actividad
económica; detallándolo en su conocido “Diamante Competitivo”. Las
economías que son prósperas, son aquellas que poseen los elementos de
ese enfoque, desarrollados a su máxima expresión.1
Ahora, está demostrado que las economías con estructuras competitivas,
han logrado eso, de un origen o base. Esa fuente, a menudo se denomina
ventaja comparativa y, puede partir, en esencia, de la posesión de un
conjunto de factores productivos, como lo son los recursos naturales o
los conocimientos aplicados (tecnología), en determinado campo. Tal y
como Paul R. Krugman considera que la ventaja competitiva está basada en
la ventaja comparativa de una industria, que pueden dar lugar a
economías externas, las cuales multiplican la fuerza de la industria.2
Así, la ventaja competitiva no es otra cosa que la capacidad que tienen
los factores de producción de generar una renta económica alta, donde
las empresas e instituciones progresen y mejoren sus condiciones
competitivas con el paso del tiempo.3
El objeto del modelo competitivo, es elevar la calidad de vida y los
niveles de bienestar de las sociedades involucradas, lo que se traduce
en un desarrollo económico; el cual, muchas veces se entiende como
simples cuestiones numéricas de tipo macroeconómico como el Producto
Bruto Interno (PBI), por ejemplo. No hay duda, que la competitividad es
el camino para un desarrollo económico sostenible de los países
emergentes como el nuestro. Ninguna competitividad puede lograrse si es
que no se presentan un conjunto de libertades, intrínsecas al desarrollo
económico de forma efectiva. Respetar esas libertades instrumentales,
como lo afirma Amartya Sen, es necesario para el progreso de los
pueblos, las cuales son: 1) Libertades Políticas, 2) Servicios
Económicos, 3) Oportunidades Sociales, 4) Garantías de Transparencia y
5) Seguridad Protectora.4
Ese conjunto de libertades, no busca otro fin que expandir las
oportunidades a los ciudadanos para que puedan vivir en armonía, siempre
y cuando, un Estado responsable, cree los caminos adecuados para
lograrlo. Aquellas libertades y oportunidades, no son otra cosa que los
mecanismos de expresión de los deseos de los ciudadanos y el acceso a
los beneficios necesarios para que los individuos mejoren sus
condiciones de vida, en función del proceso de evolución de las
sociedades civilizadas en el contexto actual. Como por ejemplo, la
libertad de expresión política y el derecho al voto, así como los
derechos humanos; el acceso a la educación y la salud; la libertad de
difusión de información en forma clara y la institucionalización de
elementos fijos para atender las necesidades de los menos favorecidos.
5. Los responsables
La cuestión más relevante a las ideas de competitividad y desarrollo
económico, se expresa en la interrogante: ¿quién o quiénes son los
responsables de llevar a cabo el desarrollo de esos temas? La respuesta
se encuentra, sin duda, en nosotros mismos, organizados como Estado,
sector privado y la sociedad civil. Este trípode es el que ha llevado a
cabo las reformas para alcanzar la competitividad de los países
desarrollados, en sus comunidades, y cuyo desarrollo económico es
visible en todas las esferas sociales. Son los representantes de ese
sistema, quienes han asumido un liderazgo visionario, en el cual se ha
respetado la mayor parte del contrato social. Son personas comprometidas
con voluntad de trabajo inquebrantable, que saben que su desarrollo como
país es un proceso a largo plazo.
Muchos esfuerzos se han producido a lo largo de los años para iniciar el
desarrollo económico en el Perú. Lamentablemente, este proceso de largo
aliento, ha sido truncado en varias oportunidades, ya sea por nuestras
autoridades, en los diferentes estamentos del Estado, como por la
incomprensión de la ciudadanía organizada. Nuestra clase política de
turno ha carecido, en mayor medida, de un liderazgo que sea el eje
direccional para lograr las metas como nación; debiéndose sobretodo, a
la presencia de los viejos políticos que aparecen en la palestra con una
mentalidad reciclada, que argumentan nuevas oportunidades y cuyo
verdadero fin, sólo lo conocen ellos mismos.
Por otro lado, se encuentran aquellos políticos que carecen del carácter
para tomar las riendas de un país como el nuestro, cuyo es mensaje es
opaco y no llega a la población en su real dimensión. Además, se suma el
hecho de que el ciudadano común parece no entender sobre las cuestiones
más elementales y simples de la economía, pues, para lograr un bienestar
común, se requiere mucha paciencia y años de sacrificios. Demostrándose
que nuestra sociedad no reúne esas dos condiciones, la razón es simple,
sólo poseen una visión cortoplacista, por la cual esperan que se
produzcan resultados inmediatos, y al impacientarse, el comportamiento
colectivo termina por romper el círculo virtuoso del desarrollo
económico.
A pesar de esos argumentos, muchas iniciativas o planes se gestan
limitadamente o nunca se llevan a ejecución, debido fundamentalmente a
las acciones políticas de la clase gobernante, las cuales han socavado
nuestra estructura moral, social y económica que nos ha aletargado
durante mucho tiempo. En especial, creemos que el primer paso para
iniciar un verdadero liderazgo que guíe los destinos del país, es romper
los caducos esquemas mentales del pasado, presentes en cada uno de los
miembros de nuestra sociedad. Por ello, no es una novedad que la mejor y
mayor inversión en nuestras comunidades, es la educación a todo nivel,
porque permite renovar conceptos y comprender el engranaje económico y
social de nuestro mundo.
6. Reflexión final
Es por los argumentos expuestos, que identificamos que el desarrollo de
nuestra nación, debe partir de un proceso de aprendizaje de nosotros
mismos, de aceptar nuestra diversidad cultural e idiosincrasia de
nuestros pueblos, reconociendo las limitaciones y potencialidades de los
sectores económicos, que nos ayude a responder acertadamente a los
cambios. Por esa razón, es que el liderazgo, para gestionar la
competitividad como macroestrategia para el desarrollo económico de
nuestra sociedad, debe aplicarse en cada una de las instituciones y
empresas de los sectores público y privado para desarrollar condiciones
que les permitan crear una posición en el entorno nacional e
internacional.
Iniciando un esfuerzo de liderazgo participativo y visionario,
argumentados en programas, planes y políticas, elaborados conforme a
nuestra realidad, podremos mejorar cada uno de los elementos de la
sociedad que determinan nuestras competencias desde sus diferentes
ángulos. Con ello lograremos, con el paso del tiempo, un desarrollo
económico y un bienestar social sustentable, que cree mayores
oportunidades y expanda las libertades fundamentales que permitan
responder desde nuestra perspectiva a los procesos de innovación
permanentes que continuarán caracterizando y experimentando nuestro
planeta en el futuro.
7. Notas
1. Porter, Michael E. “La ventaja competitiva de las naciones”.
Editorial Vergara. Argentina, 1991. “Ser compettivos: Nuevas
aportaciones y conclusiones”. Ediciones Deusto S.A. España, 1999.
2. Krugman, Paul R. “Competitividada económica: Mitos y realidades”.
Revista FACETAS No 97. Washington, U.S.A., 1992.
3. Boloña, Carlos & Buchi, Hernán. “Estrategias para el cambio:
Reflexiones para el desarrollo”. Ediciones Agenda 2000. Lima-perú, 1991.
pp. 194-215.
4. Sen, Amartya. “Desarrollo y libertad”. Editorial Planeta Colombiana
S.A. Colombia, 2001. pp. 54-75.
Trabajo enviado por:
Eduardo L. Paz Monteza.
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