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TRANSFORMACIÓN DE LA MERCANCIA EN DINERO (TEORIA DEL VALOR DE MARX)

Autor: Francisco Umpiérrez Sánchez

Comercio internacional

06-2003

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Este trabajo interesa a todos aquellos investigadores que hacen uso, por una parte, de los conceptos de forma y de valor, y por otra parte, de la distinción filosófica entre esencia y fenómeno. Así que creo que interesará a economistas, sociólogos, filósofos, lingüistas y semiólogos. También será de mucho interés para todas aquellas personas dedicadas a la defensa de los intereses de los trabajadores y a propagar la necesidad del socialismo. Y será de interés igualmente para todas aquellas personas que quieran conocer el pensamiento de Marx en origen, cuya riqueza en contenidos conceptuales y en formas categoriales no tiene parangón. Este trabajo se compone de dos secciones: en la primera se expone la transformación de la mercancía en dinero, esto es, la teoría del valor de Marx, y en la segunda, una crítica a los detractores de Marx. Para las personas inquietas, las que desde el principio quieren saber cuál es el sentido, el estilo y el modo de este trabajo, les recomiendo que lean, en la segunda sección, el artículo titulado: ¿Es Marx metafísico o científico? Pero para comprender a ciencia cierta toda la parte crítica, es necesario leer previamente la primera sección. Es imposible entender la crítica a Baudrillard sin conocer la primera sección.
 
PRIMERA SECCIÓN
 
TRANSFORMACIÓN DE LA MERCANCÍA EN DINERO
(TEORIA DEL VALOR)
 
INTRODUCCION
 
La mayoría de los textos que hablan de la teoría del valor de Marx, tanto de sus defensores como de sus detractores, carece de la riqueza de detalles, del rigor y del orden presentes en el texto de Marx. Predominan la confusión, la oscuridad y la especulación en aquellos textos. Mi método de exposición es diferente porque sigo directamente el texto de Marx, hablo con sus palabras, y no me salto los pasos necesarios en el devenir de los razonamientos. Acompaño al lector por todo el texto, le reduzco el recorrido, y le indico los aspectos lógicos, filosóficos, antropológicos y fenomenológicos presentes en sus distintas partes. Si el lector estudia atentamente y con rigor mi trabajo, después podrá estudiar directamente el texto de Marx con relativa facilidad. Según el propio Marx, la parte más difícil de El Capital está en su primer capítulo, esto es, en la exposición de la transformación de la mercancía en dinero. Y de esto trata el presente trabajo.
1. Economía marxista y economía convencional. Se tiene la idea de que la economía marxista, representada por El Capital de Karl Marx, y la economía convencional habitan en dos mundos distintos: Marx en el de los metafísicos, y los economistas convencionales en el de los científicos. Se presenta el pensamiento de Marx como un cuerpo teórico oscuro, metafísico y poco práctico, mientras que a la economía convencional se le presenta como un cuerpo teórico científico, riguroso y eminentemente práctico. Cuando lo cierto es que El Capital de Karl Marx incluye los conceptos principales de la economía convencional. En la filosofía contenida en El Capital no existe la contraposición entre apariencia y realidad. Domina, por el contrario, la concepción de que la realidad está constituida por apariencias y esencias. Es decir, que la apariencia es parte de la realidad y no algo contrapuesto a la realidad. Llamaremos categorías esenciales a aquellas categorías que reflejan las esencias de la realidad, mientras que llamaremos categorías aparentes a las categorías que reflejan las apariencias de la realidad. Pongamos un ejemplo para dejar estas diferencias filosóficas bien claras. En la economía convencional es fundamental el estudio de la categoría de precio, pero también lo es en El Capital de Marx. ¿Dónde reside entonces la diferencia? La economía convencional define el precio de acuerdo con su función práctica (aparente). Marx también analiza la función práctica del precio, pero añade algo más: explica la génesis de la forma de precio, expone el proceso mediante el cual el valor sufre una serie de metamorfosis, desde su figura más simple, la que se da en el trueque, hasta su figura más compleja, que constituye la forma de precio. Ahí reside el componente fundamental de El Capital: el análisis de las formas del valor. La categoría precio refleja una apariencia de la realidad económica, mientras que la categoría valor refleja una esencia de la realidad económica. El movimiento teórico de Marx va desde las esencias a las apariencias, esto es, parte del valor en su forma natural hasta llegar a la forma de precio; mientras que la economía convencional sólo se mueve en el ámbito de la apariencia. Por lo tanto, no hay que ver en la economía convencional la negación de la economía marxista, sino todo lo contrario: una parte necesaria de ella.
2. Lo que se manifiesta y la forma de manifestarse. Pongamos una mesa a dos metros de un espejo. Si acercamos la mesa al espejo, la mesa del espejo (la imagen de la mesa) aumentará de tamaño. Si alejamos la mesa respecto del espejo, la mesa del espejo disminuirá de tamaño. Esta experiencia tan sencilla demuestra la necesidad científica de distinguir, en el ámbito de las relaciones entre cosas, lo que se manifiesta de la forma de manifestarse. El aumento del tamaño de la mesa del espejo es la forma en que se manifiesta la aproximación de la mesa al espejo, mientras que la disminución del tamaño de la mesa del espejo es la forma de manifestarse el alejamiento de la mesa respecto del espejo. Así que el aumento de tamaño de la mesa del espejo no es sólo el aumento del tamaño de la mesa del espejo, sino también la forma fenoménica, la forma de manifestación, de la aproximación de la mesa al espejo. Si en el mundo de las relaciones físicas entre las cosas es necesaria esta distinción fenomenológica, mucho más necesaria lo será en el mundo de las relaciones entre los hombres mediada por los productos del trabajo. Así que cuando Marx estudia el precio como forma fenoménica del valor, no está llevando a cabo ninguna aventura metafísica ni dando un salto en el vacío. Sólo está teniendo en cuenta una necesaria distinción científica. La gran dificultad que tienen los economistas convencionales y los marxistas para comprender acertadamente El Capital de Karl Marx, es que piensan en términos de lógica formal o en términos de lógica dialéctica general. Desconocen por completo la lógica fenoménica, que es la quintaesencia del pensamiento dialéctico de Marx. Ignoran que el concepto de forma fenoménica es la categoría lógica fundamental en El Capital.
3. El Capital y la Semiótica. Cualquier investigador en Semiótica, sobre todo aquellos que reflexionan sobre la semiótica del dinero, están obligados a estudiar, cuanto menos, el primer capítulo de El Capital de Karl Marx, que trata de la transformación de la mercancía en dinero, y donde se expone la teoría del valor. Hay que saber que la relación de cambio entre las mercancías es una relación de expresión, esto es, una relación semiótica. Así que en este capítulo de Marx está dada una semiótica, que puede ser desarrollada hasta postulados más generales, y que tiene sus fundamentos en la Fenomenología. También es importante señalar que el concepto de forma y el concepto de valor, que tanta importancia tienen para la Lingüística y la Semiótica, son básicos en el desarrollo teórico del capítulo de El Capital mencionado.
4. El destino histórico de El Capital. La primera popularización de El Capital correspondió a Engels. Pero Engels vulgarizó la dialéctica presente en El Capital, en especial en su libro Anti-Dühring. Después sucedió, desde finales del siglo XIX, que las posibilidades de una revolución socialista, sobre todo en términos de condiciones subjetivas, se trasladaron desde Francia, Inglaterra y Alemania a Rusia, un país semipatriarcal, semifeudal y semicapitalista. A partir de ese entonces el papel desempeñado por Marx fue ocupado por Vladimir Ilích Ulianov. Más del 90 por 100 de los textos del líder de los comunistas rusos son de carácter político. De ahí que los comunistas europeos, encandilados por el genial Vladimir Ilích, dejaran a Marx de lado, y en especial a El Capital. La preparación económica de los comunistas de todo el mundo durante todo el siglo XX cayó en picado, permitiendo que las concepciones económicas liberales dominaran por completo el panorama de las ciencias económicas. Hay, sin embargo, dos textos de Vladimir Ilích sobre economía muy importantes, pero que nunca tuvieron gran importancia ideológica para los comunistas. El primero de esos textos, escrito a finales del siglo XIX, trataba sobre el desarrollo del capitalismo en Rusia, la creación del mercado interno y las transformaciones mercantiles capitalista que se producían en la agricultura. El segundo de esos textos, un par de años antes de que Vladimir Ilích muriera, trata de la Nueve Economía Política que propuso después de visto el fracaso económico que significó el comunismo de guerra. En esa Nueva Economía Política se proponía restaurar las relaciones mercantiles monetarias, y potenciar el pequeño capital y el capitalismo de Estado. Las reformas económicas chinas iniciadas en 1978 tiene su principal precedente teórico en esa Nueva Política Económica diseñada por Vladimir Ilích. Pero después de muerto Vladimir Ilích la importancia del conocimiento económico entre los comunistas decayó a los niveles más bajos, y así fueron derrotado tan fácilmente por los economistas convencionales (capitalistas) y se abrió la ola de las capitulaciones ideológicas entre los intelectuales marxistas. No obstante, Stalin y Mao Zedong hablaron siempre de que los comunistas debían respetar la ley del valor. ¿Y qué significaba para estos dos líderes respetar la ley del valor? Respetar la idea de que el valor de la riqueza está determinado por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirla. Sin embargo, aunque promovían el respeto por la ley del valor, promovieron al mismo tiempo la suspención de las relaciones mercantiles monetarias. Por lo tanto, en la práctica no respetaron la ley del valor. ¿Por qué? Porque el valor sólo existe de forma objetiva en forma de dinero. Sólo si permito que la producción en el socialismo sea una producción mercantil, estoy permitiendo que la ley del valor se manifieste. Pero si prohibo la producción mercantil, entonces en la práctica no estoy respetando la ley del valor.
 
LA FORMA DE MERCANCIA
 
Primer juicio: En las sociedades capitalistas la riqueza se presenta como mercancía.
Forma lógica del juicio: A se presenta como B. Este es un juicio de presentación donde hay que distinguir dos lados: por un lado, el objeto que se presenta, y por otro lado, en calidad de que se presenta. Y en el ámbito lingüístico habrá que distinguir igualmente dos lados: por un lado, el nombre del objeto que se presenta, y por otro lado, el sintagma con que expresamos en calidad de que se presenta dicho objeto. Aquí el objeto que se presenta es la riqueza, y se presenta en calidad de mercancía. Esta forma de juicio es muy usada en la vida cotidiana. Dirigiéndonos a un amigo y señalándole a nuestro acompañante le decimos: “este es Juan Sánchez, marido de Ana Ruiz, profesor de Lingüística de la Universidad de La Laguna, y un amigo de la infancia”. “Juan Sánchez” es el nombre del objeto que se presenta, y “marido de Ana Ruiz”, “profesor de Lingüística de la Universidad de La Laguna” y “un amigo de la infancia” son los sintagmas con que expresamos en calidad de que presentamos a dicho objeto. Cuando decimos que Juan Sánchez lo presentamos en calidad de marido de Ana Ruiz, estamos presentando a Juan Sánchez como miembro de determinadas relaciones sociales. Así que ‘en calidad de’ y ‘miembro de determinadas relaciones’ las tomaremos como expresiones equivalentes.
Contenido del juicio: En las sociedades esclavista y feudal sólo una pequeña parte de la riqueza se producía como mercancía. Mientras que en las sociedades capitalista toda la riqueza se produce como mercancía. Y en las sociedades socialistas, de acuerdo con la experiencia de la Nueve Economía Política elaborada por Vladimir Ilích y con las reformas económica emprendidas en China a partir de 1978, la riqueza se tiene que seguir produciendo como mercancía. Entre los marxistas, después de muerto Vladimir Ilích, se había confundido la forma mercantil de la riqueza con su forma de capital, y el socialismo se entendía en ese sentido: como movimiento conducente a acabar con la forma mercantil de la riqueza. En este consistió la esencia económica del modelo soviético de construcción del socialismo y ahí residió su error y la fuente de su fracaso. Se confundía los mecanismos económicos para desarrollar la producción de riqueza, donde la experiencia ha demostrado que el mercado es superior al plan, con la forma de propiedad de la riqueza, donde la experiencia demuestra que para los intereses de la mayoría la forma socialista es superior a la forma capitalista. Hasta hace poco la electricidad se producía en España como mercancía, pero no como capital. Las industrias productoras de electricidad eran de propiedad del Estado. Pero con la ola de liberalizaciones, estas industrias han pasado a manos privadas, y en vez de producirse la electricidad como un bien socialista se produce como capital. El camino esencial del socialismo no está en luchar contra la forma mercantil de la riqueza, sino en luchar por cambiar su forma capitalista por su forma socialista. La lucha por el socialismo es una lucha que se manifiesta fundamentalmente el ámbito de la propiedad.
No obstante, el capitalismo ha evolucionado de tal manera que todo, absolutamente todo, se quiere producir como mercancía. Así, aspectos de la vida social como el deporte, la fama o la vida privada se producen en la actualidad como mercancías. De manera que el camino del socialismo también se manifestaría como una delimitación de qué aspectos de la vida social se pueden producir como mercancías y qué aspectos no. Hasta la Iglesia Católica ve en los fabulosos sueldos que ganan los futbolistas de elite una enorme injusticia. Pero también los enormes ingresos que reciben las personas de famas en concepto de publicidad y en concepto de ventas de exclusivas a revistas, representan una enorme injusticia. Por lo tanto, el camino del socialismo también exige que se acabe con la forma mercantil que tienen esos aspectos de la vida mencionados anteriormente.
Como la riqueza en las sociedades capitalistas se presenta como mercancía, Marx inicia su investigación analizando la mercancía. Pero la mercancía es un objeto doble: valor de uso y valor. De ahí que lo primero que haga Marx sea proporcionarnos dos conceptos de valor de uso.
 
EL VALOR DE USO
 
Segundo juicio: El valor de uso es una cosa que por sus propiedades satisface necesidades humanas de cualquier clase.
Tercer juicio: El valor de uso es una cosa que por sus propiedades puede ser útil en diversos aspectos.
Todos los juicios cuyo operador verbal sea el verbo ser los denominaremos juicios conceptuales. Y en todo concepto debemos distinguir dos lados: el objeto y el contenido. Y en el ámbito lingüístico debemos distinguir también dos lados: el nombre del objeto del concepto y el sintagma con que se expresa el contenido del concepto. Así, en nuestro caso, ‘valor de uso’ es el nombre del objeto del concepto, mientras que ‘cosa que por sus propiedades puede satisfacer necesidades humanas’ y ‘cosa que por sus propiedades puede ser útil en diversos aspectos’ son los sintagmas con que expresamos el contenido del concepto.
Forma lógica del contenido del juicio: una cosa que por ser A, puede ser B. Es muy importante esta distinción, puesto que A y B no desempeñan el mismo papel ni tienen el mismo valor en la elaboración del juicio de concepto. Una cosa no puede ser B si no es A. Sin embargo, una cosa puede ser A sin ser necesariamente B.
La tarea científica, el trabajo propiamente conceptual, debe centrarse en la indagación, análisis y desarrollo del contenido del concepto, y no en el uso caprichoso y arbitrario del nombre del objeto del concepto. Y esta es la primera tarea que hace Marx en El Capital: elaborar el concepto de valor de uso. Y una vez que ha sido elaborado el concepto, el nombre del objeto del concepto (valor de uso) puede circular como categoría, como nombre que ha sido cargado previamente con un contenido conceptual o con un contenido informativo. Y quien no elabore previamente el concepto de valor de uso, empleara el nombre ‘valor de uso’, no como categoría, sino como simple palabra cargada de su significado general. Categoría es el uso que damos al nombre del objeto de un concepto una vez que hemos elaborado su contenido. En este sentido el libro de Baudrillard, Crítica de la economía política del signo, no es categorial, no elabora previamente los conceptos que pone en circulación o los elabora muy deficientemente.
Pero reflexionemos sobre los dos contenidos conceptuales. Empecemos por el segundo: como cada cosa es un conjunto de muchas propiedades, puede ser útil en diversos aspectos. Representemos la lógica de este juicio: como cada cosa es A, puede ser B. Observamos que la lógica de este juicio le asigna a A (las propiedades) y a B (la utilidad) dos papeles distintos. Analicemos esos dos papeles en el ámbito de la dialéctica formal. Primera consideración: una cosa puede ser útil, si tiene propiedades. Si la cosa no tiene propiedades, no puede ser útil. Así, por ejemplo, si un martillo no tuviera ciertas propiedades, como la dureza y una determinada forma física, no sería útil para clavar tachas. Segunda consideración: una cosa puede tener propiedades y no ser útil, por ejemplo, el polvo que recogemos todos los días en nuestras casas. Por lo tanto, las propiedades constituyen la parte independiente del valor de uso, puede existir sin que exista la otra parte, la utilidad. Mientras que la utilidad constituye la parte no independiente del valor de uso, no puede existir si la otra parte no existe, las propiedades. Marx lo expresa así: la utilidad no flota en el aire, condicionada por las propiedades del cuerpo del valor de uso, no existe sin ellas.
Reflexionemos ahora sobre el segundo contenido del concepto: una cosa que por sus propiedades puede satisfacer necesidades humanas. Representemos la lógica de este juicio: una cosa que por ser A, puede ser B. Observamos que la lógica de este juicio le asigna a A (las propiedades) y a B (la satisfacción de necesidades humanas) papeles distintos. Analicemos estos dos papeles en el ámbito de la dialéctica formal. Una cosa sólo satisface necesidades humanas, si tiene propiedades. Si no tiene propiedades, la cosa no puede satisfacer necesidades humanas. Una cosa puede tener propiedades y no satisfacer necesidades humanas, pero nunca una cosa podría satisfacer necesidades humanas si no tuviera propiedades. Así, por ejemplo, una naranja puede satisfacer necesidades alimenticias porque tiene propiedades nutritivas. Por lo tanto, las propiedades constituyen la parte independiente del valor de uso, puede existir sin que exista la otra parte, la satisfacción de las necesidades humanas. Mientras que la satisfacción de las necesidades humanas constituye la parte no independiente del valor de uso, no puede existir si no existe la otra parte, las propiedades.
Vemos pues que el contenido del concepto de valor de uso tiene tres aspectos, partes o momentos: las propiedades, la utilidad y la satisfacción de las necesidades. Uno de esos aspectos, las propiedades, tiene una existencia independiente, mientras que los otros dos, la utilidad y la satisfacción de las necesidades humanas, tienen una existencia dependiente. De ahí que sea erróneo concebir la utilidad como si constituyera una existencia independiente y no como una parte que depende en su existencia de las propiedades. Y ese error lo comete Baudrillard. Y no sólo es que la utilidad de una cosa resida en sus propiedades, sino además que a determinadas propiedades sólo le corresponden determinadas utilidades. Así una naranja sirve como alimento porque tiene propiedades nutritivas, pero no sirve para romper la corteza de una nuez porque carece de la suficiente dureza. Sin embargo, una piedra sirve para romper la corteza de una almendra porque tiene la suficiente dureza, pero no sirve como alimento porque carece de propiedades nutritivas.
Valor ideológico del concepto de valor de uso. Fijémonos en el primer concepto de valor de uso, aquel que dice que es una cosa que por sus propiedades satisface necesidades humanas. Por medio de este contenido podemos definir lo que es un pobre y lo que es un rico. Un trabajador que vive del salario mínimo tiene las necesidades básicas satisfechas, pero sus necesidades superiores y sus necesidades de lujo no las tiene satisfechas. Son personas que tienen tendencia a soñar, a pensar que un día puedan ganar una suma de dinero por medio del juego, y así hacer feliz a su familia. Esperan un golpe de suerte. Y disfrutan de soñar esa posibilidad. Un capitalista es una persona que tiene las necesidades básicas, superiores y de lujo satisfechas. Pero como las necesidades no cesan de multiplicarse, los capitalistas también viven la ansiedad de ganar más y más dinero. Un pobre, sobre todo las miles de personas que mueren a diario de hambre, es una persona que no tiene ni tan siquiera las necesidades básicas satisfechas. Representan la necesidad que se ha enajenado completamente de los medios de satisfacción. Y la necesidad que se ha enajenado completamente de los medios de satisfacción, conduce a quien la padece a la muerte. Los pobres del mundo, las personas que viven en el reino de la necesidad abstracta, no sueñan con un golpe de suerte, sino que su alma se abre de par en par al mayor de los sueños humanos: la existencia de un Dios benefactor que les asegure una vida después de la muerte. 
Forma objetiva y subjetiva del concepto de valor de uso. Cuando decimos que el valor de uso es una cosa que por sus propiedades satisface necesidades humanas, estamos definiendo el valor de uso de una manera subjetiva. ¿Pero qué significa elaborar el concepto de valor de uso de una forma subjetiva? Significa que en la definición del objeto introducimos el sujeto, y en el caso que nos ocupa esto queda perfectamente claro: las necesidades y las satisfacciones son aspectos que residen en la persona, en el sujeto, no en el objeto. Mientras que cuando decimos que el valor de uso es una cosa que por sus propiedades puede ser útil, estamos definiendo el valor de uso de una manera objetiva. ¿Pero qué significa aquí elaborar el concepto de valor de uso de una forma objetiva? Significa que en la definición del objeto no introducimos el sujeto, y en el caso que nos ocupa esto queda perfectamente claro: la utilidad es un aspecto que reside en la cosa, en el objeto, no en el sujeto.
Tercer juicio: El valor de uso se realiza únicamente en el uso o en el consumo. Esta distinción entre el ser de una cosa y su realización es muy importante, y tanto en el ámbito económico como en el ámbito filosófico. Esta distinción también se aplica al valor. Se dice que el valor sólo se realiza en el mercado, en el cambio. Esta distinción no es equivalente a la existente entre ser en potencia y ser en acto. Aquí se trata sencillamente de saber que en la esfera del consumo es donde se demuestra que un valor de uso es tal valor de uso, si efectivamente es útil. Al igual que en la esfera del mercado se demuestra si una determinada mercancía es valor, esto es, si el trabajo gastado en producirla es socialmente necesario. Resulta paradójico que a Marx se le atribuya la idea de haber negado el mercado y haber concebido el valor al margen del mercado, cuando en verdad afirmó que sólo en mercado es donde se demuestra si una determinada mercancía tiene valor.
Cuarto juicio: Los valores de uso constituyen el contenido material de la riqueza, cualquiera que sea su forma social.  Independientemente de que la riqueza se produzca de forma esclavista, de forma feudal, de forma capitalista o de forma socialista, el contenido material de la riqueza es el mismo: el valor de uso. Con el concepto de valor de uso no podemos saber en que forma social se produce la riqueza. Samuelson y Nordhaus dicen en su libro ECONOMIA: “Dado que los deseos son ilimitados, es importante que una economía saque el mayor provecho de sus recursos limitados, lo cual nos lleva al concepto fundamental de eficiencia. Eficiencia significa utilización de los recursos de la sociedad de la manera más eficaz posible para satisfacer las necesidades y los deseos de los individuos” (La negrita de esta última parte es mía). Si esto fuera cierto, si la economía persiguiera satisfacer las necesidades y los deseos de los individuos, sería una evidencia que el capitalismo no es eficiente. Y por dos razones: primera, porque una gran parte de la población está condenada sólo a satisfacer las necesidades primarias, y segunda, porque cada minuto doce niños mueren de hambre. Es evidente que Samuelson y Nordhaus definen lo que es una economía en términos de valor de uso, esto es, una definición que sería común a cualquier modo de producción, mientras que evitan definirla por su forma social. ¿Y por qué razón afirmo que definen la economía en términos de valor de uso? Porque el contenido conceptual que emplean, la satisfacción de las necesidades de los individuos, pertenece al concepto de valor de uso. Los economistas convencionales quieren definir la economía independientemente de la naturaleza concreta de las relaciones de los hombres en la producción. Esta enajenación llega al extremo de que conciben la explotación del hombre por el hombre como un problema ético y no económico.
El concepto de valor de uso es también muy importante para el socialismo. El socialismo en tanto modelo soviético se entendió como un socialismo pobre, como un socialismo donde los trabajadores tenían limitado al mínimo sus necesidades materiales y condenada totalmente sus necesidades de lujo. La reforma china impulsada por Deng Xiaoping buscaba superar el socialismo pobre y conquistar el socialismo rico, el socialismo donde los trabajadores tengan mayores riquezas y, por lo tanto, mayores satisfacciones. ¿Y por qué esta demanda es justa? Porque la riqueza la producen los trabajadores. El hecho de que en el modelo soviético los trabajadores tuvieran un bajo nivel de vida no se debió a la existencia de una clase capitalista que se apropiara de una enorme plusvalía, sino al hecho de que en la economía total la industria pesada representaba el 70 por 100, mientras que la industria ligera representaba el 30 por 100. Y la vida de las masas, el consumo de la gente, su satisfacción diaria, depende de que la industria ligera ocupe un mayor peso en la economía total. Esta es una de las direcciones que siguió la economía china, aumentar el peso de la industria ligera, aumentar la cantidad, la calidad y la variedad de los bienes de consumo de masas. Y este aumento del consumo, este enriquecimiento de los trabajadores chinos, es interpretado erróneamente desde Occidente como el camino del capitalismo. Y no es así: confunden el capitalismo con el socialismo rico. China no ha cambiado el socialismo por el capitalismo, sino el socialismo pobre por el socialismo rico.  
 
 
EL VALOR DE CAMBIO
 
El aparecer. La elaboración del concepto de valor de cambio por parte de Marx se divide en dos fases: primero expone cómo aparece el valor de cambio a primera vista, y después expone cómo aparece cuando lo vemos más de cerca. Y al mirarlo más de cerca, Marx nos demuestra que el valor de cambio es un modo de expresión o forma fenoménica. Más adelante explicaré qué es un modo de expresión o forma fenoménica.
Primera fase. El valor de cambio aparece primero como la proporción en que los valores de uso de un tipo se cambia por los de otro. Pero como esta proporción varía con el tiempo y el lugar, un valor de cambio intrínseco a la mercancía se presenta como una contradicción en el adjetivo. Ilustremos esta idea. Se trata de imaginar un mercado donde la seda se cambia por trigo, el hierro por papel, el oro por zapatos, etcétera. Pero con respecto a la proporción en que se intercambian estos valores de uso, ocurre lo siguiente: en un lugar 1 metro de seda se cambia por 2 kilos de trigo, pero en otro lugar 1 metro de seda se cambia por 3 kilos de trigo; hoy 1 metro de seda se cambia por 2 kilos de trigo, pero mañana en el mismo lugar 1 metro de seda se cambia por 1 kilo de trigo. Como el valor de cambio de 1 metro de seda cambia con el lugar y con el tiempo, pensar que ese metro de seda tiene un valor de cambio intrínseco se presenta como una contradicción en el adjetivo. Puesto que la experiencia nos dice que el valor de cambio es una pura relación externa entre valores de uso, que nada tiene que ver con propiedades inmanentes o intrínsecas. Es así como se ve el valor de cambio a primera vista.
Segunda fase. Miremos el valor de cambio más de cerca. Al mirar el valor de cambio más de cerca, observamos que una misma mercancía se cambia por otras mercancías en las proporciones más diversas. Así, por ejemplo, 1 kilo de trigo se cambia por x betún, y seda, z oro, etcétera. Por lo tanto, el trigo tiene múltiples valores de cambio y no uno sólo. Pero como x betún, y seda y z oro son el valor de cambio de 1 kilo de trigo, entonces x betún, y seda y z oro son valores de cambio sustituibles unos por otros o de magnitud igual entre sí. De ahí deducimos dos cosas: una, que los valores de cambio válidos de la misma mercancía expresan la misma cosa, y dos, que el valor de cambio es un modo de expresión (o forma fenoménica) de un contenido que debemos distinguir de él. Esta es la conclusión a la que llegamos cuando miramos las cosas más de cerca: la relación de cambio entre las mercancías es una relación de expresión. De modo que la primera tarea a realizar a continuación será distinguir cuál es el contenido que se expresa en la relación de cambio entre las mercancías. Es el mismo problema que se nos planteaba cuando vimos la distinción filosófica entre lo que se manifiesta y la forma de manifestación, cuando hablábamos de la mesa y de su reflejo en el espejo. Veíamos que la mesa del espejo aumentaba y disminuía de tamaño, pero llegábamos a la conclusión de que ese aumento y disminución de la mesa del espejo eran formas fenoménicas, y que en consecuencia había que distinguir unos contenidos distintos de ellas. Uno de esos contenidos era la aproximación del espejo a la mesa, y el otro el alejamiento de la mesa respecto del espejo. Lo mismo hay que hacer en el caso de la relación de cambio entre las mercancías: cuando decimos que un metro de tela se cambia o vale 2 kilos de trigo, 2 kilos de trigo es una forma fenoménica. Y por lo tanto, la tarea a realizar será descubrir el contenido de esta forma fenoménica.
Esta conclusión tiene consecuencias muy importantes para la Semiótica, puesto que la relación de expresión es la primera y la más básica de las relaciones semióticas, que no debe confundirse con la relación referencial o con la relación de significación. La relación que se da entre el espejo y los objetos que refleja es una relación de expresión. También es una relación de expresión la que se da entre los órganos de los sentidos y los objetos del mundo exterior. Sólo hay que tener en cuenta que la relación de cambio entre los valores de uso es un caso particular de forma fenoménica o modo de expresión. Pero repito lo que es fundamental para la Semiótica: la relación de cambio entre los valores de uso es una relación semiótica, en concreto, una relación de expresión.
Del aparecer al representar. Hemos visto que el valor de cambio es un modo de expresión y que, por lo tanto, la primera tarea a realizar es distinguir o descubrir el contenido expresado. Pero para distinguir este contenido hemos de pasar del aparecer del valor de cambio a representarlo por medio de una ecuación. Tomemos una de las relaciones de cambio vistas anteriormente, por ejemplo, 1 metro de tela se cambia por 2 kilos de trigo. Esta relación de cambio se puede representar por medio de una ecuación, donde se equiparan 1 metro de tela con dos kilos de trigos. Así tenemos que 1metro de tela = 2 kilos de trigo. ¿Qué nos dice esta ecuación? Que en dos cosas diferentes, en 1 metro de tela y en 2 kilos de trigo, existe algo de común y de la misma magnitud. Hay que tener en cuenta que la base de la ecuación es tela = trigo. Por lo tanto, lo primero que hay que hacer es descubrir lo que hay de común en la tela y en el trigo. Y para saber lo que hay de común en la tela y en el trigo, tendremos que restar o abstraer lo que hay de diferente en el trigo y en la tela.
Del representar al proceso de abstracción. Surge el problema de saber qué debemos abstraer en la relación de cambio. Y esto sólo nos lo puede decir la propia relación de cambio entre los valores de uso. Lo que caracteriza el valor de cambio es precisamente la abstracción del valor de uso. Dentro de ella, un valor de uso vale tanto como cualquier otro, aunque sólo si existe en la proporción suficiente. Al analizar la ecuación vemos que la seda y el trigo son valores de uso cualitativamente diferentes, esto es, tienen distintas propiedades y distintas utilidades. Pero el problema es saber qué tienen de común la seda y el trigo. Por lo tanto, de la seda y del trigo debemos restar o abstraer su valor de uso, para ver cuál es el resto que obtenemos. Si a la mercancía le restamos su valor de uso, sólo nos queda la propiedad de que es un producto del trabajo. (Mercancía – valor de uso = producto del trabajo) (M – VU = Pt). Si en esta ecuación despejamos la mercancía, obtenemos que la mercancía es el valor de uso más el producto del trabajo. (M = VU + Pt). Esta es la primera conclusión a la que llegamos, que la mercancía es un objeto doble: valor de uso y producto del trabajo.
Pero el proceso de abstracción no es tan simple como aparece en este primer paso. Detallemos el proceso de abstracción. Si de la tela restamos o abstraemos su valor de uso, abstraemos las propiedades y la utilidad de la tela. Pero la utilidad de la tela es obra del trabajo útil del tejedor. De manera que en la utilidad de la tela está representado el trabajo útil del tejedor. Por lo tanto, si de la tela hacemos abstracción de su utilidad, hacemos abstracción del trabajo útil del tejedor. Lo mismo ocurre con el trigo: al hacer abstracción de la utilidad del trigo, hacemos abstracción del trabajo útil del agricultor. Miremos ahora a la tela y al trigo después de haber llegado a esta fase de abstracción: se han disuelto sus propiedades sensibles, han desaparecido las propiedades y las utilidades que los diferenciaba, pero también han desaparecido el trabajo útil del tejedor y el trabajo útil del agricultor. ¿Qué nos queda entonces? Sólo nos queda el hecho de que en la tela y en el trigo se ha gastado fuerza de trabajo humana (gasto de nervios, músculos, cerebro, etcétera) sin tener en cuenta la forma de su gasto. Ahora la tela y el trigo sólo representan el hecho de que en ellos se ha gastado fuerza de trabajo humana sin tener en cuenta la forma de su gasto, esto es, sin tener en cuenta si se gasta en forma de tejeduría o en forma agrícola. Dicho de otro forma: la tela y el trigo representan el hecho de que en ellos se ha acumulado trabajo humano abstracto, esto es, gasto de fuerza de trabajo humana sin tener en cuenta la forma de su gasto. Lo que nos dice ahora la ecuación, después de haber realizado el proceso de abstracción, es lo siguiente: en un 1 metro de tela se ha gastado la misma cantidad de fuerza de trabajo humana que en 2 kilos de trigo. Como cristalizaciones de esta sustancia social común a ellas, como cristalizaciones de trabajo humano abstracto, son valores, valores de mercancías. Por lo tanto, un valor de uso o un bien sólo tiene valor porque se ha cristalizado en él trabajo humano abstracto.
Forma lógica del juicio. El valor de una mercancía es el trabajo humano abstracto acumulado en ella. A es B. Esto es un juicio de concepto, donde debemos distinguir el nombre del objeto del concepto, ‘el valor’, y el sintagma con que expresamos el contenido del concepto, ‘trabajo humano abstracto acumulado’. Lo único que hay que destacar aquí es que este concepto no ha sido obtenido de modo inmediato, recurriendo a la percepción, como ocurría en el caso del concepto de valor de uso, sino que lo hemos obtenido mediante un proceso de abstracción. Aunque el punto de partida fue también un hecho perceptivo: el aparecer del valor de cambio.
La medida del valor. Habíamos dicho que un valor de uso tiene valor porque se ha objetivado en él trabajo humano abstracto. ¿Cómo medimos entonces la magnitud del valor de una mercancía? Mediante la cantidad de trabajo acumulado en la mercancía. ¿Y cómo medimos la cantidad de trabajo acumulado en la mercancía? Mediante la duración del trabajo. ¿Y cómo medimos la duración del trabajo? Mediante unidades de tiempo: horas, días, semanas, meses, etcétera. Dicho en camino inverso: por medio de unidades de tiempo (horas) mido la duración del trabajo; y mediante la duración del trabajo mido el trabajo acumulado o la fuerza de trabajo humana gastada. Entre los marxistas y no marxistas es habitual confundir la sustancia del valor con su medida. La sustancia del valor es la cantidad de trabajo acumulada en la mercancía o el trabajo gastado en su producción, mientras que la duración del trabado es el medio por el que medimos dicho gasto.
Trabajo individual y trabajo social. Si el valor de una mercancía viene determinado por la cantidad de trabajo gastada en su producción, cuanto más holgazana y menos diestra sea una persona, más valor tendrá su mercancía, puesto que consume más tiempo en su elaboración. Pero el trabajo que constituye la sustancia del valor de las mercancías es trabajo humano igual, gasto de la misma fuerza de trabajo. Toda la fuerza de trabajo de la sociedad que se representa en los valores del mundo de las mercancías rige aquí como una sola y la misma fuerza de trabajo, aunque conste de numerosas fuerzas de trabajo individuales. Es aquí muy importante el concepto de ‘regir como’. Es cierto que la fuerza de trabajo es individual, pero también es evidente que todas las fuerzas de trabajo son iguales en el sentido de que todas representan gasto de nervios, músculos, cerebro, etcétera. De ahí que la fuerza de trabajo representada en los valores de las mercancías rija como una y la misma fuerza de trabajo. Marx pone el siguiente ejemplo: Un tejedor manual emplea 1 hora de trabajo en transformar 100 metro de hilo en tela. Pero con la introducción del telar a vapor se requiere sólo ½ hora de trabajo para transformar 100 metros de hilo en tela. El tejedor manual, atado al viejo método de producción, seguirá necesitando 1 hora de trabajo para transformar 100 metros de hilo en tela, pero su hora de trabajo individual, después de la introducción del telar a vapor, representa solamente ½ hora de trabajo social. Es evidente, por lo tanto, que en la consideración de los valores de las mercancías toda la fuerza de trabajo de la sociedad rige como una y la misma fuerza de trabajo. Esta representación se hace todavía más evidente cuando en vez de considerar a la sociedad en su conjunto, consideramos a una persona que vive sola en una isla. Trabaja dos horas de pescador, dos horas de agricultor, dos horas de cocinero y dos horas de carpintero. Es obvio que pescar, cultivar la tierra, cocinar y fabricar muebles son actividades productivas diferentes, pero también es obvio que son formas distintas de gastar una y la misma fuerza de trabajo. La diferencia está, y es la causa de la dificultad de esa representación, en que en un caso, en el de la isla, son funciones de un mismo individuo, mientras que en el otro caso, en el de la sociedad, son funciones de individuos distintos. Así que únicamente el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de un valor de uso determina su magnitud de valor. Tiempo de trabajo socialmente necesario es el tiempo de trabajo requerido para representar cualquier valor de uso con las existentes condiciones de producción socialmente normales y el grado medio de habilidad e intensidad de trabajo. Dicho de forma más corriente: tiempo de trabajo socialmente necesario es el tiempo que necesita la sociedad para producir la riqueza.
Reflexionemos un poco más sobre las diferencias entre el trabajo individual y el trabajo social. Al imponerse las condiciones sociales medias de producción, las que establece el método de producción basado en el telar a vapor, la magnitud del valor de los 100 metros de hilo transformado en tela por el trabajador manual y la del valor de los 100 metros de hilo transformado en tela por el obrero colectivo mediante el telar a vapor, es la misma: ½ hora de trabajo social. Pero el trabajo individual contenido en los 100 metros hilo transformado en tela por el trabajador manual y el trabajo colectivo contenido en los 100 metros de hilo transformado en tela por el obrero colectivo son distintos: en el primero hay contenido 1 hora de trabajo y en el segundo hay contenido ½ hora de trabajo. Esta distinción es muy importante para el estudio del comercio internacional, y que Samir Amin interpretó erróneamente como intercambio de valores desiguales. En el mercado mundial se impone las condiciones sociales medias de producción, que no son sino las condiciones sociales medias de los países más avanzados. Por lo tanto, en el mercado mundial también se impone el intercambio de valores iguales, aunque los contenidos de trabajo nacionales sean distintos para los mismos valores. Es decir, se intercambian los mismos valores pero distintos trabajos nacionales. De ahí la necesidad ineludible que tienen los países económicamente más atrasados de proteger su agricultura, industria, comercio y finanzas nacionales, si no quieren ser explotados por los países más avanzados.
 
CARÁCTER DOBLE DEL TRABAJO REPRESENTADO EN LA MERCANCÍA
 
El valor representativo de las mercancías. Hasta aquí hemos estudiado la mercancía en sí misma, ahora la analizaremos por su valor representativo, derivado de que su existencia está mediada por el trabajo. Al igual que la mercancía es una unidad doble, valor de uso y valor, del mismo modo el trabajo que crea la mercancía tiene un carácter doble. El trabajo representado en el valor de uso no tiene las mismas características que el trabajo en cuanto constituye la sustancia del valor. Para aclarar más estas diferencias volvamos al ejemplo inicial. Tomemos esas dos mercancías: 1 metro de tela se cambia por 2 kilos de trigo. La tela es un valor de uso que satisface una necesidad particular. Para producirla se requiere un tipo de terminado de actividad productiva. Esta viene determinada por su fin, su modo de operar, sus medios, su objeto y su resultado. Llamaremos trabajo útil al trabajo cuya utilidad se presenta en el hecho de que su producto es un valor de uso. El trabajo del tejedor es un trabajo útil en la medida en que en su producto, la tela, es un valor de uso. (Recuerdo que no debe confundirse el ser de una cosa con su realización. Aquí hablamos sólo del ser del valor de uso, no de su realización) Del mismo modo que la tela y el trigo son valores de uso cualitativamente diferentes, también son cualitativamente diferentes los trabajos que les dan existencia. Si estos objetos no fueran valores de uso cualitativamente diferentes, tampoco podrían enfrentarse como mercancías. 1 metro de seda no se cambia por 1 metro de seda, un valor de uso por el mismo valor de uso. Por lo tanto, para que dos objetos se enfrenten como mercancías, tienen que ser valores de uso cualitativamente diferentes.
Escuchemos, a este respecto, a Baudrillard en su trabajo Más allá del valor de uso: “Si el principio del intercambio y el principio de utilidad tienen tal afinidad, es porque, opuestamente a lo que dice Marx de la icomparabilidad de los valores de uso, la lógica de la equivalencia está ya toda entera en la utilidad”. Marx no dice que los valores de uso sean incomparables, sino que los valores de uso que se intercambian deben ser cualitativamente diferentes, que nadie cambia un valor de uso por el mismo valor de uso. Todos los valores de uso en cuanto valores de uso son comparables, como son comparables todas las mesas en cuanto mesas, y los coches en cuanto coches, etcétera. Esta es una de las “habilidades” especulativas de Baudrillard: atribuirle a Marx una cosa que él no ha dicho, que los valores de uso no son comparables, para después criticarlo sin saberse con qué finalidad. De todos modos, con lo dicho hasta aquí podemos concluir que en el valor de uso de toda mercancía se encierra una determinada actividad productiva conforme a un fin, esto es, trabajo útil. De manera que los valores de uso además de tener un valor en sí mismo como tales valores de uso, tienen un valor representativo: representan el trabajo útil. Así que la mesa representa el trabajo útil del carpintero, la paella el trabajo útil del cocinero, la acera limpia el trabajo útil del barrendero, etcétera.
En calidad de valores, seda y trigo son objetos de idéntica sustancia, expresiones objetivas de un trabajo idéntico. Más tejeduría y agricultura son trabajos cualitativamente diferentes. Pero aunque tejeduría y agricultura sean trabajos cualitativamente diferentes, son ambos gasto productivo de cerebro, músculos, nervios, etcétera, humanos, y en este sentido son ambos trabajo humano. No son más que dos formas distintas de gastar fuerza de trabajo humana. En suma, tejeduría y agricultura son elementos constitutivos de los valores de usos seda y trigo precisamente por sus cualidades diferentes. Pero sólo son sustancias del valor de la seda y del trigo en tanto se hace abstracción de su calidad particular, y ambos poseen la misma cualidad, la de ser trabajo humano abstracto. De manera que las mercancías en tanto valores tienen un valor representativo: representan el trabajo humano abstracto, esto es, el gasto de la fuerza de trabajo.
Por un lado, todo trabajo es gasto de fuerza de trabajo humana en sentido fisiológico, y en esta calidad de trabajo humano igual o de trabajo abstractamente humano constituye el valor de las mercancías. Por otro lado, todo trabajo es gasto de fuerza de trabajo humana en forma específica y determinada por su fin, y en esta calidad de trabajo útil concreto produce valores de uso.
Contenido ideológico del valor representativo de las mercancías.  En el muelle deportivo de  un municipio turístico veo a la familia Ramírez disfrutar de un hermoso yate. El precio de mercado de este espléndido yate es de 12 millones de euros. Ante semejante hecho un capitalista se expresaría del siguiente modo: “ese hombre ha sabido hacerlo bien, ha trabajado duro, ha sido listo y se lo merece en justicia. Lo que sucede es que vivimos en una sociedad de envidiosos, y en vez de tratar de imitar el genio del señor Ramírez lo que hacemos es dudar que haya adquirido esa riqueza de modo legal y como fruto de su duro e inteligente trabajo”. Si fuera Veblen quien contemplara el yate, tal vez opinaría del siguiente modo: “la familia Ramírez usa el yate como ostentación, como signo para diferenciarse de los miembros de las clases oprimidas”. Sin embargo, si lo viera un marxista, su opinión sería esta otra: primero se fijaría en el valor representativo de su valor de uso, y diría que en ese yate hay encerrado muchos y variados trabajos útiles: los del carpintero, del electricista, del ingeniero, del fontanero, etcétera. Después se fijaría en su valor, esto es, en su precio: 12 millones de euros. Siguiendo el consejo de Samuelson y Nordhaus atravesaría el velo del dinero y diría: con 12 millones de euros se pueden comprar 72 viviendas urbanas de 90 metros cuadrados. De manera que el yate vale 72 viviendas urbanas de 90 metros cuadrados. Así apreciamos de modo sensible el valor del yate. Y no pueden imaginarse hasta que punto se torna sensible. Pensemos en esos matrimonios de trabajadores, donde trabajan hombre y mujer, que después de haber estado trabajando más de 40 años, tienen al final de sus vidas una vivienda de 90 metros cuadrados y una pensión de mala muerte. Es decir, el dueño del yate tiene en sus manos un valor equivalente al trabajo de 144 personas al cabo de 40 años. Esto es lo que vería un marxista en el ostentoso yate en cuanto valor: el trabajo de 144 personas durante cuarenta años. Y le surgiría una duda: por muy cualificada que sea la fuerza de trabajo del señor Ramírez, es inexplicable que el valor de su fuerza de trabajo durante 10 años sea equivalente al trabajo de 144 personas durante 40 años. De manera que la única explicación posible es la siguiente: que el señor Ramírez, gracias a las relaciones de producción capitalista, ha podido apropiarse de una enorme cantidad de trabajo ajeno, del trabajo de 40 años de 144 trabajadores. Es evidente que el ostentoso yate se ha vuelto tremendamente ideológico.
 
 
LA FORMA DEL VALOR
 
Partimos del valor de cambio y llegamos a la conclusión de que era un modo de expresión o forma fenoménica. Surgió entonces la necesidad de descubrir cuál era el contenido de ese modo de expresión, y llegamos a la conclusión de que era el valor. Después analizamos el valor. Ahora tenemos que retornar a la forma del valor, esto es, al valor de cambio. El valor concebido como la cantidad de trabajo socialmente necesario para producir una mercancía es el valor en su forma natural. Tenemos que representárnoslo como una propiedad inmanente a la mercancía. Y como es inmanente, esto es, no trascendente, carece de forma objetiva. En palabras de Marx: “De ahí que se le puedan dar las vueltas que se quiera a una mercancía, mas como cosa de valor permanece inasequible”. Las mercancías sólo poseen objetividad del valor en tanto son expresión de la misma unidad social, del trabajo humano. Por lo tanto, su objetividad de valor es puramente social. De manera que la objetividad del valor sólo pueda presentarse en la relación de cambio de una mercancía con otra. Todo el mundo sabe que las todas las mercancías tienen una forma de valor que contrasta con sus multicolores formas naturales, y que es común a todas: el dinero. Así se hace en economía: el valor de todos los bienes y servicios se expresa en dinero. Se trata, según Marx, de demostrar la génesis del dinero, esto es, de seguir el desarrollo de la forma del valor desde su figura más simple hasta la deslumbrante forma del dinero. Podemos también expresar esta tarea en términos hegelianos: se trata de que el valor, que existe de forma inmanente y unido al valor de uso, se independice del valor de uso, se objetive y se sustantive frente a él.

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Francisco Umpiérrez Sánchez

Director del Centro de Estudios Karl Marx

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