Este trabajo interesa a todos aquellos investigadores que hacen uso,
por una parte, de los conceptos de forma y de valor, y por otra parte,
de la distinción filosófica entre esencia y fenómeno. Así que creo que
interesará a economistas, sociólogos, filósofos, lingüistas y
semiólogos. También será de mucho interés para todas aquellas personas
dedicadas a la defensa de los intereses de los trabajadores y a propagar
la necesidad del socialismo. Y será de interés igualmente para todas
aquellas personas que quieran conocer el pensamiento de Marx en origen,
cuya riqueza en contenidos conceptuales y en formas categoriales no
tiene parangón. Este trabajo se compone de dos secciones: en la primera
se expone la transformación de la mercancía en dinero, esto es, la
teoría del valor de Marx, y en la segunda, una crítica a los detractores
de Marx. Para las personas inquietas, las que desde el principio quieren
saber cuál es el sentido, el estilo y el modo de este trabajo, les
recomiendo que lean, en la segunda sección, el artículo titulado: ¿Es
Marx metafísico o científico? Pero para comprender a ciencia cierta toda
la parte crítica, es necesario leer previamente la primera sección. Es
imposible entender la crítica a Baudrillard sin conocer la primera
sección.
PRIMERA SECCIÓN
TRANSFORMACIÓN DE LA MERCANCÍA EN DINERO
(TEORIA DEL VALOR)
INTRODUCCION
La mayoría de los textos que hablan de la teoría del valor de Marx,
tanto de sus defensores como de sus detractores, carece de la riqueza de
detalles, del rigor y del orden presentes en el texto de Marx.
Predominan la confusión, la oscuridad y la especulación en aquellos
textos. Mi método de exposición es diferente porque sigo directamente el
texto de Marx, hablo con sus palabras, y no me salto los pasos
necesarios en el devenir de los razonamientos. Acompaño al lector por
todo el texto, le reduzco el recorrido, y le indico los aspectos
lógicos, filosóficos, antropológicos y fenomenológicos presentes en sus
distintas partes. Si el lector estudia atentamente y con rigor mi
trabajo, después podrá estudiar directamente el texto de Marx con
relativa facilidad. Según el propio Marx, la parte más difícil de El
Capital está en su primer capítulo, esto es, en la exposición de la
transformación de la mercancía en dinero. Y de esto trata el presente
trabajo.
1. Economía marxista y economía convencional. Se tiene la idea de que la
economía marxista, representada por El Capital de Karl Marx, y la
economía convencional habitan en dos mundos distintos: Marx en el de los
metafísicos, y los economistas convencionales en el de los científicos.
Se presenta el pensamiento de Marx como un cuerpo teórico oscuro,
metafísico y poco práctico, mientras que a la economía convencional se
le presenta como un cuerpo teórico científico, riguroso y eminentemente
práctico. Cuando lo cierto es que El Capital de Karl Marx incluye los
conceptos principales de la economía convencional. En la filosofía
contenida en El Capital no existe la contraposición entre apariencia y
realidad. Domina, por el contrario, la concepción de que la realidad
está constituida por apariencias y esencias. Es decir, que la apariencia
es parte de la realidad y no algo contrapuesto a la realidad. Llamaremos
categorías esenciales a aquellas categorías que reflejan las esencias de
la realidad, mientras que llamaremos categorías aparentes a las
categorías que reflejan las apariencias de la realidad. Pongamos un
ejemplo para dejar estas diferencias filosóficas bien claras. En la
economía convencional es fundamental el estudio de la categoría de
precio, pero también lo es en El Capital de Marx. ¿Dónde reside entonces
la diferencia? La economía convencional define el precio de acuerdo con
su función práctica (aparente). Marx también analiza la función práctica
del precio, pero añade algo más: explica la génesis de la forma de
precio, expone el proceso mediante el cual el valor sufre una serie de
metamorfosis, desde su figura más simple, la que se da en el trueque,
hasta su figura más compleja, que constituye la forma de precio. Ahí
reside el componente fundamental de El Capital: el análisis de las
formas del valor. La categoría precio refleja una apariencia de la
realidad económica, mientras que la categoría valor refleja una esencia
de la realidad económica. El movimiento teórico de Marx va desde las
esencias a las apariencias, esto es, parte del valor en su forma natural
hasta llegar a la forma de precio; mientras que la economía convencional
sólo se mueve en el ámbito de la apariencia. Por lo tanto, no hay que
ver en la economía convencional la negación de la economía marxista,
sino todo lo contrario: una parte necesaria de ella.
2. Lo que se manifiesta y la forma de manifestarse. Pongamos una mesa a
dos metros de un espejo. Si acercamos la mesa al espejo, la mesa del
espejo (la imagen de la mesa) aumentará de tamaño. Si alejamos la mesa
respecto del espejo, la mesa del espejo disminuirá de tamaño. Esta
experiencia tan sencilla demuestra la necesidad científica de
distinguir, en el ámbito de las relaciones entre cosas, lo que se
manifiesta de la forma de manifestarse. El aumento del tamaño de la mesa
del espejo es la forma en que se manifiesta la aproximación de la mesa
al espejo, mientras que la disminución del tamaño de la mesa del espejo
es la forma de manifestarse el alejamiento de la mesa respecto del
espejo. Así que el aumento de tamaño de la mesa del espejo no es sólo el
aumento del tamaño de la mesa del espejo, sino también la forma
fenoménica, la forma de manifestación, de la aproximación de la mesa al
espejo. Si en el mundo de las relaciones físicas entre las cosas es
necesaria esta distinción fenomenológica, mucho más necesaria lo será en
el mundo de las relaciones entre los hombres mediada por los productos
del trabajo. Así que cuando Marx estudia el precio como forma fenoménica
del valor, no está llevando a cabo ninguna aventura metafísica ni dando
un salto en el vacío. Sólo está teniendo en cuenta una necesaria
distinción científica. La gran dificultad que tienen los economistas
convencionales y los marxistas para comprender acertadamente El Capital
de Karl Marx, es que piensan en términos de lógica formal o en términos
de lógica dialéctica general. Desconocen por completo la lógica
fenoménica, que es la quintaesencia del pensamiento dialéctico de Marx.
Ignoran que el concepto de forma fenoménica es la categoría lógica
fundamental en El Capital.
3. El Capital y la Semiótica. Cualquier investigador en Semiótica, sobre
todo aquellos que reflexionan sobre la semiótica del dinero, están
obligados a estudiar, cuanto menos, el primer capítulo de El Capital de
Karl Marx, que trata de la transformación de la mercancía en dinero, y
donde se expone la teoría del valor. Hay que saber que la relación de
cambio entre las mercancías es una relación de expresión, esto es, una
relación semiótica. Así que en este capítulo de Marx está dada una
semiótica, que puede ser desarrollada hasta postulados más generales, y
que tiene sus fundamentos en la Fenomenología. También es importante
señalar que el concepto de forma y el concepto de valor, que tanta
importancia tienen para la Lingüística y la Semiótica, son básicos en el
desarrollo teórico del capítulo de El Capital mencionado.
4. El destino histórico de El Capital. La primera popularización de El
Capital correspondió a Engels. Pero Engels vulgarizó la dialéctica
presente en El Capital, en especial en su libro Anti-Dühring. Después
sucedió, desde finales del siglo XIX, que las posibilidades de una
revolución socialista, sobre todo en términos de condiciones subjetivas,
se trasladaron desde Francia, Inglaterra y Alemania a Rusia, un país
semipatriarcal, semifeudal y semicapitalista. A partir de ese entonces
el papel desempeñado por Marx fue ocupado por Vladimir Ilích Ulianov.
Más del 90 por 100 de los textos del líder de los comunistas rusos son
de carácter político. De ahí que los comunistas europeos, encandilados
por el genial Vladimir Ilích, dejaran a Marx de lado, y en especial a El
Capital. La preparación económica de los comunistas de todo el mundo
durante todo el siglo XX cayó en picado, permitiendo que las
concepciones económicas liberales dominaran por completo el panorama de
las ciencias económicas. Hay, sin embargo, dos textos de Vladimir Ilích
sobre economía muy importantes, pero que nunca tuvieron gran importancia
ideológica para los comunistas. El primero de esos textos, escrito a
finales del siglo XIX, trataba sobre el desarrollo del capitalismo en
Rusia, la creación del mercado interno y las transformaciones
mercantiles capitalista que se producían en la agricultura. El segundo
de esos textos, un par de años antes de que Vladimir Ilích muriera,
trata de la Nueve Economía Política que propuso después de visto el
fracaso económico que significó el comunismo de guerra. En esa Nueva
Economía Política se proponía restaurar las relaciones mercantiles
monetarias, y potenciar el pequeño capital y el capitalismo de Estado.
Las reformas económicas chinas iniciadas en 1978 tiene su principal
precedente teórico en esa Nueva Política Económica diseñada por Vladimir
Ilích. Pero después de muerto Vladimir Ilích la importancia del
conocimiento económico entre los comunistas decayó a los niveles más
bajos, y así fueron derrotado tan fácilmente por los economistas
convencionales (capitalistas) y se abrió la ola de las capitulaciones
ideológicas entre los intelectuales marxistas. No obstante, Stalin y Mao
Zedong hablaron siempre de que los comunistas debían respetar la ley del
valor. ¿Y qué significaba para estos dos líderes respetar la ley del
valor? Respetar la idea de que el valor de la riqueza está determinado
por la cantidad de trabajo socialmente necesario para producirla. Sin
embargo, aunque promovían el respeto por la ley del valor, promovieron
al mismo tiempo la suspención de las relaciones mercantiles monetarias.
Por lo tanto, en la práctica no respetaron la ley del valor. ¿Por qué?
Porque el valor sólo existe de forma objetiva en forma de dinero. Sólo
si permito que la producción en el socialismo sea una producción
mercantil, estoy permitiendo que la ley del valor se manifieste. Pero si
prohibo la producción mercantil, entonces en la práctica no estoy
respetando la ley del valor.
LA FORMA DE MERCANCIA
Primer juicio: En las sociedades capitalistas la riqueza se presenta
como mercancía.
Forma lógica del juicio: A se presenta como B. Este es un juicio de
presentación donde hay que distinguir dos lados: por un lado, el objeto
que se presenta, y por otro lado, en calidad de que se presenta. Y en el
ámbito lingüístico habrá que distinguir igualmente dos lados: por un
lado, el nombre del objeto que se presenta, y por otro lado, el sintagma
con que expresamos en calidad de que se presenta dicho objeto. Aquí el
objeto que se presenta es la riqueza, y se presenta en calidad de
mercancía. Esta forma de juicio es muy usada en la vida cotidiana.
Dirigiéndonos a un amigo y señalándole a nuestro acompañante le decimos:
“este es Juan Sánchez, marido de Ana Ruiz, profesor de Lingüística de la
Universidad de La Laguna, y un amigo de la infancia”. “Juan Sánchez” es
el nombre del objeto que se presenta, y “marido de Ana Ruiz”, “profesor
de Lingüística de la Universidad de La Laguna” y “un amigo de la
infancia” son los sintagmas con que expresamos en calidad de que
presentamos a dicho objeto. Cuando decimos que Juan Sánchez lo
presentamos en calidad de marido de Ana Ruiz, estamos presentando a Juan
Sánchez como miembro de determinadas relaciones sociales. Así que ‘en
calidad de’ y ‘miembro de determinadas relaciones’ las tomaremos como
expresiones equivalentes.
Contenido del juicio: En las sociedades esclavista y feudal sólo una
pequeña parte de la riqueza se producía como mercancía. Mientras que en
las sociedades capitalista toda la riqueza se produce como mercancía. Y
en las sociedades socialistas, de acuerdo con la experiencia de la Nueve
Economía Política elaborada por Vladimir Ilích y con las reformas
económica emprendidas en China a partir de 1978, la riqueza se tiene que
seguir produciendo como mercancía. Entre los marxistas, después de
muerto Vladimir Ilích, se había confundido la forma mercantil de la
riqueza con su forma de capital, y el socialismo se entendía en ese
sentido: como movimiento conducente a acabar con la forma mercantil de
la riqueza. En este consistió la esencia económica del modelo soviético
de construcción del socialismo y ahí residió su error y la fuente de su
fracaso. Se confundía los mecanismos económicos para desarrollar la
producción de riqueza, donde la experiencia ha demostrado que el mercado
es superior al plan, con la forma de propiedad de la riqueza, donde la
experiencia demuestra que para los intereses de la mayoría la forma
socialista es superior a la forma capitalista. Hasta hace poco la
electricidad se producía en España como mercancía, pero no como capital.
Las industrias productoras de electricidad eran de propiedad del Estado.
Pero con la ola de liberalizaciones, estas industrias han pasado a manos
privadas, y en vez de producirse la electricidad como un bien socialista
se produce como capital. El camino esencial del socialismo no está en
luchar contra la forma mercantil de la riqueza, sino en luchar por
cambiar su forma capitalista por su forma socialista. La lucha por el
socialismo es una lucha que se manifiesta fundamentalmente el ámbito de
la propiedad.
No obstante, el capitalismo ha evolucionado de tal manera que todo,
absolutamente todo, se quiere producir como mercancía. Así, aspectos de
la vida social como el deporte, la fama o la vida privada se producen en
la actualidad como mercancías. De manera que el camino del socialismo
también se manifestaría como una delimitación de qué aspectos de la vida
social se pueden producir como mercancías y qué aspectos no. Hasta la
Iglesia Católica ve en los fabulosos sueldos que ganan los futbolistas
de elite una enorme injusticia. Pero también los enormes ingresos que
reciben las personas de famas en concepto de publicidad y en concepto de
ventas de exclusivas a revistas, representan una enorme injusticia. Por
lo tanto, el camino del socialismo también exige que se acabe con la
forma mercantil que tienen esos aspectos de la vida mencionados
anteriormente.
Como la riqueza en las sociedades capitalistas se presenta como
mercancía, Marx inicia su investigación analizando la mercancía. Pero la
mercancía es un objeto doble: valor de uso y valor. De ahí que lo
primero que haga Marx sea proporcionarnos dos conceptos de valor de uso.
EL VALOR DE USO
Segundo juicio: El valor de uso es una cosa que por sus propiedades
satisface necesidades humanas de cualquier clase.
Tercer juicio: El valor de uso es una cosa que por sus propiedades puede
ser útil en diversos aspectos.
Todos los juicios cuyo operador verbal sea el verbo ser los
denominaremos juicios conceptuales. Y en todo concepto debemos
distinguir dos lados: el objeto y el contenido. Y en el ámbito
lingüístico debemos distinguir también dos lados: el nombre del objeto
del concepto y el sintagma con que se expresa el contenido del concepto.
Así, en nuestro caso, ‘valor de uso’ es el nombre del objeto del
concepto, mientras que ‘cosa que por sus propiedades puede satisfacer
necesidades humanas’ y ‘cosa que por sus propiedades puede ser útil en
diversos aspectos’ son los sintagmas con que expresamos el contenido del
concepto.
Forma lógica del contenido del juicio: una cosa que por ser A, puede ser
B. Es muy importante esta distinción, puesto que A y B no desempeñan el
mismo papel ni tienen el mismo valor en la elaboración del juicio de
concepto. Una cosa no puede ser B si no es A. Sin embargo, una cosa
puede ser A sin ser necesariamente B.
La tarea científica, el trabajo propiamente conceptual, debe centrarse
en la indagación, análisis y desarrollo del contenido del concepto, y no
en el uso caprichoso y arbitrario del nombre del objeto del concepto. Y
esta es la primera tarea que hace Marx en El Capital: elaborar el
concepto de valor de uso. Y una vez que ha sido elaborado el concepto,
el nombre del objeto del concepto (valor de uso) puede circular como
categoría, como nombre que ha sido cargado previamente con un contenido
conceptual o con un contenido informativo. Y quien no elabore
previamente el concepto de valor de uso, empleara el nombre ‘valor de
uso’, no como categoría, sino como simple palabra cargada de su
significado general. Categoría es el uso que damos al nombre del objeto
de un concepto una vez que hemos elaborado su contenido. En este sentido
el libro de Baudrillard, Crítica de la economía política del signo, no
es categorial, no elabora previamente los conceptos que pone en
circulación o los elabora muy deficientemente.
Pero reflexionemos sobre los dos contenidos conceptuales. Empecemos por
el segundo: como cada cosa es un conjunto de muchas propiedades, puede
ser útil en diversos aspectos. Representemos la lógica de este juicio:
como cada cosa es A, puede ser B. Observamos que la lógica de este
juicio le asigna a A (las propiedades) y a B (la utilidad) dos papeles
distintos. Analicemos esos dos papeles en el ámbito de la dialéctica
formal. Primera consideración: una cosa puede ser útil, si tiene
propiedades. Si la cosa no tiene propiedades, no puede ser útil. Así,
por ejemplo, si un martillo no tuviera ciertas propiedades, como la
dureza y una determinada forma física, no sería útil para clavar tachas.
Segunda consideración: una cosa puede tener propiedades y no ser útil,
por ejemplo, el polvo que recogemos todos los días en nuestras casas.
Por lo tanto, las propiedades constituyen la parte independiente del
valor de uso, puede existir sin que exista la otra parte, la utilidad.
Mientras que la utilidad constituye la parte no independiente del valor
de uso, no puede existir si la otra parte no existe, las propiedades.
Marx lo expresa así: la utilidad no flota en el aire, condicionada por
las propiedades del cuerpo del valor de uso, no existe sin ellas.
Reflexionemos ahora sobre el segundo contenido del concepto: una cosa
que por sus propiedades puede satisfacer necesidades humanas.
Representemos la lógica de este juicio: una cosa que por ser A, puede
ser B. Observamos que la lógica de este juicio le asigna a A (las
propiedades) y a B (la satisfacción de necesidades humanas) papeles
distintos. Analicemos estos dos papeles en el ámbito de la dialéctica
formal. Una cosa sólo satisface necesidades humanas, si tiene
propiedades. Si no tiene propiedades, la cosa no puede satisfacer
necesidades humanas. Una cosa puede tener propiedades y no satisfacer
necesidades humanas, pero nunca una cosa podría satisfacer necesidades
humanas si no tuviera propiedades. Así, por ejemplo, una naranja puede
satisfacer necesidades alimenticias porque tiene propiedades nutritivas.
Por lo tanto, las propiedades constituyen la parte independiente del
valor de uso, puede existir sin que exista la otra parte, la
satisfacción de las necesidades humanas. Mientras que la satisfacción de
las necesidades humanas constituye la parte no independiente del valor
de uso, no puede existir si no existe la otra parte, las propiedades.
Vemos pues que el contenido del concepto de valor de uso tiene tres
aspectos, partes o momentos: las propiedades, la utilidad y la
satisfacción de las necesidades. Uno de esos aspectos, las propiedades,
tiene una existencia independiente, mientras que los otros dos, la
utilidad y la satisfacción de las necesidades humanas, tienen una
existencia dependiente. De ahí que sea erróneo concebir la utilidad como
si constituyera una existencia independiente y no como una parte que
depende en su existencia de las propiedades. Y ese error lo comete
Baudrillard. Y no sólo es que la utilidad de una cosa resida en sus
propiedades, sino además que a determinadas propiedades sólo le
corresponden determinadas utilidades. Así una naranja sirve como
alimento porque tiene propiedades nutritivas, pero no sirve para romper
la corteza de una nuez porque carece de la suficiente dureza. Sin
embargo, una piedra sirve para romper la corteza de una almendra porque
tiene la suficiente dureza, pero no sirve como alimento porque carece de
propiedades nutritivas.
Valor ideológico del concepto de valor de uso. Fijémonos en el primer
concepto de valor de uso, aquel que dice que es una cosa que por sus
propiedades satisface necesidades humanas. Por medio de este contenido
podemos definir lo que es un pobre y lo que es un rico. Un trabajador
que vive del salario mínimo tiene las necesidades básicas satisfechas,
pero sus necesidades superiores y sus necesidades de lujo no las tiene
satisfechas. Son personas que tienen tendencia a soñar, a pensar que un
día puedan ganar una suma de dinero por medio del juego, y así hacer
feliz a su familia. Esperan un golpe de suerte. Y disfrutan de soñar esa
posibilidad. Un capitalista es una persona que tiene las necesidades
básicas, superiores y de lujo satisfechas. Pero como las necesidades no
cesan de multiplicarse, los capitalistas también viven la ansiedad de
ganar más y más dinero. Un pobre, sobre todo las miles de personas que
mueren a diario de hambre, es una persona que no tiene ni tan siquiera
las necesidades básicas satisfechas. Representan la necesidad que se ha
enajenado completamente de los medios de satisfacción. Y la necesidad
que se ha enajenado completamente de los medios de satisfacción, conduce
a quien la padece a la muerte. Los pobres del mundo, las personas que
viven en el reino de la necesidad abstracta, no sueñan con un golpe de
suerte, sino que su alma se abre de par en par al mayor de los sueños
humanos: la existencia de un Dios benefactor que les asegure una vida
después de la muerte.
Forma objetiva y subjetiva del concepto de valor de uso. Cuando decimos
que el valor de uso es una cosa que por sus propiedades satisface
necesidades humanas, estamos definiendo el valor de uso de una manera
subjetiva. ¿Pero qué significa elaborar el concepto de valor de uso de
una forma subjetiva? Significa que en la definición del objeto
introducimos el sujeto, y en el caso que nos ocupa esto queda
perfectamente claro: las necesidades y las satisfacciones son aspectos
que residen en la persona, en el sujeto, no en el objeto. Mientras que
cuando decimos que el valor de uso es una cosa que por sus propiedades
puede ser útil, estamos definiendo el valor de uso de una manera
objetiva. ¿Pero qué significa aquí elaborar el concepto de valor de uso
de una forma objetiva? Significa que en la definición del objeto no
introducimos el sujeto, y en el caso que nos ocupa esto queda
perfectamente claro: la utilidad es un aspecto que reside en la cosa, en
el objeto, no en el sujeto.
Tercer juicio: El valor de uso se realiza únicamente en el uso o en el
consumo. Esta distinción entre el ser de una cosa y su realización es
muy importante, y tanto en el ámbito económico como en el ámbito
filosófico. Esta distinción también se aplica al valor. Se dice que el
valor sólo se realiza en el mercado, en el cambio. Esta distinción no es
equivalente a la existente entre ser en potencia y ser en acto. Aquí se
trata sencillamente de saber que en la esfera del consumo es donde se
demuestra que un valor de uso es tal valor de uso, si efectivamente es
útil. Al igual que en la esfera del mercado se demuestra si una
determinada mercancía es valor, esto es, si el trabajo gastado en
producirla es socialmente necesario. Resulta paradójico que a Marx se le
atribuya la idea de haber negado el mercado y haber concebido el valor
al margen del mercado, cuando en verdad afirmó que sólo en mercado es
donde se demuestra si una determinada mercancía tiene valor.
Cuarto juicio: Los valores de uso constituyen el contenido material de
la riqueza, cualquiera que sea su forma social. Independientemente de
que la riqueza se produzca de forma esclavista, de forma feudal, de
forma capitalista o de forma socialista, el contenido material de la
riqueza es el mismo: el valor de uso. Con el concepto de valor de uso no
podemos saber en que forma social se produce la riqueza. Samuelson y
Nordhaus dicen en su libro ECONOMIA: “Dado que los deseos son
ilimitados, es importante que una economía saque el mayor provecho de
sus recursos limitados, lo cual nos lleva al concepto fundamental de
eficiencia. Eficiencia significa utilización de los recursos de la
sociedad de la manera más eficaz posible para satisfacer las necesidades
y los deseos de los individuos” (La negrita de esta última parte es
mía). Si esto fuera cierto, si la economía persiguiera satisfacer las
necesidades y los deseos de los individuos, sería una evidencia que el
capitalismo no es eficiente. Y por dos razones: primera, porque una gran
parte de la población está condenada sólo a satisfacer las necesidades
primarias, y segunda, porque cada minuto doce niños mueren de hambre. Es
evidente que Samuelson y Nordhaus definen lo que es una economía en
términos de valor de uso, esto es, una definición que sería común a
cualquier modo de producción, mientras que evitan definirla por su forma
social. ¿Y por qué razón afirmo que definen la economía en términos de
valor de uso? Porque el contenido conceptual que emplean, la
satisfacción de las necesidades de los individuos, pertenece al concepto
de valor de uso. Los economistas convencionales quieren definir la
economía independientemente de la naturaleza concreta de las relaciones
de los hombres en la producción. Esta enajenación llega al extremo de
que conciben la explotación del hombre por el hombre como un problema
ético y no económico.
El concepto de valor de uso es también muy importante para el
socialismo. El socialismo en tanto modelo soviético se entendió como un
socialismo pobre, como un socialismo donde los trabajadores tenían
limitado al mínimo sus necesidades materiales y condenada totalmente sus
necesidades de lujo. La reforma china impulsada por Deng Xiaoping
buscaba superar el socialismo pobre y conquistar el socialismo rico, el
socialismo donde los trabajadores tengan mayores riquezas y, por lo
tanto, mayores satisfacciones. ¿Y por qué esta demanda es justa? Porque
la riqueza la producen los trabajadores. El hecho de que en el modelo
soviético los trabajadores tuvieran un bajo nivel de vida no se debió a
la existencia de una clase capitalista que se apropiara de una enorme
plusvalía, sino al hecho de que en la economía total la industria pesada
representaba el 70 por 100, mientras que la industria ligera
representaba el 30 por 100. Y la vida de las masas, el consumo de la
gente, su satisfacción diaria, depende de que la industria ligera ocupe
un mayor peso en la economía total. Esta es una de las direcciones que
siguió la economía china, aumentar el peso de la industria ligera,
aumentar la cantidad, la calidad y la variedad de los bienes de consumo
de masas. Y este aumento del consumo, este enriquecimiento de los
trabajadores chinos, es interpretado erróneamente desde Occidente como
el camino del capitalismo. Y no es así: confunden el capitalismo con el
socialismo rico. China no ha cambiado el socialismo por el capitalismo,
sino el socialismo pobre por el socialismo rico.
EL VALOR DE CAMBIO
El aparecer. La elaboración del concepto de valor de cambio por parte de
Marx se divide en dos fases: primero expone cómo aparece el valor de
cambio a primera vista, y después expone cómo aparece cuando lo vemos
más de cerca. Y al mirarlo más de cerca, Marx nos demuestra que el valor
de cambio es un modo de expresión o forma fenoménica. Más adelante
explicaré qué es un modo de expresión o forma fenoménica.
Primera fase. El valor de cambio aparece primero como la proporción en
que los valores de uso de un tipo se cambia por los de otro. Pero como
esta proporción varía con el tiempo y el lugar, un valor de cambio
intrínseco a la mercancía se presenta como una contradicción en el
adjetivo. Ilustremos esta idea. Se trata de imaginar un mercado donde la
seda se cambia por trigo, el hierro por papel, el oro por zapatos,
etcétera. Pero con respecto a la proporción en que se intercambian estos
valores de uso, ocurre lo siguiente: en un lugar 1 metro de seda se
cambia por 2 kilos de trigo, pero en otro lugar 1 metro de seda se
cambia por 3 kilos de trigo; hoy 1 metro de seda se cambia por 2 kilos
de trigo, pero mañana en el mismo lugar 1 metro de seda se cambia por 1
kilo de trigo. Como el valor de cambio de 1 metro de seda cambia con el
lugar y con el tiempo, pensar que ese metro de seda tiene un valor de
cambio intrínseco se presenta como una contradicción en el adjetivo.
Puesto que la experiencia nos dice que el valor de cambio es una pura
relación externa entre valores de uso, que nada tiene que ver con
propiedades inmanentes o intrínsecas. Es así como se ve el valor de
cambio a primera vista.
Segunda fase. Miremos el valor de cambio más de cerca. Al mirar el valor
de cambio más de cerca, observamos que una misma mercancía se cambia por
otras mercancías en las proporciones más diversas. Así, por ejemplo, 1
kilo de trigo se cambia por x betún, y seda, z oro, etcétera. Por lo
tanto, el trigo tiene múltiples valores de cambio y no uno sólo. Pero
como x betún, y seda y z oro son el valor de cambio de 1 kilo de trigo,
entonces x betún, y seda y z oro son valores de cambio sustituibles unos
por otros o de magnitud igual entre sí. De ahí deducimos dos cosas: una,
que los valores de cambio válidos de la misma mercancía expresan la
misma cosa, y dos, que el valor de cambio es un modo de expresión (o
forma fenoménica) de un contenido que debemos distinguir de él. Esta es
la conclusión a la que llegamos cuando miramos las cosas más de cerca:
la relación de cambio entre las mercancías es una relación de expresión.
De modo que la primera tarea a realizar a continuación será distinguir
cuál es el contenido que se expresa en la relación de cambio entre las
mercancías. Es el mismo problema que se nos planteaba cuando vimos la
distinción filosófica entre lo que se manifiesta y la forma de
manifestación, cuando hablábamos de la mesa y de su reflejo en el
espejo. Veíamos que la mesa del espejo aumentaba y disminuía de tamaño,
pero llegábamos a la conclusión de que ese aumento y disminución de la
mesa del espejo eran formas fenoménicas, y que en consecuencia había que
distinguir unos contenidos distintos de ellas. Uno de esos contenidos
era la aproximación del espejo a la mesa, y el otro el alejamiento de la
mesa respecto del espejo. Lo mismo hay que hacer en el caso de la
relación de cambio entre las mercancías: cuando decimos que un metro de
tela se cambia o vale 2 kilos de trigo, 2 kilos de trigo es una forma
fenoménica. Y por lo tanto, la tarea a realizar será descubrir el
contenido de esta forma fenoménica.
Esta conclusión tiene consecuencias muy importantes para la Semiótica,
puesto que la relación de expresión es la primera y la más básica de las
relaciones semióticas, que no debe confundirse con la relación
referencial o con la relación de significación. La relación que se da
entre el espejo y los objetos que refleja es una relación de expresión.
También es una relación de expresión la que se da entre los órganos de
los sentidos y los objetos del mundo exterior. Sólo hay que tener en
cuenta que la relación de cambio entre los valores de uso es un caso
particular de forma fenoménica o modo de expresión. Pero repito lo que
es fundamental para la Semiótica: la relación de cambio entre los
valores de uso es una relación semiótica, en concreto, una relación de
expresión.
Del aparecer al representar. Hemos visto que el valor de cambio es un
modo de expresión y que, por lo tanto, la primera tarea a realizar es
distinguir o descubrir el contenido expresado. Pero para distinguir este
contenido hemos de pasar del aparecer del valor de cambio a
representarlo por medio de una ecuación. Tomemos una de las relaciones
de cambio vistas anteriormente, por ejemplo, 1 metro de tela se cambia
por 2 kilos de trigo. Esta relación de cambio se puede representar por
medio de una ecuación, donde se equiparan 1 metro de tela con dos kilos
de trigos. Así tenemos que 1metro de tela = 2 kilos de trigo. ¿Qué nos
dice esta ecuación? Que en dos cosas diferentes, en 1 metro de tela y en
2 kilos de trigo, existe algo de común y de la misma magnitud. Hay que
tener en cuenta que la base de la ecuación es tela = trigo. Por lo
tanto, lo primero que hay que hacer es descubrir lo que hay de común en
la tela y en el trigo. Y para saber lo que hay de común en la tela y en
el trigo, tendremos que restar o abstraer lo que hay de diferente en el
trigo y en la tela.
Del representar al proceso de abstracción. Surge el problema de saber
qué debemos abstraer en la relación de cambio. Y esto sólo nos lo puede
decir la propia relación de cambio entre los valores de uso. Lo que
caracteriza el valor de cambio es precisamente la abstracción del valor
de uso. Dentro de ella, un valor de uso vale tanto como cualquier otro,
aunque sólo si existe en la proporción suficiente. Al analizar la
ecuación vemos que la seda y el trigo son valores de uso
cualitativamente diferentes, esto es, tienen distintas propiedades y
distintas utilidades. Pero el problema es saber qué tienen de común la
seda y el trigo. Por lo tanto, de la seda y del trigo debemos restar o
abstraer su valor de uso, para ver cuál es el resto que obtenemos. Si a
la mercancía le restamos su valor de uso, sólo nos queda la propiedad de
que es un producto del trabajo. (Mercancía – valor de uso = producto del
trabajo) (M – VU = Pt). Si en esta ecuación despejamos la mercancía,
obtenemos que la mercancía es el valor de uso más el producto del
trabajo. (M = VU + Pt). Esta es la primera conclusión a la que llegamos,
que la mercancía es un objeto doble: valor de uso y producto del
trabajo.
Pero el proceso de abstracción no es tan simple como aparece en este
primer paso. Detallemos el proceso de abstracción. Si de la tela
restamos o abstraemos su valor de uso, abstraemos las propiedades y la
utilidad de la tela. Pero la utilidad de la tela es obra del trabajo
útil del tejedor. De manera que en la utilidad de la tela está
representado el trabajo útil del tejedor. Por lo tanto, si de la tela
hacemos abstracción de su utilidad, hacemos abstracción del trabajo útil
del tejedor. Lo mismo ocurre con el trigo: al hacer abstracción de la
utilidad del trigo, hacemos abstracción del trabajo útil del agricultor.
Miremos ahora a la tela y al trigo después de haber llegado a esta fase
de abstracción: se han disuelto sus propiedades sensibles, han
desaparecido las propiedades y las utilidades que los diferenciaba, pero
también han desaparecido el trabajo útil del tejedor y el trabajo útil
del agricultor. ¿Qué nos queda entonces? Sólo nos queda el hecho de que
en la tela y en el trigo se ha gastado fuerza de trabajo humana (gasto
de nervios, músculos, cerebro, etcétera) sin tener en cuenta la forma de
su gasto. Ahora la tela y el trigo sólo representan el hecho de que en
ellos se ha gastado fuerza de trabajo humana sin tener en cuenta la
forma de su gasto, esto es, sin tener en cuenta si se gasta en forma de
tejeduría o en forma agrícola. Dicho de otro forma: la tela y el trigo
representan el hecho de que en ellos se ha acumulado trabajo humano
abstracto, esto es, gasto de fuerza de trabajo humana sin tener en
cuenta la forma de su gasto. Lo que nos dice ahora la ecuación, después
de haber realizado el proceso de abstracción, es lo siguiente: en un 1
metro de tela se ha gastado la misma cantidad de fuerza de trabajo
humana que en 2 kilos de trigo. Como cristalizaciones de esta sustancia
social común a ellas, como cristalizaciones de trabajo humano abstracto,
son valores, valores de mercancías. Por lo tanto, un valor de uso o un
bien sólo tiene valor porque se ha cristalizado en él trabajo humano
abstracto.
Forma lógica del juicio. El valor de una mercancía es el trabajo humano
abstracto acumulado en ella. A es B. Esto es un juicio de concepto,
donde debemos distinguir el nombre del objeto del concepto, ‘el valor’,
y el sintagma con que expresamos el contenido del concepto, ‘trabajo
humano abstracto acumulado’. Lo único que hay que destacar aquí es que
este concepto no ha sido obtenido de modo inmediato, recurriendo a la
percepción, como ocurría en el caso del concepto de valor de uso, sino
que lo hemos obtenido mediante un proceso de abstracción. Aunque el
punto de partida fue también un hecho perceptivo: el aparecer del valor
de cambio.
La medida del valor. Habíamos dicho que un valor de uso tiene valor
porque se ha objetivado en él trabajo humano abstracto. ¿Cómo medimos
entonces la magnitud del valor de una mercancía? Mediante la cantidad de
trabajo acumulado en la mercancía. ¿Y cómo medimos la cantidad de
trabajo acumulado en la mercancía? Mediante la duración del trabajo. ¿Y
cómo medimos la duración del trabajo? Mediante unidades de tiempo:
horas, días, semanas, meses, etcétera. Dicho en camino inverso: por
medio de unidades de tiempo (horas) mido la duración del trabajo; y
mediante la duración del trabajo mido el trabajo acumulado o la fuerza
de trabajo humana gastada. Entre los marxistas y no marxistas es
habitual confundir la sustancia del valor con su medida. La sustancia
del valor es la cantidad de trabajo acumulada en la mercancía o el
trabajo gastado en su producción, mientras que la duración del trabado
es el medio por el que medimos dicho gasto.
Trabajo individual y trabajo social. Si el valor de una mercancía viene
determinado por la cantidad de trabajo gastada en su producción, cuanto
más holgazana y menos diestra sea una persona, más valor tendrá su
mercancía, puesto que consume más tiempo en su elaboración. Pero el
trabajo que constituye la sustancia del valor de las mercancías es
trabajo humano igual, gasto de la misma fuerza de trabajo. Toda la
fuerza de trabajo de la sociedad que se representa en los valores del
mundo de las mercancías rige aquí como una sola y la misma fuerza de
trabajo, aunque conste de numerosas fuerzas de trabajo individuales. Es
aquí muy importante el concepto de ‘regir como’. Es cierto que la fuerza
de trabajo es individual, pero también es evidente que todas las fuerzas
de trabajo son iguales en el sentido de que todas representan gasto de
nervios, músculos, cerebro, etcétera. De ahí que la fuerza de trabajo
representada en los valores de las mercancías rija como una y la misma
fuerza de trabajo. Marx pone el siguiente ejemplo: Un tejedor manual
emplea 1 hora de trabajo en transformar 100 metro de hilo en tela. Pero
con la introducción del telar a vapor se requiere sólo ½ hora de trabajo
para transformar 100 metros de hilo en tela. El tejedor manual, atado al
viejo método de producción, seguirá necesitando 1 hora de trabajo para
transformar 100 metros de hilo en tela, pero su hora de trabajo
individual, después de la introducción del telar a vapor, representa
solamente ½ hora de trabajo social. Es evidente, por lo tanto, que en la
consideración de los valores de las mercancías toda la fuerza de trabajo
de la sociedad rige como una y la misma fuerza de trabajo. Esta
representación se hace todavía más evidente cuando en vez de considerar
a la sociedad en su conjunto, consideramos a una persona que vive sola
en una isla. Trabaja dos horas de pescador, dos horas de agricultor, dos
horas de cocinero y dos horas de carpintero. Es obvio que pescar,
cultivar la tierra, cocinar y fabricar muebles son actividades
productivas diferentes, pero también es obvio que son formas distintas
de gastar una y la misma fuerza de trabajo. La diferencia está, y es la
causa de la dificultad de esa representación, en que en un caso, en el
de la isla, son funciones de un mismo individuo, mientras que en el otro
caso, en el de la sociedad, son funciones de individuos distintos. Así
que únicamente el tiempo de trabajo socialmente necesario para la
producción de un valor de uso determina su magnitud de valor. Tiempo de
trabajo socialmente necesario es el tiempo de trabajo requerido para
representar cualquier valor de uso con las existentes condiciones de
producción socialmente normales y el grado medio de habilidad e
intensidad de trabajo. Dicho de forma más corriente: tiempo de trabajo
socialmente necesario es el tiempo que necesita la sociedad para
producir la riqueza.
Reflexionemos un poco más sobre las diferencias entre el trabajo
individual y el trabajo social. Al imponerse las condiciones sociales
medias de producción, las que establece el método de producción basado
en el telar a vapor, la magnitud del valor de los 100 metros de hilo
transformado en tela por el trabajador manual y la del valor de los 100
metros de hilo transformado en tela por el obrero colectivo mediante el
telar a vapor, es la misma: ½ hora de trabajo social. Pero el trabajo
individual contenido en los 100 metros hilo transformado en tela por el
trabajador manual y el trabajo colectivo contenido en los 100 metros de
hilo transformado en tela por el obrero colectivo son distintos: en el
primero hay contenido 1 hora de trabajo y en el segundo hay contenido ½
hora de trabajo. Esta distinción es muy importante para el estudio del
comercio internacional, y que Samir Amin interpretó erróneamente como
intercambio de valores desiguales. En el mercado mundial se impone las
condiciones sociales medias de producción, que no son sino las
condiciones sociales medias de los países más avanzados. Por lo tanto,
en el mercado mundial también se impone el intercambio de valores
iguales, aunque los contenidos de trabajo nacionales sean distintos para
los mismos valores. Es decir, se intercambian los mismos valores pero
distintos trabajos nacionales. De ahí la necesidad ineludible que tienen
los países económicamente más atrasados de proteger su agricultura,
industria, comercio y finanzas nacionales, si no quieren ser explotados
por los países más avanzados.
CARÁCTER DOBLE DEL TRABAJO REPRESENTADO EN LA MERCANCÍA
El valor representativo de las mercancías. Hasta aquí hemos estudiado la
mercancía en sí misma, ahora la analizaremos por su valor
representativo, derivado de que su existencia está mediada por el
trabajo. Al igual que la mercancía es una unidad doble, valor de uso y
valor, del mismo modo el trabajo que crea la mercancía tiene un carácter
doble. El trabajo representado en el valor de uso no tiene las mismas
características que el trabajo en cuanto constituye la sustancia del
valor. Para aclarar más estas diferencias volvamos al ejemplo inicial.
Tomemos esas dos mercancías: 1 metro de tela se cambia por 2 kilos de
trigo. La tela es un valor de uso que satisface una necesidad
particular. Para producirla se requiere un tipo de terminado de
actividad productiva. Esta viene determinada por su fin, su modo de
operar, sus medios, su objeto y su resultado. Llamaremos trabajo útil al
trabajo cuya utilidad se presenta en el hecho de que su producto es un
valor de uso. El trabajo del tejedor es un trabajo útil en la medida en
que en su producto, la tela, es un valor de uso. (Recuerdo que no debe
confundirse el ser de una cosa con su realización. Aquí hablamos sólo
del ser del valor de uso, no de su realización) Del mismo modo que la
tela y el trigo son valores de uso cualitativamente diferentes, también
son cualitativamente diferentes los trabajos que les dan existencia. Si
estos objetos no fueran valores de uso cualitativamente diferentes,
tampoco podrían enfrentarse como mercancías. 1 metro de seda no se
cambia por 1 metro de seda, un valor de uso por el mismo valor de uso.
Por lo tanto, para que dos objetos se enfrenten como mercancías, tienen
que ser valores de uso cualitativamente diferentes.
Escuchemos, a este respecto, a Baudrillard en su trabajo Más allá del
valor de uso: “Si el principio del intercambio y el principio de
utilidad tienen tal afinidad, es porque, opuestamente a lo que dice Marx
de la icomparabilidad de los valores de uso, la lógica de la
equivalencia está ya toda entera en la utilidad”. Marx no dice que los
valores de uso sean incomparables, sino que los valores de uso que se
intercambian deben ser cualitativamente diferentes, que nadie cambia un
valor de uso por el mismo valor de uso. Todos los valores de uso en
cuanto valores de uso son comparables, como son comparables todas las
mesas en cuanto mesas, y los coches en cuanto coches, etcétera. Esta es
una de las “habilidades” especulativas de Baudrillard: atribuirle a Marx
una cosa que él no ha dicho, que los valores de uso no son comparables,
para después criticarlo sin saberse con qué finalidad. De todos modos,
con lo dicho hasta aquí podemos concluir que en el valor de uso de toda
mercancía se encierra una determinada actividad productiva conforme a un
fin, esto es, trabajo útil. De manera que los valores de uso además de
tener un valor en sí mismo como tales valores de uso, tienen un valor
representativo: representan el trabajo útil. Así que la mesa representa
el trabajo útil del carpintero, la paella el trabajo útil del cocinero,
la acera limpia el trabajo útil del barrendero, etcétera.
En calidad de valores, seda y trigo son objetos de idéntica sustancia,
expresiones objetivas de un trabajo idéntico. Más tejeduría y
agricultura son trabajos cualitativamente diferentes. Pero aunque
tejeduría y agricultura sean trabajos cualitativamente diferentes, son
ambos gasto productivo de cerebro, músculos, nervios, etcétera, humanos,
y en este sentido son ambos trabajo humano. No son más que dos formas
distintas de gastar fuerza de trabajo humana. En suma, tejeduría y
agricultura son elementos constitutivos de los valores de usos seda y
trigo precisamente por sus cualidades diferentes. Pero sólo son
sustancias del valor de la seda y del trigo en tanto se hace abstracción
de su calidad particular, y ambos poseen la misma cualidad, la de ser
trabajo humano abstracto. De manera que las mercancías en tanto valores
tienen un valor representativo: representan el trabajo humano abstracto,
esto es, el gasto de la fuerza de trabajo.
Por un lado, todo trabajo es gasto de fuerza de trabajo humana en
sentido fisiológico, y en esta calidad de trabajo humano igual o de
trabajo abstractamente humano constituye el valor de las mercancías. Por
otro lado, todo trabajo es gasto de fuerza de trabajo humana en forma
específica y determinada por su fin, y en esta calidad de trabajo útil
concreto produce valores de uso.
Contenido ideológico del valor representativo de las mercancías. En el
muelle deportivo de un municipio turístico veo a la familia Ramírez
disfrutar de un hermoso yate. El precio de mercado de este espléndido
yate es de 12 millones de euros. Ante semejante hecho un capitalista se
expresaría del siguiente modo: “ese hombre ha sabido hacerlo bien, ha
trabajado duro, ha sido listo y se lo merece en justicia. Lo que sucede
es que vivimos en una sociedad de envidiosos, y en vez de tratar de
imitar el genio del señor Ramírez lo que hacemos es dudar que haya
adquirido esa riqueza de modo legal y como fruto de su duro e
inteligente trabajo”. Si fuera Veblen quien contemplara el yate, tal vez
opinaría del siguiente modo: “la familia Ramírez usa el yate como
ostentación, como signo para diferenciarse de los miembros de las clases
oprimidas”. Sin embargo, si lo viera un marxista, su opinión sería esta
otra: primero se fijaría en el valor representativo de su valor de uso,
y diría que en ese yate hay encerrado muchos y variados trabajos útiles:
los del carpintero, del electricista, del ingeniero, del fontanero,
etcétera. Después se fijaría en su valor, esto es, en su precio: 12
millones de euros. Siguiendo el consejo de Samuelson y Nordhaus
atravesaría el velo del dinero y diría: con 12 millones de euros se
pueden comprar 72 viviendas urbanas de 90 metros cuadrados. De manera
que el yate vale 72 viviendas urbanas de 90 metros cuadrados. Así
apreciamos de modo sensible el valor del yate. Y no pueden imaginarse
hasta que punto se torna sensible. Pensemos en esos matrimonios de
trabajadores, donde trabajan hombre y mujer, que después de haber estado
trabajando más de 40 años, tienen al final de sus vidas una vivienda de
90 metros cuadrados y una pensión de mala muerte. Es decir, el dueño del
yate tiene en sus manos un valor equivalente al trabajo de 144 personas
al cabo de 40 años. Esto es lo que vería un marxista en el ostentoso
yate en cuanto valor: el trabajo de 144 personas durante cuarenta años.
Y le surgiría una duda: por muy cualificada que sea la fuerza de trabajo
del señor Ramírez, es inexplicable que el valor de su fuerza de trabajo
durante 10 años sea equivalente al trabajo de 144 personas durante 40
años. De manera que la única explicación posible es la siguiente: que el
señor Ramírez, gracias a las relaciones de producción capitalista, ha
podido apropiarse de una enorme cantidad de trabajo ajeno, del trabajo
de 40 años de 144 trabajadores. Es evidente que el ostentoso yate se ha
vuelto tremendamente ideológico.
LA FORMA DEL VALOR
Partimos del valor de cambio y llegamos a la conclusión de que era un
modo de expresión o forma fenoménica. Surgió entonces la necesidad de
descubrir cuál era el contenido de ese modo de expresión, y llegamos a
la conclusión de que era el valor. Después analizamos el valor. Ahora
tenemos que retornar a la forma del valor, esto es, al valor de cambio.
El valor concebido como la cantidad de trabajo socialmente necesario
para producir una mercancía es el valor en su forma natural. Tenemos que
representárnoslo como una propiedad inmanente a la mercancía. Y como es
inmanente, esto es, no trascendente, carece de forma objetiva. En
palabras de Marx: “De ahí que se le puedan dar las vueltas que se quiera
a una mercancía, mas como cosa de valor permanece inasequible”. Las
mercancías sólo poseen objetividad del valor en tanto son expresión de
la misma unidad social, del trabajo humano. Por lo tanto, su objetividad
de valor es puramente social. De manera que la objetividad del valor
sólo pueda presentarse en la relación de cambio de una mercancía con
otra. Todo el mundo sabe que las todas las mercancías tienen una forma
de valor que contrasta con sus multicolores formas naturales, y que es
común a todas: el dinero. Así se hace en economía: el valor de todos los
bienes y servicios se expresa en dinero. Se trata, según Marx, de
demostrar la génesis del dinero, esto es, de seguir el desarrollo de la
forma del valor desde su figura más simple hasta la deslumbrante forma
del dinero. Podemos también expresar esta tarea en términos hegelianos:
se trata de que el valor, que existe de forma inmanente y unido al valor
de uso, se independice del valor de uso, se objetive y se sustantive
frente a él.
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