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1.6.2 Recesión Económica
La recesión económica es un hecho, y muchos factores pueden explicarla.
Una explicación que se puede destacar es la que hace el Banco de la
República, que atribuye la recesión al exceso de gasto y la indisciplina
fiscal. Bajo este enfoque podríamos destacar la interpretación que hace
Miguel Urrutia Montoya, Gerente General del Banco de la República quien
afirma que la recesión económica se gestó en 1993. Explicando que en ese
año hubo un excesivo crecimiento de la cartera del sistema financiero
que aumentó 24.4% en términos reales, y llevó a una burbuja especulativa
en el precio de los activos. El precio de la vivienda creció 45.2%
mientras que el IPC creció 22.6%. El índice de precios de las acciones
en la Bolsa de Bogotá ascendió a 49.9%.
Urrutia afirma que dicho crecimiento en los precios de los activos no
era sostenible, e inevitablemente llevaría a un deterioro de la cartera
del sistema financiero al desinflarse el valor de la garantía de los
préstamos. La tasa de interés promedio aumentó de 35.5% en 1992 a 43.7%
en 1996. Se gesta, entonces una larga recesión en el sector de la
construcción de vivienda que deterioro rápidamente la cartera
hipotecaria a partir de 1997. El flujo de crédito externo hizo posible
un aumento acelerado en las importaciones, lo cual generó un creciente
déficit en la cuanta corriente de la balanza de pagos. El Banco de la
República, consiente de esos desequilibrios, en su informe al congreso
de marzo de 1994 recomendaba una reducción en el gasto de la economía,
un superávit fiscal del 2% del PIB, y un crecimiento del crédito al
sector financiero al sector privado de 37.5%.
"Era evidente que la cartera estaba creciendo a tasas que permiten una
financiación del sector productivo muy por encima del crecimiento
esperado del producto. Además no se logró controlar el déficit
fiscal"[1]. Dicho exceso de gasto, condujo a un persistente e
inquietante déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. En el
segundo semestre de 1997 se produce la crisis económica en Asia. La
caída en las tasas de crecimiento de los países conocidos como "tigres
asiáticos" tiene varios resultados que afectan de manera muy marcada las
economías emergentes. La crisis internacional reduce la demanda agregada
a través de caídas en los precios de explotación y genera aumentos en la
tasa de interés, lo cual también reduce la demanda agregada, que unida a
la parálisis de la construcción genera la recesión. Una visión que
complementa el desarrollo de los puntos mostrados, es la de Ricardo
Bonilla quien en su artículo: "Desequilibrios, crisis y emergencia
económica", nos brinda muchos elementos de juicio para observar los
efectos de la apertura económica y del comportamiento del sector
externo.
"El auspicioso panorama que se vislumbró al finalizar el año de 1997.
con mayor devaluación y tendencia a disminuir las tasas de interés, no
se sostuvo por mucho tiempo. La agudización del déficit fiscal, las
dificultades para financiarlo, las continuas presiones sobre la tasa de
cambio y los efectos de la crisis asiática, contribuyeron a modificar el
escenario económico, haciendo el tránsito del optimismo hacia la
recesión y de la estabilidad financiera hacia la emergencia
económica"[2].
A comienzos de 1998 el ambiente económico era favorable y se respiraba
alta dosis de optimismo, luego de los regulares resultados de los dos
años anteriores. Varias razones contribuyeron a mejorar las
expectativas: en primer lugar, unas relaciones menos tensas entre la
Junta Directiva del Banco de la República y el Gobierno Nacional que
permitieron armonizar, de manera menos traumática, las políticas fiscal
y monetaria. En segundo lugar, la aceleración de la devaluación en la
tasa de cambio que permitió recuperar parte de la competitividad perdida
por los productores nacionales. En tercer lugar, una notoria reducción
en las tasas de interés que permitió bajar, coyunturalmente, los costos
financieros a productores y consumidores. En cuarto lugar, la meta de
inflación del 18% se cumplió y el salario mínimo se concertó, luego de
12 años de ser fijado por decreto presidencial. Y. en quinto lugar, el
país se encontraba en la recta final de un proceso electoral que
despejaría el oscuro panorama que acompañó al gobierno anterior.
La combinación de los anteriores factores condujo a sobrevalorar los
resultados y las proyecciones de crecimiento económico, al mismo tiempo
que no se le prestó la adecuada atención al delicado entorno
internacional. Con la alegría del fin de año, el gobierno ajustó al alza
el estimado del crecimiento del PIB, colocándolo en 3,3% anual, y
proyectó el 4,5% para 1998, basado en la recuperación de las actividades
agrícola e industrial y el mayor desarrollo petrolero y minero. Algunos
meses más adelante, se demostró que el crecimiento de 1997 fue solamente
de 3.1% y comenzó a ajustarse a la baja la proyección para 1998.
Igualmente, la crisis asiática comenzó a golpear la economía
latinoamericana de manera dual, por un lado, mediante la especulación
financiera y los ataques a las tasas de cambio, mientras, del otro,
aumentó la penetración de importaciones más baratas provenientes de
países donde la devaluación fue más intensa que la alcanzada en
Colombia.
Paulatinamente, los factores adversos superaron las razones del
optimismo y la política macroeconómica se convirtió en una verdadera
tensión entre el control de las tasas de interés y la defensa de la
banda cambiaría
1.6.3 Comercio Exterior
La liberalización del comercio mundial es un hecho, los países pueden
comerciar prácticamente con todo el mundo, y las ventajas adquiridas y
competitivas marcan las relaciones comerciales mundiales. Colombia no ha
logrado insertarse del todo en la dinámica del comercio mundial y a
pesar de la apertura, no se han logrado grandes avances en las cestas de
exportación colombianas.
La economía global nos exige mirar al exterior, y como es lógico, la
alternativa básica de desarrollo, se basa en el crecimiento de las
exportaciones y el desarrollo de un sector exportador fuerte. Este sería
el sector generador de empleo y de demanda agregada que llevaría a la
economía a salir del estado de receso en que se encuentra. De hecho, el
presente Gobierno apuesta por duplicar las exportaciones como pilar
fundamental de la recuperación económica, cuestión que de presentarse
podría representar el fin de la recesión en el corto plazo y la
estabilidad de la economía colombiana en el mediano y largo plazo.
En términos generales el comportamiento del sector externo de la
economía ha sido prácticamente el mismo a través de los últimos años,
seguimos exportando café, petróleo, carbón y productos ferrosos,
exportaciones que representan casi el total de la composición externa.
Las esmeraldas, textiles, banano y otros productos comparten una porción
pequeña de la torta del aparato exterior y en general la estructura de
las exportaciones después de la apertura es la misma de la década de los
ochentas.
El aparato exterior colombiano no se expandió con la llegada de la
apertura, y existen evidencias de que el deterioro de la balanza
comercial es producto del bajo nivel de demanda por los productos
colombianos en el resto del mundo. Además la competitividad colombiana
no aumentó, y se puede explicar por la revaluación real del peso debida
a los inmensos flujos especulativos que la apertura financiera trajeron
a nuestra nación, haciendo más rentable la importación de bienes de
consumo y reprimiendo los productos de exportación no tradicionales.
"Lo que ha pasado con las ofertas colombianas es que sus costos están
por encima de los costos de los mismos bienes en los países
potencialmente demandantes y no existe la posibilidad de llegar a un
costo real o artificial que haga competitivos estos bienes"[3].
En los que va corrido de la década de los noventa, el resultado del
intercambio comercial para Colombia ha sido negativo, a pesar de los
esfuerzos de firmar nuevos convenios comerciales con algunos países
vecinos. Sin embargo, las expectativas que se generaron alrededor del
proceso de apertura económica como mecanismo para mejorar nuestra
posición comercial no se han reflejado en un mejor comportamiento de
nuestras exportaciones.
Por países, los principales mercados para los productos colombianos son
Estados Unidos, Venezuela, Ecuador y Alemania los cuales representan
cerca del 60% del total de las exportaciones. Por cercanía geográfica y
por la entrada en vigencia del Arancel Externo Común, tanto Venezuela
como Ecuador, aumentan su participación relativa en nuestras
exportaciones al pasar de 5.9% y 1.8% en 1991 a 10.9% y 5.5% en 1998.
Los resultados de la nueva estrategia comercial trazada desde el
principio de los noventa, se reflejan en el dinamismo presentado por el
flujo comercial de mercancías. Pero aunque el intercambio comercial de
Colombia se ha dinamizado, la composición del comercio colombiano en su
mayor parte, está compuesta por bienes primarios que en el ámbito
mundial son productos vulnerables al vaivén de los precios
internacionales. Mientras tanto, la tendencia mundial de comerciar
bienes con alto porcentaje de valor agregado se mantiene y Colombia
exporta bienes primarios, para importar bienes con alto valor agregado y
conocimiento tecnológico sin la oportunidad de hacer producción masiva y
competir verdaderamente en los mercados internacionales.
La estrategia de apertura de atar el desarrollo a los ingresos por
exportaciones no ha dado los resultados esperados. Desde 1.993 el país
viene atravesando por una serie de desequilibrios macroeconómicos que se
han manifestado primordialmente en déficit de su balanza comercial. Esto
se debe a la pérdida de competitividad de los bienes exportables causada
por la caída de algunos precios internacionales y la reducción de la
demanda interna en los países compradores, lo mismo que por el
incremento de la producción de sustitutos de nuestras exportaciones no
tradicionales, las exportaciones colombianas bajaron y perdieron
competitividad y los ingresos derivados de esta actividad no han podido
financiar el componente importado de nuestras demandas, bien sea de
bienes de consumo, intermedios o de capital.
Como consecuencia de la debilidad internacional de Colombia, no se
pueden defender nuestros intereses comerciales de la manera más
adecuada, y padecemos de las restricciones comerciales que nos imponen
nuestros propios compradores.
Como consecuencia del déficit en la balanza comercial se deduce que su
financiación ha sido por el lado del crédito, lo que nos ha llevado
primero al desahorro, y luego a la recesión. Hoy, la tasa de cambio más
competitiva nos ha hecho ganar terreno en el campo internacional y para
el año 2000, Colombia mostrará una balanza comercial positiva, que de
mantenerse podrá rescatar en el largo plazo a la economía colombiana. El
flujo de comercio internacional es muy sensible a la competitividad de
las economías ya sea en productividad o precios, la apuesta de nuestro
país debe ser mantener la competitividad de nuestras exportaciones
manteniendo una tasa de cambio competitiva y hacer esfuerzos por mejorar
la productividad de nuestra economía disminuyendo los costos de
transacción que nos representa la guerra, la inseguridad, la
infraestructura física, tanto marítima como aérea para que los productos
colombianos se puedan disfrutar en todo el mundo a bajo costo y con
mejor calidad.
"Cuando se inició formalmente el proceso de apertura económica en
Colombia, una de las justificaciones básicas fue incrementar el grado de
exposición de la producción colombiana a la competencia internacional.
Esta mayor exposición a la competencia debería redundar en aumentos
significativos de la productividad, en mayores estímulos a la inversión
en tecnología y en una tendencia a la reubicación de la producción"[1].
En la práctica, sin embargo, los efectos no se dieron en la década de
los noventa. La inversión privada aumentó fuertemente durante algunos
años hacia mediados de la década, pero se concentró en el sector de la
construcción y en sectores de servicios que precisamente son los menos
expuestos a la competencia internacional.
Leonardo Villar Gómez, explica respecto al proceso de apertura que en la
práctica este no se dio en Colombia en el sentido de haber conducido a
que un mayor porcentaje de la producción nacional quedara expuesto a la
competencia externa.
Por el contrario, la producción nacional expuesta a la competencia
internacional, que es la producción de bienes comercializables
internacionalmente, redujo su participación en la producción nacional
durante la década de los noventa. "La razón para ello fue probablemente
el proceso de revaluación real del peso colombiano que se presentó
durante la mayor parte del período, en particular, entre 1991 y 1997 el
cual obedeció a causas como el fuerte aumento del gasto público y el
impresionante incremento en el financiamiento externo público y
privado"[2].
Es de esperar que hacia el futuro, con una tasa de cambio más
competitiva, como la que ya se tiene actualmente, y con un balance
comercial más equilibrado del que se tuvo en la década de los noventa,
los indicadores de apertura se recuperen y los beneficios de ese proceso
empiecen a manifestarse en forma plena sobre la economía colombiana.
Otro indicador importante del entorno general de la apertura es el que
se refiere a la tasa de apertura de las exportaciones TAE y la Tasa de
penetración de las importaciones -TPI, que se miden con las siguiente
equivalencias:
TAE = (Exp / PIB) 100 Consumo Aparente: C.A = PIB + IMP - EXP
TPI = (IMP/ C.A) 100
Es evidente que las exportaciones no representan un gran porcentaje del
Producto Total, y que las importaciones han tenido un comportamiento más
dinámico, reafirmando la impresión de que la revaluación real del peso
en los años más críticos de la apertura, golpeo severamente el
desarrollo del sector exportador generando los múltiple desequilibrios
citados. (ver cuadro 8)
1.6.4 Inversión extranjera
Uno de los supuestos más fuertes que asume el modelo de apertura
consiste en la idea de que defendiendo a la inversión extranjera, se
aumentará el desarrollo industrial.
En este sentido, se supone que la expansión económica de los países
desarrollados, ampliará el capital invertido en los países en
desarrollo, aumentando los flujos de capital y suponiendo un mayor
desarrollo en las zonas más pobres. Sin embargo, la lógica es otra, por
un lado los procesos productivos se fragmentan localizándose en regiones
diferentes bajo el principio de mínimo costo; y de otro lado, los
capitales financieros son movidos en búsquedas de rentas de corto plazo.
Luego de los planes de estabilización aplicados por las economías como
Colombia, nuestro país y en general todos los latinoamericanos, se
convirtieron en un destino ideal para la inversión extranjera directa.
Siguiendo los principios de la apertura económica en donde la
liberalización de los flujos de capital constituye un elemento central
hacia el desarrollo[1].
Para que las naciones se conviertan en receptores de inversión
extranjera, necesitan hacerse atractivas en los mercados
internacionales, en este sentido la tendencia es la de escoger los
países más seguros a la inversión o en su defecto los que mejoran más la
rentabilidad de los activos.
De acuerdo con la (CEPAL), los primeros determinantes del ingreso de
inversión extranjera directa a los países de América Latina han sido las
políticas internas, los acuerdos y los procesos regionales. En cuanto a
las políticas aplicadas, se pueden destacar los procesos de
privatización de los activos estatales, los nuevos proyectos de
inversión (sobre todo en infraestructura) y la reestructuración de las
empresas multinacionales que tienen bases en los países.
La realidad de la inversión extranjera, se centra en hacer la producción
más barata, pero los supuestos de mejoramiento de la productividad
interna y aprensión tecnológica de los países no se aplica, ya que las
bases tecnológicas se mantienen en los países desarrollados y los países
en vías de desarrollo producen los productos, pero realmente no tienen
posibilidades de desarrollar los procesos productivos de manera propia.
La inversión extranjera en la década de los 80 para Colombia se mantuvo
estable con flujos promedios de 400 millones de dólares por año,
incluyendo petróleo. A partir de la apertura, con los cambios en las
políticas de inversión extranjera, los procesos de privatización y las
concesiones al sector privado. La inversión extranjera se centró
entonces en sector como los servicios financieros, eléctrico, petróleo y
gas. En comunicaciones se establecieron los servicios de telefonía móvil
celular y se dieron importantes avances en proyectos de privatización.
Cabe destacar el hecho de que la inversión se centró en los servicios,
más no en la infraestructura productiva, en este sentido, los proyectos
industriales no fueron objeto de inversión extranjera real, y además,
las tendencias multinacionales, simplemente hacen que las empresas
comercialicen sus productos, probablemente fabricados en otros países y
hacen paso en Colombia vía importación y no producción.
En este sentido se supone que el capital extranjero jugará un papel de
primer orden en la construcción de un aparato productivo moderno y
enfocado hacia los mercados internacionales, dada la capacidad que tiene
para transferir tecnología y conocimientos[2]. Es así como se buscará
nueva inversión extranjera directa que se vincule al sector
manufacturero, especialmente en sectores exportadores y en servicios con
alto valor agregado. Para lograr este objetivo se diseñan incentivos a
las empresas extranjeras para que se instalen en Colombia y utilicen a
nuestro país como plataforma exportadora de sus productos hacia América
Latina.
El cuadro nos podría sugerir que la inversión extranjera en Colombia ha
aumentado, sin embargo si se analizan los datos, estos incluyen
inversión en portafolio y privatizaciones, lo cual nos distorsiona la
cantidad real en inversión extranjera para actividades productivas que
se realiza en Colombia.
La realidad es que nuevos paradigmas rigen las conveniencias de
inversión y los conceptos de competitividad en le mercado internacional,
trayendo consigo drásticos cambios en la estructura industrial en el
ámbito nivel mundial. Para atraer la inversión extranjera directa, es
conveniente plantear los principios de mercado y desarrollo junto con
los de generación de ventajas comparativas que estén de acuerdo con los
requerimientos del espacio económico internacional. Además el gran
potencial del mercado resulta ser el principal atractivo para los
capitales foráneos, seguido por factores como el rendimiento previsto y
una ubicación comercial estratégica. Las empresas extranjeras buscan
invertir en países donde las ventajas se centran en capital humano y
otros factores como políticas flexibles que les permitan desarrollar
estructuras modernas.
Siendo realistas, las difíciles condiciones externas a las empresas en
nuestro país nos llevan a pensar que dadas las condiciones actuales de
seguridad e infraestructura, Colombia constituye un país riesgo y los
actuales problemas en procesos de privatización, la inseguridad
jurídica, la búsqueda de recursos externos e inseguridad cambiaria nos
hacen pensar que este supuesto es bastante discutible y algo ingenuo, ya
que en este momento las condiciones internas nos convierten en un país
paria en el contexto internacional.
Eduardo Sarmiento Palacio afirma que cuando se facilita la entrada de
financiamiento externo y aumenta el endeudamiento, sin que este se
traduzca en inversión productiva sino en inversiones en sectores como el
de los servicios, se presentan procesos de descapitalización de la
economía en el largo plazo[1].
En este sentido, es necesario que la inversión extranjera se concentre
en sectores productivos y no en otros sectores. Cuando los flujos de
capital extranjero y en general los capitales se mueven a sectores como
el financiero y el de servicios y no a la producción, como sucedió en el
pasado, termina creando grandes presiones sobre el tipo de cambio, y
fomenta el desplazamiento de la industria a sectores como el de
servicios, sin que esto se deba a mejoras en la producción, sino a
factores que desaniman el desarrollo industrial.
Para concluir este capítulo, podemos decir que el comercio mundial y las
políticas industriales de cualquier nivel están muy unidos y es preciso
que Colombia reaccione a las nuevas solicitudes del mercado
internacional y a sus condiciones, es hora de corregir los defectos del
proceso de apertura, siempre pensando en la actividad humana y el ser
social, donde es vital incluir el concepto de desarrollo en los estadios
de competencia y competitividad.
El desarrollo del aparato productivo nacional debe estar guiado por el
estado, es decir que su papel no solo es el de crear un ambiente
propicio, sino el de intervenir activamente en la creación y
mejoramiento de estructuras y superestructuras que faciliten al país el
aprovechamiento de sus potenciales.
Las ventajas creadas son en si mismas desarrollos de la sociedad que se
retroalimentan y hacen de los países lugares mas dignos y con mayores
oportunidades en este sentido, Colombia no puede aprovechar debidamente
las ventajas de un modelo de apertura económica por la falta de lógica
social, y exceso de lógica formal, es evidente que el "mercado", no lo
resuelve todo, sin embargo, la tendencia a la racionalización en el
desarrollo de la apertura puede llevar a los países a aprovechar mejor
las ventajas que ésta ofrece.
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