LA POLÍTICA INDUSTRIAL COLOMBIANA BAJO EL MODELO DE APERTURA

Autor: GestioPolis.com

Comercio internacional

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10-2001

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1.6.2 Recesión Económica 
La recesión económica es un hecho, y muchos factores pueden explicarla. Una explicación que se puede destacar es la que hace el Banco de la República, que atribuye la recesión al exceso de gasto y la indisciplina fiscal. Bajo este enfoque podríamos destacar la interpretación que hace Miguel Urrutia Montoya, Gerente General del Banco de la República quien afirma que la recesión económica se gestó en 1993. Explicando que en ese año hubo un excesivo crecimiento de la cartera del sistema financiero que aumentó 24.4% en términos reales, y llevó a una burbuja especulativa en el precio de los activos. El precio de la vivienda creció 45.2% mientras que el IPC creció 22.6%. El índice de precios de las acciones en la Bolsa de Bogotá ascendió a 49.9%.  
Urrutia afirma que dicho crecimiento en los precios de los activos no era sostenible, e inevitablemente llevaría a un deterioro de la cartera del sistema financiero al desinflarse el valor de la garantía de los préstamos. La tasa de interés promedio aumentó de 35.5% en 1992 a 43.7% en 1996. Se gesta, entonces una larga recesión en el sector de la construcción de vivienda que deterioro rápidamente la cartera hipotecaria a partir de 1997. El flujo de crédito externo hizo posible un aumento acelerado en las importaciones, lo cual generó un creciente déficit en la cuanta corriente de la balanza de pagos. El Banco de la República, consiente de esos desequilibrios, en su informe al congreso de marzo de 1994 recomendaba una reducción en el gasto de la economía, un superávit fiscal del 2% del PIB, y un crecimiento del crédito al sector financiero al sector privado de 37.5%.  
"Era evidente que la cartera estaba creciendo a tasas que permiten una financiación del sector productivo muy por encima del crecimiento esperado del producto. Además no se logró controlar el déficit fiscal"[1]. Dicho exceso de gasto, condujo a un persistente e inquietante déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos. En el segundo semestre de 1997 se produce la crisis económica en Asia. La caída en las tasas de crecimiento de los países conocidos como "tigres asiáticos" tiene varios resultados que afectan de manera muy marcada las economías emergentes. La crisis internacional reduce la demanda agregada a través de caídas en los precios de explotación y genera aumentos en la tasa de interés, lo cual también reduce la demanda agregada, que unida a la parálisis de la construcción genera la recesión. Una visión que complementa el desarrollo de los puntos mostrados, es la de Ricardo Bonilla quien en su artículo: "Desequilibrios, crisis y emergencia económica", nos brinda muchos elementos de juicio para observar los efectos de la apertura económica y del comportamiento del sector externo. 
"El auspicioso panorama que se vislumbró al finalizar el año de 1997. con mayor devaluación y tendencia a disminuir las tasas de interés, no se sostuvo por mucho tiempo. La agudización del déficit fiscal, las dificultades para financiarlo, las continuas presiones sobre la tasa de cambio y los efectos de la crisis asiática, contribuyeron a modificar el escenario económico, haciendo el tránsito del optimismo hacia la recesión y de la estabilidad financiera hacia la emergencia económica"[2].  
A comienzos de 1998 el ambiente económico era favorable y se respiraba alta dosis de optimismo, luego de los regulares resultados de los dos años anteriores. Varias razones contribuyeron a mejorar las expectativas: en primer lugar, unas relaciones menos tensas entre la Junta Directiva del Banco de la República y el Gobierno Nacional que permitieron armonizar, de manera menos traumática, las políticas fiscal y monetaria. En segundo lugar, la aceleración de la devaluación en la tasa de cambio que permitió recuperar parte de la competitividad perdida por los productores nacionales. En tercer lugar, una notoria reducción en las tasas de interés que permitió bajar, coyunturalmente, los costos financieros a productores y consumidores. En cuarto lugar, la meta de inflación del 18% se cumplió y el salario mínimo se concertó, luego de 12 años de ser fijado por decreto presidencial. Y. en quinto lugar, el país se encontraba en la recta final de un proceso electoral que despejaría el oscuro panorama que acompañó al gobierno anterior. 
La combinación de los anteriores factores condujo a sobrevalorar los resultados y las proyecciones de crecimiento económico, al mismo tiempo que no se le prestó la adecuada atención al delicado entorno internacional. Con la alegría del fin de año, el gobierno ajustó al alza el estimado del crecimiento del PIB, colocándolo en 3,3% anual, y proyectó el 4,5% para 1998, basado en la recuperación de las actividades agrícola e industrial y el mayor desarrollo petrolero y minero. Algunos meses más adelante, se demostró que el crecimiento de 1997 fue solamente de 3.1% y comenzó a ajustarse a la baja la proyección para 1998. Igualmente, la crisis asiática comenzó a golpear la economía latinoamericana de manera dual, por un lado, mediante la especulación financiera y los ataques a las tasas de cambio, mientras, del otro, aumentó la penetración de importaciones más baratas provenientes de países donde la devaluación fue más intensa que la alcanzada en Colombia. 
Paulatinamente, los factores adversos superaron las razones del optimismo y la política macroeconómica se convirtió en una verdadera tensión entre el control de las tasas de interés y la defensa de la banda cambiaría 
1.6.3 Comercio Exterior  
La liberalización del comercio mundial es un hecho, los países pueden comerciar prácticamente con todo el mundo, y las ventajas adquiridas y competitivas marcan las relaciones comerciales mundiales. Colombia no ha logrado insertarse del todo en la dinámica del comercio mundial y a pesar de la apertura, no se han logrado grandes avances en las cestas de exportación colombianas. 
La economía global nos exige mirar al exterior, y como es lógico, la alternativa básica de desarrollo, se basa en el crecimiento de las exportaciones y el desarrollo de un sector exportador fuerte. Este sería el sector generador de empleo y de demanda agregada que llevaría a la economía a salir del estado de receso en que se encuentra. De hecho, el presente Gobierno apuesta por duplicar las exportaciones como pilar fundamental de la recuperación económica, cuestión que de presentarse podría representar el fin de la recesión en el corto plazo y la estabilidad de la economía colombiana en el mediano y largo plazo. 
En términos generales el comportamiento del sector externo de la economía ha sido prácticamente el mismo a través de los últimos años, seguimos exportando café, petróleo, carbón y productos ferrosos, exportaciones que representan casi el total de la composición externa. Las esmeraldas, textiles, banano y otros productos comparten una porción pequeña de la torta del aparato exterior y en general la estructura de las exportaciones después de la apertura es la misma de la década de los ochentas.  
El aparato exterior colombiano no se expandió con la llegada de la apertura, y existen evidencias de que el deterioro de la balanza comercial es producto del bajo nivel de demanda por los productos colombianos en el resto del mundo. Además la competitividad colombiana no aumentó, y se puede explicar por la revaluación real del peso debida a los inmensos flujos especulativos que la apertura financiera trajeron a nuestra nación, haciendo más rentable la importación de bienes de consumo y reprimiendo los productos de exportación no tradicionales. 
"Lo que ha pasado con las ofertas colombianas es que sus costos están por encima de los costos de los mismos bienes en los países potencialmente demandantes y no existe la posibilidad de llegar a un costo real o artificial que haga competitivos estos bienes"[3]. 
En los que va corrido de la década de los noventa, el resultado del intercambio comercial para Colombia ha sido negativo, a pesar de los esfuerzos de firmar nuevos convenios comerciales con algunos países vecinos. Sin embargo, las expectativas que se generaron alrededor del proceso de apertura económica como mecanismo para mejorar nuestra posición comercial no se han reflejado en un mejor comportamiento de nuestras exportaciones.  
Por países, los principales mercados para los productos colombianos son Estados Unidos, Venezuela, Ecuador y Alemania los cuales representan cerca del 60% del total de las exportaciones. Por cercanía geográfica y por la entrada en vigencia del Arancel Externo Común, tanto Venezuela como Ecuador, aumentan su participación relativa en nuestras exportaciones al pasar de 5.9% y 1.8% en 1991 a 10.9% y 5.5% en 1998.
Los resultados de la nueva estrategia comercial trazada desde el principio de los noventa, se reflejan en el dinamismo presentado por el flujo comercial de mercancías. Pero aunque el intercambio comercial de Colombia se ha dinamizado, la composición del comercio colombiano en su mayor parte, está compuesta por bienes primarios que en el ámbito mundial son productos vulnerables al vaivén de los precios internacionales. Mientras tanto, la tendencia mundial de comerciar bienes con alto porcentaje de valor agregado se mantiene y Colombia exporta bienes primarios, para importar bienes con alto valor agregado y conocimiento tecnológico sin la oportunidad de hacer producción masiva y competir verdaderamente en los mercados internacionales. 
La estrategia de apertura de atar el desarrollo a los ingresos por exportaciones no ha dado los resultados esperados. Desde 1.993 el país viene atravesando por una serie de desequilibrios macroeconómicos que se han manifestado primordialmente en déficit de su balanza comercial. Esto se debe a la pérdida de competitividad de los bienes exportables causada por la caída de algunos precios internacionales y la reducción de la demanda interna en los países compradores, lo mismo que por el incremento de la producción de sustitutos de nuestras exportaciones no tradicionales, las exportaciones colombianas bajaron y perdieron competitividad y los ingresos derivados de esta actividad no han podido financiar el componente importado de nuestras demandas, bien sea de bienes de consumo, intermedios o de capital.  
Como consecuencia de la debilidad internacional de Colombia, no se pueden defender nuestros intereses comerciales de la manera más adecuada, y padecemos de las restricciones comerciales que nos imponen nuestros propios compradores.
Como consecuencia del déficit en la balanza comercial se deduce que su financiación ha sido por el lado del crédito, lo que nos ha llevado primero al desahorro, y luego a la recesión. Hoy, la tasa de cambio más competitiva nos ha hecho ganar terreno en el campo internacional y para el año 2000, Colombia mostrará una balanza comercial positiva, que de mantenerse podrá rescatar en el largo plazo a la economía colombiana. El flujo de comercio internacional es muy sensible a la competitividad de las economías ya sea en productividad o precios, la apuesta de nuestro país debe ser mantener la competitividad de nuestras exportaciones manteniendo una tasa de cambio competitiva y hacer esfuerzos por mejorar la productividad de nuestra economía disminuyendo los costos de transacción que nos representa la guerra, la inseguridad, la infraestructura física, tanto marítima como aérea para que los productos colombianos se puedan disfrutar en todo el mundo a bajo costo y con mejor calidad. 
"Cuando se inició formalmente el proceso de apertura económica en Colombia, una de las justificaciones básicas fue incrementar el grado de exposición de la producción colombiana a la competencia internacional. Esta mayor exposición a la competencia debería redundar en aumentos significativos de la productividad, en mayores estímulos a la inversión en tecnología y en una tendencia a la reubicación de la producción"[1]. 
En la práctica, sin embargo, los efectos no se dieron en la década de los noventa. La inversión privada aumentó fuertemente durante algunos años hacia mediados de la década, pero se concentró en el sector de la construcción y en sectores de servicios que precisamente son los menos expuestos a la competencia internacional. 
Leonardo Villar Gómez, explica respecto al proceso de apertura que en la práctica este no se dio en Colombia en el sentido de haber conducido a que un mayor porcentaje de la producción nacional quedara expuesto a la competencia externa.  
Por el contrario, la producción nacional expuesta a la competencia internacional, que es la producción de bienes comercializables internacionalmente, redujo su participación en la producción nacional durante la década de los noventa. "La razón para ello fue probablemente el proceso de revaluación real del peso colombiano que se presentó durante la mayor parte del período, en particular, entre 1991 y 1997 el cual obedeció a causas como el fuerte aumento del gasto público y el impresionante incremento en el financiamiento externo público y privado"[2].
Es de esperar que hacia el futuro, con una tasa de cambio más competitiva, como la que ya se tiene actualmente, y con un balance comercial más equilibrado del que se tuvo en la década de los noventa, los indicadores de apertura se recuperen y los beneficios de ese proceso empiecen a manifestarse en forma plena sobre la economía colombiana.
Otro indicador importante del entorno general de la apertura es el que se refiere a la tasa de apertura de las exportaciones TAE y la Tasa de penetración de las importaciones -TPI, que se miden con las siguiente equivalencias: 
TAE = (Exp / PIB) 100 Consumo Aparente: C.A = PIB + IMP - EXP
TPI = (IMP/ C.A) 100 
Es evidente que las exportaciones no representan un gran porcentaje del Producto Total, y que las importaciones han tenido un comportamiento más dinámico, reafirmando la impresión de que la revaluación real del peso en los años más críticos de la apertura, golpeo severamente el desarrollo del sector exportador generando los múltiple desequilibrios citados. (ver cuadro 8)
1.6.4 Inversión extranjera  
Uno de los supuestos más fuertes que asume el modelo de apertura consiste en la idea de que defendiendo a la inversión extranjera, se aumentará el desarrollo industrial.  
En este sentido, se supone que la expansión económica de los países desarrollados, ampliará el capital invertido en los países en desarrollo, aumentando los flujos de capital y suponiendo un mayor desarrollo en las zonas más pobres. Sin embargo, la lógica es otra, por un lado los procesos productivos se fragmentan localizándose en regiones diferentes bajo el principio de mínimo costo; y de otro lado, los capitales financieros son movidos en búsquedas de rentas de corto plazo.  
Luego de los planes de estabilización aplicados por las economías como Colombia, nuestro país y en general todos los latinoamericanos, se convirtieron en un destino ideal para la inversión extranjera directa. Siguiendo los principios de la apertura económica en donde la liberalización de los flujos de capital constituye un elemento central hacia el desarrollo[1].  
Para que las naciones se conviertan en receptores de inversión extranjera, necesitan hacerse atractivas en los mercados internacionales, en este sentido la tendencia es la de escoger los países más seguros a la inversión o en su defecto los que mejoran más la rentabilidad de los activos.  
De acuerdo con la (CEPAL), los primeros determinantes del ingreso de inversión extranjera directa a los países de América Latina han sido las políticas internas, los acuerdos y los procesos regionales. En cuanto a las políticas aplicadas, se pueden destacar los procesos de privatización de los activos estatales, los nuevos proyectos de inversión (sobre todo en infraestructura) y la reestructuración de las empresas multinacionales que tienen bases en los países. 
La realidad de la inversión extranjera, se centra en hacer la producción más barata, pero los supuestos de mejoramiento de la productividad interna y aprensión tecnológica de los países no se aplica, ya que las bases tecnológicas se mantienen en los países desarrollados y los países en vías de desarrollo producen los productos, pero realmente no tienen posibilidades de desarrollar los procesos productivos de manera propia.  
La inversión extranjera en la década de los 80 para Colombia se mantuvo estable con flujos promedios de 400 millones de dólares por año, incluyendo petróleo. A partir de la apertura, con los cambios en las políticas de inversión extranjera, los procesos de privatización y las concesiones al sector privado. La inversión extranjera se centró entonces en sector como los servicios financieros, eléctrico, petróleo y gas. En comunicaciones se establecieron los servicios de telefonía móvil celular y se dieron importantes avances en proyectos de privatización.
Cabe destacar el hecho de que la inversión se centró en los servicios, más no en la infraestructura productiva, en este sentido, los proyectos industriales no fueron objeto de inversión extranjera real, y además, las tendencias multinacionales, simplemente hacen que las empresas comercialicen sus productos, probablemente fabricados en otros países y hacen paso en Colombia vía importación y no producción. 
En este sentido se supone que el capital extranjero jugará un papel de primer orden en la construcción de un aparato productivo moderno y enfocado hacia los mercados internacionales, dada la capacidad que tiene para transferir tecnología y conocimientos[2]. Es así como se buscará nueva inversión extranjera directa que se vincule al sector manufacturero, especialmente en sectores exportadores y en servicios con alto valor agregado. Para lograr este objetivo se diseñan incentivos a las empresas extranjeras para que se instalen en Colombia y utilicen a nuestro país como plataforma exportadora de sus productos hacia América Latina.
El cuadro nos podría sugerir que la inversión extranjera en Colombia ha aumentado, sin embargo si se analizan los datos, estos incluyen inversión en portafolio y privatizaciones, lo cual nos distorsiona la cantidad real en inversión extranjera para actividades productivas que se realiza en Colombia. 
La realidad es que nuevos paradigmas rigen las conveniencias de inversión y los conceptos de competitividad en le mercado internacional, trayendo consigo drásticos cambios en la estructura industrial en el ámbito nivel mundial. Para atraer la inversión extranjera directa, es conveniente plantear los principios de mercado y desarrollo junto con los de generación de ventajas comparativas que estén de acuerdo con los requerimientos del espacio económico internacional. Además el gran potencial del mercado resulta ser el principal atractivo para los capitales foráneos, seguido por factores como el rendimiento previsto y una ubicación comercial estratégica. Las empresas extranjeras buscan invertir en países donde las ventajas se centran en capital humano y otros factores como políticas flexibles que les permitan desarrollar estructuras modernas.  
Siendo realistas, las difíciles condiciones externas a las empresas en nuestro país nos llevan a pensar que dadas las condiciones actuales de seguridad e infraestructura, Colombia constituye un país riesgo y los actuales problemas en procesos de privatización, la inseguridad jurídica, la búsqueda de recursos externos e inseguridad cambiaria nos hacen pensar que este supuesto es bastante discutible y algo ingenuo, ya que en este momento las condiciones internas nos convierten en un país paria en el contexto internacional.  
Eduardo Sarmiento Palacio afirma que cuando se facilita la entrada de financiamiento externo y aumenta el endeudamiento, sin que este se traduzca en inversión productiva sino en inversiones en sectores como el de los servicios, se presentan procesos de descapitalización de la economía en el largo plazo[1]. 
En este sentido, es necesario que la inversión extranjera se concentre en sectores productivos y no en otros sectores. Cuando los flujos de capital extranjero y en general los capitales se mueven a sectores como el financiero y el de servicios y no a la producción, como sucedió en el pasado, termina creando grandes presiones sobre el tipo de cambio, y fomenta el desplazamiento de la industria a sectores como el de servicios, sin que esto se deba a mejoras en la producción, sino a factores que desaniman el desarrollo industrial.
Para concluir este capítulo, podemos decir que el comercio mundial y las políticas industriales de cualquier nivel están muy unidos y es preciso que Colombia reaccione a las nuevas solicitudes del mercado internacional y a sus condiciones, es hora de corregir los defectos del proceso de apertura, siempre pensando en la actividad humana y el ser social, donde es vital incluir el concepto de desarrollo en los estadios de competencia y competitividad. 
El desarrollo del aparato productivo nacional debe estar guiado por el estado, es decir que su papel no solo es el de crear un ambiente propicio, sino el de intervenir activamente en la creación y mejoramiento de estructuras y superestructuras que faciliten al país el aprovechamiento de sus potenciales.  
Las ventajas creadas son en si mismas desarrollos de la sociedad que se retroalimentan y hacen de los países lugares mas dignos y con mayores oportunidades en este sentido, Colombia no puede aprovechar debidamente las ventajas de un modelo de apertura económica por la falta de lógica social, y exceso de lógica formal, es evidente que el "mercado", no lo resuelve todo, sin embargo, la tendencia a la racionalización en el desarrollo de la apertura puede llevar a los países a aprovechar mejor las ventajas que ésta ofrece. 
 

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