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1.3 REFORMAS APLICADAS CON LA INTRODUCCIÓN DE LA APERTURA
Las reformas realizadas por el modelo de apertura fueron varias: el
primer lugar, se eliminaron las restricciones cuantitativas a las
importaciones, se bajaron los aranceles y se acortaron las dispersiones.
Al mismo tiempo se liberó el ingreso de capitales, se autorizó la libre
convertibilidad de divisas por pesos y finalmente se estableció un tipo
de cambio flexible. Los autores de las reformas las presentaron como una
forma de insertar la economía Colombia en los mercados internacionales,
modernizar el aparato productivo y acelerar el crecimiento económico. Se
apostó a que el mercado siempre conduce al estado más conveniente para
la sociedad[1].
A continuación se mostraran los cambios más importantes que se dieron
con la implementación del modelo de apertura económica.
1.3.1 Autonomía del Banco de la República.
Uno de los cambios fundamentales, que trajo consigo las reformas de la
década pasada, fue la creación de un Banco Central autónomo, en donde
las decisiones de política monetaria se le otorgaron a su junta
directiva, buscando primordialmente el control de la inflación y
proteger la economía de los problemas que en el corto plazo podría
causar una emisión monetaria ordenada por el Gobierno Nacional[2].
Hoy, la autonomía del Banco de la República y su mandato constitucional
están en entre dicho y sin duda alguna, las políticas adoptadas por la
institución han influido sobre la crisis económica actual, ya sea por
acción o por omisión. Este hecho se reflejó claramente en la sentencia
de la Corte Constitucional de 1999[3], en donde se percibe la idea de
que aparte del control de la inflación, las políticas del Banco deberían
también enfocarse en la coherencia macroeconómica, el crecimiento y la
generación de empleo. El proyecto de reforma Constitucional de 1991
sobre moneda y Banca Central, le ordenó al Banco de la república
concentrarse en un objetivo primordial: la regulación monetaria con el
objeto de conseguir la estabilidad de precios, en otras palabras, el
control de la inflación.
Las principales reformas que se le hicieron al Banco fueron las
siguientes:
· La consagración en el ámbito constitucional del Banco de la República
como Banco Central. A su vez se define que ésta institución de derecho
público debe tener un régimen jurídico propio y autonomía patrimonial,
administrativa y técnica que le permita reglamentar la política
monetaria.
· Se establece que las facultades en materias de política cambiaria y
crediticia corresponden a la junta directiva del Banco, órgano que debe
estar integrado por profesionales con la debida independencia.
· Se establece que la institución debe velar por la conservación del
poder de compra de la moneda colombiana.
· En cuanto a atribuciones de emisión, se prohíbe el otorgamiento de
crédito al Gobierno Nacional y a la actividad privada cuando se trate de
operaciones distintas de las de liquidez del sector financiero, o de
tesorería de corto plazo.
Dada la naturaleza del dinero de servir de medio de cambio y depósito de
valor se realizó la reforma, de manera acorde con las políticas de
apertura, dándole al Banco como prioridad el control de la inflación
sobre cualquier otro fenómeno económico. Para cumplir el cometido
fundamental de buscar y mantener la estabilidad de precios, se
necesitaban dos condiciones: Debía contar con la organización y poder
decisorio sobre los instrumentos de control monetario, cambiario o
crediticio y en segundo término, necesitaría estar dotado de la
suficiente independencia institucional que haga posible el uso flexible
de dichos instrumentos.
Colombia, está saliendo de la peor recesión económica de su historia, y
parte de la recesión fue producto sin duda alguna de varias decisiones
del Banco al buscar bajar la inflación y al defender la banda cambiaria.
Sería pertinente recordar el brusco incremento de las tasas de interés
que se produjo al defender la banda cambiaria entre 1998 y 1999 que dio
como resultado una fuerte desaceleración económica. Era más rentable
guardar el dinero en los bancos que hacer actividad económica. El Banco
se preocupó más por contener la inflación y cumplir su mandato que por
recuperar la actividad productiva.
En defensa de las políticas del Banco, Roberto Junguito decía que aunque
segmentos influyentes de la opinión económica especializada habían
venido argumentando que la Junta Directiva del Banco de la República era
responsable principal de la recesión económica, esto no era cierto y que
el excesivo gasto público y los problemas fiscales eran los que habían
causado la recesión de la economía colombiana y afirmaba:
"La recuperación de la actividad económica debe ser, fundamentalmente,
el resultado del programa de ajuste que se ha puesto en marcha y que,
según la experiencia, toma algún tiempo en mostrar resultados. La
política monetaria que orienta el Banco de la República tiene como
objetivo principal la baja de la inflación, cuyo resultado ha sido
satisfactorio. No debe caerse en la emisión monetaria para la
refinanciación masiva de obligaciones crediticias"[4].
Las responsabilidades de dotar de liquidez a la economía y propender por
la solvencia del sistema financiero recaen, respectivamente, en el Banco
de la República y el Gobierno. Con relación a temas de solvencia y apoyo
al sector financiero, de cualquier manera, quedó en evidencia la
debilidad del sistema financiero colombiano y en estos momentos una de
las preocupaciones del presente Gobierno es el diseño de una estrategia
global para el apoyo de las entidades financieras con dificultades.
Además, la política fiscal puesta en marcha por el gobierno ha tenido
como objetivo reducir un desequilibrio creciente en las cuentas del
Estado, mediante elevación de la tributación, recortes del gasto público
y reformas estructurales en áreas "problema" como la seguridad social y
las transferencias regionales.
1.3.2 Reforma Comercial.
La reforma comercial se anunció en febrero de 1990. El primer paso se
dio cuando a finales de 1990 se eliminaron las restricciones
cuantitativas y se inició la baja de los aranceles. Posteriormente se
avanzó en forma rápida transformando el esquema gradual de apertura en
un desmonte masivo. Así, en los siete primeros meses de 1991 el nivel
arancelario bajó de 38% a 12% es decir, más de la mitad.
En el fondo las reformas estaban orientadas a bajar las tarifas y
recortar su dispersión independientemente de las características de los
productos. Sin embargo, la mayor reducción de los aranceles de las
materias primas determinó un aumentó de la protección efectiva de los
bienes de alto contenido importado y sin quererse, se configuró una
estructura que discrimina contra las actividades de alto valor agregado
y a la producción nacional.
El proyecto de Ley Marco de Comercio Exterior presentado por el Ministro
de Desarrollo, concretó el nuevo enfoque de comercio internacional de
acuerdo con el proceso de internacionalización de la economía. Se
orientó a la superación del modelo tradicional de desarrollo fundado en
la sustitución de importaciones, la protección a la industria y los
estímulos y subsidios a los exportadores.
El Gobierno propuso los principios básicos para formular la política de
comercio exterior y los mecanismos para cumplir con el propósito de
convertir al sector externo en motor de desarrollo. La iniciativa
presentada en el Congreso, finalmente se concretó en la Ley 7a. de
1991[1]. Esta se basa fundamentalmente en el uso de tres mecanismos:
instrumentos de promoción de exportaciones, instrumentos de la política
de importaciones, y finalmente cambios y transformaciones
institucionales.
Cabe destacar que se suponía un aumento de las exportaciones, protección
a las prácticas de comercio desleales y creación de instituciones
enfocadas hacia el exterior. Sin embargo como se mostrará más adelante,
los cambios produjeron efectos contrarios: incremento de las
importaciones, disminución de las exportaciones y debilidad
institucional.
1.3.3 Libertad Cambiaria y Régimen de Inversiones
La libertad cambiaria constituyó uno de los elementos centrales de la
apertura. La política de acuerdo con un enfoque monetario de la balanza
de pagos, afirma que la fijación del tipo nominal de cambio conduce a
una inflación cercana a cero. Adicionalmente se presumía que el
resultado se lograba como simple consecuencia de las fuerzas del
mercado[2].
La reforma financiera presentada por el Gobierno de Cesar Gaviria, busca
supera las limitaciones estructurales del sistema financiero con miras a
desarrollarlo de manera que juegue un papel importante en el proceso de
apertura.
Para modernizar el sistema financiero, se promulgan leyes encaminadas a
liberar el sistema para hacerlo más amplio, eficiente y competitivo,
para que adquiera una mayor capacidad de intermediar el ahorro nacional,
con el fin de financiar la inversión productiva a costos razonables[3].
Dentro de los aspectos fundamentales de la reforma financiera es
importante la ampliación de las actividades de los intermediarios
financieros, al permitírseles desarrollar a través de sus filiales,
actividades de servicios financieros complementarios a la intermediación
tales como participación en el capital de sociedades fiduciarias, de
leasing, comisionistas de bolsa, almacenes generales de depósito y
sociedades administradoras de fondos de pensiones y cesantías. Esto se
permite siempre que queden independizados en debida forma los agentes
económicos que podrán llevar a cabo estas operaciones y que se canalicen
hacia éstas un volumen adecuado de sus activos, sin exceder el monto de
su patrimonio.
Las reformas al sistema financiero, plantearon la completa libertad
monetaria, y como se mostró anteriormente, los flujos de inversión que
se manejaron fueron muy altos, generando graves distorsiones en el
aparato productivo.
1.4 LA REALIDAD PRODUCTIVA
Independiente a cualquier consideración monetaria, la realidad
productiva nos mostró la llamada "terciarización negativa de la
economía", con inmensos avances en los sectores de servicios
(financieros especialmente) y retrocesos en los sectores productivos e
industriales en donde la caída en la actividad productiva y la
conveniencia de recuperar la actividad económica han sido un problema y
un objeto de todos los países de América Latina
Las consecuencias para Colombia, no han sido muy positivas, después de
presentar tasas de crecimiento del PIB que alcanzaron como promedio
anual en los años setenta el 5.8%, el declinamiento en los ochenta es
evidente y hoy, nuestras debilidades se pronuncian más con la llegada de
la competencia abierta. La economía padece procesos de
desindustrialización, y se configura la llamada terciarización negativa
de la economía.
Acerca del ascenso de la "sociedad de servicios", Álvaro Zerda Sarmiento
sostiene en el ensayo titulado "Tendencias del Pensamiento Económico
sobre Desarrollo Industrial", que la llamada terciarización de la
sociedad corresponde en realidad a una profunda transformación que se ha
experimentado en décadas recientes a escala mundial del modelo de
producción, tanto en los fundamentos tecnológicos de equipos, procesos y
productos, como en los principios de gestión de las organizaciones
teniendo repercusión en el ámbito laboral, territorial, ambiental y de
relaciones entre países.
En los países desarrollados, este proceso de terciarización aparece como
una consecuencia de los aumentos de productividad de mano de obra en la
industria, y obedece a la intensidad de mano de obra que requieren los
sectores de servicios y en general, la llamada terciarización se
caracteriza por un retroceso en el mediano plazo del empleo y del valor
agregado industrial en relación con el total del empleo y del valor
agregado"[4].
En el caso colombiano, es evidente que el desplazamiento a los sectores
de servicios, no aparece gracias a aumentos de productividad de la mano
de obra, sino como consecuencia de la desprotección y falta de
competitividad de la industria, con relación a las ganancias fáciles,
que en su momento el comercio de importación y la ganancia financiera
brindaban a los agentes económicos.
Además; la competencia desigual entre un sector productivo ineficiente,
y mal preparado, con grandes empresas multinacionales, y formas injustas
de comercio como el contrabando o la protección disfrazada en licencias
o permisos simplemente constituyeron la demostración de que serios
problemas de aplicación se dieron a lo largo del proceso, mermando de
manera muy apreciable la actividad productiva nacional.
1.5 APERTURA Y DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO
La gran desigualdad social ha sido una característica frustrante del
desarrollo económico latinoamericano. No en vano América Latina se ha
caracterizado por ser la región del mundo con los más elevados índices
de desigualdad en la distribución del ingreso[5]. Los niveles de
pobreza, aunque inferiores a aquellos típicos de otras partes del mundo
en desarrollo, siguen siendo extremadamente elevados y, para el conjunto
de la región, se encuentran hoy por encima de los niveles que se
observaban antes de la crisis de la deuda.
Estas son las condiciones que se enfrentan hoy a los nuevos elementos
que han alterado la dinámica económica y social de la región. Entre
ellos cabe mencionar las reformas estructurales emprendidas en todos los
países, el proceso de globalización que las ha acompañado, la
recuperación del crecimiento económico y las nuevas reformas iniciadas
en el frente del gasto social y de los servicios sociales.
Aunque aún se debate la relación que existe entre los cambios
estructurales y los cambios en la distribución de ingresos, parece que
la mayoría de los economistas se inclinan por pensar que por lo menos
una parte del deterioro en la distribución de ingresos observada en los
noventa está asociada con la apertura económica y otros cambios
estructurales[6]. El planteamiento original en materia de distribución
de ingresos por parte de quienes desarrollaron las políticas de apertura
económica fue que como resultado de tales medidas debería haber una
disminución de la desigualdad por dos razones principales:
· Porque la apertura, al fomentar la competencia, acabaría con muchas
situaciones que generaban rentas oligopolísticas o monopolísticas.
· Porque siendo Colombia un país con ventajas comparativas en productos
intensivos en mano de obra, y especialmente mano de obra con bajo grado
de calificación, la apertura debería generar un aumento relativo en la
demanda por dicho tipo de factores, en detrimento del trabajo calificado
y el capital.
Los acontecimientos en la primera década de la apertura parecen indicar
que los cambios estructurales en el sector urbano generaron un
estancamiento en la producción industrial, aumentaron las importaciones
de bienes de consumo y de bienes de capital y no generaron ningún
dinamismo en el sector exportador urbano, que era el que debería haber
generado la demanda por trabajo para compensar la pérdida de empleos de
los sectores no competitivos. En el sector rural, la apertura hacia el
resto del mundo permitió la entrada de productos de bajo costo, a los
que la agricultura de cultivos temporales no pudo hacer frente.
Por otro lado, la nueva inversión nacional y la extranjera, generaron
un proceso de cambio tecnológico aumentador de productividad, el cual se
materializó en una mayor intensidad de capital y una mayor demanda
relativa de trabajo calificado[7]. Esto dio origen a que las
diferencias salariales entre trabajadores de alta y baja calificación
aumentaran, con el consecuente empeoramiento de la distribución de
ingresos. Lo anterior privó la economía de su más importante herramienta
distributiva: su capacidad para generar empleo. Esta capacidad, que fue
lo que permitió mejorar la distribución en los años setenta y ochenta
parece haber sido anulada por la menor elasticidad empleo de producto
nacional asociado con la mayor intensidad de capital y la menor demanda
por mano de obra de relativa baja calificación. Jaime Tenjo afirma que
desde un punto de vista imparcial que la apertura debería producir
importantes efectos de tipo transitorio durante el período de
transición y de tipo más permanente una vez se estabilice la nueva
situación, y afirma que en Colombia no se ha hecho un análisis para
distinguir entre los unos y los otros y casi ninguna atención se ha
prestado a las lecciones de la experiencia de otros países que han
realizado reformas similares.
1.6 LOS RESULTADOS DEL PROCESO DE APERTURA
Después de hacer un breve repaso a las políticas aplicadas con la
llegada de la apertura, mostraremos los resultados de dicho proceso en
todos los campos posibles.
1.6.1 Panorama General
Colombia, es una nación, que vive situaciones particulares que no
afrontan otros países y que complican y distorsionan el panorama
nacional. En Colombia factores como la violencia, la estructura
política, la interacción social o un desarrollo insuficiente resultan
elementos que se deben considerar dadas las condiciones de un mundo
global, que cobra y rechaza los problemas internos de las naciones
buscando homogeneizar y jugar con reglas de juego estables y
consolidadas.
En la actualidad, nuestro país, padece de una de las más severas crisis
económicas en su historia, con un desempleo en los niveles más altos,
recesión económica en muchos sectores y problemas en el sistema
financiero y cambiario. La inestabilidad política merma las
posibilidades de nuestro país, la guerra e inseguridad nos convierte en
un país poco atractivo a la inversión extranjera y en general, la
sociedad en general piensa que estamos tocando fondo.
Sin embargo, en la actualidad, se ven los primeros síntomas de
reactivación económica, y se empiezan a mejorar los indicadores de
consumo, déficit fiscal y balanza comercial, producto de una mayor
competitividad internacional de algunos de nuestros productos, ayudado
por el repunte de los precios del petróleo y algunos productos
agrícolas.
Entre las principales características de la coyuntura están las
siguientes señales:
· El pobre desempeño de la economía en materia de crecimiento en los
años recientes.
· Los grandes desequilibrios fiscal y externo que existen en la
actualidad y las dificultades para financiarlos.
· La baja absorción de empleo que registran los sectores productivos,
debida no sólo a la insatisfactoria dinámica de la producción, sino
también a cambios de carácter estructural en el mercado laboral.
· El aumento de la violencia e inseguridad.
· La inestabilidad política, y el desacuerdo social entre Gobierno,
Trabajadores, Centrales Obreras y organizaciones privadas.
Lamentablemente, en términos generales el balance es desalentador, el
desempleo creció, ya que muchas de las firmas tuvieron que reducir su
tamaño si no es que quebraron, asimismo la demanda agregada se afecto
negativamente, y los mercados se vieron inundados de productos
importados, conformando la llamada desindustrialización de los países
latinoamericanos.
Según el Plan Nacional de Desarrollo "Cambio para construir la Paz"[8],
en los últimos años, la economía colombiana ha venido perdiendo la
dinámica de crecimiento que había registrado en las décadas pasadas.
Luego de haber crecido a una tasa anual promedio de 4.6% entre 1991 y
1995, ésta se redujo a sólo 2.3% entre 1996 y 1998, y con crecimiento
negativo en 1999. La tasa de crecimiento de largo plazo de la economía
fue de 4.5% entre 1970 y 1990.
El país es uno de ingreso medio bajo y, por lo tanto, plagado por las
múltiples necesidades insatisfechas que acompañan a la pobreza. En los
últimos años el país ha visto cómo ha ido perdiendo su reputación de ser
un ejemplo de estabilidad macroeconómica en el contexto latinoamericano
y al país empezó a costarle cada vez más trabajo mantener esa
estabilidad.
En lo que se refiere a la falta de un crecimiento económico sostenido,
tanto el crecimiento estructural como el cíclico se han reducido, de
modo que el país no ve salidas de corto plazo a sus problemas de
pobreza, y ve con alarma que el problema del desempleo se agrava.
La experiencia reciente muestra que, en las acciones de los últimos años
para promover el desarrollo, ha habido una serie de errores históricos,
tales como el esfuerzo por buscar un mayor crecimiento económico con
base en una mayor cantidad de insumos, particularmente de trabajo, sin
atender a su calidad y productividad. En particular, ha habido una gran
equivocación en mantener una actitud de indiferencia con respecto a la
educación, la acumulación de capital humano y la investigación y el
desarrollo tecnológico aplicados a la producción.
La desprotección a la industria, bajo supuestos de libre mercado y libre
competencia sin apoyar activamente el desarrollo, la creencia de que el
incremento en el gasto público, sin prestar atención a sus efectos sobre
el déficit fiscal ni a la eficiencia con que se ejecuta, es una
condición suficiente para promover el desarrollo. La mala asignación de
los recursos y la debilidad institucional para responder ante los retos
de la apertura y la globalización. La falta de cultura política y la
desprotección social, que separa a quienes ostentan el poder con la
sociedad en general.
La década de los años noventa ha estado influida en Colombia por una
tendencia al aumento del gasto público y del déficit fiscal[1]. Esta
tendencia ha estado acompañada por presiones, difíciles de resistir, que
han tendido a revaluar en términos reales la moneda nacional. En
consecuencia, durante toda la década ha habido una tendencia al
deterioro de la cuenta corriente de la balanza de pagos, que en 1997
alcanzó un déficit superior al 6% del PIB.
La economía colombiana ha sido incapaz de sostener los pocos episodios
de crecimiento realmente satisfactorios que ha vivido, generalmente
asociados con bonanzas de precios en sus productos tradicionales de
exportación. De manera más grave, como las bonanzas se han vuelto
fenómenos raros y relativamente modestos en las últimas décadas, desde
hace ya unos veinte años la economía colombiana no crece a tasas
sobresalientes, por encima al menos del 6% en términos reales. El
resultado es que el crecimiento estructural de las últimas dos décadas
no ha sido suficiente para atender las múltiples necesidades de los
colombianos.
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