EL NARCOTRÁFICO EN COLOMBIA

Autor: Anonimo

Comercio internacional

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01-2001

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7. CONFLICTOS GENERADOS
Desde el inicio del auge del narcotráfico en los años setenta y el consecuente aumento del consumo de drogas en los países industrializados, se inició una batalla frontal contra la actividad que a la fecha ha sido impotente no sólo para derrotarla, sino por lo menos controlarla.
 Las estrategias para enfrentar el problema parten de dos percepciones y diagnósticos generales prácticamente antagónicos. Por un lado, los países consumidores de estupefacientes, encabezados por Estados Unidos, que consideran la oferta del producto como la principal causa del mal; por el otro, las naciones productoras que argumentan que es la demanda la que mantiene y fomenta el fenómeno.
 Estos planteamientos encontrados del problema han condicionado la relación entre Colombia y Estados Unidos en los últimos 30 años. Una de las principales diferencias radica en los efectos concretos del narcotráfico en esos dos países: "Mientras que para Estados Unidos el problema es el narcotráfico, para Colombia lo es la narcoviolencia o narcoterrorismo, es decir, la capacidad de los narcotraficantes de imponer por las armas sus puntos de vista tanto en sus relaciones internas como frente al Estado y a los movimientos populares."[1]
 
En consecuencia, la guerra en contra de las drogas no es una sino dos, con múltiples niveles, escenarios, prioridades y objetivos. De ahí su enorme dificultad para coordinarla al gusto de todas las partes.
 
En Estados Unidos el narcotráfico representa un grave problema, pues implica una profunda desorganización social y cultural, merced a los millones de jóvenes expuestos a las drogas y las mafias que crecen y luchan por el control interno del negocio. Asimismo, representa un gasto brutal de la sociedad en el consumo de estos productos. En febrero último, el responsable en Estados Unidos de la lucha contra las drogas, Barry Mc Caffrey, informó que en 1996 sus compatriotas gastaron 49.000 millones de dólares en drogas, de los cuales 31.000 millones correspondieron a la cocaína.
 
Para el gobierno de Washington, el narcotráfico representa un asunto de seguridad nacional; el presidente George Bush lo calificó como "el principal enemigo de Estados Unidos". Sus esfuerzos están encaminados a combatir la oferta donde ésta se genera, por medio de la destrucción de los carteles de la droga. Sin embargo, este empeño no ha fructificado e incluso algunas de las estrategias han resultado contraproducentes. Un ejemplo claro de ello fue la asistencia al gobierno de Bolivia en 1987 de 48 millones de dólares, para erradicar 26.000 hectáreas de plantíos de hoja de coca en los próximos seis años. En ese lapso los campesinos bolivianos habilitaron en otras zonas del país más de 35 000 hectáreas para la coca, con lo que afectaron la siembra de otros productos legales.
 
Diversos analistas sostienen que el enfoque estadounidense en torno de la oferta está no sólo destinado al fracaso, sino que beneficia la actividad misma que ataca. En la práctica, la represión de la oferta detiene la caída natural del precio de la droga, considerando que éste, al igual que el de los productos primarios, es altamente elástico y su demanda inelástica, lo que implica que el precio tenderá a bajar a menos que suceda un aumento intempestivo del consumo o una seria represión de la oferta. Es decir, a menor oferta, mayores niveles de excedente para los narcotraficantes. Por otra parte, las medidas aplicadas hasta ahora para encarecer los costos de la ilegalidad (confiscación de algunos recursos bancarios, destrucción esporádica de plantíos y laboratorios, etc.) y combatir a los mecanismos financieros para el lavado de dinero han sido muy limitados.
 
El objetivo fundamental de Colombia en su lucha contra las drogas es combatir el narcoterrorismo. A principios de los ochenta, y en pleno auge del cartel de Medellín, las autoridades colombianas emprendieron una política de guerra frontal en contra de los narcotraficantes. A finales de ese decenio los resultados de esta estrategia eran desoladores. El narcotráfico nunca dejó de crecer, ni tampoco su capacidad de violencia.
 
En los noventa las autoridades colombianas optaron por la negociación directa con los carteles, pues la situación era ya insostenible. "La prioridad era contra el narcoterrorismo, pues con las primeras bombas la opinión pública pedía la cárcel para los narcoterroristas, con las siguientes pedía la extradición, pero a partir de la cuarta bomba empezaba a pedir que los indultaran."
 
A los narcotraficantes que se entregaran y colaboraran, las autoridades ofrecieron no extraditarlos a Estados Unidos, sentencias reducidas y otras concesiones. La estrategia dio frutos. La violencia de las drogas se redujo en forma notable y se logró el encarcelamiento de varios barones de la droga. La contraparte, empero, fueron las sentencias ridículas que se dictaron y las excesivas comodidades carcelarias que se
otorgaron, lo que permitió a los narcotraficantes seguir manejando sus negocios desde sus celdas. En este sentido, el caso más extremo fue sin duda el "encarcelamiento" de Pablo Escobar en la prisión La Catedral en 1991. El capo invirtió alrededor de dos millones de dólares para acondicionar la cárcel y transformarla en una hacienda de cinco estrellas, con todo el equipo e infraestructura para seguir dirigiendo desde ahí sus asuntos. Al sentir amenazada su seguridad, Escobar "escapó" trece meses después: salió caminando tranquilamente y rodeado de su cuerpo de seguridad.
 
El gobierno colombiano ha emprendido en los últimos años una gran ofensiva diplomática en la que insiste en el carácter internacional del problema. Ratifica que la demanda es la base del negocio y que el país no ha recibido reciprocidad por sus acciones en contra del narcotráfico, como podría ser la reducción permanente, generalizada y sin condiciones de aranceles de Estados Unidos y los países europeos, para impulsar las exportaciones legales del país.
 
A la fecha, la estrategia colombiana ha sido exitosa en el logro de su principal objetivo: la reducción considerable del narcoterrorismo. En cambio, ha sido poco eficaz al combatir la producción y comercialización de las drogas. En realidad la represión de la actividad es un tanto desorganizada, orientada más a satisfacer a Estados Unidos que a lograr resultados concretos. Los esfuerzos últimos se han concentrado en la destrucción de la hoja de coca y en la confiscación del producto final, pero con resultados muy limitados.
8. LA SIGNIFICACIÓN SOCIAL DE LA DROGA
La adicción a las drogas y su tráfico ilícito adquieren proporciones alarmantes, porque están afectando cada vez más a la juventud y a los niños en edad escolar. La situación deprimida en que viven amplios grupos sociales indigentes, a los que la sociedad no brinda acceso regular a sus bienes y servicios, constituye la "mano de obra" de los narcotraficantes, quienes los comprometen en sus actividades y, al mismo tiempo, los inducen al vicio. En Colombia, los narcotraficantes son los héroes de una parte de la juventud, e incluso de una parte de la población en general. En Medellín, Pablo Escobar ha tenido un entierro de primera, con una muchedumbre de personas llorando su muerte. Fue un bienhechor de los barrios pobres y el empleador de un gran número de jóvenes.
 
La proliferación de drogas se incrementó a partir de los años setenta y en la actualidad hay una mayor variedad de ellas, cada vez de mejor calidad y más potentes. Al contrario, otras drogas deben su bajo precio a sus peligrosos niveles de impureza, siendo de fácil adquisición; el bazuco y el crack son ejemplos de estos estupefacientes que ocasionan daños irreparables al organismo humano[2].Un estudio de la Universidad de los Andes realizado en el año 1987 había demostrado que si más del 55 % bebían alcohol y 30 % fumaban, no había más que un 1,08% para fumar marihuana, 0,64% para tomar bazuco y 0,25 % para aspirar cocaína. El despegue experimentado en los últimos años por el consumo de narcóticos en el interior de un gran número de los países productores o de tránsito es un tema de creciente preocupación.
 
En las áreas urbanas, el fenómeno se manifiesta en el llamado "microtráfico", dadas las características de su organización en células pequeñas, su gran movilidad, y su concentración por áreas o barrios, a cargo de grupos de pocas personas, casi siempre jóvenes y niños. Las ventas callejeras de pasta básica, de pitillos o bazucos, de marihuana y de dosis de heroína atraen a los innumerables desocupados de las capas más pobres, que se prestan a ejercer esta actividad, más rentable que otras que, por lo demás, no siempre están disponibles.
 
La violencia y la criminalidad asociadas con la droga y su distribución causan graves perjuicios en los barrios que ya se debaten en el estancamiento económico. Las tentativas de abrir negocios de barrio se ven desalentadas, la asistencia a las escuelas se ve continuamente perturbada, las salas de emergencia de los hospitales rebosan de víctimas de dosis excesivas y de tiroteos, los residentes con ingresos estables encuentran razones para trasladarse a otros lugares y las habilidades y ambiciones que podrían aprovecharse de forma productiva se desperdician en la búsqueda ilusoria de rápidos beneficios a través del tráfico de drogas.
 
En el campo, a pesar de que la economía de la droga ha dado al campesino empleo y mejores ingresos, estos beneficios inmediatos le han costado muy caros: el costo de la vida en las zonas cocaleras se ha elevado significativamente, y el pago en efectivo ha sustituido a las formas tradicionales de trueque en pequeña escala y de apoyo mútuo que eran fuente de estabilidad y equidad dentro de las comunidades indígenas. En Colombia, decenas de millares de nuevos "colonos" han emigrado desde las cordilleras hasta los "llanos" para cultivar la coca, trastornando el equilibrio social anterior. Los productos alimenticios como las patatas y el maíz comenzaron a escasear a medida que la mano de obra era absorbida por los cultivos de coca. La economía de auto consumo fue reemplazada por una mercantilizada, impersonal, muy alejada del espíritu comunitario del campesino.
 
La repercusión social de la droga también se hace sentir en la estructura del empleo. En efecto, la industria de la droga es un empleador importante en Bolivia, Colombia y Perú. Ocupa directamente entre 600.000 y 1.500.000 personas, según diversas estimaciones. Otras fuentes elevan este número a 1,8 millones, lo cual vendría a representar más de un 4,5% de la población activa, o sea cerca del 3% de la población total de estos tres países. De ellas, unas tres cuartas partes son agricultores y cosechadores de la hoja de coca; casi una cuarta parte son "pisadores" que con los pies descalzos mezclan las hojas con productos químicos no elaborados, como el queroseno, para hacer la "pasta"; unos cuantos miles trabajan en los laboratorios clandestinos en los que la pasta se convierte en cocaína refinada, y unos mil, más o menos - entre los que se incluyen los multimillonarios de los cárteles - dirigen las importaciones y exportaciones y las finanzas. Además, un número mucho mayor de personas obtiene indirectamente sus medios de vida del efecto multiplicador que se hace sentir en las economías locales.
 
Otro efecto social de la droga, fue la aparición del "narcoagro", que ha adquirido particular importancia en Colombia. Los nuevos “barones” de las drogas hacen su conversión en neoterratenientes con evidentes efectos en la economía agropecuaria y en el sistema de tenencia de la tierra. En efecto, los estudios acerca del proceso agrario comenzado por los narcotraficantes coinciden en describirlo como una "contrarreforma agraria", ya que, contrariamente a lo buscado por los programas reformistas, ha vuelto a consolidar una estructura latifundista. Según un estudio (Sarmiento y Morento, 1990), a fines de 1988 los narcotraficantes poseían un millón de hectáreas, es decir un 4,3% de las tierras productivas. La intervención de la economía de la droga en el negocio de las tierras repercutió en la forma de tenencia de ésta, ya que aumentó la propiedad (75% en 1960 y 88% en 1988), y se redujo el arrendamiento (del 9% al 3,2%) y el colonato (del 14% al 5,6%), en igual período.
 
Por otra parte, según el mismo estudio, el área de influencia de los narcotraficantes se amplió con su participación en la producción agrícola nacional y en el crédito destinado a cultivos comerciales. Lo mismo sucedió en la ganadería, con su participación en el sacrificio de ganado y el crédito. Entre quienes no les han vendido sus tierras, por un lado, los terratenientes ricos se enfrentan a mayores costos de producción, en parte por los mejores salarios que pagan los narcoterratenientes, y, por
otro lado, los campesinos pobres dejan sus tierras o finalmente las malvenden, por la situación de inseguridad y violencia a la que son sometidos. Junto con ir reemplazando a las antiguas familias terratenientes, el narcoagro impone un ritmo distinto de cambio y explotación: incorpora la ganadería selectiva (en detrimento de la intensiva), los cultivos de palma africana, la cría industrial del camarón, algunos cultivos tradicionales como el arroz y el algodón, y la industria avícola.
 
Según lo señala Reyes Posada, (1989), los narcotraficantes "se enfrentan a un doble reto: establecer por si mismos la dominación social, al legitimarse como élite que reorganiza las relaciones sociales del campo; y modernizar la producción agropecuaria, mejorando el nivel de vida a los trabajadores rurales y abasteciendo los mercados internos y externos".
8.1 Colombia: la búsqueda de una política alternativa y de cooperación internacional
Las acciones destinadas al control y gradual reducción del narcotráfico en la región han sido hasta ahora de carácter eminentemente "cíclico" y represivo, sin que les acompañasen programas de transformación estructural a largo plazo. Las medidas aplicadas en los últimos años parecen haber desfavorecido sobre todo a los pequeños agricultores, pero no han afectado sustancialmente a los cultivadores en gran escala y a los traficantes de droga responsables de la fuga de capitales y del blanqueo de dinero, auténticos causantes de la persistencia y agravamiento del problema. En presencia únicamente de medidas de control y represión se puede asistir a nivel regional a fenómenos como el desmoronamiento del precio de la droga, la subida del desempleo por pérdida de puestos de trabajo y el retorno a la miseria de miles de personas. Por otro lado, en el plano nacional, las políticas represivas no parecen haber contribuido sustancialmente a reducir los volúmenes de producción y exportación.
 
Numerosos testimonios recogidos demuestran que los cultivos de cannabis han vuelto a aparecer en el departamento del Cauca, Caqueta y en la montaña de S. Lucas, pero, y esto es un fenómeno totalmente nuevo en Colombia, su objetivo no es la producción de marihuana, sino la extracción de hachís, destinado muy probablemente a la exportación. Otra razón que explica el alza de los precios de la coca es que una parte de las superficies en que antes se cultivaba ahora produce opio. Actualmente se estima en más de 20.000 hectáreas la superficie sembrada de amapola en las montañas colombianas, a pesar de las más de 12.000 hectáreas destruidas mediante fumigación aérea, por el temible insecticida 2-4D (El muy conocido agente naranja) .
 
Sin embargo, en los tres países más afectados en la actualidad, Colombia, Bolivia y Perú, se ha producido una evolución hacia estrategias más integrales y más orientadas hacia el contexto socio - económico e internacional del problema de la droga que las políticas meramente policiales o de erradicación. En Bolivia, los campesinos temen ser las únicas víctimas de la lucha contra los narcotraficantes, lucha que va militarizandose cada día más. Durante la cumbre de Cartagena, en el año 1991, el presidente boliviano Jaime Paz Zamora ha declarado : "Debemos luchar contra el narcotráfico, pero no a costa de un empobrecimiento".
 
A pesar de millares de millones de dólares invertidos en la lucha contra la multinacional de la droga, los Estados Unidos han fracasado. Tratan ahora de cortar de raíz, en los lejanos valles tropicales del Chapare o del Huallaga. Millares de hectáreas plantadas de coca fueron arrancadas, en Perú, o quemadas en Colombia. Pero, el paradigma de la "guerra contra las drogas" está basada en fundamentos irracionales que asocian falsamente la coca con la cocaína, como un fenómeno estricto de causa - efecto. La búsqueda de una erradicación definitiva del cultivo de la coca es una estrategia que amenaza el tejido cultural de los usuarios y productores tradicionales de este recurso andino. Después de las primeras víctimas, los gobiernos fueron obligados a cambiar de comportamiento, ante las amenazas de levantamiento popular.
 
El Gobierno colombiano ha reforzado la represión del narcotráfico a través del asalto a los centros de producción, la incautación de bienes, la captura de los principales traficantes y la destrucción de sus instalaciones clandestinas. Varios sectores de la sociedad colombiana han cuestionado abiertamente la estrategia anti - droga vigente por los altos costos humanos y económicos que ha ocasionado. Se ha argumentado que la estrategia dominante hasta ahora, la policial, no sólo no ha alcanzado los resultados deseados sino que ha supuesto una represión exagerada, contribuyendo a alimentar la espiral de violencia.
CONCLUSIONES
1. No es posible hablar estrictamente de una llamada "Narcoeconomía" en Colombia, pero es indudable que el negocio de la droga le otorga muchas peculiaridades a la Economía Colombiana.
2. Existen efectos contradictorios para la economía para el desarrollo de la Economía Colombiana.
3. Los programas de erradicación de cultivos ilícitos han demostrado su ineficiencia, frente a las ventajas del negocio que se traducen en mejores niveles de ingreso de los habitantes de dichas regiones, seria mejor pensar en implementar programas de prevención hacia los cultivos ilícitos apoyando y mejorando las condiciones comerciales de los cultivos de los productos agropecuarios lícitos.
 4. También la fumigación a demostrado su ineficiencias en la lucha antinarcóticos.
 5. El auge de la droga ha lesionado el desarrollo de las actividades agrícolas y manufactureras a casa del efecto de la "Enfermedad Holandesa" ; ha bajado la calidad de las inversiones puesto que ellas han sido orientadas cada vez más hacia el corto plazo.
 6. El narcotráfico contribuye sustancialmente a entrabar las posibilidades de solución de la crisis política de la que es una expresión la violencia. La sustitución de la elite terrateniente por narcotraficantes les cambio a los campesinos el escenario de confrontación social, a uno en el cual el Estado se ve seriamente limitado para hacer reforma agraria.
 7. La adicción misma a las drogas en Colombia adquiere proporciones alarmantes, porque esta afectando cada vez más a la juventud y a los niños en edad escolar, y cada día son más corrientes los casos de adicción a alguna droga entre las familias de nuestro país.
1] González, Patricio. Lavado de dinero: un desafío criminológico. Revista Chilena de Derecho. (Santiago, Chile), Vol. 22, Nº 2, 1995. p. 321-324.
[2] Colombia frente al Narcotráfico, Un reto de largo plazo, estudio publicado por fundapresencia, ubicado en www.fundapresencia.org.co.
[1] Fuente: Roberto Steiner Sampedro, “Los ingresos de Colombia producto de la exportación de Drogas ilícitas, “Coyuntura Económica Vol 26 No 4 Diciembre de 1996
[1] Tomado del Artículo "Colombia, mitos y realidades económicas del narcotráfico de Alfredo Castro Escudero redactor de la revista "Comercio Exterior" No 4 Abril de 1997.
 BIBLIOGRAFÍA
· TOKATLIAN JUAN G. - BAGLEY BRUCE (Compiladores) Economía y Política del Narcotráfico. Ed CEREC Ediciones Uniandes Universidad de los Andes, Bogotá 1990.
· THOUMI FRANCISCO E El país trabado, Articulo publicado por la revista Dinero en la edición de Marzo de 1995.
· CASTRO ESCUDERO Alfredo , "Colombia, mitos y realidades del narcotráfico". revista Comercio Exterior, Volumen 4, No21, México, Abril de 1997.
· PAMPILLÓN Rafael y VERNA Gerard , Ley de Mercado y Narcotráfico ;El caso de Colombia. Febrero 28 de 1995.
· GONZALES Patricio. Lavado de dinero: un desafío criminológico. Revista Chilena de Derecho. (Santiago, Chile), Vol. 22, Nº 2, 1995. p. 321-324.
· STEINER SAMPEDRO, Roberto “Los ingresos de Colombia producto de la
exportación de Drogas ilícitas, “Coyuntura Económica Vol 26 No 4 Diciembre
de 1996
 · Colombia frente al Narcotráfico, Un reto de largo plazo, estudio publicado por fundapresencia, ubicado en www.fundapresencia.org.co.
 www.fsa.ulaval.ca/personnel/vernag/PUB/narcol-E.html
 
También en www.memoria.com.co www.semana.com.co
www.eltiempo.com.co www.fundapresencia.org.co
[1] PAMPILLÓN Rafael y VERNA Gerard , Ley de Mercado y Narcotráfico ;El caso de Colombia. Febrero 28 de 1995.
[2] TOKATLIAN JUAN G. - BAGLEY BRUCE (Compiladores) Economía y Política del Narcotráfico.
Ed CEREC Ediciones Uniandes Universidad de los Andes, Bogotá.
1990
 

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