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La inversión privada deberá complementarse con la inversión pública para
aumentar la competitividad y crear nuevas oportunidades de mercado.
Especialmente importante es la inversión pública complementaria para la
expansión de la infraestructura y las comunicaciones y para conseguir
una mayor especialización de la mano de obra.
Expansión en los mercados internacionales. Los mercados internacionales
ofrecen una enorme oportunidad de empleo y de crecimiento de los
ingresos (en la agricultura, la industria y los servicios). Todos los
países que han conseguido reducir de forma notable la pobreza de ingreso
han recurrido al comercio internacional. Pero la apertura al comercio
puede crear víctimas además de vencedores, y sólo dará beneficios
considerables cuando los países tengan infraestructura e instituciones
que respalden una decidida respuesta por parte de la oferta. Eso
significa que la apertura debe estar bien concebida, con especial
atención a las características específicas del país y a las trabas
institucionales y de otra índole. El orden de introducción de las
políticas deberá alentar la creación de empleo y controlar la
destrucción del mismo. Una liberalización más favorable a los pobres no
tiene que ser necesariamente más lenta; un avance acelerado puede crear
más oportunidades para los necesitados. Por otro lado, algunas políticas
deben orientarse expresamente a compensar los costos transitorios que
pueden recaer sobre los pobres, como en el caso de las donaciones para
pequeños productores de maíz de México a raíz del Tratado de Libre
Comercio de América del Norte (TLCAN).
La apertura de la cuenta de capital debe efectuarse con prudencia -en
armonía con el desarrollo del sector financiero nacional- para reducir
el riesgo de una fuerte inestabilidad de los flujos de capital. La
inversión directa a largo plazo puede conseguir externalidades
positivas, como la transferencia de conocimientos, pero los flujos a
plazo más corto pueden provocar externalidades negativas, en particular
la inestabilidad. Las políticas deben ocuparse de unas y otras por
separado.
Multiplicación de los activos de los pobres. Para crear activos humanos,
físicos, naturales y financieros que los pobres puedan poseer o utilizar
se requiere una actuación en tres frentes. En primer lugar, hay que
destinar una parte mayor del gasto público a los pobres y, en
particular, ampliar la oferta de servicios sociales y económicos básicos
y acabar con los obstáculos existentes por parte de la demanda (por
ejemplo, con becas para los niños pobres). En segundo lugar, hay que
garantizar la prestación de servicios de buena calidad mediante una
intervención institucional basada en el buen gobierno y en el recurso a
los mercados y a numerosos agentes. Ello puede significar la reforma de
la prestación de servicios públicos -por ejemplo, en el sector de la
educación- o una privatización que garantice la expansión de los
servicios a los pobres, como suele ser aconsejable en los servicios
urbanos de abastecimiento de agua y saneamiento. En tercer lugar, hay
que garantizar la participación de las comunidades y hogares pobres en
la selección y prestación de los servicios y en la supervisión de los
mismos, para pedir cuentas a quienes los suministran, como se ha
intentado en algunos proyectos en El Salvador, Túnez y Uganda. Entre las
medidas para incrementar los activos de los pobres cabe señalar la
expansión general de la matrícula escolar con participación de los
padres y de la comunidad, los programas para evitar el abandono escolar
-como los adoptados en Bangladesh, Brasil, México y Polonia-, los de
nutrición y los de salud maternoinfantil, las vacunaciones y otras
intervenciones sanitarias y los planes comunitarios para proteger los
recursos hídricos y otros recursos ambientales.
Hay fuertes relaciones de complementariedad entre las intervenciones en
las diferentes esferas. Por ejemplo, debido a los estrechos vínculos
entre los activos humanos y físicos, si mejora el acceso de los pobres a
la energía o el transporte puede aumentar también su acceso a la
educación y los beneficios derivados de ella. Por otro lado, las mejoras
en el medio ambiente pueden tener efectos significativos en la pobreza.
Esta realidad está perfectamente documentada en lo que respecta a los
notables progresos de la salud cuando se reduce la contaminación del
aire y del agua, estrechamente asociada a algunas de las enfermedades
más importantes de la población pobre, en particular los problemas
diarreicos de los niños y las infecciones respiratorias.
Corregir las desigualdades en la distribución de los activos por razón
de sexo, etnia, raza y extracción social. En muchas sociedades se
requiere una actuación especial para hacer frente a esas desigualdades
cuando están basadas en motivos sociales. Aunque las dificultades
políticas y sociales obstaculizan con frecuencia el cambio, hay muchos
ejemplos de mecanismos eficaces, basados en una combinación de gasto
público, reforma institucional y participación. Uno de ellos podría ser
una reforma agraria negociada, respaldada por intervenciones públicas en
favor de los pequeños agricultores, como ha ocurrido en el Brasil
nororiental y en Filipinas. Otro consiste en aumentar la tasa de
matrícula femenina, por ejemplo, ofreciendo recursos en efectivo y
alimentos a las niñas que van a la escuela, como se ha hecho en
Bangladesh, Brasil y México, y contratando más personal docente
femenino, como en Pakistán. Un tercer mecanismo es el apoyo a los planes
de microcrédito para las mujeres pobres.
Llevar la infraestructura y los conocimientos a las zonas pobres, tanto
rurales como urbanas. Se requiere también una intervención especial en
las zonas pobres, en las que la combinación de falta de activos -en el
plano comunitario o regional- puede deteriorar las perspectivas
materiales de los pobres. Para abordar este problema se requiere una vez
más apoyo público y una serie de planteamientos institucionales y
basados en la participación. Hay que llevar a las zonas pobres y remotas
la infraestructura social y económica, en particular los servicios de
transporte, telecomunicaciones, enseñanza, salud y electricidad, como en
los programas de China para las áreas pobres. Se precisa también una
amplia iniciativa de servicios urbanos básicos en los barrios de
tugurios, en el contexto de una estrategia urbana general. Es también
importante ampliar el acceso de las aldeas pobres a la información, para
que puedan participar en los mercados y supervisar el gobierno local.
De la estrategia a la acción: Empoderamiento
Establecimiento de las bases políticas y jurídicas para un desarrollo
basado en la integración
Creación de administraciones públicas que fomenten el crecimiento y la
equidad
Promoción de una descentralización integradora y del desarrollo
comunitario
Fomento de la equidad entre el hombre y la mujer
Superación de las barreras sociales
Respaldo del patrimonio social de los pobres
El potencial de crecimiento económico y de reducción de la pobreza
depende en buena medida del Estado y de las instituciones sociales. Las
intervenciones para mejorar su funcionamiento contribuyen tanto al
crecimiento como a la equidad, ya que reducen las trabas burocráticas y
sociales a la actividad económica y a la ascensión social. No obstante,
para formular y aplicar estos cambios se requiere una decidida voluntad
política, sobre todo cuando los cambios representan un fuerte desafío
para los valores sociales o los intereses sólidamente arraigados. El
Estado puede hacer mucho para influir en el debate público con el fin de
lograr un mayor reconocimiento de los beneficios sociales de una acción
pública en favor de los pobres y recabar apoyo político para esas
actuaciones.
Establecimiento de las bases políticas y jurídicas para un desarrollo
basado en la integración. Las instituciones estatales deben dar muestras
de apertura y de responsabilidad hacia todos. Ello significa que deben
contar con instituciones transparentes, con mecanismos democráticos y
participativos para la toma de decisiones y la supervisión de su
cumplimiento, respaldados por un ordenamiento jurídico que fomente el
crecimiento económico y promueva la igualdad ante la ley. Como los
pobres carecen de los recursos y de la información necesarios para tener
acceso al sistema jurídico, medidas como la asistencia letrada y la
difusión de información sobre los procedimientos judiciales -por
ejemplo, la ofrecida por la organización Ain-O-Salish Kendra (ASK) en
Bangladesh- son instrumentos especialmente eficaces para crear
mecanismos legales más integradores y responsables.
Creación de administraciones públicas que fomenten el crecimiento y la
equidad. Las administraciones públicas que son capaces de adoptar
políticas con eficiencia y sin necesidad de recurrir a la corrupción o
el hostigamiento mejoran la prestación de servicios del sector público y
facilitan el crecimiento del sector privado. Para conseguir unas
administraciones públicas responsables y atentas a las necesidades de
los usuarios hay que incentivar adecuadamente el desempeño. Por ejemplo,
el acceso a la información sobre los presupuestos, los mecanismos de
presupuestación basados en la participación y la calificación del
desempeño de los servicios públicos son otros tantos medios que ayudan a
los ciudadanos a modificar y supervisar el comportamiento del sector
público, al mismo tiempo que reducen las oportunidades y el alcance de
la corrupción. La reforma de las administraciones públicas y otros
organismos, como la policía, para hacerlas más responsables y atentas a
las necesidades de los pobres pueden tener importantes efectos en su
vida diaria.
Promoción de una descentralización integradora y del desarrollo
comunitario. La descentralización puede conseguir un mayor acercamiento
entre los organismos que ofrecen servicios y las comunidades y personas
pobres, lo que podría permitir a éstas un mayor control de los servicios
a los que tienen derecho. Para ello, habrá que fortalecer la capacidad
local y la descentralización de los recursos financieros. Es también
preciso adoptar medidas para evitar que el Estado quede en manos de las
minorías privilegiadas. La descentralización debe compaginarse con
mecanismos eficaces de participación popular y de supervisión ciudadana
de los organismos gubernamentales. Como ejemplo cabría señalar una
descentralización que favorezca las decisiones comunitarias acerca de la
utilización de los recursos y la ejecución de los proyectos. Son también
muchas las iniciativas que se pueden adoptar para implicar a las
comunidades y hogares en las actividades sectoriales, como la
intervención de los padres en la escuela y de las asociaciones de
usuarios en los planes de abastecimiento de agua y riego.
Fomento de la equidad entre el hombre y la mujer. La desigualdad en las
relaciones entre sexos forma parte del problema más amplio de la
desigualdad social derivada de las normas y valores aceptados por la
sociedad. No obstante, la igualdad entre el hombre y la mujer reviste
una importancia tan grande que merece tratarse por separado. Si bien la
desigualdad entre uno y otro sexo presenta enormes variantes en las
distintas sociedades, en casi todos los países la mayoría de las mujeres
y niñas se encuentran desfavorecidas en lo que respecta a la
distribución del poder y del control sobre los recursos materiales (en
la mayor parte de los casos, los títulos de propiedad de la tierra se
confieren a los varones), y muchas veces se ven expuestas a situaciones
de inseguridad más graves (por ejemplo, después del fallecimiento de su
esposo). Por ello, las mujeres pobres sufren una doble desventaja.
Además, la falta de autonomía de la mujer tiene importantes
consecuencias negativas para la educación y la salud de los hijos.
La mayor equidad entre los sexos es deseable en sí misma y por sus
importantes beneficios sociales y económicos para la reducción de la
pobreza. Se han conseguido progresos, por ejemplo, en la educación y la
salud, pero es mucho lo que queda todavía por hacer. La experiencia
revela que se necesita una combinación de medidas políticas, jurídicas y
de actuación pública directa. Treinta y dos países, desde la Argentina
hasta la India, han adoptado medidas para promover la representación de
la mujer en las asambleas locales y nacionales, y ello está
transformando ya la capacidad de la mujer de participar en la vida
pública y en la toma de decisiones. Algunos países están corrigiendo las
desigualdades entre sexos con medidas legislativas, como ha ocurrido,
por ejemplo, en la Ley Agraria de Colombia de 1994. El uso de recursos
públicos para subvencionar la educación de las niñas ha demostrado su
rentabilidad en Bangladesh y Pakistán. Una serie de medidas relacionadas
con las actividades productivas, en particular el microfinanciamiento y
los insumos agrícolas, han permitido documentar los beneficios
conseguidos en forma de mayores rendimientos (en Kenya, por ejemplo) y
de mayor autonomía para la mujer y mejor estado de nutrición de los
niños (en Bangladesh y prácticamente en todos los lugares donde se ha
examinado este tema).
Superación de las barreras sociales. Las estructuras e instituciones
sociales forman el marco de las relaciones económicas y políticas y
determinan gran parte de la dinámica que crea y sostiene la pobreza -o
la mitiga. Las estructuras sociales que son excluyentes e injustas, como
la estratificación por clases o la división entre sexos, son importantes
obstáculos a la ascensión social de los pobres. El Estado puede ayudar
en este sentido fomentando el debate sobre las prácticas excluyentes o
las áreas estigmatizadas y respaldando el compromiso y la participación
de los grupos que representan a quienes se ven excluidos de la sociedad.
Se puede ayudar a los grupos desfavorecidos con políticas de
discriminación positiva. La fragmentación social se puede mitigar
integrando a los grupos en foros oficiales y oficiosos y encauzando sus
energías hacia procesos políticos en vez de a enfrentamientos
declarados. Otras medidas podrían ser la eliminación de la
discriminación por razón de etnia, raza y género en la legislación y en
el funcionamiento de los sistemas jurídicos, y el aliento de la
representación y la intervención de la mujer y de los grupos étnicos y
raciales desfavorecidos en las organizaciones comunitarias y nacionales.
Respaldo del patrimonio social de los pobres. Las normas y redes
sociales son una forma de patrimonio que puede ayudar considerablemente
a los necesitados a salir de la pobreza. Por ello, es importante
colaborar con las redes de personas pobres y prestarles apoyo, con el
fin de incrementar su potencial vinculándolas con organizaciones que
puedan hacer de intermediarios, mercados más amplios e instituciones
públicas. Para conseguirlo, hay que mejorar el contexto jurídico,
normativo e institucional de los grupos que representan a los pobres.
Como sus organizaciones suelen ser de alcance local, se necesitarán
también medidas que refuercen su capacidad de influir en la política
estatal y nacional, por ejemplo, poniendo a las organizaciones locales
en contacto con otras de mayor amplitud.
De la estrategia a la acción: Actuaciones internacionales
Oportunidad, Empoderamiento, Seguridad.
En muchos casos, las intervenciones de alcance nacional y local no serán
suficientes si se quiere combatir la pobreza sin demora. Hay muchas
esferas que requieren una actuación de alcance mundial -sobre todo por
parte de los países industriales- para que los países pobres y la
población necesitada del mundo en desarrollo progresen realmente. La
solución estará, en parte, en prestar atención mayor al alivio de la
deuda, y en la decisión paralela de conseguir que la cooperación para el
desarrollo basada en la ayuda sea más eficaz. Igualmente importantes
serán las iniciativas que se puedan adoptar en otras esferas -el
comercio, las vacunas o las medidas para salvar la brecha informática y
en materia de conocimientos que separa a unos países de otros- y que
pueden convertirse en factores de oportunidad, potenciamiento y
seguridad para los pobres.
Oportunidad. Dentro del sistema comercial basado en normas, los países
industriales podrían ofrecer nuevas oportunidades si abrieran más
ampliamente sus mercados a las importaciones de los países pobres, sobre
todo en sectores como la agricultura, las manufacturas con gran
concentración de mano de obra y los servicios. Se ha estimado que las
subvenciones y aranceles de la OCDE provocan en los países en desarrollo
pérdidas anuales de bienestar por valor de casi US$20.000 millones, que
equivalen aproximadamente al 40% de la ayuda ofrecida en 1998. Muchos
países en desarrollo consideran que, mientras que ellos están
liberalizando su régimen comercial, algunas dimensiones fundamentales de
los regímenes comerciales de las naciones ricas los están colocando en
situación de desventaja. Además, los países donantes podrían acrecentar
la capacidad de los países en desarrollo de reducir la pobreza
incrementando las corrientes de ayuda a los países que han adoptado
políticas acertadas con ese fin y financiando, con fondos adicionales en
ayuda de los presupuestos, la Iniciativa reforzada para la reducción de
la deuda de los países pobres muy endeudados.
Empoderamiento. La intervención mundial puede potenciar a las personas y
países pobres en los foros nacionales y mundiales. La ayuda deberá
entregarse de tal manera que garantice una mayor identificación por
parte de los países destinatarios, y debería destinarse cada vez más a
programas de reducción de la pobreza impulsados por los propios países y
orientados a la consecución de resultados, elaborados con la
participación eficaz de la sociedad civil y de representantes del sector
privado. Las personas y los países pobres deberían intervenir más en los
foros internacionales para conseguir que las prioridades, acuerdos y
normas internacionales -por ejemplo, en relación con el comercio y los
derechos de propiedad intelectual- respondan a sus necesidades e
intereses.
Las instituciones financieras internacionales y otras organizaciones
supranacionales deberían continuar esforzándose por lograr la plena
transparencia en sus estrategias y acciones, y mantener un diálogo
constante con las organizaciones de la sociedad civil, en particular las
que representan a los pobres. Las organizaciones internacionales
deberían respaldar también las actuales coaliciones mundiales de
personas pobres para que puedan dejar su impronta en los debates
mundiales. Las iniciativas de las compañías multinacionales, como la
adhesión a las prácticas éticas de inversión y la adopción de códigos
laborales, pueden potenciar también a los grupos pobres.
Seguridad. Se necesitan intervenciones para reducir los riesgos
derivados de las fuerzas internacionales adversas. Conjuntamente con los
gobiernos y el sector privado, las instituciones financieras
internacionales deben reforzar la arquitectura financiera internacional
y mejorar su gestión para reducir la inestabilidad económica, que puede
tener efectos devastadores en los pobres. Los gobiernos de los países
industriales, muchas veces en cooperación con el sector privado, deberán
ofrecer también mayor apoyo a los bienes públicos internacionales, para
la obtención y distribución de vacunas contra el VIH/SIDA, la
tuberculosis y el paludismo, y para la producción y divulgación de los
avances agrícolas aplicables en las zonas tropicales y semiáridas. La
actuación internacional para proteger el medio ambiente puede reducir
los efectos nocivos de la degradación ambiental, que puede ser grave en
algunos países pobres. Finalmente, la comunidad internacional debería
tratar de acabar con los conflictos armados -cuyas principales víctimas
son los pobres- adoptando medidas para reducir el comercio internacional
de armas, promover la paz y respaldar la reconstrucción material y
social una vez finalizados los conflictos.
De la estrategia a la acción: Colaboración en la lucha contra la pobreza
En la estrategia del presente informe se reconoce que la pobreza no es
sólo un problema de falta de ingresos o de desarrollo humano: pobreza es
también vulnerabilidad e incapacidad de hacerse oír, falta de poder y de
representación. Esta concepción multinacional de la pobreza va
acompañada de una mayor complejidad en las estrategias de reducción de
la misma, ya que son más los factores -por ejemplo, las fuerzas sociales
y culturales- que deben tenerse en cuenta.
La manera de hacer frente a esta complejidad es el empoderamiento y la
participación -local, nacional e internacional. Los gobiernos nacionales
deben dar cuenta completa a la ciudadanía acerca del camino de
desarrollo que están siguiendo. Los mecanismos de participación pueden
ofrecer a los hombres y mujeres una oportunidad de expresar su opinión,
especialmente cuando se trata de los pobres y de los segmentos excluidos
de la sociedad. El diseño de los organismos y servicios descentralizados
debe estar en consonancia con las condiciones locales, las estructuras
sociales y el patrimonio y las normas culturales. Finalmente, las
instituciones internacionales deben escuchar y promover los intereses de
los pobres. Estos son los principales protagonistas en la lucha contra
la pobreza, y deben ocupar el primer plano en el diseño, aplicación y
supervisión de las estrategias adoptadas para combatirla.
En esta empresa, el papel que se reserva a los países ricos y a las
organizaciones internacionales es muy importante. Si un país en
desarrollo tiene un programa propio coherente y eficaz de reducción de
la pobreza, deberá recibir decidido apoyo para que pueda ofrecer
servicios de salud y educación a su población, eliminar la indigencia y
la vulnerabilidad. Al mismo tiempo, las fuerzas mundiales deben
encauzarse en favor de las personas y los países pobres, para que no
queden al margen de los avances científicos y médicos. La promoción de
la estabilidad financiera y ambiental mundial -y la reducción de los
obstáculos del mercado a los productos y servicios de los países pobres-
deben formar parte esencial de esa estrategia.
¿Un mundo dividido o un mundo integrado? ¿Un mundo con pobreza o libre
de ella? La adopción de medidas simultáneas en apoyo de la oportunidad,
el empoderamiento y la seguridad puede ofrecer una nueva dinámica en
favor del cambio, capaz de acabar con la privación humana y de crear
sociedades justas que sean al mismo tiempo competitivas y productivas.
Si el mundo en desarrollo y la comunidad internacional suman sus fuerzas
para adjuntar a esta visión unos recursos reales adecuados, tanto
financieros como personales e institucionales -experiencia,
conocimientos e imaginación-, el siglo XXI conocerá un rápido progreso
en la lucha contra la pobreza.
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Jessica Claudia Díaz de León Gómez
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