LA INDUSTRIA EN ANDALUCÍA: EL SECTOR ENERGÉTICO

Autor: Gloria Álvarez

Comercio internacional

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09-2001

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1. Caracterización de la industria andaluza
La industria en la estructura productiva de Andalucía.
La estructura productiva de la economía andaluza se ha caracterizado tradicionalmente por una elevada participación de las actividades agrarias, un sector industrial poco desarrollado y un notable peso de las actividades vinculadas a los servicios. No obstante, en los últimos años se han experimentado importantes cambios en la composición del valor añadido, produciéndose una pérdida de importancia relativa de la agricultura, mientras que se ha incrementado la participación de la construcción y, sobre todo de los servicios.
En Andalucía existe una diferencia importante en el proceso de terciarización respecto a lo ocurrido en el resto de economías más avanzadas, donde ha sido el propio desarrollo industrial el que ha ocasionado la externalización de numerosas actividades, favoreciendo el desarrollo de los servicios.
Entre los principales rasgos que caracterizan la estructura productiva de la economía andaluza destaca, por tanto, la menor entidad del sector industrial, que se pone de manifiesto en la reducida participación relativa en la producción y el empleo regionales.
El Proceso De Industrialización En Andalucía.
La industrialización hasta el plan de estabilización de 1959.
La situación descrita de la industria andaluza no sólo se justifica por la propia dinámica reciente del desarrollo económico de la región, basada en el turismo y las actividades agroalimentarias, sino también por la tardía incorporación de Andalucía al proceso de industrialización que la economía española inicia a finales de los años cincuenta y por las propias características del modelo de industrialización seguido en el país en los años siguientes.
En el siglo XIX se localizaron en la región las primeras industrias siderúrgicas y textiles del país. Ello permitía prever un favorable desarrollo industrial, de hecho, a mediados de siglo Andalucía era, tras Cataluña, la segunda región industrial española. Sin embargo, el proceso de industrialización en estos años no respondió a una verdadera transformación de la estructura social y económica de la región, sino que fue resultado de la inversión de capitales comerciales ante la existencia de determinados costes de oportunidad y una coyuntura económica propicia, lo que explica su escasa integración con el sistema productivo y su rápido desmoronamiento.
Los primeros años del siglo XX se caracterizan por una cierta reactivación de la siderurgia y el sector textil algodonero. Pero esta recuperación no respondía a un proceso de reindustrialización, sino que fue resultado de una situación coyuntural favorable. Durante estos años se fue acentuando además la orientación de la industria andaluza hacia la transformación de productos agrarios.
En los años cincuenta de este siglo se inicia en España una cierta industrialización. La liberalización económica que supuso el Plan de Estabilización de 1959, potenció un mayor desarrollo del sector; sin embargo este fenómeno no se reproduce en el ámbito regional, sino que Andalucía participa en la industrialización española suministrando mando de obra procedente de la agricultura.
La industria en los años sesenta y setenta.
En estos años buena parte del territorio regional se benefició de la aplicación de diversos instrumentos de promoción pública, aunque con desiguales resultados y con actuaciones más vinculadas, en algunos casos, a resolver graves situaciones de desempleo que a sentar unas bases sólidas para el desarrollo de la industria en la región. Los subsectores industriales en los que se basaban estas actuaciones, constituyen, fundamentalmente, industrias básicas y tradicionales, con procesos productivos poco avanzados y escasa modernización relativa en algunos casos, con una débil vinculación a los recursos y a la demanda de la región, y una escasa articulación con el sistema productivo, constituyendo verdaderos enclaves industriales.
Otros rasgos característicos del proceso de industrialización de los años sesenta y setenta, que han afectado a la posición dependiente de la industria andaluza son: la fuerte dependencia de las inversiones extranjeras, que se orientan preferentemente hacia sectores estratégicos y actividades para las que la economía andaluza presenta ciertas ventajas competitivas; y la dependencia del exterior en cuanto a inputs intermedios y tecnología, que constituye un importante obstáculo para la mayor industrialización de la región, en tanto que la escasa capacidad de inversión implica la renovación de los procesos de producción.
Por tanto, en Andalucía, cuya base económica ha sido fundamentalmente agraria, el modelo de desarrollo adoptado en estos años ha significado, en cierta medida, la marginación respecto al proceso de industrialización seguido en España, configurándose una industria desarticulada y subsidiaria de la nacional.
Así, la grave crisis económica de mediados de los setenta afectó muy negativamente al sector industrial andaluz, reduciéndose significativamente su participación en el VAB regional, y destruyéndose un importante volumen de empleo.
Durante esta etapa de recesión se produjeron, además, importantes transformaciones que afectaron al conjunto de la economía andaluza y, particularmente, al sector industrial. Las nuevas tendencias de la demanda y los cambios tecnológico explican las variaciones de la producción y los nuevos requerimientos de factores productivos.
La industria andaluza en la década de los ochenta y primeros años noventa.
La economía andaluza inicia la década de los ochenta en una situación de crisis generalizada. Exceptuando el débil
crecimiento de los servicios, en todos los sectores se produjo una recesión productiva hasta 1985, que valorada en conjunto situaba a la economía andaluza en una posición relativa algo más desfavorable que la española.
Sin embargo, en la segunda mitad de la década, se produce una expansión generalizada de todos los sectores productivos. Andalucía se incorpora, tardíamente, al avanzado ciclo de crecimiento de las economías occidentales, protagonizando un intenso crecimiento por encima de las economías de su entorno.
El inicio de los años noventa supone una nueva inflexión de la actividad económica en el ámbito internacional que, con cierto retraso, ha afectado también a la economía andaluza.
En el sector industrial se pueden distinguir tres etapas claramente diferenciadas. La crisis económica de los primeros años de la década afectó especialmente al sector industrial, que registró importantes pérdidas de empleo y una brusca reducción del VAB, siendo necesario acometer intensos procesos de reconversión.
Durante el período de expansión iniciado a mediados de la década, la industria ha jugado un papel destacado, no sólo porque ha mejorado su situación de debilidad relativa en el sistema productivo andaluz, sino porque se han ido desarrollando actividades dinámicas y con buenas perspectivas de futuro, a la vez que se han producido transformaciones de cierta entidad. Sin embargo, desde 1990, la nueva etapa de bajo crecimiento ha determinado que la aportación de este sector al crecimiento de la economía andaluza haya ido disminuyendo.
La evolución de la industria andaluza, en términos generales, y según se observa en el cuadro 1, no presenta grandes diferencias respecto al conjunto nacional, aunque es importante señalar que si bien la recesión industrial fue más profunda en Andalucía que en el resto del país, también la recuperación del sector ha sido más intensa.
En el período 1980-84 el valor añadido bruto de la industria andaluza experimenta un descenso anual acumulativo en términos reales del 1,4%. La escasa diversificación y la fuerte especialización en sectores tradicionales, que resultaron ser los más sensibles a la crisis, o la mayor competencia internacional y el deterioro del comercio exterior, fueron factores que contribuyeron a agravar la situación en estos años, surgiendo la necesidad de acometer procesos de reconversión con las consiguientes reducciones de la capacidad productiva y del empleo.

CUADRO 1. VAB Industrial. 1985-1990
VAB de cada sector en relación al total (Porcentaje)
En 1985 el sector crece un 9,4% y en los años siguientes esta recuperación va a ser, además, más intensa que la registrada, no sólo a nivel nacional, sino también en los restantes países comunitarios. Desempeñando el sector industrial un papel determinante en la expansión de la economía andaluza. A partir de este año la ocupación industrial aumenta a un ritmo del 3,7% anual que, aun siendo importante, manifiesta que el sector industrial tenía ciertas limitaciones en su capacidad de generación de empleo.
La inversión exterior, por otro lado, también ha sido creciente en el sector industrial en esos años, orientándose preferentemente hacia sectores con cierto grado de especialización y ventajas comparativas.
Desde una perspectiva sectorial, el comportamiento positivo de la segunda mitad de la década se explica por la importante presencia de los sectores con mayor crecimiento a nivel nacional y por la menor presencia de industrias con mayores dificultades para incorporarse a la expansión. Es decir, en estos años la industria andaluza no ha tenido una dinámica propia, sino que se concentra en ramas industriales con gran crecimiento a nivel nacional.
El final de la década, sin embargo, marcó el fin del ciclo expansivo de la industria andaluza, con un cierto retraso respecto a la evolución del sector a nivel internacional. Ello es debido al menos a tres razones:
La debilidad de la demanda interior.
La atonía de la economía internacional, que no ha permitido mejorar el comercio exterior de productos industriales.
El retroceso de la inversión que, si bien durante la segunda mitad de los ochenta había sido determinante en el crecimiento de la producción y el empleo industriales, su desaceleración en los primeros años de la década de los noventa está limitando su consolidación.
2. Rasgos básicos.
La menor importancia relativa de la industria en la estructura productiva andaluza se justifica por la presencia de ciertos factores que, aunque han tenido importantes transformaciones en los últimos años, caracterizan todavía un sector industrial menos desarrollado respecto a otros espacios económicos de su entorno.
Localización.
La industria andaluza está desigualmente distribuida en el territorio, destacando la fuerte concentración en pocas zonas de la región y la existencia de determinados núcleos de especialización.
La mayor concentración industrial se produce en el área occidental, destacando el triángulo constituido por Sevilla, Huelva y Cádiz. En Sevilla se genera el 24,4% del valor añadido de la industria andaluza, su tejido industrial está bastante diversificado, ya que están representadas la mayor parte de las actividades industriales. Huelva constituye, asimismo, una de las principales áreas industriales de la región: genera un 9,8% del valor añadido bruto industrial en 1989. En Cádiz (28% del VAB) destaca el elevado número medio de trabajadores por empresa, debido a la existencia de empresas de gran tamaño. No obstante se caracteriza, asimismo, por la escasa diversificación subsectorial y la elevada concentración espacial de estas actividades.
La provincia de Málaga concentra el 10,7% del valor añadido industrial de la región y el 14,6% del empleo. Lo más destacable en esta provincia es la escasa representatividad de los subsectores energéticos, extractivos, y de producción y transformación de metales, y la importante concentración de industrias perteneciente al subsector eléctrico-electrónico.
En el resto de la región la presencia de actividades industriales es considerablemente menor, aunque no se debe olvidar la existencia de un importante área industrial en Jaén, especialmente en los sectores de la automoción y alimentación y en otros como en la industria farmacéutica y la electrónica.
Especialización productiva.
La aportación de los distintos subsectores al VAB industrial y su comparación con el conjunto nacional, reflejan que la industria andaluza está menos diversificada que la española, concentrando su producción en pocas actividades y manifestando por tanto, una elevada especialización interna.
La distribución subsectorial explica alguna de las características relevantes de la industria andaluza. El cuadro 2 pone de manifiesto la conocida especialización de la industria andaluza en el subsector de alimentación, bebidas y tabaco. Un examen más desagregado pone de manifiesto que la producción de energía es la actividad que aporta más valor añadido al sector industrial (por ello será estudiada con mayor detalle posteriormente), seguida del material de transporte; aceites y grasa vegetales; cementos, cales y yesos; cerveceras; confección; panadería y bollería y bebidas alcohólicas.
Las actividades más escasamente representadas en Andalucía en términos relativos son la fabricación de instrumentos de óptica y precisión, productos farmaceúticos, productos químicos para el consumo final, maquinaria y material eléctrico y electrónico

CUADRO 2. Especialización subsectorial de la industria andaluza.
Indice de especialización.
Tamaño de las empresas.
La industria andaluza presenta un reducido tamaño medio, si se considera el número de ocupados por establecimiento. Así, en 1990, el número medio de empleados por establecimiento industrial en Andalucía era un 22% inferior al promedio nacional, donde la industria emplea a unas 13,4 personas por establecimiento.
Esta baja dimensión media, pone de manifiesto la escasa importancia de grandes empresas industriales en la región y la fuerte proliferación de pequeñas y medianas empresas con tradición familiar y, en muchos casos, de carácter artesanal.
En consonancia con la especialización productiva de la industria andaluza, las mayores dimensiones se dan entre las industrias más vinculadas a los recursos naturales: industrias extractivas de minerales metálicos, producción y primera transformación de metales, e industrias agroalimentarias. Sin embargo, las actividades industriales que requieren un proceso de transformación más avanzado, presentan un tamaño relativamente inferior.
Un aspecto importante a señalar es que los establecimientos de mayor dimensión pertenecen en su inmensa mayoría a empresas de capital exterior o público. Estas características de la propiedad suele tener una correspondencia con el bajo nivel de autonomía de las grandes plantas industriales andaluzas y a la preponderante vinculación productiva con el exterior, lo que caracteriza a la mayoría de los grandes establecimientos industriales andaluces como "industrias de enclave", con escasa vinculación productiva con el entorno, explotadora de recursos naturales, con escasa actividad de I+D y alejada de las decisiones estratégicas de los grupos empresariales a los que pertenecen. Por el contrario, las pequeñas empresas son eminentemente de propiedad regional.
El reducido tamaño medio de los establecimientos industriales se relaciona también con la ineficacia productiva y las dificultades para rentabilizar economías de escala, siendo poco adecuado a las necesidades de competitividad.

CUADRO 3. Tamaño de las Empresas Industriales en función del número de trabajadores.1992
Articulación productiva.
Otro factor que caracteriza a la industria andaluza, es su débil articulación interna y con el resto del sistema productivo de la región.
En términos globales, la capacidad del sector industrial de contribuir al crecimiento general de la economía está en torno a la media de todos los sectores productivos. Sin embargo, existen una serie de ramas industriales, que son las extractivas, producción y primera transformación de metales, energía eléctrica, y refino de petróleo, en las que la capacidad de contribución al crecimiento general de la economía es especialmente elevada, por ello, se puede afirmar que la economía andaluza tiene una gran dependencia de estas producciones industriales. Sin embargo, en general, no existe una buena articulación interna, ya que la economía depende mucho de ellas pero se abastece principalmente del exterior, especialmente en el caso de la producción y primera transformación de metales.
Por otro lado, y en cuanto a la capacidad de generar efectos de arrastre, globalmente la media del sector industrial es algo superior a la del conjunto del sistema productivo, sin que se puedan apreciar grandes diferencias entre las distintas ramas productivas. Tan sólo se pueden destacar el textil, la química básica, las industrias cárnicas, la producción y primera transformación de metales, y los productos químicos para la agricultura, ya que el consumo de bienes intermedios que realiza del resto de las ramas productivas por unidad de producto, es relativamente más elevado. No obstante, se aprecian filtraciones hacia el exterior, dirigiéndose la demanda de inputs intermedios fundamentalmente hacia el resto de España y el extranjero.
Tecnología.
El menor desarrollo tecnológico relativo de las industrias andaluzas se manifiesta, tanto si se considera el grado de incorporación y producción de nuevas tecnologías, como la capacidad de investigación de las empresas. En la industria andaluza es muy limitado el uso de nuevas tecnologías, destacando la escasa producción de innovaciones. Además, esta situación se debe, no sólo a la propia naturaleza de las industrias localizadas en la región, sino también a la escasa inversión que realizan en investigación y desarrollo.
Las empresas con disponibilidad de recursos tecnológicos más avanzados se concentran principalmente en las actividades industriales más tradicionales, destacando entre otras las industrias metalúrgicas y agroalimentarias y, en menor medida, las actividades de electrónica e informática, química, minería y textil.
En cuanto a la producción de tecnología, el reducido número de patentes desarrolladas por la industria andaluza indica que el nivel de innovación tecnológica es muy limitada. En este aspecto, además, se reproduce la concentración en las industrias de larga implantación a la que se ha hecho referencia al analizar la utilización de tecnologías, de manera que el 68,5% de las patentes desarrolladas se han producido en la industria agroalimentaria.
Por otro lado, los recursos destinados a la investigación científica son muy limitados. Aunque la situación relativa es aún más deficiente si nos centramos en la investigación empresarial.
Por último, destacar el papel jugado, durante los últimos años, por la Administración, mediante una intensa política de incentivación de la inversión y modernización tecnológica de Andalucía, y de atracción de capitales foráneos.
Productividad.
La productividad aparente del factor trabajo en la industria andaluza, medida por el valor añadido bruto por ocupado, no presenta, en términos globales, diferencias sustanciales respecto al conjunto de la industria nacional. No obstante, subsectorialmente sí existen fuertes contrastes. Las actividades de extracción y transformación de metales presentan en líneas generales los mayores niveles de productividad en relación con la industria nacional, sobre todo en química.
CUADRO 4. Productividad del Trabajo. 1990
 
En sentido contrario, los menores niveles relativos de productividad corresponden a la mayoría de las denominadas industrias manufactureras y, especialmente, al calzado y cuero, papel y artes gráficas, madera, y al sector textil.
Al igual que ocurre en las industrias nacionales, en Andalucía existen también fuertes diferencias entre los distintos sectores en Andalucía, lo que se explica, por una parte, por las propias características productivas de los distintos sectores y, por otra, por la coexistencia de sectores con ciertos rasgos de modernidad, frente a otros de carácter más artesanal. En este sentido, la industria andaluza presenta mayores niveles de productividad en aquellos sectores en los que está más especializada. Sin embargo, los menores niveles corresponden a las industrias manufactureras, que tienen un peso relativo.
Sector público industrial.
La mayor presencia relativa del sector público respecto al promedio nacional constituye otro rasgo característico del sector industrial en Andalucía.
El sector público de la industria andaluza lo componen, por un lado, un conjunto de empresas públicas estatales y por otro, empresas públicas de titularidad autonómica.
De todas ellas, las empresas del grupo INI-TENEO son las que tienen mayor incidencia sobre la industria andaluza, tanto por el número de trabajadores y volumen de inversiones, como por el importante efecto inducido que algunas de ellas ejercen sobre otras empresas productivas del sector.
Las industrias del grupo INI ubicadas en Andalucía son, en su mayoría, industrias manufactureras. Concretamente, los sectores industriales con mayor presencia son los relacionados con actividades como defensa; construcción naval y reparaciones; y aeronáutico, donde la actuación del sector público se justifica por la necesidad de producir determinados bienes o de realizar inversiones que la empresa privada no puede acometer.
La presencia de estas industrias en Andalucía es importante, no sólo por el empleo que generan en la región, sino también por pertenecer a sectores estratégicos para el desarrollo industrial andaluz y con capacidad de generar efectos inducidos sobre otros sectores.
3. Factores de competitividad.
La industria andaluza presenta una fuerte orientación hacia producciones de demanda media y débil, y una escasa presencia de actividades de demanda creciente. Esta especialización productiva no se corresponde con la tendencia de la industria nacional, que está registrando un mayor desarrollo de las actividades en las que se están produciendo las principales transformaciones productivas a nivel internacional.
La razón de este desajuste entre demanda y producción parece radicar en la existencia de determinadas ventajas competitivas en términos de rentabilidad que explican el comportamiento diferencial de la industria andaluza y su orientación hacia actividades de menor demanda.
La concentración de la industria andaluza en determinadas fases del proceso productivo, limita el desarrollo de las distintas producciones, condicionando, por tanto, su posición competitiva en los mercados.
La actividad industrial en Andalucía se ha ido concentrando en fases poco avanzadas del proceso de transformación, -lo que se relaciona, al menos parcialmente, con la localización de determinados enclaves industriales- y se ha producido también una especialización en actividades generadoras de escaso valor añadido.
Productividad.
En términos de productividad del factor trabajo, los niveles de la industria andaluza son similares a la media de la industria nacional. No obstante, es importante destacar una mayor productividad aparente del trabajo en las andaluzas de extracción y transformación de minerales no energéticos.
Para determinar la situación competitiva de las distintas ramas industriales, es fundamental el análisis de la productividad medida a través del valor añadido por hora trabajada, y su comparación con la situación de la industria nacional, al permitir valorar el nivel de eficiencia productiva respecto a la industria nacional de manera más precisa que la productividad aparente del trabajo.
En 1990 la productividad relativa de la industria andaluza, según este indicador, se sitúa en niveles similares al promedio nacional. La comparación con la situación existente a principio de los años ochenta, sin embargo, pone de manifiesto una posición más desfavorable en este aspecto.
La menor productividad relativa de la industria andaluza entre 1981 y 1990 se justifica por el comportamiento de la división de energía y agua, - particularmente del sector energético-, que reduce en más de un tercio sus niveles de productividad en este periodo, mientras que el resto de las divisiones mantienen unos niveles superiores a los promedios nacionales.
La división de extracción y primera transformación de minerales no energéticos es la de mayor productividad relativa, especialmente, en la producción y primera transformación de metales, y en la industria química.
Junto a éstas, la productividad relativa es mayor en alimentación, bebidas y tabaco, y material de transporte. En la producción de material de transporte, la elevada productividad relativa se origina, especialmente, en la fabricación de aeronaves, y automóviles y sus accesorios, subsectores que han mejorado su posición competitiva en términos de productividad en el período 1980-90.
CUADRO 5. Productividad relativa de la Industria Andaluza 1990 (España = 100) 
Dentro de la división de transformados metálicos, las actividades de maquinaria y material eléctrico y electrónico son, junto con el material de transporte, las únicas que han experimentado ganancias de productividad entre 1981 y 1990.
Los sectores textil, calzado y cuero, papel y artes gráficas, madera y corcho, etc y, en general, la mayor parte de las industrias manufactureras, presentan notables diferencias de productividad respecto a la industria nacional, reflejando una escasa competitividad.
La industria andaluza, por tanto, presenta niveles de productividad relativa similares a los nacionales, reflejando la existencia de ciertas ventajas competitivas, sobre todo en las actividades de producción y primera transformación de metales, industria química, y en algunas ramas de las industrias alimentarias, que constituyen especializaciones de la industria andaluza. Sin embargo, la situación es desfavorable en producciones de demanda fuerte, tales como fabricación de maquinaria y equipos, y material eléctrico y electrónico, que tienen una escasa significación en la estructura industrial andaluza.
Costes de producción.
El análisis de los costes de la industria andaluza pone de manifiesto una estructura similar a la del conjunto de la española: el peso de los consumos intermedios supera el 60% de los costes totales y el 40% restante se dedica a la remuneración de los factores productivos. No obstante, la situación competitiva de la industria andaluza, desde este punto de vista, se ha ido consolidando durante la década de los ochenta: el excedente bruto de explotación sobre la producción bruta se ha ido incrementando, y de manera muy intensa en el último quinquenio, compensando el menor crecimiento de los consumos intermedios.
Costes laborales.
La industria andaluza presenta unos costes de personal por hora trabajada inferiores a los de la nacional. Aparentemente esta situación podría implicar, dependiendo de cada producción concreta, una situación más competitiva de la industria andaluza, pero también menores requerimientos de cualificación del factor trabajo o una cierta concentración en fases poco avanzadas del proceso productivo.
En cuanto a las producciones, el mayor diferencial de costes laborales por hora trabajada se da en la división de energía y agua; sin embargo estas actividades presentan unos costes laborales unitarios superiores a los nacionales, por lo que las ventajas iniciales asociadas a menores salarios nominales desaparecen al ser explotaciones poco productivas.
La división de extracción y transformación de minerales no energéticos presenta, junto a menores costes de personal por hora trabajada, los costes laborales unitarios relativos más bajos del conjunto de la industria andaluza, reflejando, por tanto, una clara posición competitiva, especialmente en siderurgia y primera transformación de hierro y acero.
A nivel subsectorial, la fabricación de maquinaria y equipos constituye la industria con menores costes laborales por hora trabajada respecto a la industria nacional.
Por otro lado, los subsectores alimentación, bebidas y tabaco, y material de transporte son los únicos que mantienen en 1990 unos costes laborales por hora trabajada superiores a los correspondientes en la industria nacional.
CUADRO 6. Costes laborales unitarios relativos de la Industria Andaluza 1990
(España = 100
 
Los menores diferenciales de costes laborales se dan entre las industrias manufactureras, como las ramas de textil y confección, calzado y cuero, y papel y artes gráficas, reflejando que, en algunos casos se trata de producciones correspondientes a las primeras fases de transformación y con una situación competitiva escasamente consolidada. Asimismo, en estas actividades los costes laborales unitarios son relativamente elevados, lo que refleja una mayor intensidad del factor trabajo en estas producciones y una escasa modernización.
Consumos intermedios.
El peso del consumo de bienes intermedios sobre la producción industrial andaluza, que se situaba a principios de la década por encima de los niveles nacionales, se ha reducido notablemente entre 1985 y 1990, situándose incluso por debajo.
Los consumos intermedios son más elevados en aquellas ramas productivas que requieren un menor nivel de transformación, lo cual indica el elevado consumo de materias primas que requieren las primeras fases de los procesos productivos. Especialmente elevada es la significación de los consumos intermedios en aquellas producciones de la industria química y agroalimentaria con menor grado de transformación.
Las industrias manufactureras, que requieren consumos intermedios más costosos conforme se avanza en el proceso productivo, presentan en Andalucía un reducido ratio de consumos intermedios sobre la producción, lo cual refleja de nuevo que en la región se concentran también las primeras fases de estas producciones.
Por tanto, exceptuando algunas industrias manufactureras, la industria andaluza presenta una buena posición competitiva desde el punto de vista de los costes; el excedente de explotación supera al promedio nacional, ya que los costes de personal y los niveles relativos de consumos intermedios son relativamente inferiores.
Inversión.
Las diferencias en cuanto a la inversión realizada en las distintas ramas industriales permiten identificar aquellas industrias que presentan una favorable posición competitiva en los mercados, asociada a mayores niveles de modernización de sus estructuras productivas y, aquellas otras que, en sentido contrario, precisan acometer procesos de renovación para mejorar su posición competitiva.
Considerando globalmente el período 1981-90, la industria andaluza en su conjunto presenta casi el mismo nivel de inversión por unidad de producto que la industria nacional.
No obstante, parece que la mayor intensidad relativa de las inversiones se concentra en el primer quinquenio, mientras que entre 1986 y 1990 la formación bruta de capital por unidad de producto de la industria andaluza es inferior en un 12% respecto a la industria española.
En correspondencia con las ventajas competitivas que se han detectado en la industria andaluza, la mayor intensidad relativa de las inversiones se produce en aquellas actividades que presentan mayores niveles de productividad y rentabilidad. Destacan, de este modo, los niveles de formación bruta de capital por unidad monetaria de producto en minerales metálicos, industria química y fabricación de productos metálicos; mientras que las transformaciones manufactureras, en general, presentan ratios inferiores.
Junto a estas actividades destaca, asimismo, la mayor formación bruta de capital por unidad monetaria de producto de la industria del papel y artes gráficas, lo cual, teniendo en cuenta la débil posición competitiva de estas actividades, hay que vincularlo con los intensos procesos de reconversión que han tenido que realizar estas industrias para incorporar nuevas tecnologías que le permitan incrementar la competitividad de sus productos.
En sentido contrario, la formación bruta de capital por unidad monetaria de producto es relativamente inferior en Andalucía en calzado y cuero, y transformación del caucho, destacando especialmente algunas ramas textiles y alimentarias que han experimentado en 1990 una cierta descapitalización.
Por tanto, se puede concluir que las inversiones en la industria andaluza se dirigen preferentemente hacia las actividades con mayores ventajas competitivas y en algunas otras que han requerido la adaptación a importantes cambios tecnológicos. Además, los sectores con mayores ventajas comparativas y que suponen cierta especialización industrial suelen resultar más atractivos a los inversores extranjeros.
Dimensión de los establecimientos.
En conjunto, la dimensión media de la industria andaluza es notablemente inferior a la nacional. Las mayores dimensiones relativas se dan en aquellas actividades que constituyen una cierta especialización de la estructura industrial de la región y que presentan, además, un mayor nivel competitivo en función de los indicadores analizados anteriormente. Las actividades industriales relativamente menos competitivas presentan, sin embargo, un tamaño relativamente inferior.
No obstante, aunque el reducido tamaño relativo de algunas empresas supone un inconveniente para competir en el mercado y puede explicar las desventajas competitivas de algunas industrias, hay que destacar, asimismo, la existencia de actividades en las que la menor dimensión empresarial no impide producciones competitivas.
Utilización de servicios exteriores.
Este último indicador de competitividad a analizar ha adquirido notable importancia en los últimos años.
El grado de utilización de servicios externos por parte de la industria andaluza en su conjunto durante 1990 es inferior al de la industria nacional, habiéndose incrementado notablemente este diferencial respecto a 1981, debido a la mayor intensidad con que se han ido utilizando estos servicios en la industria nacional. En la industria andaluza, donde también se ha generalizado la utilización de estos servicios en estos años destaca, sin embargo, el descenso en la utilización de servicios de otras empresas en la actividad de energía y agua, que se ha reducido en más de una cuarta parte en este período.
La industria alimentaria, que constituye una clara especialización de la industria andaluza y presenta buenos niveles de competitividad, cuenta con numerosas actividades con una mayor propensión relativa respecto a la industria nacional a utilizar servicios externos de otras empresas, destacando especialmente: molinería, licores, tabacos y bebidas. Asimismo, entre el material de transporte destaca la construcción naval, que también ha presentado ventajas competitivas en 1990, por lo que se puede interpretar que la externalización de servicios guarda una estrecha relación con sus niveles competitivos.
No obstante, algunas actividades textiles pese a los menores niveles competitivos presentan una elevada utilización de servicios externos, por lo que en estos casos, y dada su naturaleza, se podría considerar que no se debe a la contratación de servicios avanzados sino a otro tipo de servicios.
Rentabilidad.
La industria andaluza no presenta grandes diferencias de rentabilidad respecto a la industria nacional; no obstante, durante la década de los ochenta, la rentabilidad (medida a través del Excedente Bruto de Explotación sobre la producción bruta) ha tenido una evolución creciente. Así, entre 1980 y 1990, al igual que en el conjunto nacional, el excedente bruto de explotación sobre la producción bruta se ha ido incrementando, y de manera muy intensa en el último quinquenio. Este proceso, sin embargo, no se ha reproducido en el conjunto nacional, con lo que la participación del excedente bruto de explotación en la producción bruta de la industria andaluza en 1990 supera el promedio de la industria nacional.
Subsectorialmente se observa cómo en 1990 tan solo la industria textil mantiene un excedente bruto por debajo de la media nacional. La especialización de este sector en producciones con baja productividad del trabajo, y el deficiente nivel técnico de los equipamientos explican la reducida rentabilidad, que es especialmente intensa en las actividades de acabados textiles. Las restantes ramas industriales, sin embargo, han mejorado su posición relativa, destacando principalmente material de transporte.
Teniendo en cuenta la rentabilidad de la industria andaluza en función del excedente bruto de explotación por unidad monetaria de producto, se observa, por un lado, que los niveles son similares a los de la industria nacional pero, por otro, y aunque en 1990 la rentabilidad de la industria andaluza es ligeramente superior a la nacional, los niveles de partida en 1981 mostraban una situación aún más ventajosa, lo que no se corresponde con la evolución detectada al considerar el excedente bruto de explotación sobre la producción bruta.
 

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