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UN GOLPE DE ESTADO INTERNACIONAL

Autor: Martín Costa

Comercio internacional

04-2003

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UN GOLPE DE ESTADO INTERNACIONAL

Introducción
Todavía continuamos viendo en nuestras pantallas el show más espectacular en gasto de defensa, la inversión más alta a la ciencia desarrollada y aplicada al arte de matar, destruir y conquistar.
La realidad desborda o sobrepasa lo que se podría predecir, traspasando los marcos del Derecho Internacional Público o de la política internacional, entrando en juego un gran conjunto de variables interdependientes. Se agotan los espacios de negociación y persuasión, se impone la fuerza, borrándose el límite de la razón y la lógica, abriendo la puerta a la locura irracional del uso indiscriminado de la fuerza.
Pasado este conflicto, más allá de las verdaderas causas y si al "ganador" le asiente la razón, se impondrá un nuevo esquema al cual se suscribirán triunfadores y perdedores, dejando a la investigación en las ciencias sociales un espacio para las reivindicaciones.
Es un buen momento para una retrospectiva, para ver si fue previsible este terrible acto, qué rol han jugado y qué responsabilidad les cabe a las principales potencias en la definición de este conflicto.
En estos días en los que se está procesando por distintos canales un gran caudal de información, donde intereses económicos y políticos se encuentran concatenados con factores de poder, vemos que esta abundancia de imágenes parciales sobre la compleja realidad del conflicto no se ve acompasada en la mayoría de los casos con un análisis crítico y fundamentado sobre los hechos. En este marco, donde encontramos una desarticulación del caudal informativo con el conocimiento académico, intentaremos realizar un aporte desde la disciplina de las Relaciones Internacionales en la cual nos estamos formando académicamente, tratando de visualizar las diferentes aristas que han determinado este conflicto, y dejar en claro que en algunos aspectos desde una perspectiva científica no hay lugar para dos bibliotecas.
Partiendo del precepto, que en las Relaciones Internacionales un acto o declaración sin mucho sentido en su contexto cobra una significación más profunda al pasar el tiempo; y que las principales potencias no siempre dejan ver sus intenciones de forma clara o se explicitan de forma muy difusa, es que intentaremos sistematizar, ordenar y analizar como han jugado los diferentes actores en este conflicto
Aclaraciones previas
Nos parece importante dejar en claro que aquí no se abordan enfoques tales como: los intereses e incidencia real de los medios de comunicación, enfoques antropológicos, culturales o religiosos y que solo arribaremos al tema tomando la historia reciente, observando el accionar de las principales potencias de occidente y Asia, sin desarrollar el papel de los países árabes, sus contradicciones u otros juegos de poder, no porque consideremos menores estos enfoques, sino como forma de delimitar el trabajo.
Reconocemos además que en este camino no abordaremos con la profundidad deseada la totalidad de los temas que el conflicto abarca, pues esto implica un trabajo el cual no pretendemos hacer, ya que la temática internacional permite el abordaje de los hechos desde un sinnúmero de perspectivas, haciendo casi imposible hacer un análisis acabado de todos ellas. En este sentido hemos elegido desarrollar las variables que desde nuestro entender han sido las que en mayor medida han determinado el actual conflicto, enfocando este documento desde las diferentes disciplinas que integran las Relaciones Internacionales. Para ello desarrollaremos las siguientes temáticas:
· Análisis desde el Derecho Internacional Público.
· La crisis económica estructural como marco del conflicto.
· Manejo de algunas claves geopolíticas que explican los intereses reales en la zona.
· Las conductas de las principales potencias en los años previos al conflicto de Iraq y su incidencia respecto al desarrollo del mismo.
· Reperfilamiento de Estados Unidos luego de la asunción del Presidente George W. Bush.
Análisis desde una perspectiva teórica
Aproximación teórica
En ocasiones no respetamos los conceptos que encierran las palabras, y hacemos uso y desuso de ellos. Por ejemplo cuando hablamos de Sistema Internacional, debemos aclarar que entendemos al mismo como el conjunto de formas más o menos estables de obrar de los actores y factores que inciden en el ámbito de las relaciones entre las unidades políticas en las cuales se divide el mundo.
Ahora bien, nuestras aspiraciones como un grupo de estudio en Relaciones Internacionales deben ser conocer esas formas de obrar, analizarlas y sistematizarlas de tal forma que podamos advertir la conducta de esos actores con el mayor rigor científico posible. Para ello nos valemos de herramientas teóricas, que son aquellas construcciones conceptuales con las cuales buscamos entender la realidad. Estos modelos teóricos, deben contener fundamentos reales a la hora de ser utilizados y no desear o hacer coincidir forzosamente la realidad con la teoría.
Partiendo desde aquí podemos recurrir a distintos enfoques teóricos, herramientas que nos permiten abordar la disciplina de las Relaciones Internacionales, tan compleja por su interdisciplinariedad y su reciente desarrollo como tal.
La teoría y las contradicciones en el ámbito internacional.
En teoría, la legitimidad de una autoridad en cualquier relación, deriva del proceso voluntario de las partes que la establecen como tal, esto no escapa a las Relaciones Internacionales. En ese marco el relacionamiento se lleva dentro un razonamiento armónico y lineal, apostando a la coordinación y cooperación como conceptos motores de la Organización Internacional, generando un grupo homogéneo a grandes rasgos, donde las partes mantienen su identidad y dotando a una nueva entidad de los instrumentos necesarios para organizar sus relaciones, y desde el precepto básico que ningún miembro del sistema actuaría en contra de los intereses generales de la comunidad que integra. Bajo esta base conceptual se erige la defensa de la actual etapa del Derecho Internacional y de la Organización de Naciones Unidas.
La realidad nos indica que en la dinámica internacional estos preceptos son quebrantados por los propios actores, revelando un juego de poder que se da en forma continua, pero que en ciertos momentos se evidencia de tal manera que sobrepasan y rompen las normas por las cuales se llevan las relaciones, generando un quiebre con el viejo sistema e imponiendo la necesidad de uno nuevo que se condiga con las nuevas correlaciones de poder, de esta manera puede surgir una nueva forma de relacionamiento respecto a la anterior o una reestructuración de los equilibrios internos dentro del viejo sistema.
Históricamente los seres humanos se han agrupado dentro de un espacio territorial determinado, creando distintas organizaciones. Dependiendo de la época en cuestión encontraremos: tribus, hordas, imperios, feudos, ciudades estado, estados nación, etc., cada uno de su manera genera un sistema para su convivencia interna, integrado por normas culturales, religiosas y filosóficas basadas en la reciprocidad, las cuales más tarde tomarán forma jurídica. Estos diferentes “centros de poder independientes” se organizan a partir de "intereses primarios", como son, la identidad del grupo, el mantenimiento de su existencia, su felicidad, un territorio propio que excluye de hecho a otro poder similar, y una organización administrativa y política mínima. Una vez que se afianzan los “intereses primarios” se desarrollan los "intereses secundarios", los cuales se orientan a incrementar la cuota de poder existente en ese momento determinado. En este sentido estos grupos pretenderán –según lo indica la historia- asentar su existencia, conservarse e incrementar el “poder nacional”. Este proceso está estrechamente vinculado al “interés nacional", suma de los intereses individuales de quienes integran el grupo.
El uso de la fuerza en estos sistemas puede darse de dos formas:
1. Un uso restringido en los “sistemas homogéneos”, es decir, aquellos centros de poder que comparten entre sí igual estructura económica, cultural, política, ideológica, pertenencia a una misma Casa Dinástica, esto dependiendo del momento histórico.
2. A través de un “sistema heterogéneo”, al no existir ningún elemento en común entre los actores, se potencia el uso de la fuerza en su relacionamiento, con momentos de coexistencia pacífica en base a normas y en otros en los cuales la coexistencia será insostenible y un centro de poder intentará destruir al otro por todos los medios, partiendo del primitivo y falso concepto que la expansión sobre el otro genera mayor seguridad para el invasor.
Los objetivos de un centro de poder denominados por la teoría como "permanentes" y "coyunturales", pueden procurarse en detrimento de los objetivos y existencia de otro centro de poder, estimulados por lo llamados "objetivos patológicos" como son, la gloria, la sed de dominio o el afán de expansión. (1)
Es en este constante batallar de intereses donde aparecen las contradicciones sistémicas, contradicciones que a efectos académicos podemos distinguir en "antagónicas" y "no antagónicas". Las primeras solo se resuelven con la destrucción de una parte sobre la otra, mientras que las segundas admiten procesos de conciliación (2). En palabras de Spykman podemos decir que se busca aquella forma de equilibrio que, neutralizando a los demás Estados, deje al nuestro en libertad para ser la fuerza y voz que decidan. Es así que en los inicios de este nuevo siglo se mantienen viejas contradicciones y la misma receta: las rebatiñas y pugnas entre las magnas potencias, reconocen un límite tácito e infranqueable: el mantenimiento del régimen.
La verdad histórica nos indica que estas conductas solo pueden ser minimizadas con un sistema jurídico internacional que limite los abusos derivados de los juegos de intereses, generando un marco de seguridad, certeza y justicia, en un relacionamiento más o menos armónico, apostando a la coordinación y cooperación entre los actores, garantizando la continuidad y existencia de la humanidad.
Análisis desde el Derecho Internacional Público.
El análisis que desarrollaremos en esta parte del documento, se circunscribe al estudio de las normas del Derecho Internacional Público, y especialmente en la Carta de la Organización de Naciones Unidas de San Francisco de 1945.
Los Estados han decidido regular sus relaciones internacionales a través del Derecho Internacional Público, vinculando así sus conductas en un marco de justicia, certeza y seguridad individual y colectiva.
Desde el año 1928 con el tratado Briand – Kellog, Estados Unidos conjuntamente con las principales potencias decidieron soberanamente renunciar al recurso de la fuerza como instrumento de política en sus relaciones internacionales, principio fundamental para la supervivencia de la especie humana. Posteriormente éste es recogido en la elaboración de La Carta de las Naciones Unidas incluyéndolo en su artículo 2 inciso 4: “Los miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las Naciones Unidas.”, hay que recordar que el primer y más importante propósito de la misma es: “Mantener la paz y la seguridad internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar amenazas a la paz, para suprimir actos de agresión u otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones internacionales susceptibles de conducir al quebrantamiento de paz”, como lo expresa el artículo 1, inciso 1 de la Carta de Naciones Unidas.
El mismo es recogido también en la Resolución 2625 (XXV) de la Asamblea General de Naciones Unidas de 1970 en su anexo: “El principio de que los Estados, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a la amenaza o uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas.”.
Los Estados han reservado el uso legítimo de la fuerza al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y de forma subsidiaria a la Asamblea General de Naciones Unidas, por lo tanto ningún Estado puede proclamarse gendarme internacional ni otorgarse el uso unilateral de la fuerza, de la razón y la justicia. Muchos menos invocando a un inexistente instituto de Derecho Internacional como lo es la "legítima defensa preventiva".
Lo que sí ampara el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas es la "legítima defensa individual o colectiva", para que sea legítima su aplicación debe ser en respuesta a un previo ataque armado. Entender este instituto de otra forma, llevaría al desarrollo de “guerras preventivas” que no se encuentra amparado por el actual sistema de derecho. La legítima defensa debe de ser proporcional al ataque, de forma de contrarrestar una agresión no provocada. Por lo tanto su aplicación desmedida llevaría consigo a una violación del orden jurídico vigente, el medio empleado debe de ser racional ya que no se trata de aplicar justicia por mano propia ni venganza.
El “jus ad bellium” o “derecho a hacer la guerra”, instituto que se adjudicaron los Estados nacionales para contrarrestar en el plano interno la influencia de los señores feudales durante la Edad Media, donde se desarrollaron guerras “públicas” y “privadas” , “justas” e “injustas”; y en el plano internacional contrarrestar el papel del Papado, que tuvo tres institutos con los cuales ejercía poder en la relaciones internacionales: administración de los “territorios infieles”, “el entredicho” y “la excomulgación”. A partir de 1648 con los tratados de Westfalia que ponen fin a la Guerra de los Treinta Años, los Estados se reconocieron el atributo de soberanía, siendo los titulares de este derecho. No se regulaba de forma colectiva ni centralizada, sino que se realizaba a través de un sistema de auto tutela, en donde cada Estado decidía de forma discrecional su utilización, por lo tanto los excesos no eran tales si los realizaba una potencia principal. Por principios de humanidad se comienza a regular el “derecho aplicable en estado de guerra” o “jus in bellium”. Recién con la Carta de las Naciones Unidas se genera el primer sistema de seguridad colectiva con alcance universal vigente hasta hoy.
En este contexto, la invasión hecha por Estados Unidos al territorio iraquí está fuera del marco legal internacional que regula el uso de la fuerza, esto la convierte en un acto que viola sin lugar a dudas el Derecho Internacional vigente. Sumado a la flagrante violación de los siguientes principios del Derecho Internacional:
1- Respeto de igualdad de derechos entre los Estados, artículo 1, inciso 2 de la Carta de Naciones Unidas; “Fomentar entre las Naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y a la libre determinación de los pueblos, y tomar otras medidas adecuadas para fortalecer la paz universal”.
2- Principio de no intervención en asuntos internos y externos, recogido en el anexo de la resolución 2625 (XXV) de la Asamblea General de las Naciones Unidas; “Ningún Estado o grupos de Estados tiene derecho de intervenir directa o indirectamente, y sea cual fuere el motivo, en los asuntos internos o externos de ningún otro. Por lo tanto, no solamente la intervención armada, sino también cualesquiera otras formas de injerencia o de amenaza atentatoria de la personalidad del Estado, o de los elementos políticos, económicos y culturales que lo constituyen, son violaciones del derecho internacional”.
3- Igualdad soberana de los Estados, resolución 2625 (XXV); “Todos los Estados gozan de igualdad soberana. Tienen iguales derechos e iguales deberes y son por igual miembros de la comunidad internacional, pese a las diferencias de orden económico, social, político o de otra índole”.
4- Libre determinación de los pueblos y de igualdad de derecho recogido en la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 1960; “La sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjeras constituye una denegación de los derechos humanos fundamentales, es contraria a la Carta de Naciones Unidas y compromete a la causa de la paz y de la cooperación mundiales (...) todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación; en virtud de este derecho, determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural”.
5- Derechos Humanos de Tercera Generación; desde 1970 se vienen celebrando declaraciones y conferencias internacionales sobre los derechos humanos de tercera generación entre los cuales se encuentran: el derecho a la paz, el derecho del hombre a vivir en un mundo sin contaminación.
Parafraseando a Arthur Larson, si la intervención a Iraq no es inmediata e inequívocamente condenada como una violación innegable a los principios de Derecho Internacional Público por la totalidad de la comunidad internacional, corremos el peligro que el orden jurídico internacional comience a ser visto como un mero decorado, donde las normas y convenciones en las cuales ha avanzado el sistema internacional pierdan todo sentido.
La crisis económica estructural como marco del conflicto
Es importante relacionar el conflicto en Iraq con la preservación del sistema económico mundial ante la actual crisis económica.
Desde principios del año 2001, el FMI, el Banco Mundial, la O.C.D.E., y otras instituciones, han venido ajustando a la baja las previsiones de crecimiento para las distintas regiones. El 16 de julio de 2001 el Director Gerente del FMI, Horst Kohler ante el Consejo Económico y Social de Naciones Unidas afirmó: “(...) El crecimiento económico está perdiendo ritmo en todo el mundo. Esto supone un retroceso en la lucha contra la pobreza”. Olvidando claramente que en las décadas pasadas mientras la economía mundial crecía, la pobreza lo hacía de igual forma.
 
Crecimiento Económico de las distintas regiones según el Banco Mundial en porcentajes.
 
REGIONES
Diciembre 2000
Marzo 2001
Junio 2001
Setiembre 2001
EE.UU.
3,2
1,7
1,5
1,5
Japón
1,8
1,0
0,6
0,2
Zona Euro
3,4
2,7
2,4
1,9
Sudeste Asiático
7,6
7,6
4,5
4,5
América Latina
4,0
4,0
2,0
2,0
Economía Mundial
4,2
3,4
3,2
2,7
 
Si observamos el cuadro anterior, podemos deducir fácilmente que la economía mundial –sin amenaza terrorista- venía reduciendo su crecimiento a pasos agigantados, y que la actual crisis no es producto del “miedo de los mercados” sino que ésta ya se venía generando dentro de la economía mundial.
Si miramos solo a Estados Unidos, sus índices confirman nuestra afirmación. Antes de los atentados del 11 de setiembre de 2001, su tasa de desocupación creció del 4,2 % en febrero de 2001, al 4,9% en agosto del mismo año y considerando el mismo lapso de tiempo la capacidad industrial utilizada norteamericana cayó del 79 % al 76%. En agosto de 2001 los congresistas demócratas alertaban que había que utilizar fondos de la seguridad social para enfrentar el déficit de 80 mil millones de dólares solo en ese mes.
Podríamos continuar largamente exponiendo índices, como la caída de las importaciones y exportaciones en 13.900 y 9.100 millones de dólares respectivamente, la caída de los índices Dow Jones en 18%, Nasdaq en 66%, la rebaja de los intereses de la Reserva Federal 9 veces en un año para abaratar el dinero, y otras consideraciones que exponen la actual crisis de este modelo económico. Pero el dato más revelador si se quiere, para demostrar que el actual sistema opera invocando a la fe en sí mismo lo ofrece el Banco Mundial, al publicar que las operaciones diarias de divisas se estiman en unos 1.500 millones de dólares, de los cuales el 90 % son puramente especulativos y por lo tanto no representan nada producido, comprado o vendido.
América Latina, Japón y Europa recorren el mismo camino recesivo, y no hay dentro del sistema económico mundial nada que haga avizorar una salida con las herramientas que esta forma de producir riqueza ofrece.
El terrorismo no origina sino que profundiza esta crisis. Lo que avanzaba inexorablemente, ahora se precipita de forma abrupta y la humanidad debe enfrentar tres problemas, los cuales se alimentan entre sí: el terrorismo, la guerra y la crisis económica.
Se nos hace muy difícil explicar desde una perspectiva crítica los instrumentos de los cuales se vale el Sistema Monetario y Financiero Internacional prescindiendo de sus categorías de análisis. Es por ello que advertimos que lo que continúa es una exposición teórica que utiliza categorías de análisis del sistema que intentamos explicar, y supone la existencia de variables que la teoría las hace previsibles y la realidad las convierte en incontrolables. Así buscamos entender la realidad, partiendo de modelos de análisis que la contemplan, pero nunca en su totalidad.
El modelo supone que la existencia de una economía con superávit tiene como contrapartida otra con déficit, de esta manera la suma de los déficit de las economías es compensado por la suma de los superávit, siendo estos últimos los que financian los desequilibrios de los primeros. El secreto está en la habilidad de mantener los desajustes controlables, allí se maximizan las ganancias para los acreedores que recuperan sus prestamos con intereses, pagados por los tomadores de estos, los cuales a su vez sufren condicionamientos a su desarrollo perpetuando este sistema. La interdependencia de la economía internacional genera las condiciones por las cuales, los desajustes externos desorbitados constituyen una amenaza al sistema todo, ya que se ingresa al peligroso terreno en el cual los deudores (tomadores de préstamos para financiar sus déficit) no puede afrontar sus obligaciones, y de esta manera se generan crisis económicas locales. El impacto de ellas en la economía mundial dependerá de la magnitud de la economía en cuestión. (3)
Si bien podemos concluir que tanto los déficit como lo superávit en cuenta corriente pueden ser negativos para los equilibrios deseados, es conveniente estar en la segunda condición, porque siendo prestamista una economía no se enfrenta con límite alguno del mercado y puede posponer el ajuste externo indefinidamente siempre y cuando esto no suponga poner en riesgo el sistema.
Ahora bien, este sería el marco por el cual el conflicto en Iraq cobraría menos sentido económico, dado que la economía norteamericana es la mayor deudora (deuda externa 2.071.269 millones de dólares, 20% de su PBI, 2,8 veces más que la deuda de América Latina), y al mismo tiempo la mayor prestamista. Por lo cual una economía mundial resentida por la guerra y la inexistencia de nuevos mercados que puedan absorber su producción, indican que un conflicto armado que en el corto plazo sería un dinamizador artificial de la economía, en el largo plazo no solo no contribuye a mejorarla, sino que por el contrario la llevaría a una crisis aún mayor.
Un dato que confirma esta última afirmación lo constituye la reducción en términos relativos del peso en el PBI del gasto militar, aunque en términos absolutos se halla incrementado. Como lo señala El País de Uruguay del 24 de noviembre de 2002:“(..) la última vez que Estados Unidos realmente se movilizo para un conflicto fue en la segunda guerra mundial.(..) Los costos fueron enormes. En 1944, el gasto federal total representó el 44% del PBI, habiendo llegado el gasto militar al 38 % del PBI. En su propio país, los estadounidenses necesitaron cupones de racionamiento para adquirir carne, nafta y otros bienes de primera necesidad. (...) En la guerra de Corea, el presupuesto de defensa alcanzó un nivel equivalente al 14 % del PBI en 1953, (...) los gastos en defensa en la Guerra de Vietnam llegaron sólo al 9,4 % PBI en 1968. (...) Los gastos actuales de defensa se sitúan en aproximadamente 350 mil millones de dólares anuales. Es mucho dinero, aunque en una económica que produce más de 10 billones por año, no resulta demasiado pesado. Es apenas un poco más de 3 % del PBI...”
Por otro lado, es común en estos días escuchar los siguientes argumentos que intentan desvincular la persecución de intereses con la intervención estadounidense en la zona: “si Estados Unidos lo que quiere es petróleo para su economía, ¿por qué no imprime dólares y lo compra?” o “siendo Estados Unidos el dueño del comercio mundial, ¿qué objeto tendría la invasión como medio económico en si?”.
Intentaremos realizar una comparación histórica con el fin de entender la realidad actual y refutar estas afirmaciones.
Los gastos de la incursión militar de Estados Unidos en Vietnam, sumado a los gastos de los programas presidenciales de desarrollo de la educación entre otros factores, marcaron que los indicadores de la economía norteamericana de fines de los 60 e inicios de los 70 fueran muy parecidos a los que hoy posee. Esta crisis económica de Estados Unidos se veía condicionada en su salida al Sistema Monetario Internacional impuesto en Bretton Woods. A grandes rasgos el sistema de Bretton Woods buscó hacer estable la economía mundial atando el precio de las monedas fuertes al dólar, y el del dólar al oro, (35 dólares la onza), así se buscó y consiguió cierta estabilidad en los precios que repercutió en la estabilidad del comercio mundial. Pero como siempre el capital desconocedor de sistemas estabilizadores interpretó la realidad del momento y la agravó en su beneficio. Fue así que la especulación golpeó al sistema, viendo el proceso inflacionario y la expansión monetaria de 1967 en Estados Unidos se realizó un traspaso de la demanda monetaria hacia el oro y hacia monedas más fuertes tales como el Marco Alemán. Así comenzó la muerte del sistema Bretton Woods ya que se rompieron los vínculos entre las monedas.
En 1968 luego de las elecciones, el aumento de los impuestos en Estados Unidos produjo una nueva recesión que tuvo su auge en 1970, acompañado de un nuevo proceso inflacionario. La Balanza de Pagos norteamericana de 1971 y sus resultados adversos fueron el promotor de la compra privada de Marcos Alemanes, es decir se abandona el dólar y se pasa al Marco (similar a lo que comienza a ocurrir hoy con el abandono de la zona dólar hacia la zona euro). El 4 de mayo de 1971 el Bundesbank tuvo que comprar 1.000 millones de dólares para mantener su tipo de cambio respecto al dólar, al día siguiente hizo lo mismo para luego dejar flotar su moneda libremente. Todo indicaba que el dólar debía devaluarse, era insostenible, el desempleo en Estados Unidos era alto, la única salida dentro del sistema económico era abaratarse respecto del resto del mundo.
La devaluación del dólar respecto a las principales monedas suponía un acuerdo multilateral por el cual el resto del mundo debía encarecerse variando el tipo de cambio respecto al dólar. Esto fue imposible por lo cual lo que no se hizo por derecho, se consiguió de hecho. El 15 de agosto de 1971 el Presidente Nixon anunció que su gobierno no vendería más oro y que todas las importaciones de Estados Unidos se grabarían con un 10% hasta que sus socios exportadores variasen su tipo de cambio respecto al dólar, también congeló precios y salarios para controlar la inflación.
En diciembre de 1971 se consiguió el acuerdo de revaluación de las monedas respecto del dólar y se suprimió el 10% de cargo a las importaciones. Poco duró este acuerdo, los malos indicadores de la economía norteamericana junto a una política monetaria expansiva hacían necesaria una nueva devaluación real del dólar, fortaleciendo al Yen y al Marco Alemán, esto constituyó el entierro del sistema Bretton Woods.
Este breve repaso del sistema monetario internacional encierra por si solo la explicación que imposibilita a Estados Unidos imprimir Dólares. Aquella crisis de los 70 hoy es mucho más grave desde el punto de vista económico, ya que las políticas para salir de ella se encuentra aún más condicionadas por la existencia de una zona euro, con un Banco Central Europeo que le reclama a la Reserva Federal Norteamericana mayor eficiencia en sus políticas macroeconómicas, zona la cual ha atraído transacciones comerciales y cuya estabilidad es una amenaza para que se supone la economía más fuerte.
Es importante mencionar además, que la realidad indica que más del 50 % del comercio mundial pertenece a empresas transnacionales, que poco entienden de equilibrios internos y externos, y mucho entienden de tasas de rentabilidad y optimización de factores. Estas empresas tienen como fronteras los límites de la orbe y sus movimientos son un factor de inestabilidad en sí mismos. Constituyendo un poder fuera del control gubernamental, pues ellas no responden a las políticas estatales de país alguno y solo se mueven con el fin de maximizar sus ganancias.
Manejo de algunas claves geopolíticas que explican los intereses reales en la zona.
La zona del Cercano Oriente reserva recursos minerales de gran valor energético para la humanidad, por la pureza y la dimensión de las reservas de petróleo. En Iraq se hallan 112.000 millones barriles, con una producción de 2.500.000 barriles diarios, a su vez Arabia Saudita posee unas reservas de 245.000 millones de barriles, con una producción de 10.000.0000 barriles diarios. Todos estas riquezas convierten a esta zona en un botín tentador para una potencia hegemónica con intenciones de perpetuarse como tal.
A lo largo de la historia, Estados Unidos han demostrado su interés y preocupación por el dominio de esta área del planeta. En la década de los 80, frente a la desestabilización que existía en Cercano Oriente a los ojos de Estados Unidos, el Presidente Jimmy Carter lanzó la llamada “Doctrina Carter”, en la cual estableció claramente la posición de la Casa Blanca: “Cualquier tentativa de un poder hostil encaminado a lograr el control sobre el Golfo Pérsico será considerado un ataque sobre los intereses vitales de los Estados Unidos y por tanto repelido por todos los medios necesarios, incluido la acción militar”.
Como lo menciona el Profesor Quagliotti de Bellis (1986): “(...) el Sr. Robert Pelletrau (Secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Cercano Oriente), planteó enfáticamente, lo que consideraba las dos iniciativas mayores de la política exterior de Estados Unidos en esa zona. Expresó: “Hoy existen pocas zonas en el mundo como el Cercano Oriente, donde convergen tantos intereses importantes de Estados Unidos. Permítanme enumerar algunas de las cuestiones que nos mantienen ocupados:
· asegurar la paz árabe - israelí,
· preservar la seguridad y bienestar de Israel,
· garantizar el flujo de petróleo del Golfo,
· contener las amenazas de Irán, Iraq y Libia,
· combatir al terrorismo,
· frenar la proliferación de armas de destrucción en masa,
· lograr el acceso para las empresas estadounidenses,
· fomentar regímenes políticos y económicos más abiertos”. (4)
En la más reciente expresión geopolítica estadounidense se destaca el pensamiento del citado Brzezinski, quien en su libro “El nuevo tablero mundial: la supremacía estadounidense y sus imperativos geoestratégicos”, editado en 1997, dedica gran parte de sus páginas a reflexionar respecto a la zona de Oriente Cercano. En la página 61 señala: “Mediante la explotación de la hostilidad religiosa al “American way of life” y aprovechando el conflicto árabe - israelí, el fundamentalismo islámico podría socavar a varios gobiernos pro-occidentales de Oriente Medio y llegar a amenazar los intereses regionales estadounidenses, especialmente en el Golfo Pérsico. Sin embargo, sin una cohesión política y en ausencia de un Estado islámico verdaderamente poderoso, una amenaza proveniente del fundamentalismo islámico carecería de un núcleo geopolítico y sería por lo tanto más susceptible de expresarse a través de una violencia difusa.””.
En esta zona no solo se ponen en juego el dominio sobre el suministro del “oro negro” ubicado bajo su territorio, sino que como lo señala Brzezinski es un camino de acceso para Estados Unidos al Mar Caspio, una de las reservas más importante de recursos minerales que comprende aproximadamente 171.000 kilómetros cuadrados.
“Si los principales gasoductos y oleoductos de la región siguen pasando a través del territorio ruso hasta el centro de distribución ruso sobre el mar Negro en Novorossiysk, las consecuencias políticas de ello se harán sentir, incluso sin ningún juego de poder abierto por parte de Rusia. En ese caso, la región seguirá siendo una dependencia política de Rusia, y Moscú estará en una posición lo suficientemente fuerte como para decidir cómo deben compartirse sus nuevas riquezas. Por el contrario, si otros gasoductos y oleoductos cruzan el mar Caspio hasta Azerbaiyán y de allí se dirigen hacia el Mediterráneo a través de Turquía y si alguno llega hasta el mar de Arabia a través de Afganistán, no habrá una única potencia que monopolice el acceso a los recursos”.
Se desprende de estos textos, que la invasión sobre el territorio Iraquí no es una acción generada por las causas que esgrime la administración Bush en la actualidad, por el contrario ésta ya estaba proyectada dentro de los objetivos geopolíticos de la Casa Blanca, partiendo de un análisis simple que reconoce su vulnerabilidad en cuanto al auto - suministro de petróleo. Según el informe de la National Energy Policy Development “la dependencia estadounidense del exterior en su provisión de petróleo, debería pasar del 52% del consumo total en el 2001, al 66% en el 2002, un 60% más de petróleo que en la actualidad, pasando así de 10,4 millones de barriles diarios a unos 16,7 millones. La única manera de lograr ese objetivo consiste en persuadir a los proveedores extranjeros de que aumenten su producción y vendan aún más a Estados Unidos”. Las reservas propias que se calculan en 26.600 millones de barriles sin contar las posibles existencias en Alaska, solo le aseguran aproximadamente cuatro años de abastecimiento.
Otro “objetivo consiste en aumentar la diversidad geográfica de las importaciones estadounidenses, a fin de reducir las consecuencias económicas de futuros sobresaltos en una región inestable. La concentración de la producción petrolífera en una sola región del mundo puede contribuir a la inestabilidad del mercado, explica el informe. En consecuencia la diversificación de las fuentes de abastecimientos es de primordial importancia.”.

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Martín Costa

Diego Machado, Jerónimo Reyes.

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