UN GOLPE DE ESTADO INTERNACIONAL
Introducción
Todavía continuamos viendo en nuestras pantallas el show más
espectacular en gasto de defensa, la inversión más alta a la ciencia
desarrollada y aplicada al arte de matar, destruir y conquistar.
La realidad desborda o sobrepasa lo que se podría predecir, traspasando
los marcos del Derecho Internacional Público o de la política
internacional, entrando en juego un gran conjunto de variables
interdependientes. Se agotan los espacios de negociación y persuasión,
se impone la fuerza, borrándose el límite de la razón y la lógica,
abriendo la puerta a la locura irracional del uso indiscriminado de la
fuerza.
Pasado este conflicto, más allá de las verdaderas causas y si al
"ganador" le asiente la razón, se impondrá un nuevo esquema al cual se
suscribirán triunfadores y perdedores, dejando a la investigación en las
ciencias sociales un espacio para las reivindicaciones.
Es un buen momento para una retrospectiva, para ver si fue previsible
este terrible acto, qué rol han jugado y qué responsabilidad les cabe a
las principales potencias en la definición de este conflicto.
En estos días en los que se está procesando por distintos canales un
gran caudal de información, donde intereses económicos y políticos se
encuentran concatenados con factores de poder, vemos que esta abundancia
de imágenes parciales sobre la compleja realidad del conflicto no se ve
acompasada en la mayoría de los casos con un análisis crítico y
fundamentado sobre los hechos. En este marco, donde encontramos una
desarticulación del caudal informativo con el conocimiento académico,
intentaremos realizar un aporte desde la disciplina de las Relaciones
Internacionales en la cual nos estamos formando académicamente, tratando
de visualizar las diferentes aristas que han determinado este conflicto,
y dejar en claro que en algunos aspectos desde una perspectiva
científica no hay lugar para dos bibliotecas.
Partiendo del precepto, que en las Relaciones Internacionales un acto o
declaración sin mucho sentido en su contexto cobra una significación más
profunda al pasar el tiempo; y que las principales potencias no siempre
dejan ver sus intenciones de forma clara o se explicitan de forma muy
difusa, es que intentaremos sistematizar, ordenar y analizar como han
jugado los diferentes actores en este conflicto
Aclaraciones previas
Nos parece importante dejar en claro que aquí no se abordan enfoques
tales como: los intereses e incidencia real de los medios de
comunicación, enfoques antropológicos, culturales o religiosos y que
solo arribaremos al tema tomando la historia reciente, observando el
accionar de las principales potencias de occidente y Asia, sin
desarrollar el papel de los países árabes, sus contradicciones u otros
juegos de poder, no porque consideremos menores estos enfoques, sino
como forma de delimitar el trabajo.
Reconocemos además que en este camino no abordaremos con la profundidad
deseada la totalidad de los temas que el conflicto abarca, pues esto
implica un trabajo el cual no pretendemos hacer, ya que la temática
internacional permite el abordaje de los hechos desde un sinnúmero de
perspectivas, haciendo casi imposible hacer un análisis acabado de todos
ellas. En este sentido hemos elegido desarrollar las variables que desde
nuestro entender han sido las que en mayor medida han determinado el
actual conflicto, enfocando este documento desde las diferentes
disciplinas que integran las Relaciones Internacionales. Para ello
desarrollaremos las siguientes temáticas:
· Análisis desde el Derecho Internacional Público.
· La crisis económica estructural como marco del conflicto.
· Manejo de algunas claves geopolíticas que explican los intereses
reales en la zona.
· Las conductas de las principales potencias en los años previos al
conflicto de Iraq y su incidencia respecto al desarrollo del mismo.
· Reperfilamiento de Estados Unidos luego de la asunción del Presidente
George W. Bush.
Análisis desde una perspectiva teórica
Aproximación teórica
En ocasiones no respetamos los conceptos que encierran las palabras, y
hacemos uso y desuso de ellos. Por ejemplo cuando hablamos de Sistema
Internacional, debemos aclarar que entendemos al mismo como el conjunto
de formas más o menos estables de obrar de los actores y factores que
inciden en el ámbito de las relaciones entre las unidades políticas en
las cuales se divide el mundo.
Ahora bien, nuestras aspiraciones como un grupo de estudio en Relaciones
Internacionales deben ser conocer esas formas de obrar, analizarlas y
sistematizarlas de tal forma que podamos advertir la conducta de esos
actores con el mayor rigor científico posible. Para ello nos valemos de
herramientas teóricas, que son aquellas construcciones conceptuales con
las cuales buscamos entender la realidad. Estos modelos teóricos, deben
contener fundamentos reales a la hora de ser utilizados y no desear o
hacer coincidir forzosamente la realidad con la teoría.
Partiendo desde aquí podemos recurrir a distintos enfoques teóricos,
herramientas que nos permiten abordar la disciplina de las Relaciones
Internacionales, tan compleja por su interdisciplinariedad y su reciente
desarrollo como tal.
La teoría y las contradicciones en el ámbito internacional.
En teoría, la legitimidad de una autoridad en cualquier relación, deriva
del proceso voluntario de las partes que la establecen como tal, esto no
escapa a las Relaciones Internacionales. En ese marco el relacionamiento
se lleva dentro un razonamiento armónico y lineal, apostando a la
coordinación y cooperación como conceptos motores de la Organización
Internacional, generando un grupo homogéneo a grandes rasgos, donde las
partes mantienen su identidad y dotando a una nueva entidad de los
instrumentos necesarios para organizar sus relaciones, y desde el
precepto básico que ningún miembro del sistema actuaría en contra de los
intereses generales de la comunidad que integra. Bajo esta base
conceptual se erige la defensa de la actual etapa del Derecho
Internacional y de la Organización de Naciones Unidas.
La realidad nos indica que en la dinámica internacional estos preceptos
son quebrantados por los propios actores, revelando un juego de poder
que se da en forma continua, pero que en ciertos momentos se evidencia
de tal manera que sobrepasan y rompen las normas por las cuales se
llevan las relaciones, generando un quiebre con el viejo sistema e
imponiendo la necesidad de uno nuevo que se condiga con las nuevas
correlaciones de poder, de esta manera puede surgir una nueva forma de
relacionamiento respecto a la anterior o una reestructuración de los
equilibrios internos dentro del viejo sistema.
Históricamente los seres humanos se han agrupado dentro de un espacio
territorial determinado, creando distintas organizaciones. Dependiendo
de la época en cuestión encontraremos: tribus, hordas, imperios, feudos,
ciudades estado, estados nación, etc., cada uno de su manera genera un
sistema para su convivencia interna, integrado por normas culturales,
religiosas y filosóficas basadas en la reciprocidad, las cuales más
tarde tomarán forma jurídica. Estos diferentes “centros de poder
independientes” se organizan a partir de "intereses primarios", como
son, la identidad del grupo, el mantenimiento de su existencia, su
felicidad, un territorio propio que excluye de hecho a otro poder
similar, y una organización administrativa y política mínima. Una vez
que se afianzan los “intereses primarios” se desarrollan los "intereses
secundarios", los cuales se orientan a incrementar la cuota de poder
existente en ese momento determinado. En este sentido estos grupos
pretenderán –según lo indica la historia- asentar su existencia,
conservarse e incrementar el “poder nacional”. Este proceso está
estrechamente vinculado al “interés nacional", suma de los intereses
individuales de quienes integran el grupo.
El uso de la fuerza en estos sistemas puede darse de dos formas:
1. Un uso restringido en los “sistemas homogéneos”, es decir, aquellos
centros de poder que comparten entre sí igual estructura económica,
cultural, política, ideológica, pertenencia a una misma Casa Dinástica,
esto dependiendo del momento histórico.
2. A través de un “sistema heterogéneo”, al no existir ningún elemento
en común entre los actores, se potencia el uso de la fuerza en su
relacionamiento, con momentos de coexistencia pacífica en base a normas
y en otros en los cuales la coexistencia será insostenible y un centro
de poder intentará destruir al otro por todos los medios, partiendo del
primitivo y falso concepto que la expansión sobre el otro genera mayor
seguridad para el invasor.
Los objetivos de un centro de poder denominados por la teoría como
"permanentes" y "coyunturales", pueden procurarse en detrimento de los
objetivos y existencia de otro centro de poder, estimulados por lo
llamados "objetivos patológicos" como son, la gloria, la sed de dominio
o el afán de expansión. (1)
Es en este constante batallar de intereses donde aparecen las
contradicciones sistémicas, contradicciones que a efectos académicos
podemos distinguir en "antagónicas" y "no antagónicas". Las primeras
solo se resuelven con la destrucción de una parte sobre la otra,
mientras que las segundas admiten procesos de conciliación (2). En
palabras de Spykman podemos decir que se busca aquella forma de
equilibrio que, neutralizando a los demás Estados, deje al nuestro en
libertad para ser la fuerza y voz que decidan. Es así que en los inicios
de este nuevo siglo se mantienen viejas contradicciones y la misma
receta: las rebatiñas y pugnas entre las magnas potencias, reconocen un
límite tácito e infranqueable: el mantenimiento del régimen.
La verdad histórica nos indica que estas conductas solo pueden ser
minimizadas con un sistema jurídico internacional que limite los abusos
derivados de los juegos de intereses, generando un marco de seguridad,
certeza y justicia, en un relacionamiento más o menos armónico,
apostando a la coordinación y cooperación entre los actores,
garantizando la continuidad y existencia de la humanidad.
Análisis desde el Derecho Internacional Público.
El análisis que desarrollaremos en esta parte del documento, se
circunscribe al estudio de las normas del Derecho Internacional Público,
y especialmente en la Carta de la Organización de Naciones Unidas de San
Francisco de 1945.
Los Estados han decidido regular sus relaciones internacionales a través
del Derecho Internacional Público, vinculando así sus conductas en un
marco de justicia, certeza y seguridad individual y colectiva.
Desde el año 1928 con el tratado Briand – Kellog, Estados Unidos
conjuntamente con las principales potencias decidieron soberanamente
renunciar al recurso de la fuerza como instrumento de política en sus
relaciones internacionales, principio fundamental para la supervivencia
de la especie humana. Posteriormente éste es recogido en la elaboración
de La Carta de las Naciones Unidas incluyéndolo en su artículo 2 inciso
4: “Los miembros de la Organización, en sus relaciones internacionales,
se abstendrán de recurrir a la amenaza o al uso de la fuerza contra la
integridad territorial o la independencia política de cualquier Estado,
o en cualquier otra forma incompatible con los Propósitos de las
Naciones Unidas.”, hay que recordar que el primer y más importante
propósito de la misma es: “Mantener la paz y la seguridad
internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para
prevenir y eliminar amenazas a la paz, para suprimir actos de agresión u
otros quebrantamientos de la paz; y lograr por medios pacíficos, y de
conformidad con los principios de la justicia y del derecho
internacional, el ajuste o arreglo de controversias o situaciones
internacionales susceptibles de conducir al quebrantamiento de paz”,
como lo expresa el artículo 1, inciso 1 de la Carta de Naciones Unidas.
El mismo es recogido también en la Resolución 2625 (XXV) de la Asamblea
General de Naciones Unidas de 1970 en su anexo: “El principio de que los
Estados, en sus relaciones internacionales, se abstendrán de recurrir a
la amenaza o uso de la fuerza contra la integridad territorial o la
independencia política de cualquier Estado, o en cualquier otra forma
incompatible con los propósitos de las Naciones Unidas.”.
Los Estados han reservado el uso legítimo de la fuerza al Consejo de
Seguridad de Naciones Unidas, y de forma subsidiaria a la Asamblea
General de Naciones Unidas, por lo tanto ningún Estado puede proclamarse
gendarme internacional ni otorgarse el uso unilateral de la fuerza, de
la razón y la justicia. Muchos menos invocando a un inexistente
instituto de Derecho Internacional como lo es la "legítima defensa
preventiva".
Lo que sí ampara el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas es la
"legítima defensa individual o colectiva", para que sea legítima su
aplicación debe ser en respuesta a un previo ataque armado. Entender
este instituto de otra forma, llevaría al desarrollo de “guerras
preventivas” que no se encuentra amparado por el actual sistema de
derecho. La legítima defensa debe de ser proporcional al ataque, de
forma de contrarrestar una agresión no provocada. Por lo tanto su
aplicación desmedida llevaría consigo a una violación del orden jurídico
vigente, el medio empleado debe de ser racional ya que no se trata de
aplicar justicia por mano propia ni venganza.
El “jus ad bellium” o “derecho a hacer la guerra”, instituto que se
adjudicaron los Estados nacionales para contrarrestar en el plano
interno la influencia de los señores feudales durante la Edad Media,
donde se desarrollaron guerras “públicas” y “privadas” , “justas” e
“injustas”; y en el plano internacional contrarrestar el papel del
Papado, que tuvo tres institutos con los cuales ejercía poder en la
relaciones internacionales: administración de los “territorios
infieles”, “el entredicho” y “la excomulgación”. A partir de 1648 con
los tratados de Westfalia que ponen fin a la Guerra de los Treinta Años,
los Estados se reconocieron el atributo de soberanía, siendo los
titulares de este derecho. No se regulaba de forma colectiva ni
centralizada, sino que se realizaba a través de un sistema de auto
tutela, en donde cada Estado decidía de forma discrecional su
utilización, por lo tanto los excesos no eran tales si los realizaba una
potencia principal. Por principios de humanidad se comienza a regular el
“derecho aplicable en estado de guerra” o “jus in bellium”. Recién con
la Carta de las Naciones Unidas se genera el primer sistema de seguridad
colectiva con alcance universal vigente hasta hoy.
En este contexto, la invasión hecha por Estados Unidos al territorio
iraquí está fuera del marco legal internacional que regula el uso de la
fuerza, esto la convierte en un acto que viola sin lugar a dudas el
Derecho Internacional vigente. Sumado a la flagrante violación de los
siguientes principios del Derecho Internacional:
1- Respeto de igualdad de derechos entre los Estados, artículo 1, inciso
2 de la Carta de Naciones Unidas; “Fomentar entre las Naciones
relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad
de derechos y a la libre determinación de los pueblos, y tomar otras
medidas adecuadas para fortalecer la paz universal”.
2- Principio de no intervención en asuntos internos y externos, recogido
en el anexo de la resolución 2625 (XXV) de la Asamblea General de las
Naciones Unidas; “Ningún Estado o grupos de Estados tiene derecho de
intervenir directa o indirectamente, y sea cual fuere el motivo, en los
asuntos internos o externos de ningún otro. Por lo tanto, no solamente
la intervención armada, sino también cualesquiera otras formas de
injerencia o de amenaza atentatoria de la personalidad del Estado, o de
los elementos políticos, económicos y culturales que lo constituyen, son
violaciones del derecho internacional”.
3- Igualdad soberana de los Estados, resolución 2625 (XXV); “Todos los
Estados gozan de igualdad soberana. Tienen iguales derechos e iguales
deberes y son por igual miembros de la comunidad internacional, pese a
las diferencias de orden económico, social, político o de otra índole”.
4- Libre determinación de los pueblos y de igualdad de derecho recogido
en la resolución 1514 (XV) de la Asamblea General de las Naciones Unidas
de 1960; “La sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y
explotación extranjeras constituye una denegación de los derechos
humanos fundamentales, es contraria a la Carta de Naciones Unidas y
compromete a la causa de la paz y de la cooperación mundiales (...)
todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación; en virtud de
este derecho, determinan libremente su condición política y persiguen
libremente su desarrollo económico, social y cultural”.
5- Derechos Humanos de Tercera Generación; desde 1970 se vienen
celebrando declaraciones y conferencias internacionales sobre los
derechos humanos de tercera generación entre los cuales se encuentran:
el derecho a la paz, el derecho del hombre a vivir en un mundo sin
contaminación.
Parafraseando a Arthur Larson, si la intervención a Iraq no es inmediata
e inequívocamente condenada como una violación innegable a los
principios de Derecho Internacional Público por la totalidad de la
comunidad internacional, corremos el peligro que el orden jurídico
internacional comience a ser visto como un mero decorado, donde las
normas y convenciones en las cuales ha avanzado el sistema internacional
pierdan todo sentido.
La crisis económica estructural como marco del conflicto
Es importante relacionar el conflicto en Iraq con la preservación del
sistema económico mundial ante la actual crisis económica.
Desde principios del año 2001, el FMI, el Banco Mundial, la O.C.D.E., y
otras instituciones, han venido ajustando a la baja las previsiones de
crecimiento para las distintas regiones. El 16 de julio de 2001 el
Director Gerente del FMI, Horst Kohler ante el Consejo Económico y
Social de Naciones Unidas afirmó: “(...) El crecimiento económico está
perdiendo ritmo en todo el mundo. Esto supone un retroceso en la lucha
contra la pobreza”. Olvidando claramente que en las décadas pasadas
mientras la economía mundial crecía, la pobreza lo hacía de igual forma.
Crecimiento Económico de las distintas regiones según el Banco Mundial
en porcentajes.
REGIONES
Diciembre 2000
Marzo 2001
Junio 2001
Setiembre 2001
EE.UU.
3,2
1,7
1,5
1,5
Japón
1,8
1,0
0,6
0,2
Zona Euro
3,4
2,7
2,4
1,9
Sudeste Asiático
7,6
7,6
4,5
4,5
América Latina
4,0
4,0
2,0
2,0
Economía Mundial
4,2
3,4
3,2
2,7
Si observamos el cuadro anterior, podemos deducir fácilmente que la
economía mundial –sin amenaza terrorista- venía reduciendo su
crecimiento a pasos agigantados, y que la actual crisis no es producto
del “miedo de los mercados” sino que ésta ya se venía generando dentro
de la economía mundial.
Si miramos solo a Estados Unidos, sus índices confirman nuestra
afirmación. Antes de los atentados del 11 de setiembre de 2001, su tasa
de desocupación creció del 4,2 % en febrero de 2001, al 4,9% en agosto
del mismo año y considerando el mismo lapso de tiempo la capacidad
industrial utilizada norteamericana cayó del 79 % al 76%. En agosto de
2001 los congresistas demócratas alertaban que había que utilizar fondos
de la seguridad social para enfrentar el déficit de 80 mil millones de
dólares solo en ese mes.
Podríamos continuar largamente exponiendo índices, como la caída de las
importaciones y exportaciones en 13.900 y 9.100 millones de dólares
respectivamente, la caída de los índices Dow Jones en 18%, Nasdaq en
66%, la rebaja de los intereses de la Reserva Federal 9 veces en un año
para abaratar el dinero, y otras consideraciones que exponen la actual
crisis de este modelo económico. Pero el dato más revelador si se
quiere, para demostrar que el actual sistema opera invocando a la fe en
sí mismo lo ofrece el Banco Mundial, al publicar que las operaciones
diarias de divisas se estiman en unos 1.500 millones de dólares, de los
cuales el 90 % son puramente especulativos y por lo tanto no representan
nada producido, comprado o vendido.
América Latina, Japón y Europa recorren el mismo camino recesivo, y no
hay dentro del sistema económico mundial nada que haga avizorar una
salida con las herramientas que esta forma de producir riqueza ofrece.
El terrorismo no origina sino que profundiza esta crisis. Lo que
avanzaba inexorablemente, ahora se precipita de forma abrupta y la
humanidad debe enfrentar tres problemas, los cuales se alimentan entre
sí: el terrorismo, la guerra y la crisis económica.
Se nos hace muy difícil explicar desde una perspectiva crítica los
instrumentos de los cuales se vale el Sistema Monetario y Financiero
Internacional prescindiendo de sus categorías de análisis. Es por ello
que advertimos que lo que continúa es una exposición teórica que utiliza
categorías de análisis del sistema que intentamos explicar, y supone la
existencia de variables que la teoría las hace previsibles y la realidad
las convierte en incontrolables. Así buscamos entender la realidad,
partiendo de modelos de análisis que la contemplan, pero nunca en su
totalidad.
El modelo supone que la existencia de una economía con superávit tiene
como contrapartida otra con déficit, de esta manera la suma de los
déficit de las economías es compensado por la suma de los superávit,
siendo estos últimos los que financian los desequilibrios de los
primeros. El secreto está en la habilidad de mantener los desajustes
controlables, allí se maximizan las ganancias para los acreedores que
recuperan sus prestamos con intereses, pagados por los tomadores de
estos, los cuales a su vez sufren condicionamientos a su desarrollo
perpetuando este sistema. La interdependencia de la economía
internacional genera las condiciones por las cuales, los desajustes
externos desorbitados constituyen una amenaza al sistema todo, ya que se
ingresa al peligroso terreno en el cual los deudores (tomadores de
préstamos para financiar sus déficit) no puede afrontar sus
obligaciones, y de esta manera se generan crisis económicas locales. El
impacto de ellas en la economía mundial dependerá de la magnitud de la
economía en cuestión. (3)
Si bien podemos concluir que tanto los déficit como lo superávit en
cuenta corriente pueden ser negativos para los equilibrios deseados, es
conveniente estar en la segunda condición, porque siendo prestamista una
economía no se enfrenta con límite alguno del mercado y puede posponer
el ajuste externo indefinidamente siempre y cuando esto no suponga poner
en riesgo el sistema.
Ahora bien, este sería el marco por el cual el conflicto en Iraq
cobraría menos sentido económico, dado que la economía norteamericana es
la mayor deudora (deuda externa 2.071.269 millones de dólares, 20% de su
PBI, 2,8 veces más que la deuda de América Latina), y al mismo tiempo la
mayor prestamista. Por lo cual una economía mundial resentida por la
guerra y la inexistencia de nuevos mercados que puedan absorber su
producción, indican que un conflicto armado que en el corto plazo sería
un dinamizador artificial de la economía, en el largo plazo no solo no
contribuye a mejorarla, sino que por el contrario la llevaría a una
crisis aún mayor.
Un dato que confirma esta última afirmación lo constituye la reducción
en términos relativos del peso en el PBI del gasto militar, aunque en
términos absolutos se halla incrementado. Como lo señala El País de
Uruguay del 24 de noviembre de 2002:“(..) la última vez que Estados
Unidos realmente se movilizo para un conflicto fue en la segunda guerra
mundial.(..) Los costos fueron enormes. En 1944, el gasto federal total
representó el 44% del PBI, habiendo llegado el gasto militar al 38 % del
PBI. En su propio país, los estadounidenses necesitaron cupones de
racionamiento para adquirir carne, nafta y otros bienes de primera
necesidad. (...) En la guerra de Corea, el presupuesto de defensa
alcanzó un nivel equivalente al 14 % del PBI en 1953, (...) los gastos
en defensa en la Guerra de Vietnam llegaron sólo al 9,4 % PBI en 1968.
(...) Los gastos actuales de defensa se sitúan en aproximadamente 350
mil millones de dólares anuales. Es mucho dinero, aunque en una
económica que produce más de 10 billones por año, no resulta demasiado
pesado. Es apenas un poco más de 3 % del PBI...”
Por otro lado, es común en estos días escuchar los siguientes argumentos
que intentan desvincular la persecución de intereses con la intervención
estadounidense en la zona: “si Estados Unidos lo que quiere es petróleo
para su economía, ¿por qué no imprime dólares y lo compra?” o “siendo
Estados Unidos el dueño del comercio mundial, ¿qué objeto tendría la
invasión como medio económico en si?”.
Intentaremos realizar una comparación histórica con el fin de entender
la realidad actual y refutar estas afirmaciones.
Los gastos de la incursión militar de Estados Unidos en Vietnam, sumado
a los gastos de los programas presidenciales de desarrollo de la
educación entre otros factores, marcaron que los indicadores de la
economía norteamericana de fines de los 60 e inicios de los 70 fueran
muy parecidos a los que hoy posee. Esta crisis económica de Estados
Unidos se veía condicionada en su salida al Sistema Monetario
Internacional impuesto en Bretton Woods. A grandes rasgos el sistema de
Bretton Woods buscó hacer estable la economía mundial atando el precio
de las monedas fuertes al dólar, y el del dólar al oro, (35 dólares la
onza), así se buscó y consiguió cierta estabilidad en los precios que
repercutió en la estabilidad del comercio mundial. Pero como siempre el
capital desconocedor de sistemas estabilizadores interpretó la realidad
del momento y la agravó en su beneficio. Fue así que la especulación
golpeó al sistema, viendo el proceso inflacionario y la expansión
monetaria de 1967 en Estados Unidos se realizó un traspaso de la demanda
monetaria hacia el oro y hacia monedas más fuertes tales como el Marco
Alemán. Así comenzó la muerte del sistema Bretton Woods ya que se
rompieron los vínculos entre las monedas.
En 1968 luego de las elecciones, el aumento de los impuestos en Estados
Unidos produjo una nueva recesión que tuvo su auge en 1970, acompañado
de un nuevo proceso inflacionario. La Balanza de Pagos norteamericana de
1971 y sus resultados adversos fueron el promotor de la compra privada
de Marcos Alemanes, es decir se abandona el dólar y se pasa al Marco
(similar a lo que comienza a ocurrir hoy con el abandono de la zona
dólar hacia la zona euro). El 4 de mayo de 1971 el Bundesbank tuvo que
comprar 1.000 millones de dólares para mantener su tipo de cambio
respecto al dólar, al día siguiente hizo lo mismo para luego dejar
flotar su moneda libremente. Todo indicaba que el dólar debía
devaluarse, era insostenible, el desempleo en Estados Unidos era alto,
la única salida dentro del sistema económico era abaratarse respecto del
resto del mundo.
La devaluación del dólar respecto a las principales monedas suponía un
acuerdo multilateral por el cual el resto del mundo debía encarecerse
variando el tipo de cambio respecto al dólar. Esto fue imposible por lo
cual lo que no se hizo por derecho, se consiguió de hecho. El 15 de
agosto de 1971 el Presidente Nixon anunció que su gobierno no vendería
más oro y que todas las importaciones de Estados Unidos se grabarían con
un 10% hasta que sus socios exportadores variasen su tipo de cambio
respecto al dólar, también congeló precios y salarios para controlar la
inflación.
En diciembre de 1971 se consiguió el acuerdo de revaluación de las
monedas respecto del dólar y se suprimió el 10% de cargo a las
importaciones. Poco duró este acuerdo, los malos indicadores de la
economía norteamericana junto a una política monetaria expansiva hacían
necesaria una nueva devaluación real del dólar, fortaleciendo al Yen y
al Marco Alemán, esto constituyó el entierro del sistema Bretton Woods.
Este breve repaso del sistema monetario internacional encierra por si
solo la explicación que imposibilita a Estados Unidos imprimir Dólares.
Aquella crisis de los 70 hoy es mucho más grave desde el punto de vista
económico, ya que las políticas para salir de ella se encuentra aún más
condicionadas por la existencia de una zona euro, con un Banco Central
Europeo que le reclama a la Reserva Federal Norteamericana mayor
eficiencia en sus políticas macroeconómicas, zona la cual ha atraído
transacciones comerciales y cuya estabilidad es una amenaza para que se
supone la economía más fuerte.
Es importante mencionar además, que la realidad indica que más del 50 %
del comercio mundial pertenece a empresas transnacionales, que poco
entienden de equilibrios internos y externos, y mucho entienden de tasas
de rentabilidad y optimización de factores. Estas empresas tienen como
fronteras los límites de la orbe y sus movimientos son un factor de
inestabilidad en sí mismos. Constituyendo un poder fuera del control
gubernamental, pues ellas no responden a las políticas estatales de país
alguno y solo se mueven con el fin de maximizar sus ganancias.
Manejo de algunas claves geopolíticas que explican los intereses reales
en la zona.
La zona del Cercano Oriente reserva recursos minerales de gran valor
energético para la humanidad, por la pureza y la dimensión de las
reservas de petróleo. En Iraq se hallan 112.000 millones barriles, con
una producción de 2.500.000 barriles diarios, a su vez Arabia Saudita
posee unas reservas de 245.000 millones de barriles, con una producción
de 10.000.0000 barriles diarios. Todos estas riquezas convierten a esta
zona en un botín tentador para una potencia hegemónica con intenciones
de perpetuarse como tal.
A lo largo de la historia, Estados Unidos han demostrado su interés y
preocupación por el dominio de esta área del planeta. En la década de
los 80, frente a la desestabilización que existía en Cercano Oriente a
los ojos de Estados Unidos, el Presidente Jimmy Carter lanzó la llamada
“Doctrina Carter”, en la cual estableció claramente la posición de la
Casa Blanca: “Cualquier tentativa de un poder hostil encaminado a lograr
el control sobre el Golfo Pérsico será considerado un ataque sobre los
intereses vitales de los Estados Unidos y por tanto repelido por todos
los medios necesarios, incluido la acción militar”.
Como lo menciona el Profesor Quagliotti de Bellis (1986): “(...) el Sr.
Robert Pelletrau (Secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Cercano
Oriente), planteó enfáticamente, lo que consideraba las dos iniciativas
mayores de la política exterior de Estados Unidos en esa zona. Expresó:
“Hoy existen pocas zonas en el mundo como el Cercano Oriente, donde
convergen tantos intereses importantes de Estados Unidos. Permítanme
enumerar algunas de las cuestiones que nos mantienen ocupados:
· asegurar la paz árabe - israelí,
· preservar la seguridad y bienestar de Israel,
· garantizar el flujo de petróleo del Golfo,
· contener las amenazas de Irán, Iraq y Libia,
· combatir al terrorismo,
· frenar la proliferación de armas de destrucción en masa,
· lograr el acceso para las empresas estadounidenses,
· fomentar regímenes políticos y económicos más abiertos”. (4)
En la más reciente expresión geopolítica estadounidense se destaca el
pensamiento del citado Brzezinski, quien en su libro “El nuevo tablero
mundial: la supremacía estadounidense y sus imperativos
geoestratégicos”, editado en 1997, dedica gran parte de sus páginas a
reflexionar respecto a la zona de Oriente Cercano. En la página 61
señala: “Mediante la explotación de la hostilidad religiosa al “American
way of life” y aprovechando el conflicto árabe - israelí, el
fundamentalismo islámico podría socavar a varios gobiernos
pro-occidentales de Oriente Medio y llegar a amenazar los intereses
regionales estadounidenses, especialmente en el Golfo Pérsico. Sin
embargo, sin una cohesión política y en ausencia de un Estado islámico
verdaderamente poderoso, una amenaza proveniente del fundamentalismo
islámico carecería de un núcleo geopolítico y sería por lo tanto más
susceptible de expresarse a través de una violencia difusa.””.
En esta zona no solo se ponen en juego el dominio sobre el suministro
del “oro negro” ubicado bajo su territorio, sino que como lo señala
Brzezinski es un camino de acceso para Estados Unidos al Mar Caspio, una
de las reservas más importante de recursos minerales que comprende
aproximadamente 171.000 kilómetros cuadrados.
“Si los principales gasoductos y oleoductos de la región siguen pasando
a través del territorio ruso hasta el centro de distribución ruso sobre
el mar Negro en Novorossiysk, las consecuencias políticas de ello se
harán sentir, incluso sin ningún juego de poder abierto por parte de
Rusia. En ese caso, la región seguirá siendo una dependencia política de
Rusia, y Moscú estará en una posición lo suficientemente fuerte como
para decidir cómo deben compartirse sus nuevas riquezas. Por el
contrario, si otros gasoductos y oleoductos cruzan el mar Caspio hasta
Azerbaiyán y de allí se dirigen hacia el Mediterráneo a través de
Turquía y si alguno llega hasta el mar de Arabia a través de Afganistán,
no habrá una única potencia que monopolice el acceso a los recursos”.
Se desprende de estos textos, que la invasión sobre el territorio Iraquí
no es una acción generada por las causas que esgrime la administración
Bush en la actualidad, por el contrario ésta ya estaba proyectada dentro
de los objetivos geopolíticos de la Casa Blanca, partiendo de un
análisis simple que reconoce su vulnerabilidad en cuanto al auto -
suministro de petróleo. Según el informe de la National Energy Policy
Development “la dependencia estadounidense del exterior en su provisión
de petróleo, debería pasar del 52% del consumo total en el 2001, al 66%
en el 2002, un 60% más de petróleo que en la actualidad, pasando así de
10,4 millones de barriles diarios a unos 16,7 millones. La única manera
de lograr ese objetivo consiste en persuadir a los proveedores
extranjeros de que aumenten su producción y vendan aún más a Estados
Unidos”. Las reservas propias que se calculan en 26.600 millones de
barriles sin contar las posibles existencias en Alaska, solo le aseguran
aproximadamente cuatro años de abastecimiento.
Otro “objetivo consiste en aumentar la diversidad geográfica de las
importaciones estadounidenses, a fin de reducir las consecuencias
económicas de futuros sobresaltos en una región inestable. La
concentración de la producción petrolífera en una sola región del mundo
puede contribuir a la inestabilidad del mercado, explica el informe. En
consecuencia la diversificación de las fuentes de abastecimientos es de
primordial importancia.”.
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Diego Machado, Jerónimo Reyes.
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