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II. LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN EN EL CENTRO DEL DEBATE
II.1. ¿Quiénes son los dueños de la comunicación?
Cuando hablamos de globalización, se piensa en un conjunto de relaciones
económicas, políticas y sociales que han modificado sustancialmente a la
estructura mundial.
Donde más claramente se nota estos cambios son en los medios masivos de
comunicación, a partir de los avances tecnológicos y de las
modificaciones políticas y económicas operadas en el nivel mundial.
La globalización en lo comunicacional se revela como una tendencia hacia
el establecimiento de una cultura global.
Mensajes masivos, uniformes, estandarizados son recibidos en el mismo
momento por personas diferentes, en distintos lugares del mundo. Esto
provoca que la función originaria de la comunicación social, la de
transmitir los mensajes generados por miembros de una comunidad, se
pervierta. Hoy los mensajes son generados y manipulados en un lugar
ajeno, por personas ajenas y con intereses ajenos a la comunidad que los
recibe. Esto se evidencia aún más en los países periféricos, como es el
caso de la Argentina.
En relación con este tema se está produciendo un vertiginoso proceso de
centralización y monopolización de los medios de comunicación, han
pasado de tener un rol estratégico, convirtiéndose en el área al que
apuntan las mayores inversiones económicas.
Para resguardar nuestra identidad social y cultural dentro de un mundo
globalizado, es necesario comprender y utilizar los avances
tecnológicos, de acuerdo a nuestros propios intereses.
Otro tema ligado a este es la creciente influencia de los medios en la
sociedad, en la política y en las instituciones.
Los medios están cumpliendo funciones que deberían ejercer las
instituciones. Las crisis de las representaciones políticas y sociales,
el repliegue del estado han llevado a que la gente encuentre en ellos un
canal válido para expresar sus inquietudes y necesidades. Esto se puede
comprobar con la aparición de numerosos programas que se encargan de
“escuchar” y “ayudar” a las personas, como ser “Causa Común”, “Hablemos
Claro”, “De Amor y Moria”, etc.
Muchas veces es a través de los medios que se instalan los temas de la
agenda política, pero estos surgen, a veces, desde el poder, otras de la
comunidad que recurren a ellos para realizar sus reclamos y otras,
incluso, surgen de los propios medios por motivos empresariales.
El circuito mediático está conformado por las empresas, los medios y el
público. Las empresas generan mensajes, pero reciben presiones del poder
económico y del poder político; el público recibe esos mensajes ya
manipulados, pero genera, al mismo tiempo, demandas a través del
consumo. Y, por último, los medios a través de los cuales se transmiten
estos mensajes tampoco son neutros.
Es notorio que existe un proceso de monopolización, mediante el cual
grandes empresas están absorbiendo a los pequeños medios. Los medios
masivos de comunicación tienen cada vez mayor poder y tienen una
influencia creciente en la vida política nacional.
En la Argentina se advierte que grandes capitales transnacionales
asociados a empresarios argentinos han comprado y siguen comprando
canales de televisión, ondas de radio, diarios y revistas. La llamada
“industria de la cultura”, esto es, la explotación comercial de los
recursos de la comunicación, se convirtió en una de las más atractivas
inversiones de capital y, consecuentemente, grandes corporaciones
multinacionales pasaron a ser propietarias de redes de comunicación y de
empresas que fabrican equipamiento para las mismas.
En 1997, se produce una verdadera avalancha de fusiones y compras de
empresas del más diverso tipo. Entre ellas, se destacan las empresas del
área de comunicación: se realizaron unas ciento cuarenta adquisiciones y
fusiones, que en la mayoría de los casos corresponde a capitales
extranjeros.
De este modo, grandes grupos económicos como el Citicorp, Telefónica
Internacional o el Grupo Clarín, han concentrado un gran número de
canales abiertos y de cable, radios, diarios y sistemas de telefonía.
Del total de compras y fusiones realizadas en 1997, se puede obtener la
siguiente discriminación en la concentración de capital en millones de
pesos:
El grupo CEI-Citicorp adquirió:
18,3% de Cointel (con lo que suma un 50% del total)
35% de TyC
64% de Cablevisión/TCI
100% de Mandeville
55% de VCC
40% del grupo Federal de Comunicaciones, comprende: Telefé, Productora
Federal, Editorial Atlántida y Radio Continental.
El grupo Clarín compró:
22,5% de Multicanal
100% de UIA
45% de Fintelco/VCC
Supercanal Holding se fusionaron con Grupo Uno y compraron:
100% de UIH
100% de Tescorp
entre el 20% y el 100% del Diario La República
El grupo Prime Television -de Australia-: compró
100% de Canal 9
Además, el Poder Ejecutivo, ha firmado dos decretos por los cuales
autoriza la licitación de la frecuencia del canal estatal ATC.
Con la movida que hizo el CEI se convirtió en el competidor del Grupo
Clarín, su circunstancial socio antes de que Citircorp vendiera el 22,5%
que poseía en Multicanal a Telefónica Internacional, partner del CEI en
Cointel y de Clarín en Multicanal. Telefónica Internacional tiene el 47%
de Multicanal.
La mayoría accionaria de este MSO (Multi Systems Operator) está en manos
del Grupo Clarín (52,2%). Actualmente Multicanal es el MSO más poderoso
del país
Los monopolios tienden a sustituir el diálogo social, uniformizan,
diluyen y lesionan la identidad al no respetar las diversidades. Sin
duda el principal problema que plantea la globalización se relaciona
directamente con los monopolios y los oligopolios informáticos.
Por un lado la concentración mediática provoca una merma en las
programaciones locales, en detrimento de la difusión de la cultura y las
tradiciones de cada comunidad. Por el otro, el avance de la
centralización ha puesto en riesgo numerosas fuentes de trabajo de
técnicos, empleados y profesionales de los medios de esos poblaciones.
Los medios masivos de comunicación son parte constitutiva de la vida
política y su influencia crece junto a la vida democrática; es por ello
que se necesita una legislación con normas claras para no dejar a los
medios a los avatares de las reglas del mercado. El resultado del
proceso de centralización y concentración monopólica ha dejado reducido
a dos corporaciones como únicos propietarios de la mayoría de las
empresas que operan los medios masivos de comunicación. La opinión
pública, la vida democrática, dependen de la mediación que realizan
estas corporaciones en el procesamiento de la reproducción de la
información y los valores culturales de la sociedad.
“La libertad y la igualdad de oportunidades a la difusión debe estar
protegida de la voracidad del mercado, que en su lógica dineraria lleva
a la crematística como valor supremo y a la exclusión de aquellas
opciones que no participen del mismo”.
II.2. Los medios de comunicación social como agentes socializadores.
Todos nos comunicamos; comunicarse es una de esas experiencias
sustancialmente humanas que asumimos como parte de nuestra
cotidianeidad. Al pensar el fenómeno de la comunicación, frecuentemente
nos encontramos con definiciones confrontadas, nociones contradictorias
y bastantes significativas.
Comunicarse suele ser vincularse, poner en común, compartir,
intercambiar. La comunicación asumida como un trabajo específico o
relacionado con alguna otra tarea de tipo cultural suele transformarse
en producción de mensajes, manejo de instrumentos o canales, estrategias
informativas.
Hoy en día, los medios de comunicación constituyen una herramienta
persuasiva que nos permiten mantenernos en continua comunicación con los
distintos sucesos sociales, económicos y políticos tanto a escala
nacional como internacional. Las sociedades modernas se encuentran
permanentemente en comunicación; en ellas, los medios tienen el poder de
conectar las partes dispersas en el todo, desempeñando un papel
importante en la promoción cultural y la formación. Su acción aumenta en
importancia por razón de los progresos técnicos, de la amplitud y la
diversidad de las noticias transmitidas.
Un medio de comunicación es una institución que produce y reproduce una
realidad pública, y como dice Mauro Wolf en su obra “Los efectos
sociales de los medias”, los medios no solo transmiten información sobre
la realidad sino que también plasman la realidad del contexto social
político. Estos especialistas pueden transformar cualquier hecho real en
la materia prima de un mensaje-noticia, en un producto, que a su vez
pasa a alimentar el circuito de la información.
La noticia tiene un sentido y una función que se ha hecho imprescindible
como vínculo social e intersubjetivo que permita reunir la pluralidad
cultural de los miembros de una comunidad, y generar una historia común,
una identidad y un discurso propio en el que puedan reconocerse.
“Los medios masivos de comunicación son un poderoso medio de
socialización, a la par de la familia, la escuela y el trabajo, que
modelan los sentimientos, las creencias, entrenan los sentidos, ayudan a
formar la imaginación social; en síntesis, fomentan y facilitan ciertas
construcciones mentales por donde transcurre luego el pensamiento de las
personas en sociedad”.
La comunicación representa el espacio donde cada quien pone en juego su
posibilidad de construirse con otros. Pero transformada en práctica
social, comenzó a constituir una esfera de preocupaciones para analistas
de diversos orígenes. Es decir, desde el momento en que con la aparición
y desarrollo de las tecnologías de naturaleza electrónica, la sociedad
asumió las modalidades de comunicación masiva.
Si algo caracteriza al siglo XX ha sido el desarrollo de la “cultura de
masa”, a través de los medios de comunicación que han vivido una
expansión enorme y paralela al perfeccionamiento del capitalismo,
convirtiendo a la noticia, en esencia una pieza breve y sesgada de la
actualidad, en el centro de la cultura popular. Periódicos, radio y más
tarde la televisión, se han convertido en los creadores de debates, de
ideas compartidas, de cohesión social, de mitos y leyendas.
Los medios de comunicación social pueden engendrar cierta pasividad en
los usuarios, haciendo de éstos, consumidores poco vigilantes de
mensajes o de espectáculos. Los usuarios deben imponerse moderación y
disciplina respecto a los mass-media. Han de formarse una conciencia
clara y recta para resistir más fácilmente a las influencias de los
medios.
Los medios, por un lado, pueden contribuir a la formación de individuos
más cultos, mejor informados y más libes, pero por el otro, pueden
servir para la difusión de una cultura superficial, rutinaria y
consumista; pueden ser utilizados para entender e ilustrar nuestros
ocios, como también para alienarnos con falsos señuelos, falsos ídolos y
falsas doctrinas.
Existen algunos comunicólogos que consideran que los medios de
comunicación no son tan poderosos como creyeron alguna vez teóricos de
la comunicación. La existencia de una sociedad dividida en muchas
subculturas, caracterizada por el pluralismo cultural popular avala tal
premisa. Para ellos, los medios reflejan los cambios que van ocurriendo
en una sociedad en un momento dado, pueden agregar ímpetu y acelerar las
cosas, pueden establecer agendas, pueden incrementar el conocimiento,
pero nunca tienen ni tendrán la capacidad de uniformar a la gente.
Guinsberg, Enrique en su libro “Control de los medios control del
hombre”, plantea como punto de partida que toda la sociedad necesita
construir y construye un determinado tipo de sujeto social, el adecuado
para el mantenimiento y reproducción del sistema estructural que lo
forma, utilizando para ello distintas instituciones (escuelas, iglesias,
Medios, etc.) que confluyen hacia el objetivo buscado; en este punto es
donde se plantea de que manera los medios masivos de difusión influyen
en esta construcción.
En gran número de casos, los estudios sociológicos de los Medios en lo
que respecta al análisis de los efectos, no han sido de contenidos
ideológicos sino de reacciones conductuales y actitudinales.
Guinsberg está seguro de que la mayoría de los estudios de los “efectos”
no consideran al hombre como ser social y ubicado en el contexto del
marco social que lo forma y estructura, lo que implica ubicarlo en un
marco englobante, evitando encerrarlo en sí mismo, sino que el análisis
de los efectos está dirigido casi exclusivamente a aspectos puntuales
como ser la violencia, consumo, cambio de actitudes, etc., sin entender
como prioritarias incidencias mucho más profundas.
Guinsberg analiza algunos estudios realizados sobre los “efectos”:
J.D.Halloran: Ni el contenido ni los métodos de socialización son
inmunes a la influencia de los medios de comunicación de masa. Reconoce
también como los medios de masa, particularmente aquellos en los que
prevalece el elemento comercial, pueden promover una especie de
conformismo social, una lealtad irreflexiva a mostrar estructura social.
Klapper: Reconoce los alcances persuasivos de los medios como ser:
Crear opiniones o actitudes entre personas.
Reforzar actitudes ya existentes.
Disminuir las ya existentes, sin llevar a cabo una conversión.
Convertir personas a un punto de vista opuesto al que mantenían.
Gerbard Maletzke: No existen las intensiones manipulativas. Solo se
considera que los medios tienen intereses comerciales -satisfacer los
deseos del cliente implica obtención de público, ventas, etc.- o bien
lograr el apoyo a determinadas posiciones no entendidas como vinculadas
a una ideología.
II.3. Como inciden los medios de comunicación en la identidad de una
sociedad.
A lo largo de la historia, se produjeron revoluciones en la
comunicación, cada nuevo medio aportó un recurso que produjo cambios
importantes en la organización de la sociedad y en la transmisión de la
cultura.
La introducción de nuevas tecnologías modificó la lectura, el modo de
vivir y de entender la realidad y la intervención sobre ella. Es la
modificación cultural introducida por los medios de comunicación de más,
lo que va a provocar las reacciones más dispares, desde los entusiasmos
más fervorosos hasta las condenas más rigurosas.
En las sociedades contemporáneas es cada vez mayor la importancia de los
medios masivos y en particular de la televisión. Esta influye sobre la
forma de actuar o de pensar de las personas, logra modificar la forma en
que los hombres conocen y comprenden la realidad que los rodea.
La intensidad y calidad de la utilización de los medios oscilan
enormemente, dependiendo en particular de la infraestructura medial del
país y del status social, económico y cultural del usuario. En general
se puede constatar que los medios se utilizan con tanta más intensidad
cuanto más desarrollada está la estructura medial de la nación y mayor
es el nivel cultural del usuario.
La importancia de la televisión en el proceso de socialización de los
chicos y jóvenes y de todos los integrantes de la sociedad están
relacionadas con la calidad de los contenidos de los programas
educativos, informativos y de entretenimientos que transmite y también
de las publicidades que influyen en los hábitos de consumo de la
población.
Los medios son parte esencial de los procesos de comunicación en las
sociedades modernas.
“Los masivos medios de comunicación instalan pantallas simbólicas e
invisibles que se transforman en gigantescos, coloridos y movedizos
pizarrones con muy variados e importantes contenidos. La televisión es
la maestra electrónica de nuestros tiempos”.
La TV se transforma de vehículo de hechos, en aparato para la producción
de hechos, es decir, de espejo de la realidad pasa a ser productora de
realidad.
“Los medios de comunicación son parte esencial de los procesos de
comunicación de las sociedades modernas; aportan interpretaciones de la
realidad, que son internalizadas por sus públicos. Las personas pueden
desarrollar construcciones subjetivas y compartidas de la realidad a
partir de lo que leen, escuchan o miran. Por tanto, su conducta personal
como social, puede ser moldeada en parte por las interpretaciones
aportadas por los medios ante hechos y temas sociales, con respecto a
los cuales los individuos tienen pocas fuentes alternativas de
información”.
El proceso de socialización es continuo y generalmente pasa en forma
inadvertida. Ni el contenido ni los métodos de socialización son inmunes
a la influencia de los medios, la influencia y el cambio pueden tener
lugar y de hecho lo tienen. “Los medios de masa, se pueden admitir,
constituyen sólo un aspecto del proceso, pero sería muy sorprendente en
verdad si no desempeñaran un cierto papel en la modelación de nuestras
actitudes respecto de la vida, de nosotros mismo y de los demás”.
Los medios en general, se han convertido en la primera escuela, tanto
para la creación y la
legitimación de formas de conducta, la visión que el hombre tenga de sí
mismo, la sociedad y sus relaciones. Ejemplos de obediencia ciega a los
medios, es la adopción de lenguajes y modas promocionadas pero que no
guardan la menor cordura.
De la misma forma que el advenimiento del lenguaje le abrió a la gente
nuevas puertas para que pudiera escapar de los límites de la
comunicación circunscripta, la llegada de la comunicación de masas y su
transformación en sistemas de comunicación complejos permite a los seres
humanos de nuestros días organizarse a una escala más global.
A través de su compleja telaraña de relaciones de dependencia con los
individuos, las redes interpersonales, las organizaciones y los sistemas
sociales, el sistema de medios ha evolucionado desde el status que tenía
en la década del ’30 del siglo pasado hasta su status contemporáneo como
sistema de información fundamental para la continuidad de la sociedad.
La importancia hoy asignada a los medios es tal, que cada vez se
incrementa la tendencia a asignarle el papel de institución hegemónica
en el proceso de socialización.
Esta preponderancia de los medios obedece a múltiples motivos, aunque
algunos son muy obvios como la presencia constante de ellos en toda la
población y el hecho de llegar mucho antes a los niños que la escuela.
No debe olvidarse que los medios llegan hasta los lugares más recónditos
del mundo, en donde no tienen acceso a la educación formal; estos
sectores marginales de la cultura, igualmente se integran a las
características y formas de vida de la población, adecuándose e
integrándose de manera constante a lo que la misma exige, así como
asimilándose a sus cambios.
Hoy es imposible negar la gran importancia de los medios de comunicación
en un proceso de socialización en el que actúan no con exclusión sino en
distintos grados de combinación y coexistencia con los otros, en una
situación de reforzamiento constante.
Los sucesos que ocurren en una sociedad constituida por diversos
sistemas sociales, con una cultura determinada y con una estructura y
dinámica que articulan su forma de ser, son transmitidos no
asépticamente por los medios. Las características de estos se ven
limitadas por los distintos sistemas sociales y en distintos grados. Son
los directores de radio, TV, de diarios, y en el fondo tienen además
responsabilidad los anunciantes, los que trasmiten influjos culturales,
a veces buenos, a veces malos, que influyen en el futuro del país y en
la formación individual de los niños.
La televisión y la sociedad
Desde comienzos de los años ´60 la utilización de la TV en el ámbito
instructivo se ha extendido considerablemente en países de elevado nivel
cultural (Suecia), como en otros con grandes retrasos culturales (los
del tercer mundo), donde se llegó a confiar en la TV como instrumento
decisivo para la culturización.
Se dice que la TV constituye una ventana abierta al mundo, cuya realidad
podemos contemplar desde la comodidad de nuestros hogares.
Existen ciertos programas de TV, que ofrecen formas estereotipadas de
reacción típicas.
Pudiera darse una cierta tendencia a imitar los modelos presentados por
TV y esto constituiría de alguna manera una limitación de nuestra
libertad. El mayor riesgo de influencia lo corren los niños y los
ignorantes, las personas que por falta de experiencia, no han adoptado
aún una postura personal definida ante los problemas claves de la
existencia, o aquellas personas en las que la falta de cultura,
determina una carencia de decisión personal fácilmente influenciable por
los programas de TV.
Los medios masivos de comunicación son también instrumentos de poder.
Con ellos se trata de embotar las mentes y proveerlas de eslóganes. En
vez de estimular con ellos la liberación de las personas, se estimula el
condicionamiento para la estreches mental y la esclavitud. Con los
medios sensacionalistas se está dando vida a una imagen estrecha y
cavernaria.
Es conocida por todos la influencia que tiene la televisión en la vida
de las personas y la cantidad de tiempo libre que se le dedica.
Algunos de los investigadores afirman que esa influencia es muy grande
en el caso de los chicos y jóvenes, en especial en la formación de su
identidad. Las imágenes tienen cada vez más poder de convicción, es
decir, es muy fácil creer que lo que se ve en televisión es verdad. Por
eso, sostienen los investigadores, los chicos muchas veces aceptan
fácilmente, los modelos de juventud o niñez que se presentan en la
pantalla. Los programas y las publicidades tratan de convencer sobre
cómo son los chicos y jóvenes (o cómo deben ser), lo bueno que es hacer
tal cosa, o qué bien se van a sentir si compran esto o aquello.
Aceptar los mensajes tal cual son sin ningún cuestionamiento acerca de
qué pensamos, de lo que vemos o escuchamos, hace muy difícil la
formación de la personalidad y del criterio propio de cada uno.
Los medios masivos de comunicación suelen ser vehículos de
transculturación. Empiezan introduciéndose en una sociedad como objetos
curiosos y terminan siendo una necesidad. El régimen industrial con que
operan estos medios les hacen acuñar signos y símbolos estandarizados y
fomentan el consumo pasivo de estos por la masa.
Impunidad o libertad de expresión
El auge de los medios de comunicación ha hecho posible el acortamiento
de las distancias, manteniéndonos vinculados al resto del mundo. No
obstante producen un degradamiento en la sociedad.
Actualmente los medios se han convertido en "jueces de la verdad", son
ellos quienes deciden y dictan modas, consumos, modelos de vida.
Establecen qué es lo correcto y qué es lo incorrecto, y deciden cuales
son los hechos importantes y trascendentes del mundo.
Para evitar esta situación es indispensable un cambio de conciencia, hay
que tener una responsabilidad social sobre los mensajes que provienen de
los medios.
“Vivimos en un clima en donde todo vale y esta premisa justifica
cualquier proceder o comportamiento. El sentido de libertad ha
desbordado a la razón hasta muy peligrosos extremos. El derecho a
expresarse públicamente no es ilimitado y así lo confirman las leyes que
castigan a quienes difaman al prójimo. Pero esta legítima defensa de la
vida real, no rige para los medios. Ellos actúan bajo el lema prohibido
prohibir y se permiten difundir acciones y conductas contrarias a todo
orden”.
Como dice María Ester Perea de Martínez, en su libro “Conocer nuestro
tiempo”, los medios pueden ser artífices de una positiva renovación de
la sociedad y abrir a la juventud mejores horizontes; pero todos estamos
obligados a exigir que los mismos sean más responsables e impedir que
los grandes financieros subsidien lo que vaya en contra de la moral. Una
equivocada interpretación de la libertad de expresión, puede poner en
peligro verdades esenciales. Ahora, no se puede aceptar que en nombre de
una libertad de expresión, se llegue a estimular conductas que la misma
Constitución y el Derecho desaprueban o condenan.
La Iglesia enfatiza la responsabilidad de los medios para contribuir al
auténtico e íntegro desarrollo de las personas y alentar el bienestar de
la sociedad. “La información suministrada por los medios está al
servicio del bien común. La sociedad tiene el derecho a la información
basada en la verdad, la libertad, la justicia y la solidaridad”.
Corresponde al estado defender y asegurar la verdad y justa libertad.
Promulgando leyes y velando por su aplicación, los poderes públicos se
asegurarán de que el mal uso de los medios no llegue a causar graves
peligros para las costumbres públicas y el progreso de la sociedad. Nada
puede justificar recurrir a falsas informaciones para manipular la
opinión pública mediante los mass-media.
II.4. Los medios de comunicación y el consumo: la publicidad y
propaganda.
Se puede concebir el consumo como una modalidad característica de
nuestra civilización industrial, a condición de separarla de su acepción
corriente: la de un proceso de satisfacción de las necesidades. El
consumo no es ese modo pasivo de la absorción y de apropiación que
oponemos al modo activo de la producción para equilibrarla.
El consumo es un modo activo de relación, no solo con los objetos, sino
con la sociedad y el mundo, en el cual se funda todo nuestro sistema
cultural.
El consumo no es solamente satisfacción de necesidades, ni siquiera de
las artificialmente creadas. Por ello no tiene límite, no se satisface
nunca. En realidad, es una manipulación e intercambio de signos: status,
moda, poder, potencia, lo nuevo, lo imprescindible que desocializa el
individuo. Todo se consume: el arte, deporte, espectáculo, viajes,
comida, vestimenta. El consumismo, esa revolución de lo cotidiano que se
produce en el siglo XX, es mucho más que consecuencia de la necesidad de
vender y de comprar. Es una manera de vivir la realidad, y también un
encubierto control social e ideológico. Los medios de comunicación
están, en parte, a su servicio.
“El consumo es un proceso que funciona por la seducción, los individuos
adoptan sin dudarlo los objetos, las modas, las fórmulas de ocio
elaboradas por las organizaciones especializadas, aceptando esto pero no
aquello, combinando libremente los elementos programados. La era del
consumo se inscribe en el vasto dispositivo moderno de la emancipación
del individuo, por una parte, y de la regulación total de lo social, por
la otra”.
Los grandes medios de comunicación son vistos como elementos
desencadenantes de manejos sociales orientados hacia la
despersonalización y a la alienada sumisión que suele observarse en
relación a los postulados que propugnan la “sociedad de consumo”. Es en
esta instancia donde surge el concepto de “manipulación”.
Y la publicidad es la que invita a adquirir éste o aquel bien, es la que
da a conocer “lo nuevo”.
En la sociedad de hoy, la publicidad tiene un profundo impacto en cómo
las personas entienden la vida, el mundo y a sí mismas, especialmente
con relación a sus valores y sus modos de elección y comportamiento.
Ésta como los medios de comunicación social en general, actúa como un
espejo; un espejo que ayuda a dar forma a la realidad que refleja y,
algunas veces, ofrece una imagen de la misma, deformada.
La publicidad es una actividad que caracteriza intencionalmente el
mensaje que se elabora, buscando el cambio de actitudes, rasgos
cognitivos y comportamiento de los destinatarios, utilizando para ello
diversos soportes tecnológicos. A través de la publicidad los medios
masivos de comunicación obtienen los ingresos que permiten cubrir los
costos de producción del producto que le interesa consumir al público y
obtener ganancia que justifica la inversión de capital. La venta de
espacios publicitarios es la principal fuente de ingresos de los medios
de comunicación.
Debido a la publicidad y al poder de los medios de comunicación, la
sociedad actual posee una inmensa capacidad para convertir las cosas
importantes en secundarias y para conceder valor a las cosas
secundarias. “Se ha desarrollado una cultura enormemente consumista; las
ciudades tienden a convertirse en inmensos escaparates repletos de
mercancías y de publicidad, y lo efímero del “gusto” y de los “usos” se
refleja en los cubos de basura, en los cementerios de automóviles, en
los electrodomésticos tirados casi nuevos, etc.”.
Las propagandas y los medios de comunicación tienden a uniformar los
gustos y las aspiraciones y, en el fondo, casi todas las personas
terminan convirtiéndose en “monos de imitación”. Como contemplan
idénticos programas y reciben idénticos mensajes, la mayoría poseen
idénticas aspiraciones.
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