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En todos las dimensiones se puede encontrar elementos que están
sujetos a una dinámica de globalización y otros que responden a la
dinámica de reafirmación de identidades colectivas (localización).
La crisis contemporánea constituye el caldero donde se combinan y
recrean creencias, actitudes y estilos que podrá ser, por primera vez en
la historia de la humanidad, global y planetaria. Construcción común de
todas las naciones y pueblos. En cualquier caso, las tendencias futuras
de la globalización dependerán de los modos de recombinar lo nuevo y lo
viejo, lo propio y lo ajeno, lo económico, lo político, lo ético, lo
igual y lo diferente. El mundo globalizado dependerá entonces de los
modos concretos y específicos en que los individuos y los grupos
interactúen, es decir de los modos en que toleren y promuevan la
presencia y acción del otro en la configuración de sus propias
identidades. Se habrá terminado la pesadilla de la homogeneidad, el
aniquilamiento de la diferencia. Pero también, renacerá el deseo del
otro, el deseo de comunidad.
4. Globalizacion, políticas sociales y medio ambiente
El mercado se está expandiendo en América Latina, desencadenando
profundas transformaciones en sus matrices culturales y políticas. La
mayor parte de los análisis de este proceso han enfocado aspectos
macroeconómicos (como por ejemplo el déficit fiscal o la inflación), la
privatización de empresas públicas y la reducción de las políticas
sociales. Sin embargo, esta reorganización economicista tiene muchos
otros efectos, en tanto expresa una forma de concebir a la sociedad y la
Naturaleza.
Las propuestas de la escuela económica austriaca, propulsada por
Friedrich A. Hayek y L. Von Misses, más conocida en nuestros países como
neoliberalismo, han sido los principales propulsores de esos cambios.
Aunque en ningún país se mantiene un modelo neoliberal "puro", y
mientras sus postulados están perdiendo fuerza, igualmente permanece un
sesgo o estilo neoliberal sobre nuestras sociedades. Aunque se habla de
justicia social y equidad, hay evidencias de la permanencia de una
impronta que una y otra vez muestra la presencia del reduccionismo de
mercado. Por cierto que el neoliberalismo no es el único responsable del
énfasis mercantil, pero sí es su motor más enérgico. A pesar de los
acalorados debates que se han suscitado sobre el neoliberalismo, hay
algunos temas que han pasado casi desapercibidos. En este artículo me
referiré a uno de ellos: el que hace a las repercusiones de la
mercantilización de estirpe neoliberal sobre las políticas sociales y
ambientales. En particular se analizaran impactos comunes a esas dos
esferas, para dejar en claro cómo se está colando una particular visión
de la sociedad.
Varias razones sustentan la importancia de examinar esos remanentes. En
primer lugar, es necesario proveerse de herramientas que permitan
identificarlo y comenzar así a buscarle alternativas. En segundo lugar,
es importante alertar que, cuando se toman herramientas de mercado de
manera descontextualizada de sus fundamentos, se puede terminar haciendo
el juego a esta postura. En tercer lugar, este "fantasma" mercantilista
plantea análogas formas de concebir las relaciones entre las personas y
las relaciones con la Naturaleza, existiendo un alarmante paralelo entre
sus propuestas sociales y ecológicas, las que han pasado casi
desapercibidas. Finalmente, sus consecuencias, como la mercantilización
social y la erosión de la política, son altamente negativas. Para
precisar este análisis crítico, siempre que sea posible fundamentaré los
comentarios sobre citas a Hayek y otros autores neoliberales, dentro de
las posibilidades de espacio. Asimismo, el análisis está inspirado en
los países del cono sur.
a) Políticas sociales y ambientales desde el mercado:
La perspectiva neoliberal además de ser un modelo económico, es también
una visión amplia de la vida en sociedad. Postula al mercado como el
escenario social perfecto. Su funcionamiento se basaría en la aceptación
voluntaria de los individuos, a partir de sus intereses particulares,
sin atender a los fines colectivos. Las interacciones sociales quedan
reducidas a relaciones de mercado. El centro se pone en el individuo, y
la sociedad deja de ser una categoría con características propias,
reflejando en cambio un mero agregado de personas distintas, cada una
atendiendo sus propios fines.
Los derechos personales son reducidos a derechos del mercado, y la
libertad es presentada negativamente, como ausencia de coerción, y en
especial restringida a la libertad de comprar y vender. Es en el mercado
donde se realiza la libertad personal. Para asegurar su correcto
funcionamiento debe estar protegido de intervencionismos, y en especial,
de los provenientes del Estado.
Un breve vistazo a algunas medidas que se han tomado en los terrenos
social y ecológico, servirán de ejemplo. Las políticas sociales, en
particular los servicios de seguridad social, y la educación, así como
las políticas ecológicas de conservación de la Naturaleza, quedan
subordinadas a criterios de mercado.
Por ejemplo, conceptualmente y prácticamente, se ha defendido que las
políticas sociales gubernamentales deben restringirse a programas de
amortiguación de los impactos de las reformas de mercado, mientras que
otras tareas se podrían privatizar. La lógica de esa postura apuesta a
que las fuerzas libres del mercado dispararían el crecimiento económico
el que, a la larga, resolvería la pobreza, de donde no se necesitaría un
apoyo desde el Estado. En varios rubros a estos argumentos se le suman
otros estrictamente económicos. El caso más claro se da en la reforma de
la seguridad social (pasividades y jubilaciones), donde una de las
principales razones es asegurar capacidad de ahorro interno mediante la
capitalización de los aportes. Las políticas sociales pasan a concebirse
como formas de inversión o provisión de insumos para los circuitos
económicos. En el terreno educativo, se concibe a la educación como un
"sector productor de insumos" para la economía, de manera de aumentar la
eficiencia de los procesos productivos.
Las expresiones de esta corriente se expresan en los países del cono sur
con la difusión de los "fondos de inversión social", en la privatización
de ciertas áreas de la salud y la educación, propuestas peregrinas como
el manejo "gerencial" de escuelas secundarias, y la transmutación del
vocabulario: la cobertura social y la educación son una forma de
"inversión", las personas son "capital humano", y se entrena en
"tecnologías sociales".
De la misma manera se considera que el mercado también puede solucionar
por sí mismo los problemas ambientales. Los defensores del "ambientalismo
del libre mercado" sostienen que hay "argumentos fuertes que sugieren
una superioridad del mercado en relación con los gobiernos, sea ella
medida en términos de calidad ambiental, equidad o eficacia económica" (Baden
y Stroup, 1992). Paralelamente, las políticas ambientales pasan a
basarse en asignación de derechos de propiedad a los recursos naturales,
desembocando en la privatización de bienes comunes. Así como se habla
del capital humano, en este terreno también se propone un "capital
natural", de donde la conservación es una forma de "inversión". El CEPAL
(1991) indica que "... es imprescindible reconocer que los recursos
naturales y ambientales son formas de capital y que, como tales, son
objeto de inversión." O sea que cuando se conserva un área natural, en
realidad no se están protegiendo ni las especies ni los procesos
ecológicos, sino que se está invirtiendo. La conservación se convierte
en un negocio. Las políticas ambientales pasan a depender más y más de
mecanismos de mercado, como el pago de tasas o impuestos a la
contaminación, donde aquellos que tengan el dinero suficiente podrán
pagar para seguir contaminando.
El ambientalismo neoliberal puede alcanzar posiciones ridículas. En su
búsqueda obsesiva de optimizar los mercados, se ha llegado al extremo de
plantear que el principio de contaminador-pagador se aplicaría a
aquellos afectados por la contaminación, quienes deberían pagar esos
impuestos (y no el contaminador), de manera de inhibir a las personas de
escoger lugares de residencia próximos a industrias contaminantes (Baumol
y Oates, 1988).
b) Ámbito Estatal y Ámbito Privado:
El sego neoliberal no niega al Estado, sino que lo minimiza, dándole un
nuevo papel, subsidiario al mercado: debe asegurar que éste funcione, en
particular manteniendo los derechos de propiedad y el orden público. En
el área social, estas propuestas apuntan a la transferencia de diversas
tareas al ámbito privado. En ese caso las medidas extremas son, por
ejemplo, la privatización de los servicios de salud o de educación. En
muchas circunstancias se desatienden las medidas de fondo, por ejemplo
las que aseguren pleno empleo, y se recurre a un asistencialismo
descentralizado. Existe un terreno, más incierto, que es la
transferencia a la "sociedad civil". Pero al tomar el concepto en
sentido estricto se evidencia un amplio abanico, que va desde
organizaciones no gubernamentales ciudadanas, como las que dan
coberturas específicas para comedores o guarderías infantiles, a las
empresas privadas, donde los ejemplos notorios son la privatización de
servicios estatales o la tolerancia a éstas, como es el caso ante la
proliferación de las compañías privadas de seguridad a costa del papel
de la policía.
En el caso de la gestión ambiental, lo que se busca es la privatización
de los recursos naturales, en particular otorgando derechos de propiedad
y patentes sobre variedades de plantas y animales, y transfiriendo la
gestión ambiental a organismos por fuera del Estado y del control
social. El caso más extremo es la constitución del Instituto Nacional de
Biodiversidad (INBio) de Costa Rica, bajo personería jurídica de
asociación civil sin fines de lucro, pero a la que se le han cedido las
potestades de la nación para la conservación y manejo de los recursos
biológicos.
Aquí se evidencia el terreno confuso donde se desenvuelven los análisis
y propuestas alternativas. En especial varios movimientos sociales y
partidos de izquierda, con su constante crítica al Estado, muchas veces
justificada, terminan haciéndole el juego a una propuesta neoliberal. No
se ha atendido con la misma rigurosidad como se da esa transferencia de
potestades, ya que no es lo mismo la sociedad civil expresada en una
cooperativa de campesinos, que aquella representada por una asamblea de
accionistas de una empresa.
El sesgo mercantil avanza sobre todo en la cotidianidad. Allí se observa
una avalancha de conceptos y términos mercantiles. Pero no menos
relevante, es el hecho de cómo esos cambios están pasando inadvertidos o
son tomados con toda naturalidad.
Un ejemplo ilustrativo lo constituyen un tipo de declaraciones que he
observado en varios países latinoamericanos. Me refiero a algún
gobernante que se expresa sobre la reforma educativa o de la cobertura
social en términos de ofrecer al "consumidor" un nuevo "producto" en el
"mercado" social. De la misma manera, en las campañas electorales
siempre se detecta algún político que se presenta como un "gerente" que
vendrá a "administrar" con "eficiencia" el país, tal como si se tratara
de una "empresa".
Términos como estos son utilizados incluso por personas que están muy
lejos del paradigma neoliberal. Esto revela precisamente como esa
concepción mercantil ha invadido nuestra vida y es invocada
abiertamente. Sorprende también que esta forma de expresarse pase
inadvertido; Varios años atrás seguramente hubieran desencadenado
furiosas reacciones por implicar una reducción de algo tan amplio y
valioso como la educación, la salud o el gobierno a un producto de
consumo. También es sorprendente que este lenguaje es (aparentemente)
comprendido por la gente. Todo esto expresaría, a mi juicio, que está en
marcha un profundo cambio cultural.
Gran parte de la sociedad se mueve al vaivén del mercado y piensa en
términos de mercado: el auge de las tarjetas de crédito, la instalación
de los shopping centers, la seguridad privada, la difusión y acumulación
de bienes materiales (varios televisores, teléfonos, radios y otros
aparatos en cada casa), y cambios de este tipo, muestran en las ciudades
latinoamericanas la irrupción cultural del consumismo. Hasta se llega a
generar un "marketing ecológico" para atender a los ambientalistas.
c) A Quien Beneficia la Globalización?
La globalización económica sólo beneficia al 20% de la población mundial
que tienen en sus manos el control de la economía planetaria, es decir
que la globalización no conlleva beneficios territoriales sino al
capital.
En lo referente a la explotación de recursos naturales y el medio
ambiente
La actual concepción económica impuesta por la globalización a
significado un serio deterioro en el medio ambiente planetario, esto
debido a que existen economías cuya base de su crecimiento ha sido la
explotación irracional de recursos naturales.
Cuando estas economías intentan desarrollar en algún nivel la
manufacturar de sus propios recursos, las economías más desarrolladas
imponen aranceles proteccionistas que no permiten el acceso de dicha
manufactura a su territorio.
Por otra parte algunos países han obviado normativas medio ambientales
para el funcionamiento industrias que producen un serio deterioro medio
ambiental esto argumentando la necesidad de inversiones en sus
territorios.
Tanto la explotación irracional de recursos naturales como la ausencia
de normas medio ambientales significan pan hoy y mucho hambre mañana ya
que la capacidad de resiliencia de nuestros ecosistemas se encuentran
absolutamente colapsadas generando problemáticas cuyo costo de
restitución es infinitamente mayor a las escuálidas ganancias que deja
en los países los capitales transnacionales.
5. La sociedad del consumo
a) La sociedad Actual:
El ser humano siempre ha sido consumidor; pero mientras en otras épocas
procuraba consumir de acuerdo con sus necesidades naturales, en la
actualidad las personas tienden a crear una serie de hábitos y modos de
vida que llevan a consumir por el mero placer de consumir. Surge, de
esta manera, la sociedad consumista, que se caracteriza por:
superproducción
creación de nuevas necesidades y nuevos lujos
predisposición a comprar
despilfarro
En este mundo de superabundancia se produce una doble paradoja: por una
parte, las personas que tienen acceso a cuantiosos bienes jamás se
sienten satisfechas y, por otra parte, existen seres humanos que no
pueden satisfacer sus necesidades elementales.
El consumo no se define ni por el alimento que se digiere, ni por la
ropa, ni por la sustancia oral y visual de las imágenes y de los
mensajes, sino por la organización de todo esto. Éste absorbió al
individuo en la carrera por el nivel de vida, al acosarlo de imágenes,
de información, de cultura, la sociedad del bienestar ha generado una
desocialización. La era del consumo liquidó el valor y la existencia de
las costumbres y tradiciones, produjo una cultura nacional y de hecho
internacional en base a la solicitación de necesidades e informaciones,
arrancó al individuo de su tierra natal y de su estabilidad.
Lo que se consume son signos o imágenes de los objetos, es decir
significaciones que se introducen desde afuera en las cosas reales. La
función de estos símbolos será la de satisfacer y gratificar los deseos
y ambiciones personales.
"Hablar de la sociedad de consumo es sostener que el consumo ha derivado
en consumismo, es decir, en exaltación, exageración o hipervaloración
mitificante. Es reconocer que, más allá de la necesidad de satisfacer la
aspiración a una vida más confortable, se vive socialmente una ansiedad
por poseer cada vez más. La paradoja es que esta compulsión trae una
desvalorización del objeto una vez alcanzado. El producto poseído ya no
interesa tanto como el que aún no se posee. De allí que el consumista es
un permanente insatisfecho y el consumo se torna sinónimo de
desvalorización de ideologías, mitos, ídolos, modas y, por supuesto,
objetos."
Hoy en día se vive en una realidad determinada por la compulsión al
consumo, la globalización y el avance tecnológico, donde los medios de
comunicación son más vehículos de marketing que de información, y además
se vive encerrado en un mercado y no en una sociedad.
"La sociedad de consumo consiste en una forma de consumir impuesta por
el sistema capitalista de producción, que se extiende no solo a los
países desarrollados sino a todos los del planeta… El modo de producción
capitalista fabrica desde Coca Cola hasta jets para uso privado. Es
obvio que estos productos no se intentarán vender a los indios peruanos
o los habitantes de las villas miserias, pero sí se volcarán esfuerzos
para que los niños de esos lugares consuman Coca Cola en vez de leche.
Lo verdaderamente importante para el sistema es que la mayoría de las
personas se conviertan en consumidores irracionales, pero que a través
de esta forma transfieran la mayor cantidad de recursos. Es de esta
manera que la sociedad de consumo actual instaura la dictadura del
producto."
Para G. Katona y W. Rostow, el consumo de masas es consecuencia del alto
desarrollo al que han llegado determinadas sociedades; esto se
manifiesta en el incremento de la renta nacional. A su vez posibilita
que un número mayor de personas adquiera bienes más diversificados.
"Queda implícito en el pensamiento de estos dos autores que los
beneficios de la sociedad de consumo representan una condición del
desarrollo capitalista, de posible acceso por los países que adoptan
este sistema."
Los defensores de la sociedad de consumo afirman que existe una mayor
igualdad entre las clases sociales.
b) El Consumo:
La posesión de bienes se da a través del consumo, definido como "el
conjunto de procesos socioculturales en que se realiza la apropiación y
los usos de los productos". Estos pueden estar a disposición en
cualquier parte y pueden ser consumidos de diversas maneras. El simple
hecho de su existencia, transforma a los productos en potencialmente
consumibles y da a todos el derecho legítimo de aspirar a tenerlos, ya
que fueron producidos con el esfuerzo de toda la sociedad.
El dinero permite el consumo, pero cada vez se necesita menos dinero. La
producción en masa y la de imitaciones ha hecho posible que personas que
no pertenecen a las elites puedan tener acceso a objetos similares. El
fenómeno del consumo implica relaciones de dominación pero también de
imitación. El mimetismo cultural es un móvil importante para el consumo.
El consumo es una elección consciente de la persona y depende de su
cultura.
Las visitas a los "shopping" no tiene muchas veces como objeto el
consumo puro y simple de bienes concretos. Estar en él hace parte del
consumo simbólico. Además, el consumo permite placer, mejorar las
condiciones materiales de vida y da gratificación psicológica, Aunque la
persona no pueda comprar los bienes, la sola ilusión de que puede llegar
a hacerlo, el simple consumo estético de las luces o de un televisor en
una vidriera, proporciona placer y hacen que la persona se sienta
partícipe de este mundo.
La búsqueda del placer es un deber desde que el consumo de bienes y
servicios pasa a ser la base estructural de las sociedades occidentales.
"En las últimas décadas existe una particular intensificación de
actitudes y comportamientos sociales en torno al consumo de bienes;
hablar de una sociedad de consumo implica poner en descubierto que el
consumo, es decir, la actitud para el mismo, ha llegado a un nivel
paradigmático, afectando, definiendo y perfilando conductas, relaciones
y estructuras; en definitiva constituyéndose en un valor esencial de la
cultura contemporánea."
c) El Comportamiento del Consumidor
El estudio de las necesidades del individuo permite una mejor
interpretación de las actitudes y comportamientos de quien es el motivo
central de intercambio.
La aplicación de las estrategias de marketing sobre los deseos del
individuo provoca una incentivación del consumo, una generación de
demanda. Es evidente que el marketing puede exacerbar necesidades aunque
preexistan, o crear deseos y provocar una demanda.
La necesidad es algo que falta y que el consumidor desea con mayor o
menor intensidad. La necesidad recorre toda la escala de apetencias,
desde la verdadera angustia producida por la sed, hasta la más frívola
que pueda experimentarse en el deseo de darse un capricho de poca
importancia.
Las necesidades del consumidor van formando una escala de valores con
sus apetencias y deseos.
Existen distintos enfoques que tratan de determinar si el consumidor
actúa de manera racional o irracional; si está influenciado por el
contexto o se da un aprendizaje por parte del consumidor:
Enfoque microeconómico: supone un consumidor lógico y racional cuyo
esquema decisional se basa en dos variables: precio y cantidad.
Este enfoque supone que el consumidor sigue el principio de maximización
de utilidades. Las críticas efectuadas a este enfoque se basan
fundamentalmente en las dudas sobre los principios de racionalidad
genérica del consumidor.
Enfoque conductista: para los conductistas solo la conducta observable
proporciona elementos objetivos para una rigurosa investigación
psicológica. El aula del consumidor tiene varios maestros; entre ellos
se encuentran las "comunicaciones", la observación e "imitación" de
otros consumidores, las experiencias personales, etc.
Enfoque sociológico: es sumamente complejo interpretar la conducta de un
individuo y, más aun, hacerlo sin considerar los aspectos sociales que
influyen sobre él, sus demandas y decisiones.
Hay quienes consideran que el consumidor no es quien maneja el poder de
decidir si compra o no tal bien. Son los productores los que manipulan a
los consumidores a través de los medios, especialmente, por medio de la
publicidad. Además, la producción crea nuevos productos que a su vez
determinan nuevas necesidades, es decir, los productos no satisfacen
necesidades reales sino que son los generadores de las mismas.
Lo que prevalece en esta postura es la lógica capitalista que sólo busca
el beneficio económico. El hombre contemporáneo es llevado a consumir
irracionalmente, de forma tal que se lo juzga por lo que tiene y no por
quién es; sólo se realiza a través del consumo y para ello cualquier
medio es válido.
Partidarios de estas ideas son: John K. Galbraith, Erich Fromm, Vicent
Packard, entre otros.
Otros consideran que el consumidor actúa racionalmente, así lo plantea
Braidot en su obra "Marketing Total", no existen clientes irracionales.
En la mayoría de los casos los consumidores se comportan racionalmente,
pero con una racionalidad referida a sus propias realidades y a sus
particulares esquemas decisionales. Para demostrar esta postura propone
un ejemplo:
"Para una adolescente el valor de un zapato está en la moda. Es
necesario que el calzado sea lo que se usa. El precio y la duración
carecen de importancia. Para la misma adolescente, convertida en madre
años después, la moda se convierte en una restricción. No comprará algo
fuera de moda. Pero buscará además, y quizá con prioridad, mayor
duración, menor precio, comodidad, entre otras ventajas. El zapato de
gran moda es una compra racional para la adolescente, pues vestir a la
moda es su mayor preocupación, ya que sus restantes necesidades de
alimento, vivienda, etc., en general están a cargo de sus padres."
Y existen quienes consideran que el consumo se balancea constantemente
entre el extremo de lo afectivo, que es el ámbito del deseo y la
irracionalidad, y el de lo racional que está orientada a la realidad
objetiva, intelectual y conceptual.
En algunos productos y para determinados consumidores preponderará lo
afectivo y para otros lo racional. El deseo humano es el motor del
consumo.
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