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Las necesidades de sobrevivencia son cambiantes tanto cuantitativa
como cualitativamente y reflejan las condiciones en que las personas
existen. El propio sentido de carencia de las necesidades es
eminentemente relacional y traduce el contexto social, cultural,
económico, natural y espiritual en el que las personas concretan su
existencia. Así, en diferentes contextos ciertas carencias pueden o no
hacerse necesidades; del mismo modo, determinados contextos hacen
aparecer necesidades que en otros no son siquiera imaginables.
La economía convencional al racionalizar los requerimientos de
producción y realización de lo producido en el mercado, que son la base
del sistema económico imperante, subordina la cuestión de las
necesidades a las de la producción y acumulación ilimitada de valores,
razón por la cual olvida que no solamente se producen objetos para el
sujeto, sino que también se produce la propia necesidad del objeto a ser
consumido. Por ello, en la medida en que el propio sistema se basa en la
expansión ilimitada de la actividad económica, y dado que sus frutos
requieren venderse en el mercado atendiendo a las necesidades de las
personas, ha sido preciso acompañar la tendencia a una creciente
producción con una racionalización acorde de las necesidades, entendidas
también como ilimitadas. Ello ha ocasionado que la economía convencional
haya estado orientada fundamentalmente a pensar las necesidades en
téminos de escasez, dando lugar a la denominada eterna tragedia del
consumo:
"El consumo es, a doble título, una tragedia: la que comienza en la
insuficiencia y termina en la privación. [..].... el mercado ha hecho
accesible una gran masa de productos, ha amontonado una cantidad
inaudita de Bienes delante del hombre, al alcance de su mano, sin que
éste pueda jamás poseerlos todos a la vez. Y peor todavía, en este juego
de la libre elección, cualquier adquisición es a la vez una privación,
ya que al mismo tiempo que el consumidor compra un objeto determinado,
tiene que renunciar a otro que habría podido procurarse en su lugar, el
cual puede resultar menos deseable en ciertos aspectos, pero más en
otros." (Sahlins, citado por Naredo, 1987: 118).
Por tanto, no son las necesidades humanas las ilimitadas; los ilimitados
son más bien los requerimientos de un sistema económico que para su
creciente expansión crea y recrea las necesidades humanas. Esto en modo
alguno quiere decir que las personas no deban satisfacer, y
adecuadamente, sus necesidades de sobrevivencia, empero pone en el
tapete de discusión el tema de la relación de la persona con sus
necesidades y los medios de su satisfacción; un asunto que puede ser
abordado desde dos perspectivas diferentes. Una basada en las
elaboraciones de la teoría de la utilidad marginal decreciente
-contribución importante de la economía neoclásica- que muestran cómo la
consecución de adicionales unidades de un bien o servicio no solamente
ocasiona una reducción de la satisfacción alcanzada por unidad adicional
consumida, sino que además da lugar, a partir de cierto punto, a una
reducción absoluta del nivel de satisfacción alcanzado, no siendo por
tanto racional la aplicación ilimitada de un bien o servicio a la
satisfacción de una necesidad; un límite es imperioso. La otra
perspectiva está enfocada en discutir el establecimiento de límites
-individuales o sociales- a las necesidades de sobrevivencia y la medida
de su satisfacción, ya que más allá de un determinado punto la
consecución de adicionales medios de satisfacción de las necesidades
exige tiempo y energía que podrían ser utilizados para otros fines.
Por otro lado, es bueno trascender la idea tan difundida de que las
necesidades de sobrevivencia son intrínsecamente egoístas, ya que a
medida que se expande el estado de conciencia también lo hace la
relación de la persona con estas necesidades, de forma tal que el
bienestar personal pasa a depender incluso de las posibilidades que
otras personas tienen para atender sus necesidades. Así a medida que la
conciencia se expande más se toma en consideración el bienestar de
otros: familiares, amigos, compañeros, conciudadanos, los humanos en
general. Esto puede ser entendido como un proceso en el cual se expanden
la simpatía, la conmiseración, el altruismo, de manera que el bienestar
de uno está relacionado positivamente con el bienestar alcanzado por
otras personas.
Esto no es algo ajeno a los quehaceres cotidianos de los seres humanos.
Por un lado la benevolencia, la cooperación, la solidaridad, -aun con
personas que uno no conoce- suelen aparecer a menudo espontáneamente y
sin mayor estímulo ni expectativa de recompensa o retribución. Por otro
lado existen determinados códigos éticos, religiosos o de carácter
espiritual que empapan la vida y las relaciones humanas -y que muchos
individuos se esfuerzan por seguir- que instan a las personas a
considerar el bienestar de los demás tanto como el propio. Además,
mientras más amplio es el estado de conciencia de las personas, la
propia noción que se tiene de los "otros" como separados o en oposición
a uno se va diluyendo.
Por eso desplazar el estudio de la actividad económica del campo de la
maximización egoísta y utilitarista del bienestar, hacia una perspectiva
que enfatiza el bienestar integral de cada uno y de todos, permite
extender el terreno de las reflexiones económicas hacia la necesidad de
promover el bienestar de todas las personas, de brindar a cada uno las
posibilidades para obtener lo que necesita y de ayudar a los más
débiles.
Sin embargo, como ya se indicó antes, el desenvolvimiento humano no se
termina con la satisfacción de las necesidades biológicas,
biopsicológicas, mentalpsicológicas y socioculturales de uno mismo y de
la colectividad. El ser humano requiere además atender sus necesidades
de trans-sobrevivir.
Trans-sobrevivir y el desenvolvimiento interior.
Las necesidades de trans-sobrevir, -a las que llamamos necesidades del
desenvolvimiento interior- si bien toman formas y características
variadas, tienen en común que parten de una inquietud de búsqueda de
significado a la vida y de respuestas vivenciales a las preguntas
fundamentales del ser humano:
Más allá de mi cuerpo y de mi mente, más allá de la personalidad que he
construído a lo largo de mi vida, más allá las relaciones que tengo y
las posiciones que ocupo; más allá de mis logros, mis posesiones, mis
éxitos y fracasos, más allá de mis esperanzas y mis temores, ¿quién soy
verdaderamente? ¿vengo de alguna parte y para hacer algo? ¿para hacer
qué? ¿de cuánto tiempo todavía dispongo? ¿voy hacia alguna parte? ¿hacia
dónde?.
Estas preguntas fundamentales tratan de ser respondidas desde distintos
campos de reflexión y acción de los seres humanos; ciudadanos
corrientes, científicos, artistas, místicos -y también, por qué no, los
economistas- se embarcan en esta búsqueda que Albert Einstein retrata
así:
"Más allá del nuestro, hay un mundo inmenso que existe al margen de
nosotros, los seres humanos, y que se nos muestra como un grandioso y
eterno enigma, aunque parcialmente accesible a nuestro análisis y
especulación. La contemplación de este mundo nos llama como una
liberación... Lo más hermoso de la vida es lo insondable, lo que está
lleno de misterio. Es esta la fuente del arte verdadero y de la
auténtica ciencia. Quien no lo experimenta, el que no está en
condiciones de admirar o de asombrarse, está muerto, por decirlo así, y
con la mirada apagada". (Einstein, 1980: 14).
Trans-sobrevivir es desenvolverse interiormente. El desenvolvimiento
interior es un proceso a través del cual la persona trabaja para
encontrar con sus posibilidades, con su esfuerzo, con su tiempo, con su
energía, respuestas a las preguntas fundamentales del ser humano. Se
trata de un esfuerzo deliberado para hacer posible una manifestación
desde dentro, un des-cubrir lo que está cubierto. El sujeto del
desenvolvimiento interior no puede ser otro que el individuo (unicidad,
indivisibilidad) que a medida que busca dentro de sí se va abriendo
hacia afuera desarrollando "... conciencia de su unidad consigo mismo y
de su relación con un Todo mayor que es el universo." (Muñoz , 1988:
66).
El desenvolvimiento interior no es un proceso en el que la persona obra
en aislamiento puesto que está basado en la relación con todo.
Desenvolvimiento interior es trabajar conscientemente en la relación que
se tiene con todos los aspectos de la vida, con todos los seres, con
todo lo existente, y necesariamente pasa por una ampliación del círculo
de interés mediante una creciente responsabilidad y participación.
Desenvolvimiento interior es "darse" usando todo lo que se tiene y todo
lo que se ha recibido -capacidad, habilidad, tiempo, energía- para
servir a los demás y para ayudar a su desenvolvimiento; es trascender
los límites personales no reservándose nada para sí. Por eso las
necesidades de tras-sobrevivir son, al fin, una única y fundamental
necesidad, la necesidad de dar-se.
A un comienzo la persona se entiende a sí misma como separada de los
demás, de todo lo existente, estableciendo relaciones de conquista y
apropiación. Sin embargo, la expansión de la conciencia va cambiando el
carácter de esas relaciones. De la competencia con los demás orientada a
sobrevivir, manipular, poseer, "para mi", la persona pasa a la
aceptación de los demás y sus derechos: la tolerancia. De la tolerancia
pasa a la solidaridad; se aproxima a los demás, colabora con ellos,
asiste sus necesidades, comparte lo que tiene, descubre lo que le rodea,
comienza a reverenciar lo que que no comprende en lugar de negarlo o
ignorarlo; respeta a los demás, a la naturaleza, se abre expansivamente
y va incluyendo la totalidad dentro de sí. Posteriormente la expansión
de su conciencia lleva a la persona a entenderse y asumirse como parte
indiferenciada de una totalidad en permanente transformación y
expansión, borrándose las diferencias entre uno y los demás, entre uno y
todo. El círculo de las relaciones se expande, las líneas de relación se
funden unas con otras, uno es en todo y todo es en uno, todo se hace
simple capturándose la unidad de la totalidad:
"En la etapa de la participación el ser humano sabe que es parte de un
todo y lo siente así. Esto se expresa espontáneamente a través de sus
relaciones. Su respuesta a su necesidad de desenvolvimiento es también
la respuesta a los requerimientos del adelanto de la humanidad. Su bien
particular y el bien de la humanidad son el mismo bien." (Waxemberg,
1993: 75).
Desenvolvimiento interior es, por tanto, la conciencia plena del
individuo en expansión ilimitada que da lugar a un estado de conciencia
denominado egoencia del ser. Como estado de conciencia la egoencia del
ser es una forma de relación del individuo consigo mismo, con los demás,
con su sociedad, con la naturaleza, con todo lo existente; una forma de
relación que se basa en una individualidad expansiva y participante; un
ser "... en el mundo, no por negación del mundo sino por transformación
del mismo, y no solamente por transformación de un mundo que está
'fuera' de mí sino del mundo que está 'en' mí y del mundo que tomo sobre
mí para transformarlo en mí" (Muñoz, 1969: 15).
6. De cómo a medida que se satisfacen las necesidades de trans-sobrevivir
cambia la relación con las necesidades de sobrevivir: devenir y renuncia
Se ha señalado que el ser humano es una unidad indisociable de cuerpo,
mente y espíritu que existe como individualidad participante en una
totalidad de la que es inseparable. Los múltiples aspectos de la
condición humana se expresan a través de las necesidades del cuerpo, la
mente y el espíritu, todas ellas importantes y que precisan ser
atendidas adecuadamente cuando corresponde.
A medida que el ser humano avanza en la atención de sus necesidades de
trans-sobrevivencia gana un sentido de trascendencia tal que van
cambiando las formas de su relación con todos los aspectos de su
existencia. Entre otras cosas, y esto es lo que nos interesa aquí,
cambia el nivel en el que se establecen relaciones y cambia también la
manera cómo se perciben y satisfacen las necesidades de sobrevivencia.
Se modifican las maneras como uno se relaciona con los demás, con la
sociedad, con los bienes materiales, con los recursos personales y
sociales de que se dispone individual y colectivamente; se modifican las
comprensiones y acciones respecto a la naturaleza, a las personas, a uno
mismo; en suma -por decirlo de algún modo- se va dando vuelta la noción
de ser en el mundo.
Este proceso tiene como elemento fundamental el descubrimiento de la ley
que rige la vida y la armonización con ella, aspectos de los cuales
pasamos a ocuparnos.
Devenir
Entendemos por devenir la progresión de la transformación incesante, un
interminable encadenamiento de sucesos en el que todo lo existente
aparece, se desarrolla y desaparece en el tiempo y el espacio. La
humanidad desde la más remota antiguedad ha percibido el devenir y lo ha
expresado de diversas maneras. Las más variadas tradiciones místicas se
refieren a una totalidad universal interconectada y en movimiento; por
ejemplo en el libro místico de los hebreos, La Kabala, se dice:
"El hombre debe percibir que nada permanece, sino que todo está siempre
convirtiéndose y cambiando. Nada queda inalterable. Todo nace, crece y
muere. En el mismo momento en que alcanza su cenit empieza a declinar.
La ley del ritmo está actuando constantemente. No hay una realidad. No
hay cualidad, fijeza ni sustancia permanentes en nada. Nada es duradero,
excepto el cambio mismo. El hombre debe contemplar todas las cosas como
evolución de otras, en una continua acción y reacción, flujo y reflujo,
creación, destrucción, nacimiento y crecimiento y muerte. Nada es real y
nada permanece sino el cambio."
Ya en la antigua Grecia se expresó una comprensión de la realidad como
un incesante flujo que deviene, y más tarde el desarrollo de la
filosofía dialéctica avanzó en la racionalización del cambio incesante.
La física moderna también ha capturado este aspecto de la realidad al
concebir al universo como una malla de relaciones intrínsecamente
dinámica. La física cuántica vincula el cambio a la naturaleza de onda
de las partículas subatómicas y la teoría de la relatividad, al unificar
el espacio y el tiempo, hace imposible pensar a la materia sin su
movimiento y su incesante transformación en energía y viceversa. Así, en
"... las visiones de un mundo cambiante ... no hay lugar para formas
estáticas o para sustancias materiales inmutables. Los elementos básicos
del universo son patrones dinámicos de cambio; fases transitorias en un
constante flujo de transformación y cambio ..." (Capra, 1991: 204).
No es, por cierto, menester adentrarse en el misticismo, la reflexión
filosófica o la física moderna para reconocer la vida y la ley
fundamental que la rige, el devenir. La experiencia cotidiana de
cualquier persona es suficiente; por eso desde tiempos remotos la
humanidad ha experimentado un profundo asombro ante el cambio:
nacimiento, desarrollo, muerte, el inevitable proceso de la realidad
viva, la rueda de la eternidad que jamás se detiene.
El devenir es inherente a la existencia humana, y el ser humano quiera o
no, lo sepa o no, es protagonista del devenir en su propia existencia.
La relación del ser humano con el devenir tiene como escenario
fundamental su propia vida. El ve cómo todo se transforma: cambia el
mundo en que vive, cambia su cuerpo, cambia su mente, cambian sus
relaciones con las personas y el mundo, cambia su conciencia. Por eso se
ha afirmado que lo único perdurable, lo único que se conoce a ciencia
cierta y que sabemos necesariamente sucede, la única certeza de la
existencia humana es el devenir, el cambio incesante. El reconocimiento
de esta única certeza conduce a la creciente comprensión de que uno
participa de un complejo de relaciones múltiples, inagotables,
cambiantes; que todo así como uno mismo fluye incesantemente, que todo
es y deja de ser y así como viene pasa.
Pese a la evidencia demoledora del cambio incesante y la transformación
permanente el ser humano tiende a aferrarse a lo temporal pretendiendo
retenerlo; es esta la gran ilusión del afán de posesión que se plasma en
lo que hemos llamado estado de conciencia posesivo. Este estado de
conciencia no es sino el inútil y desgastante empeño de apropiarse de lo
que indefectiblemente se va; los bienes, el tiempo, las personas, la
juventud, lo que uno ama, los logros, en fin las posesiones. Frente a
ello, desde distintos campos y en distintas épocas ha surgido la
necesidad vital de vivir el devenir, esto es de asumir el cambio y
vivirlo con conciencia. Es precisamente a esto lo que ciertas
tradiciones místicas llaman "iluminación", el vivir con conciencia el
movimiento de la vida y fluir con él; acercarse y alejarse, ir y venir,
sin detenerse jamás.
Devenir y Renuncia
El desenvolvimiento integral del ser humano consiste en integrarse
conscientemente a esa totalidad en movimiento incesante; devenir
conscientemente con ella. Por eso las necesidades de trans-sobreviviencia,
como necesidad de sentido, se pueden sintetizar en una: la de
desenvolver un estado de conciencia que haga posible comprender y vivir
conscientemente el devenir:
La armonización e integración del ser humano con el devenir - la ley de
la vida- se denomina Renuncia.
No parecen haber muchas opciones para armonizar con la ley de la vida.
Si todo es transitorio, si todo pasa, la única forma de relación posible
es devenir con la realidad; un incesante llegar a ser con ella. Esto
quiere decir no posesión. No posesión es una forma de relación con todo
lo existente que consiste en no aferrarse a nada ya que todo se va. No
posesión es, ante todo, una actitud interior y una práctica exterior de
Renuncia que al armonizar al ser humano con el devenir, lo simplifica
tan esencialmente que lo lleva a vivir con la única libertad real a su
alcance, "... la libertad respecto de todo apoyo" (Waxemberg, 1994: 91).
Comúnmente se suele asociar la palabra renuncia a un sentido de pena y
sufrimiento. La pena y el sufrimiento aparecen cuando la persona se
aferra a lo que indefectiblemente se va, cuando pretende ilusoriamente
poseer lo que no se puede poseer y que el devenir tarde o temprano se
lleva. La Renuncia es más bien una manera de vivir conscientemente el
movimiento de la vida; ya que todo deviene, ya que nada se puede detener
ni retener, la única posibilidad de armonizar con el cambio permanente
es no aferrarse a nada, esto es una actitud interior y una práctica
exterior de no posesión.
En el plano personal la vida de una persona está basada en innumerables
renuncias que permiten transitar de una etapa a otra en el proceso de su
vida. Desde el punto de vista psicológico sólo las personas que
consiguen renunciar a la gratificación y posibilidades de cada etapa
cuando corresponde, las personas que consiguen renunciar a las nociones
que tenían, a los modos de obrar y a las maneras de concebir y entender
las cosas, logran vencer las crisis, experimentan desenvolvimiento como
personas y viven a plenitud la experiencia de comenzar nuevas etapas. El
psiquiatra Scott Peck enuncia los principales deseos, condiciones y
satisfacciones a que hay que renunciar tarde o temprano en la vida: al
estado infantil en el que no se responde a exigencias exteriores, a la
fantasía de omnipotencia, al deseo de posesión total de uno de los
padres, a la dependencia de la niñez, a las imágenes deformadas de los
padres, a la omnipotencia de la adolescencia, al deseo de verse libre de
todo compromiso, a la agilidad de la juventud, a la atracción y potencia
sexuales de la juventud, a la fantasía de la inmortalidad, a la
autoridad sobre los hijos, a las varias formas de poder temporal, a la
independencia que da la salud física y, finalmente, a la vida misma y a
uno mismo (Peck, 1986).
Una persona que avanza en una etapa de su desarrollo obtiene conquistas,
accede a estados, pero al fin la etapa termina y las posibilidades
inherentes a ella se agotan. Cuando ello ocurre sólo queda seguir
adelante y abrir espacio para nuevas posibilidades; para ello es
menester renunciar. Renunciar a lo conocido, renunciar a lo obtenido,
renunciar a los logros y aventurarse a lo desconocido; sin Renuncia no
hay posibilidad de comenzar una nueva etapa y profundizar el estado de
conciencia abriendo nuevas posibilidades. Es esta la forma de vivir el
devenir:
"Si bien cada cambio representa una especie de muerte relativa, ...
implica también un nuevo nacimiento. Estar vivo es transformarse
contínuamente." (Waxemberg, 1994: 68).
Desde esta perspectiva la Renuncia es una forma de ser y de vivir que
-como dice Waxemberg- permite trascender los límites de nuestra
ignorancia sobre lo que realmente somos:
"Renunciar no es sufrir, ... es encontrar el camino para hacia la
plenitud y la conciencia. Esa es la manera en que uno logra la libertad
que necesita para desenvolverse plenamente como ser humano". (Waxemberg,
1995: 18).
Por la Renuncia el ser humano deviene con la vida, la vive y se libera
de los logros y conquistas contingentes para continuar avanzando sin
ataduras y sin límites. Frente al cambio incesante la persona vive con
la única posibilidad que no la detiene; la Renuncia permanente.
Si bien la Renuncia en una primera aproximación puede ser entendida
equivocadamente como un dejar para obtener, dejar para lograr, renunciar
a algo para poseer otra cosa, a medida que el estado de conciencia se
expande se comprende que el soltar esperando obtener, así como el dar
esperando recibir ata a la expectativa de una recompensa futura que si
se obtiene se hace una nueva posesión, y si no una dolorosa frustración.
Para que la Renuncia sea tal,
"... no debe asentarse en la esperanza de recompensas futuras. (La
persona) ... se ofrenda impulsada por la fuerza del amor que, si es
real, la mueve a darlo todo, a darse a sí misma sin pedir, sin esperar"
(Waxemberg, 1994: 27).
A medida que esto ocurre la persona pasa a relacionarse
participativamente con todo alcanzando, gradual e ininterrumpidamente,
un estado de unión sin que exista un punto final al cual arribar. La
vida ya no es
"...un perseguir para alcanzar y poseer, sino ... un tomar y dejar, ...
un desear no deseando, ...un amor que se desprende del objeto del amor
en el momento en que puede poserlo. La libertad de lo que se busca y se
alcanza..." (Waxemberg, 1994: 73).
Por eso la Renuncia, al modificar la relación del ser humano consigo
mismo y con su contexto social, natural y universal, lleva a una radical
transformación de la relación de la persona con sus necesidades.
Renuncia y necesidades. Un punto de partida para repensar la economía.
La manera cómo las personas descubren y entienden sus necesidades y se
relacionan con ellas expresa cómo cada quien se entiende a sí mismo en
relación con uno mismo, con los demás y con lo demás; es, en definitiva,
una función de su estado de conciencia. Es el estado de conciencia el
que determina qué es o no una necesidad y cómo, con qué y con cuánto
esta necesidad es atendida.
En el ser humano las necesidades suelen convertirse en deseos a partir
de los cuales se racionaliza y elabora el sentido de necesidad. Podría
decirse que el deseo es una necesidad transformada como consecuencia de
un específico relacionamiento con las necesidades que depende del estado
de conciencia. Los deseos, a menudo potenciados por el afán de posesión,
se hacen fuerzas a menudo incontrolables que enajenan al ser humano
convirtiéndose en directores de sus expectativas y acciones:
"Cierto grado de armonía y comodidad físicas es necesario, pero por
sobre ese nivel se torna un impedimento y no una ayuda. Por lo tanto, el
ideal de crear un número ilimitado de necesidades y satisfacerlas
pareciera ser una falacia y una trampa. La satisfacción de las
necesidades físicas de una persona, incluso las necesidades
intelectuales del estrecho ego de un individuo, en un momento
determinado llegan a un punto muerto para luego degenerar en
voluptuosidad física e intelectual." (Gandhi, 1987: 86).
Las personas no necesitan mucho de lo que a menudo desean, teniendo en
buena medida sus deseos creados y estimulados por quien se beneficia
económicamente -o de alguna otra forma- de su atención. Quien tiene la
capacidad de atender los deseos de alguien tiene abierta la posibilidad
de ejercer alguna forma de poder. La esclavización del ser humano por
los deseos fue resaltada por el Buda (Thera, 1999) en una época en que
los deseos emergían nada más como resultado de la manera como cada quien
se relacionaba con sus necesidades. Hoy en día se puede hablar de deseos
artificialmente creados por intereses específicos que explotan tanto la
capacidad humana de desear como la fuerza energética contenida en ella.
En el campo de la economía, quien tiene la posibilidad de atender los
deseos de las personas puede comandar las acciones de los deseantes y,
en la medida de ello, de manipularlos; mucho más si se ha logrado hacer
de las necesidades deseos, hecho que acompaña la emisión de ciertos
códigos acerca de cómo y con cuánto esos deseos pueden ser atendidos.
La energía contenida en los deseos que por lo general se derrocha en su
atención puede ser orientada conscientemente y retrotraída a las
necesidades para establecer qué se necesita y cuánto. Este es un proceso
consciente que concreta en el campo económico la actitud interior de
Renuncia llevando a poner ciertos límites a lo deseado reduciéndolo poco
a poco a lo necesitado.
Ello permite, por un lado, una relación consciente con lo que se desea y
con lo que se necesita, haciendo posible que cada cual pueda determinar
por sí mismo qué realmente necesita, para qué y cuánto; por otro lado
permite dejar para otros lo que uno realmente no necesita. Lo primero
abre para el ser humano un espacio de libertad en el cual cada uno
decide libre y conscientemente lo que se permite, lo que no y por qué;
nadie más que uno mismo accede a este espacio de libertad en el que está
bloqueada la manipulación de los deseos por otros. Lo segundo deja un
excedente de recursos que uno voluntariamente no toma porque
verdaderamente no necesita. Es lo que Muñoz llama un modo de vivir a
"medida humana":
"¿Qué es lo que realmente necesito para ser hombre? ¿Qué es lo necesario
y qué es lo superfluo? Necesito trabajar, una casa para vivir,
capacitarme, herramientas, libros. Pero ¿qué es lo que necesitan los
demás? Desde el momento en que vivo en una comunidad integrada, estoy
utilizando a cada momento bienes y servicios que no he producido: ¿en
qué medida debo usarlos? Necesito lavarme las manos; pero, ¿cuánta agua
necesito?." (Muñoz, 1980: 325).
La reducción de los deseos a las necesidades mediante la renuncia puede
ser entendida como un proceso de simplificación de aspiraciones y
expectativas en el que muchas supuestas necesidades, y los deseos que
ellas alimentan, desaparecen por falta de estímulo. Esta simplificación
es un trabajo individual que cada quien realiza consigo mismo y mediante
el cual va explorando, personalmente y en la propia vida, a qué
responden las necesidades, cómo se forman los deseos, cómo se puede
canalizar la energía contenida en ellos y cómo se puede desarrollar un
sentido de participación con las necesidades de los demás.
La Renuncia es pilar fundamental de ese proceso de simplificación como
resultado del cual recursos, tiempo y energía pasan a ser utilizados
estrictamente en función de lo que verdaderamente se necesita. La
persona aprende a discernir cuanto tomar, de qué y para qué, y comprende
que en el precario equilibrio de la vida cuando uno toma de más deja a
otros en carencia:
"Es robo tomar algo de otra persona, aun cuando nos lo permita, si no
tenemos real necesidad de ello. No debiéramos recibir ni una sola cosa
que no necesitemos. De acuerdo con esta definición, el alimento es
generalmente objeto del robo. Para mi, es robo tomar una fruta que no
necesito o tomarla en una cantidad mayor que la necesaria. No siempre
nos damos cuenta de nuestras necesidades reales, por lo cual la mayoría
de nosotros multiplicamos impropiamente nuestras carencias,
convirtiéndonos inconscientemente en ladrones. Si le dedicáramos alguna
reflexión al tema, veríamos que podemos desembarazarnos de una gran
cantidad de necesidades. Quien practique la observancia del no-robar,
llegará a una reducción progresiva de lo que necesita. El origen de gran
parte de la aflictiva pobreza que hay en el mundo son las violaciones al
principio de no-robar." (Gandhi, 1987 : 88).
Por ello, continúa Gandhi:
"Sostengo que en cierta medida somos ladrones. Si tomo algo que no
necesito para mi uso inmediato y lo guardo, se lo estoy robando a
alguien. Me atrevo a sugerir que la ley fundamental de la naturaleza
-ley que no admite excepciones- es producir lo suficiente para nuestras
necesidades diarias; en consecuencia, si cada uno tomara lo suficiente
para sí mismo y nada más no habría pauperismo en el mundo, no habría
ningún hombre en el mundo que moriría de hambre. Entonces, mientras
mantengamos esa desigualdad estaremos robando." (Gandhi, 1987: 89).
Esto se sintetiza en el principio elemental de la economía de la
egoencia:
"Ocupar un lugar en el mundo, no más."
Comprender y vivir este principio conduce a atender apropiadamente las
necesidades de uno y a reconocer y contribuir a que los demás también
satisfagan las suyas, permitiendo que cada quien ocupe su lugar en el
mundo. Este reconocimiento comienza efectivamente en la etapa de la
tolerancia, transformándose en la etapa de la solidaridad en un
creciente compromiso para que así sea. Luego, en la etapa de la
participación, y en la medida en que la distinción entre uno y los demás
se va borrando, se pasa a asumir responsabilidad por las necesidades de
los demás; el que los otros atiendan sus necesidades se hace a su vez
una necesidad para la persona participativa que ve borrarse la
separación entre "yo" y "los demás".
7. La economía de la egoencia
El ser humano es una unidad multifacética e integral cuyo
desenvolvimiento implica el equilibrio y la armonización de sus
distintas partes. Por ello es preciso atender todas sus necesidades para
hacer posible el desenvolvimiento integral de un ser humano equilibrado
y pleno, armónico consigo mismo, con todos y con todo. Puesto que el ser
humano es una unidad de aspectos biológicos, psicológicos, sociales y
espirituales, y puesto que las necesidades de cada una de estas
dimensiones requieren ser atendidas para hacer posible el florecimiento
de todas las posibilidades humanas, la economía necesita considerar
todas las necesidades humanas, esto es hacerse una economía de las
necesidades humanas, del ser humano integral que vive con su cuerpo,
utiliza su mente, vive en sociedad, descubre el sentido de su existencia
y se proyecta hacia el misterio de lo desconocido. Para el ser humano la
economía ha de ser, por tanto, una economía del desenvolvimiento humano
integral, una economía de las necesidades de sobrevivir y de las
necesidades de trans-sobrevivir, una economía de las necesidades
humanas.
La economía de las necesidades humanas es básicamente una economía de la
egoencia, esto es de la individualidad expansiva y participante del ser
humano. La egoencia del ser como estado de conciencia tiene al individuo
asentado en sí mismo como punto de partida de su expansión ilimitada.
Por ello se basa en el reconocimiento de la individualidad específica y
única de cada persona que debe ser descubierta, comprendida, trabajada y
desplegada por cada quien, una tarea indelegable sin la cual el
desenvolvimiento del ser no es posible. Esta tarea -que tiene al menos
dos direcciones- lleva al individuo, por un lado, al constante
redescubrimiento de su unicidad mediante una exploración interior basada
en el silencio y la contemplación. Al mismo tiempo, por otro lado, lo
conduce a expandirse activamente y a participar en la vida con voluntad,
esfuerzo y esmero, integrándose en una totalidad de la cual es parte
cada vez más consciente. Es a esto a lo que se denomina el no-hacer
haciendo.
El proceso de desenvolvimiento de la individualidad no debe ser
entendido como una adición de habilidades, capacidades o virtudes, sino
más bien como una gradual e incesante simplificación que lleva al
individuo a la profundidad de sí mismo sin posesiones de ningún tipo.
Por ello, su expansión participativa no es un hacer para ganar y poseer,
sino un hacer para estar presente en el medio en que se vive. Puesto que
la individualidad en desenvolvimiento se va desgajando del sentido de
posesión, su acción exterior no tiene como finalidad el ganar y el
poseer el fruto del esfuerzo, sino su ofrenda.
Por eso la economía de la egoencia es una economía del dar que conduce a
la utilización justa y provechosa de los recursos, mientras se va
asumiendo responsabilidad por los efectos de lo que uno hace en el medio
natural y social en que vive. Así el individuo va descubriendo y
definiendo su medida humana, ocupa su lugar en el mundo y contribuye
para que todos puedan ocupar también sus propios lugares. Esto quiere
decir: 1) utilizar adecuadamente los escasos aspectos de la vida, el
tiempo y la energía de que se dispone; 2) asumir responsabilidad por uno
mismo, por las necesidades que se tienen, por la manera cómo se
satisfacen y por todo lo que se recibe de los demás y que es fruto de
sus esfuerzos; 3) producir lo que uno consume, limpiar lo que uno
ensucia, arreglar lo que uno ha roto mientras se aprovecha lo que la
naturaleza, los demás, la sociedad han creado, preservándolo,
mejorándolo y aumentándolo para que pueda servir a otros; 4) mejorar la
sociedad en que se vive, atendiendo y satisfaciendo las necesidades de
los demás, 5) aportar la capacidad y el talento que se tiene, el trabajo
que se hace, las cosas que uno crea, como contribución a mejorar las
condiciones al alcance de todos; 6) producir más de lo que se consume,
limpiar además lo que no se ha ensuciado, arreglar también lo que no se
ha roto, y asumir responsabilidad por el destino humano, la Unión de
todos con la totalidad del universo.
La economía de la egoencia, como economía de la relación del individuo
con todas sus necesidades y los recursos a su alcance, está dirigida a
establecer cómo se satisfacen las necesidades en su justa medida en el
contexto social, cultural, natural y cósmico del desenvolvimiento
integral del ser humano. La economía de la egoencia no adiciona sino
simplifica y se desarrolla con base en el esfuerzo consciente del
individuo por armonizar con la ley fundamental de la vida -el devenir-
mediante la no-posesión, que se vive y concreta mediante la Renuncia.
Estas son algunos de los elementos sobre los cuales está planteado el
desafío de re-pensar la vida económica de personas y grupos humanos y de
re-pensar la Economía como disciplina científica.
Palabras finales:
"Al mundo entero -agregó nuestro Padre el Sol-, doy mi luz y mi
resplandor; doy calor a los hombres cuando tienen frío; hago que sus
campos fructifiquen y que su ganado se multiplique; cada día que paso
doy la vuelta al mundo para estar más enterado de las necesidades del
hombre y para satisfacer estas necesidades. Seguid mi ejemplo." (Mito
Inca. Comentarios Reales de Garcilaso de la Vega, año 1556).
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