Satisfactorio y saludable para la formación intelectual haber
elaborado una breve reseña descorriendo los velos de la historia con el
propósito de conocer los hechos como fenómenos objetivos, con sus
correspondientes causas que los engendraron y las razones mismas que
impulsaron a la voluntad humana para ser causa eficiente de los
acontecimientos.
Los partidos políticos, se presentan como los cauces por los cuales
corren, y a veces se desbordan, determinadas corrientes de la opinión
ciudadana.
Se ha dicho, y con razón, que la vida de la sociedad, al igual que la
vida humana, se parte en edades específicas de evolución, progresiva y
regresiva.
El proceso de institucionalización, se confunde con la historia misma de
los pueblos. En el vasto campo de la vida política y de la religiosa
cobra especial trascendencia. Dentro de las sociedades políticas se ha
institucionalizado una multiplicidad de costumbres o normas que durante
largo tiempo fueron simple derecho consuetudinario.
"Solamente cuando en un pueblo se ha perfeccionado el proceso de
institucionalización de tales formas orgánicas de convivencia, dicho
pueblo adquiere la madurez de su vida societaria y puede influir
fecundamente sobre otros pueblos."
"A su vez la decadencia de los pueblos se inicia con la disolución o
desfiguración de sus instituciones. Así, el Estado, el sistema, la
doctrina, el partido político se desfiguran y corrompen por múltiples
causas que, nos pone de presente la crónica de las grandes
civilizaciones antiguas y modernas".
El estadista no es ya el que hace feliz al ciudadano sino el que con más
habilidad lo explota, quien hace crecer su popularidad a costa del
espíritu ingenuo, resignado e impotente de ese ciudadano a quien debiera
proteger y elevar; no es hombre de Estado quien sirve a sus compatriotas
sino quien con más dureza se hace servir.
El hombre honrado va quedándose zaguero como simple blanco de
hazmerreír, y el más listo vale más porque, no importan los medios, ha
llegado primero.
El político y el conductor de multitudes parecen de mejor recibo cuando
traicionan y se traicionan, cuando fingen, cuando con cautela o interés
rescatan u ocultan la verdad.
Es evidente la crisis en la democracia representativa colombiana, al
igual que en su derecho objetivo, como consecuencia de la crisis en sus
partidos tradicionales. Porque si éstos, que son los canalizadores del
querer popular, se desvirtúan, para dar cauce a otros propósitos, ajenos
a la finalidad para la cual se les dio existencia, necesariamente, o
deben reorganizarse en una forma más conveniente y adecuada al momento,
o deben morir para dar paso a nuevas organizaciones políticas en las que
sí se busque el bienestar colectivo como resultado de la opinión
popular.
La violencia como hecho político ha estado presente de manera
persistente en el proceso de conformación de la sociedad colombiana.
Desde las guerras civiles del siglo XIX, los nacientes partidos, Liberal
y Conservador, "apostaron sus proyectos políticos a las armas, a través
de las cuales comenzó ese largo transito de relación y entrecruzamiento
entre violencia y política."
A diferencia de otros países de América Latina, los dos grandes partidos
políticos colombianos se constituyen en verdaderas instituciones de
profunda presencia nacional. La lealtad de sus partidarios se transmite
por generaciones y aun por poblaciones. Ello va a tener decidida
importancia en la extensión y radicalización de la violencia en el
territorio colombiano.
Después de treinta años de un periodo que comienza con los albores
del siglo XX y que se ha dado en denominar como de "la hegemonía
conservadora", los liberales llegan al poder a principios de los años
treinta. En su predicamento político está la idea de modernizar los
criterios de desarrollo. Se introducen reformas al sistema laboral, al
régimen de propiedad de la tierra y en otros sectores como la educación
y los procesos de industrialización.
En 1946 los conservadores regresan al poder, en medio de fuertes
tensiones políticas, agudizadas por viejos enfrentamientos. Jorge
Eliécer Gaitán, líder liberal de amplio arraigo popular, es asesinado en
1948, cuando se celebraba en Bogotá la Conferencia Panamericana que dio
origen a la actual Organización de Estados Americanos, OEA. Hubo grandes
motines urbanos conocidos como "el Bogotazo" y mueren mas de 2,000
personas. Se desata entonces el período de "la Violencia", un quinquenio
de barbarie que se extiende hacia campos y ciudades. Entre 100,000 y
200,000 muertes cobra el proceso.
Un lógico trauma nacional deja como huella la violencia desatada.
Sobreviene un Golpe de Estado que interrumpe, por corto lapso
(l953-1958) lo que había sido una larga historia de democracia formal en
Colombia. El Gobierno Militar obtuvo un armisticio parcial en las luchas
campesinas, pero las restricciones a la prensa y a la actividad de los
partidos llevaron a liberales y conservadores a unirse para derrocarlo.
Es así como nace en 1958 el acuerdo del "Frente Nacional" que cobra
carácter constitucional de gobiernos compartidos y alternados por 16
años. Además de la alternancia en la Presidencia, permite la división de
los cargos ministeriales y puestos en el Congreso. Restablece la paz y
la estabilidad. Pero ese proceso va a tener una consecuencia de
aplazamiento de muchos de los grandes problemas nacionales a la vez que
opera como un mecanismo de bloqueo para opciones diferentes a los dos
partidos tradicionales.
Para algunos, el modelo, al no presentar oportunidades políticas y a la
tardanza de los gobernantes en atender con éxito situaciones de extrema
pobreza o marginalidad en amplias zonas de la población, hizo posible el
resurgimiento de anteriores movimientos agraristas que son infiltrados
por la ultra izquierda y ahora adoptan carácter comunista o castrista en
algunos casos; en otros, maoísta, sin excluir la aparición entre ellas,
de bandas de delincuentes comunes. En 1964 se fundan las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia, FARC, por guerrilleros de origen comunista
y un año después aparece el Ejercito de Liberación Nacional, ELN, de
clara inspiración pro-castrista.
Sin embargo, la visión extrema de atribuir exclusivamente el origen de
la violencia a la depauperación social y la llamada conducta cerrada y
elitesca de la política colombiana, contrasta con el esfuerzo de
desarrollo social y económico adelantado por algunos gobiernos. El hecho
de que Colombia por largos años mantuviera una razonable tasa de
crecimiento, aceptable institucionalidad política y que constituyera la
excepción a la crisis registrada en la región durante los años ochenta,
arroja aún más elementos de análisis en la complejidad del caso
colombiano.
En la primera parte de los años sesenta, durante el gobierno de
Guillermo León Valencia, la tensa situación política y la recesión
económica impactada por la reducción de los valores de exportación,
condujo a una fuerte devaluación de la moneda. Las compensaciones
laborales, vista la gran presión sindical, se incrementan en hasta un
40%. Se registra el mas agudo proceso inflacionario desde 1905. Las
políticas deflacionarias aplicadas elevan el desempleo a cerca del diez
por ciento en las mayores ciudades y una creciente desconfianza hacia el
Frente Nacional lleva a que menos del diez por ciento del electorado
vote en las elecciones para congresantes de 1964.
Pero la economía retorna hacia el camino del crecimiento. Durante el
gobierno de Carlos Lleras Restrepo, el tercer presidente del Frente
Nacional (1966-70), se introducen importantes reformas políticas, y la
economía, hacia el final del periodo, alcanza una elevada tasa de
crecimiento (7%). No hay duda que influyen los altos precios que alcanza
el café, pero ello no desmerita el esfuerzo hecho. Mucho menos, elevar
el grado de credibilidad de la dirección política.
En 1970, va a producirse un hecho de especial importancia con ocasión de
la elección de Misael Pastrana Borrero, el candidato conservador
respaldado por el Frente Nacional. Su opositor, el ex-dictador Gustavo
Rojas Pinilla, obtiene amplio respaldo en la votación urbana, lo cual se
interpreta como un voto contra el Frente Nacional. Esa apretada elección
da origen a la aparición de un grupo guerrillero, en 1973-74, el
Movimiento 19 de Abril, o M-19, denominado así por la fecha en la cual,
según su consigna, le fue "robada la elección" a Rojas Pinilla.
La transición hacia la libre competencia electoral y el fin del acuerdo
del Frente Nacional, transcurre sin mayores dificultades. En 1974,
Alfonso López Michelsen, del Partido Liberal, cumple su periodo de
cuatro años (1974-78) y trasmite la presidencia a Julio César Turbay
Ayala, un liberal de centro. Continua la baja participación electoral y
crece el temor de que puede producirse una asonada militar de cualquier
signo político.
El acuerdo de Frente Nacional, además de permitir a los oponentes
políticos argumentar la toma de la vía armada por la imposibilidad de
competir democráticamente, tuvo un importante efecto paradójico: el
traslado de la competencia política dentro de cada partido y no entre
ellos. La huella del Frente Nacional aun subsiste, y en los gobiernos
electos son invitados a participar miembros del partido opositor. La
secuela del asesinato de Gaitán y la constitución del Frente Nacional,
produjeron una petrificación de la política colombiana en la memoria
colectiva que ha llevado a descuidar las virtudes de la democracia
representativa y a errar en el reconocimiento de su evolución.
El proceso armado en Colombia tiene hondas raíces sociales, políticas e
históricas. Su inserción en la estructura social le ha permitido
consolidarse y evolucionar hacia una pretensión de desplazamiento
absoluto de las clases dirigentes actuales en la dirección del Estado.
Son muchos los factores que determinan esa realidad. Factores exógenos
como la Revolución Cubana y el "castrismo" como ideología de insurgencia
guerrillera para la toma del poder; la guerra fría y su consecuente
enfrentamiento entre el mundo socialista y el mundo capitalista y la
ruptura de las líneas políticas soviéticas y chinas que a su vez
enfrentan las tendencias de "coexistencia pacífica" y "revolución
mundial", respectivamente.
Algunos factores endógenos que determinan el proceso pueden encontrarse
en: las insurgencias campesinas y su posible prolongación en la cultura
popular; la exclusión política que representó la conformación del Frente
Nacional; el retraso en la atención a los problemas sociales; la
aparición de la "nueva izquierda" como organizaciones políticas
distintas al Partido Comunista, tales como: el Movimiento Obrero
Estudiantil, Campesino, MOEC; el Frente Unido de Acción Revolucionaria,
FUAR y las Juventudes del Movimiento Revolucionario Liberal, JMRL, entre
otros, que constituyen las simientes en las direcciones de los frentes
armados actuales.
Desde los años setenta se inicia un proceso de reformas políticas que
encuentran en la Constitución de 1991 su mejor expresión. Las primeras
conversaciones de paz arrojan positivos resultados y grupos
guerrilleros, con excepción de las FARC y el ELN, deponen las armas. La
nueva constitución se dicta en el marco de un amplio debate nacional y
sus previsiones apuntan hacia una profundización del proceso
democrático. Restricción al poder central ejecutivo y promoción de la
participación política, constituyen sus líneas básicas.
La influencia del modelo constituyente español en cuanto a autonomías
regionales se hace presente en la concepción del proceso de
descentralización. Se dota de mayor autoridad a las figuras de los
alcaldes y gobernadores departamentales. La Fiscalia General y la
protección a los derechos humanos ocupan ahora un espacio de destacada
importancia. La participación ciudadana alcanza elevados niveles en los
procesos electorales, cerca del sesenta por ciento en las elecciones de
1998. Nuevas figuras, sobre todo a nivel regional, aparecen en la escena
política.
La necesidad de nuevas reformas constitucionales se hace evidente. La
violencia y el terrorismo son rampantes; el "contrato social" esta
amenazado. El sistema judicial es incapaz de reducir y castigar el
crimen mientras que esa misma Constitución es proactiva en el área
económica, cerrando posibilidades al mercado y al diseño de políticas
económicas.
También el Parlamento aparece fragmentado y sujeto a miles de presiones.
Sus relaciones con el Ejecutivo son difíciles. Adicionalmente, las
insuficiencias institucionales amenazan la tradicional estabilidad. En
efecto, el proceso de descentralización ha dejado una secuela de
importantes déficits fiscales e ineficiencias en las relaciones entre el
gobierno central y los gobiernos regionales. El proceso presupuestario
es frágil y no transparente. Los servicios sociales y los programas para
la reducción de la pobreza son ineficientes y carecen de recursos. La
política monetaria y financiera requiere de firmes controles de la
inflación.
Aun cuando muchos de estos problemas son comunes a los países en vías
de desarrollo y, aun en economías industriales, en Colombia aparecen al
borde del colapso. Un obstáculo para superar estas limitaciones se
encuentra en el hecho de que la Constitución de 1991 es sumamente
detallada en su articulado. La consecuencia es que relativamente
pequeños cambios e inclusive, requerimientos indispensables para la
política económica, quedan sujetos a reformas constitucionales.
La exuberante y diversa geografía colombiana hace de este país el
segundo, después de Brasil, en grado de biodiversidad en la región. Es
también el quinto en cuanto a extensión geográfica y el tercero en
población con sus 41 millones de habitantes. Colombia es el segundo
exportador mundial de café y flores. Ha gozado de una privilegiada
estabilidad económica con un crecimiento promedio del cinco por ciento
de su Producto Territorial Bruto entre los años 1945 y 1995. Es uno de
los pocos países de la región que disfruta de una alta calificación para
la inversión internacional y, además, es una de las más antiguas
democracias de Ibero América.
Sin embargo, también Colombia se ha convertido en el primer proveedor de
cocaína del mundo. La presencia del narcotráfico como forma organizada
de actividad criminal, ha desatado nuevas formas de violencia que
amenazan la estabilidad del propio Estado. La violencia política se
entrecruza con la violencia ejercida por la actividad ilegal del
narcotráfico. El negocio de las drogas permite el fortalecimiento de las
fuerzas insurgentes, tanto de las FARC y el ELN, como de la organización
paramilitar de derecha, Auto Defensas Unidas de Colombia, AUC. Evidente
resulta la influencia determinante del narcotráfico, en la extensión,
profundización y características del conflicto y en su proyección
internacional.
La tasa de homicidios en Colombia es una de las mas altas del mundo.
Para 1991, casi ochenta colombianos de cada cien mil eran asesinados.
Los homicidios en Colombia son tres veces mayor que los que se registran
en Brasil o México y diez veces superior a los cometidos en Argentina,
Uruguay, o los Estados Unidos. Solamente El Salvador superó las cifras
registradas en Colombia para la ultima década. Para el Ministerio de la
Defensa el numero de victimas muertos en combate durante el año 2000 fue
de 1.777, mientras que la Comisión Colombiana de Juristas, CCJ, grupo de
defensa de derechos humanos, 6.067 personas fueron victimas de la
violencia socio-política. Un incremento del 50% con respecto al año
anterior. Por su parte, también Colombia es líder mundial en numero de
secuestros. El año 2000 la policía registró 3.707 secuestros, es decir,
unos diez diarios.
En general, existen serias dudas sobre las cifras oficiales de los
índices de delitos cometidos. Ello encuentra su explicación en la
perversa tendencia del sistema judicial colombiano de registrar los
delitos solamente en los cuales los delincuentes son identificados por
las victimas. Es por eso que existe una extraña coincidencia entre la
tasa de delitos reportados y el numero de delincuentes aprehendidos.
Las razones para explicar el alto índice delictivo en Colombia son, sin
dudas, complejas. Determinar sus causas es una difícil tarea, mucho más
si se tiene en cuenta de que se carecen de estadísticas confiables.
Así las cosas serian cinco las causas que explican este fenómeno social.
Ellas son: (1) El trafico ilegal de drogas, (2) La falta de castigo a
los delincuentes, (3) La presencia de grupos extra-gubernamentales
(guerrillas y para-militares) que han asumido tareas que corresponden al
gobierno en regiones del país, (4) La pobreza y desigualdad social, y su
aprovechamiento por los irregulares, y (5) La posibilidad, para algunos
analistas, que las décadas de conflicto hayan creado una población mas
inclinada hacia la violencia.
Una resaltante contradicción del caso colombiano es la de que a pesar de
la magnitud de sus conflictos internos, el gasto militar es
relativamente bajo. "Para 1998, el 15,8% del PNB ruso se destinaba a
gasto militar, el 5,8% de los Estados Unidos, el 3,8% de Francia, el
3,0% de Noruega, el 2,35 de Chile y el 2,1% de los pequeños Uruguay y
Panamá. Países con conflictos armados internos pendientes hacían
esfuerzos mucho mayores: Filipinas el 15,8%, Angola e Israel el 13%,
Nicaragua el 8,7%, y El Salvador el 2,8%". Colombia solo gastaba para
1989 el 1,4%. Las fuerzas militares colombianas fueron por años muy
pequeñas. En 1985 contaban con 66.000 hombres, la mitad del Frente
Sandinista y menos que el ejercito chileno de 100.000 hombres. Para el
año 2000 se incrementan hasta 120.000 que no son muchos en relación en
relación con el número de habitantes y la extensión del territorio.
En la actualidad Se desempeña como Gerente de BM Motor Company en
Colombia, y además es fundador de la International Black & White
Corporation