PRESENTACIÓN
La definición de la empresa como un sistema abierto que interactúa con
el medio social en el que se desenvuelve exige -como parte del proceso
administrativo- la inclusión del análisis del entorno tanto en la
evaluación de la gestión realizada como en la definición de objetivos y
en la proyección de metas. El entorno mismo puede considerarse bajo
distintos ángulos: cultural, político, legal, económico, etc..
En el contexto de esta investigación, el énfasis se centra en el aspecto
económico, el cual puede examinarse bajo la perspectiva de la
temporalidad según sea de corto o de largo plazo. En el primer caso se
hará referencia a las características más inmediatas y seguramente más
fluctuantes; se hablará, entonces, de coyuntura económica. En el largo
plazo se tendrán en cuenta los factores estructurales o más estables que
caracterizan el entorno económico.
Por su naturaleza, los modelos de planeación estratégica realizan la
identificación de oportunidades y amenazas para la empresa con base en
las características estructurales del entorno y descuidan sus elementos
coyunturales. Sin embargo, el largo plazo está determinado, en gran
medida, por la acumulación de fenómenos de corto plazo, de naturaleza
transitoria. Así, por ejemplo, el incremento quinquenal de las ventas en
una empresa puede estar impulsado por factores diferentes en cada uno de
los cinco años: las exportaciones, el gasto público, el crédito al
sector privado, etc.. De esta manera, un crecimiento continuo de los
ingresos operacionales, a través de un período de varios años, se
explicaría por la sucesión (afortunada) de diversos fenómenos. Conviene,
entonces, tener presente la coyuntura económica en la gestión gerencial,
no sólo como factor explicativo de los resultados alcanzados, sino,
además, como variable decisiva en la formulación de metas precisas,
tales como producción, ventas, exportaciones, y utilidades.
Ahora bien, la coyuntura económica puede definirse como la confluencia
-en un tiempo y en un espacio dados- de un grupo de factores que,
considerados conjuntamente, contribuyen a explicar la situación que
atraviesa una actividad económica específica, correspondiente bien sea a
una empresa, a un sector productivo, a un grupo de sectores (rama) o a
la economía en su conjunto.
Estos distintos alcances del término coyuntura (empresa, industria,
sector, actividad económica general) quizás puedan comprenderse mejor
tomando como ejemplo el "Informe de la Junta Directiva y del Presidente"
de la Compañía de Cementos Argos S.A., correspondiente a 1995, donde se
lee que: "Argos y sus empresas asociadas, al igual que otros sectores de
la economía nacional, tuvieron unos resultados inferiores en general, en
el año de 1995 al cual se refiere el presente informe, al compararlas
con los mostrados en el ejercicio anterior. Estos resultados se vieron
afectados por la disminución en la actividad edificadora nacional que
según estadísticas de Camacol, decayó en 13.5% después de dos años de un
desempeño por encima del crecimiento de nuestra economía. La industria
de la construcción se vio afectada entre otros factores por cierta
saturación en el mercado de vivienda terminada, y por los altos
intereses de los préstamos hipotecarios. Además de lo anterior, el
exceso de oferta que mostraron los productores de cemento nacionales
hizo que los precios no se modificaran al ritmo de los costos de
producción, afectando los resultados de nuestras empresas".
Sin embargo, en la práctica gerencial aparentemente no se concede igual
importancia al análisis ex-ante de la coyuntura, es decir, a la
denominada previsión económica. En efecto, no es usual encontrar en los
Informes Anuales, rendidos por los administradores a los propietarios,
la descripción de las perspectivas del entorno empresarial. Esta
ausencia quizás tenga una razón más profunda, cual es el desconocimiento
de la articulación coyuntural de la empresa, tanto con la industria en
la cual participa como con la economía en su conjunto.
En efecto, todas las empresas no se comportan de igual manera frente a
la coyuntura, sino que -por el contrario- presentan diferentes
sensibilidades; es decir, los efectos sobre las organizaciones
-derivados de los cambios en la actividad económica agregada- son de
naturaleza y magnitudes diferentes. Por esta razón, es viable medir la
sensibilidad coyuntural de acuerdo con el aspecto de la empresa que
resulta más afectado: los beneficios, los ingresos monetarios, las
ventas físicas o la administración. La diferencia entre la sensibilidad
coyuntural vía ingresos o vía ventas está dada por las características
propias del bien producido y por el poder de mercado de cada empresa.
Por su parte, la gerencia refleja negativamente el impacto de la
coyuntura cuando los cambios de ésta no fueron anticipados durante el
proceso administrativo y, por consiguiente, recae -en quien toma la
decisión- la responsabilidad de los resultados.
Las elasticidades o sensibilidades coyunturales de la empresa pueden
clasificarse en positivas o negativas, conforme sea el impacto que la
coyuntura ejerce sobre la actividad de la organización: precoces,
coincidentes o retardadas, según la relación temporal con el movimiento
coyuntural. Una firma puede presentar una sensibilidad positiva o
negativa a la coyuntura, según que la actividad empresarial o sus
resultados varíen en el mismo sentido o en sentido inverso que el ciclo
económico. Por definición, las empresas procíclicas tienen un peso más
importante en el volumen global de actividad que las empresas
contracíclicas. Una firma puede presentar una sensibilidad precoz o
retardada a la coyuntura, como son los casos de las empresas
exportadoras y fabricantes de maquinaria, respectivamente. Una firma
puede presentar una sensibilidad elevada o débil frente a la coyuntura
(una empresa constructora -por su naturaleza propia- registra una
sensibilidad elevada).
Para una gestión gerencial exitosa quizás no sea, entonces, suficiente
disponer de los pronósticos generales, es decir, conocer las
perspectivas macroeconómicas del país. Se requiere, además, identificar
y cuantificar los posibles impactos, favorables o desfavorables, de esa
coyuntura sobre la industria en la que se participa y sobre la empresa
misma, dado que los fenómenos generales no repercuten de igual manera en
todos los sectores y empresas. Sólo de esta manera se evitará inculpar
al desempeño económico del desempeño empresarial, pues la previsión de
las fluctuaciones del entorno también constituye tarea esencial en la
función gerencial.
Sin embargo, este tema ha sido poco explorado tanto por las teorías
económicas como por las administrativas, quizás en razón de su
naturaleza ambigua, pues se sitúa en la intersección de los desempeños
macroeconómico y empresarial. En efecto, la ciencia económica ha
reducido el análisis de la empresa al de un agente representativo,
perfectamente informado sobre su función de producción, sus costos, su
demanda y sus competidores; en cualquier caso se trata de un agente
intemporal que actúa racionalmente, cuya incertidumbre encontraría
siempre una solución única y óptima, así sea a través de modelos
probabilísticos.
Las teorías administrativas, por su parte, han enfatizado en las
habilidades de dirección requeridas para lograr el mayor rendimiento de
los recursos humanos disponibles, pues el aprovechamiento de los
factores tecnológicos se ha delegado a la ingeniería industrial;
mientras que el desempeño económico general se ha definido como una
variable externa, frente a la cual se tiene poca o nula capacidad de
reacción. En otras palabras, de acuerdo con las teorías administrativas,
las empresas sufren la coyuntura económica más de lo que pueden hacer
para cambiarla.
Esta investigación, por el contrario, quiere plantear la posibilidad e
importancia de que los directivos empresariales realicen una política
coyuntural activa; es decir, que -con base en un adecuado proceso de
previsión económica general y particular para cada empresa- adopten las
decisiones necesarias para reducir los efectos negativos de la coyuntura
económica y para potenciar el aprovechamiento de los impactos positivos.
El punto de partida necesariamente consiste en el conocimiento de la
dinámica coyuntural y de la forma como se articula a ese movimiento cada
empresa.
Con el propósito de contribuir al enriquecimiento de la gestión
gerencial, se desarrolló el presente estudio, el cual contó con el apoyo
financiero y académico de la Universidad Eafit. El contenido del mismo
se descompone en tres grandes secciones: la primera examina la
definición y análisis de la teoría de las fluctuaciones económicas, con
énfasis en las coyunturales; en la segunda se exponen los elementos
metodológicos utilizados para lograr una aproximación empírica al examen
de las relaciones empresa-coyuntura económica; la tercera corresponde a
la aplicación del análisis propuesto al caso de dos empresas: Cementos
Argos y Fabricato.
CAPITULO PRIMERO. ASPECTOS TEÓRICOS
El conjunto de procesos realizados para generar los bienes y servicios
necesarios a la subsistencia material de una comunidad se denomina la
actividad económica, la cual aparece como el agregado inconsciente -es
decir, no planeado colectivamente- de muchas acciones individuales. En
el centro de estas últimas se encuentran las empresas, u organizaciones
consagradas a la obtención de beneficios monetarios mediante la
producción y venta de uno (o algunos) bienes y/o servicios. Los
resultados empresariales individuales se constituyen, por tanto, en el
determinante del comportamiento económico social y de sus fluctuaciones;
estas últimas ocasionadas en la disparidad de criterios existente al
tomar las decisiones individuales.
Sin embargo, el comportamiento económico social no es más que una
categoría del conocimiento, definido como la sumatoria ponderada de los
desempeños alcanzados por todas y cada una de las empresas que hacen
parte del sistema económico. En efecto, la medición de un resultado
económico global ha sido una de las preocupaciones centrales de la
ciencia económica, la cual se ha empeñado en identificar y delimitar los
comportamientos de corto y largo plazo de la actividad económica, a
partir de diferentes indicadores promedios o agregados. Aún más, en el
proceso de avance del conocimiento científico, el corto término ha sido
un terreno de análisis específico de la macroeconomía, en particular, a
través del estudio del denominado ciclo económico; mientras que las
teorías del crecimiento y el desarrollo se han ocupado de los
movimientos de largo plazo. En ambos casos, el papel cumplido por las
empresas -como unidades productoras básicas- aparece relegado a un
segundo plano.
En otras palabras, la conceptuación de la realidad económica como una
totalidad, es decir, como un agregado macroeconómico, resta importancia
a los comportamientos individuales, pese a que ellos constituyen el
origen y la base del desempeño global.
Desde la perspectiva de la empresa, por el contrario, el comportamiento
general identificado por el análisis económico no puede pasar
inadvertido sino que debe constituír un punto de referencia obligado
para la proyección de sus operaciones. En efecto, definida como un
sistema abierto que interactúa con su entorno, la unidad empresarial
está comprometida con el conocimiento y manejo (hasta donde sea posible)
del medio socioeconómico en el que opera. En este sentido, la agregación
macroeconómica constituye un parámetro de decisión para la empresa, por
cuanto le indica la evolución y tendencias del entorno.
En este capítulo, teniendo como marco de referencia el hecho que el
movimiento constituye el modo de existencia propio de la actividad
económica, se profundizará en el análisis de las interrelaciones
economía-empresa
1. EL CARÁCTER DINÁMICO DE LA ACTIVIDAD ECONÓMICA
La actividad económica se encuentra sometida a una gran variedad de
movimientos o fluctuaciones, algunas de las cuales son claramente
definibles, lo que permite clasificarlas de manera sistemática. Al lado
de éstas hay una multitud de cambios inciertos, no clasificables e
imprecisos, que pueden llamarse factores accidentales, como los
derivados de fenómenos climáticos y de cambios políticos imprevistos. Es
decir, las variaciones de la actividad económica pueden agruparse en dos
grandes categorías: cambios no recurrentes y fluctuaciones recurrentes.
Desde la perspectiva de la ciencia económica -cuya existencia depende de
la posibilidad de sistematizar las observaciones de la realidad-, los
movimientos importantes son los de carácter recurrente. Es decir, la
teoría enfrenta un reto tanto histórico como conceptual, pues
simultáneamente debe identificar y clasificar las fluctuaciones
ocurridas en el desarrollo histórico de la actividad económica. En este
sentido, con base en el estudio de la sociedad industrial, tres tipos de
movimientos han sido definidos: seculares, de larga duración y de corto
período.
Las fluctuaciones seculares corresponden al crecimiento continuo de la
actividad económica; su medición se obtiene al comparar dos fases
-lejanas entre sí- del desarrollo socioeconómico; y se les asimila con
el progreso económico permanente; es decir, este tipo de expansiones
corresponde a la experiencia de varias generaciones sucesivas. Esta
apreciación sugiere que, al menos en teoría, no existe la posibilidad de
un decaímiento secular de la actividad económica, sino que la sociedad
humana se encuentra en constante expansión.
Los movimientos largos corresponden a fluctuaciones muy amplias, en
términos de duración temporal, e indican que en realidad el progreso
económico no sigue una línea recta y que el proceso de crecimiento es
inestable. En una perspectiva de larga duración, se ha podido constatar
la existencia de grandes fluctuaciones, como los denominados ciclos
Kondratieff, cuya periodicidad alcanza el medio siglo. En estos casos,
las fases de crecimiento continuo se alternan con recesiones
prolongadas, expresadas en cambios de precios y cantidades (Dupriez y
otros, 1996).
Las fluctuaciones de corto período, por su parte, se integran con los
movimientos largos y explican los cambios en sus tendencias. Es decir,
una tendencia puede definirse como un movimiento continuo y prolongado
de cualquier actividad en una dirección conocida; si bien es necesario
añadir que el sentido de la dirección puede cambiar; lo que conduce a
pensar que las tendencias no son más que fases de unos movimientos
recurrentes de largo plazo; es decir, componentes de ciclos de mayor
amplitud.
Las desviaciones frente a la tendencia constituyen las fluctuaciones de
corto plazo o ciclos económicos de corta duración, los cuales pueden
definirse como la expansión simultánea de muchas actividades económicas,
seguida generalmente por recesiones similares, contracciones y
recuperaciones que lindan con la fase expansiva del siguiente ciclo.
Esta secuencia de cambios es recurrente pero no periódica. La duración
de un ciclo puede variar de uno a diez o doce años, según la definición
clásica de A. F. Burns et W.C. Mitchell, citada por J. Fayolle (1987).
En síntesis, la representación tradicional de la dinámica económica se
basa en la distinción entre tendencia y ciclo. La primera simboliza el
largo plazo, mientras que el ciclo caracterizaría los fenómenos de corto
plazo. La definición de dominios específicos en la ciencia económica
separa ambos elementos, bajo el supuesto de que obedecen a fuerzas
independientes.
De esta manera, el análisis de corto plazo, característico de la
macroeconomía, supone fijas las capacidades de producción y se consagra
al estudio de las fricciones existentes en los diferentes mercados
(monetario, laboral, de bienes y servicios). El largo plazo, por su
parte, constituye el dominio exclusivo de las teorías del crecimiento y
el desarrollo, en las cuales se examinan los procesos de acumulación de
los factores de producción y de distribución social de la riqueza.
Finalmente, cabe señalar que las fluctuaciones de corto plazo pueden
dividirse en dos grupos: las estacionales y las cíclicas. La
estacionalidad de una magnitud económica se define como su repetición
con una amplitud estable y una periodicidad regular. Convencionalmente,
sólo las fluctuaciones con periodicidad inferior a un año (verbigracia,
mensuales o trimestrales) pueden calificarse de estacionales. Sin esta
convención, la distinción entre fluctuaciones estacionales y ciclos
económicos propiamente dichos no sería suficientemente clara. Además, la
estacionalidad de un fenómeno debe identificarse mediante su repetición
durante un período amplio (al rededor de cinco años), a fin de no
confundir los fenómenos accidentales o aleatorios con los de carácter
estacional (J. Fayolle, 1987).
1.1 LA NATURALEZA DEL CICLO ECONÓMICO
El conocimiento y estudio de los movimientos de la actividad económica
se hace a partir de la recolección sistemática de datos, en las
denominadas series de tiempo o agrupación cronológica de información
económica sobre una variable concreta. El tratamiento estadístico de
estas series temporales permite lograr la definición matemática del
ciclo económico, entendido como la alternancia de sucesos prósperos y
adversos en el transcurso de la vida económica.
Para algunos analistas, esas fluctuaciones (o componente cíclico de la
serie temporal) corresponden a oscilaciones estocásticos alrededor de
una tendencia determinística, es decir, de una serie que tiene un ritmo
de crecimiento (de largo plazo) constante, como ocurre con la estimación
de una producción potencial a partir de calcular las tasas de variación
para los factores productivos (capital y trabajo). En este caso, los
movimientos aleatorios no afectarían -de manera permanente- la tendencia
en sí misma y el ciclo se definiría por las desviaciones con respecto al
sendero tendencial.
Con este criterio puede decirse que ¨el ciclo económico es el perfil más
o menos regular de expansión (recuperación) y contracción (recesión) de
la actividad económica en torno a la senda de crecimiento tendencial. En
una cima cíclica, la actividad económica es elevada en relación a la
tendencia y en un fondo cíclico se alcanza el punto más bajo de la
actividad económica¨...¨La senda tendencial del PNB es el camino que
éste seguiría si los factores de producción estuvieran empleados en su
totalidad¨, (Dornbusch y Fischer, 1994).
Esta distinción entre tendencia y ciclo coincide con la teoría económica
tradicional, para la cual la tendencia refleja el crecimiento de una
economía en equilibrio (equivalente al crecimiento bajo condiciones de
producción de pleno empleo, como aparece en el mencionado texto de
Dornbush y Fischer), mientras que los ciclos o fluctuaciones representan
la dinámica de desequilibrios alrededor de esta tendencia. Es decir, el
enfoque tradicional del ciclo económico caracteriza la actividad
económica como un movimiento secular -de crecimiento regulado o
constante- que es perturbado por fluctuaciones cíclicas.
Por el contrario, el componente tendencial sería estocástico si
careciese de una dinámica autónoma, una tasa de crecimiento constante e
independiente de los fenómenos accidentales, y, por consiguiente,
estuviese compuesto por la sumatoria de todos los movimientos
aleatorios. En este caso no habría separación formal entre tendencia y
ciclo, pues todos y cada uno de los factores aleatorios podrían hacer
variar la tendencia, convirtiéndola en un proceso estocástico; es decir,
en un fenómeno estadístico que se desarrolla en el tiempo según leyes
probabilísticas (Mochón y Ancochea, 1981). Así, por ejemplo, en el caso
de la medición de la producción de un país (a través del PIB o del PNB)
podría decirse que en todo momento los niveles de producción actual y
tendencial son iguales.
Este enfoque conduce a una descripción muy diferente de las series de
tiempo, en las cuales los movimientos resultan de la acumulación de
choques, cada uno de ellos con un valor promedio positivo, puesto que
todo término aleatorio está incluído en el total, de acuerdo con la
construcción matemática utilizada por los modelos ARIMA, mediante los
cuales se efectúa esta interpretación. De esta manera, el análisis del
PIB indicaría que caídas en el crecimiento resultan de choques pequeños
y negativos, mientras que las expansiones de amplios y positivos;
además, que no tiene sentido hablar de recesiones o expansiones
temporales, ni reconocer fluctuaciones cíclicas, pues la separación
entre tendencia y ciclo no es más que que un proceso puramente
estadístico carente de significado económico (Blanchard y Fischer,
1994).
En otras palabras, también puede decirse que la discusión sobre la
naturaleza del ciclo económico se concentra en determinar si éste puede
definirse como un movimiento exógeno o endógeno al sistema
tendencia-desviaciones.
En el primer caso, se trata de teorías determinísticas que conciben al
ciclo como el resultado de perturbaciones aleatorias que impactan al
sistema económico, rompen su equilibrio y desencadenan una serie de
fluctuaciones que tiende a disminuír con el paso del tiempo, pero que no
elimina totalmente los movimientos cíclicos -sino que los hacen
recurrentes- pues nuevos eventos aparecen y rompen otra vez el
equilibrio de la economía, el cual se considera como el estado natural
de la dinámica económica que se realiza a lo largo de una línea con
pendiente constante.
La visión opuesta ha sido planteada por los defensores de la dinámica no
lineal, para quienes la naturaleza del ciclo económico es endógena.
Según esta metodología, la tendencia no obedece a una forma funcional
perfectamente determinada y uniforme en el curso del tiempo, tal como
suponen los modelos econométricos lineales, sino que se puede comportar
como una sucesión más o menos continua de tendencias segmentadas, en la
medida en que cada movimiento aleatorio, a lo largo del tiempo, puede
alejarse indefinidamente de la tendencia existente, sin girar alrededor
de ella.
Esta última concepción podría interpretarse como el fruto de la fusión
de dos escuelas económicas aparentemente opuestas: por una parte, la
teoría del crecimiento endógeno, según la cual existe alguna causalidad
del ciclo a la tendencia: en particular, perturbaciones transitorias
tienen efectos de largo plazo en el ritmo de crecimiento de la
productividad. Por otra, la teoría de los ciclos económicos reales,
según la cual son fenómenos exógenos de oferta, y en particular los de
carácter tecnológico, los que generan los ciclos, al inducir cambios en
el comportamiento de los agentes económicos.
Como corolario de esta controversia, caben dos anotaciones: en primer
lugar, que la profundización en su conocimiento compete al campo de la
investigación económetrica de las series de tiempo, lo cual supera el
ámbito de este trabajo. En segundo lugar, que ambas teorías introducen
límites en el análisis económico.
En efecto, el enfoque tradicional -centrado en la aceptación de un
patrón de crecimiento estable a largo plazo- supone la existencia de
diferentes tendencias y ciclos -unos más largos que otros- lo que obliga
a identificar las relaciones entre los diferentes movimientos de largo
plazo y sus efectos en las situaciones presentes de la vida económica.
Bajo este esquema, un fenómeno de hoy podría interpretarse inclusive
como la expresión de la inflexión en un ciclo de largo plazo, como
ocurre con los denominados ciclos Kondratieff, cuya extensión se calcula
en cincuenta años o más (Dupriez y otros, 1996). Es decir, una lectura
determínistica de las series temporales restaría importancia a los
fenómenos coyunturales, los cuales perderían identidad propia y
aparecerían como efectos de fenómenos lejanos en el tiempo.
El enfoque probabilístico de los movimientos económicos, por su parte,
restringe la amplitud del análisis al descartar la existencia de un
movimiento tendencial, susceptible de ser utilizado como patrón de
comparación con otros componentes de la serie temporal. Es decir, si
todas las fluctuaciones son aleatorios y sólo se explican por sí mismas,
no cabe la posibilidad de establecer analogías con comportamientos
promedios sino sólo con cambios precedentes, igualmente estocásticos.
Podría concluírse, siguiendo a Zarnowitz (1985), que la ciencia
económica se encuentra en un callejon sin salida: "ciertamente, los
procesos y relaciones económicas estudiadas son en general estocásticas,
por lo tanto las explicaciones determinísticas de los movimientos
macroeconómicos pueden no ser suficientes. Pero las explicaciones
puramente estocásticas carecen de un contenido teórico; mientras que
sólo los factores articulables en una teoría económica hacen parte
natural de las preocupaciones de quienes desean lograr un entendimiento
sobre la naturaleza y causa de los ciclos económicos".
1.1.1 UNA ILUSTRACION MATEMATICA
La controversia sobre la naturaleza del ciclo económico se ha
considerado, según se anotó arriba, como un problema de carácter
únicamente matemático, sin ninguna relevancia económica. Bajo esta
perspectiva, las dos concepciones podrían expresarse de las siguientes
maneras:
1.1.1.1 Interpretación tradicional: ciclo estocástico alrededor de una
tendencia determinística.
De acuerdo con esta teoría, la técnica gráfica para obtener el ciclo
consiste en el sometimiento a una regresión lineal de los valores
logarítmicos de la serie considerada. Con este método se establecen
simultáneamente la tendencia y el componente cíclico, definido este
último como las desviaciones con respecto a dicha tendencia.
Adicionalmente, utilizando un modelo ARMA (modelo autorregresivo y de
medias móviles) para tratar los residuos, se puede obtener la expresión
matemática específica a cada serie de tiempo, cuya fórmula general se
indica en la ecuación 1, que se presenta más adelante.
Para esta teoría, el término de error Ut es -por construcción- la
desviación de la serie respecto a su tendencia (el conjunto de estas
desviaciones constituye, por consiguiente, el ciclo económico). Cada uno
de estos valores no puede ser predicho por el dato anterior de la serie
y posee -además- el carácter de choque externo con efectos transitorios;
es decir, sin repercusiones permanentes sobre la tendencia (Blanchard y
Fischer, 1989).
El gráfico No. 1 refleja esta conceptuación del ciclo económico,
aplicada al caso colombiano. Para ello se tomaron los logaritmos de las
series trimestrales del PIB elaboradas por el Departmento Nacional de
Planeación (1988 y 1993), se sometieron a una regresión lineal en
función del tiempo, para hallar el patrón de crecimiento promedio
durante el período marzo de 1975 - diciembre de 1992, el cual resultó
ser del 0.92%, de acuerdo con la ecuación obtenida: Y = 0.0092X +
11.535.
Finalmente, se graficaron los residuos como desviaciones respecto a la
tendencia (línea más clara en el gráfico No. 1) y se suavizó la
dispersión de los mismos, mediante la obtención de promedios móviles de
orden 4. Así se construyó la curva del ciclo económico colombiano que se
presenta en el gráfico (línea más oscura), la cual define el tipo de
fluctuaciones -expansiones o recesiones- con respecto al patrón de
crecimiento central.
Gráfico No. 1
En términos matemáticos, esa parte del PIB originada en choques
transitorios -y a la cual se le denomina ciclo económico- es definida,
por construcción, como una serie estacionaria, cuya expresión algebraica
se encuentra en la ecuación 1.
(1) qt = g. t + ut donde ut sigue un proceso estacionario
En esta ecuación, la serie qt (definida como el logaritmo de la
producción, q) sigue un ciclo estocástico alrededor de una tendencia
determinística (la cual posee una tasa de crecimiento constante, igual a
g). Todo choque aleatorio (por ejemplo, un choque unitario en el período
cero) va a implicar fluctuaciones alrededor de la tendencia sin afectar
el sendero de crecimiento de largo plazo. El ciclo (definido como las
desviaciones con respecto a la tendencia) está representado por el
proceso estacionario ut. Un proceso estacionario es un proceso aleatorio
de media nula, varianza finita y donde las covarianzas, es decir, las
correlaciones entre las realizaciones del proceso en diferentes períodos
(ut y ut+n ) son independientes (Muet, 1993).
1.1.1.2 Interpretación alternativa: serie estacionaria en la primera
derivada
La visión opuesta a la consideración del ciclo como un proceso
estocástico alrededor de una tendencia determinística parte del supuesto
que los fenómenos o choques aleatorios no tienen efectos transitorios
sino permanentes y que, por lo tanto, no existe distinción alguna entre
el ciclo y la tendencia; sino que, en todo momento, sólo es posible
identificar un único valor, correspondiente a ambos. Es decir, por
construcción la serie se define como no estacionaria. En el caso de los
datos trimestralizados del PIB colombiano, habría lugar a decir que,
para cada período, la tendencia y el valor trimestral son los mismos.
El mecanismo para demostrar la duración (o permanencia) del fenómeno
aleatorio consistiría en la aplicación de un modelo ARIMA (modelo
autorregresivo-integrado de medias móviles) en lugar de un ARMA; el
primero se utilizaría sobre las diferencias logaritmicas de la serie a
analizar; mientras que el modelo ARMA, según se anotó, sirve para
analizar los residuos o términos de error obtenidos a partir de la
regresión lineal de los valores logarítmicos de una serie (Blanchard y
Fischer, 1989).
La aplicación de ambos modelos debe realizarse sobre series
estacionarias, es decir, sobre series que no muestren tendencia; por
esta razón esta interpretación alternativa considera la serie como
estacionaria en su primera derivada. Para eliminar la tendencia, se
recomienda convertir los datos originales en cifras logarítmicas y
posteriormente realizar una diferenciación de las mismas. Esta
posibilidad de manipular las series es lo que permite señalar que el
carácter estacionario o no estacionario de una serie se obtiene por
construcción. Y también por esta misma razón se argumenta que la
controversia sobre la naturaleza del ciclo económico es más de carácter
estadístico que económico.
Bajo estos supuestos, la mejor expresión gráfica de esta concepción del
ciclo económico podría ejemplificarse a través de la curva de las
diferencias logarítmicas PIB colombiano tomado en sus cifras anuales,
como aparece en el gráfico no. 2.
Gráfico No. 2
La estacionaridad exige que cumpla un doble requisito en la práctica: a)
una media aproximadamente constante en el tiempo y b) una varianza o
dispersión también constante. La diferencia básica entre ambos modelos
En términos gráficos, una media constante supone la no existencia de
tendencia (en su lugar, aparece una línea de tendencia paralela al eje
de las abscisas; es decir, una línea con una pendiente de valor cercano
o igual a cero). Una varianza constante corresponde a un gráfico en que
las oscilaciones alrededor de la media sean similares, lo que
técnicamente se conoce como homocedasticidad (Pulido, 1989).
Para el caso del PIB colombiano, el tratamiento de la serie de
diferencias trimestrales mediante una regresión lineal conduce -al
intentar construír una curva de promedios móviles de los residuos
respecto a la tendencia, similar a la del gráfico No. 1- a la generación
de una curva prácticamente paralela al eje de las abscisas, lo que
denota la presencia del fenómeno de la homocedasticidad (ver gráfico No.
3); es decir, no es factible definir un ciclo económico que gire
alrededor de una tendencia determinística. Se puede hablar, entonces, de
un ciclo y una tendencia constantemente iguales.
Gráfico No. 3
En términos matemáticos, se accede a una ecuación que refleje esta
modelización del ciclo económico, mediante el siguiente procedimiento:
Rezagando la ecuación 1 en un período, se obtiene:
(2) qt-1 = g (t-1) + ut-1
Por diferencia de (1) - (2),
(3) qt - qt-1 = g + ut - ut-1
Sea ut - ut-1 = vt
(4) qt - qt-1 = g + vt donde vt sigue un proceso estacionario
Si, por el contrario, la serie qt es estacionaria en su primera derivada
(en un valor constante cercano a g), un choque unitario en el período
cero conservará un efecto durable y no habrá más separación entre
tendencia y ciclo. Esto se hace comprensible recurriendo al operador de
retardo B, el cual tiene la propiedad de desfasar en un período el valor
de la variable a la cual se aplique; por lo tanto, al iterar su
aplicación K veces la variable se desfasa en K períodos, así:
But = ut-1 y Bkut = ut - k
Resolviendo la iteración, el término de error de la ecuación (4) se
escribe de la siguiente manera:
Término de error = Vt + Vt-1 + Vt-2 + Vt-3 + ... + V1 + Vo
= Vt + BVt + B2Vt + B3Vt + ...+ BkVt
= Vt + .......+ V1 + Vo
Luego la ecuación (4) se convierte en:
(4a) qt = g. t + (Vo + V1 + ...Vt)
Donde: el primer término (g. t ) representa la tendencia determinística
y el segundo (Vo + V1 + ...Vt) la tendencia y ciclo estocástico (ut).
Este segundo modelo posee una tendencia determinística que aumenta a la
tasa g, pero el término aleatorio ya no sigue un proceso estacionario.
Su media es nula, pero su varianza y sus covarianzas tienden hacia el
infinito. Si por ejemplo, Vt es un ruido blanco (grupo de variables
aleatorias independientes, identicamente distribuídas, de media nula y
variancia constante), el término estocástico de la ecuación 4a sigue un
recorrido aleatorio y, a lo largo del tiempo, se aleja indefinidamente
de la tendencia determinística.
De hecho, los dos modelos difieren únicamente por las hipótesis
relativas al proceso estocástico. En el primer caso (ecuación 1) la
desviación respecto a la tendencia (ut) es estacionaria y no posee raíz
unitaria. En el segundo caso (ecuación 4a), la desviación respecto a la
tendencia determinística posee una raíz unitaria, o es una integral de
orden 1, puesto que (ut - ut-1) es estacionario.
Para finalizar esta sección, cabe anotar que -de acuerdo con Huffman
(1994)- existe una interpretación intermedia entre las dos anteriores,
consistente en trazar una tendencia no lineal, cuya tasa de crecimiento
no sería constante sino variable. En este caso, en lugar de una
regresión lineal se estaría utilizando otra de carácter exponencial.
1.1.2 CICLOS DE REFERENCIA Y CICLOS ESPECIFICOS
Para efectos de analizar las interrelaciones empresa-economía es útil
precisar la existencia de diferentes ciclos en el conjunto de
actividades que integran el sistema económico. En esencia, se trata de
reconocer que si bien existe un ciclo general o principal, en el cual se
condensa el movimiento de la actividad económica agregada, también
ocurren ciclos específicos, de acuerdo con las características propias
de cada actividad.
Así, por ejemplo, para el caso de Estados Unidos, Zarnowits (1985)
distingue entre actividades que siguen el ciclo promedio o general y las
que, además, registran fluctuaciones propias, como las industrias
productoras de bienes de consumo durable y de bienes de capital. Agrega
que existen diferencias entre las amplitudes de los movimientos de estas
ramas con las productoras de bienes de consumo no durable, pues las
primeras serían de mayor magnitud que las segundas. Fenómeno similar se
constata al comparar los ciclos del comercio al por mayor con los del
comercio minorista.
La disparidades en duración (amplitud) y frecuencia de las fluctuaciones
registradas por las distintas actividades económicas tanto con respecto
al ciclo general como entre sí, permite establecer una nueva
clasificación, al distinguir entre los conceptos de ciclo de referencia
y ciclos específicos. El primero hace alusión al ciclo seguido por por
un sector económico o por un grupo de industrias, que se consideran
determinantes de otras. También puede corresponder al agregado de la
actividad económica general (normalmente evaluado a partir del PIB o del
PNB, según las cuentas nacionales de cada país). El término designa,
entonces, el ciclo que sirve de parámetro comparativo (de referencia)
para evaluar el desempeño de alguna otra actividad relacionada (por
ejemplo, el ciclo de la construcción constituye un referente para
examinar la producción de cemento).
El concepto de ciclo específico comprende, entonces, la identificación
de los altibajos registrados en los resultados alcanzados por una
industria, sector o empresa durante un lapso determinado. Estas
variaciones pueden medirse en aspectos tales como producción, ingresos,
ventas, beneficios.
De esta manera, una serie dada -por ejemplo, la producción de cerveza en
Colombia- puede ser estudiada bajo dos ángulos: mediante la
identificación y análisis de su ciclo específico; y/o mediante su
comportamiento con respecto a un ciclo de referencia (industria de
bebidas, producción de bienes de consumo, gasto agregado de consumo
familiar, PIB, etc.). En cada caso corresponde al observador seleccionar
el ciclo de referencia más apropiado, de acuerdo con el sector en
estudio, lo que le permitirá establecer una comparación entre ambas
series (la general o de referencia y la particular o específica) y
definir el comportamiento de la segunda con relación a la primera:
procíclico, anticíclico, acíclico, precoz o retardada (Fayolle, 1987 y
Dupriez, 1986).
Cada uno de estos calificativos permite caracterizar el desenvolvimiento
de una actividad con respecto al agregado económico o con referencia a
otra a la que se encuentra vinculada. Un comportamiento se define como
procíclico cuando evoluciona en el mismo sentido que un movimiento de
referencia. En el caso contrario, se denominan anticíclico.
Una variable tiene un carácter precoz cuando su evolución anticipa el
ciclo de referencia; en caso contrario, se le llama retardada. Para ser
significativa, esta anticipación debe ser al menos de tres meses y
relativamente constante. Los ciclos específicos pueden ser también
coincidentes o descriptivos, cuando sus puntos de inflexión se
corresponden temporalmente con los del ciclo de referencia.
En síntesis, dos elementos metodológicos deben estar presentes al
abordar el estudio cíclico de algún fenómeno económico: la conceptuación
sobre la naturaleza del ciclo (exógeno o endógeno, de acuerdo con las
características atribuídas a la tendencia) y la escogencia del ciclo de
referencia más adecuado para correlacionar los cambios ocurridos en el
fenómeno que se va a examinar.
1.1.3 DESARROLLO DEL CONOCIMIENTO DE LOS CICLOS ECONÓMICOS
La noción de ciclo de corta o mediana duración no es nueva. En 1862, con
la publicación de su obra "Las crisis comerciales y su retorno periódico
en Francia, Inglaterra y los Estados Unidos", Clement Juglar (1819-1905)
fue el primero en demostrar en un documentado estudio de los precios y
sistemas financieros, que las crisis constituían solamente una simple
fase pasajera de una fluctuación recurrente y ondulada de la actividad
económica.
Con posterioridad a las observaciones de Juglar, otros economistas han
analizado los ciclos, sus orígenes y características. Como resultado se
ha generado una definición consensual -fluctuaciones de la actividad
económica agregada alrededor de sus valores tendenciales- y una
controversia sobre los factores causales. Esta última ha sido
sintetizada en análisis recientes (Zarnowits 1985) entre teorías
endógenas y teorías exógenas.
Las teorías endógenas son aquellas que sitúan el origen de los ciclos en
la dinámica interna del sistema económico; en general, son teorías que
suponen la existencia de tendencias determinísticas. Las teorías
exógenas afirman que la economía siempre está expuesta a fenómenos
externos, de tal manera que la comprensión de los ciclos no puede
explicarse solamente por factores endógenos. Entre las variables
exógenas se incluyen las siguientes: guerras, cambios demográficos,
desarrollos tecnológicos, fenómenos climáticos, gasto gubernamental, y
leyes impositivas.
Zarnowits identifica seis grupos de teorías endógenas o de ciclos
autogenerados. Con excepción del primer grupo -que denomina pioneras-,
las demás se presentan como derivaciones del pensamiento keynesiano; en
ellas se atribuye el origen del ciclo económico a factores como:
· La incertidumbre de los inversionistas respecto a los beneficios
esperados de los proyectos de largo plazo. En este caso, la caída súbita
de la eficiencia marginal del capital genera una crisis económica.
· La dinámica salarios-precios, pues los cambios en ambos inducen
modificaciones en la composición de la demanda agregada y en el mercado
financiero (pueden estimular el endeudamiento con fines de consumo).
Estos últimos fenómenos provocan fluctuaciones en la actividad económica
global.
· El proceso de acumulación de capital físico, es decir, la agregación
de las decisiones de inversión neta de las empresas. En la medida en que
estas últimas dependan de la demanda agregada, los cambios en el consumo
se transmiten, de manera ampliada, a otros niveles de la producción:
bienes intermedios y de capital. De esta manera, pueden generarse
grandes fluctuaciones o ciclos.
Por su parte, las teorías pioneras se caracterizan por afirmar que el
ciclo es un fenómeno endógeno del sistema económico; sus expositores
pertenecen a lo que Keynes denominó la escuela clásica, la cual sólo
atinaba a interpretar el ciclo como interferencias friccionales
(desviaciones) del equilibrio. Además, el movimiento de los precios era
coincidente con el de la producción; en esta forma, expansiones iban
acompañadas de inflaciones y recesiones de deflaciones.
En cuanto a las teorías sobre los orígenes exógenos del ciclo, Zarnowits
precisa que son aquellas que definen las fluctuaciones económicas como
respuestas a perturbaciones monetarias y reales. Estas teorías han sido
desarrolladas en la segunda mitad del siglo XX y se han beneficiado de
la creación de modelos econométricos y de los avances en la informática.
En este sentido, pertenecen a la escuela de pensamiento que le atribuye
un carácter estocástico a todos los fenómenos económicos, pues considera
que los fenómenos cíclicos se entrelazan con las tendencias de largo
plazo y que la separación de ambos -sobre el supuesto de una tendencia
determinística- ignora tales interacciones.
Respecto a su contenido doctrinario, son teorías que reflejan el debate
reciente, aún susceptibles de nuevos desarrollos. Estas teorías pueden
clasificarse según las escuelas de pensamiento que las han originado:
monetaristas, de expectativas racionales y neokeynesianas. Las primeras
-que atribuyen un papel protagónico a la cantidad de dinero-
responsabilizan a las autoridades económicas de las fluctuaciones
provocadas por los cambios en la oferta monetaria.
La escuela de las expectativas racionales -bajo la premisa de que todos
los agentes económicos se forman expectativas racionales- identifica
tres fuentes de inestabilidad: modificaciones imprevistas en la oferta
monetaria (y en los precios), cambios en la oferta laboral debidos a
variaciones salariales (la sustitución intertemporal ocio-trabajo) y los
incrementos en la productividad.
Finalmente, las teorías neokeynesianas sitúan el origen de las
fluctuaciones económicas en la incapacidad del sistema de mercado para
autorregularse, debido a las imperfecciones existentes en los diferentes
mercados, incluido el de la información, y al predominio de estructuras
oligopólicas y monopólicas.
1.2 TEORIA DE LA COYUNTURA ECONOMICA
Por coyuntura económica debe entenderse, de acuerdo con la Real Academia
Española (1992), la combinación de factores y circunstancias que, para
la decisión de un asunto importante, se presenta en una nación. Esta
combinación tiene lugar en un determinado momento, lo que permite
comprender por qué las coyunturas pueden cambiar a lo largo de un
período (por ejemplo, durante un año pueden presentarse varias
coyunturas diferentes entre sí); además, el componente temporal de la
coyuntura permite clasificarla entre los fenómenos ligados a la dinámica
económica, como los movimientos tendenciales y cíclicos analizados
antes.
Con estas precisiones puede definirse la coyuntura -Ost (1994)- como la
conjunción de relaciones económicas tal como pueden ser aprehendidas en
un momento dado, especialmente para definir la situación global de la
economía. En este concepto, al igual que en la definición dada por la
Real Academia Española, el énfasis se hace en la interdependencia de los
fenómenos económicos y en la capacidad de evidenciar un proceso común al
conjunto de la realidad económica.
Sin embargo el término coyuntura puede tomar aún otra acepción, de mayor
amplitud, cuando se le define como la descripción global de una
situación socio-económica específica existente en un momento dado. En
este sentido, toda coyuntura resulta ser la síntesis compleja de una
articulación temporal de fenómenos de diferente naturaleza: social,
política y económica.
Aun cuando el análisis económico se esfuerza por decantar sus
indicadores particulares, mediante su abstracción de la realidad
concreta, la naturaleza social de la ciencia económica le impide lograr
ese objetivo sin alterar el conocimiento de cada situación coyuntural.
Por el contrario, las coyunturas se definen al interior de una
combinación de múltiples factores sociales, políticos y económicos,
constantemente cambiantes en sus importancias relativas para la
interpretación de una situación concreta.
1.2.1 CICLOS Y COYUNTURAS
A menudo, el término coyuntura es sinónimo de transitoriedad, es decir,
de una sucesión de eventos pasajeros. Esta connotación adicional remite
al movimiento económico, el cual constituye el objeto de estudio
privilegiado de todo análisis coyuntural. Paradógicamente no se trata de
una extensión equívoca del término, sino más bien de una ampliación del
concepto a la realidad que él comprende, puesto que el movimiento
constituye el modo de existencia propio de los hechos económicos.
En efecto, como se indicó anteriormente, por su esencia, la actividad
económica es dinámica. De hecho, todas las magnitudes que permiten
mensurarla se definen como variables flujos, es decir, cambiantes
permanentemente a través del tiempo, si bien se les convierte en stocks,
se les acumula, cuando se trata de cuantificar los fenómenos económicos
y sus variaciones.
Bajo esta óptica, la coyuntura puede interpretarse como la recurrencia
de hechos anteriores. Es decir, la coyuntura consistiría en la
repetición frecuente de eventos similares que tienen una misma
secuencia. Aparentemente sería un proceso análogo al del ciclo económico
de corto plazo.
Sin embargo, se trata de dos procesos diferentes: los ciclos son
movimientos periódicos, recurrentes, de amplitudes temporales y de
magnitudes (resultados) variables. Están compuestos por una sucesión de
fases de ascenso (recuperación o reactivación y auge o expansión) y de
descenso (desaceleración, recesión y contracción), definidas por la
magnitud del crecimiento económico logrado, bien sea con respecto a una
tendencia exógena o a sus comportamientos precedentes, según se
describió antes.
La coyuntura, por su parte, es el movimiento más inmediato que se puede
apreciar; es cada uno de los instantes en que podrían dividirse las
fluctuaciones económicas. En este sentido, de acuerdo con la
periodicidad adoptada por el analista, la coyuntura puede corresponder a
movimientos semanales, mensuales, trimestrales, semestrales, anuales o
plurianuales. En este caso, la escogencia de la periodicidad dependerá
de la persistencia o duración de los fenómenos característicos de una
coyuntura específica o de la variable elegida para evaluar la coyuntura.
Así, por ejemplo, si se trata de analizar las coyunturas económicas
determinadas por los conflictos bélicos desarrollados en el siglo XX la
periodicidad puede ser de naturaleza plurianual. Pero si, en cambio, se
desea examinar las coyunturas monetarias, con base en el comportamiento
de la tasa de interés o de los agregados monetarios, la periodicidad más
adecuada puede ser semanal.
Sin embargo, en lo que se refiere al conocimiento de la coyuntura
económica como movimiento de muy corto plazo, la costumbre establecida
por las instituciones que realizan análisis frecuentes, define el
estudio de la coyuntura como la estimación y el análisis del movimiento
económico en el pasado reciente (de seis meses a un año) y el presente;
y la previsión de ese movimiento sobre un horizonte que puede cubrir
igualmente entre seis meses y un año. El diagnóstico coyuntural habitual
es, entonces, la unidad de esos dos movimientos: análisis del
pasado-presente y proyección del futuro (Fayolle, 1987).
Esta diferenciación entre coyuntura y ciclo económico no supone que se
trate de fenómenos aislados entre sí. Por el contrario, el estudio de la
dinámica económica trata de establecer relaciones entre los diferentes
movimientos de la economía. De esta manera, se piensa que las
fluctuaciones de corto plazo están determinadas por las de largo plazo;
es decir, que las fases de los ciclos de larga duración -como los
denominados Kondratieff en honor a su descubridor, y cuya duración total
se estima en cincuenta años- influyen en los de corto plazo.
Desde esta perspectiva, puede definirse el movimiento coyuntural como la
sucesión, en el transcurso del tiempo, de hechos económicos (también
sociales y políticos) coincidentes en las mismas coordenadas
espacio-temporales. Esta definición implica que los fenómenos
coyunturales forman parte integral de movimientos de mayor amplitud. En
este sentido, podría decirse que existe una relación bidireccional entre
ambos fenómenos: por una parte, los eventos coyunturales contribuyen a
caracterizar las fases de auge y crisis registradas en los distintos
ciclos de corta duración; por la otra, el momento mismo que atraviesa la
actividad económica agregada (recuperación, expansión, desaceleración o
recesión) determina el calificativo de la coyuntura como favorable o
desfavorable.
La aprehensión de ese movimiento, a través del análisis coyuntural, se
hace mediante la elaboración de indicadores sintéticos o parciales, los
cuales pueden ser variables monetarias y/o reales. Los indicadores
sintéticos son aquellos que resultan de la agregación ponderada
(sumatoria o productoria) de distintas variables denotativas de las
circunstancias particulares de cada coyuntura. Los indicadores parciales
son los que reflejan, separadamente, los comportamientos registrados por
cada una de las variables que intervienen en la definición de una
coyuntura. como son: las expectativas de los empresarios, el balance del
sector externo, la estabilidad política, los resultados económicos
recientes, el clima laboral y social, etc.. En este caso, corresponde al
coyunturista mostrar la articulación fáctica de ellos.
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