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APERTURA, INTEGRACIÓN Y TRANSNACIONALIZACIÓN
02-2002
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Original
INTRODUCCIÓN
En la actualidad existe un aspecto central, dentro del ámbito económico
y de su investigación en América Latina, tanto en lo que corresponde al
campo de la teoría como al de la política económica. El mismo se refiere
a sí es que, esencialmente por intermedio de una creciente apertura
comercial y la priorización de la producción destinada al exterior, los
países subdesarrollados pueden alcanzar una reactivación duradera y un
desarrollo sostenido de su economía.
Nuestro país no está ajeno, en absoluto, a tal disyuntiva. Como lo
atestiguan especialmente las últimas tres décadas (y en particular los
momentos presentes), esa polémica se ha venido suscitando asiduamente
debido a las diversas consecuencias derivadas del modelo de desarrollo
seguido por los respectivos gobiernos, que se han caracterizado por un
continuismo de sus políticas económicas aplicadas, adecuándolo a cada
circunstancia. Todo ello se ha incrementado aún más con el hecho de que,
durante esta última década del siglo XX que estamos viviendo, se han
concretado en América Latina (en medio de diversas y periódicas
inestabilidades y contradicciones internas) supuestas situaciones de
integración regional, en especial los que comúnmente se conocen como
Mercosur y como NAFTA.
Estos últimos constituyen parte relevante de una propuesta que durante
1991 realizó el en ese entonces presidente de los EE.UU. George Bush y
que posteriormente, en particular luego de una Cumbre en la ciudad de
Miami, derivó en el intento de la construcción más formal y de contenido
de un Area de Libre Comercio Americana (ALCA) que, como pronunció dicho
presidente, trata de crear un sistema de liberalización comercial “desde
Alaska a Tierra del Fuego". En efecto, se ha impuesto en este
continente, sobre todo en algunos países firmantes de dichos Tratados
(destacándose que no en todos ni con la misma intensidad), mediante
rebajas arancelarias y disposiciones comerciales complementarias, una
decidida política de apertura y liberalización de dichas economías al
mundo, en particular a la región (y/o sub-regiones), típica de la
concepción neoliberal vigente en sus conducciones.
Esas políticas han derivado en distintas repercusiones para la
producción, el empleo, la distribución del ingreso y el consumo de
carácter nacional, o sea para el mercado interno en general, confirmando
y agregando importantes condicionamientos estructurales y coyunturales
para todos esos temas. De ahí, la confirmación de la necesidad de
analizar tales consecuencias.
Para abarcar tal conjunto de problemas y situaciones, parece esencial
determinar las principales características de la economía internacional
que permitan entender el marco en el cual dichas políticas y
concepciones se desenvuelven, y así poder comprender más completamente
sus causas, consecuencias y objetivos. Este tipo de análisis, a la vez,
permitirá comprobar si la situación económica internacional y/o regional
conduce efectivamente con un concepto bastante manejado, especialmente
durante la última década del siglo XX, denominado "globalización
mundial". Por el mismo se pretende inculcar que el conjunto del planeta
manifiesta una "creciente uniformidad en el plano económico, político y
cultural" en el entendido que ello alienta o implica de hecho, además,
la aceptación de dicha realidad y sus consecuencias generales como
incambiables. Algo así como una versión del fin de la Historia.
Efectivamente, si bien se admite la existencia de "otros procesos", en
particular en el "Tercer Mundo", tras tal fenómeno y concepción "parece
que el mundo se encamina, en forma lenta y zigzagueante, pero
aparentemente irreversible, hacia un estadio más uniforme o en todo
caso, unificado, a partir de distintas combinaciones de economía de
mercado y de democracia representativa de corte liberal."; el subrayado
es mío. Son realmente muy significativos estos elementos
"irreversibles": nada más ni nada menos que la denominada "economía de
mercado" y aquel tipo de organización político-social llamada comúnmente
"democracia representativa de corte liberal", como si ambas fueran
"verdades reveladas" que no admiten concepciones, juicios, críticas o
procesos sociales, económicos y políticos alternativos, diferentes u
opuestos.
Por la enorme trascendencia de este asunto se deben efectuar con mucha
claridad y desde el principio algunas precisiones. Si bien es cierto que
pueden constatarse en la economía mundial señales de tal
"globalización", para comprender su verdadero sentido, dimensión y
alcance (y, por ende, disponer de elementos para construir una
interpretación con argumentos de fondo al respecto), aquellas señales
requieren la elaboración del más amplio y profundo análisis económico
posible, como parte que son del avance y desarrollo (y de las
características principales) del sistema capitalista en el cual se
encuadran. Porque no puede dejarse de tener siempre presente que una
investigación en sí debe tratar de explicar la esencia de los procesos
que determinan las realidades que estudia y no meramente describir estas
últimas como simples hechos consumados.
Este trabajo presenta un enfoque que intenta demostrar las
particularidades determinantes de la etapa que está viviendo la economía
mundial y sus consecuencias sociales, políticas e inclusive ideológicas,
especialmente en países subdesarrollados y dependientes como los
latinoamericanos; pero también en otros, incluidos los países
desarrollados y aquéllos que no lo son y se encuentran en zonas
desarrolladas, fundamentalmente en Europa Oriental. Por su intermedio,
entonces, se deberán encontrar los principales elementos y tendencias
referidas a categorías, variables y/o temas económicos que fijan el
actual funcionamiento internacional; no sólo hechos descriptivos de una
globalidad que no presenta (o por lo menos no hace énfasis en) su razón
de ser ni en sus consecuencias y costos económicos, sociales y humanos.
En este último sentido resulta indicativo, como una primera aproximación
al significado real, por lo menos en términos económicos, del concepto
de "globalización", el que la propia CEPAL refiere en su Informe 1995
"La inversión extranjera en América Latina y el Caribe", donde toma,
inclusive, como fuente a John Dunning ("Empresas multinacionales y
economía global, 1993, Reading, Maryland, Addison-Wesley Publishing
Company Inc.). Dice en su página 16: "Se entiende por globalización el
proceso mediante el cual una parte mayoritaria y creciente de la riqueza
y el valor se genera o produce a través de redes privadas
interconectadas de producción y abastecimiento. Es decir se trata de un
proceso cada vez más intenso de "producción internacional", concepto que
John Dunning define como el "conjunto de actividades que agregan valor,
organizadas transnacionalmente por una firma (ET), que tiene la
propiedad o el control."
De esta forma, la configuración principal del sistema mundial
capitalista queda pautada por un tipo de estructura, de desarrollo, de
funcionamiento y de tendencias económicas, cualitativamente diferentes a
los que el concepto y la acción del fenómeno "globalizador" hoy en boga
viene apuntando; porque habrá que ver, entonces, el papel y el grado a
que ha llegado el gran capital privado y su concentración,
centralización e internacionalización en un sistema cuya esencia
económica (desarrollo desigual y combinado) ha sido diferenciadora y
creadora, desde su inicio, de disparidades crecientes, dominaciones y
dependencias en términos de clases sociales, países y regiones, ya sea
en lo económico como en lo social, lo político y lo ideológico.
Así se puede llegar a la hipótesis central de que el sistema capitalista
está viviendo una nueva fase de su desarrollo histórico y mundial,
inclusive (aunque pueda parecer aventurado) desde el punto de vista
teórico. De esta forma el análisis derivará en un diagnóstico y una
perspectiva muy distintas de la realidad mundial, de las relaciones
internacionales regionales y de las situaciones nacionales de los
diferentes países, tanto en aspectos estructurales como de objetivos y
aplicación de medidas de política económica.
El mismo deberá ser producto (o simplemente no ser) de fuerzas
económicas y sociales distintas (y/o nuevas) a las hoy predominantes,
tanto nacionales como internacionales, para crear otras sociedades,
otras economías, otros Estados. Sin que éstas estén signadas por el
incremento de las múltiples dependencias, diferenciaciones y
discriminaciones de clases y países; ni por las perjudiciales
consecuencias que traen para tantos seres humanos como producto de la
hegemonía y la dominación de los poderosos intereses económicos,
políticos y sociales que rigen esa denominada "globalización" que hoy
pretende dirigir, de hecho, a todo el mundo en dirección al siglo XXI.
Se concretan en cada una de las diversas sociedades, economías y Estados
los grados particulares en que se expresa históricamente la relación
entre los binomios desarrollo/subdesarrollo y dominación/dependencia.
Todos estos criterios y precisiones intentan, de acuerdo a la actual
situación que viven las economías mundial y latinoamericana, abordar y
desarrollar.
Así, estudiado el panorama mundial y regional del avance ocurrido en el
capitalismo internacional, se podrá disponer de un marco
teórico/práctico dentro del cual podrán evaluarse las causas y
consecuencias reales de esa "globalización" mundial en lo
económico/social, con todo lo que ello significa en lo
político/ideológico, y en relación con sus políticas y medidas
correspondientes, tanto en lo nacional como en lo regional.
En función del conjunto de objetivos planteados, se partirá del concepto
de que "Los marcos internacionales y su incidencia dentro de las
economías internas son considerados, por lo tanto, como aspectos que
influyen y condicionan de modo importante a economías subdesarrolladas y
dependientes como son la uruguaya, la argentina, la brasileña y la
paraguaya...". A partir de esta configuración, vale la aclaratoria que
ello "no debe interpretarse en el sentido de que los asuntos internos
son totalmente determinados por hechos o decisiones internacionales, de
la misma manera que tampoco son plenamente autónomos."
Tal aclaratoria se hace respetando la comprobación histórica de que, aun
dentro de ese genérico condicionamiento e influencia, cada tipo de
economía, sociedad o Estado (nacional, regional, continental) los
expresa en función de las peculiaridades con que los procesos
respectivos se manifiestan y desenvuelven. De ahí, precisamente, el
valor y la necesidad de la existencia de estudios específicos que
permitan captar esas tan complejas combinaciones de múltiples aspectos y
áreas (económicas, sociales, políticas), que resultan ser (y se dan en)
cada país y/o región a través de su proceso histórico.
Por consiguiente, se ratifica la idea de que "La relación entre lo
interno y lo externo, en definitiva, se presenta de modo típicamente
dialéctico, interrelacionado y se definirá en virtud de cada realidad
concreta y sus antecedentes históricos"; de donde "se deriva de modo más
general que en toda sociedad predominarán los elementos internos en el
sentido antes enunciado, es decir de acuerdo a cómo se articule la
combinación interrelacionada entre lo internacional y lo nacional".
De esta combinación dialéctica se desprende, a su vez, una consecuencia
importante que ratifica aún más la complejidad de esa determinación:
"Las realidades históricas demuestran que lo internacional se expresa
generalmente en dicho tipo de economías mediante acontecimientos o
configuraciones de diversa índole que, inclusive, llegan a agregar, con
el tiempo, peculiaridades a cada país. Estas configuraciones, en muchos
casos, terminan combinándose y vinculándose estrechamente a las
particularidades inherentes de cada país y estas mismas particularidades
inherentes determinan que iguales acontecimientos internacionales puedan
resultar de diferente envergadura, calidad y tipo de influencia en cada
país."
CONCERTACIÓN Y CENTRALIZACIÓN DEL CAPITAL.
¿Triunfo del capital o manifestación de la descomposición?
El proceso de mayor concentración y centralización capitalista, hasta el
presente, había tenido lugar a comienzos de siglo. Se verificó así, la
vigencia de las leyes expuestas por Carlos Marx en El Capital. Con la
era de los monopolios se conformó definitivamente el sistema
imperialista, mediante un reparto o ‘cartelización’ del mercado por los
grandes trusts.
Este fin de siglo parece estar alumbrando una nueva furia
monopolizadora, equivalente o superior a aquélla. Refiriéndose a lo que
acontece en los EE.UU., "la mayoría de los analistas prevé que esto va a
continuar indefinidamente", señala The Economist, aunque lo hace con
preocupación, porque esta "fiebre de fusiones" o “fusionmanía” - como la
denomina -, "acompañada de una acelerada alza de las cotizaciones de las
acciones, de los precios de la propiedad inmobiliaria y de las obras de
arte, sugiere
n que Estados Unidos está desarrollando una burbuja económica".
Por la vía de "fusiones", “adquisiciones", "consolidaciones", "Opas",
etc., la prensa capitalista no deja de sorprenderse por la magnitud que
está alcanzando este proceso. La ola de fusiones viene acompañada de
‘nuevos paradigmas’, que expresan la "creencia generalizada de que la
economía de Estados Unidos ha entrado en una nueva era dorada en la que
las viejas reglas (por ejemplo, que todo lo que sube puede bajar) ya no
rigen".
The Economist, que hasta hace poco era uno de los principales
apologistas de ese ‘boom’, ha comenzado a virar y a alarmarse: "La
reciente locura por las fusiones, incluyendo una oleada de inmensas
fusiones bancarias, es una característica saliente de las economías
burbuja", lo que - dice la revista londinense - llevó en cada una de "la
champagne tiene un sabor maravilloso hasta que las burbujas se le suben
a uno a la cabeza, las burbujas financieras tienden a producir fuertes
malestares económicos después de la borrachera".
¿’Mundialización’ del capital o ‘purga’ intercapitalista?
Marx y Engels - el último llegó a analizar incluso la primera fase de la
gran monopolización que despuntó en la última década del siglo XIX -,
consideraron siempre a la concentración y centralización del capital
como una manifestación de ‘maduración’ de las relaciones de producción
capitalista y, sobre todo, del choque irreconciliable entre las
necesidades del desenvolvimiento de las fuerzas productivas y las
relaciones de propiedad dominantes; es decir, del carácter finito o del
‘límite histórico’ al que arribaba obligadamente este modo de
producción.
Bajo el dominio del capital financiero, las crisis de sobreproducción,
de proporcionalidad entre los diversos sectores de la producción, de
pauperización y polarización crecientes - fenómenos característicos de
la época capitalista - se transforman cada vez más en crisis
‘sistémicas’, crisis estructurales de catastróficas consecuencias
sociales, que colocan a su etapa imperialista bajo el signo ‘de las
guerras y las revoluciones’ (Lenín). Se sientan así las bases
‘objetivas’ para el derrocamiento revolucionario del capitalismo.
Contradictoriamente con todo lo que enseñaron Marx y Engels, sin
embargo, tras su muerte y en el mismo momento en que transcurría la
primera ‘fiebre de fusiones’, se abrió paso en la social-democracia una
concepción diametralmente opuesta: la de un idílico desenvolvimiento
económico y social. Igual que ahora, ‘teorías’ sobre la ‘mundialización’
o ‘globalización’ del capital, inundaron el ‘mercado’, sosteniendo que
la conformación de los monopolios era la vía para la ‘aldea global’
(para la social-democracia se realizaría por esa vía el ‘socialismo’ en
forma ‘indolora’).
Analizando este asunto durante su época, cuando tuvo lugar la primera
gran internalización del capital, Nikolai Bujarin explica que la
tendencia a la monopolización, a los trusts y a la internacionalización
del capital "choca con una tendencia más fuerte", la de "la
nacionalización del capital y al cierre de las fronteras". La
social-democracia - como la inmensa mayoría del pensamiento de
‘izquierda’ de nuestros días -, no sólo negaba esta dialéctica; negaba
también que el capitalismo fuera un "proceso de contradicciones" que lo
conduce inevitablemente a su descomposición y derrumbe. "La sociedad
capitalista - decía Bujarin polemizando con Rosa de Luxemburgo - es una
‘unidad de contradicciones’. El proceso del movimiento de la sociedad
capitalista es un proceso permanente de reproducción de contradicciones
capitalistas. El proceso de reproducción ampliada es un proceso de
reproducción ampliada de esas contradicciones. Si esto es así, entonces
resulta evidente que estas contradicciones tienen que hacer saltar
finalmente el sistema capitalista en su conjunto. Así hemos llegado al
límite del capitalismo".
Los bolcheviques, que de acuerdo a la opinión hoy dominante serían unos
‘vulgares catastrofistas’, demostraron que tenían razón. Las ‘ilusiones’
de la social-democracia se pagaron muy caro. A pesar de las ‘teorías’ de
la ‘mundialización’ del capital de Kautsky, la ‘socialización de la
producción’ ejecutada por el capital financiero no condujo a la
‘transición pacífica’ al socialismo, sino a la 1ª y la 2ª Guerra
Mundiales: los ‘cárteles’ se deshicieron, y los diferentes trusts y
Estados imperialistas se despedazaron para defender sus mercados.
La ‘socialización de la producción’ - incesante sin dudas bajo la era
moderna -, es sólo un polo de las contradicciones de este régimen social
de producción. Una ‘unidad mundial’ del capital es una quimera en las
condiciones de este régimen social de producción. La finalidad
ideológica de estas ‘teorías’ que, de tanto en tanto se remozan, es
ocultar las contradicciones insalvables del sistema imperialista y la
barbarie a que conduce.
Las ‘modernas teorías’ sobre la ‘mundialización’ del capital
reaparecieron, a partir de fines de los 60 y principios de los 70, con
el agotamiento de la ‘era dorada’ de la reconstrucción de postguerra y
la emergencia de una gran crisis capitalista. Esta crisis se expresó,
primero en 1971, en la quiebra de los acuerdos monetarios de Bretton
Woods (1944), y después, en dos sucesivas ‘explosiones’ de los precios
del petróleo.
Como manifestación de esta primera gran crisis de Postguerra, el
imperialismo yanki comenzaba a ‘victimizar’ a sus socios que había
ayudado a reconstruir (plan Marshall).
Fue precisamente el período en que, en Europa, se inició un debate entre
un sector de la ‘izquierda’ académica, que ‘redescubre’ la vigencia de
ciertas imposturas kautskianas, como reacción al ‘superimperialismo
norteamericano’.
Uno de los cultores de la ‘mundialización’ fue Nicos Poulantzas, quien
pondrá de ‘moda’ la especie de "la función ‘decisiva’, ‘dominante’ del
capital americano a escala mundial", que como fue criticado
correctamente por Christian Leucate, "lo lleva paradójicamente a ignorar
en lo esencial los efectos de localización y el conjunto de los
problemas de circulación que resultan del carácter desigual del
desarrollo del proceso productivo capitalista. ¿Es necesario recordar
que el capital no solamente no está totalmente unificado, sino también
que no se mueve dentro del simple espacio abstracto del mercado mundial?
El sistema de las economías nacionales, concebidas como entidades
territoriales y políticas, como formaciones sociales distintas, como
unidades económicas unidas por el intercambio mundial de los capitales y
de las mercancías sigue siendo verdaderamente el lugar principal donde
se desarrollan, en formas múltiples, la contradicción entre la
socialización mundial de las fuerzas productivas y un proceso de
internacionalización del capital realizado bajo la dominación del
imperialismo USA".
En todas las apologías de la ‘mundialización’ del capital, desde
Bernstein y Kautsky a Poulantzas, hay un reduccionismo economicista que
Bujarin advirtió. Bujarin demostró cómo las contradicciones y las crisis
económicas se dirimen siempre en la arena política: "la contradicción
entre el trabajo social mundial y la apropiación ‘nacional’/estatal se
expresa en el conflicto entre las organizaciones estatales del capital y
en las guerras capitalistas”.
Las ilusiones sobre un ‘capital mundial’ o una burguesía ‘cosmopolita’
han dado lugar históricamente a grandes unilateralidades, ‘igualando’ no
sólo a todas las burguesías imperialistas, también a las de los países
atrasados; o colocando a esas burguesías ‘nacionales’ en las antípodas
de las primeras, subordinando a un segundo plano la lucha
burguesía/proletariado. Ambas imposturas se han combinado, y por
supuesto unas se han mutado en las otras.
Helmut Kohl, el ‘catastrofista’
Por primera vez desde la 2ª Guerra, a fines de junio de 1997, en medio
de grandes choques comerciales en Europa y de disputas por la dirección
del futuro Banco Central Europeo, el jefe de la mayor potencia del viejo
continente –Alemania- agitó el fantasma de una nueva conflagración
mundial. Para Helmut Kohl "habrá guerra o paz en el siglo XXI" en
función –dijo- de cómo se arribe a los objetivos de Maastricht, es
decir, la ‘unidad europea’ y la ‘fortaleza’ de la moneda única (el
‘euro’). Dado que esos objetivos son interpretados en forma diferente
por los diversos ‘socios’ europeos, es evidente que hay un conflicto en
ciernes entre las burguesías alemana, francesa, inglesa e italiana, por
lo menos, y especialmente, con la norteamericana, y aún la japonesa, que
esperan explotar esa ‘unidad’ en su beneficio.
Si el ‘peligro’ de la ‘guerra fría’ sirvió, entre otras cosas también,
de escudo —no contra el ‘comunismo’— sino para ocultar las grandes
contradicciones capitalistas, su ‘desaparición’ las ha hecho aflorar en
forma violenta. Dada la enorme crisis mundial de sobreproducción de
mercancías y excedencia de capitales, la ‘caída’ del ‘socialismo real’
lejos de ‘contrarrestar’ esta crisis la ha agravado.
‘Teóricamente’, la monopolización de la concurrencia debiera llevar a la
‘mundialización’ del capital; es decir, forma parte de su ‘reproducción
ampliada’ lógica. Sin embargo, el capital financiero no puede perder su
‘marca de origen’, o más rigurosamente, jamás podrá perder la condición
‘nacional’ (imperialista) sin privarse a sí mismo de los atributos que
ha creado para consagrar su dominación. Esto es, su Estado y los
recursos puestos a su disposición (¡militarismo!). Tenemos así la
‘cuadratura del círculo’, o en palabras de Bujarin, la "reproducción
ampliada de sus contradicciones".
Recientemente, Le Monde publicó un estudio que revelaba que lo sucedido
en la industria aeronáutica con la ‘megafusión’ de la Boeing y la
McDonell Douglas, se estaba reproduciendo también en la industria de las
telecomunicaciones. "Una tríada" de tres grandes pulpos yankis, con
WorldCom-MCI a la cabeza -fruto de una ‘megafusión’ reciente-, junto a
American Telegraph and Telephone (ATT) y Sprint, conformarán ya "un
oligopolio mundial" que "representa el 85% del mercado internacional" de
las telecomunicaciones. Esto ha provocado la reacción ‘lógica’ de otros
‘concurrentes’ del mercado, en primer lugar las burguesías imperialistas
afectadas, que como "Telecom Italia decide dejar plantada a ATT" tras
meses de negociaciones para una ‘alianza’. Ahora, la italiana se fusionó
con la inglesa Cable & Wireless para frenar las pretensiones de
‘desembarco’ del pulpo yanki en Europa.
La tendencia a las fusiones -a la concentración capitalista- presupone
obligadamente también la contraria. Por esto, los mismos estados
imperialistas que alientan la concentración de sus monopolios como una
vía para salvarlos de la crisis, pueden actuar -y actúan- en forma
diferente, forzando incluso la no realización de determinadas fusiones.
Es lo que seguramente está ocurriendo en la aeronáutica comercial de los
EE.UU. La ola de fusiones que se desató tras la anunciada alianza de
United con Delta plantea "la posibilidad de que las seis mayores
aerolíneas de los EE.UU. formen tres grandes empresas que controlarían
un 80% de los pasajes (dentro) del país", que según The Wall Street
Journal "no le gusta al gobierno de los EE.UU.". Esas alianzas, además,
tendrían un carácter efímero, "alianzas de marketing (que no llegan a
ser fusiones)".
The Wall Street Journal califica de "postura confusa" a la de EE.UU.,
porque "mientras promueve acuerdos internacionales para compartir vuelos
quiere proteger a las pequeñas aerolíneas de las grandes", pero omite
que ello estaría dictado por el temor a la entrada de la competencia
extranjera y a un sistema de fusiones tan inestable que podría desatar
una guerra de tarifas en cualquier momento, derrumbando aún más los
beneficios capitalistas.
Ciertamente, la "ola de fusiones y adquisiciones sin precedentes", como
la califica Fortune, "a diferencia del boom de fusiones de otras épocas,
en que se combinaban compañías de distintos sectores, involucran
‘combinaciones estratégicas’ de empresas de la misma industria. Su
objetivo es utilizar la escala para dominar el mercado".
La ‘furia’ de fusiones es un recurso excepcional que interpone el
capital financiero para evitar las crisis, pero lo que hoy puede ser un
recurso ‘contrarrestante’, ulteriormente, no hace más que potenciarlas.
El capitalismo inglés tuvo un ‘dominio’ irrestricto del planeta durante
más de un siglo. El capitalismo norteamericano que ocupó su lugar a
partir de la última postguerra tuvo que vérselas con sus ‘competidores’
europeos y el Japón, menos de 25 años después. La tendencia a la
internacionalización del capital convive obligadamente con la tendencia
a su fraccionamiento: "es imprescindible tener en cuenta el desajuste
estructural que se opera, en la fase imperialista, entre reproducción
económica del capital (cuyo ciclo tiende a estar enteramente
internacionalizado) y la reproducción social de las relaciones sociales
de producción (cuyo lugar sigue siendo necesariamente la estructura de
las formaciones sociales burguesas)".
Concluimos entonces. La ‘unificación mundial’ del ‘mercado’ es una
contradicción en sí misma. Por un lado, el capital no puede
desenvolverse sin alentar y recrear sistemáticamente las
‘desigualdades’, la ‘anarquía’ y el ‘caos’ inherentes al régimen
específico del modo de producción capitalista. Por el otro, el capital
tampoco puede reproducirse y desenvolverse en forma ‘ampliada’ sin
provocar una creciente ‘socialización’ de la producción y una extrema
polarización entre un puñado de ‘super-ricos’ y un inmenso mundo de
miserables y explotados. Todo esto alcanza tal magnitud bajo el dominio
del capital monopolista que no hace más que exponer, en forma cada vez
más aguda, la caducidad histórica de este régimen social, sus tendencias
a la putrefacción y a la barbarie y la necesidad ineluctable de su
reemplazo.
"Choques sangrientos"
La amenaza del ‘super’ - canciller alemán (‘reelecto’ cuatro veces,
aunque ahora parece en caída libre), huelga casi decirlo, no fue un
exabrupto. Hay quienes creen que la prepotencia entre países se ejerce
sólo contra el mundo semicolonial -y ahora los ex-‘socialistas’. A estas
naciones sometidas al atraso y el saqueo por el capital financiero, los
‘globalizadores’ las denominan ‘en desarrollo’, no sólo para encubrir
esa expoliación, sino sobretodo la propia categoría ‘imperialismo’, que
han borrado de las ‘ciencias sociales’.
Los vendedores de ‘espejitos’ dicen que la ‘prepotencia’ estaría en
‘desuso’, o que sería ya un rasgo ‘menor’ o hasta ‘tolerable’ del mundo
‘avanzado’, el cual habría logrado la ‘proeza’ de hacer desaparecer sus
tendencias más destructivas (‘imperialistas’): los choques entre
‘potencias’ serían ahora ‘civilizados’.
Este macaneo, que domina los ámbitos académicos, incluso entre los más
‘izquierdistas’, no sólo fue desmentido por Kohl; es lo que demuestra el
constante in crescendo de los últimos años en materia de choques
‘comerciales’ y prácticas de ‘dumping’ (colocación de la producción en
el mercado por debajo de su precio de producción) entre los EE.UU.,
Europa y Japón.
A pesar de esto, en la prensa capitalista domina un lenguaje ‘lavado’ o
alambicado para referirse a este proceso. Lo que se llaman "fusiones",
"consolidaciones" o "adquisiciones" son frecuentemente, en realidad, "take-overs",
adquisiciones ‘hostiles’ o ‘capturas’ dirigidas a hundir a los
‘competidores’ para hacerlos ‘desaparecer’. No son compras para
facilitar la ‘ampliación de la producción’, sino para eliminar capitales
excedentes del mercado. Lo que se está persiguiendo es el cierre de
plantas, la modificación radical de las relaciones laborales
(‘flexibilización’, ‘tercerizaciones’, etc.) y, sobre todo, una
expulsión masiva de trabajadores que dejará las cifras de desempleo
actuales - que ya alcanzan niveles sin precedentes en toda una serie de
países - como un recuerdo de ‘buenos tiempos’. Este es el gran objetivo
que incentiva las ‘fusiones’, como lo dicen sin escrúpulos los gerentes
de los grandes pulpos.
Se trata de una destrucción masiva de riqueza y fuerzas productivas -¡en
medio de un mar de necesidades básicas insatisfechas a escala mundial!.
Los monopolios no tienen como transformar esa riqueza en ‘capital
productivo’, los capitales entonces ‘sobran’. Las mercancías que ese
‘capital’ produce no las acepta el mercado, por lo tanto ‘no se
verifican’ como mercancías, es ‘capital muerto’.
En estos cierres fabriles y ‘achiques’, lo que se envía a la basura no
son maquinarias o equipos ‘tecnológicamente obsoletos’. Lo sucedido con
la planta belga de la Renault reveló que lo que se ‘desecha’ son plantas
ultramodernas.
Ya no bastan los ‘viejos recursos’ de las naciones ‘poderosas’ para
contrarrestar las crisis de sobreproducción y las bancarrotas. No basta
con descargarlas sobre la inmensa masa de los pordioseros del ‘tercer
mundo’. Por la magnitud de sus contradicciones y de las del régimen
imperialista en su conjunto, las potencias imperialistas están obligadas
a despedazarse y a atacar, fundamentalmente, a sus propios trabajadores.
Quiere decir entonces que las ‘megafusiones’ - las que se realizan, y
también las que fracasan- están indicando una impresionante escalada de
‘toma de posiciones’ en el mercado, por la vía de recursos
extraordinarios. El más importante de estos es la acción de cada estado
imperialista, que, como vimos, salen abiertamente a resguardar los
intereses de sus monopolios. Se delata así que los pulpos tienden a
operar no a través de las leyes de la ‘competencia’ mercantil, sino de
leyes ‘extraeconómicas’.
La afamada ‘superioridad’ del mercado se deschava como un gigantesco
‘fraude’. Ya demostró Engels que el ‘darwinismo mercantil’ que "los
economistas celebran como la más grande conquista histórica, es el
estado natural -no de la ‘civilización’ sino- del reino animal".
Por la vía del monopolio se expresa, en último término, no el dominio de
las leyes del mercado, sino la tendencia a su disolución y la del
régimen social en que se asienta. Es esto precisamente lo que señalaron
las ‘vetustas’ leyes descubiertas por Marx.
"Ola de fusiones que podría superar la de los ‘barones ladrones’..."
Pues bien, en la base de todo este proceso ‘sangriento’ de fin de siglo
reaparece esa tendencia a una furiosa monopolización capitalista como la
que se vivió en su momento entre 1890 y 1905/10.
En los EE.UU., "la magnitud de su volumen está dejando estupefactos a
los banqueros de inversión. ‘La intensidad del negocio casi da miedo
-dice Steve Koch, codirector de fusiones y adquisiciones en Credit
Suisse First Boston-. Simplemente hay una actividad asombrosa’...". Esto
se decía un mes antes de desatada la ola de ‘megafusiones’ bancarias que
provocó la de Citicorp -el segundo banco comercial- con Travelers Group
-firma Nº 1 en servicios financieros- que, cuando se anunció, The Wall
Street Journal dijo que "estremece al mundo de las finanzas" y calificó
como "la mayor fusión de la historia". A ésta siguió, inmediatamente, la
del BankAmerica y NationsBank, quinto y tercer banco comerciales de los
EE.UU. y "segunda fusión más grande de la historia de los EE.UU." y, el
mismo día, la de Bank One y First Chicago, que seguían a los anteriores
en el ‘ránking’ de los mayores bancos comerciales norteamericanos. "La
velocidad vertiginosa de (estos acuerdos) ... comenzó, según The Wall
Street Journal, hace más de una década" y "en cinco años", dice el
ex-presidente del ahora fusionado Bank One, sólo "habrá cinco o seis
grandes bancos".
A principios de marzo se decía que "probablemente nos encontremos en
medio del mayor auge de uniones en la historia de Estados Unidos. En
1997, hubo una actividad de fusiones y adquisiciones jamás vista
anteriormente. Según Securities Data, el valor total de todos los
acuerdos anunciados en EE.UU. alcanzó los u$s 908.000 millones, un 47%
más que el total de 1996, que fue en sí un año récord. En total se
cerraron 11.029 tratos”. The Economist lleva las fusiones en los EE.UU.
en 1997 hasta "957.000 millones de dólares (equivalente al 12% del PBI),
más que los que los 138.000 millones de 1991 (2% del PBI). Este promete
ser otro año récord".
También "las fusiones y adquisiciones europeas alcanzaron un nivel
récord en 1997, totalizando 419.000 millones de dólares -incluyendo a la
unión entre los bancos suizos UBS y SBC a principios de diciembre". A
pesar de estas cifras, en diciembre, "Philip Keevil, encargado de
fusiones y adquisiciones en Salmón Smith Barney -uno de los principales
bancos de ‘inversión’ de New York-", decía que "sin embargo, Europa,
representa la nueva frontera para la expansión de los negocios el
próximo año". Así "prevén boom (de fusiones) en Europa en 1998".
Japón parecía refractario hasta hace poco a este proceso. En 1997, las
fusiones ascendieron sólo a "10.500 millones de dólares" según Daiwa
Securities, pero también aquí parece que "la hora de las fusiones ha
llegado": una "fiebre de fusiones contagia" a Japón. Hasta ahora, "en
Japón las fusiones suelen decepcionar a los inversionistas, porque
generalmente no resultan en la clase de despidos masivos que pueden
aumentar las ganancias de una empresa". Claro que el incremento esperado
de las fusiones aquí, también, tiene como "principal motivo la
desesperación de muchas compañías japonesas”.
A escala de los EE.UU., "para encontrar un período similar de cambio
económico y de fiebre por las fusiones, hay que remontarse al siglo
pasado, en la década de 1890", dice Fortune, aunque es evidente que se
trata de un fenómeno que se reproduce a escala mundial. Para EE.UU., en
moneda a valor constante y con relación a su PBI, esta ‘fiebre’ de
fusiones está ya al nivel de la que la precedió entre 1984 y 1988
(tomando cifras de 1993 a 1997), con un volumen equivalente al 24/25%
del PBI. Sólo la ‘fiebre’ histórica que alumbró con el siglo XX, cuyo
punto más alto se alcanzó entre los años 1898 y 1902 tuvo un volumen
equivalente al 34% del PBI de la época (entonces, la economía
norteamericana no tenía aún la dimensión que alcanzó en los últimos 50
años; mucho mayor en la actualidad de lo que era a principios de siglo,
comparada en términos relativos con las otras naciones imperialistas.
"Esta ola" de fusiones, dice Fortune respecto a los EE.UU. "podría
sobrepasar la bonanza de la época de los ‘barones ladrones’..." (así
pasaron a la historia los que protagonizaron la primera ‘gran ola’). Ya
"las transacciones anunciadas este año ascienden a 444.330 millones de
dólares, según Securities Data, una cifra que representa casi la mitad
del total récord de 1997"; esto en sólo 3 meses y medio de 1998. Está
claro que la ‘frontera’ de las fusiones tampoco ha llegado a los EE.UU.
Por otra parte, la revista de las grandes finanzas yankis que venimos
citando se refiere a esas "tres grandes oleadas" cuatrianuales como a
procesos independientes, cuando existe plena evidencia que las dos
últimas forman parte de un único proceso que estamos recorriendo.
Otro aspecto que estaría indicando que la tendencia presente a las
"fusiones" y "consolidaciones" va más allá de todo lo conocido en el
pasado es que "ahora se anuncia la fusión de los mercados (las bolsas),
que marcaría otro paso en la historia". Las bolsas donde cotizan las
acciones y los títulos de la deuda pública de los estados, se
encontraban en los EE.UU. ya suficientemente concentradas: "entre 1940 y
1980 ... cayeron de 18 a 7". Ahora se anunció la fusión del American
Stock Exchange (AMEX), "la segunda Bolsa de los EE.UU.", con Nasdaq,
importante bolsa surgida de otro proceso de fusiones en los 60, lo que
todavía "favorece más la consolidación de las bolsas de EE.UU.". Como ha
sucedido en todo el mundo, este proceso tiene que ver también con el
retroceso relativo de las Bolsas como ámbito ‘natural’ para la
comercialización de las acciones, las que en forma creciente se efectúa
a través de los llamados ‘fondos comunes de inversiones’ y ‘mercados
terciarios’, que operan no sólo en acciones, sino también el floreciente
negocio de ‘opciones’ y ‘derivados’. Por la vía de su fusión los grandes
agentes de Bolsa están peleando su tajada del mercado accionario, aunque
siguen monopolizando el filón de la especulación financiera
internacional que se da a través de títulos y bonos públicos y que ha
crecido exponencialmente en los últimos 20 años.
El proceso de fusiones de los mercados de valores se ha extendido,
también, al de los llamados ‘derivados’: "Hace dos años, la New York
Merchantile Exchange, que se concentra en productos de energía, se
fusionó con la Commodities Exchange, más fuerte en metales. El año
pasado, las bolsas de café y algodón de Nueva York también anunciaron
una fusión.
El PROCESO DE GLOBALIZACIÓN
En los últimos dos decenios del siglo veinte se han desencadenado una
serie de procesos de gran trascendencia, tanto por la magnitud de los
efectos generados como por la complejidad que estos asumen en su
expresión fenoménica, en donde se advierte la inmediata y recíproca
dependencia con la cual están concatenados. De estos procesos destacan
dos: las formas en las cuales se desarrolla competencia en el mercado
global y; la acelerada dinámica del desarrollo científico tecnológico
ambos, responsables de las transformaciones que de manera dramática
alteran la configuración tecno-económica, modificando el conjunto de
premisas organizativas y científico-tecnológicas así como de las formas
de comprensión que durante largo tiempo posibilitaron el despliegue de
un cierto modelo de desarrollo (centro-periferia) y de una particular
estructura bipolar del poder mundial.
Por otra parte, estos proceso también han provocado el derrumbe de
muchas de las certezas que guiaron gran parte de la actividad en la
época moderna; certezas derivadas a partir de marcos teóricos de
interpretación hoy bajo serios cuestionamientos, pues ellos no
facilitaron una compresión ni mucho menos la previsión de la dinámica y
magnitud que asumen las actuales transformaciones. Junto con ello, se
desdibujan valores, ideologías y doctrinas políticas, sociales y
económicas que impregnaron de sentido a los proyectos individuales y
colectivos de una parte importante de la humanidad. Por ello, han sido
abandonadas, o por lo menos no tienen el poder de convocatoria que antes
tuvieron.
En el plano económico, por ejemplo, parece evidente que al mercado le
fue otorgado un rol preponderante: se impone como el instrumento más
apropiado para manejar los intereses competitivos. En el plano político,
por su parte, la democracia representativa es considerada como el medio
de mayor eficacia para elegir entre orientaciones políticas diferentes.
En el plano social, las cosas no están muy claras. Sin embargo, una
tendencia parece imponerse; los gobiernos abandonan la pretensión de una
sociedad más equitativa que asegura el bienestar social para el conjunto
de los ciudadanos, propiciando en cambio, el surgimiento entre los
individuos, de atomizadas formas de autoayuda, mediadas por el mercado y
no por formas colectivas de solidaridad.
Estas consideraciones que dominan en la política económica
contemporánea, de algún modo, configuran un sistema político, económico
y social ligado en forma indisoluble a dos procesos - estrechamente
relacionados, mismos que emergen como distintivos en este último cuarto
de siglo: la competencia derivada de la economía global y; la dinámica
del desarrollo tecnológico, que además de generar las condiciones para
la consolidación de un cierto sistema, imponen a escala planetaria un
nuevo paradigma del quéhacer eficiente, entendiendo por ello la
sustitución de un modelo rector del progreso tecnológico/comercial que
las empresas utilizaban para identificar y desarrollar los procesos,
productos y sistemas de gestión más rentables a partir de las
alternativas tecnológicas que estaban disponibles en el mercado.
Las nuevas formas e intensidades que la competencia adquiere en el marco
de una economía globalizada, manifiestan su significado e importancia
por una parte, en las colosales dimensiones que adquieren las entidades
económicas líderes del mercado global y; por otra, en las modificaciones
que está experimentando la conducta empresarial.
Las dimensiones y las complejas articulaciones y características que
adoptan las estructuras tecno/económicas de los conglomerados
productivos, financieros y comerciales contemporáneos, simbolizados por
las empresas transnacionales, que aunque poseen elementos comunes son
extremadamente diferenciadas. Se derivan de una misma lógica de
acumulación, esto se corresponde a un mismo proceso de concentración y
centralización del capital, pero se cristalizan en distintas formas y
por ello, no existen modelos únicos susceptibles de ser aplicados en
forma universal.
Un ejemplo de lo anterior se visualiza en la industria de las
telecomunicaciones. Por una parte se puede observar la constitución de
la más grande compañía global en los negocios de las comunicaciones que
se origina con la fusión de las empresas Time- Warner y Turner con
ventas combinadas que superan los veinte mil millones de dólares anuales
que busca en la centralización de las decisiones ubicar la forma más
eficaz para incrementar la rentabilidad de sus negocios. Por el
contrario, en el mismo sector la AT&T anuncia la división del
conglomerado en tres estructuras separadas y autónomas de manera tal que
las nuevas compañías sean más responsables frente a sus clientes, al
mismo tiempo que permite aminorar los crecientes costos de gestión que
generalmente acompañan a los procesos decisorios hipercentralizados.
En lo que se refiere a la conducta empresarial -en el contexto de una
competencia globalizada - se observa la adopción de una estrategia muy
singular en la cual se combinan simultáneamente tácticas de competencia
y colaboración inter y entre-empresas. Para ejemplificar lo anterior
seguiremos con el ejemplo del sector de las telecomunicaciones que para
muchos observadores se ha constituido en el núcleo del desarrollo
industrial para finales de este siglo.
La magnitud del mercado global de las comunicaciones puede ser
visualizada conociendo la cifra de sus ventas anuales, mismas que giran
en torno a los cuatrocientos mil millones de dólares anuales. Estas
cifras tenderán a crecer en un futuro inmediato debido a dos factores:
a) La liberalización de los mercados y la privatización de los
servicios, procesos que se están llevando a cabo a escala mundial están
modificando dramáticamente la configuración de los mercados exigiendo a
las empresas del sector un cambio radical en sus estrategias antes
basadas en la manutención de posiciones monopolices derivadas de su
naturaleza tecnológica. Estas mismas empresas por una parte ven
multiplicadas sus oportunidades de negocios, pero al mismo tiempo deben
afrontar una aguda competencia en el abastecimiento de equipos de
telecomunicación como en el equipamiento y operación de las redes de
servicios y;
b) La incesante multiplicación de opciones tecnológicas que ofrecen a
los usuarios las nuevas tecnologías de "multimedia" que hacen posible la
combinación de imágenes virtuales, películas en movimiento, sonido,
textos y datos que permiten la transmisión casi instantánea y un
procesamiento oportuno y eficaz de enormes, variados y complejos
volúmenes de información.
Sin embargo, en relación a los efectos generados por la innovación en
éste sector quizás de mayor importancia sean las asociaciones que están
siendo forjadas entre las empresas de telecomunicación tales como
aquellas dedicadas a la información de sistemas tecnológicos, las que
proveen información, las compañías de publicidad, editoriales medios
escritos y electrónicos, etc. La computación, las telecomunicaciones, la
publicidad, la educación y el esparcimiento están generando no sólo
productos y servicios complementarios sino más bien, mercancías de muy
difícil diferenciación.
Con el fin de asegurar la sobrevivencia y expansión de la empresas del
sector telecomunicaciones en el mercado global, éstas han sido obligadas
a establecer sofisticadas alianzas estratégicas. De entre las más
importantes cabe mencionar la asociación entre la British Telecom y la
MCI a través de la compra del 20% de las acciones de esta última empresa
(cuatro mil trescientos millones de dólares) iniciando una nueva
compañía Concert que ofrece desde servicios telefónicos hasta complejos
sistemas de conexión ; la asociación denominada Unisource entre las
empresas de telecomunicación de Holanda, Suecia, España y Suiza
conjuntamente con la ATT; la Infonet, asociación entre la AT&T, la
France Telecom, la KDD (Japón), Telstra (Australia) Telia (Suecia),
Telefónica (España); la Transpacific asociación que cuenta entre sus
miembros a la AT&T, la KDD, la Unitel (Canadá), Korea Telecom, Telstra y
la empresa de telecomunicaciones de Nueva Zelandia. En Japón la Nippon
Telegraph and Telephone (NTT) la segunda empresa más importante a nivel
mundial en el sector ha cerrado tratos con la AT&T, la General Magic,
Microsoft, Silicón Graphics, Sony y un importante número de otras
empresas ligadas a la generación de avanzados servicios interactivos que
ofrece la tecnología de la multimedia, buscando aplicaciones en los
campos científicos y tecnológicos, en los negocios, en los servicios de
educación y de salud, así como en los servicios de bienestar social y
recreación y esparcimiento.
En estas alianzas se pueden observar que la estrategia se basa en el
establecimiento de lazos de cooperación de distintos tipos y objetivos,
ya sean de carácter permanente o temporal. La primera forma de alianza
estratégica se establece a través de fusiones, proyectos conjuntos de
inversión y/o la integración de redes y estructuras productivas para la
generación de un insumo, producto o línea de productos. Por su parte, en
las temporales las empresas buscan asociaciones delimitadas en el
tiempo, diseñadas a partir de objetivos específicos, sean estos
contribuir en la investigación y desarrollo de un producto o insumo
principal o, con el fin de controlar importantes segmentos de los
mercados nacionales, regionales y globales. Aquí cabe destacar la
singularidad de estas formas de cooperación. Ellas a pesar de establecer
una estructura oligopólica en los mercados globales más dinámicos sin
embargo, no pueden eliminar la competencia, inclusive, ésta se estimula
entre asociaciones en las que participa una misma empresa, ya que las
alianzas cristalizan en unidades económicas autónomas que están
obligadas a lograr un uso eficiente de los recursos y lograr la mayor
rentabilidad posible.
Existen otros aspectos de la competencia global que es preciso destacar.
Decíamos anteriormente que la competencia es reforzada, intensificada y
canalizada a través de mecanismos diseñados para incrementar aquella
eficiencia empresarial que le permita la sobrevivencia y expansión a
través de las alianzas estratégicas. Sin embargo, la competencia se
desplaza también a otros ámbitos y se le agregan, por tanto, otros
objetivos.
Uno de ellos es reducir los conflictos sociales -al interior de la
empresa- reemplazando las formas tradicionales de mediación y
negociación de los sujetos colectivos (sindicatos) por formas
competitivas, es decir, ubicando a los trabajadores en férreas formas de
competencia en las cuales los individuos luchan entre sí para asegurarse
una privilegiada inserción laboral ubicándose en los nichos productivos
más dinámicos (aquellos de mayor expansión y rentabilidad) y con ello,
reducir la incertidumbre del desempleo y/o la expulsión hacia ramas
estancadas de la actividad económica. En este marco, la conducta
estratégica de los trabajadores se dirige, entonces, hacia el drástico
incremento de sus conocimientos, habilidades y destrezas, capacitándose
para mostrar eficiencia ante un mercado laboral (especialmente el de las
empresas transnacionales) cada vez más reducido y competitivo.
Con el fin de profundizar esta línea de argumentación y el análisis de
estos procesos tomando como hilo conductor la competencia que emerge de
la economía globalizada se hace imprescindible, destacar un fenómeno de
suma importancia que se ha hecho por sí mismo evidente hacia el final
del siglo veinte: la corporación transnacional y el rol central que ella
asume en relación a los cambios que están ocurriendo.
A través de esta peculiar forma de organización económica, la cual
comúnmente ha sido comprendida y conceptualizada como proceso de
transnacionalización de la economía mundial, se busca comprender el
creciente rol de las empresas transnacionales globales y con ello,
conocer la evolución de una parte significativa de las determinaciones
más importantes de la política económica internacional contemporánea.
Una cifra da cuenta de la importancia de la empresa transnacional
global. Seiscientas de ella, ya en 1985, eran responsable de la
generación de más del 20% del valor agregado total en la industria y la
agricultura. Las líneas de negocios principales de estas empresas
globales se concentran en la industria petrolera, en la producción de
máquinas y equipos, en la industria petroquímica fina, la automotriz,
aeroespacial, telemática, cibernética, microelectrónica, etc.
Para efecto de nuestro trabajo en relación a las empresas
transnacionales globales y la competencia queremos destacar un aspecto
específico de su actividad. Nos referimos no sólo al hecho por demás
conocido de que las transnacionales están incesantemente incrementando
los flujos del comercio y de la inversión sino más bien, nos interesa
resaltar la estructura de este intercambio. Esto es, la importancia
creciente que en estos flujos están adquiriendo las denominadas
operaciones internas de una red global en expansión: el intercambio de
insumos y de bienes tecnológicos (resultados de la investigación y
desarrollo) al interior de la empresa transnacional global - entendiendo
por ello no sólo una empresa o un conjunto de empresas ligadas por un
centro de control financiero común - sino que más bien, con este
concepto queremos enunciar una compleja y extendida red de relaciones de
competencia y colaboración (alianzas estratégicas) y que progresivamente
se van integrando en vastos conglomerados o sistemas complejos de
interdependencia en donde las tareas de investigación y desarrollo, las
de producción, mercadeo y financiamiento se van compartiendo y
configurando entidades económicas y organizacionales de vastas
proporciones y de singulares atributos.
1. El incremento de la competencia y las formas de cooperación en el
mundo de la empresa transnacional
Efectivamente, es fácil constatar que la última década fue marcada por
el incremento de la interdependencia y la globalización de los mercados
a través de una rápida aceleración de los flujos del comercio y de la
inversión, la creación y difusión de nuevas tecnologías, el explosivo
crecimiento de los mercados de capital y la integración de los mercados
financieros, así como por la modificación de las conducta que guían las
operaciones empresariales ahora ubicadas en un ámbito planetario. Los
actores primarios de este proceso de globalización obviamente son las
empresas transnacionales, a través de los flujos de inversión y del
fortalecimiento de los lazos corporativos.
Esta transformación empero, no transcurre sin conflictos. Estos procesos
generan una creciente rivalidad entre las transnacionales, representadas
política y comercialmente por los gobiernos nacionales de los países
centrales y/o los bloques regionales. Por otra parte, el altísimo costo
en el que se incurre para mantener a las empresas en situaciones
tecnológicamente competitivas paradójicamente, está fomentando una
singular forma de cooperación denominada alianza estratégica, o también
definida bajo la conceptualización del llamado "tecnoglobalismo". En
síntesis, nos encontramos con una nueva forma de vinculación inter-empresas,
llevada a cabo a través del establecimiento de complejas redes
internacionales, tejidas por las empresas transnacionales en su
incesante búsqueda tendiente a reducir costos y disminuir las elevadas
incertidumbres propias de procesos productivos que requieren elevados
volúmenes de inversión, derivados del alto grado de contenido
tecnológico que conllevan sus productos y servicios.
Así, al conjuntar sus esfuerzos de investigación y desarrollo con sus
empresas rivales - incluso con aquellas con las cuales se disputan los
mismos mercados- disminuyen la magnitud de sus inversiones al
compartirlas entre varias empresas pero, además, logran disminuir los
niveles de incertidumbre, pues se están asociando con sus principales
competidores tecnológicos y el riego de que aparezca un producto con
mayor innovación incorporada en ese particular segmento de mercado
disminuye notablemente.
Postulamos como común denominador de todos estos cambios, esto es una de
las determinaciones básicas de estos procesos de transformación, el
reforzamiento de la competencia y como efecto inmediato para las
empresas se impone la urgente necesidad de conocer y respetar las reglas
de este nuevo juego: la competencia en una economía global.
Esta nueva forma de competencia no ha afectado a todos los países y
empresas por igual. En alguna manera extremadamente simplificada se
podría decir que un puñado de innovaciones de empresas japonesas en los
sectores automotriz, semiconductores, computadoras, microelectrónica,
equipos de oficina, máquinas- herramientas sacudieron a las empresas
norteamericanas y europeas pues ocuparon agresivamente importantes
posiciones del mercado internacional y cubrieron importantes segmentos
de sus mercados internos. Las empresas norteamericanas fueron las más
perjudicadas pues fueron expulsadas de sus confortables posiciones
oligopólicas conquistadas desde la postguerra. Por su parte en Europa,
cuando incluso la asistencia gubernamental supranacional (Comunidad
Económica Europea) fue incapaz de seguir protegiendo las empresas de
esta competencia (mediante barreras y recursos de capital para el
desarrollo de nuevos conocimientos y tecnologías) las empresas tuvieron
que enfrentar la tarea de mejorar sus capacidad de competir
internacionalmente. En este sentido, la nueva era de la competencia
internacional está basada en un puñado de miles de grandes e innovativas
empresas líderes que desarrollan sus actividades en un reducido número
de ramas industriales; no más de una docena de industrias de alta
tecnología e intensivas en uso de capital que tienen como objetivo
servir a los tres mercados más importantes y dinámicos: Estados Unidos,
Europa y Japón.
Estos fenómenos han originado importantes procesos entre ellos, el de la
reestructuración industrial lo cual constituye un aspecto central para
este nuevo orden industrial internacional que genera la economía global.
Uno de los trabajos más fructíferos en torno a la reestructuración
industrial (Kaplinsky, R. 1990) señala que este fenómeno a lo menos ha
sido comprendido mediante distintas interpretaciones de entre ellas
podemos destacar las siguientes.
De acuerdo a los regulacionistas franceses la reestructuración es el
medio por el cual adviene un determinado patrón de acumulación
sostenible basado en el régimen de acumulación (que equilibra consumo,
ahorro e inversión) y el modo de regulación(formas institucionales y
patrones sociales de conducta que determina el régimen de acumulación).
Por su parte, los Schumpeterianos estructuralistas visualizan estos
fenómenos como procesos generados por ciclos de onda larga de cincuenta
años de rompimientos tecnológicos fundamentales que sostienen el
crecimiento. Por ejemplo, los ciclos de crecimiento industrial previos,
de acuerdo a este esquema estarían basados en la industrial textil,
acero, ferrocarriles y maquinarias de combustión interna. Posteriormente
irrumpe la industria química y siderúrgica y el recurso energético
principal es la electricidad. Más tarde son otras las ramas dinámicas,
destacando por sobre todo la industria automotriz, la explotación del
petróleo y la industria petroquímica. Por último, aparecen ramas tales
como la microelectrónica, la robótica, la generación de nuevos
materiales, la telemática, informática, cibernética, los sistemas
expertos, etc.
Otra interpretación visualiza la presente transición en términos del
agotamiento del paradigma de producción masiva, esto es, que la
producción de mercancías estandarizadas mediante el uso de máquinas con
propósitos especiales y una rígida división del trabajo es ahora
reemplazada por un nuevo paradigma de especialización flexible basado en
la producción de pequeños lotes de productos diferenciados, generados
con maquinaria de uso múltiple integradas en cadenas productivas
flexibles, autoreguladas y diseñadas por sistemas expertos y por la
inteligencia artificial; modificaciones que necesariamente implican la
adopción de nuevas formas de organización del trabajo. En otras
palabras, se interpreta la reestructuración industrial en términos de
una transición desde la máquina-factura a la sistemo-factura, esto es
una nueva práctica organizacional en la cual la integración de las
unidades productivas, vía la tecnología automatizada, generan nuevas
relaciones inter-firmas y prácticas integrales de trabajo supeditadas a
orientaciones individuales.
Cada una de estas interpretaciones contiene alguno de los elementos que
conforman la esencia de este nuevo orden industrial internacional que se
está configurando en este fin de siglo.
2. La empresa transnacional y los procesos de globalización,
especialización y regionalización
El rol preponderante de las corporaciones transnacionales, en el campo
de la reestructuración industrial, se visualiza especialmente en
relación a las dos áreas principales, en las cuales se ha incrementado
la competencia internacional, el comercio y la inversión directa.
Antes, con el objeto de una mejor comprensión del fenómeno del
incremento de la competencia internacional parece pertinente referirse
primero a la naturaleza de la evolución del capitalismo y la descripción
de los más importantes rasgos que caracterizan a la empresa industrial
moderna.
La primera fase del capitalismo se caracteriza por la empresa familiar.
A finales del siglo IX una nueva forma de capitalismo aparece en Europa
y Estados Unidos: el capitalismo gerencial. El capitalismo gerencial
estaba basado en el reclutamiento de ejecutivos profesionales los cuales
emprendieron proyecto de inversión a largo plazo e implementaron
prácticas organizacionales para asegurar cuotas del mercado. Sin
embargo, en este capitalismo gerencial al menos se pueden observar dos
formas distintas a saber; el gerencial competitivo y el gerencial
cooperativo. El primero en EEUU y el segundo en Alemania.
El gerencialismo competitivo que reguló la expansión de las actividades
manufactureras en los Estados Unidos se constituyó en una de la más
despiadadas formas de competencia entre las principales núcleos
industriales. El nudo de las ventajas competitivas se manifestó en la
innovación y en un proceso productivo basado en la explotación de
economías de escala, a través de fuertes inversiones de capital que
diseñaron inmensas líneas de producción de productos estandarizados,
todo esto complementado con fuertes inversiones en marketing y en el
desarrollo de estrategias de expansión en los mercados nacionales. El
éxito de estas estrategias se puede simbolizar en el fordismo que
posibilitó la producción masiva de automóviles, considerado como la
realización del sueño americano.
En Alemania, el capitalismo gerencial fue en grandes términos similar al
desarrollo en los Estados Unidos sin embargo, es posible advertir tres
diferencias:
a) Las empresas alemanas se concentraron más bien en bienes intermedios
y de capital, logrando un significativo desarrollo en la industria
química-farmacéutica, la producción de aceros y la industria de
maquinaria pesada.
b) Las ventajas competitivas de las empresas alemanas se basaban tanto
en las economías de escala como en las economías dirigidas.
c) La relación inter-empresas (con abastecedores y competidores) y la
intra-empresa (con el trabajo) tienden a ser más bien cooperativas que
competitivas. Empero, el estímulo principal para esta cooperación fue el
fenómeno de la concentración del capital industrial que posibilita la
coordinación de las operaciones de negocios a través de la constitución
de grupos financieros. En efecto, actualmente los diez bancos más
importantes poseen un control accionario decisivo sobre las 100 empresas
más importantes del país. Esta forma de dirección de las empresas le
permite a Alemania convertirse en una de las más fuertes economías
industriales de Europa y en una de las economías más competitivas a
nivel mundial.
Sin embargo el ejemplo más pleno del capitalismo gerencial cooperativo
es Japón. Este sistema le ha permitido colocarse en posiciones de
control de importantes mercados globales en la mayor parte de las
actividades industriales de mayor dinamismo. De entre las
características más importantes de este modelo de capitalismo, destaca
el compromiso estratégico de largo plazo para con la innovación y el
continuo mejoramiento de los productos. Por otra parte, en lo que se
refiere a la cooperación esta toma nuevas características que la
refuerzan. En lo referente a las relaciones laborales introduce en los
salarios el principio de que los trabajadores no son pagados tanto por
la tarea productiva sino más bien por aquellas tareas que el trabajador
es capaz de realizar. Por otra parte, y de mayor importancia aún, en
término de las relaciones con otras empresas destaca la formación de los
Keiretsu o alianza estratégica de negocios, configurando asociaciones
permanentes entre diferentes empresas, de tal modo que el conjunto de
compañías japonesas más competitivas internacionalmente están
organizadas en sólo seis grupos de negocios, centralización que les
posibilita además, operar bajo una estrecha colaboración con organismos
gubernamentales, particularmente en la investigación y desarrollo de
productos de tecnología de punta y para la detección y captura de nuevos
mercados.
De lo anterior, se podrían deducir algunas conclusiones preliminares.
Parece indudable que la fuerza rectora de la competitividad
internacional es el modo capitalista de producción que aunque se
manifieste en alguna formas específicas o variantes nacionales -e
incluso que estas variantes sean importantes, no impiden incluir a todas
estas experiencias en un mismo modelo de economía de mercado. Las
diferencias entre el capitalismo gerencial competitivo y el capitalismo
gerencial cooperativo se encuentran entonces en tres puntos: en el rol
del gobierno en la actividad económica; en los horizontes temporales
considerados en los procesos de toma de decisiones y; en la naturaleza
de las relaciones inter-empresas e intra-empresas (las relaciones
laborales).
La teoría acerca de las etapas del desarrollo competitivo (Porter,M.
1990), reelaboradas más tarde por Ozawa (Ozawa,T.1992) es muy
ilustrativa al respecto. Porter describe el desarrollo competitivo de
las economías nacionales en términos de cuatro etapas, las cuales son
sintetizadas a través de ciertas características competitivas
secuenciales.
Para la primera etapa, las actividades basadas en los recursos naturales
y en las manufacturas intensivas en uso de trabajo son centrales para la
obtención de las ventajas competitivas. En la segunda etapa, en cambio,
la actividad económica estaría basada en la fabricación de bienes
intermedios y de capital (industria química y pesada), la tercera en la
generación de la infraestructura (vivienda, transportes,
comunicaciones). En la cuarta etapa, la actividad económica estaría
impulsada por las inversiones; el éxito empresarial descansa en el
investigación y desarrollo derivados de un pleno uso del capital humano.
Por su parte, Ozawa ha mejorado el esquema demostrando como la
experiencia japonesa configura un modelo en el cual resaltan las
relaciones de interdependencia entre el mejoramiento estructural, las
ventajas comparativas dinámicas y la inversión extranjera directa,
conjuntamente con la unión de las estrategias de uso intensivo de
capital y uso intensivo de recurso humano calificado para la generación
de un constante progreso tecnológico. De esta manera, se puede
comprender como un estadio particular del desarrollo competitivo es
asociado con un patrón específico de exportación, basado en la
adquisición y consolidación de niveles de competitividad. Así, el primer
estadio estaría caracterizado por ventajas comerciales basadas en
factores, produciendo mercancías primarias y bienes de uso intensivo de
trabajo. Por su parte, el estadio guiado por la inversión basaría en
cambio sus ventajas competitivas en la producción a escala de bienes
intensivos en capital. Por último, el estadio de la innovación - que
basa sus ventajas en la investigación y el desarrollo - se caracteriza
por la exportación de productos cada vez más sofisticados
tecnológicamente.
En este sentido, el crecimiento económico y la transformación sería
acompañada por un cambio en los patrones de las ventajas comparativas
dinámicas. Debe ser mencionado además, que estos cambios no suceden a
partir de transformaciones instantáneas, más bien son el resultado de
progresivas transiciones caracterizadas por el surgimiento y caída de
actividades económicas específicas y puede ser conceptualizado como un
cambio en el centro de gravedad de la economía como una totalidad.
Pero quizás el aporte más importante de Ozawa es destacar la relación
tan importante que tiene la inversión extranjera directa en los cambios
estructurales de la economía.
3. El comercio internacional: globalización y especialización
La principal alteración del sistema de comercio internacional ha sido su
notable expansión; el surgimiento de nuevos exportadores (Japón y los
países asiáticos) la apertura de los mercados de Norte América mediante
el Tratado de Libre Comercio y en una menor medida la apertura de los
mercados europeos responsables y en general la liberalización de
mercados propuesta e impuesta a los países en vías de desarrollo son
responsables de este incremento en los flujos del comercio mundial.
En Japón y Estados Unidos durante el período 1970-89 se puede observar
una significativa especialización en su comercio internacional a
diferencia de los países de la Comunidad Económica Europea. De los
países más importantes Japón -en las dos últimas décadas- ha duplicado
sus exportaciones en los sectores basados en la generación de
conocimientos (química fina, componentes microelectrónicos y
telecomunicaciones) que son áreas caracterizadas por actividades
innovativas directamente ligadas a ingentes gastos en investigación y
desarrollo, lo que produce efectos para el conjunto del sistema
económico, en tanto que sirven como insumos intermedios y de capital
para un gran número de otros sectores industriales y de servicios.
Por otra parte, es posible observar el crecimiento de la industria de
bienes de capital especializada (instrumentos y máquinas de ingeniería
tales como máquinas herramientas) actividades caracterizadas por una muy
alta diversificación de la oferta, destinadas principalmente a ser
insumos para actividades industriales que preferentemente utilizan
economías de escala y procuran dominar la oferta mediante la captura de
nichos de mercados. Este tipo de especialización comercial
característico para Japón es particularmente evidente en los esfuerzos
de investigación y desarrollo en los sectores industriales basados en la
microelectrónica, tales como los sistemas de procesamiento de datos y el
de componentes electrónicos y telecomunicaciones, retirándose
paulatinamente de los sectores tradicionales. Sobre estos mismo
fenómenos encontramos otras visiones una visión adicional de este
fenómeno. Mandeng ( Mandeng, O. J. 1991) por ejemplo, postula que el
crecimiento económico ha llegado a ser cada vez más independiente de la
intensidad de los flujos del comercio internacional y que los elementos
dinámicos estarían centrados en grandes empresas que producen
manufacturas tecnológicamente complejas para mercados globales
imperfectamente competitivos. Allí, es donde los nuevos actores estarían
rápidamente mejorando sus resultados en el comercio internacional.
Fajinzylber por su parte, (Fajinzylber, F. 1991) a partir del trabajo de
Mandeng, ubica no solo a los países ganadores, aquellos que han
incrementado su cuota de mercado, sino que también analiza estas
ganancias de acuerdo a los principales productos involucrados. En este
sentido distingue productos que están gozando de un incremento en la
cuota de mercado de aquellos que la están perdiendo. Para ello acuña la
figura de los productos "dinámicos" y los "descendentes". Los países
ganadores incrementan sus cuotas de mercado a través de productos
"dinámicos". Los países perdedores pueden perder sus cuotas de mercado
con productos dinámicos (una situación definida como "pérdida de
oportunidades") o con productos "descendentes" en una situación
denominada "retirada". Naturalmente, la mezcla de productos para
virtualmente todos los países contiene ejemplos de ambas clases.
Entre los principales países de la OECD, Japón claramente es el que ha
obtenido las mayores ganancias en cuotas de mercados y más importante
aún, cerca del 80% de sus exportaciones están ubicado en una óptima
situación y casi todas ellas son manufacturas que no están basadas en
recursos naturales. Con pocas excepciones, los países de la Unidad
Económica Europea, aunque es posible observar ganancias en sus cuotas de
mercado, éstas son significativamente menores a las alcanzadas por los
países asiáticos y, enfrentan muchas oportunidades perdidas en sus
resultados de exportación. No obstante, se hace necesario destacar el
hecho que a pesar de las pérdidas sus exportaciones (en gran parte) no
son manufacturas basadas en la explotación de recursos naturales. La
situación es crítica para países como Australia y Nueva Zelandia que
basan sus exportaciones en recursos naturales y manufacturas
directamente relacionadas con actividades primarias. Bajo este mismo
esquema propuesto por Fajinzyber los Estados Unidos estarían perdiendo
importantes cuotas de mercado debido a que un número menor de sus
productos se encuentran en la situación óptima y peor aún, muchos de sus
productos se ubican en la zona de "las pérdidas de oportunidades". Una
proporción similar de productos de exportación se encontraría en la fase
de retirada.
Este esquema demuestra un dramático cambio en las relaciones comerciales
de los países de la OECD generando diversos efectos el más importante es
el apresuramiento de las iniciativas de integración de los bloques
regionales, especialmente de aquellos países que están perdiendo cuotas
en el mercado mundial, Estados Unidos con el TLC y los países europeos
con la Unión Económica Europea.
4. La globalización y la inversión directa
Otro aspecto de suma importancia para la compresión de los procesos que
originan la globalización es indudablemente la inversión directa. Desde
los años 80s la dinámica que se observa en los flujos de la inversión
directa internacional es notoriamente superior a la dinámica que se
presenta en el comercio internacional y se convierte en un componente
principal del crecimiento económico. Una de las medidas más eficaces
tomadas por las empresas transnacionales para eliminar las restricciones
al comercio internacional fueron indudablemente las inversiones
condicionadas. Se negociaban inversiones en los distintos países a
condición del levantamiento selectivo de barreras arancelarias. Por lo
mismo, quizás es que el proceso de transnacionalización propicia,
simultáneamente, el fortalecimiento de tendencias hacia la globalización
y la regionalización.
La regionalización podría ser explicada advirtiendo el significado e
importancia del hecho de que cerca de la mitad de flujos comerciales de
Japón y de los Estados Unidos están directamente relacionados con la
inversión externa directa, esto es se trata de operaciones entre
compañías transnacionales. Es interesante observar, por otra parte, que
alrededor del ochenta por ciento de los flujos de inversión externa
directa se concentran en una triada conformada por Estados Unidos, los
países de la Comunidad Económica Europea y Japón. Que los países donde
se originan los flujos de inversión (fuentes) son los miembros de la
Comunidad Económica (con un promedio anual de 39 mil millones de dólares
en el período que transcurre entre 1985, y 1989 y Japón que para el
mismo período incrementa seis veces sus inversiones alcanzando la suma
de 111 mil millones. Lo anterior también podría explicar la
concentración de los flujos comerciales en esta tríada pues el 67% del
comercio mundial se efectúa entre estos tres grupos de países. (UNCTC,
World Investment Report, 1991).
La importancia de las tendencias hacia la regionalización que acompañan
al proceso de globalización se puede advertir en múltiples aspectos. En
primer lugar las empresas transnacionales que actúan en el mercado
global deben concebir e implementar estrategias específicas para cada
uno de los tres más importantes mercados que componen la tríada,
específicamente en relación al diseño de los productos, el mercadeo y
distribución, la red de abastecimiento, finanzas, comercio e inversión
externa. En este sentido, varios autores (Agosin, M. y Tussie, D. 1992)
han puesto en evidencia la importancia que tiene para los flujos del
comercio internacional las diferencias existentes entre las distintas
prácticas institucionales de los países que componen la Tríada pues
afectan directamente a las ventajas competitivas.
En segundo lugar, las industrias de alta tecnología que se convierten en
las empresas líderes de la competencia global no están igualmente
distribuidas entre los países. Esto implica, muchas veces, que ante un
incremento de la competencia los gobiernos se sienta impulsados a
generar políticas diseñadas para alcanzar o mantener sectores económicos
competitivos, al mismo tiempo que generan medidas que dificultan el
desarrollo de los negocios de las empresas "extranjeras". Un ejemplo
notorio de lo anterior lo constituye el MIT (el ministerio japonés para
el comercio internacional y la industria) que toma medidas que incluyen
desde la asignación dirigida del gasto público (compras gubernamentales
hacia determinadas empresas) hasta la subvención de investigación y
desarrollo para áreas específicas del desarrollo científico/tecnológico.
En tercer lugar los países miembros de la Tríada influyen decididamente
en la definición de las reglas del juego con respecto al sistema
multilateral. Entre las parte más importantes del sistema cabe mencionar
a la Organización Mundial de Comercio, la Organización para la
cooperación económica y el desarrollo (OECD), el sistema que regula las
finanzas internacionales (FMI, Banco Mundial, el Banco Internacional de
Pagos (BIS) y el sistema de Naciones Unidas. A través de estos
organismos los países desarrollados agrupados en el "grupo de los siete"
(Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Japón)
negocian las políticas globales en relación a las tasas de intercambio,
las tasas de interés, al financiamiento externo, y de manera importante
influyen sobre las tendencias hacia la globalización y regionalización.
Parece que para una cabal comprensión de los fenómenos que nos preocupan
los esfuerzos teóricos basados en la conceptualización de las ventajas
comparativas de las naciones no son suficientes. Por ello, habría que
acudir hacia aquellas investigaciones basadas en las ventajas
competitivas de las empresas, mismas que colocan el énfasis en la
decisiva importancia que adquiere la investigación y desarrollo, la
innovación y la tecnología para la obtención de roles y jerarquías de
privilegio en la nueva división internacional del trabajo y del
comercio.
Esta nueva situación se manifiesta claramente en dos áreas separadas que
dependen tanto de la naturaleza de las actividades productivas como de
su grado de "madurez" tecnológica. En las industrias estratégicas
tecnológicamente sofisticadas tales como la microelectrónica, la
biotecnología, el desarrollo de nuevos materiales, la robótica, el
desarrollo de la computación, telecomunicaciones en donde las ventajas
competitivas - en su mayor parte. Son producto de costosas
investigaciones y el establecimiento de alianzas estratégicas entre
empresas transnacionales de alta tecnología.
En lo que se refiere a aquellas industrias "maduras" basadas en
economías de escala y producción masiva y estandarizada tales como la
industria del automóvil, los artículos de consumo electrónico, las
textiles, etc. El proceso de reestructuración para alcanzar niveles
competitivos reside en una mezcla de avances tecnológicos e innovaciones
organizacionales. Así surgen nuevas prácticas en los sistemas
industriales, se impone un nuevo "sentido común" de la eficiencia que a
lo menos posee tres importantes dimensiones.
La primera está relacionada a los avances tecnológicos aplicados a los
sistemas productivos que permiten la implantación de tecnologías
automáticamente integradas en todos las fases de la actividad de las
empresas. La segunda dimensión es la incorporación de una nueva forma de
gestión y de organización de las tareas productivas que permiten la
apropiación de estándares de calidad y eficiencia demandados por los
mercados globales. La tercera dimensión subraya la importancia decisiva
que tiene para la obtención de ventajas competitivas el establecimiento
de una nueva forma de relación entre las empresas y sus proveedores,
basadas en la cooperación y la confianza, así como en el reconocimiento
de un recíproco interés para posibilitar el desarrollo de ambas partes
de una asociación considerada como permanente.
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