1. Introducción
El Ahorro Interno proviene de la diferencia entre el ingreso nacional y
el gasto de consumo.
El Ahorro es importante porque representa los recursos disponibles para
financiar la inversión, sin ahorro no puede haber crecimiento económico.
Para que el crecimiento económico se traduzca en una creación de empleos
permanentes y bien remunerados, debe ser vigoroso y sustentable. (1)
"Existen empresas que deciden arriesgar si el país ofrece o no un
régimen de protección y promoción a la inversión positivo y estable en
el tiempo".
Asimismo, es interesante destacar que los inversionistas, si destinan
sus capitales en los hoy llamados "países emergentes", lo hacen en
correlación al tamaño del país y su fortaleza industrial. Es por eso que
México y Brasil se llevan la mayor parte de la torta. El Perú es aún un
país pequeño para atraer mayores capitales. Ante eventos sistémicos de
riesgo, los capitales salen y entran rápidamente, ante hechos de mucho
riesgo como los ocurridos en México y Brasil, los capitales permanecen,
porque el propio país sigue despertando interés en quienes aportan los
billetes.
También hay que recordar que existen ciertas inversiones que no se
pueden ir rápidamente, como son las de mediano y largo plazo, es
imposible que una empresa se lleve la fábrica o las instalaciones. Debe
soportar estos ciclos. (2)
El Perú y los países latinoamericanos tienen mucho que aprender y el
impulso del agro, de la industria manufacturera y de la educación,
conducen al desarrollo del país, y son algunas de ellas. Sólo con el
potenciamiento de esos sectores se tendrán un desarrollo económico
permanente, continuo y equitativo en sus beneficios. Sólo así seremos
menos vulnerables a las crisis económicas internacionales, y de ocurrir
éstas, podremos salir más rápido de ellas. (3)
2. Ahorro interno en Latinoamérica
Debido a los bajos índices de ahorro interno que presentan los países
latinoamericanos (19,2% del PBI en promedio en 1994, contra 34,0% en
Asia), nuestra región ha dependido históricamente del ahorro externo
para financiar sus necesidades de inversión. Los capitales externos se
han manifestado en nuestras economías a través de diferentes vehículos
en diferentes épocas.
Primero vinieron inversiones directas de parte de grandes
multinacionales del sector primario (mineras, petroleras, agrícolas,
etc.) y emisiones de bonos estatales en los mercados europeos. Luego,
durante la posguerra y culminando en la crisis de la deuda de los
ochentas, aunados a inversiones directas de empresas industriales,
llegaron los créditos de la banca multilateral y comercial. Finalmente,
a partir de 1990, la región logró recuperar su acceso a los mercados de
capitales, emitiendo títulos de renta fija y acciones de entidades
estatales y privadas.
Las reformas económicas de los últimos años, acompañadas de una mayor
estabilidad económica y política en la región, han llevado a que el
universo de inversionistas y prestamistas externos con exposición a
Latinoamérica sea hoy más amplio que nunca. Estos inversionistas se
pueden clasificar, principalmente, en dos categorías, dependiendo de su
horizonte de inversión. La primera corresponde esencialmente a
inversionistas de cartera, o aquellos que adquieren títulos
latinoamericanos en los mercados secundarios principalmente por motivos
especulativos. Ellos buscan maximizar la rentabilidad de su inversión en
el menor plazo posible y tienden a ser más oportunistas y a reaccionar
intempestivamente ante los eventos que ocurren en la región.
La segunda categoría corresponde a inversionistas a largo plazo, entre
los que se encuentran empresas multinacionales, bancos comerciales,
fondos de inversión, empresas de seguros y fondos de pensiones. Estas
entidades realizan inversiones directas en la región, otorgan créditos a
mediano y largo plazo y adquieren participación en emisiones de bonos y
acciones latinoamericanas con la idea de conservarlas por un período de
tiempo considerable. Dichas entidades suelen dar mayor importancia a las
perspectivas de crecimiento económico del país a largo plazo y a la
solidez de sus instituciones y políticas macroeconómicas. Alcanzar una
mayor participación de este tipo de entidades sigue constituyendo uno de
los retos más grandes para nuestras naciones.
Para un país en desarrollo como el Perú, con necesidades de inversión
significativas y expuesto a los vaivenes del acontecer político y
económico a nivel nacional e internacional, resulta fundamental atraer
eficazmente capitales a largo plazo. Para alcanzar este objetivo es
importante adquirir un mejor entendimiento de los mercados
internacionales de capital, que serán una fuente sustantiva de recursos
para América Latina y el Perú en los años venideros, para así conocer
cabalmente sus beneficios, comprender mejor su funcionamiento y evitar
los errores cometidos en el pasado.
Un primer aspecto a considerar es la cuantificación y el análisis del
impacto que han tenido los mercados de capitales internacionales sobre
América Latina en los últimos años. Desde 1991, entidades estatales y
privadas de la región han recaudado más de 100 000 millones de dólares
en estos mercados de capitales, satisfaciendo de esta manera un
porcentaje significativo de sus necesidades de inversión. De este
volumen total, 73% corresponde a emisiones de títulos de renta fija
(bonos) y 27% a emisiones de títulos de renta variable (acciones y
títulos convertibles en acciones). Las tres principales economías de la
región, Brasil, México y Argentina, han representado aproximadamente el
85% del volumen total de emisiones. Adicionalmente, Chile ha participado
con un nivel importante en emisiones de acciones y Colombia se ha
destacado en emisiones de bonos, principalmente del sector público.
Esta concentración en los emisores también se refleja a nivel sectorial,
pues sectores como el financiero, el de telecomunicaciones y el de
recursos naturales (petróleo y gas, minería, productos forestales, etc.)
han acaparado la mayoría de las emisiones. Sin embargo, en general, los
mercados de capitales internacionales han permitido que una gran
variedad de empresas privadas y entidades estatales de la región pueda
obtener capital en volúmenes importantes y a largo plazo, además de
optimizar sus estructuras de capital a través del uso de diferentes
instrumentos financieros.
Un segundo aspecto a tomar en consideración es quiénes son los
inversionistas en títulos valores latinoamericanos. En general se pueden
agrupar en cinco categorías: instituciones financieras (bancos de
inversión y comerciales), fondos mutuos de inversión, fondos
especulativos (hedge funds, etc.), compañías de seguros y fondos de
pensiones.
Tradicionalmente, las instituciones financieras, los fondos mutuos y los
fondos especulativos han representado más del 90% de la demanda por
títulos latinoamericanos. Estos inversionistas fueron los primeros en
incursionar en la región a principios de ésta decada, por lo que cuentan
con un perfil de riesgo/rentabilidad más agresivo. Son ellos también los
que tienden a reaccionar de manera más violenta cada vez que ocurre un
acontecimiento inesperado. Hay quienes arguyen, por ejemplo, que la
crisis de México fue en cierta medida acelerada por la impetuosidad con
que los inversionistas de estas tres categorías decidieron desprenderse
de sus posiciones en títulos mexicanos.
Por otro lado, las compañías de seguros y fondos de pensiones tienden a
concentrar sus inversiones en instrumentos de largo plazo.
Tradicionalmente han dirigido sus dineros hacia bonos en vez de
acciones, dedicándole especial interés a emisiones realizadas por los
dos países que los mercados catalogan como los mejores alumnos
crediticios de la región: Chile y Colombia.
Un tercer aspecto de importancia es la comprensión de los diferentes
vehículos financieros mediante los cuales se puede acceder al capital
externo. Estos se pueden agrupar esencialmente en dos categorías, renta
fija y renta variable, aunque existen una serie de matices intermedios,
como los bonos convertibles en acciones. La decisión sobre qué tipo de
instrumento se debe emitir tiene que realizarse dentro del contexto de
los planes de inversión de la empresa (proyectos de corto/largo plazo),
su nivel de endeudamiento y las condiciones que prevalezcan en los
mercados al momento de emisión.
Para que una emisión sea bien percibida por el mercado, es fundamental
entender la diferencia de criterios que utilizan los dos tipos de
inversionistas. El inversionista en títulos de renta fija, por ejemplo,
se interesa en cómo y cuándo se le va a pagar. Le concierne menos el
potencial de crecimiento de la empresa que su estabilidad y la certeza
de que pueda cumplir con sus obligaciones. El inversionista en acciones,
por otro lado, no busca necesariamente recibir pagos anuales, sino más
bien convencerse del potencial de crecimiento del emisor y de la
apreciación que el mismo le puede brindar a su dinero.
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