Planeación social y libertad

En América Latina mucho se habla de planeación social y afirmación de las instituciones en libertad., te mas que me llevaron a releer una de las obras más importantes del sociólogo húngaro Kart Mannheim (1893-1947) “Diagnóstico de nuestro tiempo”, escrita aproximadamente hace 80 años. Su época -estimada por él mismo- se caracterizaba por concentrar grandes cambios provocados por la irrupción de la sociedad de masas, y por la transición de un mundo pre-industrial a otro industrial.

El hecho más importante de nuestro tiempo es la transformación del Estado liberal democrático en un Estado social o de concepción social. Ello implica que el Estado del presente yo no limita su esfera de acción a las funciones del demoliberalismo -la ejecutiva o administrativa la legislativa y la judicial- sino que se está transformando en un Estado de servicio social y su cometido es el de beneficiar a la sociedad. .Mannheim considera que la multiplicación de los servicios sociales que el Estado dispensa y promueva son índices de buen rumbo que, finalmente, lo lleva a ser más profundamente humano.

A juicio del autor de “Libertad y planificación social”, (otra obra importante de Mannhein) , quien no comprenda y asimile a tiempo los principios del tiempo que le toca vivir , hallará el mundo más allá de sí y asegura, además, será vencido por él. Los “principios medios” se van dando en la vida diaria, representando lo que la gente en general espera. Ayer como hoy -y así mientras transcurran las décadas- todo el mundo vive esperanzado a la espera de una serie de hechos posibles, pues la vida del hombre está sujeta a una variada serie de expectativas.

No causa extrañeza, por el contrario, que la clase media sea siempre antiproletaria; que un gabinete político de un país cambie como consecuencia de una crisis de cualquier índole. Se tratan de “principios medios” (Mannheim) como en muchos países sudamericanos lo son temas de r reforma agraria equitativa, industrialización, igualdad racial, credo democrático, defensa hemisférica contra narcotráfico.

Planeación y técnicas sociales

En nuestro país como en otros de Sudamérica, existe un propósito en definir lo que es planificar. Salvo Chile y últimamente Brasil, existe una diferencia entre deseo y realidad. En algunos círculos políticos o técnicos se habla de “colonizar”, de “fundar”, de “desconcentrar”, lo que en buen romance significa: hablar, pensar y soñar en abstracto.

Planificar es otra cosa. En su comienzo se emplea aquello de que se dispone de inmediato, tomando muy en cuenta que los fines, los medios y los fundamentos de la planificación existen en el mismo plano de la realidad histórica. Planificar es pues, previsión aplicada, deliberada, tomando muy en cuenta los intereses sociales y humanos.

A juicio de la cátedra de sociología de la UNAM (Universidad Autónoma de México) en el libro que cité (Libertad y planificación social), el método usado por Mannheim es objetivo y presentitsta., pues los problemas de nuestro tiempo no pueden ser interpretados ni ser resueltos en base a un repertorio de ideas que pasó a ser antiguo. Los problemas de este siglo XXI tienen en sí mismos una filosofía exclusivamente propia.

El hombre contemporáneo tiene que aprender a ponerse a la altura de la ocasión histórica y social, para que no sea arrastrado arbitrariamente por las fuerzas ciegas de su tiempo”. (Kart Mannheim, 1936)

Las diversas crisis que han llegado -por distintas causas afectando a diversos campos del quehacer nacional- en Uruguay, recientemente en Argentina, más al norte en Bolivia, -por citar algunas pocas- no pueden resolverse por medio de unos cuantos intentos apresurados y nerviosos, dirigidos a suprimir problemas molestos; ni buscando amparo seguro en un pasado muerto, sino solamente en base a una autocrítica y aproximación lo más confiable y exacta posible de las nuevas concepciones a adoptar. Es necesario practicar permanentemente la tarea de pensar analíticamente lo nuevo a introducir en el medio socio-político del país.

Fortalecer la sociedad

Uno de los temas que en Uruguay se viene planteando, pero que no ha llegado a ser dominante por carecer de profundidad en su planteo es el de la planificación regional. La información señala que infinidad de gobiernos en todo el mundo, conjuntamente con empresas privadas , organismos supranacionales, institutos particulares de investigación, vienen manifestando una serie preocupación sobre el tema, sean cuales fueren sus sistemas políticos y económicos. Por ejemplo en Argentina dominicalmente se trasmite una importante audición al respecto titulada “Argentina para armar”, con la participación de destacados especialistas en variados temas.

En Uruguay tal temario educativo, basado en una realidad diaria por toda vista, no existe. Reinan en el “ranking” programas nada edificantes de otras culturas (si es que se pueden incluir señales de cultura) como “Bailando por un sueño” o “Intrusos” -además de otros programas escritos, orales y televisivos nacionales- que sólo sirven para ahondar la brecha cultural que separa a los países más avanzados de los más subdesarrollados, provocando y ahondando una lamentable, negativa y peligrosa aculturación popular que va socavando las raíces de la otrora auténtica identidad nacional. En el caso de Uruguay es netamente visible, donde sólo de adopta el estilo cultural decadente de Buenos Aires.

Desde su radicación en Londres, Mannheim continuó con su obra a través de la Biblioteca de Sociología hasta su muerte en 1947, elaborando la tesis básica de la sociología del conocimiento. Para el gran maestro germánico, los intereses y propósitos de ciertos grupos sociales, encuentran expresión en determinadas teorías, considerando la relevante importancia social de los medios de difusión (¿cuarto poder? para trasmitir ideas – base de conocimiento para el progreso sostenido de la dinámica societal.

Al respecto Mannheim considera: “”La teoría -el pensamiento- ha dejado de ser un instrumento de la práctica y se ha convertido en artefacto inútil. Al quedar fuera de la realidad, fuera del orbe histórico, nuestra época , agrego ha quedado acéfala, sin orientación y con ello nuestro tiempo no tiene más guías que su propio instinto , lo irracional. En la actualidad, el intelectual, el político -que deberían ser autores y generadores de la teoría- no saben estar a la altura de nuestro tiempo. La mayoría de los distintos conflictos -en distintas áreas- suceden en el mundo de hoy, por cuanto a la realidad los seres humanos responsables no saben subordinarla a la razón.

La inseguridad del hombre en este mundo en crisis no se origina únicamente a causa de producirse con exceso lo inesperado y lo nuevo. Se debe más, al hecho de que se ve forzado a transformar, en medio de un horizonte limitado, los pocos principios con que aún cuenta o le quedan de su largo trajinar, con demasiada rapidez. Si fracasa en adaptarse a la nueva situación, desesperado exclama como el personaje del poeta y dramaturgo alemán Hebell (1813) “Debemos obrar no para ir contra el destino, sino para ir delante de él”. “El mundo está más allá de mí”. La fuerza en voga es superior.

Planificar socialmente

La planificación -según la escuela de Mannheim- tiene un aspecto volitivo y uno emocional. No se trata de una teoría vana sin relación alguna con la vida social concreta. Tal doctrina implica que los decretos de nuestra voluntad pueden llevarse a vías de hecho y comporta el poder de intervenir en la sociedad en reconstrucción.

Por ello es importante actuar con técnicas sociales: política, militar, la de la educación, la de la propaganda, la de la organización urbana. El caso de la descentralización en la región capitalina de Montevideo, resultó un fracaso por haber sido tan solo un resultado de una aspiración política, demagógica, sin base técnica ni académica. Sin resolver problemas, surgieron otros, al extremo que sus planificadores que acaban de publicitar su fracaso, bien pueden decir como “El aprendiz de brujo” de Goethe: “los fantasmas que en mi beneficio he invocado no se marchan”.

Reitero: el hecho más importante de nuestro tiempo es la transformación del Estado liberal democrático en un Estado social o de concepción social. Para lograr esa meta es preciso planificar las profesiones con arreglo a la ley de la oferta y la demanda, evitando el proletariado intelectual. Ello, fielmente acompañado evitando el favoritismo que el partido en el poder nacional utiliza al repartir con empleos públicos los (o no) servicios prestados que le prestaron sus adherentes (o no). “Realizar un examen objetivo de los candidatos resulta una cuestión política de gran importancia para la democracia del futuro” (Mannheim).

Esta doctrina es altamente clara, edificante y tan útil como necesaria. Finalizó la época de la democracia liberal del siglo XX, con su clásica consigna “dejad hacer, dejad pasar”. En una auténtica y respetable democracia los pueblos tienden a aceptar las opiniones y a actuar según las normas que la clase dirigente les sugiere. Pero para alcanzar este buen nivel, es necesario una respetable clase dirigente que planifique para la libertad, que es la única forma que queda de libertad.

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Quagliotti de Bellis Bernardo. (2008, agosto 4). Planeación social y libertad. Recuperado de http://www.gestiopolis.com/planeacion-social-y-libertad/
Quagliotti de Bellis, Bernardo. "Planeación social y libertad". GestioPolis. 4 agosto 2008. Web. <http://www.gestiopolis.com/planeacion-social-y-libertad/>.
Quagliotti de Bellis, Bernardo. "Planeación social y libertad". GestioPolis. agosto 4, 2008. Consultado el 2 de Septiembre de 2015. http://www.gestiopolis.com/planeacion-social-y-libertad/.
Quagliotti de Bellis, Bernardo. Planeación social y libertad [en línea]. <http://www.gestiopolis.com/planeacion-social-y-libertad/> [Citado el 2 de Septiembre de 2015].
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