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MOBBING EN UN TEATRO DE CARACAS Y ALGUNOS DE SUS SECRETOS A VOCES

Autor: Rodrigo Rodríguez

Otros conceptos y herramientas de RR.HH.

28-08-2007

Herramientas

Se recogen los tickets de cortesía, para así dar sala a la más grande de todas: la Ríos Reyna, en el Teatro Teresa Carreño, situado en Caracas- Venezuela. Allí, será usted espectador de “un circo venezolano” (sin nombre) que no es precisamente una obra de teatro “abierta al pensamiento cultural prometido”, según fuente interna relevante. ¡Les recordamos apagar los celulares!... ¡¡¡Y qué comience la función!!! Literalmente, se escuchan –enseguida- aplausos grabados (porque el cassette es el mismo, y sería un “acto exorcista” deshacerse de ello)...

Sube el telón negrísimo: en alrededores de las tablas, lo primero que suelta el circo son embates, improperios y maltratos hacia sus propios trabajadores. Son los diálogos de la pieza, todos asombrosos (“¡Guauuu!”, se abstienen los asistentes, por el quince y último). Y así, se da paso a los guiones: “¡Tú lo que necesitas es un 'macho'!”, le dirige vulgarmente a otra jefa, un “coordinador” que de “artístico” –dicen- que no tiene nada (porque “ha perdido toda la credibilidad” de sus empleados). La infortunada -pero luchadora- jefa, se queda impávida ante tal desenfreno. “¡No queda de otra!” (lo dice el guión). Y es que tal hostigo, ya parece ser alevosía sistemática en él (en el “coordinador artístico”, familia del presidente del teatro, ¿causalidad?). Así apunta el guión.

En la segunda escena de ésta obra “institucional”, al tiempo anterior de éste otro empleado haber superado el reality –es decir- la prueba legal de los 3 meses y un día, un gerente comiquita (medio pintado de blanco pureza) “le manda a decir” (es decir, le dice a la más ingenua que le diga, cuál mandada al automercado a comprar cebollas y ajos, ¡imagínese usted!), le manda (de mandado, tipo encargo) a decir (repito) que ya no trabaja para ellos. ¿Por qué no mandó –para completarla-, al vigilante del portón a decirle al “ex” empleado eso, y le pagó con una monedita de 100 bolívares?, porque el guión no lo escribe él (¡sería el colmo que lo escribiera!, ¿verdad?). Así, respectivo gerente de RR.HH. hace esto -con la mofa respectiva, pintado de blanco-, acción que además le compete legalmente, porque como hecho ilícito contradictorio, RR.HH. del TTC nunca llamó al “presunto despedido” (mientras hay inmovilidad laboral, e incompetencia en gestión de contratación, obligan a gerente a realizar comunicación “de hasta hoy trabajas”, con un expediente limpio de por medio y excelencia en desempeño).

Lo que acorrala la pieza -al mejor estilo de una ópera en New YorL (con L no con K)-, son lamentos de los compañeros un poco heridos, ante tal arbitrariedad hacia el “despedido”, aunque ello no impide que la “puerca” decisión, esté escrita en el libreto accionario (inexistente), y aunque no aparezca registrada. Y sin razón alguna, ni comunicado de por medio, le dejaron sólo un recado (tipo mandado de cigarros detallados) en éste caso de “despido” (decisión -según le informaron- al que coexistió como “presunto empleado”, fuese tomada por el Ministerio susodicho).

Posiblemente, es mejor que los espectadores externos vean El coronel no tiene quién le escriba, en los espacios cerrados, al lado del TTC (¡muy buena!, en el Ateneo de Caracas), porque como una gran ironía de ésta función circense en el TTC, hasta ahora no le han pagado los honorarios profesionales al “presunto-dizque-quizás-tal-vez” (aunque posiblemente para alguien: “¡Sí, trabajó allí!”) “despedido” ya, por cierto sin despido, ni carta, ni nada. Y el “despedido” (quien nunca firmó contrato de entrada, y es producto de una incoherente gestión, felizmente cumplida) no fungió tampoco de pasante, más bien es gracias a Dios, un profesional íntegro (felicitado por desempeño, incluso) considerado igualmente por otros de allí mismo: talento por currículo, no politiquería del “circo”.

La escena circense que persigue sugiere lo que sigue. A ésta otra empleada –allí mismo- le aprueban un proyecto que ejecuta y pone favorablemente en marcha, aunque casi dos semanas después (quizás más) -quien aprueba-, vuelve y repite aquí el mismo “coordinador artístico” (entrecomillado por ser personaje protagónico), desiste –él mismo- de lo que firmó y aprobó, para así pretender modificar un “ejecútese” que ya había sido –incluso- sometido a la opinión pública a través de la Página Web (aprobar y desaprobar, ¿un juego circense o ineptitud gerencial?, se recomienda como pauta profesoral para los estudiantes de los talleres de periodismo de la Universidad Central de Venezuela, Escuela de Comunicación Social).

- ¡Qué vacilón! –dice al respecto, un pobre culto, un pedazo de culto, pues.

Luego de otras tantas escenas típicas del mobbing, por premeditación –en parte-, de los “lleva y trae” en el TTC (dicen los entendidos que el Gerente de Relaciones Interinstitucionales es uno, o, lo que es lo mismo: Relaciones Intercotilleos, a su entendimiento) porque tiene todo el porte de enfermedad patológica institucional (“actor de estatus”, en fin, del circo) llegamos -por fin- al intermedio de este “episodio espectacular” (¡Guauuu, otra vez!) que ya tiene al Sindicato (Sutrafunteca) con las tablas en la cabeza y no en el escenario del teatro, por los tantos casos “circenses” vividos.

Lo que continúa en dicha funcioncita es más de lo mismo (más y más etcéteras perversos). Le repaso que ya usted (lector abismado) conoce la obra circense y el respectivo guión melaganario de ésta pieza sin nombre (por ahora). Y como desenlace al “circo”, entre otras tantas escenas no contadas por aprensión: a otra empleada –recientemente- la tuvieron que trasladar de emergencia al servicio médico por atropellos de “payasos diabólicos”, no de teatreros (“¡Guauuu!”, de nuevo, y no se quiere asemejar con ello, un ladrido de perro, vean mejor la película mexicana: Amores Perros).

- ¡Qué vacilón! –dice al respecto, un pobre culto, un pedazo de culto, pues.

Mientras tanto, en la escena aledaña, contigua, cercana pues, es decir en otra de las coordinaciones, otra “chiva medio maleducada y entaconada” (dicen que “escua” y quien no saluda a nadie de la rabieta que le tiene a los demás “actores”, el “artístico” es uno de ellos), decide usar pintura de aceite para las paredes de su oficina, sin avisarle a los empleados que debieron (quizás, digo yo) abandonar o cambiar de lugar laboral, momentáneamente. La fortísima pestilencia a pintura (down, que está en el decorado de la escena) enferma así a determinados incautos (de labor netamente intelectual), mientras la secretaria comunicacional de al lado (adicta a los inciensos afrodisíacos naturales y a las margaritas, flores amarillas todas quemadas por el tenso ambiente), la misma secre (medio simpática) aunque lamente lo mal pagada que está, impide así, que se abran las puertas por temor a que el hampa asalte de nuevo.

Y a la hora de la salida “5 en punto” (¡no más!, aunque se trabajen otras extras ilegales) es por fin, cuando aparece algo que llaman los del circo: Seguridad Industrial, para pedirle a los “asiduos al olor” (más bien ¡hostigados!), que se marchen (cuando la jornada laboral había terminado) en prevención a su ya atacada salud física, mental y, para colmo, psicológica. ¡Ni que fuesen pendejos los “down(eros)” (literalmente quise decir) para no salir despavoridos de allí!

Llegados –ya casi- al final de la pieza, está previsto que la audiencia del circo llore (aunque quizás se ría de dolor y penita). Continúan así (había una vez... ¡no!, había una nueva vez... ¡sí!) otros patitiesos diálogos de ésta pieza de circo, no de teatro, porque la gran mayoría tienen la nariz como un tomate (de risas y otros de arrecheras) ¡¡¡Ríanse bastante de sí mismos!!! “Vamos todos a reírnos de las bazofias malolientes del circo”, sugiere el guión... (Silencio total)

¡Y no crea jamás! que esto es una invitación a una obra de “circo” contemporánea sobre psicoterror, o acoso psicológico laboral (es ironía), es más bien un texto sobre ratos amargos de desasosiegos -algunos silenciosos-, aunque el contenido realista (no ficcionado) de los “Riesgos Psicosociales” debería ser incentivado y profundizado desde el Estado como promotor de políticas culturales, en la búsqueda de “nuevos valores enmarcados en el socialismo del siglo XXI”, repite el coro sinfónico (ficcionado), invitado al “circo”.

- ¡Qué vacilón! –dice al respecto, un pobre culto, un pedazo de culto, pues.

A la par, se suma una opinión de un espectador del mismo Teatro, preocupado ya demasiado por lo que allí sucede: “Creemos en los espectáculos que son producto del consenso y del debate colectivo”, pensó entonces ésta fuente interna relevante del TTC, en referencia a la participación de los consejos comunales de las zonas aledañas, los teatreros, las diversas clases sociales y demás comprometidos, los cuales “deben conformar una verdadera y consistente vocería” (moraleja light de la pieza circense) para así llegar a la conciliación de una programación cultural “adecuada a los nuevos tiempos”, se rescata de lo que ya otros guiones han dicho un sin fin de veces.

Pero como hecho contradictorio, ésta pieza circense trae (sin nombre, póngaselo usted) fuertes dosis de abuso de autoridad, arbitrariedades a mansalva y conflictos de poder entre personal directivo para con el subalterno (y artístico peor aún: hablillas institucionales van y viene de que Porras y Dudamel, no se aprecian mucho, conflictos de poder, donde hasta los nombres en negrita de los inmiscuidos en las vallas culturales capitalinas causan desenfado, porque: “¡a aquel le distes dos puntos de letra (negrita y cursiva) más que a mí!”, piensa uno de los importantes). Todo éste guión circense, se suma a los conflictos que afectan a los empleados de la Fundación Teatro Teresa Carreño, aunque timen ser dizques en su página web (http://www.teatroteresacarreno.gob.ve/)

- ¡Qué vacilón! –dice al respecto, un pobre culto, un pedazo de culto, pues.

Y si alguien no recuerda la tecnicidad de lo comentado, decidió el escritor de éste “vacilón”, que también participara en la respectiva “obra dan cística” (perdón, sísmica) una Asociación contra el Acoso en el Trabajo, al definir la tipología de acoso laboral como “acoso laboral vertical cuando es por causa de la conducta hostigadora del jefe sobre el trabajador. Igualmente, mencionan el acoso laboral horizontal el cual es provocado por los propios compañeros, los cuales tienden a acosar a trabajadores que ven como un peligro para su supervivencia en el empleo y para sus posibilidades de ascensos futuros. De igual manera, está el acoso moral mixto que se produce por la existencia de comportamientos que atentan contra la dignidad del trabajador por parte de los superiores, los cuales atentan directamente contra el acosado por razones personales”, argumentos que coinciden con la problemática, verdaderamente circense del TTC.

Un fuente prominente de la Fundación (audiencia de la obra prima) también insistió que, desde hace dos años, el Teatro Teresa Carreño no se ha comprometido en dotarle a los trabajadores que laboran en los talleres y con productos tóxicos, de medio litro de leche diaria para impedir intoxicaciones (más intoxicaciones, ¡así es!). “Hemos actuado por la vía conciliatoria. Se nos habla de escasez del producto. Y no han alegado falta de dinero”, manifestó un vocero del sindicato, anunciando que también están alarmados ante la indebida ejecución anual de las políticas culturales de la Fundación del TTC que se programa entre tres, y hasta con un sólo mes de antelación. En tanto, “los trabajadores de administración del TTC son acusados de negligentes por compran a precio de costo“, debido a la inmediatez que requiere la gestión. Así lo señaló igualmente la respectiva fuente.

- ¡Bajen el telón negro!, por favor –reclama otro espectador molesto.

- ¿Existirá una institución al servicio público que realmente se aboque a la grave problemática que está afectando la calidad humana de muchos funcionarios en Venezuela? -se deja como una interrogante que merece una respuesta verdaderamente de políticas culturales ajustadas a los nuevos tiempos. (Vaya aquí un saludo cariñoso a la gente simpática, humana y luchadora que aún “aguanta palo” en el TTC, por hacer lo que les llena).

- ¡El más puro “circo” venezolano! –expresa impactada una mujer espectadora y despabilada, a la salida del Teatro. (¡Ahora sííí, aplaudan, por favor!)...

- ¡Qué vacilón! –dice nuevamente un pobre culto, un pedazo de culto, pues.

Rodrigo Rodríguez

Comunicador Social

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