Las últimas campañas políticas en Bolivia, Chile, Perú, México,
Venezuela, Brasil y Ecuador hace un año, así lo demostraron. Diarios
influyentes y sintonizados programas de radio y televisión propiciaron
en muchos casos la polarización de la población, eludiendo con ello su
principal misión, informar con la verdad.
En algunos países, ciertos medios difundieron sólo encuestas que
favorecieron a sus candidatos y en otros, simplemente manipularon las
informaciones. En ciertas naciones, los gobiernos de turno dirigen y
controlan las informaciones, manipulando de esta manera no sólo al
periodista, sino también al público consumidor. Esta situación coloca
nuevamente en debate el viejo dilema periodístico: ¿Libertad de prensa o
libertad de empresa? En este juego por honrar u ocultar la verdad, no
sólo participan propietarios de medios, directores y periodistas, sino
también gobernantes, políticos y encuestadores. En la toma de
decisiones, priman las simpatías partidarias por determinadas opciones
políticas sobre los valores éticos de los profesionales de la
comunicación social.
El periodismo veraz y objetivo que antaño pregonaban los mentores de esa
noble profesión, ha sido desplazado por los intereses subalternos de
quienes ahora controlan los medios masivos. No sólo las nuevas
generaciones de periodistas encuentran las primeras dificultades cuando
egresan de las universidades y empiezan su vida laboral, sino también
más de 510 millones de personas que cada día leen menos, utilizan
internet para informarse o simplemente tienen el servicio de televisión
por cable. América Latina vive una crisis de valores que se ve agravada
por las distorsiones informativas de los medios de comunicación social.
Recientes estudios revelan que los países que más respetan la libertad
de prensa amparadas en la verdad de los hechos son Costa Rica, Chile,
México, Brasil, Argentina y Perú. El extremo lo representan Haití,
Bolivia, Venezuela y Ecuador, naciones donde la credibilidad
periodística está en tela de juicio.
Si uno de los pilares de la democracia es la libertad de prensa basada
en los valores éticos, la crisis de credibilidad y la falta a la
deontología contribuyen a distorsionar la gobernabilidad y por lo tanto,
las legítimas aspiraciones de los pueblos a vivir en democracia. La
justicia, equidad y verdad deben sobreponerse a los intereses mezquinos
de algunos propietarios de medios y dar paso a disfrutar los derechos
democráticos como ocurren en las naciones del primer mundo.
Sin embargo, no todo son malas noticias para los periodistas, ni menos
para quienes trabajan en los medios de comunicación social. Según los
primeros indicadores, el futuro del periodismo va de la mano con el
desarrollo de las tecnologías de la información. La elaboración de blogs
personales, desarrollo de portales informativos, programas de radios por
Internet, televisión por cable y medios impresos por segmentos, son los
pilares del futuro periodismo en América Latina.
Muchos profesionales de la comunicación social ahora están formando sus
propias empresas y por lo tanto, también generando sus ingresos
económicos. El periodista latinoamericano también es un ciudadano global
y por lo tanto, su olfato periodístico le va indicando que debe moverse
con rapidez para no quedar rezagado frente a los cambios que trae
consigo el proceso de globalización.
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