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LA RAZÓN DE LA MEMORIA

Autor: Jesús Portalanza Güere

Otros conceptos de economía

12-12-2007

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Siempre llega un momento, en el proceso de maduración de los individuos, los colectivos y los pueblos, en el cual palpita la necesidad de volver una mirada a las huellas dejadas, de reencontrarse, de ubicarse en el espacio y en el tiempo, en su kronos y kairos, de perfilar sus derroteros, a ese mandato de la conciencia no podía ser ajena la Confederación Nacional de Discapacitados del Perú – CONFENADIP.

No obstante; en este compromiso, no podemos limitarnos al mero ámbito institucional, requerimos dar cuenta del contexto, de la lectura de la época, de los afanes y del rumbo tomado, dar testimonio de parte.

Visto así, el sujeto de nuestra historia, el ¿quiénes somos?, será un tema inicial que para algunos no termina de convencer a plenitud, y quizá aún no haya llegado el tiempo para la respuesta definitiva; sin embargo, siendo aún una tarea pendiente, debemos reconocer una identidad colectiva en construcción, en devenir dialéctico.

En todo caso, es parte del proceso de la humanidad toda, de descubrirse a sí misma, refrescar la memoria desde los primeros tiempos, desde la siempre referida cita a los lacedemónicos, los griegos de la antigua Esparta y su práctica de exclusión radical a las personas con algún tipo de discapacidad; del cristianismo que nos trae la buena nueva del amor, del don de la vida y la igualdad de los hijos de Dios, de la discapacidad como medio de revelación del poder divino, y en cada página del evangelio el milagro, ciegos que vuelven a ver, paralíticos que caminan, muertos que resucitan; el respeto a la persona, Cristo y el discípulo que preguntan ¿quieres ver?, o con la respuesta al viejo cuestionamiento social “no pecaron ni ellos ni sus padres...”

De griegos y judíos también estamos hechos, es la civilización que avanza... Y en nuestra tierra, al igual que los pueblos de las primeras horas, desde la eliminación a causa de la discapacidad hasta esa gran organización social de los Incas, su sentido de la previsión y protección a los grupos sociales más vulnerables, de cultura integradora, que reconocía una función productiva a las personas con discapacidad, son los ciegos desgranando el maíz...

Así, la necesidad de sobrevivencia de los pueblos antiguos, que reconocen en la fuerza y la función de los guerreros un papel central, van estableciendo los criterios de valor para sus miembros, y entonces, en la construcción de las relaciones sociales se va perfilando el origen de la discapacidad, y surgirá la figura del “inválido”, del que no puede ir a la guerra ni a las duras faenas del campo...

Esa será la percepción social que nos marcará a lo largo de la historia, y pese a que también contaremos con la presencia emblemática de extraordinarios hombres y mujeres - del mítico Homero, Milton, Beethoven, nuestros queridos Mariátegui, Borges y Frida -, no será hasta que la otra revolución, el de la ciencia y la tecnología en tiempos recientes, modifiquen la valoración de las funciones sociales, y ya no sea la fuerza sino el conocimiento, en que se darán las condiciones para repensar si debemos seguir hablando de inválidos...

Es en el siglo pasado que empezamos el proceso de transición, en ese breve siglo como gustaría llamar a Habermas, tendremos algunos paradigmas para la función social de la discapacidad, quizá quienes mejor la representen sean Hellen Keller y Nikolai Ostrovski... Como no podía ser de otro modo, respondiendo a discursos ideológicos de la guerra fría, para unos se trata de valorar la fuerza de voluntad y la capacidad de superación del individuo; para otros, de valorar el sacrificio y la entereza en aras de la nueva sociedad.

Pero serán los foros mundiales las que darán resonancia al eco kantiano sobre la dignidad de la persona y la paz perpetua, las nuevas generaciones de derechos humanos, y con ello las condiciones para empezar a debatir sobre discapacidad...

El largo periodo del asistencialismo será puesto en cuestión, se empezará a hablar de readaptación, luego de rehabilitación hasta que en el mundo, al influjo de los acontecimientos del decenio del sesenta, “cuna de profundas transformaciones sociales” como bien señala Pedro Cruz Botti, empezará a surgir con fuerza las reivindicaciones de los grupos sociales marginados, entre ellos, el nuestro...

En el Perú, en los sesenta ya teníamos tres importantes asociaciones de personas con discapacidad: la Unión Nacional de Ciegos del Perú, la Asociación de Sordos del Perú y la Fraternidad Cristiana de Enfermos... Pero en los setenta será la explosión, algunos la han llamado “los años de la luna de miel”, era por la alegría de muchos que comenzaron a salir por primera vez de sus casas; se hablará en términos de limitados físicos, sensoriales y/o mentales; la alegría acompañada del entusiasmo, -lo podíamos todo, eso creíamos-, se pensará en organizar talleres y construir centros de capacitación y producción; surgirán numerosas organizaciones, la mayoría de vida efímera, y sin embargo, dejaron huella...

Esta etapa, que a nuestro entender se inicia con la consolidación de las tres organizaciones más relevantes de personas con discapacidad, la conquista de la primera constitución latinoamericana que reconoce nuestros derechos, que tiene como un hecho importante la manifestación multitudinaria del jueves 16 de octubre de 1980, podría concluir en el Congreso fundacional de la Federación Nacional de impedidos del Perú - FENADIP, en marzo de 1981.

En ese periodo se tuvo claro la necesidad de un marco general que amparase el derecho de las personas con discapacidad, pero se carecía de un discurso que trascienda la propuesta legislativa, de modo que se asumió como norte, las aspiraciones desde la perspectiva de la salud, por eso la rehabilitación integral terminó por convertirse en nuestro gran objetivo de lucha.

Con la Federación Nacional de Impedidos del Perú (FENADIP), en los ochenta, vendría una nueva etapa, marcada ya desde sus inicios por la influencia internacional de Naciones Unidas. A nivel mundial, frente al afán hegemónico de los expertos de la rehabilitación, importantes líderes del colectivo en países desarrollados empezaron a demandar el derecho de hablar con voz propia, así surge la Organización Mundial de Personas con Discapacidad, y con ella un nuevo norte...

Esos años de los ochenta los vivimos demandando nuestros derechos, logrando la FENADIP una frondosa legislación en diversas materias... pero sólo logramos eso, el reconocimiento formal de los derechos y un estado incapaz de cumplir y hacer cumplir los derechos. El acucioso lector podrá notar por ejemplo, el proceso del Consejo Nacional de Integración del Impedido (CONAII), de la dilatación burocrática, de cómo pasan los años entre la promulgación de una ley, su reglamentación, la juramentación, su instalación, la organización, la preparación de su plan de acción, la asignación de su magro presupuesto y finalmente su desactivación institucional...

La lección de los ochenta fue que las leyes no son suficientes, que se precisan recursos y sobre todo, que se necesita la voluntad política por atender la situación de nuestra población excluida.

Lamentablemente, cuando creíamos haber avanzado en términos legislativos, viene la impronta del dictador que cierra el congreso, cancela la constitución del 79 y anula nuestros derechos. Fujimori y su ministro de salud, durante el debate de la constitución del 93 pretendieron evitar la responsabilidad del Estado frente a nuestro colectivo, afirmaron que la discapacidad era tema de las familias y no del estado, entonces la FENADIP tuvo que volver a las calles, a defender los derechos conquistados.

Ciertamente no se trataba de un mero capricho del gobernante, sino de la aplicación de un nuevo modelo económico, y claro las personas con discapacidad no habitan una isla y forman parte de una sociedad, un modelo donde el Estado se retrae a un papel secundario aceptando las fuerzas del mercado como ordenador social.

Por eso entramos a una nueva etapa, en que la interpretación a nuestra problemática social no puede estar desligada de la sociedad toda, y donde el tema del poder que garantice el ejercicio del derecho sea central; donde el conocimiento se convierta en instrumento de liberación; y la función de la economía tenga una respuesta frente a la discapacidad.

En esta perspectiva, la inclusión no basta. Sentimos que la razón de nuestra lucha no puede agotarse en la simple integración pasiva a una sociedad marcada por las desigualdades y las injusticias. Estamos convencidos que nuestra tarea tiene que ver con la evolución propia de la humanidad, desde la especificidad de nuestra identidad colectiva y el aporte real en la construcción de ese nuevo tipo de sociedad que brinde una vida digna para todas y todos.

Entendemos que la misión de nuestro tiempo es por la integración efectiva a la vida social, económica y política del país, pero también por el cambio de condiciones reales de vida y de mentalidades, libre de complejos y prejuicios; por ello la lucha frontal contra la discriminación y las relaciones de dominación que la sustentan, los conceptos de normalidad y las estructuras de poder que la establecen.

En suma, más allá de la inclusión, la emancipación y la liberación en las diversas esferas. Una lucha integrada al lado de otros colectivos, que siendo social, cultural, económica y política, es ante todo humana, esa es la propuesta de la CONFENADIP.

Por eso, en las líneas que siguen, sin pecar de deterministas, queremos registrar el norte que descubrimos en cada tiempo y anotar el camino recorrido, tratando de no perder la huella de los esfuerzos hechos y los pasos dados, esta es la razón de nuestra memoria...

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Jesús Portalanza Güere

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