Orientación profesional en Cuba. Interpretación de las necesidades del estudiante

LA ORIENTACIÓN DEL PROFESIONAL: INTERPRETACIÓN DE SUS
NECESIDADES.
Autor: MsC.: Luz María Cobas Torres.
Coautores: MSc. José A. Palomares Domínguez.
Resumen
Se ofrece un análisis del tratamiento al estudiante que opta por una carrera
universitaria. Una vez que la consigue, cómo lograr su reafirmación o
reorientación sin traumas, a partir de la manera en que el docente observa,
explica e interpreta cada situación sobre la base de las necesidades y su
vínculo con algunas unidades psicológicas primarias y formaciones
psicológicas. Es lógico el seguimiento al estudiante para que logre concientizar
sus necesidades y reconocer los motivos de satisfacción. A la par, es preciso
relacionar necesidades y emociones, como prueba de la regulación del
comportamiento. Se plantea el nexo entre necesidad y voluntad, como vía para
que el estudiante se exija más a mismo. También se establece un lazo
dialéctico entre necesidades e intereses. Lo más importante es que los
docentes reflexionen hasta dónde su pequeño aporte contribuye a que ese
estudiante que ya optó por una carrera no la pierda.
Contenido
Resulta una actitud tácticamente sensible del profesor seguir el
comportamiento de aprendizaje de los estudiantes a partir del significado que
este adquiere en cada clase. Al respecto, una actuación de notable valor lo
constituye el modo en que el docente logra que el contenido impartido se
convierta en un mensaje significativo. En esto desempeña un importante papel
que el profesor tome conciencia del desempeño de la orientación profesional
en el proceso de formación de los futuros egresados. A propósito, (F. González
1989:203-204) precisa las etapas del desarrollo de la orientación profesional
(primera etapa: Desarrollo de intereses y capacidades básicas, segunda etapa:
Desarrollo de motivos profesionales y procesos de elección profesional, tercera
etapa: Reafirmación profesional).
A los intereses de la educación superior pertenece precisamente el resultado
del proceso que sucede en la tercera etapa: de reafirmación profesional; pues
sobre la base de la concatenación de las otras dos etapas, por su valor básico,
en las universidades se insiste en la actuación del estudiante a favor de lograr
su meta profesional. Es aquí donde se consolidan los motivos e intenciones
profesionales; entonces vale destacar la motivación de la actividad cuya fuerza
motriz es la necesidad, reconocida esta como la carencia de algo
imprescindible en la vida individual o social del sujeto, cuya búsqueda lo incita
a actuar para lograr su satisfacción.
Se reconoce que el sentido de necesidad es muy amplio, pues se refiere a todo
lo que un organismo vivo necesita y de lo cual carece en determinado
momento. También puede ser entendida como los estados psíquicos vividos
por el hombre cuando experimenta algún menester determinado. Si se
considera como el deseo que experimenta el estudiante de lograr su
graduación, se ponen de manifiesto la relación entre el estudiante, el mundo
que lo rodea y su dependencia del mundo universitario.
Las necesidades son cualidades estables de la personalidad, portadoras de un
contenido emocional constante (positivo o negativo), orientan al sujeto hacia
una dirección en su comportamiento, en forma de relación o ejecución con
objetos o personas y facilitan una actuación creadora que busca niveles
cualitativos (F. González, 1989:55).
Reconocer las necesidades como una de las premisas indispensables de la
actividad, conduce a pensar que estas deben hacerse conscientes en el
estudiante para que provoque una actividad dirigida, que sea reflejo de lo que
la satisface y que se convierta en motivos de la correspondiente actividad.
Estos motivos, además de los objetos del mundo exterior, pueden ser sus
imágenes, ideas, intereses, emociones, sentimientos, etc.
Así, entonces, motivo es toda vivencia que estimula y conduce la actividad del
hombre con vista a satisfacer sus necesidades (Pérez Martín et all, 2004:51).
Como unidad psicológica primaria debe ser tomada en cuenta porque permite
advertir –en cierta medida- el deseo de un joven estudiante de ser un
profesional. Los motivos constituyen contenido de la personalidad. Son formas
que esta asume y procesa brindándole fuerza, intensidad, dirección y sentido al
comportamiento. Se trata de un fenómeno que se forma en la incidencia de la
personalidad sobre sus necesidades. En su acción sobre determinada
necesidad, el motivo es portador de un contenido específico para que la
carencia contribuya al desarrollo y la dinámica del estudiante. Así, por ejemplo,
que el estudiante necesite estudiar una carrera universitaria se convierte en un
motivo de búsqueda para alcanzarla a tenor de todos los esfuerzos y sacrificios
que ello implica.
En este sentido, resulta oportuna la subdivisión de la tercera etapa del
desarrollo de orientación profesional realizada por el destacado psicólogo
cubano F. González, quien, la presenta en dos subetapas: el proceso de
reafirmación profesional y la reafirmación profesional vinculada a la
actividad laboral. La primera de estas subetapas ocurre en el contexto
educativo bajo el gimen de los planes y programas de estudio de las
diferentes carreras, y constituye el punto de partida de la segunda; pues en
medio del currículo existen exigencias disciplinares que conllevan a la actividad
laboral a través de la práctica pre-profesional.
Precisamente la disciplina encargada de estas prácticas contiene influencias
educativas necesarias para que el estudiante se identifique con su profesión sin
llegar a desmotivarse; pues las necesidades deben aportar a ese contenido el
equilibrio de motivos e intereses que lo compulsen o estimulen a su progreso
pre-profesional, de tal forma que asimile el valor significativo que tiene el
enfrentamiento a la actividad laboral. Es decir, se pone de manifiesto la
autorrealización como expresión variada de la necesidad, que significa tener la
sensación de que se está haciendo aquello para lo que se está apto y se es
capaz.
Este comportamiento de satisfacción de necesidades implica de inmediato una
carencia humana, que significa pasar sucesivamente a otros niveles jerárquicos
de realización hasta alcanzar el más elevado (Abraham Maslow, 1954). Para
Maslow, la persona que satisface las necesidades más elevadas consigue el
ideal; según este autor, una persona plenamente desarrollada, autorrealizada
posee altos niveles en las siguientes características: percepción de la realidad,
aceptación de mismo, de los demás y de la naturaleza; espontaneidad,
habilidad para resolver problemas; autodirección; despreocupación y deseo de
intimidad; lucidez para la apreciación y riqueza de reacciones y emociones;
frecuencia de experiencias culminantes; identificación con otros seres
humanos; relaciones satisfactorias y variadas con otras personas; una
estructura de carácter democrático; creatividad y un sentido de valores
(Maslow, 1998, citado por D. E. Papalia y S. W. Olds).
Se reconoce que nadie llega a ser completamente autorrealizado o
autoactualizado, pero en la medida que el estudiante logre desarrollarse de
forma sana, tendrá mejores posibilidades de avanzar hacia niveles más altos
de autorrealización. Al conocer los rasgos que tipifican las necesidades, resulta
asequible identificar el modo en que el estudiante transita jerárquicamente
hacia peldaños más elevados de logros. Se busca una expresión estable en el
comportamiento y las manifestaciones; la unidad interna de las necesidades es
fuente de impulso y transformación sin estado de dependencia lineal. Sobre la
base de las necesidades reales de los estudiantes, que desarrollan y
transforman su personalidad debe realizarse el trabajo de influencia para
afianzar su reafirmación profesional, tomando en cuenta la orientación.
Autores como el polaco K. Obujovsky () establecen un conjunto de
necesidades superiores, distintivas del hombre en relación con las especies
animales, a las que llamó necesidades orientadoras, así refleja de forma exacta
su rol en el proceso de autorregulación. En este grupo incluyó tres tipos: las
cognitivas, las afectivas y las del sentido de la vida. En otro ámbito se estudian
también las necesidades psicológicas que pueden ser de afecto, de realización,
de comprensión, y de contacto personal; las cuales se manifiestan insaciables,
estables, autopropulsadas y contradictorias.
La necesidad y el motivo están muy relacionados; pues la primera se encuentra
frecuentemente oculta tras el segundo; así el estudiante no siempre se percata
de cuáles son las verdaderas causas que lo llevan a asumir una u otra decisión
tal, y con frecuencia llega a considerar que las causas sociales e históricas
constituyen las fuerzas motrices ideales, que en su mente adquiere las formas
de determinados motivos e impulsos. Posee multiexpresión (en la conducta, en
la reflexión, en la valoración) a partir de la cual dan energía y sentido a la
personalidad. No siempre es consciente. Ahora bien, el desarrollo y la dinámica
desplegada por el estudiante como personalidad que crece, también obedece
al vínculo de la necesidad y la voluntad.
Las acciones volitivas en su forma acabada siempre se basan en una clara
conciencia del fin y de los medios de acción y suponen un dominio perfecto de
las operaciones en cuyo proceso se realizan. La formación de fines positivos y
la significación social de las acciones volitivas están vinculadas, por una parte,
a la educación de necesidades vitales convenientes desde la edad más
temprana, y por la otra, a una formación político ideológica bien planteada. Las
causas fundamentales motivadoras del surgimiento y desarrollo de acciones
volitivas son las necesidades experimentadas por el hombre sin cuya
satisfacción es imposible la vida.
Le corresponde al profesor aprovechar las potencialidades del estudiante para
que este perciba que su desarrollo profesional también depende del modo en
que sea capaz de vincular las cualidades de estabilidad emocional que lo
direccionan hacia nuevas acciones con un nivel de estimulación y
determinados motivos que lo compulsan; pues aparejado a fuerzas motrices
internas, existen otras externas que deben tomarse en cuenta.
Las acciones genéticamente voluntarias surgieron de la comprensión que ha
tenido el hombre de sus necesidades; se trata de acciones conscientes
dirigidas satisfacerse. Del propio hecho de reconocer cuáles necesidades le
son inherentes -dependen en mucho también- las cualidades de su voluntad.
Las necesidades son experimentadas por el hombre de dos maneras: por un
lado, como la vivencia de necesidades reales que requieren urgentemente la
satisfacción y, por otro, como la concientización de las necesidades en forma
de una u otras representaciones y conceptos. El momento en que se toma
conciencia de la necesidad es el más importante de la voluntad, el más
esencial para su surgimiento y desarrollo. Servirá de punto de partida para esta
toma de conciencia la existencia de alguna dificultad que le impida al hombre
satisfacer la necesidad experimentada interiormente mediante la actividad
inconsciente, como lo hacen los animales, o la vivencia de un sentimiento de
placer s o menos fuerte relacionado con la satisfacción de la necesidad
dada.
Las dificultades que se enfrentan en el camino hacia la realización de la
necesidad, como también el sentimiento de placer experimentado en este caso,
se convierten en un impulso a la comprensión de su necesidad y conducen a la
elección consciente de los medios para satisfacerla. Las necesidades tienen
enorme importancia en la ontogenia de las acciones volitivas. De este modo, su
desarrollo en los jóvenes está relacionado con la educación de su voluntad.
Como parte de la psicología pedagógica, la investigación del proceso de
desarrollo de las necesidades en los estudiantes universitarios y la elaboración
de métodos más eficaces de la influencia educativa, constituyen pilares para
fomentar el comportamiento a partir de los objetivos de formación integral que
se necesitan fomentar, sobre la base de carencias, búsqueda, estimulación y
respuestas voluntarias. El trabajo de influencias axiológicas desempeña un
importante papel para la expresión del modelo de conducta; pues contribuye a
fraguar la voluntad ante las tareas más importantes de su quehacer estudiantil.
Es decir, no debe dejarse a la espontaneidad la coyuntura que facilita la
influencia educativa en la fragua de la voluntad; pues el contenido axiológico
deviene en ideas reguladoras que permiten plantearse objetivos mediatos para
regular su actual conducta. El ideal de reafirmarse profesionalmente con la
carrera seleccionada dice de la proyección mediata de graduarse y ser un
profesional bien calificado. En este contexto la posibilidad de reestructurar el
campo de acción se incrementa cuando el estudiante decide cambiar de
carrera porque la actual no le gusta, y para ello debe esforzarse, con lo que
conseguirá la condición académica imprescindible al obtener buenas
calificaciones. Aquí la necesidad y la voluntad se entrelazan. Esta propiedad de
regular y autorregular el comportamiento a un nivel superior se reconoce como
nivel consciente volitivo.
Se busca desarrollar la elevada flexibilidad para reestructurar, reorganizar y
valorar los contenidos psicológicos de su personalidad. Se trata de realizar
esfuerzos volitivos estables para conceptualizar de forma consciente las
circunstancias que rodean al estudiante y sus propios contenidos psicológicos,
aquellos que les permitan realizar un análisis de las condiciones externas
(carrera seleccionada) y las condiciones internas (intereses y cualidades para
esa profesión). Así hay una expresión de esfuerzo sostenido para tener
conciencia y entender sus conflictos, experiencias y problemas, asumir puntos
de vista en correspondencia y plantearse un comportamiento adecuado que
permita autocomprenderse y asumir nuevos proyectos; de este modo se ponen
de manifiesto los estados afectivos (las emociones, los sentimientos, los
estados de ánimo y los estados de tensión). De acuerdo con la forma que ha
empleado el estudiante para autorregularse se hace más o menos evidente el
nexo necesidad- emoción.
La emoción (del latín emoveo emovere, que significa emociono, conmuevo) es
la vivencia que tiene el hombre de su propia actitud hacia la realidad, y del
estado subjetivo que surge en el proceso de interacción con el medio
circundante y en la satisfacción de sus necesidades. Según Pérez Martín
(op.cit., p.23) son vivencias afectivas de moderada intensidad en su
manifestación, que aparecen en forma relativamente brusca, pudiendo
organizar o desorganizar la actuación el sujeto y se expresan por un período
breve.
Las particularidades de las emociones, que surgen en el proceso de interacción
dinámica del hombre con el medio, durante el proceso de la vida y la actividad
social, están relacionadas con la satisfacción de diversas necesidades sociales,
materiales y culturales. Por ejemplo, el estudiante experimenta las emociones
positivas (placer, satisfacción y bienestar) cuando logra satisfacer sus
necesidades; por el contrario, si no lo consigue puede experimentar emociones
negativas (enojo, aflicción, sufrimiento). De este modo, gracias a las
emociones, se realiza una adaptación s racional del organismo a
determinadas condiciones de la existencia. Es una necesidad la expresión de
emociones, pues con ello se exterioriza y reafirma un comportamiento dado y la
posibilidad de la autorregulación requerida. Esta reacción ante determinado
objeto es también un reflejo de formaciones psicológicas como los intereses y
su necesidad de expresión.
Las necesidades influyen en la formación de las capacidades a partir de las
aptitudes congénitas, ellas están indisolublemente ligadas con la orientación de
la personalidad, con la formación de sus intereses. Las necesidades e
intereses constituyen fuentes de activación del hombre, ellos lo incitan hacia la
actividad, hacia la adquisición de nuevos conocimientos y habilidades. El
significado pedagógico de las necesidades emana de su papel en el desarrollo
de la personalidad. Por eso la formación de nuevas necesidades e intereses
constituye una tarea importantísima de la educación. En la medida que el
estudiante avanza en su carrera, deben suscitarse en él nuevas necesidades y
nuevos intereses, como expresión de motivos cognoscitivos que lo estimulan
hacia la búsqueda del conocimiento.
He aquí la aparición de necesidades experimentadas de manera dual, por una
parte, como peculiares vivencias emocionales de la realidad, que exigen
impostergablemente su satisfacción, y por otra, como la toma de conciencia de
las necesidades en forma de una u otras representaciones. Esta toma de
conciencia de las necesidades constitu la condición de la formación de los
intereses, como rasgos de la personalidad de calidad especial.
Los intereses manifiestan una orientación emocional del sujeto en forma de
reacciones afectivas de agrado y satisfacción hacia el conocimiento de
determinados fenómenos o hechos de la realidad. Se necesita de esa atracción
emocional y su expresión dialéctica: aquello que hoy es interesante, mañana
puede convertirse en una necesidad esencial que genera motivos y fines de
una actividad socialmente importante, transformadora y creadora. De este
modo, en el interés por el estudio del contenido, determinada materia genera la
necesidad de investigación o búsqueda del conocimiento, la cultura y sus
valores, como mecanismos psicológicos de “apropiación” para la
transformación de las necesidades sociales en personales.
En síntesis, la orientación profesional atraviesa diversas expresiones de
necesidades, que se revelan en correspondencia con el modo en que la
personalidad del estudiante ponga en función su capacidad de regular o
autorregular su comportamiento, a partir de hacer conscientes las necesidades
y su expresión vinculada a los motivos, las emociones y los intereses, aunque –
por supuesto-no son estas las únicas interrelaciones que se producen entre la
manifestación ontogenética de las carencias de las unidades psicológicas
primarias y las formaciones psicológicas.
Es favorable que el docente asuma patrones de comportamiento profesionales
que le permitan interpretar, no solo la situación concreta de sus discípulos, sino
-es muy importante- a la par, desentrañar de qué modo la concienciación de las
necesidades por el propio estudiante le pondrá en mejores condiciones para
reconocer sus motivos, controlar sus emociones y renovar sus intereses; de
manera que se conduzca al estudiante hacia una actitud flexible y
autorregulada en su propósito de elección de la carrera y su reafirmación
profesional.
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Palomares Domínguez José Antonio. (2016, marzo 24). Orientación profesional en Cuba. Interpretación de las necesidades del estudiante. Recuperado de http://www.gestiopolis.com/orientacion-profesional-cuba-interpretacion-las-necesidades-del-estudiante/
Palomares Domínguez, José Antonio. "Orientación profesional en Cuba. Interpretación de las necesidades del estudiante". GestioPolis. 24 marzo 2016. Web. <http://www.gestiopolis.com/orientacion-profesional-cuba-interpretacion-las-necesidades-del-estudiante/>.
Palomares Domínguez, José Antonio. "Orientación profesional en Cuba. Interpretación de las necesidades del estudiante". GestioPolis. marzo 24, 2016. Consultado el 26 de Septiembre de 2016. http://www.gestiopolis.com/orientacion-profesional-cuba-interpretacion-las-necesidades-del-estudiante/.
Palomares Domínguez, José Antonio. Orientación profesional en Cuba. Interpretación de las necesidades del estudiante [en línea]. <http://www.gestiopolis.com/orientacion-profesional-cuba-interpretacion-las-necesidades-del-estudiante/> [Citado el 26 de Septiembre de 2016].
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