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Por razones de biología, los humanos, tenemos recursos que nos
permiten relacionarnos con el mundo de manera muy particular. Cuatro de
esos recursos cuya forma de utilización afectan nuestra vida en
distintas áreas, son: el lenguaje, la interpretación, la memoria y la
imaginación. Detallemos:
El lenguaje, se aprende en sociedad, está limitado por la forma de
cultura que aprendemos y nos permite darle nombre a personas, objetos y
situaciones. Si no disponemos de un nombre para expresar situaciones o
experiencias podemos sentirnos confundidos. También el lenguaje nos
permite usar esos nombres asignados para describir lo que
experimentamos, aunque las describamos prejuiciado por aprendizajes
previos. La interpretación la hacemos con pensamientos o verbalizaciones
y consiste en darle sentido racional a las cosas, opinar sobre ellas,
descifrar lo que significan en nuestro código personal.
En cuanto a los otros dos recursos, la memoria y la imaginación, diremos
que la memoria, facultad superior vinculada al cerebro, nos permite
almacenar y recordar experiencias e interpretaciones, mientras que la
imaginación sirve para pensar en lo que no existe y visualizar cómo será
o sucederá.
Estos cuatro recursos los usamos para conformar una opinión compleja
acerca de nosotros, que conocemos como la autoimagen, base, por cierto,
de toda nuestra actuación social. Esa autoimagen surge de acuerdo con la
forma como hemos sido tratados, lo que hemos experimentado, como hemos
interpretado nuestras experiencias y las consideraciones que hacemos
sobre lo que podemos o no, hacer, lograr y disfrutar. Se habla de
autoimagen negativa o positiva, si la manera de percibirnos es favorable
o desfavorable, lo cual repercute en toda nuestra autoestima.
Esa autoimagen la fortalecemos y protegemos férreamente, la mayoría de
las veces sin notarlo, a través de varios mecanismos de defensa entre
los cuales mencionaré únicamente el de proyección. La proyección,
concepto utilizado en principio por Sigmund Freud, sugiere que las
personas recurren a la estrategia mental de colocar afuera, en el mundo
exterior, algo que realmente les pertenece o es creación. Es una
operación mental a través de la cual la persona se niega a
responsabilizarse por una experiencia o situación causada o vivida por
ella, y la coloca como causada por otras personas o cosas. Aquí, se da
origen, cuando se hace habitual, a lo que podríamos denominar la
personalidad de víctima.
La personalidad de víctima o el victimismo, consiste entonces en
defenderme de posibles situaciones de malestar, a través del no
reconocimiento y proyección externa (hacia otra persona o cosa) de
determinada situación. Si una persona llega tarde al trabajo, dirá que
la causa es el tránsito automotor, la lluvia, alguna otra persona o
cierta eventualidad. No pensará que la tardanza se debe a que no se
organiza, a un hábito que no ha notado que tiene, al mal cálculo del
tiempo, o a una protesta metafórica que hace contra el jefe, el trabajo
o la empresa.
Aunque es una realidad frecuente la existencia de personas que se
sienten poderosos y privilegiados y que se aprovechan de su rol o su
capacidad para imponer conductas y métodos abusivos en contra de otros
menos privilegiados en lo político, lo económico o lo social, también lo
es que la existencia de quienes se sirven del victimismo para ganar
atención o compasión. Estos se muestran débiles y maltratados para
encontrar el apoyo de otros y evitar tener que realizar los esfuerzos
que su situación de vida, natural o adquirida les impone.
Una forma rabiosa de victimismo, consiste en molestarse por que otros no
son como nosotros o como deseamos que sean. En estos casos la tendencia
es a atacarlos, acusarlos, etiquetarlos para dañarlos moral, emocional o
físicamente. Esta demostración de intolerancia excluyente, que por
inconsciencia e ignorancia espiritual, suele verse amparada por
ideologías y credos que ocultan lo que en realidad no es más que simple
y llana conducta patológica.
Todos hemos actuado desde como víctima: niños, jóvenes, adultos y
ancianos, hombres y mujeres, negros, indios y blancos, pobres, ricos. No
hay excepción a esta regla y la razón es que, salvo algunos
privilegiados, las personas no conocen la forma como funciona su mente,
como crean una realidad falsa basada en pensamientos irracionales que
generan conflictos y sufrimiento. ¿Y cuáles serían las soluciones?
1- Acepte que suele vivir desde una posición de víctima, sin negarlo o
evadirlo.
2- Decida vivir desde una nueva posición mental, la responsabilidad de
causa, lo cual consiste en aceptar que en alguna medida y a veces
totalmente, es usted responsables de cuanto ocurre y acepta que ocurra
en su vida. Pregúntese: ¿Qué estoy haciendo para que esto me este
sucediendo?
3- Acepte la nueva premisa de que usted no reacciona ante los eventos,
situaciones o personas, sino a su interpretación u opinión acerca de
ellos. No es lo que hacen sin lo que usted considera que deberían o no
deberían hacer, lo que le afecta.
4- Descubra la lista de personas y excusas que tiene para victimizarse.
5- Manténgase alerta y relajado, para evitar reaccionar automáticamente.
6- Pida a una persona cerca que le indique si se está victimizando.
7- algún amigo cercano o pareja que le muestra cuando se victimiza.
Tome usted estas reflexiones, trabaje sobre ellas, y elévese por encima
de la mediocridad funcional que significa pasar por la vida culpando a
otros por lo que cada uno de nosotros ha elegido pensar, sentir, hacer,
aceptar y estimular. Obsérvese, conózcase y transfórmese. Gracias por
leerme.
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