Se considera usted una persona vanidosa, se ha sorprendido actuando vanidosamente alguna vez, le llaman la atención las personas vanidosas, se ha preguntado por qué se manifiesta la vanidad, cuál es su alcance, que genera.
Lo cierto, que casi todos nos hemos encontrado con personas vanidosas y probablemente en alguna oportunidad actuamos vanidosamente.
Tome muy en cuenta, que cuando se ha identificado con el compromiso de crecer como persona sin complejos, lo más correctamente posible, la vanidad debe ser considerada.
Al respecto se dice, que la vanidad es la excesiva confianza y creencia de la propia capacidad y atracción muy por encima de otras personas y cosas.
Se nos agrega, que cosa vana es todo aquello que se tiene por valioso pero que en realidad desvía de lo que en verdad vale. Lo vano nos apega a una falsa imagen del hombre, medido por sus riquezas, fama y poder mundano. Lo vano carece de solidez en relación a la vida eterna.
Alfonso Aguiló al respecto nos comenta, que es cierto que hay que tener ideales altos, pero tan importante como tener grandes proyectos e ideales es aprender a traducirlos en una lucha ordinaria de la dura realidad de cada jornada, porque hay demasiado idealista que se ha dejado ganar terreno por los halagos de la vanidad o la simpleza.
La vanidad lleva a creerse algo distinto a lo que uno realmente es.
El vanidoso piensa que hace maravillas y se siente herido si los demás
no lo valoran. El hechizo de la vanidad los problematiza y sufren
tremendamente. El mejor remedio es un poco de realismo:
• para unos, será comprender que los genios suelen ser inteligencias
trabajadas por un estudio profundo;
• para otros, abrir un poco los ojos y descubrir las cualidades de los
demás, que es una excelente forma de aprender;
• para los que pasan horas ante el espejo y aún así no están seguros de
que les guste lo que reflejan, ser menos puntillosos en cuanto a su
aspecto físico;
• para todos, rechazar el engañoso halago de la adulación (propia o
ajena) y comprender que el objetivo de la vida no puede ser algo tan
pasajero como la opinión ajena o el brillo de los aplausos.
Los personajes famosos, esos que saborean las mieles de la gloria, cuando son un poco sensatos —y sinceros— reconocen que sólo con esas satisfacciones no se puede llenar una vida. Que vale más un poco de cariño que todos los aplausos del mundo. Que, a veces, han logrado todos esos aplausos pero, en esa lucha, han perdido el cariño de los suyos, y están tristes.
Hay que aspirar a ser buena persona y a ser coherente con uno mismo. También se puede desear que los demás lo crean así, y lo valoren. Pero esto último ya es más difícil y, sobre todo, menos importante. Muchas veces hay que contentarse —y no es poco, es lo principal— con estar satisfecho con uno mismo.
El aplauso que importa y que de verdad satisface es el que proviene de nuestro interior, de la conciencia de la obra bien hecha.
Definitivamente, la vanidad, es el orgullo basado en cosas vanas. Cosa vana es todo aquello que se tiene por valioso pero que en realidad desvía de lo que en verdad vale. Lo vano nos apega a una falsa imagen del hombre, medido por sus riquezas, fama y poder mundano. Lo vano carece de solidez en relación a la vida eterna.
El blog deloconocidoalodesconocido, nos agrega que la vanidad es el peor enemigo de aquellos que tienen el don de plasmar en el papel sus pensamientos, sus emociones; quienes llevan cada día a los lectores novelas capaces de arrancarlos del mundo para elevarlos a lo más intenso de su escritura; los que con una capa de aterciopeladas palabras y de pasajes hermosos lo elevan a lo espiritual, sublime o placentero; de los que trasmiten enseñanzas constructoras que harán del individuo tener en sus manos armas para moldear, crear o construir naciones.
Cuando la vanidad toca a esa puerta porque está por encima del hombre creador, se convierte en un arma de doble filo que hará ver al escritor lo que él necesita creer como cierto; este sentimiento fútil, carente de calor humano nos aleja del entorno social en el que nos envolvemos, al sentirnos superiores, al creer que nuestros pensamientos, palabras y obras están por encima de todos los demás.
La vanidad no sólo está en nuestros cuerpos, puede estar en tu pluma que es igual que la mía; en tus pensamientos que pueden ser como los míos.!Temerario es quien asume que ha sido bendecido con una gracia tan infinita y gallarda que puede mirar desde un vértice inmortal a los demás!.
El Dr. Mora es Ingeniero - Administrador, Profesor Titular en el Área de estudios de Postgrado de la Universidad de Carabobo (Venezuela)
Acerca de GestioPolis
Participar en la comunidad
Derechos de Autor
GestioPolis es la primera comunidad de conocimiento en negocios de Hispanoamérica
Derechos Reservados sobre el concepto del sitio web
GestioPolis.com
© 2008 Carlos López
| Hazte miembro de GestioPolis |
|
Y Descarga 11 eBooks
GRATIS |