La relación humana es indispensable para una buena convivencia social. Y esta relación requiere vincularse armónicamente. Para esto, es necesario evitar manifestaciones de torpeza emocional, una limitante que nos conduce a generar rechazo y conflicto. A continuación las claves para evitarla y superarla.
Los seres humanos somos una entidad viva y dinámica que piensa,
siente y actúa. Nuestras conductas son motorizadas por estados
emocionales y las emociones son “detonadas” por nuestros pensamientos,
por la forma como interpretamos los eventos cotidianos.
Cuando las interpretaciones que damos a las situaciones, personas o
cosas son negativas, tendemos a reaccionar de manera emocionalmente
desadaptada, generalmente con timidez o agresividad. Un factor agravante
de esta situación, es el hecho de que muchas de nuestras percepciones se
generan automáticamente, inconscientemente, por lo que podemos funcionar
con "torpeza emocional" sin darnos cuenta de ello, y generarnos
consecuencias negativas como rechazo, conflicto y culpa.
Defino la torpeza emocional como la incapacidad de reaccionar de una
manera emocionalmente acorde con los objetivos propios y las reglas del
ambiente, en las distintas situaciones cotidianas, exhibiendo respuestas
emocionales deficitarias, exageradas o inadecuadas.
La torpeza emocional puede ser innata o aprendida. Hoy se acepta sin
problemas la existencia del Temperamento, un estilo emocional reactivo
de base biológica y de baja consciencia, individual y diferenciado, que
nos impulsa a responder de cierta manera ante las situaciones, y que a
juicio de muchos neurocientíficos, puede ser modificado. Muchos
astrólogos apoyan esta tesis, pues consideran que las personas nacen
marcadas con “arquetipos” astrales (programas mentales innatos), que
operan como pautas psicológicas predeterminadas, que orientan las
percepciones y conductas.
El científico Jerome Kagan ha sugerido que el
15% de las personas nace con tendencia tímida; y Jeffrey Young famoso
investigador de la conducta, afirma que las personas muestran ya de
nacimiento, tendencias ansiosas o calmadas, irritables o contentas,
tímidas o sociables, pasivas o agresivas.
La torpeza emocional puede aprenderse por imitación (hacemos aquello que
vimos hacer a otros) o por reforzamiento (se premian conductas
inadecuadas y tienden a repetirse).
Hay causas médicas asociadas con formas de torpeza emocional, como
ocurre con el Síndrome de Asperger, deficiencia cerebral que aunque
eleva la capacidad de concentración del sujeto, reduce
significativamente su nivel de empatía, lo cual lo lleva a actuar con
aparente insensibilidad ante las emociones de otros.
La torpeza emocional nos impide reconocer, comprender y gestionar
adecuadamente nuestras emociones y las de los demás, pues interpretamos
erróneamente sus señales comunicacionales y reaccionamos
inapropiadamente. Esto, al hacerse tendencia, afecta la salud, las
relaciones y la productividad.
La clave para superar la torpeza emocional es desarrollar la
metacognición, una capacidad mental especial, caracterizada por
alta consciencia de uno mismo y de los demás. Es un mecanismo que según
Semerari, nos permite reconocer nuestros pensamientos y analizarlos
(autorreflexión), comprender la mente ajena con base en sus palabras,
lenguaje corporal y conductas (descentramiento) y usar la información
sobre uno y los demás, para resolver problemas y evitar sufrimiento
subjetivo. (maestría).
Una persona afectada por torpeza emocional, debe observar repetidamente
a los demás, ver lo que hacen, cómo se comportan en diversas situaciones
sociales y luego imitarlos y aprender nuevas respuestas vinculares. Esto
puede denominarse habilidad social,
inteligencia social o sentido común.
También es importante aprender a no creer ciegamente en nuestros
pensamientos, pues son ideas o posibilidades, no realidades definitivas.
Así, un pensamiento de celos, de injusticia o de rechazo, es valorado
como una posibilidad y no como una realidad absoluta, esto nos induciría
a comprobar o falsear ese pensamiento. ¿Será que es verdad esto que
estoy pensando? ¿Qué evidencias tengo? Descubrir, no asumir.
Además de reflexionar, observar, imitar y ver los pensamientos como
ideas y no como realidades, la persona puede imponerse formas
auto-correctivas de conducta, como: “hoy no discutiré”, con lo cual
puede ir modificando los comportamientos que le son criticados por los
demás. Así, al poner atención a nuestros pensamientos podemos
modificarlos. Con ello modificamos también las emociones y las
conductas, haciéndonos personas más sanas, adaptables y adecuadas. Es
una empresa posible, aunque requiere disposición, esfuerzo y muchas
veces ayuda. Gracias por leerme.
PHD en Psicología Cognitiva.
MSc. en Ciencias de la Conducta.
Lic. en Comunicación Social.
Conferencista.
Escritor.
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