La torpeza emocional

Autor: Dr. Renny Yagosesky

Inteligencia Emocional

26-01-2010

La relación humana es indispensable para una buena convivencia social. Y esta relación requiere vincularse armónicamente. Para esto, es necesario evitar manifestaciones de torpeza emocional, una limitante que nos conduce a generar rechazo y conflicto. A continuación las claves para evitarla y superarla.

Los seres humanos somos una entidad viva y dinámica que piensa, siente y actúa. Nuestras conductas son motorizadas por estados emocionales y las emociones son “detonadas” por nuestros pensamientos, por la forma como interpretamos los eventos cotidianos.

Cuando las interpretaciones que damos a las situaciones, personas o cosas son negativas, tendemos a reaccionar de manera emocionalmente desadaptada, generalmente con timidez o agresividad. Un factor agravante de esta situación, es el hecho de que muchas de nuestras percepciones se generan automáticamente, inconscientemente, por lo que podemos funcionar con "torpeza emocional" sin darnos cuenta de ello, y generarnos consecuencias negativas como rechazo, conflicto y culpa.

Defino la torpeza emocional como la incapacidad de reaccionar de una manera emocionalmente acorde con los objetivos propios y las reglas del ambiente, en las distintas situaciones cotidianas, exhibiendo respuestas emocionales deficitarias, exageradas o inadecuadas.

La torpeza emocional puede ser innata o aprendida. Hoy se acepta sin problemas la existencia del Temperamento, un estilo emocional reactivo de base biológica y de baja consciencia, individual y diferenciado, que nos impulsa a responder de cierta manera ante las situaciones, y que a juicio de muchos neurocientíficos, puede ser modificado. Muchos astrólogos apoyan esta tesis, pues consideran que las personas nacen marcadas con “arquetipos” astrales (programas mentales innatos), que operan como pautas psicológicas predeterminadas, que orientan las percepciones y conductas.

El científico Jerome Kagan ha sugerido que el 15% de las personas nace con tendencia tímida; y Jeffrey Young famoso investigador de la conducta, afirma que las personas muestran ya de nacimiento, tendencias ansiosas o calmadas, irritables o contentas, tímidas o sociables, pasivas o agresivas.

La torpeza emocional puede aprenderse por imitación (hacemos aquello que vimos hacer a otros) o por reforzamiento (se premian conductas inadecuadas y tienden a repetirse).

Hay causas médicas asociadas con formas de torpeza emocional, como ocurre con el Síndrome de Asperger, deficiencia cerebral que aunque eleva la capacidad de concentración del sujeto, reduce significativamente su nivel de empatía, lo cual lo lleva a actuar con aparente insensibilidad ante las emociones de otros.

La torpeza emocional nos impide reconocer, comprender y gestionar adecuadamente nuestras emociones y las de los demás, pues interpretamos erróneamente sus señales comunicacionales y reaccionamos inapropiadamente. Esto, al hacerse tendencia, afecta la salud, las relaciones y la productividad.

La clave para superar la torpeza emocional es desarrollar la metacognición, una capacidad mental especial, caracterizada por alta consciencia de uno mismo y de los demás. Es un mecanismo que según Semerari, nos permite reconocer nuestros pensamientos y analizarlos (autorreflexión), comprender la mente ajena con base en sus palabras, lenguaje corporal y conductas (descentramiento) y usar la información sobre uno y los demás, para resolver problemas y evitar sufrimiento subjetivo. (maestría).

Una persona afectada por torpeza emocional, debe observar repetidamente a los demás, ver lo que hacen, cómo se comportan en diversas situaciones sociales y luego imitarlos y aprender nuevas respuestas vinculares. Esto puede denominarse habilidad social, inteligencia social o sentido común.

También es importante aprender a no creer ciegamente en nuestros pensamientos, pues son ideas o posibilidades, no realidades definitivas. Así, un pensamiento de celos, de injusticia o de rechazo, es valorado como una posibilidad y no como una realidad absoluta, esto nos induciría a comprobar o falsear ese pensamiento. ¿Será que es verdad esto que estoy pensando? ¿Qué evidencias tengo? Descubrir, no asumir.

Además de reflexionar, observar, imitar y ver los pensamientos como ideas y no como realidades, la persona puede imponerse formas auto-correctivas de conducta, como: “hoy no discutiré”, con lo cual puede ir modificando los comportamientos que le son criticados por los demás. Así, al poner atención a nuestros pensamientos podemos modificarlos. Con ello modificamos también las emociones y las conductas, haciéndonos personas más sanas, adaptables y adecuadas. Es una empresa posible, aunque requiere disposición, esfuerzo y muchas veces ayuda. Gracias por leerme.

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Dr. Renny Yagosesky

PHD en Psicología Cognitiva.

MSc. en Ciencias de la Conducta.

Lic. en Comunicación Social.

Conferencista.

Escritor.

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