En este planeta Tierra todo es posible que suceda, hechos muchas veces confusos, llenos de alegría, trascendentales, insólitos, sorprendentes, dramáticos como el caso de la muerte ya anunciada del profesor norteamericano de computación de 47 años Randy Paush, de la Universidad de Carnegie Mellon, Pittsburgh que ha dado mucho que hablar en los Estados Unidos y como lo reseña Susana Reinoso del diario La nación de Buenos Aires, quien señala en su escrito, el profesor se muere de cáncer de páncreas.
Se convirtió en noticia en septiembre de 2007, cuando en su última lección -un clásico de esa universidad norteamericana- sorprendió a un auditorio de 400 estudiantes con estas palabras: "Tengo diez tumores en el hígado y me restan unos cuantos meses de vida".
Paush comenta, que su padre solía decir que si hay un elefante en la habitación, hay que presentarlo.
Pues bien, si pueden ver mis radiografías, tengo 10 tumores en el páncreas”. Randy Pausch, un especialista en realidad virtual de 46 años y prestigioso profesor de la universidad norteamericana de Carnegie Mellon, comenzaba así, a mediados de septiembre, su última lección magistral) ante un auditorio de 400 espectadores que, antes de que abriese la boca, le recibieron con una fuerte ovación. “Dejad que me lo gane”, pidió con una sonrisa.
Era su despedida ante sus alumnos y sus compañeros de facultad. Los médicos no le dan más de cinco o seis meses de vida. Pero para los que esperasen oír un discurso de autocompasión o malhumorado, el propio Pausch, padre de tres hijos, les dijo que sentía “decepcionarles” y acto seguido, comenzó a hacer flexiones en el suelo. “Me encuentro en un fenomenal estado de salud”, añadió después.
Su discurso una suerte de testamento, grabado y reproducido por la Red, ha dado ya la vuelta al mundo y ha copado la atención de los más prestigiosos periódicos norteamericanos. “Mi madre me suele presentar así: Es mi hijo, es doctor, pero no de los que ayudan a la gente”. Pues bien, una cascada de cartas de lectores y espectadores han llegado a los medios de comunicación con homenajes como “usted es el tipo de doctor que ayuda a la gente”.
Su última clase fue transmitida por la Web y ya la vieron más de siete millones de personas. Pero la historia no termina allí. Hace dos meses, mientras continúa su lucha desigual contra su desgraciada enfermedad, Random House le pagó 6,7 millones de dólares para que transformara aquella lección en un libro. La última lección, tal es el título, que vendió más de 4,5 millones de ejemplares y se mantiene primero en todas las listas de venta. El libro fue escrito por el periodista de The Wall Street Journal, Jeffrey Zaslow, quien mantuvo 53 conversaciones telefónicas con Pausch, mientras éste realizaba sus paseos matinales en bicicleta. Zaslow había asistido a "la última lección" de Pausch en Carnegie Mellon.
Relata Reinoso que cuando Pausch se paró delante de los 400 alumnos, ya conocía su diagnóstico y su mayor obsesión era dejarles un legado a sus pequeños tres hijos: Dylan, de 5 años y medio; Logan, de tres, y la niña de sus ojos, Chloe, de un añito y medio. Por eso concibió su última clase como un mensaje esperanzador dirigido a sus hijos, en el que les habla de sus sueños de infancia, de la importancia de no abandonarlos, de la sabiduría de saber vivir y de la gratitud hacia las personas que son decisivas en la vida, entre otras cosas.
No cabe la menor duda de que ya su última clase iba a generar la reacción positiva que se dio, dado a que cargó en ella un huracán de emociones, de sensibilidad, aspecto que tiene sus efectos relevantes, como fue el caso.
Reinoso manifiesta, que lejos de abrazar un misticismo religioso, como suele ocurrir en el caso de enfermos terminales, Pausch -que se asume como un hombre de pensamiento científico- prefiere aferrarse a las buenas cosas que tiene su vida. El libro fue un proyecto que surgió en la medida en que la quimioterapia le ganó tiempo al cáncer, y para satisfacer un deseo de su esposa, Jai, "la mujer de su vida".
Randy Pausch señaló: "No podemos cambiar las cartas que nos han repartido en la vida, sólo podemos tomar decisiones acerca de cómo jugaremos esa mano", ha dado vida a un blog en Internet que mantiene actualizado en donde comparte con una audiencia mundial las angustiantes alternativas de su agonía. Uno de los datos más impactantes de su blog son los resultados de los análisis que siguen la evolución de su enfermedad. En su diario también hay una copia de la carta que le envió el presidente George Bush, a raíz de la repercusión de su historia.
Su fama trepó a las nubes cuando la célebre conductora televisiva Oprah Winfrey lo llevó a su programa a dar una lección similar a la que Pausch había dado en Pittsburg. Los medios lo han convertido en una estrella de costa a costa de EE.UU.
Este profesor de computación que, según admite en el libro, también es conocido por su arrogancia y por ser exigente con sus alumnos, expresa sin pudor su mayor preocupación: el futuro de unos hijos que adora y que no verá crecer, y cuyos sueños no podrá alentar.
Pausch ha demostrado una plena identificación con sus pequeños hijos y según se comenta, les dice a sus hijos y a quien quiera leerlo en el libro, u oírlo en la Web: "Nunca pierdas la magia de la infancia.
Es demasiado importante y es lo que nos mantiene vivos. No te lamentes, sólo trabaja más duro. Encuentra lo mejor en todo el mundo. Quizá tengas que esperar largo tiempo, pero finalmente la gente mostrará su lado mejor. El objetivo no es cumplir los sueños, sino de cómo tus sueños guían tu vida.
Si manejas tu vida de la forma correcta, el karma hará el resto. Y los sueños se te harán realidad".
Anecdonet.com nos agrega sobre él, que repasando sus fotografías de infancia, Randy habló de la vida y de cómo lograr hacer realidad los sueños y, lo que es más importante, cómo ayudar a otros a realizar los suyos: “Algo que es incluso más divertido”. Todo un showman, el profesor hiló su intervención con un montón de frases irónicas: “No vamos a hablar sobre espiritualidad o religión, aunque les diré que ayer experimenté una conversión en mi lecho de muerte: he comprado un Macintosh”.
Entre sus sueños citó, por ejemplo, “experimentar la gravedad cero”, “ser diseñador de Disney”, “jugar en la NFL” o escribir un artículo en la World Book Enciclopedia. El primero de ellos no lo logró a la primera, pues la NASA no lo aceptó para participar en un experimento.
Pero Pausch no se dio por vencido y consiguió experimentar la falta de gravedad con un vuelo parabólico. Conclusión: “Los muros contra los que chocamos están ahí por una razón. No para disuadirnos, sino para darnos la oportunidad de demostrar cuánto queremos algo. Los muros están para detener a quienes no quieren algo lo suficiente”. “Todo se reduce a los pilares. Hay que tener buenos fundamentos porque si no, lo demás no funciona”, añadió en otro momento de su lección magistral.
Se dice que Randy Pauch logró triunfar siendo muy joven. Está considerado como uno de los líderes de la tecnología virtual y de los videojuegos. Su proyecto más aplaudido se llama Alice y es un programa que permite a cualquier persona crear animaciones en 3D con gran facilidad. “Al igual que Moisés, he llegado a ver la Tierra Prometida, pero no llegaré a pisarla. Está bien. Continuaré viviendo en Alice”.
Encomendó a sus alumnos y a las futuras generaciones que diseñen videojuegos sin sexo y sin violencia. “¡Cuántos muchachos de 19 años se quedan en blanco si les quitas esas dos posibilidades!”.
Finalmente, el profesor Pausch admitió que preparó esa lección magistral solo para grabarla y poder dejársela a Dylan, Logan y Chloe, sus tres hijos de 5, 2 y 1 año. De hecho, ha ido más allá y ha pedido a la universidad que no haga copyright y que permita así que sus palabras puedan ser escuchadas por todo aquel que lo desee.