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Se dice que el pudor es una virtud y como todas las virtudes se adquieren con hábito y constancia. Lo cierto, que tal como lo comenta corazones.org. es un mecanismo instintivo, propio de la castidad, que protege con la vergüenza la intimidad sexual. Evita todo tipo de excesos y peligros morales en materia sexual.
-Es un muro protector de la pureza que ayuda a evitar excesos y
peligros morales de todo tipo en materia sexual. Aunque el pudor es
instintivo, también es necesario aprender ya desde pequeños para que se
sepa apreciar y guiar correctamente.
-El pudor protege la propia intimidad. No es casto el que trata de
ignorar lo sexual sino el que comprende su propósito en los designios de
Dios. El pudor es propio de la persona humana. Los animales no tienen
pudor. Por eso hacen en público sus funciones más íntimas.
"Las formas que reviste el pudor varían de una cultura a otra. Sin
embargo, en todas partes constituye la intuición de una dignidad
espiritual propia al hombre. Nace con el despertar de la conciencia
personal. Educar en el pudor a niños y adolescentes es despertar en
ellos el respeto de la persona humana"
Se comenta también, que para el historiador de la moda Nicola
Squicciarino, en Occidente el pudor aparece como el "angustioso"
recuerdo de nuestra parte animal, instintiva y no racional. La
concepción cristiana del cuerpo como una "cárcel del alma" es coronada
en la afirmación de Hegel de que "el hombre que toma conciencia de su
destino superior, es decir, de su esencia espiritual, oculta las partes
de su cuerpo que sirven solamente para desempeñar las funciones
animales". Durkheim también define al pudor como la lucha contra la
animalidad, pero con el matiz que supone la afirmación de que su origen
también se vincula con los "peligrosos" efluvios sexuales femeninos.
Para algunos psicólogos la tendencia femenina a mostrar el cuerpo deriva
de la fisiología misma de la mujer, cuyas zonas erógenas están más
extendidas por toda la superficie corporal que en el caso del hombre. El
exhibicionismo aparecería así como una suerte de Mr. Hide del Dr.
Jeckill del pudor: mientras el primero tendería a mostrar el cuerpo y a
tornarlo más atractivo, el segundo perseguiría el mismo propósito
ocultándolo total o parcialmente.
Por su parte fluvium.org. nos indica, que tengamos presente, que el hombre es, en primer lugar, persona, hijo de Dios. El hombre es digno antes que útil o productivo, o rentable o bello o apetecible. El hombre es respetable por sí mismo. Este sí mismo de cada persona es lo que significa su intimidad personal, su propia existencia. Cuanto más rica es la personalidad más amplia y profunda es la intimidad de una persona y, por tanto, más profunda y más fuerte es la conciencia de su propio valor y la necesidad de su protección.
Llamamos pudor a esta conciencia personal que quiere proteger la esencia personal de cada uno, nuestra dignidad de personas frente a los demás animales y cosas y frente a las demás personas. Esta conciencia de sí mismo no se limita a lo interior de la persona, entendiendo lo interior como el mundo del espíritu o de los sentimientos. La percepción de uno mismo abarca no sólo el espíritu, sino también el propio cuerpo porque se es consciente que la persona no reside en la mente, sino que el espíritu se une al cuerpo de tal forma que éste adquiere un nuevo modo de ser, tan nuevo, que no cabe hablar de continuidad entre el cuerpo animal y el cuerpo del hombre.
El hombre sabe que su cuerpo no es un trozo de materia orgánica, es su propia persona, mejor, la parte visible y material de su propia persona. Lo que percibimos al mirar en los ojos de una persona es el alma y un complejo de sentimientos, actitudes y deseos que asoman al mundo desde el interior de la persona y que nuestra mirada puede traducir y entender sin palabras.
Podríamos llegar a decir que en ocasiones el cuerpo oculta la persona cuando impide ver la personalidad que reside en él. El pudor, la protección de la intimidad personal, se nos aparece como el acto por el cual la persona se hace presente en su propio cuerpo despojándole de todos los matices animales para presentarlo a los demás como una persona, es decir, digna.
Para saber qué es pudor e impudor en el hombre y en la mujer, cada uno de ellos ha de tener en cuenta la natural diferencia de percepción del otro. Los dos ven, pero no miran de la misma manera. Con esto es necesario contar con la realidad de las cosas, de igual manera como se cuenta con que necesitamos oxígeno para respirar. Somos reales y somos así: los hombres y las mujeres no tienen la misma sensibilidad.
Hay que tener en cuenta que ser elegante significa tener buen gusto. El buen gusto es una manera de conocer, un cierto sentido de la belleza o de la fealdad de las cosas y de su disposición alrededor de nosotros. Educar la elegancia comienza por enseñar las buenas maneras que en palabras de Kant «son lo que transforma la animalidad en humanidad».
La persona resulta agradable y bella si es elegante y para ser elegante hay que estar arreglada y compuesta. Compuesta no sólo en los vestidos o en lo físico, sino también armoniosa en los gestos y modales: como dice santo Tomás de Aquino la compostura o el decoro es una virtud que regula los movimientos externos del cuerpo.
fluvium.org. nos lega algunas sugerencias en pro de cultivar el pudor a saber:
a) Controlar el exceso de curiosidad: la curiosidad que va más allá de la caridad y del interés por los demás no es buena ni a nadie beneficia. Hay que evitar el chismorreo, la maledicencia, el comentar por comentar los sucesos ajenos, el entrometerse en los asuntos ajenos, prestarse a escuchar conversaciones y noticias que no nos interesan, ver fotografías ajenas, etc...
b) Dominar los propios sentimientos: la persona y sus sentimientos no son una fuerza alocada que actúa espontáneamente. El corazón siente, pero la razón decide y se ama con la voluntad que también es humana y natural. Lo antinatural –por inhumano es actuar sin razonamiento, por impulsos emocionales.
c) Comportarse de manera sosegada: el comportamiento personal debe ser calmado, mesurado, medido, modesto. Tomarse tiempo para decidir y para actuar. Tiempo para uno mismo, para reflexionar. Tiempo para los demás, para comprenderlos, para conocerlos.
d) Mantener la dignidad en el vestido: no se debe vestir de cualquier manera, sino de la manera adecuada para cada ocasión. Lo más importante no es ir vestido a la moda, sino ir dignamente vestido y a la moda. Hay que saber compaginar las dos cosas. Pero lo principal es la dignidad y lo secundario las modas pasajeras.
El Dr. Mora es Ingeniero - Administrador, Profesor Titular en el Área de estudios de Postgrado de la Universidad de Carabobo (Venezuela)
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