A. LA PLANIFICACIÓN DE RECURSOS HUMANOS.
Hasta hace pocos años, la persona era considerada exclusivamente desde
la óptica de producción. Los procesos productivos eran simples, y en
consecuencia, no se necesitaban trabajadores de alta cualificación, lo
que permitía acudir a un mercado de trabajo donde era fácil encontrar
este tipo de trabajadores, ya que abundaban.
Los costes originados por esta mano de obra no eran muy importantes en
comparación con otros elementos del proceso productivo, tales como las
materias primas, las amortizaciones de las maquinarias o la distribución
de los productos acabados. Sin embargo, a partir de los años setenta se
produce el fenómeno de reducción de plantillas, en parte originado
porque la mayoría de las grandes empresas estaban sobredimensionadas, y
los costes de personal habían aumentado de forma alarmante.
Por otro lado, la división del trabajo, las nuevas tendencias hacia una
mayor humanización de los métodos operativos de la empresa y los nuevos
sistemas de motivación del trabajador, originan una mayor
especialización de la mano de obra y una escasez de operarios para
realizar determinadas actividades complejas, lo que tuvo como
consecuencia el establecimiento de nuevos sistemas de reclutamiento,
formación y sistemas de remuneración.
El recurso humano se transforma en uno de los factores fundamentales de
la política empresarial, con repercusión dentro de la propia empresa y
repercusión social.
Como puede verse en el siguiente cuadro, el recurso humano empieza a
cobrar una especial importancia a partir de la década de los 90.
Los directores de recursos humanos se han convertido en gestores,
dejando de ser administradores como habían sido hasta entonces, ya que
el desempleo, la legislación laboral para flexibilizar plantillas y el
sobredimensionamiento de los efectivos de personal de las empresas
existente en las últimas décadas, han hecho que sea necesaria la
planificación de plantillas en las empresas.
El proceso planificador ha de ser entendido como un análisis metódico y
una elección racional de los objetivos y metas a alcanzar, así como una
selección de los distintos programas o líneas alternativas de actuación.
Considerando además, que los planes se hacen con vistas al futuro. Una
buena planificación debe tener en cuenta la proyección temporal o el
entorno futuro en el que van a desarrollarse las decisiones y las
acciones correspondientes.
Como indica García Echevarría, “la planificación constituye uno de los
instrumentos clave en la dirección científica de la empresa. La
planificación determina cuáles son las exigencias y características que
deben regir para organizar la institución empresarial”.
Según W.Weber “la planificación de recursos humanos comprende aquel
sistema de decisiones empresariales complejas con las que se previene
sistemáticamente el futuro en el área de personal y se establecen sus
líneas fundamentales”.
E.W. Vetter define la planificación como “el proceso por el que una
empresa se asegura el número suficiente de personal con la calificación
necesaria, en los puestos adecuados y en el tiempo oportuno para hacer
las cosas más útiles económicamente”.
Ben H. White define la planificación del personal como “la anticipación
de la futura organización de la empresa, teniendo en cuenta los factores
influyentes en el entorno para poder orientar las decisiones sobre el
personal según esa evolución”.
En cualquier caso, con la planificación, lo que se pretende es prevenir
el futuro en términos cualitativos y cuantitativos, de forma tal que
podamos establecer la plantilla ideal indicándonos las categorías
excedentes, los puestos deficitarios, así como los criterios
orientadores necesarios para la acción.
Lo mismo hay que prever la mano de obra necesaria para los momentos de
expansión, como evitar la improvisación en circunstancias en que, por
disminuir el volumen de actividad de la empresa, quede desocupado un
contingente importante de personas que no conviene o no se puede
despedir. En definitiva, la planificación permite la adecuada adaptación
de la empresa a las necesidades de cada momento.
El concepto de la planificación recoge, además de la planificación de
plantillas, la planificación de las necesidades de personal, es decir,
las características de la plantilla futura, que implicaría un análisis
previo y la correspondiente valoración de los puestos de trabajo, así
como un estudio de la estructura organizativa de la empresa actual y
futura. Consecuencia de esto será:
La planificación de los procesos de reclutamiento y selección
El plan de formación
El plan de promoción.
Todo ello contemplado dentro del marco organizativo, ya que una buena
organización es aquella que se caracteriza porque permite establecer la
estructura más eficaz que la empresa tendrá en el futuro. La
organización, en definitiva, indicará por dónde iniciar la
planificación, cuáles son los niveles más escasos o los más importantes
cualitativamente.
Cuando planteamos el diseño de una organización, incluyendo cuántas
personas necesitamos y en qué puestos, de forma casi automática,
tendemos a agrupar a los componentes de la plantilla por departamentos o
funciones similares, aunque ésta ha sido una forma de operar muy
frecuente en el pasado tiene sus serios inconvenientes, especialmente en
períodos de cambio rápido, sea por demanda del mercado de nuevos
productos o servicios o sea por un simple proceso de crecimiento
organizativo vinculado a la actividad actual.
De esta forma suele tratarse el asunto de la composición cualitativa de
la plantilla; queda por resolver otro problema: ¿Cuántos? A esta
pregunta también se le suelen dar respuestas simples en uno de los
siguientes sentidos:
Los que permita el nivel de beneficios de la empresa
Cuando veo que todos mis trabajadores están muy ocupados, contrataré
más
Dicho de otra forma, podría parecer que éste es el modelo de
planificación de plantillas de un aficionado, en realidad, empresas de
gran tamaño suelen elegir también estos criterios aunque, en lugar de
mostrarlo de forma coloquial, se oculten en informes aparentemente muy
estudiados.
Las preguntas a las que tenemos que responder para planificar plantillas
son muy distintas y no tienen relación con los resultados de la empresa
ni con el nivel de sudoración de los trabajadores actuales sino con los
viejos conceptos de eficacia y eficiencia, a menudo confundidos a pesar
de significar cosas muy distintas; a modo de recordatorio, la eficacia
está referida a la utilidad de lo que se hace mientras que la eficiencia
se refiere a la economía de recursos en actuación.
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