Entonces, a pesar de las afirmaciones científicas, la gente huye del
caos como el diablo acostumbraba huir de la cruz. ¿La vida se ha
desestructurado? ¿Negocios antiguos que dejan de existir? Nuevas
tecnologías que la gente nunca pretende dominar por completo, aunque un
día ¿quién sabe? Cambiar hábitos arraigados es tan difícil como perder
algún ser muy amado.
Dejar lo conocido, lo repetido, lo confortable y vivir lo nuevo, lo
inusitado, lo desafiante. ¡De ninguna manera! Definitivamente eso sólo
puede funcionar en la teoría, porque en la práctica sabemos que la
teoría es otra cosa. ¿O será que no?
Al final, ¿qué es el caos y qué es el orden? Nos parece que estamos
viviendo el orden cuando mantenemos horarios, procesos y resultados
inalterados, pero eso sólo conduce al caos de la insatisfacción (que
extraño, ¿cómo es posible estar insatisfecho con lo que se eligió en la
vida? al desorden de la alineación, a la conmoción del estancamiento.
Sistemas equilibrados son los que permanecen en constante movimiento.
Veamos sino el ejemplo del modelo gravitacional de los planetas, de las
bolas multicolores con la que juegan los malabaristas, del vaivén de los
vientos y mares, todo es movimiento constante, porque cuando cesa el
movimiento, algún desastre ocurre.
¿Entonces el orden será sólo una manera de ver el caos? Percibir que
existe una lógica que regula lo que parece caótico. Tal vez, sólo tal
vez, nuestra insatisfacción con la vida sea consecuencia de habernos
parado en decisiones del pasado y dejamos de integrarnos al movimiento
del mundo. Nuestras relaciones de vida se modifican en la medida que la
propia vida nunca es la misma. Es difícil aceptar el fin de un ciclo, la
parte final de la onda, la muerte, pero sin eso ¿qué otro tipo de caos
resultaría?
¿No será el caos el orden natural de las cosas? Tal vez estemos
intentando modificar lo que sólo deberíamos aceptar. Dejar la vida rodar
al sabor de los vientos, al ritmo de los mares, al capricho del destino,
parece una cosa de lunáticos, pero tal vez exista una sabiduría mayor en
no luchar contra los hechos. Aceptarlos puede ser el primer paso para
vivir en armonía, porque lo que afecta nuestras vidas, de hecho, no son
los hechos, sino nuestra relación con ellos. La forma en que respondemos
a los acontecimientos y la forma como construimos nuestra trayectoria a
partir de un evento es lo que determina la calidad de nuestra vida.
Un mismo hecho puede generar diferentes resultados de vida para
diferentes individuos. Si no fuese así, todas las personas que viven con
el mismo gobierno, en el mismo momento histórico, con la misma condición
económica, obtendrían los mismos resultados. No es así. Cada persona
construye una historia diferente, de acuerdo a la forma como cada uno
creó su propia realidad, a partir de los mismos hechos.
Es interesante notar que las personas que tienen menos éxito son
aquellas que se pelean con la idea del cambio, odian la “injusticia” que
se abate sobre ellas, y luchan continuamente para recuperar algo que ya
pasó.
Cuando observamos el delicado equilibrio entre las relaciones de causa y
efecto, percibimos que la causa en la vida de un individuo puede tener
múltiples efectos, dependiendo de la manera cómo lidia con esa causa.
De ésta manera el éxito no es una consecuencia de evitar problemas o
desafíos, sino de saber lidiar con todo eso. Eso es el caos, de donde
surge el verdadero orden en la vida, el que no impide el progreso.
Dulce Magalhães es Ph.D. en Planeamiento de
Carrera por Columbia University.
Su site:
http://www.work.com.br/ Publicado en castellano por
Mujeres de
Empresa bajo el título:
Del caos surge el orden
9.Octubre.03 y distribuído bajo
una
Licencia Creative Commons.
http://www.mujeresdeempresa.com/management/management031004.shtml
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